El fiscal y los espías

Con un documental de Netflix, el caso Nisman vuelve al centro de la agenda pública

Por Luciana Bertoia

El documental estrenado el 1 de enero en la plataforma Netflix muestra cómo una trama enmarañada de espías con teorías varias y pocas pruebas recorre desde sus inicios la investigación sobre el atentado a la AMIA y llega hasta la causa sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. A pocos días de un nuevo aniversario de su denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de su misteriosa muerte, la docuserie del inglés Justin Webster reinstala el tema Nisman en agenda, mientras se empiezan a discutir acciones que pueden tener impacto en el expediente que hace casi cuatro años habita en los tribunales de Comodoro Py.

La serie lleva por título Nisman. El fiscal, la presidenta y el espía. Por raro que parezca, de los tres personajes principales, el único que habla mirando a cámara es el ex director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (SI) Antonio Horacio Stiuso. Jaime, como lo conocen todos desde que entró a la entonces SIDE a principios de los años ‘70. El mismo explica su ingreso durante una dictadura – no la de los desaparecidos, aclara – a los servicios de inteligencia. Y cuenta que le debe su nombre al personaje de los chistes, Jaimito, un chico travieso.

La irrupción frente a cámara de Stiuso contrasta con los tiempos en los que Gustavo Béliz, actual secretario de Asuntos Estratégicos de Alberto Fernández, debió dejar el país por mostrar en un programa una foto del poderoso espía.

Por el contrario, ahora Stiuso muestra sus tentáculos. Dice que conoce a todos los jueces porque trabajó con todos ellos, porque él hacía las investigaciones y las detenciones en las causas. La actuación de la SIDE – actual Agencia Federal de Inteligencia (AFI) – como auxiliar de justicia es algo que Fernández quiere dejar atrás, y para eso puso a la fiscal Cristina Caamaño para que revise lo actuado y proponga reformas.

Moro

Más allá de Stiuso, el documental retrata a otros hombres que transitaron los pasillos del espionaje vernáculo. Uno es Carlos “Moro” Rodríguez, que dejó el país hace años y vive en España.

Rodríguez cuenta que conoció a Nisman mientras daba sus primeros pasos en la justicia – probablemente cuando le decía al fiscal Gerardo Pollicita que quería triunfar en la justicia federal. Es el propio Moro quien le presenta a Diego Lagomarsino, su asistente informático y el hombre que le presta la Bersa 22 que mata al fiscal. También es Moro quien le enseña supuestamente a disparar a Lagomarsino.

En el expediente figura que Nisman habla con otras dos personas para pedirles un arma. Uno es Rubén Benítez, integrante de su custodia y actualmente procesado por encubrir la muerte del fiscal. El otro es Ricardo Bogoliuk, un comisario retirado que se recicló en la AFI en tiempos de Mauricio Macri y actualmente está preso como integrante de la banda de espías de Marcelo D’Alessio.

¿Tenía vinculación Lagomarsino con los servicios de inteligencia? Él lo negó siempre. Tanto el kirchnerismo como el macrismo informaron a la justicia que no había revistado en los servicios de inteligencia, pero tiene una marca de origen que proyecta la duda: su llegada a Nisman a través de Moro.

Lagomarsino podía ser o no amigo de Nisman. Era, sin dudas, su empleado. Nisman le había conseguido un contrato en la UFI-AMIA, la unidad fiscal con más recursos para investigar el peor atentado terrorista, a cambio de que él le diera la mitad del sueldo. Lagomarsino también era cotitular de una cuenta bancaria en el Merrill Lynch de Estados Unidos – también a pedido de Nisman. El perito informático contó en El Destape Radio que días atrás recibió una llamada de esa entidad por la cuenta – justamente porque hace tiempo que no registra movimientos. De dónde provienen los 600.000 dólares que Nisman tenía allá depositados es un misterio que tampoco despejó la justicia argentina.

Allan

El 14 de enero de 2015, cuando Nisman presentó su denuncia contra la entonces presidenta y su canciller Héctor Timerman, el fiscal hablaba del accionar de un agente de inteligencia que conectaba a la Casa Rosada con la comunidad iraní. El hombre en cuestión era Héctor Allan Bogado.

“Un truhan, un embaucador”, lo definió el juez Daniel Rafecas al desestimar la denuncia de Nisman. También descartó que pudiera haber tenido un rol en la negociación del Memorándum porque desde 2002 no salía del país. De hecho, Rafecas resaltó entonces que había una denuncia de la propia SI contra Bogado por tráfico de influencias en la Aduana, que tramitaba en el juzgado de Luis Rodríguez.

Bogado se planta frente a la cámara de Webster y dice que a Nisman le hicieron una cama al incorporarlo a él en la denuncia. “Alberto sabía que (Bogado) no era nuestro”, se defiende minutos después Stiuso.

¿Quiere decir que a sabiendas incorporó a su dictamen una línea con la Casa Rosada que no era tal? Bogado dice que él no tiene entradas a la Casa de Gobierno, ni comunicaciones con funcionarios. Lo que sí tiene es llamados con agentes de inteligencia.

Bogado, además, explica en pocas palabras cómo funciona la inteligencia en la Argentina: Unos reúnen información, otros la procesan y unos terceros deciden qué hacer con ella. Él estaba entre los primeros. Era lo que en la jerga se conoce como un callejero. Dice que se acercó a la comunidad iraní por propio impulso.

Da un dato que puede explicar por qué las actividades de espionaje ilegal siguen multiplicándose como hongos en la política argentina. Un agente como él – informal – puede llegar a ganar entre 500.000 y 1.000.000 de pesos por mes.

Salcedo

Daniel Salcedo fue el jefe de la Policía Bonaerense hasta 2009. Después se reconvirtió como perito criminalístico. Así llegó junto con Osvaldo Raffo al equipo que asesoraba a la querella que encabezaban Sandra Arroyo Salgado, ex pareja de Nisman y madre de sus dos hijas. Con la llegada de Macri al gobierno, Salcedo pasó a revistar en la AFI – según denunció la propia Arroyo Salgado. Lo hizo al menos hasta que estallara el D’Alessiogate, ya que según La Nación le dieron de baja en marzo.

En el documental, Salcedo llega a decir que tuvo el cerebro de Nisman en sus manos para explicar la trayectoria de la bala. Lagomarsino replicó que era mentira.

Lo cierto es que cuando se hizo la autopsia del fiscal – el lunes 19 de enero de 2015 – no participaron peritos de la querella. Ésa fue siempre una de las críticas que Arroyo Salgado le hizo a la fiscal Viviana Fein. El escrito para designar peritos llegó cuando el trabajo del Cuerpo Médico Forense (CMF) estaba concluyendo la práctica. Mal podría haber tenido Salcedo, que no es médico tampoco, el cerebro de Nisman en sus manos.
Stiuso en Netflix.

Jaime

La salida de Stiuso de la SI recorre el documental desde el prime capítulo, cuando Oscar Parrilli narra cómo fue el momento en el que le pidió la renuncia. Se concreta en diciembre de 2014, un par de semanas antes de la denuncia de Nisman y su posterior muerte.

Durante el documental, Stiuso habla de una inteligencia paralela que lo persigue y hace un desafío explícito a la autoridad presidencial. Un ejemplo de autonomización de los servicios.

Según Stiuso, el resto de los directores de la SI habían pedido una reunión entre él y CFK. “A ver si se dejaba de joder porque ya habían llegado demasiado lejos con la cuestión familiar cuando me mandan a uno a la mesa a un bar a amenazar a mi hija. ¿De qué se puede hablar? No era de inteligencia de lo que íbamos a hablar”, dice con una media sonrisa que se insinúa como una mueca siniestra.

Fein, la contrafigura

Stiuso se conoció con Nisman en las vísperas del primer juicio de la AMIA. Desde entonces, fueron casi inseparables, aunque el espía decía que el fiscal era “cabezón” en tono de queja casi paternal.

Dos personas le preguntaron a Nisman qué opinaba Stiuso de la denuncia, según reconstruye Webster en su documental. Al periodista de La Nación Hernán Cappiello, Nisman le dijo que Stiuso no estaba de acuerdo con la presentación de la denuncia y que él lo había hecho para blindarse ante una posible remoción por parte de Alejandra Gils Carbó. A Alberto Fernández le respondió que hacía tiempo que no hablaba con Stiuso.

Nisman trató de comunicarse con Stiuso durante ese fin de semana fatídico. No lo atendió. Llamó a uno de sus socios en la SI, Alberto Mazzino. Según Bogado, Nisman esperaba más información para solventar su denuncia contra la presidenta, pero esos datos nunca llegaron.

Stiuso se justifica por no haberlo atendido con dos excusas. Una, que tenía el celular en vibrador. Dos, que iba a llamarlo después de la presentación en el Congreso porque no quería complicarlo. “Usted prendía el televisor y era Stiuso y su títere Nisman. Lo iba a terminar de hundir”, dice.

— Si había tanta unión – eran como un dúo –, le hubiera contestado los llamados. Creo que no le contestó porque no quiso – dice la fiscal Fein.

En marzo de 2016, un día después de una larga testimonial de Stiuso en el Palacio de Justicia, la jueza Fabiana Palmaghini decidió enviar la causa por la investigación de la muerte de Nisman a la justicia federal. La Corte terminó convalidando su decisión. Hasta el día de hoy, Fein sostiene que Stiuso no aportó una sola prueba que condujera hacia la hipótesis del homicidio.

Las causas

No sólo el caso por la muerte de Nisman tuvo un volantazo durante el gobierno de Macri. Se reabrió la denuncia del fiscal por la firma del memorándum y actualmente espera que el Tribunal Oral Federal (TOF) 8 decida qué hacer. Antes del recambio presidencial, Carlos Zannini pidió que se cite a declarar antes del juicio a Ronald Noble, ex secretario general de Interpol. Timerman pidió insistentemente que lo convocaran a Noble, pero Claudio Bonadio no accedió. Timerman murió sin escuchar esa declaración. Noble ya ha dicho públicamente que nunca estuvieron en riesgo las alertas rojas contra los iraníes acusados del atentado. Su testimonio puede ser de tal impacto, que podría hacer que el TOF desista de hacer el juicio. En el tribunal, evalúan llamarlo en los primeros meses del año, dijeron.

Lagomarsino está imputado desde el 26 de diciembre de 2017 como partícipe necesario en el homicidio de Nisman, según lo catalogó el juez federal Julián Ercolini. El magistrado usó como base el peritaje que hizo Gendarmería – durante la gestión de Patricia Bullrich – para sostener que Nisman fue asesinado.

En el documental, los oficiales de Gendarmería sostienen que hicieron un aporte clave al detectar que Nisman habría sido drogado con ketamina antes de ser ultimado. Al juez no le pareció tan clave, ya que no lo tomó en cuenta en el procesamiento.

La ministra de Seguridad Sabina Frederic anunció que van a hacer una revisión administrativa del peritaje como parte de una evaluación general de los protocolos de actuación de las fuerzas. El viernes, la ministra dijo que le quieren pedir la colaboración al Cuerpo Médico Forense, que depende de la Corte. En el máximo tribunal, responden que el tema se discutirá cuando llegue un pedido formal y, para acceder, se necesitan las voluntades de al menos tres de los ministros.

El presidente avaló los dichos de Frederic. Sostuvo que no hay pruebas serias de que Nisman haya sido asesinado y que sólo hay un peritaje absurdo. Esa declaración detonó un comunicado de la Asociación de Fiscales que dirige Carlos Rívolo, que denunció un intento de injerencia en la justicia. Lo curioso es que la misma entidad no se pronunció cuando el anterior mandatario se pronunció por una hipótesis – como es la de un homicidio.

En la misma línea, el abogado de la madre de Nisman, Sara Garfunkel, presentó un escrito denunciando una supuesta injerencia del presidente. Garfunkel es la única querellante después de que retirara su querella Arroyo Salgado.

En el juzgado de Ercolini, minimizan el impacto que puede tener la revisión del peritaje en la instrucción de la causa, aunque nadie descarta que pueda implosionar la causa cuando sea elevada a juicio. Justo antes de la feria, la defensa de Lagomarsino le pidió al fiscal Eduardo Taiano que llame a declarar a los peritos de la Gendarmería, a los del Cuerpo Médico Forense, a los que hicieron el perfil psicológico de Nisman y a los que actúan en representación de la querella y de la defensa.

Continuará.

El Cohete a la Luna

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