El negocio de la infelicidad masiva

Por Fernando Agejas

Este lunes volvieron a la calle los anti-todo, una minoría sobrerrepresentada por los medios y empujada por la principal fuerza opositora. La gran noticia de que Argentina y México van a producir una vacuna contra el Covid-19 pasó casi desapercibida así como las revelaciones del secretario de Macri sobre el espionaje ilegal. Por suerte, las mayorías silenciosas, esas que la oposición dice representar –aunque las desprecia– no los acompañan pero lamentablemente, no hay vacuna contra el odio.

La marcha de los contagios volvió a revelar algo que ya es evidente desde hace rato: hay una minoría anti-todo que está sobrerrepresentada en los medios comerciales más poderosos. Los principales grupos de comunicación convocaron, agitaron y les dieron letra a la mayoría de esos miles de manifestantes. Por supuesto que los voceros de estos grupos empresarios no se mezclaron con «la gente», las mandaron a contagiarse por su cuenta. La cobertura que le dieron a esta minoría intensa contrasta de manera escandalosa con la desganada difusión que exhibieron ante la espectacular noticia de la fabricación de una vacuna de producción Argentina (junto a México) contra el Covid 19 y que servirá para toda Latinoamérica.

Para muestra bastan dos botones

Un par de notas risueñas a cargo de dos maestros de la tilinguería, Fernando González y Laura Di Marco, resumen la tristeza con la que los grandes medios recibieron la noticia de la vacuna Argentina. El primero le pegó al presidente por haber llegado a un acuerdo con privados y no fortalecer la imagen estalinista que pretenden construir sobre Alberto, sería así «como no actúas acorde a la imagen que construimos de vos, te castigo». En el segundo caso, Di Marco denunció que este acuerdo implicaría lobbies empresariales! es maravilloso que desde el grupo fanático de los mercados, La Nación, se exhiban molestos por acuerdos entre privados. Cómo diría el amigo @rinconet, todo un caso de realismo mágico. Di Marco hizo un gran esfuerzo para explicarle a sus lectores cómo este país (que ella siempre dice que es una mierda) pueda fabricar vacunas, encontró las respuestas en el lobby farmacéutico k. Es entendible que lo que es una maravillosa noticia para el pueblo les genere fastidio, ellos están en el negocio de la infelicidad masiva.


La Nación vs. la nación

Sin dudas el grupo comandado por Fernán Saguier fue el que más militó por la marcha de los contagios. Esto motivó a que los propios trabajadores del diario tengan que explicar en twitter que no estaban de acuerdo con la actitud de los dueños y generales de la empresa «los medios no pueden promover acciones que pongan en riesgo la salud y la vida de la población» expresaban quienes no se sienten representados por Morales Solá. Por supuesto que la dirección del diario desoyó el pedido de sus trabajadores y siguió para adelante, pues la coherencia ideológica de La Nación de trabajar contra los intereses de la nación no debe flaquear nunca, y mucho menos ante una pandemia de claros orígenes kirchneristas.

Delirio hegemónico y fascismo libertario

Las marchas contra la cuarentena, los barbijos, las vacunas, el 5G, Bill Gates y el «nuevo orden mundial» no solo ocurren aquí. En los últimos días hemos visto manifestaciones de este tenor en España, Corea Del Sur, Alemania, etc. La diferencia es que allí las organizan grupos focalizados minoritarios, no son promovidas por el establishment. En Argentina ocurre lo contrario: los más poderosos medios de comunicación y la principal fuerza opositora son los que convocan. Quieren traducir el delirio y la irresponsabilidad, una vez más, en sentido común. Ningún sondeo de opinión les estaría mostrando una victoria en ese sentido, sigue ganando, por ahora, la mayoría silenciosa, esa que dicen representar pero que en realidad detestan, como detestan al país.

Como bien remarcó el historiador Ezequiel Adamovsky, llamar simplemente fascistas a muchos de los que protestaron y a sus instigadores es un error. El fascismo tradicional se basó en el fortalecimiento del estado bajo la supresión de los derechos individuales. Si hay algo que caracteriza al conglomerado del odio es su desprecio al estado, es un fascismo individualista, atado a las decisiones sacrosantas del mercado. Las marchas a favor de los vaciadores de Vicentín fueron otro claro ejemplo de esta lógica, que solo tiene en común con el fascismo tradicional el desprecio por el otro. Ese enemigo está señalado desde corporaciones antinacionales y no por el estado salvo cuando gobiernan ellos: ahí se alinean los intereses estatales y corporativos en la demarcación del enemigo.

La antidemocracia soy yo

El mecanismo de los poderosos es casi siempre el mismo: instalan una falsa verdad y desde allí van ramificando y continuando el tema a través de nuevas «noticias» basadas en la falsedad madre. La operatoria en este caso consistió en instalar que las protestas del 17A fueron masivas (basta con ver solo algunas fotos para darse cuenta de que esto no fue así) para luego decir que el gobierno avanza en la reforma judicial pese a las multitudinarias protestas. En un nuevo descubrimiento de cómo funciona el sistema democrático que detestan, La Nación tituló que «el kirchnerismo aprobó el dictamen pese al rechazo opositor», sino fuera triste sería un titular gracioso, digno de la revista Barcelona.

Sin derecho a la información no hay democracia real

Los medios hegemónicos ignoraron por completo las nuevas revelaciones de los chats del secretario de Macri, Darío Nieto. Los mismos confirman de una manera contundente la existencia de un aparato de inteligencia de espionaje ilegal y la desesperación de Nieto por crear «un relato» coherente para poder zafar. En las mismas horas donde esto estaba saliendo a la tenue luz de quienes pueden saltar el cerco mediático, La Nación tenía como título central una gigantesca nota sobre los supuestos cofres ocultos de Cristina en el sur (repitiendo exactamente una nota que habían publicado el 13 de agosto, «se nota mucho», diría Niembro), por supuesto que en la misma no hay una sola confirmación de lo que el título intentaba afirmar. A los evasores tan preocupados por el gasto del estado jamás se les escuchó preguntarse por lo que nos costó a todos los argentinos las excavaciones en la Patagonia, allá por el principio del régimen macrista, donde obviamente no se encontró nada. ¿Cómo puede haber una democracia real si a las mayorías se le obtura el derecho a la información? La gente «que labura todo el día», que dice ser defendida por los hijos meritrocráticos de Leuco y Viale, tienen que hacer un doble esfuerzo si quieren informarse: laburar todo el día y buscar información confiable por fuera de los canales tradicionales. Para que el desánimo no nos domine por completo, una buena: en breve aparecerán otras cataratas de notas invitándonos a irnos de este país y soñar como sería la vida si pudiéramos sentarnos a tomar un café cerca de González Oro en Punta del Este, sin barbijos ni vacunas populistas de Oxford, por supuesto.

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