El default de Macri

Por Mónica Peralta Ramos

James Ensor, autoretrato con máscaras de carnaval

El país asiste al estallido de una crisis de índole y magnitud inédita. La alianza Cambiemos en el gobierno se desintegra rápidamente. Como un caleidoscopio girando al infinito: la política y la economía se deforman hasta llegar a lo absurdo. Figuras y lenguajes de pesadilla ocupan la escena. Sus piruetas y muecas, sin embargo, no logran ocultar el drama que germina en las placas tectónicas de la sociedad. Aunque el gobierno haga todo lo posible por ignorarlo, su rumor es inconfundible.

Inmediatamente después de las PASO, una diputada de Cambiemos muy cercana a Macri se autodesignó jefa de la campaña electoral del Presidente y puso en duda el resultado del escrutinio. En su opinión sesuda: este fue obra del “control narco en sectores del conurbano y del norte” (infobae.com 14 8 2019). Y además, “de Olivos nos van a sacar muertos” (pagina12.com 15 8 2019). Como si esto fuera poco, aseguró que ella “tiene arreglado su velorio por si la matan” (lanacion.com23.8.2019). Paralelamente, los trolls oficiales impregnaron las redes sociales y amalgamaron a una multitud ensoberbecida de odio que el sábado 24 de agosto marchó hacia la Plaza de Mayo para «defender a la República» y para «dar vuelta» el resultado electoral. Uno de los manifestantes portaba un cartel con la consigna de la nueva cruzada: “Dios salve a la Argentina”. En el balcón de la Casa Rosada, desencajado de emoción y arropado con una bandera argentina, Macri recibió el chorro de energía proveniente de la multitud al grito de: “¡Sí, se puede!” Dio así comienzo a una semana caótica que desembocó en un nuevo default, esta vez más peligroso que todos los anteriores vividos por el país, a pesar de los vocablos con que se lo intenta licuar.

La semana se inició con un acto de sinceramiento de un amigo de Macri. Ante un foro empresario sostuvo que el país está ante un 2020 incierto: todo dependerá de cuán traumática sea la transición económica hacia el cambio de gobierno. Al mismo tiempo, y en tono urgente, expresó la necesidad de que el FMI desembolse próximamente los algo más de U$S 5000 millones de su préstamo. Sin ellos, el panorama cambiará totalmente. Dejó así transcender su inquietud ante la evidencia de que el país se precipita hacia una transición económica caótica (ámbito.com 27. 8 2019).

El FMI lo sabía

Por ese entonces, ya era claro que el FMI sospechaba algo parecido. Desde las PASO guardó un riguroso silencio. Ese fin de semana llego una misión al país con el objetivo de sondear al candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, y evaluar sus propuestas económicas. En su reunión con Fernández, los miembros de la misión del FMI dejaron sentada su preocupación ante la situación argentina. Contrariamente a lo esperado, el Presidente Macri fue derrotado contundentemente en las PASO y es prácticamente imposible revertir esta situación en los días que quedan hasta las elecciones de octubre. Ni los planes de Macri ni los del FMI contemplaron la posibilidad de una situación semejante. Ahora no está claro cómo se sigue y hay mucho tiempo por delante hasta las elecciones de octubre. Esto implica un verdadero vacío de poder que no puede remediarse adelantando las elecciones. Al FMI le queda la alternativa de hacer lo mismo que hace Macri: abrazar al candidato más votado e involucrarlo en la gestión actual. Con ello lograría dos objetivos: legitimar las medidas que toma el gobierno y enchastrar al vencedor en las PASO haciéndole perder credibilidad ante su electorado.

Alberto Fernández se resiste. Mejor aún, ataca: sugiere que tanto Macri como el FMI deben hacerse cargo de la catástrofe social que han desatado sobre el país. Les recuerda que comparte los objetivos del Acuerdo pero que estos no se han cumplido. En su lugar, casi la totalidad del préstamo ha sido utilizado para financiar la fuga de capitales, algo expresamente prohibido por los estatutos del FMI. Esta andanada de Fernández va al corazón de un problema medular que nadie se atreve a mencionar: la legitimidad de la deuda contraída con el FMI. El candidato alude a este problema desde una tangente: la ilegitimidad de un préstamo que, comprometiendo mas del 60% del capital del FMI, ha sido contraído entre gallos y medianoche, violando las regulaciones del propio FMI. Un préstamo desembolsado casi en su totalidad al finalizar el mandato de un gobierno y en vísperas de su pretendida reelección.

El abrazo de la muerte

La discusión sobre la legitimidad de la deuda no se agota, sin embargo, en este camino. Existe otro, que por el momento permanece en la oscuridad: ¿cuán legitima puede ser una deuda que no fue aprobada por el Congreso de la Nación? Este problema sobrevuela a la escena política y al mercado financiero internacional. En este contexto la pretensión de Macri y del FMI de obligar a la oposición política a hacerse cargo de los estragos de este endeudamiento nacido al margen de las regulaciones existentes, hace ruido.

Por ahora, el “háganse cargo” de Alberto Fernández tuvo el mérito de poner límites al intento oficial de darle el abrazo de la muerte. Si el mundo de las finanzas se sacudió, fue porque la ingeniería financiera montada con una desprolijidad digna de la impunidad y la arrogancia de Macri y del FMI ya no se podía sostener. Se inició así un martes negro: el BCRA vendió 300 millones de dólares de sus reservas y no pudo impedir la suba del 2,5% del valor del dólar, a $58,66 en la plaza minorista. Paralelamente el riesgo país creció 9.9% cerrando en 2001, significativa fecha de una debacle del pasado; los bonos cayeron un 12% y las acciones en Wall Street un 14%. Hacia el miércoles, el gobierno quemó nuevamente 467 millones de dólares de sus reservas y no pudo impedir que el dólar superara los $ 60. Al mismo tiempo, tuvo que declarar desierta una licitación de Letras del Tesoro (Letes) por valor de U$S 1000 millones, admitiendo al mismo tiempo que solo había podido renovar el 10% en las ultimas licitaciones. Con una estrepitosa caída de los depósitos en dólares por valor de U$S 2900 millones en las últimas siete jornadas, empezó a hacerse carne en el mercado financiero internacional la idea de que a ese ritmo las reservas del BCRA irían a desaparecer mucho antes de lo pensado.

Los capitales golondrina

La dinámica de la corrida estuvo liderada por los fondos de inversión extranjera. Desde principios de agosto intentaron salir de la bicicleta financiera. “Habían esperado que Macri salvara a la Argentina. Ahora este no podía pagar sus cuentas” ( forbes.com 29 8 2019). Hubo problemas en 2018, pero todo se arregló bajo el ala protectora del FMI. Siguieron entonces haciendo ganancias a tasas de interés únicas en el mundo y protegidos por los dólares del FMI. ¿Qué más se podía esperar? (bloomberg.com 26 8 2019).

En particular, diez fondos de inversión creyeron que podían maniobrar cómodamente en un campo político y económico minado de peligros. Sin embargo, la bomba explotó cuando menos lo esperaban (bloomberg.com 26 8 2019). Todos invirtieron en los principales activos argentinos. Uno de ellos, Autonomy Capital, hacia el mes de julio y gracias a sus activos riesgosos argentinos aumento su capital en un 7%. En la primera mitad de agosto perdió el 16% de su valor. Otro fondo, VR Capital, tuvo ganancias del 10.3% hasta el mes de julio, pero perdió el 14.5% de su valor en las dos primeras semanas de agosto.

La debacle ha sido generalizada afectando incluso a los fondos tenedores de acciones de las empresas argentinas que cotizan en Wall Street. PointState, el principal poseedor de las acciones de Pampa Energía negociadas en Wall Street, tuvo perdidas del 3% en el mismo periodo. Odey Asset Managment, uno de los principales accionistas del Banco Macro, “perdió 8% de su valor. Según su CEO, “Macri tiene el carisma de Theresa May. Por suerte no entiendo ni una palabra de lo que dice” (bloomberg.com 26 8 2019).

Así, los fondos no se dieron cuenta de lo que se les venía encima. Siguieron comprando activos «a pesar del terrible récord económico de un gobierno con una pata atada a un organismo internacional detestado en el país (FMI). Se convencieron de que Macri iba a ganar. Hasta que perdió sin remedio» (Bloomberg 28.8 2019). Ahora es el comienzo del final” y no se sabe cómo sigue esta historia

La respuesta del gobierno

Desde su consagración como Ministro, Hernán Lacunza tuvo, según sus propias palabras, una intuición de lo que iría a pasar. La solución a la debacle política de las PASO presentaba tres alternativas para Macri: ganar en octubre, perder o “salir por la ventana”. El gobierno se apresura a este triste final.

Ante la imposibilidad de contener el dólar, el miércoles el gobierno entró en pánico y anunció medidas destinadas a postergar el pago de la deuda tanto interna como externa. Cuatro son las medidas principales:

– extender los vencimientos de la deuda de corto plazo (Letes y Lecaps). Rige solo para inversores institucionales
– enviar al Congreso un proyecto de ley para promover una extensión de los plazos de deuda con jurisdicción local
– extender voluntariamente los plazos de deuda bajo jurisdicción internacional sin quita de capital ni de intereses
– iniciación del dialogo para renegociar los vencimientos de la deuda con el FMI.

Al presentar las medidas, el gobierno destaco su mandato prioritario: descomprimir los pagos en dólares que tiene que hacer en el futuro inmediato. Esto en la práctica significa poner más dólares de las reservas a disposición de los fondos de inversión que buscan horizontes más seguros y quieren salir de los activos argentinos. Este otorgamiento de liquidez, postergando los pagos de la deuda, fue presentado como una acción “necesaria para el bien de los argentinos”. Es en cambio un mayor condicionamiento para el próximo gobierno. Sin discutir quita de capital ni intereses, se le transfiere una diagramación de pagos de la deuda que nada tiene que ver con el objetivo de liberar recursos para impulsar los objetivos de crecimiento y distribución de ingresos que ha propuesto el Frente de Todos. Al mismo tiempo, el gobierno no ha dicho qué va a pasar con las LELIQS, fuente de un dinamismo perverso que amenaza la estabilidad de todo el sistema bancario.

Estas medidas no pusieron fin a la corrida. El jueves el BCRA vendió U$S 223 millones para contener al dólar que supero los $ 60. También perdió U$S 900 millones. Se presume que corresponden a importantes salidas de depósitos en dólares. La tasa de interés llego al 78% y el Riesgo País a los 2 276 puntos. La calificadora de riesgo S&P declaro a la deuda argentina en default selectivo. Al cierre de la semana, el dólar pasó de $ 65, la tasa llegó al 83% y el Riesgo País a 2.500 puntos.

Así, el “perfilamiento” de la deuda amenaza con convertirse en un nuevo mega canje de consecuencias nefastas para el país. Si el gobierno de Macri hubiese querido “hacer algo por los argentinos”, habría introducido el control de capitales para apaciguar una volatilidad alta. Hubiese además obligado a los exportadores a liquidar las divisas inmediatamente. Llama también la atención la falta de medidas destinadas a mitigar la emergencia alimentaria y sanitaria y contener el impacto de la corrida cambiaria sobre los precios. A lo largo de toda su gestión el gobierno no ha podido controlar a la inflación. Ahora empuja al país al borde de un abismo nuevo: el default sumado a la hiperinflación.

En este clima de saqueo resonó con fuerza el grito desesperado de la enorme marcha de movimientos sociales exigiendo la emergencia alimentaria y sanitaria. No se puede esperar que el gobierno haga algo al respecto. Ya ha demostrado que lo único que le interesa es sembrar el caos para condicionar al máximo al próximo gobierno. Ante esta situación, la oposición no solo tiene el voto para cambiar la relación de fuerzas. Puede liderar una movilización organizada, desde abajo hacia arriba, para poner fin al flagelo del hambre y la emergencia sanitaria. Así crearía conciencia de todo lo que se juega hoy día en el país. Algo que va mucho más allá de la corrida cambiaria y de las veleidades del capital financiero.

¿Dónde está el amigo de Macri?

Llama la atención el silencio de Donald Trump frente a la debacle de su amigo Macri. Pareciera que el espejismo del triunfo electoral encandila por doquier. Hoy Trump está enredado en múltiples peleas, ancladas en su afán de ser reelecto en 2020 y todavía no ha logrado sintonizar con Macri, acechado por la debacle.

La guerra comercial con China adquiere diversas connotaciones e intensidad según se desarrollen otros conflictos abiertos por Trump en su lucha por obtener un segundo mandato. Esto último está estrechamente ligado al desencadenamiento de una recesión en la economía norteamericana. La guerra comercial con China ha apresurado los tiempos de la recesión al provocar severos resquebrajamientos en las cadenas de valor global y en la propia economía norteamericana. Para mitigar su impacto, Trump pretende desde hace tiempo que la Reserva Federal recorte las tasas de interés drásticamente. Esta ha intentado evitarlo. Entre otras cosas, intenta reservar munición de guerra para combatir la recesión. Luego de múltiples presiones, Trump logró recientemente que la Reserva redujera la tasa de interés para mitigar el impacto de la guerra comercial con China. Sin embargo, no quedó satisfecho y reclamó más cortes. Al no conseguirlos llegó a acusar públicamente al Presidente de la Reserva de ser un enemigo del país, peor que la propia China (cnbc.com 23 8 2019). Esto desató los demonios de las altas finanzas dando nuevo voltaje a la pelea. Recientemente Bill Dudley, ex presidente de la Reserva Federal de New York desde 2009 hasta 2018, escribió un editorial apelando a sus colegas de la Reserva Federal a dejar su independencia política e impedir que Trump se salga con la suya. Frente al desastroso camino de la guerra comercial desatada por el Presidente, Dudley sostiene que sus colegas tienen dos alternativas: o continúan por ese camino desastroso o envían una clara señal a Trump de que, si sigue actuando de esa manera, será él y no la Reserva Federal quien correrá riesgos, incluidos el de perder la elección. Sugiere que la Reserva Federal debe tomar las medidas que sean necesarias para impedir que la administración tome decisiones incorrectas en el área del comercio internacional, haciéndole ver a Trump que de continuar por ese camino él correrá con las consecuencias (Bloomberg 27 8 2019).

De este modo, los banqueros más poderosos del mundo muestran que la Reserva Federal no es apolítica y está directamente involucrada en batalla por controlar la política del Ejecutivo del país que todavía sigue siendo la potencia mas grande del mundo. Estas batallas se dan en distintas áreas de la administración y afectan al mundo entero. En el ámbito de las finanzas las economías emergentes que, como la nuestra, tienen una enorme deuda en dólares, son especialmente vulnerables a las alternativas de esta puja. Los fondos de inversión navegan ese caldo de cultivo. Sus acciones no sólo dependen de lo que ocurre en nuestro país. En un mundo con trillones de deuda con intereses negativos, los Estados Unidos, con letras del Tesoro todavía levemente positivas, atraen a las golondrinas que huyen hacia puertos más seguros

Esto, conjuntamente con las características de la crisis financiera que hoy vivimos, nos obliga a articular nuevas formas de relaciones financieras que nos protejan de la crisis que amenaza desencadenarse a nivel mundial y permitan al mismo tiempo reforzar el valor de nuestra propia moneda.

El Cohete a la Luna

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