El Petiso Víctor

Por Osvaldo Barros*

Imagen: Télam

Perdimos al «petiso» Victor, un amigo, un compañero, un imprescindible.

Lo conocí en la «Capucha» de la ESMA, donde estábamos secuestrados junto a mi compañera Susana. En ese momento éramos dieciséis tendidos en las colchonetas.

Ahí conocí su calidez, su sonrisa, sus convicciones.

Lo recuerdo en la casucha maloliente de la isla El Silencio donde nos apiñaron para escondernos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) que visitaría la ESMA.

Ya de nuevo en la «Capucha» recuerdo que estaba convencido que el magro sándwich de carne dura, llena de nervios y tendones, que nos daban de comer para mantenernos con vida no era de vaca, sino de carne humana de los compañeros desaparecidos. Y se negaba a comer. Para que se alimentara le pasábamos la naranja que nos daban de postre y el pan del desayuno.

Una noche de octubre de ese 1979, en una guardia benévola, festejamos el aniversario de pareja de Tata y Paula y mi cumpleaños. La Gallega Martínez armó unos canapés con la miga del pan y una aceituna. Así, con un vaso de agua, brindamos y Víctor cantó con voz grave y profunda El Seclanteño. Inolvidable.

Recuerdo nuestra alegría en la «Pecera» de la ESMA cuando en enero del ’80 lo pasaron de «Capucha» al sótano para hacer trabajo esclavo. Era un paso más hacia la vida.

Recuerdo cuando comenzó a sacar las fotos y documentos para ocultarlos con la ayuda de familiares y de Tata y Paula. Pero también lo que costó , que ya en el gobierno de Alfonsín, algún periodista o político diera a conocer esos materiales. Finalmente salieron publicados en un periódico y el CELS los transformó en una publicación que todavía se recuerda.

Tu testimonio de casi seis horas en el Juicio a las Juntas y de cuatro horas en los juicios de la ESMA fueron fundamentales para las condenas a los genocidas.

En la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos estuvo presente muchas reuniones donde discutíamos la estrategia a seguir y aquella noche del año 2000 donde reconocimos a Ricardo Cavallo en las fotos que nos trajo el periodista José Vales. Reconocimiento que permitió que el Juez Baltasar Garzón, desde España pidiera su extradición a México.

Víctor se hizo cargo de aquella frase del «Gordo Ramón» Ardetti: «petiso si alguno se salva que no se la lleven de arriba «

Hace dos años que empezaba con problemas de carraspera y afonía. Los médicos no atinaban a dar un diagnóstico. Se perdió mucho tiempo valioso.

Se nos fue un imprescindible, pero queda su legado de fotos, documentos, testimonios, su sonrisa, su calidez, sus hijas, su compañera. El viernes pude verlo en el hospital y despedirme.

Compañero, ¡hasta la victoria siempre!

*Osvaldo Barros integra la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.

13/11/20 P/12

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