El asesor secreto de Cristina

Por Hugo Soriani

–Cuanto hace que no lo veía por acá, ¿Que pasa? ¿ ya no tiene biyuya ni para tomarse un feca?, me dice Osvaldo, el mozo , apenas me ve entrar al bar.

–¿Biyuya?, ¿que significa eso?, le pregunto sabiendo que se viene una respuesta canchera de su parte.

–No se haga el pendex querido, que seguro su viejo la decía. Tener biyuya o no tener, era tener plata o ser un seco.

–Es cierto, concedo, es cierto.

–Bueno, no se preocupe que en este bar el café todavía no aumentó. Eso sí, es marca Pindonga.

–Ahora me explico, ¡usted también con en el tema de las palabritas…!

–¡Y cómo!, esa mujer cada vez que dice algo arma un despiole bárbaro.

–Es cierto Osvaldo, habla Cristina y hay batifondo siempre.

–¡Batifondo!, veo que se engancha enseguida en los desafíos, esa tampoco se usa más y me la había olvidado. ¡Que despiporre! El domingo vino mi hijo, el Beto, a casa, con Luciana, su pareja, y estuvimos entretenidos con el vocabulario pasado de moda. En realidad les di cátedra, porque ellos no cazaban una, y Olga, mi mujer, se destapó con unas cuantas.

–En cambio yo le puedo dar cátedra a usted –me agrando–, así que no me desafíe porque jugando a esto hago roncha, y si pierde se va a tener que ir a Berlin, mientras pienso las tres prendas que deberá cumplir.

–¿Pero usted se piensa que soy un otario? Tendré busarda, pero no soy un cacatúa ni un pelafustán cualquiera. Ayer entró un papanatas que se quiso zarpar conmigo. Pedazo de alcornoque, casi que le doy un tortazo al pelandrún. Conmigo nadie se va a hacer el cocorito. Creía que le tenía cuiqui el paparulo. En cambio usted es medio carcamán, aunque le reconozco que siempre está en la pomada.

Me asombra la habilidad de Osvaldo para armar una historia con tantas palabras en desuso, pero disimulo y le sigo el juego.

–No me joda, garzón, no me joda, que no está hablando con cualquier mequetrefe, y no me haga poner chinchudo porque tengo mucha boite. A más de uno le agarró un patatús luego de pelearse con este petitero. No se haga el fesa y anote. De pichón estuve en cafúa y ahí se aprende mucho. Ningún pelandrún sobrevive en esos borbollones, y cuando se arma el zafarrancho y cualquier botarate camandulero se quiere hacer el cuco hay que saber plantarse y nada de hacerse el fifí. Sinó, sos mortadela. Y ni le cuento si uno es medio batilana.

–Mire Don, yo no tendré boite ni cafúa, pero nunca planché en los bailes, y cuando iba al biógrafo con alguna pebeta a la que le arrastraba el ala, era muy rápido para arrimarle el bochín. Me ponía los vaqueros que me quedaban un kilo y dos pancitos. Para tirifilos había otros, los que siempre se quedaban papando moscas mientras yo hacía pelito pa’ la vieja. Siempre fui un gavilán, y así como me ve salí, con unos minones bárbaros. Nunca un bagarto, ni un bagre. Jamás me achanché en el levante.

–Ehh… Osvaldo: “bagre”, “bagarto”, esas palabras no van más. No las diga ni en chiste porque son ofensivas.

–Bueno, jefe, está bien. Son costumbres que cuesta sacarse de encima. El Beto Luciana y Olga también me retan, a veces no entiendo una garompa con tantos cambios juntos en tan poco tiempo. Ya iré mejorando porque no soy un botarate.

–No, Osvaldo, claro que no lo es. Usted es morrocotudo, pero este café es una garompa, y yo quería uno de rechupete.

–No sea babieca, hombre, al final parece un pituco cualquiera. Mucha boite, mucha cafúa, y es un cajetilla más. Para kakeros en este barrio sobran. No creo que sepa ni lo que es un piringundín. El café es tomable, aunque a la máquina se le rompió un cuchuflito que no se consigue.

–No se haga el chúcaro, que este bar de morondanga al final es un cocoliche. Vaya, vaya y traigamé el cusifai para limpiarme, que me manché la camisa con ese bodoque de medialuna que me dio. Era un bofe.

–No me dé órdenes gandul, ni se haga el camandulero. Cusifai no tengo, pero lo que tengo es un pendorcho que a lo mejor le sirve. Fetén, fetén.

–Se me hace tarde, así que me doy por vencido.

–Me alegro que reconozca mi talento, cachivache, al final el que se va a Berlin es usted. Pero ojo, si se cruza con Cristina, ya que trabaja en los medios, digalé que antes de los próximos discursos hable con este mozo. Yo no soy su festejante, pero Cristina es un churro. Luciana y el Beto no pierden las esperanzas de que le ponga el voto. Y a lo mejor les doy el gusto a los pibes, que no son ningunos peleles. Pero antes de irse deje algunos morlacos para el mozo, que los tiempos están difíciles y el hombre anda flojo de tarasca.

02/08/19

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