el armisticio del tábano

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Horacio Perez del Cerro*

Escritos 2015-2017 (Fragmento)

1
andaba su caja de brumas de salto en salto de aquí y de allá como monigote pendiendo del aire su razón de ojos y sonrisa hueca de tanto llanto contenido antes de la trifulca antes de darle el macanazo a la parca rampante en su noche de huesos pulidos bajo los insomnios collar de velos lunáticos o tartamuda suerte entre orillas entre mar y mar quillotes buscando en el recodo de noche el espacio sidereo las notas en la botadura de sus nimbos de la madre luna
fin de sus apócrifas lanzas enrevesadas de juncos paciendo la orilla lenguas de gigantones en sombra horizontal sobre laguna sus pétalos de tarde entre barros costeños azul de ala batiendo y batiendo como alfeizar tardío del crepúsculo y sus lluvias interminables descolgándose al medio madrugado en un solo de puñales su nieve lunar de espesa criatura recién advertida entre escalofríos y dentelladas sulfurándose una a otra bajo el diluvio seco de la vida.

2
como la pesada sangre de un armisticio fluido tábano entre hojas dormidas por los bostezos de una tarde de costado al año que huye sin dar razón de fechas ni conflictos penetrando el desamor por cuanta férula desprevenida vaga las intenciones de cándidos y asombrados vuelo persistente su néctar de ágoras y fetiches susurro en vértigo declinado a barlovento de su rostro esos mandobles silenciosos amenazando cada inflexión de minutos su holganza en llamas sus encarnizados titubeos signos en ascuas rondando los caminos polvorientos sus trizas aquellos intentos mortales luz de las mañanas hincadas al pie su amenaza continua, cielos negros lóbregos serrallos empinando despojos su espiral trashumante desenvolviendo giro a giro el ángulo exacto de las agujas su justa simetría antes del tiempo el armisticio del tábano entre las hojas y sus mandobles silenciosos.

3
atrás había quedado el tren y su parsimonia colgada de una ventana hueca de madrugadas el verano insomne de olivos y membrillos verde agua atrás las manos y los gestos las tías y abuelas queridas saludando entre los rieles con piel de durazno los racimos de uvas cocidas bajo el sol de las primeras pulsiones donde la mirada anclada en el triángulo entre piernas ondulaba su misterio de fragancias y jugos seductores lamiendo temprana la imaginería entre vulvas y túneles desconocidos.

mientras vuela el cierzo, esclerosado de pampa cuyana el boleto para el viaje ha quedado flotando entre el polvo de sus ráfagas la mano, saco azul, gorra visera de charol el guarda que no se cansa de pitar la salida del tren y el convoy que se aleja rueda a rueda y en bandolera inclina el primer peralte al medio de esa bruma entrada en huesos tibios su moribundo amanecer al collar de almendras y algún gallo vecino batiéndose a duelo con la escarcha de su cresta cantora o el reflejo del chisporroteo en el fogón de la cocina.

así ese que fuera se desvanecía de pura fecha y horma de tiempo o relojes girando su vehemencia hipócrita más tarde descubrí a todos los muertos que se apretujaban por salir en estos últimos momentos días de sin forma tal vez o que ella fuera lo inverso de la brújula siempre cartesiana a la nariz de ilusiones contrapuestas solo los faros del alma quedarán hasta el último instante solo y brillando estrellas que ya no son ni tan punto o círculo celestial y que fueron otros más los sucedidos hambrientos del consuelo que es un metal desconocido y que solo su óxido se puede nombrar cuando todo el universo cabe en una garganta al trino de las mañanas frescas cuando desvanece su vestido de noches terribles ahí quizá somos por un instante un vago momento entre la luz y lo que parece ser de nosotros mismos sin atuendo de santo o demonio sin sombra que nos justifique sin muerte siquiera.

4
bolivia es la desnucada deuda del mundo con su gente un alcázar de la vendimia amarga de los hombres de occidente que es en el occ el occiso de la historia pero por esos misterios de los genocidios y los olvidos descuelgan de las páginas de los libros de historia o prehistoria u olvidados de los historiadores o prehistoriadores no refieren a esas culturas de que bolivia viene aquello del titicaca los rococos y sus parientes cercanos las charlas atardecidas de sus amores cantores entre ranas y machos viejos que esos sapos grandes y regordetes son como las culturas renunciadas de la memoria hachada a diestra y siniestra sus referencias ancestrales míticos comentarios de los hombres viejos sabios colgados de cerros silenciosos entre cabras chuñas y corzuelas
deuda de los deudores sempiternos de esta América la de los mestizos los galos de estirpe inca zozobrando entre penas y maguas sajones inmiscuidos entre tramposos linajes para dar servidumbre a los tiempos coloniales sumos de un brebaje lítico sancochado de queresas y sus funerarios bastones ladrones del oro alimentos y pasturas del trabajo doblado a la cintura para hacer parir la Pacha desvelos y vigilias por permanecer mansos en fin acosados por todos los flancos tabicados entre los paréntesis de una mísera historia de cipayos y benditos con las manos sucias.

5
Bueno es apacentar las almas de vez en cuando, en estos ríos sapientes del Hierro o el Otero. Bueno también darnos cuenta, de cuan famélica yace nuestra alma más cercana. Reza de los dedos hasta los rayos del sol, alumbra cada día para que sigamos andando, o solo llora que si me permite, es una forma del andar, y es porque duele lo vivido y lo aún no tomado en cuenta nos depara el rumbo inevitable esta instancia a morder camino.

6
cada aventura es una casa cada viaje o desvarío rodando entre los pétalos de esos años desprolijos de toda razón una planta sumisa de la lógica un hito caminado de leños fundiéndose en la rueda de sus humos matemáticos serpenteando la ruta de pulsiones y ritos celebrados al pie de un círculo de luz y sus purgas traslaticias alucinando una danza de luciérnagas en sus códigos y pactos voraces.
cada trashumancia una enunciación perpleja de esa misma aventura de pensar hondo como pueda la letanía en el canto de los animales y sus parientes barítonos los pájaros en el cortejo planetario entre cuevas y asteroides moviendo el flujo de su sangre.
cada aventura, como el oleaje en su va y ben preñado de la sola amenaza de irse y dejarnos con el asombro de los lagartos bajo la lluvia abriéndonos la ventana del coraje dormido de lastres malversados en bitácoras confusas es una casa con cimientos de recuerdo y paredes de silencio donde se escribe la partitura del alma.

7
cada carro tiene dos varas donde se atalajan los reyunos para tirar de la vida como en un vagaroso sendero donde huir de los restos que nos quedan o las ánimas que sueltas de los cimientos de la costumbre nos muerden los garrones como sabuesos criados a carne sancochada. ese hilo de racimos y hojarasca un temblor que se deja varear como potrillo que demora cuatro círculos de fierros en madera una tonsura remachada de hojas en el bronce fenecido y la cúpula del monumento pialando las miradas indiscretas los secretos y la lilas defendiéndose del sur un falso juego de espejos trizando los segundos ante el espectáculo de la ciudad sin fecha ni epitafio solo un gigantesco laúd colmado de luces en destello columnas atiborradas de anuncios para una vida mejor las carátulas de todos los cuadernos inundados de olvido y carne quemada en cada trazo de miel sobre la cabeza de un niño que duerme solo en la fuente de una plaza.

8
cabras dejan el paso a los recuerdos se filtran entre las nubes frías del pucará ovillos de sal alistados al paso de nuestra ansia descollada entre impulsos aturdidos por el aire suntuoso de la noche fechas vagas dominándolo todo conjeturas y pasiones sílabas al cierzo de octubre los primeros brotes en los espinillos eternos flores para alimentarnos la espalda en la codicia las primeras madrugadas amanecidas entre el tallo hojitas temerosas flotan su endeblez acarician las células inquisidoras que les clava el viento
la mano surcando el aire con su tornillo de dedos alrededor del lazo saca el pial como una flecha crispado brazo del Caliva retiene de un solo tirón mientras el bagual tuerce la cruz bambolea los cuartos delanteros somete sus crines hasta que el basto y la encimera ya cincha el trabajo de toda la jornada el asunto es salir cerro arriba montarle a la luna naciente lonjas y aperos sobresaltados entre la chuña y la charata más tarde con la majada entre límites el Caliva endurece las brazas cumple el rito de echar un costillar y robarle al tiempo cimarrón tras cimarrón su paciencia hasta después de la siesta

9
la sobredosis de sueños le venía golpeando imagen tras imagen su rostro de niña en el espejo hecho añicos de tormenta que azotaba bocallaves indiscretas su carne niña de ella sus misterios descolgados de cortinas colmadas de intrigas los sabuesos en racimo de manos emergiendo sombra a sombra entre anillos de una aurora zigzagueante entorno de huesos plantados a modo de túmulos cruzados por bayonetas y puntas de lanza dejadas como al descuido de sus heridas trashumantes en el muladar de las historias federales y unitarias su último combate lanzando sombras a las llamas de esos fusiles como naves traficantes de sus propias tripas ella niña en sus hojas de sable entre las costillas flagrantes baleadas de discordias y parlamentos rimbombantes crímenes en la penumbra su carne niña tanto en los sótanos tanto en sus sitios congresales los cueros encharcados de sangre o restos de memoria en el ancho rostro de la pampa golpeándole el silencio.

[Celebrando Los Días De Mayo]

* Horacio Pérez del Cerro (Buenos Aires, 1950). Publicó «Multitudes en silencio», 1984; «Los inviernos del fuego», 2001; «Crujidos», Ed. El Tranvía, entre otros

(De: El armisticio del tábano, 2019)

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