¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango ‘Cambalache’?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 18 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.

Foto: Flavia Revagliatti


18: ¿EL MUNDO FUE, ES Y SERÁ UNA PORQUERÍA, COMO APROXIMADAMENTE ASÍ LO AFIRMARA ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO EN SU TANGO ‘CAMBALACHE’?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: Obvio. ¿Cuántos exoplanetas se descubrieron en los últimos treinta años? Bueno, tu pregunta es una respuesta.

FERNANDO DELGADO: Qué puedo decir: fue, es y será un gran poeta de este «Cambalache», la vida.

JOSÉ MUCHNIK: La afirmación esconde lo contrario; que Discépolo lo escriba no quiere decir que no haya participado del encanto del mundo. El mundo para el ser humano siempre fue al mismo tiempo una porquería y una maravilla. Ya en la Biblia podemos constatar la existencia de un Dios terrible y también lleno de bondad.

BIBI ALBERT: Para nada. Me quedo con «La vita è bella», el largometraje de Roberto Benigni. A pesar de todo, el mundo es fascinante.

CLAUDIA SCHVARTZ: Hay muchas corrientes por navegar, por suerte. Hay que ver a qué mundo querés «pertenecer». Y cuál es tu tabla de salvación. Muy chiquito, muy grande… Beber champán en idioma extranjero o apacibles mates camperos. Todo lleva al mismo sitio. Incluso puede convivir si la porquería es verdaderamente arte.

JORGE CASTAÑEDA: Fue el poeta mayor de los argentinos. Se sentaba en el cordón de la vereda a mirar las estrellas cuando los otros niños jugaban. Supo decir que «el tango es un sentimiento triste que se baila». Hoy «Cambalache» está más vigente que nunca.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: Más que el mundo, yo diría que el ser humano tiene una enorme dosis de porquería junto a un poco de belleza y de anhelo de justicia, todo junto y mezclado adentro. Como docente, siempre sostendré la posibilidad de mejorar la conducta del aprendiz. Considero que alguna vez va a haber más justicia que injusticia en este puto mundo, y que lo importante es hacer las cosas bien, hasta cuando nadie nos mira.

LUISA PELUFFO: Era su opinión.

RITA KRATZMAN: Rechazo las sentencias, prefiero pensar en algo más esperanzador.

LAURA CALVO: Está el mundo semblanteado en el tango de Discépolo, y también hay un mundo que no es ni será una porquería, ese al que en forma latente aspiramos; una aspiración, sabemos, que no terminará en nosotros.

ROGELIO RAMOS SIGNES: No desde mi punto de vista; porque, así expresado, nos liberaría de responsabilidades a nosotros que somos los verdaderos culpables de que el mundo haya podido ser una porquería, o de que tal vez lo sea hoy, o de que quizás lo siga siendo en el futuro.

LUIS BENÍTEZ: Sí, lamentablemente sí. Creo que es una consecuencia de nuestra misma condición de humanos. Somos un experimento fallido de la naturaleza y la hemos suplantado por un ámbito artificial, imposibilitados como estamos de volver al natural. Lo que hemos construido en torno de nosotros, para habitarlo, fue hecho «a nuestra imagen y semejanza»: es cruel, hostil e irracional, como el mono agresivo e inescrupuloso que no admitimos que somos en realidad. Mas como todo experimento fallido, albergamos en nosotros mismos la fuente de nuestra propia destrucción. El «mundo» que creamos desaparecerá con nosotros y a pesar del destrozo que hagamos, la Tierra a lo sumo demorará cinco mil años en restaurarse, como ya sucedió antes con extinciones masivas y sucesivas que tuvieron lugar. Alguna vez desapareció el 95% de la vida en el planeta y allí sigue estando todo él, esperando a que desaparezcamos de una buena vez.

LILIANA AGUILAR: Me encanta la letra de ese tango. De mi parte, creo que hay mucho malo en todas partes, pero también aquello que nos redime.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: Hay que sobrellevar la adversidad. La escritura es un remedio. Jorge Semprún escribió «La escritura o la vida», justamente para buscar una salida a su cruel deportación en el Buchenwald.

MÓNICA ANGELINO: Te respondo con otra pregunta: ¿Tenés alguna duda?

DAVID ANTONIO SORBILLE: Creo que es una sentencia histórica, pero tenemos la obligación de trabajar desde cualquier lugar que ocupemos para superarla.

CARLOS NORBERTO CARBONE: Soy bastante optimista, creo que el mundo será mejor alguna vez o volará por los aires: no nos queda otra que mejorar.

LEONOR MAUVECIN: El mundo siempre fue una porquería, salvo la naturaleza, que es maravillosa. Aquello de que «Cualquier tiempo pasado/ fue mejor», versos del célebre poema de Jorge Manrique, es una tremenda falacia. La humanidad ha avanzado, hemos mejorado, ya no se juntan orejas de vencidos en una bolsa, como los bárbaros de Atila, ni la gente disfruta viendo cómo un león destroza una persona. Algo hemos avanzado, en algunos lugares, pero falta mucho.

RUBÉN SACCHI: Discépolo obviaba el ES, porque iba de extremo a extremo. El mundo es maravilloso, pero el ser humano se afanó en que sea una porquería. No es toda la especie, pero son millones que, si no es por acción, es por omisión que logran este resultado.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: El mundo es como es, en todo caso es inmundo, o sea impuro, pero tampoco se lo puede considerar así, el mundo hecho por el ser humano es idéntico y lleva la marca de su creador, el hombre. Que es un cúmulo de imperfecciones, por eso existe, y respira, de lo contrario no existiría; me llama a impostura pensar un mundo perfecto, acabado y encuadrado en leyes inviolables, es utópico. No hablo de la naturaleza, que si quieres vive por sus contradicciones, igual que el mundo creado por los humanos.
Considerarlo «Cambalache» remite más a una concepción o postura política que filosófica. Es no percibir que el mundo todo ahora sí, es parte de un «caos» y no de un «cosmos». Uno en la antípoda del otro, desorden absoluto, que por ser absoluto es un orden perfecto, que equilibra por la operación de sus contradicciones contra un cosmos perfectamente equilibrado con una movilidad basada en la especulación racional, la antípoda vida–muerte, blanco-negro, no hay grises, y el mundo es gris.
El caos en perpetuo movimiento y el cosmos con un movimiento previsible, de acuerdo a ciertas leyes que el hombre tiene la intrepidez y soberbia de abordar con su enclenque aparato cognitivo de lógica racionalista. Contra la aventura del pensamiento planteada por los acontecimientos que le devela el caos cuando y como quiere.
Opino que Discépolo no es la excepción, y que muchos han podido y pueden afirmar eso, pero creo que está más remitido a la idea de la finitud de la vida y la angustia que le provoca a todo «bípedo implume» que transite por este «valle de lágrimas» que es la vida en este mundo. Y necesita asirse a un código o dogma u orden para no entrar en la desesperación de haber conceptualizado e introyectado el sentido de la finitud de la vida. No por nada tienen tantos clientes las religiones que prometen aviesamente y muchas veces con fines non santos, la vida después de la muerte.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Ni es, fue y será una porquería, ni es perfecto; el mundo es como lo hacemos los seres humanos, y tampoco nosotros somos perfectos. No deberíamos juzgarnos con tanta severidad. «Cambalache» es un gran tango, eso no quiere decir que sea definitorio, como toda creación es el producto de una visión subjetiva y como tal corresponde que lo interpretemos.
Me gusta más: «Que aunque el mundo siga girando a los tumbos, / aún vale la pena jugarse y vivir» (letra de Mario Iaquinandi y música de Eladia Blázquez).

CRISTINA MENDIRY: El mundo es maravilloso, como cantaba Satchmo.
En mi opinión, Discépolo tenía una visión ultra pesimista o una vida muy cruel.
Los humanos son los que hacen las cosas mal, en un alto porcentaje.

SANTIAGO SYLVESTER: No lo creo. Ese tango es buenísimo, pero no creo en su filosofía. Puede sonar a paradoja, pero no lo es tanto. En general, no creo en una cierta filosofía callejera que propaga el tango, que la identifico como «el prestigio del fracaso». Por ejemplo, «primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento»: me parece una secuencia atroz. Ese «andar sin pensamiento» lo identifico con el infierno: algo a resolver, pero no a imitar ni a proponer como un proyecto, como lo hace el tango. Y sin embargo «Naranjo en flor» es un tango que me gusta. Son los escalones que separan a la estética de la vida: no son la misma cosa.

ROBERTO D. MALATESTA: El mundo fue y será… como dice el tango tantas veces censurado… Suele ser el infierno, pero, o nos mimetizamos con él, o buscamos lo que en él es cielo, no hay más alternativas (por supuesto, plagiado de Ítalo Calvino).

GLORIA ARCUSCHIN: Sí, indubitablemente el mundo fue, es y será una porquería, observando lo visto y sus calamidades e injusticias. La mala distribución de riquezas y malas planificaciones a futuro. Pero amo la vida y cierta gente, los paisajes, y cada gotita de agua, cada brizna de pasto.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de «Zorba, el griego». O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: «De vez en cuando la vida / toma conmigo café…» de Joan Manuel Serrat.
Tengo una visión más positiva que la propuesta por «Cambalache». Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una «verdad» de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: Me temía esta pregunta. Me parece un hermoso tango, en muchos aspectos. Pero creo que, si vamos a profundizar, carece de rigor histórico. El siglo 20 no fue peor que el 19 o el 18. A medida que vamos hacia atrás en la historia nos encontramos con atrocidades cada vez más difíciles de concebir. No comparto aquello de que «todo tiempo pasado fue mejor». La historia es un compendio de aciertos y errores. De todos modos, me gusta cantar ese tango, como nos gusta cantar, a veces, canciones cuyas letras no nos representan demasiado, pero que suenan maravillosamente bien.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: No me gusta lo muy enfático. Todo es en un sentido sí y en otro no, para mi visión. Paradojal, digamos.

CARMEN IRIONDO: El Cambalache de Discépolo ha brindado, sin proponérselo, un universal para la especie humana. Tendemos a rechazar lo que viene mezclado, la vida misma, la frustración que nos genera darnos cuenta de que no hay clasificaciones, ni cercos de protección, que todo está en nuestro imaginario. Lo que es una porquería o lo que no. Lo que está bien o mal. Se pierde mucha energía sosteniendo ideales que se van derritiendo con el paso del tiempo. Queriendo que la Verdad tenga la mayúscula que no lleva, la verdad única no existe. Siempre es autorizada por otro. La verdad es a medias. La Verdad Única es propiedad de las religiones, de Dios en sus acepciones varias, de ciertas ideologías extremas… Y forma parte así del terreno de lo invisible.

LUCAS MARGARIT: Sí, claro. Pero el mundo desarrollado, por esto llamado humanidad, de lo cual no podemos escapar: desde hace unos años se lo denomina Antropoceno, la mano del hombre que modifica todo el sistema en el que está inmerso…; una gran parte de las veces es una modificación negativa, claro.

CARLOS DARIEL: Estoy en continua disputa con el mundo, mejor dicho, con el modo en que la sociedad humana establece y reglamenta, a través de mandatos familiares, mediáticos o políticos, las relaciones sociales. Por lo tanto, coincido con el gran Discepolín en que el mundo fue y es una porquería. Lo que no puedo asegurar es que también lo siga siendo en el futuro, ya que no soy profeta ni me siento inclinado a ejercer la futurología, pero indudablemente, la rueda del mundo social está girando en una dirección y con un rumbo que me disgusta sobremanera. Tiendo al escepticismo, con prescindencia tanto del pesimismo derrotista como del optimismo ingenuo; eso hace que me parezcan más realistas, al menos en el corto y mediano plazo, las distopías que las utopías. No obstante, mis ojos están siempre puestos con fervor sobre estas últimas.

Abril 2022