El juego de la Santa Inquisición

La renuncia de Ginés González García

Por Eduardo Blaustein

¿Fue realmente satánico lo sucedido con el llamado «Vacunatorio VIP»? ¿Murió la República por diez pinchazos? ¿Merecen Ginés y el Perro Verbitsky el paredón, junto a todos los milicos que vendieron la Nación? Reflexiones y datos que intentan achicar el pánico y las solemnes exigencias de una ética pública purísima.

La noticia del así llamado escándalo por el vacunatorio VIP estalló desde tropa propia el mismo día en que decenas de miles de hijos y nietos de porteños mayores se acalambraron los dedos y desesperaron durante 24 horas para dar con el turno de vacunación que prometió el gobierno de Rodríguez Larreta. Testimonios reiterados de gente que se la pasó meta darle refresh a la página oficial porque se caía cada veinte segundos. «Todo el día F5, F5, F5», repitieron los beneficiados por la gestión del Pelado. «Mandate al 148» decía la página, y en el 148 no había nadie. «La página se cayó por la alta demanda», informaron después desde la web oficial. ¿Y qué esperaban? ¿Baja demanda? A Florencia Varela lleva el 148, dolape.

Hasta ese día, las autoridades porteñas habían sido parte solo relativamente pasiva de la campaña contra la Sputnik V. Reiteraron: «falta información»; los funcionarios se negaron a vacunarse públicamente para incentivar a la población (¿la frase correcta sería «para desincentivar a la población»?). Sin embargo, no tuvieron otra que vacunar con la maldita vacuna prosoviética, silenciosamente, no fuera cosa de avalar la gestión sanitaria nacional. Se lo podría llamar plan de vacunación sibilina.

En contraposición con las enormes dificultades para conseguir turno de vacunación en CABA, se sabe que en un par de días más la provincia de Buenos Aires habrá vacunado a unas 350 mil personas. A quien escribe (63 años, grupo de riesgo) le llega por mail cada tanto alguna información del gobierno bonaerense con novedades, diciendo aguantá tranca, estás inscripto, te vamos a avisar de tu turno de vacunación (cruzamos los dedos, Kici).

Visto desde otra cámara. La noticia del así llamado «Vacunatorio VIP» estalló el mismo día en que el director y la directora de la AFI durante la gestión de Mauricio Macri, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, fueron procesados por espionaje ilegal junto con otras 36 personas. Pavada de asunto que no destaca precisamente en los chanchos medios jamónicos.

Esta introducción deliberada es escrita aún en caliente por lo sucedido con Ginés González García, el tal vacunatorio y el pedido de renuncia exigido por Alberto Fernández a través de su Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Qué cosa, Santiago es nieto de Antonio Cafiero. Fue con Antonio Cafiero que Ginés se hizo ministro de Salud bonaerense, linda gestión. El que escribe trabajaba en Página entonces. Mis compañeros de entonces se babeaban con Ginés, lo adoraban.

En plena calentura del viernes a la tarde dudé de la decisión presidencial de pedirle la renuncia a Ginés. Supongo que como unos cuantos más. Estaba en viaje, todavía no sabía la razón de la tarjeta roja. Me pregunté: ¿Estás loco, Alberto? ¿Con lo que le pegan al Gobierno y les entregás a Ginés? ¿En plena pandemia? ¿Con toda la parte buena de lo que hizo Ginés ante la pandemia?

Padre, he pecado

Tardé en reaccionar, en discutir el asunto, filosofando sobre ética pública y privada, tratando de aclarar/me, incluyendo el papel de Horacio Verbitsky.

Todavía estoy caliente con lo sucedido y sus resonancias. Escribir en Socompa con absoluta libertad permite el lujo o el macanazo de decir esto: escribo caliente, sí. Entiendo que la emoción es legítima como motor en el ejercicio del periodismo, mientras se intente ser honesto intelectualmente, o, uf, «equilibrado». Parafraseando al viejo Dolina: «los periodistas también son seres humanos».

Vamos al punto: lo que hizo Ginés. Está mal sí. Es feo. Pero ni por asomo voy a juzgar una vida y una trayectoria (ni la de otros) por una cagada circunstancial. Ni voy a ser solemne. Y no se trata solamente de «no hacerle el juego a la derecha». Aunque también.

Me gustó la expresión que eligió aquí en Socompa Marcos Mayer: «una macana».

Me sorprendió la sobreactuación del periodismo tropa propia del kircherismo. Una especie de autoflagelación culposa, dale con clavarse puñales.

Otros intentaron o fueron más mesurados. Antonio González Llorente, en C5N, eligió con cierto cuidado «indecencia» y no «acto inmoral». Mario Wainfeld, a quien quiero y respeto mucho, dijo «conducta odiosa, imperdonable».

Me sigo quedando con «una macana». «Una macana» es una expresión que baja de los Cielos Sagrados un acto ordinario, del común, que se dio en plena batalla pavorosa contra la pandemia, tomada desde la complejidad y el vértigo con que se decide en el Estado, bancando a algún gomía, sí. Marcos Mayer habló desde la perspectiva de cómo se maneja el Poder y en parte comparto lo que escribió acá. Digo en parte, por eso puse mayúscula en poder, como para ponerle distancia al concepto.

Me gusta a la vez este párrafo en el que Wainfeld, el sábado, se preguntó por aquello que emputece más la cosa. Es decir, si la trayectoria previa, valiosa, de Ginés González García, es un agravante o un atenuante. Escribió Wainfeld respondiendo a eso: «Un hombre de sus quilates, seguramente el mejor ministro de Salud desde 1983, jamás puede impulsar, prohijar o dejar pasar comportamientos tan nocivos para el sistema democrático».

Entiendo, pero es mucho a mi gusto eso de «para el sistema democrático». Un sobre exceso de republicanismo políticamente correcto (mera opinión y sé los riesgos que corro al escribir todo esto).

Ginés (casi un activista de la IVE, un impulsor desde el Estado) dijo en su carta de renuncia que él estaba en Entre Ríos cuando se produjeron los pinchazos y que todo fue una confusión involuntaria de su secretaria. Suena a excusa y me da más o menos igual. En cambio, no me da más o menos igual todo lo que añadió Ginés en esa carta. Aquí cito solo el primer párrafo para no hacerla larga:

«Lamentaría sinceramente que semejante malentendido pudiera deslucir una gestión que dio un fuerte impulso a la reconstrucción del sistema de salud, que recuperó programas desmantelados por la gestión anterior, como el Programa Nacional de Inmunizaciones que permitió interrumpir el peor brote de sarampión de nuestra historia; que restableció el funcionamiento del Consejo Federal de Salud como órgano rector del Sistema; y que revalorizó institutos que resultaron fundamentales ante la pandemia, tales como la ANMAT y la ANLIS».

Al final de la nota citaré el resto de la carta para los lectores más prolijos o atentos.

Ginés González García es el tipo que, a una edad avanzada (75, man), panzón y podrido de la gestión pública, resistió públicamente su designación como ministro y al final se hizo cargo. Lindo laburito, che, a los 75. Le tocó nada menos que la pandemia. A mi juicio y no siendo sanitarista, su gestión inicial rozó lo brillante. Más meritoria aun dada la ofensiva brutal en contra, tipo blitzkrieg, de lo peor de la política y la sociedad argentina.

El Perro y el Proyecto Manhattan

El modo en el que el Perro Verbitsky más o menos desató (precipitó o cerró) la cosa suena, incluso ahora y tratando de pensar en frío, un tanto frívolo. Frívolo al menos por lo sonriente al pepe en su declaración radial y por aquello de «mi viejo amigo Ginés» (al que le estoy cagando la vida). Es verosímil –o mero deseo personal- pensar que Verbitsky le avisó a Ginés lo que iba a decir, y que la información llegó a tiempo a Alberto Fernández para que tomara la decisión que tomó. Si ese fuera el caso, solo especulamos (luego nos desmentiremos), entonces el Perro no fue del todo frívolo.

Todo el mundo dijo que los dichos del Perro no pudieron ser ingenuos. Tiendo a pensar que no y por más leche que tenga, puede que sea cierta la interpretación de Clarín y otros: el Perro salió a atajar el fuego antes de que se hiciera incendio. Cito un párrafo algo ofendido del portal de Clarín: «Clarín había accedido a la información este jueves por la tarde. Y empezó a corroborar la veracidad de los datos entrada la noche en diálogo con funcionarios y colaboradores del Gobierno, que admitieron extraoficialmente la existencia del operativo de vacunación secreto».

Hay alguna interpretación inverificable según la cual Verbitsky salió a dinamitar una negociación del Gobierno con un laboratorio. Una tercera posibilidad: puede que la sonriente declaración radial del Perro fue meramente una sobreactuación del personaje que Verbitsky hizo de sí mismo, algo napoleónica. El Perro, y esto lo digo sin mala leche, tiene 79 años y puede haber perdido algún puntito de lucidez por ese personaje que se construyó y del que disfruta gruñendo.

Su descargo en El Cohete a la Luna, que esperé como miles, puede confirmar esta impresión. Mandó el personaje, la parte sobradora. Luego de admitir su macana, de escribir que su vacunación VIP «fue un error grave», explicó que «no advertí que fuera algo incorrecto, el ejercicio de un privilegio».

Más importante de cara a la interpretación (mía) según la cual, en relación con su jodona intervención radial le ganó lo peor de su personaje, es este párrafo: «Habrá quienes duden, porque a lo largo de tantos años se fue estructurando un estereotipo sobre mí que excluye actos ingenuos o simplemente estúpidos. Se presume que siempre actúo en forma racional y se buscan motivaciones ocultas, que en este caso han llegado a extremos delirantes, como que fue un regalo de cumpleaños a Cristina, para que el gobierno se desembarazara de Ginés».

Su columna «Vacunados» cierra con un último pedido literal de perdón. Pero también con la bronca y el orgullo herido que trasunta el párrafo que eligió como remate:

«El único consuelo es constatar cuánta gente digna y pura nos rodea y no nos habíamos dado cuenta».

Ironía típica del Perro, cierta soberbia, pero algo de razón tiene. Para los que piden Juicio y Castigo para el Perro habrá que decir que él mismo reconoce haber quedado en off-side y debilitado. Que se ganó una carta pública condenatoria de los profesionales y trabajadores sub 50 del CELS (trascendió como una carta institucional pero no lo fue) y que siendo director del CELS se tuvo que bancar, a su estilo complicadito, reuniones muy tensas de la comisión directiva del organismo.

Volviendo a Clarín

La reacción por derecha, como también apuntó Marcos Mayer, fue recontra previsible. Sigue la cita de lo publicado en el portal:

«La logística fue ‘ultrasecreta’: quienes aplicarían las vacunas no llegaron al Ministerio en autos oficiales (N de A: ¿por qué debían hacerlo?) y subieron a uno de los salones del segundo piso del Ministerio en el ascensor privado que utilizaba el propio González García y los funcionarios de mayor jerarquía».

Uh, qué susto. Efectos especiales Lanata: un ascensor privado. Miedito. «Ultrasecreto». Otra que el Proyecto Manhattan en el desierto de Los Álamos para que Estados Unidos desarrollara y probara con éxito la bomba atómica.

Sin proponérselo, una nota de La Nación desmintió el carácter ultrasecreto del horripilante escándalo del vacunatorio VIP. Informó el diario que Horacio Verbitsky fue considerado «personal estratégico» para recibir la vacuna. Y que eso fue así obedeciendo a los protocolos de los registros del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA). Publicó el diario que en el SISA «se asienta la fecha, el tipo de dosis y los datos de cada uno de los vacunados en Argentina». Que cada puta vacunación amerita la hechura de un documento por parte del personal médico: «los vacunadores cargan planillas manuales y también completan los datos en el SISA. Allí, en un apartado deben aclarar en qué condición y en qué esquema los vacunados reciben la vacuna».

¿Dónde está lo ultrasecreto del plan de vacunación del gobierno, entonces, el plan general, que es el que importa, y no tanto el puñado de vacunados por izquierda?

Nada de esto, en teoría y Ética, debería justificar la vacunación «privilegiada» ni «estratégica» de Verbitsky (79 y con mucho familiar contagiado, uno ellos fallecido) ni de nadie. El temor a la muerte, a la vez, es flor de explicación para entender el pedido de una vacunación non sancta. Maliciosamente, sin precisiones, datos, nombres propios, La Nación añade: «Bajo ese mismo rubro fueron inscriptos intendentes, diputados y otros funcionarios en Santa Cruz». Joder con Santa Cruz. O sea que no fue Alberto, fue la Yegua. O Néstor, que no estaba en el cajón.

Con idéntica mala intención La Nación mezcló el tema de 3000 dosis separadas por el ministerio de Salud con la decena de vacunados de privilegio. Esas 3000 dosis no tienen por qué ir a militantes armados de La Cámpora o a barones del conurbano. Se reservan estratégicamente para usos puntuales, razonables, de emergencia.

Una discusión (no tan) estúpida, sobre números

Por supuesto, no faltó el titular «El listado completo», el de los vacunados VIP. Otro «Uh», «Muy impresionante». Ahí vamos: Horacio Verbitsky, Jorge Taiana, Eduardo Valdés, el empresario (de medios y hoteles) Florencio Aldrey Iglesias, dos familiares suyos, Seza Manukian (84 añitos), Félix Guille y, textual de La Nación, «el reconocido traumatólogo y profesor emérito de la UBA Salomón Schächter, de 94 años». Por cuerda separada va Hugo Moyano (77), quien se vacunó fast-track –dijo- por presidir dos obras sociales, sanatorio Antártida incluido.

Diez casos. Once casos. Veinte. Guau. Qué terrible afrenta.

Los demás no pasan de casos sueltos, algunos de ellos con excusas verosímiles para recibir la vacuna o meramente denunciados, no probados. Nada de eso (¿15, 20 casos?) conforma necesariamente un «vacunatorio VIP», el «sistema paralelo» que denuncian medios y oposición. Diez, veinte casos (y debe haber más en provincias, municipios, geriátricos o con el uso de dosis sobrantes) hablan de una cagada, de una macana, de una avivada menor de gente grande que le tuvo miedo a la COVID y de algún funcionario que avaló diez inyecciones en el hombro.

Pero hay además matices relevantes. Jorge Taiana explicó en un tuit que su caso (de vacunación, no policial ni judicial ni causa de corrupción) estaba previsto por tratarse de personal que cumple con funciones estratégicas dentro del Estado, asunto contemplado en la Resolución 2883/2020 que fijó prioridades en el plan de vacunación. Con Eduardo Valdez explicó en una carta pública: «Nos vacunamos con personal de salud del Hospital Posadas, que es el hospital nacional de referencia, luego de haber sido invitados por el presidente Alberto Fernández a integrar su comitiva en el viaje a México». ¿No es prudente vacunarse antes de viajar a un país tan castigado por la pandemia como México?

Taiana es diabético y tiene un doble by-pass. No me rompan las pelotas.

Va de nuevo: ¿Diez? ¿Quince? ¿20 casos? ¿Uno solo sería «escándalo» ético y político? Para el que escribe, no. No sé qué número poner para constituir un escándalo posta. Si se trata de altos funcionarios, con tareas permanentes y urgidas en situación de máxima exposición al virus no consideraría mala idea que 500 funcionarios de todo el país recibieran la vacuna. O cinco mil militantes sociales que estén ayudando en los barrios en la lucha contra la pandemia, atendiendo comedores populares, por ejemplo. O cincuenta mil.

Me tocó varias veces laburar en el Estado como soldado raso y sé qué enorme mentira es adjudicar de manera indiscriminada privilegios comodidad, vagancia o corrupción a «los políticos», «los funcionarios». Los he visto matarse laburando a más de uno, casi 24×24.

Ante el escándalo –así llamado- del vacunatorio VIP quiero decir que me tiene harto la exigencia de pedirle santidad absoluta a los políticos y alto espíritu guevarista a quienes no son guevaristas –amén de los gruesos errores del Che-. En un país con una sociedad tan jodida, además, en la que quien apenas tiene la oportunidad «toca un contacto» o mete una coima, se trate de una multa de tránsito, de frenar una actuación de la AFIP, de acelerar un expediente trucho o no, de meter una cautelar, de ganar una licitación en forma opaca, de apelar a un juez de cuarta o a la Corte Suprema, o de abusar de una situación de poder.

A todo esto. Solo el Perro Verbitsky, sonriendo demasiado, mencionó originalmente el apellido Aranda, el número tres del Grupo Clarín. Lo repitieron otros en C5N. Creo que nadie o casi nadie en la prensa escrita o digital mainstream o parecida recordó a Aranda, hasta que Wainfeld reiteró el apellido citando a Verbitsky en Página del domingo.

Lo que hizo Alberto Fernández

Trascendida la cagada, al Presidente no le quedó otra que pedirle con bronca y tristeza la renuncia a Ginés. El tema (reitero: registrado en un sistema de información público) no se podía ni negar ni esconder, iba a saltar hasta la yugular. Todos esperamos alguna declaración presidencial, pero hizo bien en ejecutar el acto público y no ponerle palabras sino dejar hablar al simple gesto contundente de pedir la renuncia. Decisionismo, transparencia, «con la vacuna no se jode» (citado en Ámbito) y la dejamos ahí.

Como el que escribe sigue caliente con lo sucedido y la terapia de escribir no parece funcionar del todo, no queda otra que recordar obviedades. Es decir, dónde radica verdaderamente el Mal y qué se hizo desde el Bien. No chicaneen, se entiende que estamos exagerando.

El Mal, en nuestro país y en muchos otros, reside en el modo en que nacen las nuevas pandemias por asuntos ligados a las ganancias en capitalismo salvaje y la cría de pollos –ponele- que se hacen adultitos en una semana. El Mal reside en el poder extorsivo de los laboratorios y la impotencia de Estados cómplices a la hora de hacerles frente. El Mal fueron las contagiantes marchas anticuarentena y antivacuna. Las denuncias falsas, incluida la bestial de Elisa Carrió sobre «envenenamiento» masivo. El Mal fue el cuestionamiento sardónico de «la vacuna rusa» hasta que habló The Lancet con conclusiones que ya tenía la ANMAT. El horrible Mal residió en la liquidación del ministerio de Salud en macrismo, la interrupción de programas de vacunación o la putrición de partidas enteras de vacunas, el abandono de hospitales. El Mal es hacer política perversa en pandemia, literalmente matando gente.

El Bien fue la primera respuesta del Gobierno ante la pandemia, con Ginés y Carla Vizzotti tomando medidas prontísimas que solo adoptaron un puñado de países. Si luego la sociedad se cansó, si se negoció mal con los laboratorios, si vinieron flexibilizaciones en las cuarentenas, si el Gobierno se sintió debilitado para pedirles nuevos sacrificios y cuidados a la sociedad, es otro cantar.

La banda kircnherista –las bases- tiene una cosa medio sufridora ante los errores no forzados y las carencias de sus gobiernos. Una cosa medio amarga de plateísta del River de los 70, de Racing o Vélez. Pero más de ídishe mame quejosa: uh, debilitamiento; oi oi oi qué catástrofe; oh, Yahvé, ganancia para la derecha; nos merecemos tu castigo, Jehová, Dios colérico. Acaso ese nivel de sufrimiento tiene relación con las angustias y ansiedades producidas por la pandemia misma y por no poder salir a las calles a dar pelea.

Y sí, muchaches, la derecha huele la sangre y actúa. Gabriel Levinas, cuyo libro sobre Horacio Verbitsky pese a mucha promo pasó sin pena ni gloria, aprovechó para vender medio ejemplar más: «Puede que ahora muchos de los que no creían que Verbitsky es y fue un buchón de los militares genocidas, ahora empiecen a dudar. Buchoneó al que lo vacunó». Agustín Laje lo acusó de mentor del atentado montonero contra la sede de la Superintendencia de la Policía Federal («Coordina», en la jerga de entonces), en el que murieron 23 personas y unas 60 fueron heridas.

Gol en contra sí, sobre un hecho real. Pero cuando no es real, ahí van las denuncias sistemáticas y las fake-news. Esto que pasó será apenas un capitulito más de lo conocido. Puede afectar, sí. Pero todo se juzgará con más tiempo y según haya más y mejor gestión, más acciones cotidianas en favor de la gente, recuperación económica y, rogamos, mejor control de los precios.

Bonus-track: la carta de Ginés

Lo prometido, copio y pego porque Ginés se lo merece y no todos lo leyeron enterito:

«Debo reconocer que esta recuperación (del sistema de salud) pudo lograrse gracias a la cancelación de las inmensas deudas que dejo impagas el gobierno anterior, que equivalían más de tres meses de presupuesto anual del Ministerio; a la duplicación en términos reales del presupuesto destinado a salud y a un aumento en las transferencias a las provincias que alcanzaron un valor seis veces mayor en comparación con el año 2009.

También esta breve pero intensa gestión se fortalecieron las áreas, programas y acciones vinculadas a géneros y diversidades, salud sexual y reproductiva, enfermedades no transmisibles y salud mental. Además, se jerarquizó y protegió a las trabajadoras y los trabajadores de salud mediante incentivos económicos y la creación de programas como el «Plan Nacional de Cuidado de Trabajadores y Trabajadoras de la Salud» y el Plan Nacional de Enfermería 20-2024″. Asimismo, se lanzó el programa IMPULSA para la aplicación de herramientas de salud digital que mejoran la equidad mediante la articulación federal y la integración de los sistemas de salud.

Respecto a la pandemia, la rápida respuesta del Ministerio pudo darse gracias a una inédita colaboración con los gobiernos provinciales y municipales, incluso aquellos cuyas autoridades pertenecen a distintos partidos políticos. Además, desde el primer momento el Estado Nacional proveyó sin demoras a la sociedad toda la información que disponía sobre la pandemia.

El Ministerio de Salud diseñó y llevó a cabo acciones de distinto tipo para dar respuesta a la pandemia, entre las que destacan el «Plan Estratégico Nacional para COVID-19»; la elaboración y la aprobación de recomendaciones y protocolos; la puesta en marcha del programa Detectar en el AMBA y luego del «Detectar Federal» en el resto de las provincias; la compra y distribución a las jurisdicciones de equipamiento médico, medicamentos, equipos de protección personal e insumos críticos de diagnóstico; el continuo apoyo técnico y la comunicación permanente con los gobiernos provinciales y las obras sociales; el fortalecimiento del sector privado y de la seguridad social a través de subsidios, préstamo de respiradores y gestión coordinada de recursos; y la aprobación del «Plan Estratégico para la vacunación contra la COVID-19» para inmunizar al 100 de la población objetivo en forma escalonada, de acuerdo con la disponibilidad de las vacunas y la priorización de riesgo.

Se fortaleció la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Dr. Carlos G. Malbrán y la red de laboratorios. El Ministerio de Salud adquirió un total de 4.136 respiradores, lo que permitió incorporar 4.026 camas de unidades de terapia intensiva para adultos, produciendo un aumento extraordinario del 47%. Eso generó además un fuerte aumento de la equidad porque además de haberse priorizado las provincias que disponían con menos recursos, la participación del sector público en el total de camas de UTI adulto pasó del 28 al 40%. Hoy podemos decir con orgullo que el acceso y la calidad a la atención de pacientes con COVID-19 fue igualitaria en todo el país; la condición económica no fue obstáculo para ningún argentino o argentina.

Estas y otras acciones se inscribieron en un plan integral que buscó sumar recursos y articularlos de acuerdo con la situación epidemiológica de las zonas más comprometidas, sin poner en riesgo otras, ni disminuir su capacidad de respuesta.

Por último, el Ministerio de Salud organizo debates amplios y plurales con sociedades científicas, universidades y organizaciones de la sociedad civil, no solamente para acordar una política federal ante la pandemia, sino también para impulsar la sanción de la ley de acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y a la atención post aborto, y la ley de los mil días».

Podrá haber una sobreventa de gestión en la carta. Como sea, reitero, ni por asomo quien escribe se atreve a juzgar a Ginés González García por una macana. En cuanto al ministerio, queda al frente una buena funcionaria, que según trascendió y como marco de todo el despelote, tuvo sus discusiones con Ginés. Le deseamos éxito en la gestión y, ustedes, #cuídense.

Socompa

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