El sadismo de un gobernante

Por Bárbara Orbuch*

Mucho se habló esta semana acerca de la estructura psicopática primaria del presidente, con evidencia empírica en relación a su narcisismo exacerbado y a su alteración en las esferas afectiva y conductual. Ampliaré con un componente fundamental que es el Sadismo, mecanismo por el cual hay una satisfacción y goce que se logra a través del sufrimiento del otro, en este caso, el pueblo gobernado.

Los efectos de la baja sideral de los salarios, la inflación desenfrenada y la megadevaluación a posteriori de los resultados electorales, profundizan el empobrecimiento y el declive social pronunciado, con resultados devastadores a nivel político, económico y social.

Desde el psicoanálisis, el sadismo resulta de un conflicto interno de dominio y sumisión, en la que hay un deseo de castigo.

En este punto, la escena se asemeja a la de un captor-torturador, que posee de rehén al otro y le ofrece la limosna del alimento según su arbitrio, hecho que el sujeto que está en el ejecutivo atravesó como ser pasivo y ahora actúa activamente.

Otro punto importante a considerar es la extrema “Dependencia” del sujeto presidencial en su trayectoria vital, no olvidemos que fue siempre un apéndice de la figura paterna hasta que accedió al poder real, mediante argucias e intercambio de favores y mantuvo la misma a nivel simbólico. Este factor se condice con su versión de la independencia argentina: la resignación y el perdón a los españoles y la angustia que le produce el hecho de independizarse, proyectado en el elemento fundacional de nuestra nación. Ser dependiente de figuras más poderosas, es una constante, ya que estas son quienes pueden validar su existencia, ponerle un brillo fálico del cual el carece y establecer una impostación afectiva, ya que ignora el afecto genuino.

En esta serie se ubica su posición de súbdito del FMI, ubicando a la nación argentina, en un lugar de” Retorno gozador No deseado”; que tiene y tendrá sus consecuencias…
Otro componente de su personalidad predominante y sistematizado en el tiempo, es el elemento parasitario que se traduce en la conducta de “sacar ventaja de los otros y de las estructuras existentes” para vulnerarlas y utilizarlas para beneficio propio y personal.

El psicópata, no solo no siente culpa cuando realiza daño al otro, como es vox pópuli, sino que se sirve del cuerpo del otro para pasar del otro lado del río. El sadismo actúa en un espiral de violencia: es capaz de hundirlo, para llegar a la otra orilla. Su egocentrismo es tan voluminoso que no concibe renunciar a llegar a lo que para él es el objetivo, ya que allí se juega el reconocimiento del otro y su propia existencia, perdiendo todo registro de la realidad y minimizando el vínculo con el otro, que se vuelve eminentemente destructivo. El cinismo y la posició canalla, además intervienen haciendo explícita esta intención.

La proyección se pone en marcha: En varias de sus rudimentarias alocuciones, donde pone en cuestión “al que saca ventaja”, como objetivo de erradicación, le pone límites imaginarios a su propio accionar, hay una necesidad inconsciente de castigo, ya que la ley nunca ha operado para él; la ley él la evade, la sortea, la manipula, la instrumentaliza. Pero la LEY es la única que le podrá poner límites en lo subjetivo y en su desempeño público. Sin dudas, hay muchas continuidades de su comportamiento subjetivo, en su comportamiento político.

Otra cuestión psicosocial importante es el “uso del mecanismo de la evasión” como meta para llegar al objetivo meritocrático de riqueza que se propuso y que se evidencia en su adhesión y participación en la fuga de capitales y en su refugio en paraísos fiscales. Este es un gran daño que le ocasiona a todo el cuerpo social.

Todos estos mecanismos de perversión de la estructura, desde lo psicológico y de adaptación distorsiva, desde lo psicosocial, determinan el vínculo de Macri con el Estado, en su continuo devenir parasitario y en su relación como gobernante con el pueblo; que por primera vez, acusó recibo de la humillación recibida, abrió los ojos frente a la violencia de la que es objeto y busca una salida viable para recuperar su subjetividad, es decir su condición plena de ciudadano con derechos, para así romper definitivamente su relación con el sádico, que lo reduce a un lugar de objeto, desestima e ignora sus deseos y necesidades, lo somete a continuas privaciones y degradaciones y con el que no media ya, ninguna relación afectiva.
El pueblo puede ponerle límites al sadismo de un gobernante.

*Psicoanalista y Docente.

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