El fetichismo del Coronavirus

Por Patricia Inés Laría

La Gran Ola en Kanagawa

¿La pandemia impacta en la economía o la economía fabricó el virus? Los precios del petróleo, commodities y los activos financieros se desploman. La riqueza se destruye. ¿Estamos ante una edición “virológica” de las crisis por sobre-acumulación? ¿El Covid-19 viene bien como “depurador”?

El Capitalismo Industrial versus las Finanzas. El coronavirus apareció como un “regalo” del año 2020. El 31 de diciembre de 2019 se informó la primera infección en Wuhan y el 20 de enero la Organización Mundial de la Salud emitió el alerta. Según el experto en economía y finanzas rumano Claudiu Albulescu, el precio del petróleo reaccionó exactamente cuarenta y nueve días después: el 9 de marzo Arabia Saudita “inundó” el mercado y la cotización del Brent cayó 20 %. En un “lunes negro” la infección se transmitió a los activos financieros[1].

La pandemia es un golpe a China, en especial a sus industrias manufactureras, turísticas y recreativas. Wuhan no es cualquier punto del globo. Capital de la provincia de Hubei, es la ciudad más poblada y un verdadero nodo de la región central, eje de las industrias siderúrgica y automotriz. Allí funcionan 300 fábricas de las 500 empresas más grandes del mundo (estadounidenses, alemanas y francesas entre otras). En 2019 esta región creció 7,8% mientras que China “solamente” 6,1%[2]. Con una historia industrial “gloriosa” la región de Hubei albergó la primera fábrica de acero fundido: Hanyang Iron Works. Wuhan también se ha destacado por sus consignas de desarrollo “innovador, coordinado, verde, abierto y compartido”[3]. Su modelo institucional, conducido por el gobierno municipal y “círculos de expertos”, manifiesta un ingente esfuerzo comunitario de transformación urbana[4], dentro de la cual destaca la modernidad de sus sistemas de transporte[5].

Si Wuhan es el nodo de China central, China, a su vez, ha devenido en eje dinámico del planeta. En 2003 su PBI representaba menos del 2% del mundial; en 2018 superó el 16 %. Para el FMI, Asia fue el motor del crecimiento mundial en 2019: aportó un 70% del cual 39% es chino[6].

El corona-virus agrede directamente al capitalismo industrial, desplegado desde hace décadas en forma de Cadenas Globales de Valor (CGV). Standard & Poor´s señala el impacto negativo sobre la industria automotriz estimando una reducción a la mitad de la producción china de autopartes que abastece a terminales en USA, Europa y Corea del Sur[7].

En un proyecto financiado por el “CONICET” rumano[8], Claudiu Albulescu y sus colegas apelan a la Econometría, intentando despejar un poco el horizonte. Cointegran[9] la evolución de los casos de CoVid-19 (reporte diario de Wuhan) con series de datos de la economía de Estados Unidos: precio del petróleo (US Energy Information Administration), volatilidad financiera (Chicago Board Options Exchange) y un índice de Incertidumbre de la Política Económica (EPU). La conclusión es que el coronavirus impacta considerablemente sobre el precio del petróleo, aunque éste es más sensible a la volatilidad financiera y a la incertidumbre de la política económica. De resultas prevén para 2020 un precio del crudo “congelado” a un nivel inferior al vigente durante 2019.

Este es sólo uno de los muchos estudios académicos que confirman que las variables financieras – clave se mueven global y acompasadamente. El fenómeno no tiene nada de novedoso. El trabajo de la Universidad de Pretoria que abarca un período largo, con datos de 160 años (1859 a 2019), muestra que los precios del petróleo han tendido a orientar la cotización de los bonos del Tesoro de EUA (refugio del capital financiero para disminuir riesgos), condicionando a su vez la política monetaria de la Reserva Federal[10]. Una radiografía “científica” de dónde está el poder.

Capitalismo de sobre-acumulación, destrucción y derroche. Esta “corona-crisis”, (podríamos llamarla así), resalta el entramado de intereses que se disfraza como variables financieras-clave. El motor que las moviliza es la obtención de ganancias ficticias especulativas. Si en las universidades todavía se presenta a la Economía versión Neoclásica de “ciencia de la escasez”, la pandemia demuestra que la Economía Política concluye exactamente lo contrario: acumulación en exceso, concentración de la producción y la riqueza, consumo dispendioso junto a necesidades genuinas que no están satisfechas, búsqueda de nuevas fuentes de mayor rentabilidad y destrucción consecuente de lo anteriormente invertido.

La frase “más viejo que la injusticia” viene muy bien para aludir con lenguaje sencillo a la contradicción sistémica de sobre-acumular destruyendo lo acumulado. En la financialización esta contradicción es más aguda que en el industrialismo capitalista asociado a las políticas keynesianas.

Las acciones, bonos y commodities funcionan como “mercancías financieras”, portadoras de un valor ficticio. Están el centro de un sistema de “activos” conformado por los famosos “mercados” adonde fluye el excedente económico desde que se agotó el orden internacional de posguerra. La obra del teórico social británico David Harvey aclara notablemente, entre muchos otros aspectos, que se trata de un “juego” espacio-temporal: tiempo y espacio[11]. La riqueza sobre-acumulada, buscando “rentabilidad”, hace uso del tiempo en la inmaterialidad de las finanzas. Las inconmensurables ganancias que obtiene se originan en un manejo prodigioso del tiempo virtual, comprando y vendiendo en una fracción de segundo.

Desde el campo apasionante de la filosofía del dinero, el politólogo alemán Kai Koddenbrock, que conduce la red www.politicsofmoney.org, agrega que esos activos privados no son otra cosa que dinero. Un tipo de dinero privilegiado y hegemónico que ha suplantado a los billetes y monedas de los bancos centrales estatales, ahora totalmente demodé. El aprovechamiento de esta “dineridad” que disfraza estos papeles (“derechos de propiedad”) está restringido a la aristocracia de las finanzas y es de acceso casi imposible para nosotros, las mayorías no selectas[12].

El segundo canal de drenaje de este capital sobre-acumulado es mucho más “tangible” y lleva a la apropiación, producción y diseño del espacio. Por diestra y/o por zurda, la “adquisición” de recursos naturales mercantilizados (tierra, agua, minerales), da forma al espacio material en las ciudades y en el campo: urbanizaciones, edificios, pozos petroleros, campos fumigados.

Aristocracia, desposesión y renta. El Covid-19 funciona entonces como mecanismo “útil” para activar la destrucción. Bienes materiales como fábricas automotrices y pozos petroleros se vuelven obsoletos. También el capital en los activos financieros inmateriales se “incinera”, al bajar las cotizaciones de acciones, bonos, títulos y similares. La primera forma de destrucción afecta más amplia y directamente. Las “commodities” incluyen productos primarios agrícolas, hidrocarburos y minerales, la “conveniencia” de cuya “producción” está en plena discusión actualmente en las denominadas “economías regionales” de nuestro territorio.

Identificar la sobre-acumulación irreversible como explicación última de las crisis, obliga también a hablar de su “efecto-colateral”: el aumento en la concentración y exclusión. Según datos de OXFAM los mil-millonarios del mundo, que juntan una riqueza igual a la de los 3.800 más pobres, disminuyeron de 43 a 26 entre 2017 y 2019. La riqueza de estos mil-millonarios aumentó en casi un billón de dólares (900.000 millones) en el año 2018, en tanto la mitad de la humanidad roza la pobreza extrema.[13]

Tan clásica es la controversia que diversos autores remiten a Rosa Luxemburgo y su negativa a aceptar las teorías del subconsumo como única versión de las crisis[14]. Los “métodos” de la actual aristocracia financiera son archiconocidos y diversos: fraude, saqueo, malversación. Destaca entre ellos lo que Harvey denomina “acumulación por desposesión”, a la que estamos sometidos mediante extracciones directas a nuestros salarios (seguros, prepagas, seguridad social privada, comisiones bancarias). Según el maestro, esto se parece más a la “acumulación primitiva” que Marx circunscribe a los inicios del capitalismo. Sin embargo, parece estar plenamente operativa y resulta ineludible, para cualquier proyecto transformador, diferenciarla de la “explotación” del trabajo en la producción. Aunque coexisten y se retro-alimentan.

Así como la mercancía esconde relaciones de poder tras la máscara del intercambio de objetos, el coronavirus es una particular y virulenta versión del fetiche. Contamina los mercados de “activos”, iguala petróleo con acciones y bonos. Depura destruyendo la riqueza sobre-acumulada.

¿Cómo termina la historia?

Según el Borges fatalista, “el porvenir es tan irrevocable como el rígido ayer” (“Para una versión del I King”).

Para Harvey “la destrucción violenta del capital, no por relaciones externas a él sino más bien como una condición de su auto-preservación, es la forma más impresionante de advertir y dar paso a un estado superior de producción social”. Mejor esto último.

[1] Claudiu Albulescu (12/03/2020) “Coronavirus and oil price crash: A note” https://hal.archives-ouvertes.fr/hal-02507184.

[2] Ayittey F, Ayittey M, Chiwero N, Kamasah J, Dzuvor C “Economic impacts of Wuhan 2019‐nCoV on China and the world” Journal of Medical Virology 19 de febrero de 2020.

[3] Quan Tao – Jianghan University (2019) “Research on the Impact of Manufacturing Industry on Foreign Investment and Innovation Model in Wuhan” 2nd International Conference on Education Science and Social Development (ESSD 2019) Manufacturing Industry Development Research Center on Wuhan City Circle.

[4] Min Yu, Li-hua Zhong “Developing Headquarters Economy to boost urban transformation A Case Study of Wuhan City Circle” International Conference on Applied Social Science Research (ICASSR 2015)

[5] Fang WANG and Xiao-sheng LEI-Hubei University of Traditional Chinese Medicine, Wuhan, Hubei (2019) “Wuhan Subway Economic Development in the Perspective of “Innovation, Coordination, Green, Open, Sharing” Concept” 2019 4th International Conference on Education and Social Development (ICESD 2019) ISBN: 978-1-60595-621-3

[6] https://www.imf.org/en/News/Articles/2019/10/18/na102319-prolonged-uncertainty-weighs-on-asias-economy

[7] https://www.spglobal.com/ratings/en/research/articles/200204-coronavirus-impact-key-takeaways-from-our-articles-11337257

[8] CNCS–UEFISCDI, Project Number PN-III-P1-1.1-TE-2019-0436

[9] La Cointegración de series de tiempo es una metodología que aplica la Econometría, procesando datos de variables cuantitativas para encontrar vinculaciones en su dinámica de largo plazo, en una especie de “prueba empírica” de las formulaciones teóricas de distintas ciencias.

[10] Coronado S, Gupta R, Nazlioglu S y Omar Rojas “Causalidad Variante en los mercados de Bonos y Petróleo de Estados Unidos: evidencia de un siglo y medio de datos”. University of Pretoria Department of Economics Working Paper Series: 2020-06 Enero 2020

[11] David Harvey (1982) “The Limits to Capital” Ediciones Verso 2006.

[12] Koddenbrock Kai “Money and moneyness: thoughts on the nature and distributional power of the ‘backbone’ of capitalist political economy” Article in Journal of Cultural Economy · January 2019

[13] https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla.

[14] Simon Clark (1994) “Marx´s Theory of Crisis” Palgrave: McMillan.

Socompa. Periodismo de Frontera

 

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