Dujovne, Cavallo y Nabucodonosor

“En la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el Gobierno”, resaltó Nicolás Dujovne durante una exposición por los festejos por el 50° aniversario de la creación de la Comisión Nacional de Valores (CNV) (14 de noviembre de 2018)

Por Pablo Tigani*

Falta aun más de un año para que el nuevo presidente asuma. Este periodo no termino. En 2001, mientras Cavallo lanzaba un desplante altanero a un periodista-antes de viajar a Washington-, recordé una historia similar a la de Dujovne esta mañana. Otra vez esto de: “yo lo hice”, “yo tengo el apoyo del FMI y del sistema financiero”, “yo, yo, yo…lo hicimos y no nos caímos”

En el año 605 a. C. el rey de Babilonia Nabucodonosor, sitió Jerusalén y se llevó cautivo al pueblo de Judá incluyendo jóvenes rehenes muy bien educados (en lugares como al presente concurrieran con el Cardenal Newman y la Nueva Escuela Argentina 2000, del barrio de Belgrano). Aquellos talentos asimismo eran herederos de familias de la nobleza de Judá (como este hijo de los arquitectos Silvia Hirsch-apellido de un Bunge & Born y Bernardo Dujovne-Decano de Arquitectura de la UBA durante el gobierno Radical-).

Los babilonios trataron de obtener la lealtad de los jóvenes cautivos hacia el rey Nabucodonosor y su corte, con una estrategia que en nuestro tiempo sigue vigente. Captar voluntades reverenciales, comprometidas a “pertenecer”.

Para conseguir sus objetivos, el departamento de recursos humanos del reino babilonio adoptaba un programa de tres puntos:

A los cautivos se le daban nuevos nombres nacionales. Esto tenía un significado-, sus ajenos apodos sugerían un cambio de lealtad.

Posteriormente, se les supeditaba a un entrenamiento de tres años para enseñarles las costumbres y la lengua de los caldeos.

Por último, se les proporcionaba el mejor alimento que podía ofrecer Babilonia que era la mismísima comida y bebida que tomaba el rey cada día.

A esta altura luce obvio que el imperio intentaba seducirlos con toda clase de estímulos para procurar sus anhelos y los ayudaban a cambiar su cultura, haciéndoles a la vez leales a ellos.

Entre muchos horrores, el altivo Nabucodonosor hizo una estatua de oro ante la cual su pueblo y los cautivos de cualquier creencia religiosa se debían postrar y adorar o bien, eran echados en un horno de fuego ardiendo por no someterse. Palmariamente, se constituyó la obligatoriedad de la religión del Estado sin discusiones. Ni siquiera hablar de libertad de culto.

Aquella mañana de octubre de 2001, ante un ambiente de interés público. Ese día todavía Cavallo se refirió a ciertos políticos como “los progre” (versión moderna de la usanza: “zurdos”). Recuerdo que a la noche, coincidía Cavallo en un programa de TV, con un sacerdote que despreció a un reconocido economista y periodista-hoy director del Banco Central-de apellido judío llamado Enrique Szewach: “este país es católico, le guste o no a algunos”… hablando de xenofobia… Ese mismo día le escribí a Enrique para solidarizarme con él.

Paseando por el palacio real, Nabucodonosor quien ostentaba el control político y obviamente económico de Judá, que transformaba la cultura e imponía su religión; se dijo a sí mismo mientras admiraba su dominio: “¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” – En la Argentina podemos recordar diversas frases arrogantemente estrafalarias, en diferentes periodos, de quienes tuvieron a su cargo el ministerio de economía o hacienda.

Un prestigioso economista del establishment, presentando su plan dijo: “lo voy a decir una vez y no lo repito más”… Así fue, en 48 horas, De la Rúa lo despidió del ministerio de economía.

Conozco a otros que hoy apoyan este proyecto, y como han abundado en descalificaciones a los premio Nobel Stiglitz y Krugman.

El actual ministro de hacienda, de quien se espera aunque sea “1” acierto, expresa una infundada arrogancia: “En la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que se caiga el Gobierno”. Tan siquiera Cavallo era ya un reconocido technopol internacional.

Cuenta La Biblia que Dios fue paciente doce meses con Nabucodonosor, antes de ejecutar su sentencia, dándole oportunidades para arrepentirse y cambiar de actitud, pero él hombre no la aprovechó. Su orgullo recibió el castigo divino cuando enfermó mentalmente y comenzó a manifestar el comportamiento de una bestia, literalmente. La descripción de su condición previa al escarmiento, presenta los síntomas de una forma rara pero conocida de megalomanía. Nabucodonosor y Cavallo eran megalómanos. Cuenta La Biblia que este rey terminó comiendo hierba con los bueyes, y que su pelo creció, sus uñas eran como la de las aves.

Traspolando esta rica narración, La Biblia nos da indicios y nos deja una lección indicando asimismo en su contenido que: “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”.

¿No será mejor renunciar a esa soberbia, estimado Nicolás?

Tal vez, renunciando la pedantería y la auto-exaltación, si te “haces cargo” de lo que venimos padeciendo los argentinos desde 2015, puedas adoptar una posición de mayor humildad, aun cambiar el rumbo que inexorablemente nos llevaría a otra crisis de gobernabilidad como la de 2001. El mandato no termino. No provoques a Dios, no sea que te pase lo mismo que a Domingo Cavallo. Arrepiéntete y pide perdón por tus dichos de esta mañana.

* Profesor en las Maestrías de UADE Business School, conferencista OPS, OEA, FGV; Mg. en Política Económica Internacional, Dr. Ciencia Política. Autor de 5 libros.

http://pablotigani.blogspot.com.ar

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