El mural y Videla

A propósito de la vandalización en la cancha de Ferro

Por Gustavo Veiga

Atacan de noche porque les da cierto anonimato. De día no se atreverían porque son una minoría marginal. Escribieron «Perdón Videla» sobre las imágenes de 16 socios e hinchas detenidos-desaparecidos del club Ferro Carril Oeste. Arruinaron el mural que está ubicado sobre la puerta 6, en la avenida Avellaneda 1240 por donde se ingresa a la cancha en el barrio de Caballito. Con las cámaras disponibles en el lugar se intenta identificar quiénes son los autores del delito. Cometieron el daño con una carga simbólica muy fuerte, explícita y obscena, reivindicatoria de la dictadura genocida.

No es la primera vez que ocurre y resulta probable que no sea la última. En abril de 2019 pasó en Banfield con un trabajo artístico que rinde tributo a las campañas por Memoria, Verdad y Justicia. Está ubicado en el estadio Florencio Sola. Apareció vandalizado con el signo pesos sobre la imagen del pañuelo blanco de una Madre de Plaza de Mayo. En mayo de aquel año, un mes después, el blanco elegido fue una pared donde hacen esquina Lituania y Gaboto, de Remedios de Escalada. En ese rincón hinchas de Talleres habían pintado otra vez los pañuelos blancos de las Madres sobre los colores rojiblancos del club. Todos fueron tachados con cruces negras. El mismo tono oscuro con que arruinaron el mural en la cancha de Ferro.

Mariano Vignozzi integra la Subcomisión de Derechos Humanos de la institución de Caballito. Tiene una pista de lo que sucedió en la noche del lunes al martes: «Se pudo recabar que estas mismas personas realizaron otras pintadas en el barrio con la misma letra y colores de aerosol. En algunas firmaron como Argentina Liberal y El virus es el estado». Dañaron dos murales en homenaje a Diego Maradona y Néstor Kirchner. También atacaron a familias indigentes que viven en un vagón detrás del club.

El espacio que lidera Vignozzi informó que «cobardes anónimos han escrito sobre la figura de nuestros socios y socias la leyenda ‘Perdón Videla’. No solo reivindicando al mayor genocida de nuestra historia, también afectando al trabajo por la Memoria, Verdad y Justicia de nuestro amado club. Pronto lo reacondicionaremos y tendremos un mural aún mejor. La bandera de la memoria la mantendremos siempre en alto».

Las demostraciones de solidaridad desde otros clubes tampoco tardaron en llegar. Hubo repudios desde varias subcomisiones de DD.HH. La de Argentinos Juniors resumió el espíritu de esas adhesiones en una frase: «en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia somos una sola hinchada».

Las fotografías que aparecieron manchadas son las de Eduardo Testa, Fernando Tula –gimnasta federado de Ferro– Rubén Kriscautzky, Roberto Cristina, Sergio Kacs, Ester Bizzanelli, Luis Giménez D’Imperio, Eduardo Leguizamón, Eduardo Vega, María Luz Vega, Jorge Perón Vizcay, Maria Alicia Pistani, María Cristina Mazzuchelli, Nora Grittini, Eleonora Cristina y Luis Arcuschin.

En Ferro convivirán estas demostraciones de compromiso militante con un proyecto que ya despertó polémicas. Es la concesión del fútbol profesional al empresario Christian Bragarnik, quien mantiene intereses paralelos en Defensa y Justicia, Elche de España y Unión La Calera de Chile. La comisión directiva provocó con su decisión el pedido de explicaciones de un grupo de socios autoconvocados.

De estas instituciones centenarias surgieron las voluntades que constituyeron la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino o grupos internos en los clubes con el mismo objetivo. Son una corriente de pensamiento indetenible. En Banfield la definen como «una ola que se les viene encima» a los negacionistas. Ya les restituyeron la condición de socios a decenas de desaparecidos en un puñado de clubes. A sus familiares se les entregó un carnet que simboliza la recuperación de su status societario. Se descubrieron placas de homenaje. Se organizan actividades de concietización cada 24 de marzo y los restantes días del año. El reflujo de esfuerzos colectivos encontró en sus clubes una fuente de energía.

Por eso desde la Coordinadora no se intimidan. «Ni lo intenten, si hace falta, vamos a pintar 30 mil murales», dicen en voz alta. No hay espacio para interrumpir ese camino imposible de desandar.

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