El último vuelo del cóndor: murió el líder indígena Felipe Quispe

El Mallku fue una figura central en las luchas campesinas e indígenas de Bolivia en las últimas décadas. Sindicalista, campesino, diputado, guerrillero, docente, escritor, potente polemista y militante social a tiempo completo. Un rescate de su vida y obra junto con la crónica de una visita a su casa en el Altiplano.

Por Nicolás G. Recoaro – @ngrecoaro

Foto: Gonzalo Espinoza / Afp

Mallku es una palabra aymara que da nombre al imponente cóndor. Símbolo de fortaleza, libertad y lucha para los pueblos originarios del Altiplano. Los aymaras también llaman mallku al líder de su comunidad. Felipe Quispe Huanca fue referente indio, campesino, político y social. Pero sobre todo fue “El Mallku”, así lo llamaban desde hace décadas sus compañeros en la batalla cotidiana por los derechos siempre postergados de los pueblos indígenas que habitan Bolivia y mucho más allá. Murió ayer martes 19 de enero en la ciudad de El Alto de un paro cardíaco. Preparaba su candidatura a la gobernación de La Paz. Tenía 78 años.

Yawar Mallku (“Sangre de cóndor”, como el título de la película de Jorge Sanjinés) corría por las venas de don Felipe. Combatió contra dictaduras y gobiernos racistas, neoliberales y traidores a la causas populares. Diputado, guerrillero, historiador, secretario general de la Confederación Central Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, cabeza pensante del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), docente y escritor. También un potente polemista. Con Evo Morales tuvo idas y venidas. Senderos que se bifurcan y trifurcan en la apasionada vida del Mallku.

En su libro Mi captura, Quispe recuerda sobre su lucha: “Nunca pensé en ser un hombre importante, sólo tenía un dolor profundo por la situación social que estaba viviendo el país, sobre todo las formas de discriminación racial contra el indio. Es por ello que cuando en una conferencia de prensa la periodista Amalia Pando me preguntó por qué escogí este camino, mi respuesta fue simple: “Por qué no quiero que mi hija sea su sirvienta y ni que mi hijo su cargador de canastas”. Creo que con esta respuesta le rompí el alma a la señora Amalia y también fue una interpelación contundente a esta sociedad racista”.

Conocí al Mallku hace más de 15 años, poco después de que se desatara sangrienta la Guerra del Gas. Pude entrevistarlo varias veces en La Paz y también en su comunidad de Ajaría Chico, cerca de Achacachi, donde había nacido, en las tierras de los combativos Ponchos Rojos, las milicias aymaras. La crónica que sigue recupera una visita a sus pagos en el nacimiento del crudo invierno de 2007. Trae al presente su pensamiento, sus luchas, sus reflexiones.

El viaje hasta Ajaría Chico lleva más de dos horas desde La Paz. Al amanecer, el minibús atraviesa a todo trapo las rutas que bordean el Lago Titicaca. Llegamos puntuales a Achacachi, capital de la provincia de Omasuyos y ciudad bastión de las luchas indígenas. “El Mallku debe estar festejando el solsticio”, comenta el conductor de la movilidad y hace dudar a este cronista de la presencia de don Felipe en su comunidad. El viaje continúa y la pequeña camioneta se interna por un camino diminuto. Diez casas se ven en la ladera de un cerro junto al lago sagrado. El cartel que anuncia Unidad Educativa Ajaría Chico indica que el largo viaje ha concluido.

La majestuosa Cordillera Real, coronada por las nieves eternas del Illampu, es el telón de fondo que tiene el pueblito. Algunos pibes navegan el Titicaca en busca de totoras para alimentar a su ganado. Otros hacen pastar a las ovejas en el campo. Desde una casa de adobe, una radio rompe el eterno silencio.

Una señora que pisa descalza papines para elaborar chuño me indica el camino para llegar a lo del Mallku. Felipe saluda con el brazo en alto desde el portón de su casa sencilla, decorado con los soles símbolos del MIP. Luego invita a pasar. Para la entrevista, se sienta sobre una piedra en su terreno y convida hojas de coca que guarda en un pequeño aguayo.

-Lo que me ha despertado fue la muerte del Che Guevara. He sido militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) desde muy joven, en una célula de tres personas. Entre los tres pintábamos una letra cada uno en las calles: “E-L-N”. Así he aprendido a ser militante. En el año ’71 cayó una compañera de la célula y ahí rompimos el hilo. Después, en el ‘78, hemos fundado un movimiento indígena con el nombre de Tupac Katari (MRTK), que coordinábamos con la gente del ELN, y a través de ellos, hemos salido a otros países. En el año ’87 rompimos definitivamente. Había un comandante que me decía: “nosotros estamos liberados, yo tengo todo, soy familiar de Víctor Paz y de Jaime Paz Zamora. Ustedes, indiecitos, libérense, trabajen y concientícense. A mí no me discriminan porque soy blanco”. Eso me ha dolido mucho, por lo cual me he salido del ELN y casi nunca me identifico con él. Luego, fundé el Ejército de Liberación Tupac Katari (ELTK) en los años noventa, metiendo bombas y recuperando dinero. Estuvimos presos cinco años, y luego que salimos tuvimos que deponer las armas, que tenemos guardadas por ahí, ya que no las íbamos a entregar como cojudos que somos. De ahí viene mi filiación, mi militancia, mi pensamiento político. No vengo de la organización sindical, aunque he militado en ella como una mascarita. Por dentro yo tengo otra visión.

-¿Cómo surgió el MIP y cuáles son sus principales lineamientos?

-Nos orientamos por el indigenismo. No hablamos de izquierdas ni de derechas, aunque si tendríamos que clasificarnos estaríamos en la ultraizquierda. Hoy en día, somos el peligro más grande que tiene el Estado boliviano. Ayer, el peligro estaba encarnado en los partidos marxistas-leninistas, hoy somos los indígenas los que estamos marcados como peligrosos. Reclamamos nuestro territorio debido a que la gente que nos ha gobernado han sido todos extranjeros. El imperialismo gringo no puede ni vernos, si fuera por ellos, harían una limpieza étnica en Latinoamérica. Los indígenas que estamos luchando en Bolivia, en Ecuador y Perú creemos en la lucha de naciones. Por estrategia y por táctica debimos aliarnos a la izquierda, pero ya llegará nuestro momento.

-Si el MIP llegara al gobierno, cuál sería la relación con los otros sectores sociales que forman parte de la actual Bolivia.

La única manera de que el MIP llegue al gobierno es por medio de una revolución. Sería un gran error discriminar a la gente no indígena que vive en Bolivia. No deberíamos asumir un revanchismo político, más bien, plantaríamos la igualdad ante la ley, pero en forma real. Que haya respeto mutuo, como hermanos. El revanchismo sería un suicido, no puedo pensar en pleno siglo XXI como Tupac Amaru o Tupac Katari.

-Muchos creen que Bolivia se está jugando una segunda independencia. ¿Cuál es la mirada de los sectores indigenistas respecto a esta situación?

-En 1825, Bolívar y Sucre matan a sus abuelos, a los criollos. Nos liberamos por una parte, pero se dio el proceso de resometer a los sectores indígenas, se republicanizó a los pueblos originarios. En el 1952, la revolución trajo la nacionalización de las minas, el voto universal y la reforma agraria. Cambiamos un poco, pero no mucho. Hoy se está planteando la tercera revuelta. Es un proceso, se pueden tardar unos diez años o mucho menos, depende de nosotros, de los pueblos campesinos. El poder está en nuestras manos. En el ejército, la masa de soldados es indígena; en las fábricas, los obreros son indígenas; en las minas y en el campo, la mayoría somos nosotros.

-Hace poco, publicó un libro, Mi captura, sobre sus años de lucha armada. ¿Por qué decidió escribirlo?

-Han pasado más de 15 años de los hechos que narra el libro, hubiese preferido presentarlo antes, pero el ministerio público era manejado por reaccionarios y es difícil sacar material que cuenta las injusticias que vive el pueblo. Las torturas y castigos que sufrimos con otros compañeros del Ejercito Guerrillero Tupac Katari (EGTK) pueden ayudar a tener memoria de lo que hacen con los luchadores sociales, como hicieron con el Che Guevara o Tupac Katari.

-Álvaro García Linera estuvo varios años militando a su lado. ¿Cuál es la relación que tienen con el actual vicepresidente?

-El Álvaro Linera fue un compañero de lucha en los años del EGTK. Esos cerros que ve usted del otro lado (señala la Cordillera Real) la hemos recorrido de punta a punta en la época que entrenábamos con la guerrilla. Recuerdo que me hacía darle patadas cuando le venía la flojera en las marchas, quizás de ahí vienen los problemas de columna por lo que lo aperaron hace poco (risas). Hemos compartido cientos de charlas en la escuelita de esta comunidad de Ajaría Chico, hemos dormido en aquella casita de adobe que ve sobre el cerro. Pero las cosas ha cambiado cuando aceptó la propuesta del MAS, como que mostró sus intereses y se llevó buena parte de las propuestas que veníamos llevando con el MIP.

-¿Siente que el MAS le arrebató sus propuestas?

-Evo Morales y el MAS han robado nuestro plan de gobierno, pero el pueblo empieza a notar que hacen las cosas a medias: la nacionalización, las autonomías indígenas y regionales, todo a medias. Ya veremos qué pasa en los próximos meses.

-Felipe, hoy se festeja el solsticio. ¿Qué opina de los festejos del Inti Raymi en Tiwanaku?

-Las cosas cambiaron mucho. En Tiwanaku debe haber gran fiesta hoy día. Antes, cuando era joven iba, pero ya está muy comercializado y con muchos turistas. Antes era más religioso e iban los sabios y yatiris a pronosticar, ahora es más manejado por el comercio y se perdió el significado real.

Tiempo Argentino