El 1º de Mayo desnudó al sindicalismo-empresario

Como nunca antes, los aparatos sindicales estuvieron ausentes el día de los trabajadores. En la debilidad, vuelven a planificar la mentada unidad, por ahora postergada.

Poe Emilio Marín

El 29 de abril de 2016 gran parte del espectro sindical realizó una demostración de fuerza en el monumento del Trabajo. Ya corría la desocupación rampante del macrismo. El único burócrata que saboteó fue Luis Barrionuevo, juntándose con Gerónimo Venegas, de las 62 Organizaciones y FE, miembro de Cambiemos.

Sin embargo la movilización unificada de los moyanistas de la CGT y los de Antonio Caló, de la otra CGT, con de ambas CTA, de Hugo Yasky y Pablo Micheli, no tuvo larga duración. Se mantuvo como una tendencia importante, pero con muchas intermitencias en convocar a protestas. Lo volvió a hacer el 21 de febrero pasado, con Moyano en el lugar central, en parte por sus urgencias políticas y judiciales. Ya no estaban allí dos de los tres secretarios generales de la CGT; Carlos Acuña, ladero de Barrionuevo, y Héctor Daer, de Sanidad y de los “Gordos”, se habían bajado con aviso.

Este 1º de Mayo fue lamentable. Sólo sirvió como una fotografía de la dispersión de la dirigencia gremial y para adivinar los motivos de ese fenómeno.

El dato objetivo es que ninguna CGT ni CTA convocó a las bases a una jornada de lucha en la calle el martes 1. Ninguna. No es un fenómeno nuevo pero cuesta encontrar parangones, pues en 2016 hubo conmemoración callejera.

Hasta el año pasado el Triunvirato había guardado ciertas formas, con un acto en Obras Sanitarias, de módica concurrencia. Ese año Macri fue al microestadio de Ferro, invitado por su empleado Venegas, que moriría poco tiempo después y dejaría líos de herencias mal habidas. En 2016 Macri pasó el 1º de Mayo con Gastronómicos, donde tras bastidores atiende Barrionuevo, el actual interventor del PJ. El presidente no es querido por casi nadie del mundo sindical y este martes se sacó una foto con bomberos de San Isidro.

¿Por qué tamaña ausencia de convocatorias de los popes sindicales? ¿Acaso los trabajadores están viviendo en el mejor de los mundos y no hace falta que alcen su voz? Nada que ver. El triunviro Schmid admitió que los laburantes sufren las de Caín para llegar a fin de mes.

En ese panorama de mediocridad y desmovilización, lo único rescatable -en su justa y pequeña medida-, fue el acto del 27 de abril de Moyano, Yasky y Micelli en el microestadio de Ferro, con capacidad para 3 mil personas. Sabor a poco en un 1º de Mayo donde hasta los monopolios venían despidiendo, como Ledesma, Carrefour y Cargill, igual que el año pasado Pepsico. Ni hablar del Estado, donde los despidos en Agroindustria no fueron 320 sino 543, confirmados por el estanciero Luis M. Etchevehere, y al final pueden ser mil.

Los que sí movilizaron fueron las organizaciones de desocupados de la CTEP, el sector más vulnerable. Están reclamando la emergencia alimentaria y plan de obras públicas para generar empleo. Como la burocracia sindical no pelea por sus afiliados y menos lo hará por los desocupados, aquellas organizaciones formarán un sindicato de los trabajadores de la Economía Popular y ya pidieron su ingreso a la CGT. Los atendió Daer en compañía de Eduardo Duhalde, lo que provocó el enojo de varios dirigentes sociales.

La explicación del triunviro fue que Duhalde estaba para un acto junto a Dilma Rousseff, de visita para pedir adhesiones a la campaña por la libertad de Lula.

Todo bien con la campaña para que Lula sea liberado, pero ¿justo el 1º de Mayo Rousseff tenía que juntarse con Héctor Daer y otros impresentables como Duhalde? Es dudoso lo que esa reunión pueda haber significado para la causa del preso en Curitiba, y en cambio sirvió para lavar la cara de la cúpula desprestigiada por la inacción y complicidad con el poder económico y político.

Verso de la unidad

Un dogma repetido afirma que la unidad es el camino. Cierto y falso al mismo tiempo: depende de unidad con quién y para qué.
En 2016 hubo unidad de la CGT Azopardo de Moyano, la CGT de los Gordos de Antonio Caló y la CGT Azul y Blanca de Barrionuevo, con el acompañamiento de las CTA. Hubo actos y reclamos a favor de la ley antidespidos que Macri terminó vetando, y un reforzamiento orgánico en una CGT, en agosto de 2016.

Entre Schmid, Daer y Acuña se las ingeniaron para llevar esa CGT a la profunda crisis de hoy. En marzo pasado dijeron que el 5 de abril iban a reunir el Consejo Directivo para convocar a un nuevo congreso y volver a un secretario general. Pero no hubo tal reunión y cada sector está sumando sus porotos para lograr la conducción. Además de los tres aspirantes y sus respectivos sectores, presionan los gremios industriales UOM y Smata, el MASA, la Corriente Federal, etc.

Es incierta la posible unidad. En 2016 esa reunificación se hizo pero duró menos de dos años. La lógica indica que con unidad sería más factible defender los intereses obreros. Sin embargo, esa “unidad” aceptó la reforma laboral y previsional del gobierno del ajuste. Sólo una movilización combativa, que no alcanzó a impedir la aprobación de la segunda, puso en “stand by” a la primera. Ahora la provocación macrista envió al Senado una parte de la reforma laboral que disminuiría el costo de los despidos al quitar del monto indemnizatorio los aguinaldos y bonificaciones.

Situaciones como esta ya se vivieron. Y fue inútil bregar por la unidad con los vandoristas, participacionistas, colaboracionistas y hoy macristas. En esos casos el sector honesto plantó bandera y se organizó al margen de Azopardo, por caso en la CGT de los Argentinos. Si se hubiera quedado soñando con la “unidad” no habría habido Cordobazo. Muchas veces uno se tiene que dividir en dos, para poder sumar de a cuatro.

La Arena (La Pampa)

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