El Reencuentro

Por Leonel Irazar*

La historia estudia los hechos del pasado. No puede haber una sola interpretación sobre este pequeño escrito, que en poco tiempo será parte del pasado, sino diversas e infinitas interpretaciones posibles las que cada persona haga. Tomando este pequeño ejemplo, pretendo hacer ver que así es la historia, así es la observación del pasado, tiene diversas e infinitas interpretaciones posibles hechas por personas. Todas las ciencias intentan legitimarse a sí mismas, por eso buscan encontrar una interpretación mayormente aceptada sobre los hechos, que se imponga como dominante, y métodos específicos de investigación que le den carácter científico. Así como puede imaginar uno una posible interpretación dominante que hacen los demás sobre uno mismo, somos totalmente conscientes de que son muy diferentes las interpretaciones de las demás personas sobre nosotros, se guían por lo que pudieron conocer, y las más acertadas son las de aquellas personas que más nos conocen.

Pretendo reflexionar sobre un hecho crucial en la interpretación histórica dominante sobre nosotros los habitantes de este continente, y ponerlo en cuestión. Me refiero al 12 de Octubre. Día recordado como aquel donde se encuentran dos conjuntos de culturas, que identificamos como latinos y originarios, y a la vez, se encuentra y surge un “nuevo mundo”. No pretendo cuestionar el hecho, sino la interpretación mayormente aceptada.

Es tarea nuestra repensarnos a nosotros mismos y redescubrir el nuevo mundo que somos. Este extenso tema lo voy a acotar a una única pregunta: ¿Este continente y sus pueblos originarios eran ya conocidos por las otras culturas del mundo? La respuesta de la interpretación dominante es un rotundo no, la versión oficial describe estrictamente que no era conocida antes su existencia, incluso llega a cuestionar si los mal llamados indios eran humanos por no estar en los textos bíblicos. Claro esta que esta interpretación es impuesta por el pensamiento eurocéntrico y católico de la época, que reconocía no conocer absolutamente nada de estas tierras, o al menos eso se supone, por lo que las “descubrieron”. Siguiendo el ejemplo inicial, es la escuela de pensamiento menos indicada para hacer una interpretación acertada. Claramente es el pensamiento de los pueblos originarios el que hubiera podido y puede ofrecer una interpretación más acertada, pero la ciencia social desconoce, o conoce poco, relatos propios de culturas originarias sobre el pasado antiguo.
500 años después de que la humanidad reconoce estas tierras como el nuevo mundo, todavía debe descubrirlo. La interpretación dominante extendida como un imperio sobre las mentes es cosa de un mundo viejo que nos ignora.

Una expedicion realizada con una balsa similar a las usadas en la antigüedad (sin timon ni vela), llamada Atlantis, demostró que el océano Atlántico pudo cruzarse en una balsa pequeña con cinco personas en 52 días. Los cinco argentinos salieron de las Islas Canarias y llegaron a Venezuela, utilizando los métodos antiguos, y queriendo demostrar la posibilidad de que pueblos africanos hayan migrado unos 3000 años antes. La hipótesis plantea la posibilidad de rasgos africanos en culturas del caribe como la Olmeca.

Los procesos históricos en los que se involucró la humanidad desde su presencia en el planeta son demasiado extensos y extremadamente corta en comparación es la información que tenemos de ellos. Deslegitimar procesos anteriores creyéndolos de inferior capacidad a los nuestros, y negar la posibilidad de que algo hubiera ocurrido, es absurdo cuando uno debe reconocer que no posee información sobre lo que sucedió durante ese periodo de tiempo. Es absurdo afirmar o negar hechos que sucedieron en un tiempo en el cual uno no conoce.

La aceptación al menos de la posibilidad de que otras culturas hubieran tejido lazos con los pueblos originarios anteriormente, abre un nuevo interrogante. Debemos plantearnos la posibilidad de que los castellanos que llegaron a estas tierras hayan aprendido de otros pueblos como hacer el viaje, e incluso quizás conocían con que se iban a encontrar, la posibilidad de que hubieran tenido información de adonde iban y como debían llegar. Debe ser tenido en cuenta como posibilidad ante la incapacidad de tener información certera. Es posible, incluso probable, que antes de la colonización castellana, los habitantes del continente que llamamos americano (en su enorme extensión y diversidad) hayan visitado regiones más allá de los océanos, como que hayan sido visitados por alguna de las culturas conocidas del resto del mundo y también de las desconocidas.

La falsificación de la historia siempre fue usada para impedir la formación de una conciencia colectiva en los pueblos y colonizar las mentes. Es tarea nuestra desmentir las falsas interpretaciones que hacen de nosotros los que no nos conocen realmente, así como las que nos hacemos nosotros mismos por mirar más el espejo que el interior, queriendo parecer más que ser, intentando ser más que estar. Logrando imponer interpretaciones más acertadas sobre quiénes somos, es probable que sea más correcto entender el encuentro como un reencuentro. Y quizás sea un reencuentro de los que somos de este nuevo mundo con nosotros mismos, lo que nos permita redescubrirlo.

Encontrar certezas al interrogante planteado será el objetivo de otro trabajo. El objetivo de este es realizar la pregunta. Deconstruir los mitos que contribuyen a sostener un mundo eurocéntrico es la herramienta que encontramos por el momento para estar siendo el nuevo mundo. Con poner en duda la interpretación dominante de que el mal llamado continente americano estuvo desconectado del resto del mundo hasta la llegada de los europeos, considero realizado el aporte a la comunidad que pertenezco.

*Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Lanús, participa de investigaciones con el Centro de Estudios de Integración Latinoamericana (UNLa).

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