El Navarrazo

El 27 de febrero de 1974 un insólito golpe de Estado provincial derroca al gobernador de Córdoba Ricardo Obregón Cano.

Foto: El intendente de Córdoba, José Domingo Coronel, saluda al interventor provincial, brigadier Raúl Lacabane. Detrás, un joven José Manuel de la Sota (centro), entonces secretario de Gobierno de la Municipalidad de Córdoba.

El 27 de febrero de 1974 se produce el «Navarrazo» en Córdoba. El jefe de la policía provincial coronel Antonio Navarro ejecuta un golpe de Estado contra el gobernador Ricardo Obregón Cano y el vice gobernador Atilio López. Policías a su mando ocupan los medios de difusión y edificios públicos apoyados por sectores de la burocracia sindical que habían perdido control de la CGT regional a manos del clasismo encabezado por los gremios de SMATA, Luz y Fuerza, UTA y otros. Los golpistas detienen temporalmente a las autoridades.

Navarro estaba acusado de corrupción y sus fuerzas habían asesinado a mansalva – “por error” dijeron – a un grupo de cooperativistas agrarios. Enfrentado a la posibilidad de ser reemplazado por el gobernador que lo exonera, el militar (ligado estrechamente a López Rega) lleva a cabo el golpe.

Obregón Cano apela al Poder Ejecutivo Nacional, pero este niega el apoyo a las autoridades constitucionales. Finalmente, un decreto del Poder Ejecutivo del 2 de marzo interviene la provincia y nombra como interventor al brigadier Raúl Lacabanne, también aliado de López Rega, que comienza una tarea intensa de represión a los sindicatos.

Navarro es indultado por el Poder Ejecutivo Nacional, que también ordena el enjuiciamiento de Obregón Cano. Con posterioridad Atilio López y otros funcionarios de Obregón Cano son asesinados por la Triple A – así como algunos de los principales líderes del clasismo cordobés – y el gobernador es obligado a partir al exilio.

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Un comentario

  • juan dice:

    Todavía me asombra el terror que tienen de nombrar a Peron como protagonista historico en estos hechos. ¿Son omisiones por complicidades ideológicas o por servidumbre voluntaria a las oligarquías? ¿En qué lado de la grieta están?
    De todas formas, queda claro que el blindaje a un líder con pies de barro, es perfectamente funcional a las oligarquías y al partido del gatopardismo: el PJ, para el que cualquier gorila con la camiseta es un «compañero». Son los parásitos que temía Evita y a los que denunció en su lecho de muerte.

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