El locutorio

Crónicas carcelarias

Por Ramiro Ross

Cuando estamos separados de nuestros seres queridos, nos damos cuenta que, cuando podíamos comunicarnos con ellos, muchas veces no lo hacíamos, o lo posponíamos para otra ocasión y dejábamos pasar el tiempo y cuando ya no podíamos por cualquier razón nos arrepentimos de no haberlo hecho mas asiduamente en el pasado, y cuando uno está preso ese arrepentimiento es mayor, porque sentimos esa ansiedad por no estar con ellos, de escuchar su voz, de ver su cara, y durante la dictadura, a esos sentimientos se agrega el pensar que tal vez ellos también cayeron en las mazmorras de la dictadura, y esa ansiedad se transforma en angustia.

Muchas veces eran los abogados que, concientes de nuestras angustias, nos traían noticias de nuestra gente de afuera en forma verbal, y a veces escrita, transformándose en los ‘Miguel Strogoff’ (el correo secreto del zar) de los pabellones y a veces los llamábamos así en forma cariñosa, como forma de agradecimiento.

También era corriente que las noticias que traían nuestros abogados corrieran por los pabellones rápidamente a través del ‘locutorio”.

Ignoro quien había descubierto que, vaciando el agua que queda en los inodoros y que son el filtro natural de olores e insectos, se lograba convertir el inodoro en una bocina que podía llegar donde era imposible llegar de otra manera, que se lograba vaciando el inodoro con un vasito de plástico destinado a ese fin, uno podía hablar por la cañería con otro/s compañero/s que hiciera lo mismo en el otro extremo del piso, así, de una celda a otra, se realizaban las charlas, comentarios, discusiones y hasta clases, dictadas por algún compañero profesional, (medico, abogado etc.), estos ‘cursos’ preparados con anterioridad por algún médico, por ejemplo, nos ilustraba sobre técnicas de supervivencia, alimentación de supervivencia, primeros auxilios en combate, los abogados nos dictaban clases sobre leyes sociales, código penal etc., según el disertante de turno.

Durante las semanas de clase, a esos profesionales se los liberaba de su obligación de lavar el pabellón, o hacer las camas u otras tareas que nos correspondían a todos por turno, Eso les permitía a estos compañeros preparar con cuidado todas las clases con palabras simples, charlas no muy extensas y sobre todo, muy importantes para nuestra preparación para el momento de la liberación.

También se podía hacer un locutorio desde las rejillas de las piletas de lavar, y se daba el caso de situaciones hasta graciosas, como cuando usando el inodoro, algún compañero nos recitaba algún poema de amor que había escrito pensando en sus amores o escuchar un “…peón 4 alfíl de rey…” de una partida apasionante de ajedrez o la noticia de que algún compañero fue ‘trasladado’ (eufemismo de sacado de la celda con el fin de asesinarlo por la fuerzas de represión).

Nadie puede sustraerse a la necesidad tan humana de comunicarse, es inútil todo intento de silenciar a alguien, el ser humano buscará la forma de conectarse con su gente, a veces, sin importarle el costa de ser castigado que seguramente recibirá si es descubierto.

Enero 2018

Blog del autor: http://lamuralladeramiroross.blogspot.com

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