«El dinero es el índice de información de este sistema»

Una charla con el filósofo francés Mark Alizart, autor del notable ensayo Criptocomunismo

Lejos del clamor antiestatista libertario, el autor plantea a Bitcoin como una máquina de consenso y de política social.

Por Juan Ruocco

En su apasionante libro, Mark Alizart larga filosofía para pensar, dispara preguntas y no para nunca de sintetizar conceptos. Imagen: Juan Pablo Cambariere

Mark Alizart, el filósofo más extraño y entretenido de Francia, empieza su texto Criptocomunismo arrojando una bomba molotov contra el sentido común: Bitcoin no será la moneda de los libertarios, sino que dará origen a una versión upgradeada del comunismo, el criptocomunismo.

En este ensayo fértil, todo parece ser condición de posibilidad para algo más. A diferencia de otros textos filosóficos, dónde lo central es demostar cierta tesis, Alizart hace filosofía para pensar, disparar preguntas y encontrar los recovecos por dónde explota el sentido. Es una máquina de sintetizar conceptos, que enarbola una tesis por capítulo, y a veces por página. Escribe con el vértigo y la rapidez de quién cree haber encontrado algo nuevo. Y tal vez sea así.

Bitcoin y el anarcocapitalismo

La criptomoneda más famosa del mundo, creada por el anónimo Satoshi Nakamoto en los albores de la crisis económica de 2009, se conviritó rápidamente en un paraíso libertario, o mejor dicho, anarcocapitalista.

Para quienes vengan de la izquierda, la idea de anarquía unida a la de capitalismo puede parecer descabellada, pero alcanza con hacer la siguiente distinción: mientras que para los anarquistas clásicos el objetivo político era abolir el Estado y la propiedad privadad, para los anarcocapitalistas alcanza con abolir al Estado, pero manteniendo la propiedad privada. Una especie de feat entre Kropotkin y Locke.

Bitcoin, en ese sentido, sería la tecnología perfecta, pues cumple con ambas condiciones: elimina al Estado como intermediario en la creación de monedas, a la vez que se constituye como una herramienta que garantiza la propiedad privada, dadas las características de la red sobre la que opera.

Pero para Alizart, al revés de lo que sus seguidores creen, Bitcoin es una máquina de juntar gente en torno a un objetivo: generar consenso. En este sentido, sería una institución mucho más política de lo que sus seguidores están dispuestos a asumir.

Alizart sostiene que Bitcoin es una tecnología cuyo impacto tiene que ser buscado en dos revoluciones previas: la reforma protestante y la revolución francesa. Bitcoin trae consigo un nuevo orden teológico-político, dado que es una nueva institución cuya principal función es proveer un algoritmo de «fe». Bitcoin, como todo el dinero, obtiene valor a partir de que una comunidad cree que lo tiene.

Alizart sostiene que si bien los bitcoiners buscan ser «libres» de cualquier institución, Bitcoin en realidad es una institución de la libertad, un orden social. Pareciera que la política es una maldición imposible de huir: Bitcoin es, en un punto, un sistema de consenso, una pequeña «comunidad organizada».

La Izquierda y la tecnología

«La izquierda no puede seguir mirando la tecnología como si fuera algo extraño o maligno. Nick Srnicek y Alex Williams escribieron sobre eso hace unos años en El Manifiesto Aceleracionista, llamando a los progresistas a reclamar la idea del futuro en lugar de dejarla al neoliberalismo y ser condenados al primitivismo y la impotencia. Estoy fuertemente alineado con esa idea, que en realidad era también de Marx y Engels, Lenin y Trotski», responde Alizart por mail.

Si hubiera que resumir de qué se trata su libro en solo un par de líneas, se podría decir que para el autor, Bitcoin es la herramienta que le faltaba al libre mercado para devenir en comunismo. Lo cual pareciera ser una contradicción absoluta: ¿cómo puede ser el libre mercado la puerta hacia el comunismo?

«Obviamente es discutible, pero fue la idea original de Marx, y proviene de la tradición anarquista que alimentó el socialismo temprano. Contrariamente a la mayoría de las creencias, el comunismo no es estatismo. Es la idea de que el estado debe ser destruido, pero también es la idea de que el estado no puede ser destruido ingenuamente, en cuyo caso regresa a través del mercado

Recuerda el filósofo francés que Marx creía que la concepción liberal de los mercados libres era una ilusión, o peor aún, un esquema para ocultar el hecho de que el Estado que creemos como servidor público está en realidad solo al servicio de intereses privados. «Así que el marxismo lucha por encontrar una forma de destruir el Estado de una manera majestuosa. Y para ser justos, nunca lo logró», considera Alizart.

El autor de Criptomounismo está profundamente interesado en la cibernética, la ciencia de los sistemas distribuidos, y particularmente en las blockchains. «Por lo tanto, creo que Marx habría estado muy interesado en todo y probablemente habría abrazado las criptomonedas de la misma manera que abrazó el darwinismo o la estadística.»

¿Es la economía una forma de mover energía?

–Sí, en gran parte, de eso se trata la economía. La economía es la forma en que un sistema (vivo o social) recolecta y distribuye energía hacia sus partes móviles. Pero hay que añadir de inmediato: energía e información. Esta es la parte que falta en el marxismo, que entendió bien la naturaleza termodinámica de la economía.

¿Cómo sería eso?

–No se trata solo de poder de trabajo, también se trata de asignación de información. El dinero es, en cierto modo, ese índice de información en el sistema. Por eso, el dinero no es sólo un «velo en la economía»: tiene propiedades intrínsecas y un papel especial que desempeñar.

Criptomonedas para la liberación

Para Alizart, con un razonamiento análogo a la termodinámica, cualquier sistema económico puede entenderse como un sistema que mueve energía, pero también información. El dinero sería, en este caso, esa información extra. Y Bitcoin es una nueva forma (más ágil, eficiente y útil) de mover información.

Además, al Bitcoin no estar dominado por ninguna empresa o estado en particular, tiene la capacidad de devolver los medios de producción monetarios a las manos de aquellos que más lo necesitan: las personas comunes y corrientes, los trabajadores y trabajadoras del planeta sin ningún tipo de acceso privilegiado al capital.

De esta manera, para el autor, se rompería la endogamia entre mercados, bancos y Estado, que de forma permanente matiene a las personas alejadas del acceso al dinero (aka información) y perpetúa, así, las relaciones de poder del orden actual. Serían entonces las criptomoendas y las blockchains una nueva arma al servicio de la internacional comunista. Criptoproletarios del mundo… ¡uníos!


03/11/20 P/12

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