Ecuador y el desbalance geopolítico en la región andina

Por Doroteo Arango*

En el Ecuador se ha producido un cambio político de proporciones con la victoria de Lasso. Aunque la administración Moreno representó una primera etapa de desmantelamiento del correísmo, el nuevo gobierno que empezará funciones el 24 de mayo, tiene profundas consecuencias en la geopolítica sudamericana, particularmente en materia de Política Exterior y asuntos de Seguridad y Defensa.

Recientemente en el Foro por la Defensa de la Democracia sostenido en Miami (5/5), el presidente Moreno no se cuidó de criticar furibundamente al gobierno de Maduro por su injerencia en la protesta de Colombia. A ello sumamos los efectos de la sentencia en el caso Sobornos por financiamiento de campañas de Avanza País, contra el expresidente Rafael Correa, que pueden determinar un próximo pedido de extradición.

Tomemos en cuenta los resultados de las elecciones en el Perú, y un posible triunfo de la izquierda en este país y en Colombia el 2022. Es decir, por primera vez desde el retorno de la democracia en la región andina, se puede producir un desbalance en favor de partidos de izquierda: Bolivia, Perú y Colombia, dejando a Ecuador de Lasso prácticamente aislado. Este es un escenario nada improbable para una región que a la fecha se dedica a mantener su mirada en el aislamiento del gobierno en Venezuela, sobre la base de las sanciones y el Grupo de Lima.

Si, al mismo Ecuador que en el pasado reciente ha tenido diversos capítulos inciertos en sus relaciones de seguridad y defensa con los EE. UU: las consecuencias nefastas del funcionamiento de la Base aérea de Manta, las consecuencias del conflicto armado y especialmente el incidente de los ataques fronterizos de Colombia que tuvieron el desenlace de la muerte de Raúl Reyes de las FARC (2008), la detención de migrantes ecuatorianos en altamar por unidades de la Marina norteamericana

Como sucede en la actualidad en el resto de las naciones sudamericanas, es altamente probable que el nuevo gobierno priorice la diplomacia de la vacuna; para ello ha tomado contactos con representantes de China, Federación Rusa y el propio Estados Unidos. Pero parece que el énfasis de sus relaciones exteriores excederá lo meramente sanitario. Pareciera que sea desde Quito, o desde el propio Washington están vislumbrándose un escenario andino altamente impopular para los intereses geopolíticos de EE. UU.

En noviembre del 2020 se llevó a cabo los ejercicios Unitas LXI, teniendo como anfitrión a la armada ecuatoriana y la participación de unidades de once países. En marzo de este año, se produjo la visita de una delegación del Comando Sur al Comando de Operaciones Aéreas y Defensa de la Fuerza Aérea del Ecuador (FAE), en la que se realizaron trabajos en el área de reconocimiento aéreo, inteligencia técnica y planificación estratégica de vigilancia y reconocimiento.

Por el lado norteamericano, es claro su interés de reforzar su presencia en la región, es más algunos hablan de rumores de interés de reabrir una base en el Ecuador. Por el lado ecuatoriano, evidencia el peligro de hipotecarse tan pronto a los dictados de EE. UU en materia de fronteras, asuntos migratorios, drogas o seguridad, como pareciera estar ocurriendo en las primeras semanas después del triunfo de Lasso.

Por lo pronto, el nuevo presidente sigue la línea de su antecesor Lenin Moreno, mediante la designación de almirante Fernando Donoso como próximo Ministro de Defensa, representa toda una señal: un militar -aunque en pasivo- sobre un civil en la conducción de la cartera. Además, ha estado vinculado al Instituto Nacional de Posgrado de la U.S. Navy en California.

Es momento de realizar una prospectiva geopolítica post pandemia, en donde cabe la probabilidad de la presencia de gobiernos progresistas del MAS en Bolivia, Perú Libre y Colombia Humana, respectivamente, y frente a un escenario de esa índole es que se acercan las relaciones castrenses entre Quito y Washington.

*Doroteo Arango es internacionalista peruano.

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