El campamento del coronel Kurtz

Por Juan López Chorne*

La Filosofía Política de Cambiemos y el discurso sin método

No es el propósito de este artículo debatir y analizar qué se debería haber hecho en materia económica a partir de diciembre de 2015.

Propongo ir un paso más atrás en el proceso de toma de decisiones y examinar la racionalidad estratégica de la conducción superior de Cambiemos (Macri, Peña, Quintana y alguno más) para aproximarnos a entender por qué estos referentes que hace tres años hablaban de crecimiento y pobreza cero han conducido al país a una recesión solo comparable con la de 2001/2002. Quienes decían que la inflación era el problema más fácil de resolver, ahora observan guarismos más altos que los de 2002 (cuando se devaluó más del 200%), solo superados por estadísticas de la época de la hiperinflación. El análisis propuesto partirá del supuesto de que Macri, Peña y compañía no deseaban ni imaginaban en 2015 encontrarse en la situación en que efectivamente se encuentran en 2019. Digo esto para desechar algunas visiones que ubican “todo esto” en el marco de una consistente lógica delictual. Por supuesto no se desconocen casos de corrupción y conflicto de intereses existentes y traducidos en múltiples causas judiciales que avanzan muy lento (si es que avanzan), sino simplemente desechar la hipótesis de que el gobierno es simplemente una asociación ilícita compuesta por un grupo de hampones. Para no convertir este artículo en un pesado ensayo académico apelaré a un concepto muy utilizado en el ambiente militar: “conciencia situacional”. Se tiene conciencia situacional cuando se dispone de una acertada representación de diagnósticos, factores y desafíos que permiten apreciar dónde “se está parado” y lo que puede llegar a suceder. Es en pocas palabras una aptitud indispensable para un decisor estratégico.

Ubiquémonos ahora en diciembre de 2015 y supongamos simplemente en un sentido abstracto que la idea de corregir desequilibrios económico-financieros de manera gradual (gradualismo) no era descabellada. Primer gran interrogante: ¿por qué persistir en el mismo camino si a los seis meses hay claros indicadores que los desequilibrios que se busca corregir lejos de converger al equilibrio divergen cada vez más? No parece tener sentido. Tampoco lo tiene que ante tal escenario no se tomara resolución alguna y se haya seguido insistiendo con la “lluvia de inversiones”, los “brotes verdes” y el “segundo semestre”.

El testimonio de Carlos Melconián, amigo del Presidente y entonces funcionario del gobierno, resulta valioso en este sentido. En una presentación que se filtró en la prensa abordó este mismo asunto refiriéndose elípticamente a Peña (“las buenas ondas no alcanza para gobernar… boludeaste dos años con las buenas ondas y ahora vas a recoger inflación en la previa de las elecciones”) y no tan elípticamente a Quintana y Lopetegui: “Los dos CEOs que están abajo del jefe de Gabinete inventaron dos planillas de Excel que en el estudio nuestro las preparó un junior practicando”.

Hipótesis: la conducción superior de Cambiemos no ejercita la planificación estratégica de manera que carece de conciencia situacional. Los errores a la hora de planificar son comunes y se pagan caro. No realizar ejercicio de planificación alguno, formal o informal, apelando al “pensamiento positivo” como sustituto no es tan común en estos niveles de responsabilidad. Los angloparlantes tienen la útil expresión wishful thinking para referirse a este típico vicio por el cual otorgamos a nuestros deseos niveles de probabilidad ilusorios. El reconocido biólogo evolucionista, divulgador científico y profesor de la Universidad de Oxford, Richard Dawkins, lo pone en estos términos: “Si algo es verdad, no hay medida de wishful thinking que pueda cambiarlo”. Elemental. Sin embargo, parece que el intelectual orgánico de Cambiemos, Alejandro Rozitchner, no piensa del mismo modo.

Y es aquí donde entra a jugar la filosofía política de la conducción de Cambiemos como variable explicativa de la inacción y el desatino: el pensar que las cosas van a salir bien porque uno desea y cree que saldrán bien. Parece cuento que personas que tienen la mayor responsabilidad en la administración de un país puedan conducirse con este criterio, pero es así. Han erigido a esta desviación –permítaseme llamarla así– en un estilo formalizado y doctrinario de conducción. Repasemos las siguientes declaraciones y antecedentes:

“Hace rato en la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente. Nosotros creemos que ser entusiasta y optimista es ser inteligente, y que el pensamiento crítico, a veces, llevado al extremo, en la Argentina, hace mucho daño”. (Marcos Peña, diciembre de 2016, https://www.lacapital.com.ar/opinion/la-politica-y-el-optimismo-n1306590.html).

“Lo más valioso es que uno pueda querer algo. Entusiasmarse, las ganas de vivir, son más importantes que el pensamiento crítico y la objetividad” (Alejandro Rozitchner, diciembre de 2016, https://www.lanacion.com.ar/1968830-alejandro-rozitchner-el-pensamiento-critico-es-un-valor-negativo)

“Los argentinos abrazamos el escepticismo, la negatividad y el espíritu crítico como si fuese algo que resalta nuestra inteligencia. Y yo no creo en eso. Creo que hay que ser positivo y optimista, y creer en lo que somos capaces” (Mauricio Macri, junio de 2018, https://www.lanacion.com.ar/2142540-mauricio-macri-el-peronismo-sabe-que-no-hay-mas-lugar-para-la-locura).

Durante el año 2016 el propio Rozitchner impartió los siguientes cursos en la Escuela de Formación de Dirigentes del PRO: “Positividad inteligente”, “Entusiasmo y superación del melodrama”, un “Taller de escritura” y “Ganas de vivir” (mayo 2016, https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-299063-2016-05-11.html).

En el film Apocalypse Now, inspirado por El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, el capitán Willard (Martin Sheen) es enviado a terminar con las actividades del coronel Kurtz (Marlon Brando), quien completamente desquiciado se había refugiado con una tribu de acólitos en lo profundo de la selva. Cuando Willard llega al campamento de Kurtz aprecia asombrado el horror de la obra y aventura de un loco. En ese campamento rodeado de cadáveres mutilados (Francis Ford Coppola utilizó cadáveres reales) en un momento dado Kurtz le pregunta a Willard: “¿Piensa usted que mis métodos son insanos?” Willard le responde: “No observo ningún método en absoltuto, señor”.

El estilo de gestión de Cambiemos tiene semejanzas al del Coronel Kurtz. A no confundirse, no estoy sugiriendo que se trata de un grupo de psicópatas desalmados, sino de personas que creen estar llevando adelante un programa en en la convicción de que sus métodos completamente ajenos a un “método científico” pueden dar resultados. La filosofía política de Cambiemos y su modo de conducción encierran una incompetencia intrínseca y estructural para atender la multiplicidad y dificultad de los complejos problemas que tiene la República Argentina. Conlleva el riesgo de transformar a la República Argentina en el campamento del coronel Kurtz.

* Dr. en Seguridad Internacional, Docente/Investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, Ex Subsecretario de Planeamiento Estratégico del Ministerio de Defensa.

El Cohete a la Luna

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