El aborto es una cuestión política, no metafísica

 

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Por Darío Sztajnszrajber

El filósofo Darío Sztajnszrajber participó del tercer encuentro para debatir sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso: “El debate sobre el origen de la vida es un debate que no vale la pena priorizar frente a las urgencias que día a día nos depara la existencia social del aborto”, aseguró. Además, agregó: “Dejemos las discusiones metafísicas. Para construir el orden social y convivir con la diferencia del otro, hagamos política”. Compartimos su exposición completa.

El aborto es una cuestión política, no metafísica

Cuando estudié filosofía en la Facultad di con un libro de un pensador norteamericano cercano a la tradición liberal llamado John Rawls, un libro denominado Justicia como imparcialidad y el subtítulo decía Política, no metafísica. Siempre me resultó intrigante la segunda palabra del título. ¿Qué significa la expresión política, no metafísica? ¿Y qué significa en relación a la justicia de una sociedad? Significa que para ciertas cuestiones que atañen a la vida social en común, y sobre todo a las inequidades o desigualdades del orden social, no sirve discutir posiciones metafísicas, ya que nunca nos vamos a poner de acuerdo.

¿Qué es una posición metafísica? Metafísica es una palabra que viene del griego y que quiere decir “aquello que está más allá de la física”, o sea de la naturaleza. La metafísica es una concepción de las cosas que excede toda posibilidad de comprobación última, y que por ello termina siempre autojustificándose a sí misma. Por eso nunca podría haber acuerdo entre posturas metafísicas, por ejemplo jamás podría haber acuerdo entre un creyente y un ateo en temas como la existencia de Dios o la existencia del alma o el origen del universo.

Pero para peor, tampoco podría haber acuerdo sobre criterios que posibilitaron un acuerdo. ¿Qué quiero decir? La discusión entre un ateo y un creyendo no se dirime sacándole una fotografía a Dios o llevando a un médico a que revise la espalda de los ángeles. Es clarísimo el ejemplo del juicio de Galileo, cuando el cardenal lo interroga y le saca el telescopio con el que Galileo pretendía probar sus teorías y mirándolo a los ojos y con el telescopio en la mano le dice: “¿Usted me va a decir que hay más verdad en este pedazo de lata que en la palabra de Dios?”. Cómo ponernos de acuerdo si ni siquiera hay acuerdo acerca de lo que es un acuerdo. Hasta incluso me atrevo a decir que hay ciertas posiciones científicas, o más bien cientificistas, que también suponen oculta una metafísica. De hecho la misma experiencia empírica, esto es lo que vemos con nuestros ojos de modo inobjetable, supone confiar, la palabra confianza tiene en su raíz la palabra fe, en la transparencia de los sentidos. ¿Por qué admito en última instancia que lo que veo es lo que veo y que mis ojos acceden a la realidad tal como es? Esta falta de acuerdo se manifiesta en éste debate con la polémica acerca del origen de la vida.

Contra el embarazo como fatalidad

¿Cuándo comienza la vida? ¿Cuándo se trata de una persona? ¿Cuánto abarca la vida? ¿Hay vidas más importantes que otras? Cada posición va construyendo una red de conceptos asociados y siempre termina justificando lo que previamente quería demostrar. No estamos hablando de otra cosa que de la post verdad. Por eso creo que el debate sobre el origen de la vida es un debate que no vale la pena dar. Que no vale la pena priorizar frente a las urgencias que día a día nos depara la existencia social del aborto. Creo que es mejor no discutir metafísica para dirimir cuestiones públicas. Dejemos las discusiones metafísicas, que son buenísimas para nuestra formación existencial, para la elección que hacemos de nuestra vida privada, para definir con quién queremos forjar amistades, pero para construir el orden social y convivir con la diferencia del otro, hagamos política, saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongamosla entre paréntesis. En nombre de la verdad se han cometido los más grandes exterminios de la historia. No pueden convivir nunca la Democracia y los absolutos, no pueden convivir nunca la Democracia y la Verdad. Es que si hay una verdad y alguien cree poseerla, entonces al otro se lo ningunea, se le quita entidad y automáticamente se lo convierte en un enemigo, en un ignorante o en un asesino. El aborto es una cuestión política. Hablemos de política.

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de las desigualdades sociales que condenan a muchísimas mujeres en situación de desventaja social a la práctica de abortos en condiciones infrahumanas. Cada mujer que se desangra por falta de acceso exige que el Estado intervenga. Política, no metafísica.

Aborto: hablando de la libertad

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de acompañar el proceso de emancipación del cuerpo de la mujer históricamente sojuzgado y naturalizada su expropiación. La naturalización del cuerpo de la mujer como receptáculo reproductor la ha condenado a la desapropiación de su propia autonomía. Una mujer que no decide sobre su cuerpo cuerpo, es una ciudadana de segunda. Política, no metafísica.

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de garantizar que cada cual pueda desarrollar en su vida privada la concepción metafísica que desee. Lo único que debe resguardar la ley es que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. Cualquier cosmovisión metafísica puede ser para quien la profese muy beneficiosa en la formación del sentido de las personas, pero se vuelve autoritaria cuando se pretende norma universal.

Si se promulgase esta ley de interrupción voluntaria del embarazo, nadie te va a obligar a vos a que abortes. No sigas vos obligando a muchísimas mujeres a no decidir por sí mismas. Política, no metafísica. El aborto es una cuestión política: hagámonos cargo.

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