En su medida y armoniosamente

Los primeros días del señor Fernández

Por Eduardo Blaustein

Sencillo: el gobierno del Frente de Todes, en un modo vértigo que era de prever, está en el intento de hacer lo que se prometió: empezar por quienes peor la pasan, que son muchos, haciéndolo en un tono tranca.

Cuando el yéneral Perón volvió al país en 1972, o a partir de su regreso, trajo entre otras dos novedades. La primera fue la palabra y el concepto ecología. El muy pillo fue el primer político argentino en importar y mencionar la palabra. La segunda cosa fue intentar mediar en el despelote peronista –los hay retardatarios, los hay apresurados– a través de una célebre frasecita que reiteró más de una vez: “Todo en su medida y armoniosamente”. Reiteraba el jinete del caballo pinto que la frase aparecía inscripta en los frontispicios de los antiguos templos griegos. Cuando las cosas comenzaron a pudrirse, o al menos a resentirse la relación entre Perón y la Tendencia Revolucionaria, o a ponerse las cosas más conservadoras o realistas, se cantaba bajito: “Vamos a hacer la Patria combatiente/ En su medida y armoniosamente” (risas).

En estos primeros diez, once, doce días de gobierno de Alberto Fernández se discute que si se ajusta a la manera tradicional o a la heterodoxa o a la nada. Que si se incluye y repara o si se caga a los jubilados. Que si Alberto es Cristina, que si hay varios Albertos esquizoides y/o ambiguos, que si es Néstor. Por ahí resulta que estos primeros diez a doce, trece días se parecen un poco al apotegma de Perón: “Todo en su medida y armoniosamente”, aunque rapidito y con mucho pragmatismo. Ejemplo del pragmatismo: la búsqueda de mayores recursos fiscales no procura solamente responder a la emergencia múltiple sino al pago de la deuda monstruosa. Hay quienes ven feito eso, sin tomar en cuenta que el presidente amante del rock nacional nunca propuso en campaña minga a la deuda aunque sí pagarla según podamos. Y en eso estamos.

Estamos en lo que fue el aprendizaje de los años kirchneristas, las derrotas del 2015 y 2017, los modos de vencer al macrismo. Se necesitaba unidad, discurso inclusivo y tonos algo moderados. Se intuía o sabía que el país no pintaba para hacer una revolución ni se reclamaba nada al respecto. De modo que sabíamos también que los tonos moderados serían también práctica de gobierno: reformas y reparaciones inclusivas sí, épica al pedo no, aunque AF sí repite de manera estudiada la palabra “épica” cada vez que menciona la batalla contra el hambre.

 

Oh, ha vuelto la República

Antes de entrar en el asunto del vértigo gubernamental y las muchas medidas incluidas en la mega ley ya promulgada de las muchas emergencias, hablemos un poco de las instituciones. Si para la oposición de antaño durante el Congreso del kirchnerismo fue una escribanía, en el último año y pico macrista el Congreso sencillamente no existió, no laburó. Ahora se trabaja a lo pavo, pobres legisladores, y van a tener que pasar el verano en sus bancas, almitas de Dios.

¿Cómo funciona por ahora el Congreso? Más allá del sector más gurka y grueso de la oposición, (macristas purísimos, santos y santas de la Coalición Cívica, mucho radical), y además de los bloques emergentes lavagnistas o no, los legisladores oficialistas aceptaron cantidad de observaciones pedidas por los contreras (el inicial artículo 85, por ejemplo) y por la tropa propia. De modo, muchachitos, que el debate parlamentario fue democrático y bastante prolijo. ¿Querías calidad institucional? Ahí la tenés, con un aceitado funcionamiento del muy sorprendente tándem Máximo Kirchner-Sergio Massa (¿quién era el relator de fútbol que decía “Por ahora, solamente por ahora?). Sobre los primeros y oscuros días de la opo Marcos Mayer escribió esto acá en Socompa:

Sin mayor necesidad de tantos rulos, prejuicios, especulaciones, versos, argumentos perversitos, Alberto Fernández está logrando lo que necesita: ser un presidente fuerte, con rasgos propios y no prestados. Le sale fácil. Es Alberto Fernández en su medida y armoniosamente. No es Perón (upa), o Néstor o Cristina, y parte de su arsenal propio es esa naturalidad admirable en el discurso (de la que escribimos a poco de que fuera ungido por CFK) que cuando necesita vira a la firmeza y hasta a la calentura en la que también se parece un poco a Alfonsín (“Falso, falso, falso, Luis”, dicho a Majul). Lo que si, han habido algunos ruidos, confusiones y tumultos devenidos seguramente del afán de trabajar a los pedos con demasiado por abarcar al mismo tiempo.

Alberto Fernández está haciendo lo que prometió en campaña (podría decirse está en vías de intentar el “mejor que prometer es realizar”), incluso y hasta ahora mismo descuidando a las clases medias en el discurso. Buenísimo el énfasis en beneficiar primero a los más golpeados, los pobres, los que tienen hambre, los niños que tienen tristeza no, los jubilados, las Pymes. Pero metan un poco de clase media en el discurso, Alberto y muchaches, porque si no las meten son inyectadas como perjudicadas en los medios.

Si es por los jubilados, los que cobran la mínima, que son cerca de la mitad del total, se verán beneficiados con el doble suplemento de cinco mil pesos este mes, el que viene y en marzo. No es para nada poca guita -promesa casi cumplida para los más castigados del sector- aunque se resientan los que cobran de un cachito a muchísimo más (“privilegiados” y otros). El gobierno comunicó más mal que bien el asunto. Puede que Alberto se tenga demasiada fé con el asunto de no necesito coaching -de hecho es un excelente comunicador- pero la comunicación gubernamental tiene que ser más afinada y armonizar cantidad de voces. Hay además otras medidas que favorecen a los jubilados (créditos, el retorno de medicamentos gratuitos y demás), un ingreso indirecto que tampoco se comunicó bien. Nos tiene un poco podridos la expresión batalla cultural pero afinen ahí la comunicación, porfa.

 

Sigo entregando

Hay medidas que benefician claramente a las Pymes, hay otras vinculadas con el intento/ proeza de desdolarizar no solo las tarifas sino la economía en general, se pusieron en marcha el plan contra el hambre (sigue sonando Lavagna padre para presidir el Consejo Económico y Social) y las tarjetas alimentarias, se intervino la AFI con una “persona de bien” (Cristina Caamaño), el candidato a Procurador es bueno (el juez Rafecas), tanto como la designación del fino sommelier Félix Crous al frente de la Oficina Anticorrupción que tanto bardeó la no abogada pero sí fanática violenta Laura Alonso. Se derogaron los protocolos represivos marca Bullrich (una Taseer contra el estómago ahí para Sergio Berni que cometió la barbaridad de cuestionar públicamente a su par nacional). Se dieron de baja las designaciones de luxe resueltas a último momento por el ex canciller Faurie, de profesión transparente republicano. El ministro Guzmán habla sereno y bonito. Se dialoga o se hacen alianzas de oportunidad (la política es eso, se negocian favores y beneficios) con los gobernadores radicales, cosa que empioja de paso la interna de la oposición.

No, nos está yendo tan mal gorditos, en estos pocos días vertiginosos.

Claro que trinan los sectores que deben pagar un puchito más de retenciones y los que -ay- padecen el impuestazo presunto (Bienes Personales), que son los que más tienen. Las retenciones -discusión vieja- podrían segmentarse con el criterio que sea pero no es fácil gestionarlo. Los que quieran viajar arafue (Miami, Niuyor) se joden y pagan más por ese paseo o por tener plazos fijos en dólares. Mismo si tenés guita o propiedades en el exterior. Dijo el economista de la pose banana, el excelente expositor Manuel Álvarez Agis, que los que pagan Bienes Personales no llegan a los dos millones de personas en un país en el que viven 44 millones y pico. Los medios titulan “ajustazo a las clases medias” (todos son, somos, nos creemos clase media), es lo que hay. Lo que no se le perdonará nunca a este gobierno es que haya que meter una moneda más por Netflix, consumo cultural devenido de pronto en derecho humano fundamental. Previsible: en las jerarquías de titulación de los medios siempre manda “dólar”, “impuesto”, “clase media” (va de nuevo) y nunca hambre, inclusión, reparación. Caramba, qué genios, lo sabíamos.

A esta hora en La Nación, Carlos Pagni, firmante del título principal en el portal, dice que “Las medidas del Gobierno parecen haber sido pensadas por Néstor“. Un atrevimiento que Pagni diga muchacheramente Néstor, falta que cante que no se murió. Pagni no es La Nación en estado puro pero sí un gen dominante ahí dentro, astuto, ladino, otras veces más serio que la gaceta de los Mitre, que es ciega, sorda y muda respecto de todas las operaciones mediáticas-judiciales (gracias, Gato) que se vienen cayendo en cataratas. Lo que dice entra en contradicción no del todo grave con la línea editorial del diario: si es Néstor, no es ajustazo, así como si era Bayer -decía el slogan publicitario- era bueno.

No, no estamos mal encaminados, querides gordites. A Cristina se le están cayendo todas las causas. En cuanto al domador de reposeras, dicen los medios que anda en trance de “desintoxicación” por todo lo sufrido. Le deseamos la mejor de las suertes y un próspero y feliz año nuevo. Lo mismo para todes ustedes. Ojo con el abuso de lechón y guarda la tosca con la presencia de salmonella en la mayonesa.

Socompa. Periodismo de Frontera

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