El hombre que transformó al mundo

Por Enrique Calderon Alzati*

Pocos seres humanos conocen la historia de Alan Turing, el matemático inglés que construyó la primera computadora, luego de que en 1936 planteara la tesis de que una máquina que pudiese realizar las operaciones de suma y resta de números enteros y comparar dos números enteros para decidir qué operaciones realizar a continuación, sería capaz de resolver cualquier problema matemático por complejo que fuese, a condición de contar con un algoritmo (secuencia de instrucciones) específico para tal fin, así como de una memoria lo suficientemente amplia para almacenar dicho algoritmo.

Si bien Turing no pudo demostrar que su propuesta fuese valida para todos los problemas, los matemáticos tampoco pudieron encontrar un problema que no pudiese ser resuelto por la máquina propuesta por él. Cinco años después, sabiendo que Turing era un experto en encriptamiento de mensajes, el gobierno británico le planteó a éste la posibilidad de construir una máquina que pudiese descifrar los mensajes codificados que eran enviados por los aviones alemanes a sus submarinos, para que éstos pudiesen interceptar y hundir a los navíos que en el océano Atlántico se dirigían a Inglaterra con armas y alimentos, para prevenir la invasión de los nazis a este país. Apoyado por un grupo de técnicos y algunos discípulos, Turing pudo construir la máquina que comenzó a descifrar los mensajes en clave (foto), lo cual facilitó a los aviones de la Royal Air Force localizar la posición de los submarinos alemanes y destruirlos con cargas de profundidad. De esta manera, Turing se convirtió en una figura clave para el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y en un héroe que salvó la vida de miles de hombres y mujeres que lograron atravesar el Atlántico sin el riesgo de morir ahogados por ataques de los torpedos alemanes.

De mayor trascendencia fue el hecho de que los sistemas de inteligencia de Estados Unidos y la Unión Soviética fuesen informados por el gobierno británico del éxito logrado por Turing, dando lugar al desarrollo de proyectos para construir las primeras máquinas de éste (computadoras) de propósito general, las cuales fueron puestas en operación en esos países, al igual que en Inglaterra, luego de ser construidas en varias universidades al final de la Segunda Guerra Mundial, haciendo posible que para 1950 varias empresas lograrán fabricar cerca de un centenar de ellas durante esa década, mismas que fueron instaladas en universidades, en centros de investigación y en oficinas de gobierno, no sólo de Estados Unidos y de la Unión Soviética, sino también de varias naciones; en México se instaló en la UNAM la primera computadora en 1958.

A partir de 1960 el número de computadoras comenzó a crecer con la aparición de nuevas empresas, llegándose a fabricar 10 mil en los siguientes 10 años, para ser utilizadas en bancos, empresas de aviación, financieras, industriales y comerciales. En la década de los 70, el volumen siguió creciendo hasta sobrepasar el millón, incluyendo las primeras microcomputadoras construidas con microchips, que permitieron su utilización en pequeños comercios e industrias, así como en hogares y escuelas, hasta lograr que no hubiese actividad humana que no fuera beneficiada por los nuevos equipos de cómputo, cada vez más pequeños y poderosos, generándose una especie de revolución económica y social. ¿Pero qué fue de Alan Turing? Su historia terminó de manera trágica, a diferencia de la vida de otros grandes científicos e inventores. Durante el periodo que duró la guerra, su autoría de la máquina que fue utilizada para descifrar mensajes no fue revelada, pues se consideró un secreto militar. Luego del triunfo de los aliados, vino el inicio de la guerra fría, impidiendo que se reconociera su contribución.

Años después se sabría que Turing mantenía una relación homosexual, lo cual era considerado como delito en la Inglaterra conservadora de esos años y por lo cual fue llevado a juicio y sentenciado a una pena de cárcel que, finalmente, lo llevó al suicidio en 1954, cuando tenía sólo 42 años, y no fue sino hasta 2014 cuando la reina Isabel II de Inglaterra, proclamó el indulto póstumo para él.

Hoy existen en el mundo más de mil millones de computadoras y varios miles de millones más de tabletas y teléfonos celulares, siendo todos, al igual que el Internet, consecuencia directa de la máquina ideada y construida por Alan Turing, misma que hizo posibles los avances tecnológicos que hoy nos permiten realizar diversas actividades con mayor eficiencia, permitiendo reunirnos para realizar nuestras actividades, aun en medio de la epidemia que hoy estamos viviendo. Particularmente importante ha resultado la posibilidad de continuar las actividades educativas utilizando las plataformas construidas sobre Internet, las cuales han posibilitado que millones de niños y jóvenes puedan continuar sus clases, instruidos por sus maestros, sin correr riesgos por salir de sus hogares.

Decidí escribir esta pequeña historia, ante las críticas crecientes de quienes piensan que el uso de Internet y los equipos de cómputo constituyen un paso hacía la privatización de la educación promovida por el neoliberalismo, porque aunque es cierto que todos los avances tecnológicos se pueden utilizar tanto para fines positivos como destructivos, en este caso la tecnología está abriéndonos las puertas para para dejar atrás las cadenas de la dependencia tecnológica.

* Director del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa

La Jornada, México

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