El juicio nulo a Milagro Sala

Por Alejandra Dandan

En su primera entrevista con un medio nacional, la fiscal que impulsó la detención de Milagro Sala afirma que el proceso en que fue condenada es nulo, dado que en la Argentina no existe el juicio en ausencia y Milagro fue excluida de las audiencias por arbitraria decisión del tribunal. La segunda arrepentida del gobierno de Morales pasó de perseguidora a perseguida cuando se opuso a la detención del ex gobernador Fellner.

Liliana Fernández de Montiel es la fiscal que impulsó la primera detención de Milagro Sala por el acampe en la Plaza Belgrano y la segunda detención por defraudación al Estado, que aún la mantiene detenida. Fue uno de los alfiles de la persecución. Hoy Montiel denuncia que el proceso por el que la creadora de la Organización Social Túpac Amaru fue privada de su libertad es nulo, y explica por qué. También apunta al jefe de los fiscales jujeños Sergio Lello Sánchez.

En 2018, Fernández de Montiel se negó a convalidar la detención de Eduardo Fellner y obligó a la justicia a liberarlo. Esa postura la sumergió en una pesadilla de persecuciones encarnizadas contra ella y su hijo, empleado de una fiscalía. Lello Sánchez le inició un sumario, allanó su despacho, la sacó de todas las causas en las que estaba Milagro y hasta le mandó a un cerrajero a abrir su oficina a la fuerza. Querían llevarse los expedientes de Milagro que ella todavía preserva.

–Decile que los mande a secuestrar, que haga el papelón de secuestrármelos –contestó ella cuando alguien llegó con la orden—. Los expedientes y las copias las voy a seguir teniendo yo. Porque llegado el caso de que haya que responder por qué actué de tal manera, (el otro fiscal, Diego) Cussel responderá por lo que él hizo, pero yo voy a demostrar qué hice, y qué no hice. Y qué hicieron los otros.

Por eso —dice ahora—, sigo guardando los expedientes.

En diálogo con El Cohete, la fiscal describe dos años de pesadillas. «Jamás en mis 38 años de Justicia imaginé lo que iba a padecer sin ningún motivo, totalmente descabellado y desproporcionado». Durante casi dos horas explica cómo la sacaban de las causas pero volvían a llamarla horas antes de una indagatoria, como en el inicio del juicio de la obra pública llamado Pibes Villeros, con el comienzo en puerta, etapa de pruebas cerrada y pedidos de la defensa desechados.

En ese juicio ella pidió 22 años de prisión para Milagro a un Tribunal que la condenó a 13 años. Le dijo a Milagro que había hecho todo mal. Y consintió un debate que hoy la defensa declara nulo porque a Milagro la sacaron del hospital en pijama y la sancionaron con la expulsión del juicio porque quiso ponerse ropa limpia. Montiel también habla de ese debate. Admite poco de lo mucho y mal que se hizo, pero dice que se horrorizó cuando el Tribunal expulsó a Milagro: “Y horrorizada —dice—, porque en la Argentina no hay un juicio en ausencia, esa misma noche, pedí que se revierta la medida y en caso de no hacer lugar que presenciara el juicio con video-conferencia”. Luego de la experiencia padecida, sostiene que en esas condiciones el juicio es nulo, tal como pretende la defensa de Milagro. Que lo diga una arrepentida del sistema de Morales, tiene otro color. Esto ocurre al mismo tiempo que hasta el cuñado del gobernador, Guillermo Snopek, promueve en el Senado de la Nación la intervención al colonizado Poder Judicial jujeño.

Esta semana, la fiscal declaró ante el flamante Observatorio de Políticas con Perspectivas de Género de la Legislatura jujeña donde un grupo de diputadas tomó otro caso de persecución, su secretaria penal, Agustina Aramayo, atormentada tras participar en una marcha del Ni una Menos. Montiel pidió a las diputadas protección. Pidió que pidan al Superior Tribunal de Justicia las actuaciones sobre denuncias que ella, su hijo y Agustina presentan y repiten desde julio de 2019, sin ninguna respuesta.

–Le allanaron la oficina. Luego se la abrieron a la fuerza. Usted hace tiempo que habla de atropello y persecución. ¿Puede contarnos?

–Yo digo que me persiguen por ser mujer y madre de un denunciante contra el titular del Ministerio Público de la Acusación, el fiscal Sergio Lello Sánchez. Mi hijo José Mateo Montiel lo denunció por maltrato. A raíz de esa persecución, primero hacia él, se disparó la persecución contra mí. Cortó el diálogo conmigo. Me retiró la habilitación para actuar ante la Casación. Y en 2019 me negó la licencia anual después de trabajar todo enero. Luego, me sacó de las causas en las que intervenía como fiscal de niñas, niños y adolescentes y puso a fiscales afines. La denegatoria de licencia, totalmente ilegítima, contra todos los tratados y derechos, la puse en conocimiento del Superior Tribunal de Justicia, pero no me dio ninguna respuesta. Eso me generó un problema de salud, estuve internada en una unidad coronaria, tengo antecedentes que se dispararon con el estrés y estas humillaciones, porque mientras me negaba la licencia se la daba a otros fiscales, como el doctor Diego Cussel, exactamente para la misma fecha.

–¿Qué pasó concretamente con su hijo?

–Mateo era actuario en una fiscalía donde el gobierno, a través del ministerio de Tierras, denunció un caso de usurpación de tierras. Como los secretarios deben compulsar actuaciones y ponerlas a la vista del fiscal, Mateo Montiel analizó la documentación para un desalojo y dijo que no correspondía. Había personas con papeles o tenencias precarias de los terrenos, por lo tanto no correspondía el desalojo. Esto generó malestar en el fiscal general que interpretó que el doctor Montiel obstaculizaba una medida del oficialismo. Y esa fue la sentencia para su persecución. Lello Sánchez lo acusó de ser de la Cámpora, de ser peronista y no estar inmerso en un proyecto afín al gobierno. Eso me lo dijo a mí en persona. A mi hijo le hicieron un pedido de sumario. Buscaron irregularidades absurdas en actuaciones. Mateo se quejó de lo que entendía que era una persecución. Lello lo llamó a su despacho, lo acusó, lo amenazó, lo intimidó. Le dijo que le iba a hacer todos los sumarios que quisiese. Que él no era nadie. Que era un cualquiera. Que por haber desobedecido lo iba a sancionar las veces que quisiera, hasta echarlo. Luego lo sancionó con una suspensión de cinco días, ¡sin ningún motivo! Sin actuación, sin sumario, sin darle derecho a defensa. Fue tan grosero que tuvo que revocarlo. Ante esta situación, y otros antecedentes y miedo de otros fiscales, hicimos la denuncia ante el STJ. Primero ante la presidenta Clara Langhe de Falcone y luego ante su reemplazante Pablo Baca. Ellos son quienes no hicieron nada. Y también presentó una denuncia mi secretaria penal, por maltrato y persecuciones que databan de antes.

–El caso de Agustina es público. ¿Comenzó por una marcha del Ni Una Menos en marzo de 2016?

–Ella era mi secretaría. Y comienzan traslados intempestivos. En algún momento, Lello le dijo que ella había participado de una marcha a favor de la liberación de Milagro Sala cuando eso no fue así. Agustina estuvo en una marcha, acompañando a su hermana que estaba en silla de ruedas tras un accidente, el Día de la Mujer. A partir de allí, tiene cantidad de traslados, la mandó de un lugar a otro. Y la volvía a trasladar. En cierto momento, yo pedí que deje de trasladarla y que me la reintegre. Lo hizo, hasta que tuvimos un desacuerdo por la megacausa en la que está involucrada Milagro Sala, el tramo de Eduardo Fellner.

–¿Qué pasó allí?

–Eso fue un primer episodio, antes de todo esto. En 2018. Yo ya estaba en Casación y no estaba actuando en la causa. La llevaba un juez y el fiscal Diego Cussel. Y de pronto, libran la orden de detención y detienen al ex gobernador. Como dice el Código, tenían 24 horas para indagarlo. A la noche, Lello Sánchez me llamó por teléfono para decirme que a la mañana siguiente iba a producirse la indagatoria. Y me pidió que vaya porque no confiaba en Cussel, porque era una causa con muchos abogados. Cuando fui vi un montón de irregularidades y las hice notar. Le pedí al juez que las corrija. El juez (NdR: Isidoro Cruz) se opuso, por supuesto. Eso provocó mi reacción: no quise convalidar un acto donde se estaban violando esenciales derechos de defensa del ex gobernador.

–¿Por ejemplo?

–No querían leerle los hechos por los que estaba acusado. Podía ser extenso, pero era un acto esencial y son formalidades que no pueden omitirse. El juez no quiso porque la defensa de Fellner sostenía que no era necesario. Pero como fiscal, ademas de parte, debo velar por las garantías esenciales, así que mantuve la posición. El juez no quiso realizar el acto como se lo pedí y entonces nos retiramos para no convalidar las nulidades. Al día siguiente, el juez decidió darle la libertad a Fellner. Y se basó en nuestra posición: no haber querido indagar o no intervenir en la indagatoria. Un argumento, por otra parte, improcedente, viciado, con toda la intencionalidad de querer achacarnos…

–O quedar bien con dios y con el diablo.

–Exacto. El juez era juez de control. Cuando hizo la orden de detención, debía haber hecho una ponderación grave de las circunstancias de riesgo o de entorpecimiento por las cuales detenía a una persona. Si había hecho esa valoración para detenerlo, ¿cómo iba a justificar 24 horas después la libertad? Para justificarlo, nos achacó la decisión a nosotros. Lello Sánchez lo interpretó como una maniobra mía, según la cual yo había tenido algún tipo de arreglo con Fellner para promover la nulidad y liberarlo.

–Pareciera un mecanismo que se repite: todos contra él.

–Y esta lógica siempre está presente. Aparece la traición, la idea de que te ponés de acuerdo con Fellner, que es el enemigo peronista porque es el gobernador anterior. O los achaques de que esto es porque tu hijo es peronista. Cuando a mí me reclamó eso por primera vez, yo dije: Estamos de acuerdo, sí. No es de la Cámpora pero sí es peronista. ¿Y cuál es el problema? Todos sabemos que trabajó en la campaña de Fellner, para Scioli. ¡¿Pero cuál es el problema?! Si Mateo responde dentro de su función, cuál es el problema. Pero todo su análisis está basado en el otro como enemigo, y que transa con los peronistas. En ese contexto me sacó de las causas del caso Milagro Sala. O casos de corrupción. Ya había comenzado la etapa preliminar del juicio (Pibes Villeros). Lo dejó a Cussel con todo. Y me inició un sumario descabellado.

–¿En ese momento la allanaron?

–En ese momento me mandó gente a mi despacho. A que me revisaran. A ese episodio, yo lo llamo requisa autorizada por mí. En vez de denunciarlo, quedé tan sorprendida, que las defensas me jugaron en contra: quería demostrarle que yo no tenía nada que ocultar. Necesitaba defenderme no sé de qué, porque, incluso, él salió por todos los medios a decir que yo había quedado bajo sospecha. Me mandó a dos secretarios a revisar todo. El doctor Diego Funes y el doctor Roberto Assef.

–¿Todo, qué? ¿Abrir carpetas?

–Sí. Assef estaba muy mal. Y me decía: No voy a hacer esto, me parece un horror. Y yo le dije: A vos te mandaron a revisar el despacho, y lo vas a revisar, papel por papel, expediente por expediente, mail por mail. Lo vas a revisar porque no tengo nada que esconder. Y me acuerdo que él dijo: Estoy rezando por usted, doctora. Y yo dije, llorando: Vos no reces por mí, porque no lo necesito. Rezá por vos, porque algún día podes estar en la misma situación. Como otros funcionarios que no se animan a contarlo. Si vemos el contexto de la Justicia en Jujuy, la verdad es que tienen razón en ocultar lo que les pasa. Siento que el doctor Pablo Baca dijo la verdad: que la consigna era proteger a Lello. Porque no se mueven las causas presentadas en su contra en el Superior Tribunal.

(NdR: Montiel se refiere la filtración de una conversación entre el presidente del Superior Tribunal de Justicia, Pablo Baca, y una amiga, difundida por este Cohete. En los diálogos, Baca dice que Milagro sigue presa porque lo quiere el gobernador y que Lello Sánchez es un tonto y que presiona a jueces y fiscales con la Ley del Ministerio Público de la Acusación, un organismo que define como abusivo. Cuando su amiga pregunta, Baca también dice que no quiere hacer nada para frenar al fiscal general porque “somos parte del mismo equipo”.)
La detención de Milagro

–En las causas de Milagro Sala a usted la pusieron durante la feria y le crearon una suerte de fiscalía ad-hoc dedicada exclusivamente a ese caso, un mecanismo de tribunal especial prohibido en el país. ¿Por qué aceptó?

–Mi habilitación en ese fatídico enero de 2016 no fue dirigida por Lello Sánchez, si tengo que decir la verdad. En diciembre de 2015, antes que asumiera Morales y antes del acampe, pedí al antiguo presidente del STJ, Sergio González, que me habilite a trabajar en feria porque tenía a mi madre muy mal, con 92 años, y decidimos internarla después de las fiestas. Preferí quedarme en Jujuy, y trabajar en cualquier función. González me ofreció la fiscalía de investigación. Dije que sí. Y sabía de qué se trataba: en plena feria no sólo tenés delitos, sino los presos de meses anteriores. Así quedé: con una acordada firmada por el titular de la antigua integración del STJ.

–¿Y sobre la detención?

–Cuando asumió Morales se produce el acampe en la plaza. Nosotros estábamos acostumbrados a ese tipo de reclamo. Yo pensé que iba a durar unos días. Cuando llegó el 1° de enero, empiezo a trabajar como fiscal habilitada. El acampe seguía. En días subsiguientes asumió Sergio Lello como jefe de los fiscales. Me preguntó cuál era la situación. Le dije que había una causa iniciada por un fiscal en diciembre, que él había promovido acción de personas a establecer, por delito de obstrucción del trasporte publico y otra serie de delitos y había pedido el desalojo. Lógicamente, el juez no hizo lugar porque podía ocasionar un enfrentamiento innecesario entre las fuerzas y la gente, que era mucha. Había que sopesar cuál era la medida. A medida que pasaba enero, ya tuve otras denuncias sobre Milagro. Había gente que decía que los obligaban a estar y no podían retirarse del acampe. Y eran buscados y amenazados.

(NdR: La Túpac sostuvo desde el inicio que los denunciantes fueron manipulados por el gobierno. Gerardo Morales se reunió con un grupo de dirigentes cooperativistas. Hizo una foto. Garantizó programas a quienes abandonaran la Plaza, y fomentó las denuncias. Entre ellas, la de Mabel Balconte, dirigente de la organización, obligada a declarar en su contra bajo amenaza de detener a sus hijos.)

–Se analizaron las actuaciones. Yo amplié una imputación a Milagro Sala y otros dirigentes, no sólo a ella. Y cuando la llamé a indagatoria, le dije cuál era la razón y que debía cesar en el delito. Yo tenía denuncias de amenazas que no activé, y también tenía la denuncia de la gente de la vuelta de la Plaza. Jujuy tiene un radio céntrico muy chico. Todos los comerciantes hacían denuncias. Entonces cuando se pide al juez la detención porque se le había advertido que debía cesar era porque era la única manera de evitar que continuara. Yo la conozco. Todos la conocemos. Ella no quería hacerlo hasta que el gobierno la reciba. Había empezado a traer más gente. Bueno, se tomó la medida. Luego en ese expediente se le dio la libertad, pero simultáneamente seguían entrando denuncias y eran por los Planes Mejor Vivir, o por núcleos húmedos donde el Instituto de Viviendas había pagado y no se habían realizado las obras.

(NdR: En estos puntos la fiscal defiende su actuación. Y dice que no recibió ordenes del gobernador, incluso, asegura, todo lo contrario. Para cuando las denuncias internacionales obligaron a levantar la prisión por la protesta, la fiscal ya trabajaba la causa de la obra pública por la que Milagro no pisó la calle y siguió detenida. Esa causa tuvo como origen denuncias prácticamente clonadas del grupo de cooperativistas que abandonaron la Plaza. Se tomaron contra reloj y en plena feria, entre las 7 y 10 de la noche de un viernes. La fiscal dice que no las copió. Que la gente hizo la denuncia en simultáneo en la fiscalía y en comisarías. También dice que fue ella quien buscó las cámaras del banco Nación que muestran a los cooperativistas retirando dinero en bolsos, pero que no las pidió porque mostraran un robo, como dice Morales, sino porque probaban el cobro de un cheque del IVUJ.)
La última llamada

–Dos meses y medio después usted pasa a Casación. Luego viene el episodio de Fellner en abril de 2018. La apartan de las causas. Pero si ya estaba apartada, ¿por qué estuvo en el juicio de Pibes Villeros de julio de 2018?

–A comienzos de 2018, ingresó a juicio la causa de Milagro. Comienza una etapa preliminar. Sucede lo de Fellner. Lello Sánchez me sacó de la causa de Milagro que estaba encaminada. Al sacarme, todo el ofrecimiento de pruebas corrió por cuenta de otros fiscales hasta la audiencia preliminar. Yo estuve apartada. No se cuánto pasó, pero 15 ó 20 días antes del inicio del juicio, me llamó el doctor Lello. Yo decidí ir, creo que estuve una hora llorando por todo lo que hizo conmigo y con mi hijo porque también lo había castigado a él. Me pidió disculpas y me dijo que necesitaba que volviera al expediente de Milagro Sala.

—¿Cuál fue la explicación?

–Entendía que no había habido un buen desempeño de los otros fiscales. Y también porque había muchos abogados. Yo le creí. Pensé en los veinte años que lo conocía, que la amistad había primado sobre todas sus sospechas y locuras, decidí disculparlo y volver. Pero cuando vuelvo a la causa, ya habían cerrado la prueba. Mucho se dijo de que la defensa había pedido mucha prueba y no se hizo lugar. En esa etapa yo no intervine. Los otros fiscales dieron sus argumentos. Y el Tribunal no hizo lugar a proveer la infinidad de prueba que había ofrecido la defensa. Esa era la queja. Así volví. Pero íbamos con esta prueba. No podía hacer nada. Incluso, durante el juicio las defensas pidieron pruebas que yo acepté. Pidieron ir a una determinada obra, por ejemplo. Yo dije que sí, pero el Tribunal no hizo lugar. Y es irrecurrible.
En el juicio

–En el juicio excluyeron a Milagro. ¿Usted se opuso y dictaminó una posible nulidad?

–Un día, sorpresivamente, a Milagro se la llevaron al Penal de Güemes. Le pedí al Tribunal que tomase medidas porque ella estaba a disposición de ellos. La trasladó otro juez. Yo dije que la Corte Suprema había ratificado la prisión pero con una modalidad menos gravosa, que era el domicilio. Y dije que eso nos iba a generar un problema. El Tribunal no quiso tomar la decisión de revocar el traslado. Pasaron muchos días, la Corte revocó la medida y devolvieron a Milagro a su domicilio, tal como yo lo anticipé. En otra ocasión, expulsaron a Milagro de la sala por situaciones que, tal vez ella, por su problema de salud o porque se resistía a ir a un juicio que consideraba que no correspondía, y las audiencias demoraban en iniciarse. Todo eso se tomó como argumento para expulsarla. Y yo quedé horrorizada porque en la Argentina no hay un juicio en ausencia. Esa misma noche, pedí al Tribunal que reviera y en caso que no me hiciera lugar, viera la manera que presenciara el juicio con video-conferencia. Hicieron lugar a la video-conferencia pero el sistema no funcionó. Y luego deciden traerla, pero la ubican en un salón contiguo.
En piijama, esposada

–Así perdió un día de audiencia. Y luego estuvo 39 días en el salón, sola y sólo con acceso a los audios.

–Hice pedidos en varias audiencias para que se convocara a los testigos a declarar de nuevo para que ella pudiera confrontarlos. Mi planteo era que la defensa material la tiene Milagro Sala, el abogado tiene la defensa técnica. Ella debía escuchar, tener la posibilidad de decir que el testigo miente. O preguntar. El Tribunal no me hizo lugar nunca. Y ya casi en noviembre, deciden traer a Milagro y preguntarle si quería repetir los testimonios. Ella dijo que no. En ese contexto, la ponen en conocimiento de lo que sucedió el día que no estuvo. Yo digo que está bien que los jueces apliquen el poder de policía en un juicio, pero nunca ese poder puede ir contra los derechos fundamentales de los acusados porque no se puede bloquear esos derechos o eliminarlos. Ese era mi argumento. Y ese fue mi pedido.

(NDR: En realidad, el episodio de la expulsión no quedó saldado en el final del juicio. Y aún se discute en la apelación que llegó a la Corte Suprema. La audiencia de la expulsión fue el 30 de agosto de 2018. Allí declararon cuatro testigos, entre ellos Cristian Chorolque, clave para la acusación y luego para la sentencia. Según la defensa, Montiel advirtió el problema esa noche, pidió el sistema de video-conferencia, pero no pidió reiterar las testimoniales hasta varias audiencias más tarde, el 17 de septiembre, cuando sí comenzó a pedir que vuelvan a llamar a los testigos ante la chance de una nulidad. Finalmente, cuando los jueces le preguntaron a Milagro si deseaba repetir los testimonios, sobre el final del juicio, en noviembre, ella tampoco dijo que no quería. Dijo que lo único que podía decir es que para ella todo el juicio era nulo porque “en el transcurso de todo este tiempo me he sentido aislada de este Tribunal, donde en muchas ocasiones no me pude defender”.)
Este juicio es nulo
Las cosas que no hice

–Días pasados dijo que hizo cosas pero se negó a hacer otras cosas. ¿Cuáles fueron?

–No hice informes cuando el fiscal general me los pidió para perjudicar a algún fiscal. No lo hice. No intervine como auditora en un sumario a un funcionario que ademas estaba detenido porque las pruebas eran contradictorias. Me negué. Todo esto me iba colocando en una posición incómoda, era como decir no voy a hacer todo lo que quieras. En relación a causas, teníamos disparidad de criterio marcadas en determinados casos. La prueba más clara es la causa de Fellner. No me puede hacer un sumario administrativo porque yo diga que la detención es nula.

–Habló de los audios de Baca. ¿Qué piensa?

–Si yo hubiese escuchado esos audios en el que Pablo Baca dice que la Ley de MPA, desde su nacimiento es excesiva, abusiva; que Lello Sánchez abusa de su poder a través de la Ley; si hubiese escuchado esto allá lejos y hace tiempo, me hubiese puesto a analizar de verdad la Ley. Y hubiese tenido otra mirada mucho antes que me ocurriera todo esto. Y haber tenido que pasar esta situaciones de salud y de tristeza.

–¿Quiere decir algo más?

–Sufrí pedido de jury, denuncias penales, maltrato, pero también dije algún día voy a tener la oportunidad de explicar cuál fue mi actuación y cuándo lo hice. Y sin querer desligar la responsabilidad, yo estuve dos meses y medio en la investigación de Milagro Sala. Nunca más, hasta que volví a sentarme en el juicio con todo un requerimiento realizado, ofrecimiento de prueba, realizado. Y liquidado. Y me hago cargo de lo que dije.

–¿No podía haberse negado?

–Se dijeron muchas cosas. Que recibí ordenes de Morales. De Ekel Meyer. No es verdad. No me interesa hacer defensa de ellos, es una defensa hacia mí. Por eso, es importante, que se ponga el punto de lo que dije. Milagro, mi modo actuación. Y por eso estamos en 2020 y hace dos años que tengo enfrentamiento con el fiscal general. Hace dos años que lo escucho decir que mi hijo es de la Cámpora, ese pendejo de la Cámpora. Que porque trabajó para Scioli o Fellner, hay que perseguirlo porque no se identifica con un proyecto, ¿¿de qué?? Ese fue el momento en el que yo le puse un límite. Yo no pertenezco a ningún proyecto. Ni peronista ni radical. De ninguno. Esa soy yo. Y así me conocen acá.

El Cohete a la Luna

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