El Médico, el Carnicero, Chocobar y su Amante

Por Bárbara Orbuch*

Los últimos casos resonantes que avala Patricia Bullrich, la amante del “Quien quiera ir armado, que vaya armado”, ponen en escena el aval del estado hacia los héroes del homicidio por mano propia , la justificación de la muerte de jóvenes pobres que cometieron un delito contra la propiedad o la integridad y que no tienen, en el medioevo macrista, un juicio justo.

 

Los amados

El carnicero que siguió con su auto a quien lo asaltó en su negocio de la carnicería hasta darle un tiro certero, pasando por Chocobar, felicitado por los altos mandos del gobierno, hasta Lino Villar Cataldo, quien le “tiró al bulto” que había en su auto “para defender su vida” y acaba de ser absuelto por un tribunal constituido por representantes de la sociedad: Los amados.

Paradójicamente, el médico declara provenir de una villa y así genera e imaginario social acostumbrado, postula el slogan del liberalismo clásico: la ilusión del punto de partida idéntico y la bifurcación de los caminos, se enfrentan dos sujetos del mismo origen en un espejo invertido.

El discurso de la clase dominante, nos ofrece la falacia en bandeja: ambos tenían las mismas oportunidades, uno eligió delinquir y otro eligió estudiar y progresar. Y ambos tenían armas, aunque la que se accionó fue solo la del asesino. El médico, es el sujeto de la muerte y enfrentado, su objeto: un bulto a quien matar.

Ecos del ingeniero Santos resuenan en la campana de la injusticia.

El médico volvería a disparar, pero es un ciudadano honorable, exculpado por sus conciudadanos, que después de jubilado, opera gratis en el hospital, inclusive, haciendo lobby de su éxito, comenta que lo felicitan en la calle.

La celebración del enano fascista.

 

La amante

La Ministra es la amante de la escena, la acaricia, le saca lustre y premia a los homicidas que lograron “el empleado del mes “ En retrospectiva , se la observa en la clásica foto de Montoneros, la única “viva”, rodeada de todos sus ex compañeros muertos. Después: bajándole el 13% a los jubilados en la alianza, en otro cuadro, llamando compulsivamente a Nisman; luego: la compra de armas a Israel y su Bolsonarismo vernáculo: La amante.

La meritocracia de la muerte se funda en la pulsión de muerte que sostiene el discurso gobernante.

 

La integridad de la sociedad

La inseguridad es no poder comer.

La anomia y la desintegración social son responsabilidades del estado actual. La respuesta desde la sociedad política es parcial y confrontativa; legitima a los asesinos que defienden sus bienes y criminaliza en escalas crecientes a los sujetos en ejercicio de sus derechos con intención de clausurarlos. La marginalidad que se acrecienta paralelamente a la suba en los índices de la pobreza, colisiona con el cinismo de las promesas de campaña hasta llevarlas al paroxismo de la indignación ciudadana. La grieta es el curro del gobierno, único sobreviviente de los Panamá Papers, jurado mayor en endeudamiento y pérdida de soberanía política.

La escena se privatiza en la entradera de una casa: “el delincuente” y el Ciudadano de bien, que se vuelve delincuente.

El médico avala la vida… así lo indica el juramento hipocrático. Este avala la suya propia. El abogado exhibe la impunidad con una mueca de sonrisa en la cara. Salió bien para él. El doctor habla sobre los mecanismos de defensa y su supuesta “tristeza” sin que su rostro reflejo ninguna conexión con la emocionalidad. Lo volvería hacer. Él es un inocente y se pasea por los medios para exhibirlo.

En la patria de los bribones con poder, la realidad se torsiona para psicopatear a los sumergidos en nombre del orden social.

Se les niegan sus derechos.

Nadie piensa en las vidas ultrajadas ni los derechos a la defensa de los muertos ni en sus familias. Según los dichos del médico : “Su familia está desarmada” Vaya paradoja..

Los derechos humanos son un “curro” “Se acabó la joda”, el negacionismo y la complicidad civil de la dictadura, se unen en un gesto. “Es un enfrentamiento” entre dos mundos, donde uno debe ser aniquilado.

En una Argentina de la decadencia macrista, diezmada por la oligarquía timbera desilustrada, la superestructura aporta sus significantes amos: evocar el terror, la mano dura y avalar la teoría de los dos demonios.

En medio de un genocidio económico, el terrorismo de góndolas y la baja de los salarios, la arista fascistoide es un anclaje en la sociedad civil, en la que el macrismo todavía se ampara.

* Psicoanalista (UBA-UNED)

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