En palabras simples, un golpe de Estado

Por Gustavo Espinoza M.

No es la primera vez que ocurre en América Latina. Lo vimos antes. A través de una «destitución parlamentaria» se derrocó en Paraguay a Fernando Lugo, y más recientemente, en Brasil, a Dilma Rousseff. En ambos casos –como ahora- se usó el mismo argumento: cambiar a un mandatario porque se le considera «incapacitado moralmente». En las acciones golpistas, verdaderas mafias que encubren sus zafios propósito tras encumbradas palabras.

Pero sí es la primera vez que se usa en el Perú el término «vacancia» para derribar a un gobierno. Cuando Fujimori, no hubo vacancia. El dictador se fue, huyó cobardemente y desde Japón envió un fax renunciando a su investidura. El Congreso declaró vacante el cargo, pero no «vacó» al fugado. Y con PPK tampoco hubo vacancia. El primer intento, fracasó. Y ante el segundo, el Presidente renunció. Vizcarra (foto) asumió el cargo por ausencia del titular.

Es entonces, la primera vez que se aplica en el Perú el procedimiento que depuso a Lugo y a Dilma. Pero aquí también se encubrió el caso con consideraciones «legalistas».

Algún experto en Derecho Constitucional podría decir que aquí el Congreso de la República usurpó funciones. Asumió, en efecto las del Poder Judicial. Y es que es el Poder Judicial -y sus diversas instancias- el que determina la culpabilidad de alguien en la comisión de un delito. Aquí el Congreso -sin juicio alguno- decidió que Vizcarra era culpable de todo lo que se le acusa Y que, por eso, está «moralmente incapacitado» para gobernar. Así lo dijeron 105 parlamentarios, 68 de los cuales tienen denuncias por diversos delitos.

¿Vizcarra tiene culpas?. Sin duda, si. Si no penales -eso lo decidirá el PJ- , sí políticas. Pegado al Modelo Neo Liberal y al Dictado de Washington, no fue capaz de diseñar una opción acorde con las necesidades del país y las exigencias de la población. En suma, fue presa de sus propias limitaciones de clase.

¿Ha habido una suma de intereses tras este acuerdo de «vacancia»? Claro que sí. César Acuña y José Luna están tras el poder de Universidades Privadas que han sido cuestionadas. Y tienen acusaciones pendientes por las que tarde o temprano, tendrán que dar la cara. Pero no sólo ellos: Edgar Alarcón y Omar Chejade también tienen delitos que han sido probados -y no sólo denunciados- Y los fujimoristas, que podrían competir con la mafia de Al Capone en cualquier certamen internacional de ese corte. Todos han sumado voluntades, y votos.

Y hablando de intereses ¿habrá sido éste un «golpe» dado a espaldas de la embajada yanqui?. Porque Trump y su pandilla no andaban contentos con algunas cosas que asomaban aquí: la condena al bloqueo a Cuba; la llegada al Perú de las Brigadas Médicas de ese país hermano; las negociaciones para obtener la vacuna rusa contra el COVID; la desactivación objetiva del malhadado «Grupo de Lima»; la presencia del Primer Ministro peruano en la toma de mando del nuevo Jefe de Estado boliviano.

Por eso resulta injustificable la conducta de quienes no están metidos en ese entuerto, pero se han alegrado que él haya acontecido. No tienen brújula -o la han perdido-. Pero, sobre todo, no tienen sentido común. Ni siquiera olfato político. No son capaces de percibir quién es quién en el escenario político. Y entonces creen que la persona que ellos detestan, es el enemigo principal de todo el pueblo. Vuelcan coletazos de odio, retazos de resentimiento, complejos de minusvalía, sentimiento de culpa; para justificar impúdicamente lo que ha ocurrido. De todos modos, si son honestos, tendrán tiempo para arrepentirse

Lo que preocupa, es lo que vendrá. Porque no será «un congreso populista» dispuesto a darla al pueblo «todo lo que pide», como cree la Gran Burguesía. Será un gobierno que busque prolongar su poder -o volver a él- a cualquier precio. Ya lo veremos.

Y veremos también quiénes serán los ministros, quién ocupará las carteras de economía, interior, educación y la Cancillería; quién ira a la Presidencia del Congreso -«el accesitario» está procesado-; quiénes serán calificados para integrar el Tribunal Constitucional; cuál será el trato que se dará a la SUNEDU; qué se resolverá en el tema de las inversiones mineras; cómo quedará la situación de los fiscales; y cómo los procesos incoados contra Keiko Fujimori y su Mafia. Y veremos también si se harán realmente las elecciones de abril con las reglas ya aprobadas, o si se intentará cambiarlas para admitir la reelección de congresistas y la «creación del Senado», rechazado por el Plebiscito anterior

Hoy muchos preguntan, entonces qué hacer. Y sí, claro, hay -como decía Vallejo- muchísimo que hacer: protestar, denunciar, resistir; pero, sobre todo, trabajar para unir a la mayor parte del pueblo a fin de librar, en mejores condiciones, una batalla verdadera por la liberación nacional y social de nuestra patria.

Sólo anoche, y sin convocatoria previa, miles de personas se lanzaron a las calles en todo el país. En Lima, Huancayo, Arequipa y otras ciudades, espontáneamente se lanzaron a la calle en señal de protesta. No apoyan, necesariamente a Martin Vizcarra. Pero sí condenan resueltamente a la Mafia que ha ungido a Manuel Merino como nuevo Jefe de Estado. Ella, es claro. No nos representa.

América Latina en Movimiento

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