Endeudamiento y canibalismo social

Por Mónica Peralta Ramos

Goya, Saturno devorando a su hijo, fragmento

En tiempos de pandemia todo parece posible. Las semanas vuelan y llevan consigo las certidumbres sobre el contexto que nos rodea. El virus reaparece en los lugares del mundo que lo habían eliminado. Ha llegado para quedarse más tiempo de lo esperado. La cura que se creía tan cercana se aleja en el tiempo. En medio de esta nebulosa una certeza brilla en el horizonte: después del coronavirus el mundo no será el mismo. En esto hay consenso a lo largo y a lo ancho del planeta. La índole del futuro que nos espera está, sin embargo, estrechamente ligada a las acciones que se toman en el presente. En tiempos remotos se creía que los dioses decidían por los seres humanos y que todo estaba definido desde un principio. Hoy sabemos que el conocimiento y la acción pueden modelar las circunstancias y aproximarnos a los fines que nos proponemos. También sabemos que nada está decidido de una vez y para siempre.

El coronavirus no ha provocado la crisis que hoy vivimos. Solo la desnuda cotidianamente exponiendo a la luz del día la irracionalidad de un sistema de vida que conduce al canibalismo social. Esta organización social, extendida planetariamente, genera conflictos antagónicos que esconden en su seno el germen de lo que viene. El mundo que viene dependerá entonces del modo en que estos conflictos se resuelvan. Esto implica que tanto las élites gobernantes como los ciudadanos de a pie tienen algo que decir al respecto. Los primeros corren con ventaja: toman decisiones con el objetivo de marcar el territorio y condicionar al futuro. Los segundos, desparramados por el mundo y confinados al aislamiento individual, tienen la oportunidad de constatar que no están solos, que su fuerza reside en su cantidad y en su capacidad para comprender las razones de su desamparo. Esto no es poca cosa. Mas allá de la pandemia y de sus secuelas de miedo y cuarentena, los ciudadanos de a pie tienen la oportunidad de conocer que son los más, que pueden transformarse en una fuerza social e imponer su impronta al mundo que viene. La mera existencia de esta posibilidad influye hoy en las decisiones de los que, desde la suma del poder político, quieren reproducir el status quo.

La pregunta sobre lo que viene ya genera algunas respuestas entre intelectuales y académicos. Así, crecen las dudas respecto a la eficiencia de la supuesta mano invisible del mercado y se empieza a aceptar la importancia de la intervención abierta del Estado en la economía. Paralelamente crecen las dudas sobre la continuidad de la globalización en un mundo donde se intensifica la confrontación política entre los Estados Unidos y China. El apagón económico como consecuencia de la pandemia y el rápido deterioro de la economía y las finanzas globales intensifica el agrietamiento del entramado productivo mundial forjado a lo largo de décadas de integración mundial en cadenas de valor global. La mayor intervención del Estado en la economía en una situación de resquebrajamiento de la producción global abre la oportunidad de un futuro crecimiento económico orientado por las necesidades locales. Se abre así la posibilidad de un desarrollo nacional con inclusión social en los países de la periferia. Esto, sin embargo, esta estrechamente ligada a una problemática que todavía no se cuestiona claramente: la del endeudamiento ilimitado.

En estos tiempos signados por el capitalismo global monopólico rige la lógica de maximizar ganancias a cualquier precio. Estas no son solo económicas. Hay en esencia una permanente búsqueda de aumentar el control sobre todos los aspectos de la vida social. Para ello, uno de los mecanismos utilizados es la imposición de un sentido común que naturaliza la acumulación predatoria de todo tipo de bienes: desde los económicos a la información y los símbolos. Esto no es casual. Detrás de la concentración del poder se esconde el paradigma de la usura, una practica de endeudamiento, donde la acumulación sin limites de bienes y dinero por parte de un individuo tiene como correlato la expoliación y destrucción total del otro.

La capacidad destructiva de esta relación explica que desde tiempos remotos haya coexistido con la condena moral y la sanción colectiva expresada en las religiones más antiguas, en escritos filosóficos, en códigos legales, en la literatura y en el arte. Desde 2.500 años antes de Cristo la condena social a la usura ha dado lugar a revueltas populares contra los acreedores derivando periódicamente en cancelaciones de cierto tipo de deudas. Por aquel entonces se percibía el peligro de desintegración social implícito en la usura. Sin embargo, el endeudamiento sin límites a través de tasas de interés abusivas, capitalización de intereses y crecimiento exponencial de la deuda originalmente contraída constituyen el eje en torno al cual se acumula poder y riqueza en el mundo moderno. Este abuso de una posición dominante hoy se presenta como algo natural. En esencia, es una relación que vehiculiza coerción, violencia y canibalismo social. Tanto las relaciones del hombre con la naturaleza como las distintas formas de interacción social han sido erosionadas hasta el hueso por un comportamiento predatorio que busca acumular sin límites poder y riqueza en todas sus formas.

El galope del coronavirus ha detonado una crisis económica y financiera de magnitudes desconocidas. La gestión de esta crisis en los Estados Unidos, centro del capitalismo global monopólico, expone la irracionalidad de un endeudamiento sin límites que conduce a la autodestrucción social.

Endeudamiento en los Estados Unidos

A fin de mitigar el impacto económico y financiero de la pandemia, la Reserva Federal ha adoptado medidas que prolongan y profundizan las políticas adoptadas para superar la crisis financiera de 2008. A través de tasas de interés cercanas a cero, facilitación financiera y estímulos fiscales, estas nuevas políticas buscan salvar a grandes corporaciones y bancos multiplicando el endeudamiento, profundizando el control directo de la Reserva Federal sobre el mercado financiero, y aumentando la concentración económica.

Desde la crisis financiera de 2008 las políticas adoptadas por los bancos centrales de los países mas desarrollados del mundo derivaron en un crecimiento del endeudamiento global, que hoy representa el 322% del PBI global. Desde ese entonces, el crecimiento del endeudamiento norteamericano ha sido incesante y el crecimiento anual del PBI norteamericano, descontada la inflación, ha sido un 45% inferior al ocurrido en los 60 años previos, periodo que incluye once recesiones. Paralelamente, el S&P 500, índice de la capitalización de mercado de las principales corporaciones, creció un 159% desde el 2008 (zerohedge.com 11 5 2020). Entre 2012 y 2019 las ganancias de las corporaciones crecieron 1.6% mientras el precio de las acciones (earnings per share) creció un 68% (zerohedge.com 13 5 2020). Esto último se logró a partir de un aumento del endeudamiento corporativo destinado a la recompra de acciones para la especulación financiera (IMF global financial report october 2019).

Después de cada una de las crisis de las últimas décadas (punto.com, hipotecas sub prime y actual), el endeudamiento de las corporaciones norteamericanas ha aumentado. Hoy la deuda del sector representa el 84% del PBI de los Estados Unidos, y el porcentaje de deuda corporativa de tipo basura (junk, con alto riesgo de default) ha alcanzado niveles récord. Asimismo, por primera vez los bonos corporativos clasificados como (BBB) —a un paso de ser bonos basura— representan la mayor parte de la deuda corporativa considerada de alta calidad (IG investment grade)(bloomberg.com 1 12 2019).

La decisión de la Reserva Federal de intervenir fue suficiente para impulsar una reversión de tendencias en el mercado de acciones. Hacia mediados de abril el Nasdaq —índice bursátil con alto peso de empresas tecnológica— había recuperado todo lo perdido desde mediados de marzo (zerohedge.com 17 4 2020). Cinco grandes corporaciones tecnológicas fueron las principales beneficiarias de la recuperación bursátil. Hoy representan el 22% del valor de capitalización de mercado del S &P 500 (zerohedge.com 3 5 2020).

La inminencia de defaults corporativos está, sin embargo, a la orden del día. Larry Fink, titular de BlackRock, brazo ejecutor de los nuevos programas de intervención de la Reserva Federal en el mercado financiero, así lo ha dejado trascender (zerohedge.com 6 5 2020). Esto ocurre al mismo tiempo que los conflictos de interés están expuestos a la luz del día. El titular de la Reserva Federal tiene inversiones por más de 11 millones de dólares en los fondos de BlackRock (wallstreetonparade.com 5 5 2020). Paralelamente, la implementación de las nuevas políticas de la Reserva Federal ha tenido un impacto positivo en el desempeño de las acciones de LQD uno de los instrumentos financieros más grandes con múltiples bonos corporativos (ETF) controlado por el propio BlackRock (zerohedge.com 14.5 2020).

Endeudamiento y miseria

El endeudamiento corporativo se ha dado en un contexto de tres décadas de caída o estancamiento de los salarios reales de los sectores de ingresos bajos y medios de la población. Esto contrasta con el crecimiento de los ingresos del 10% más rico. Esta situación se intensificó a partir de la crisis de 2008. Diez años después el ingreso medio familiar, descontada la inflación, era solo 3% superior al registrado en el 2000. Los ingresos del 20% de la población mas pobre habían caído en el mismo periodo un 2 % (wsj.com 15 4 2020). Por otra parte, los activos financieros (dinero en el banco, fondos de retiro etc.) del 20% más pobre de la población perdieron el 34% de su valor desde entonces. Los sectores de ingresos medios solo vieron un crecimiento del 4% en el valor de estos activos financieros mientras el 10% más rico de la población, que posee el 88% de las acciones, fue el principal beneficiario de los aumentos ocurridos en los activos financieros durante todo el periodo (wsj.com 15 4 2020).

Desde mediados de los ’80, el creciente endeudamiento de la población de bajos y medios ingresos mitigó el estancamiento de los salarios y fue funcional para estimular la demanda. Esta política derivó, sin embargo, en la crisis financiera de 2008. Desde ese entonces, la capacidad de consumo de la población ha esta cada vez más aplastada por un creciente endeudamiento. Este ha alcanzado niveles inéditos, superando hoy los 13.5 billones (trillions) de dólares. En 2019 casi la mitad de los consumidores tenia ingresos que no alcanzaban para cubrir sus gastos mensuales (bloomberg.com 8 10 2019). Cerca del 78% de la población vivía al día, sin poder afrontar un mayor endeudamiento (forbes.com 11 1 2019). Hoy la pandemia ha agravado drásticamente las condiciones de vida de los sectores de ingresos bajos y medios.

El cierre de empresas de todos los tamaños en distintos sectores de la economía ha provocado desde principios de marzo un rápido y masivo crecimiento del desempleo. Ya hay 36 millones de personas que califican para un pequeño y fugaz subsidio de desempleo. A esto se agrega la masa de trabajadores informales que no pudieron acceder a beneficios sociales (zerohedge.com. 10 5 2020). Esto explica la masiva afluencia a puntos de distribución gratis de comida, en distintas partes del país desde que estalló la pandemia (zerohedge.com 12, 17 y 27/ 4 2020).

Así, la otra cara del endeudamiento ilimitado ha sido la masiva transferencia de ingresos desde los sectores más pobres y medios de la sociedad hacia un reducido núcleo que concentra los mayores ingresos. Esta política, sin embargo, parece estar llegando al límite de lo socialmente tolerable.

Crisis del sistema

Desde que la Reserva federal inicio su intervención en el mercado financiero a mediados de marzo, los inversores en acciones han ganado 100 millones de dólares por cada víctima fatal de Covid-19 (zerohedge.com 5 5 2020). A su vez, la intervención de la Reserva Federal facilitando nuevo endeudamiento y absorbiendo activos tóxicos tendrá fuerte impacto sobre el crecimiento de la deuda pública norteamericana. Esto, sumado a la creciente crisis de liquidez de dólares en el mercado financiero internacional, que hemos analizado en notas recientes, potencia la posibilidad del default tanto de corporaciones como de países altamente endeudados en dólares. Al mismo tiempo estos fenómenos erosionan el valor del dólar como moneda internacional de reserva. Esto último ha sido advertido por Larry Fink y otros ejecutivos de grandes fondos de inversión (zerohedge.com 7 11 2018, 12 5 2020). En este contexto se escuchan las voces de líderes políticos y empresariales que, liderados por Bernie Sanders, ex candidato a la presidencia de los Estados Unidos, reclaman la cancelación de deudas de los países periféricos afectados por la pandemia. Esto es resistido por el Tesoro norteamericano y utilizado por el FMI para tratar de imponer los Derechos Especiales de Giro como una nueva moneda de reserva internacional de amplia circulación especialmente entre los países mas endeudados.

Crecientes tensiones en la Argentina

Esta semana se tensó el clima político al mismo tiempo que aumentó en forma preocupante la cantidad de muertos y de infectados con Covid-19 en la Capital Federal. Casi un 30% de las nuevas infecciones ocurrieron en barrios carenciados, especialmente en la villa de Retiro donde todavía continua la escasez de agua potable, algo que es difícil de explicar.

El lunes el gobierno extendió el tiempo de negociación con los acreedores internacionales hasta el 22 de mayo, luego de que su propuesta de reestructuración fracasara al recibir menos del 20% de aceptación. El Presidente aclaró en diversas oportunidades que “si hay una contraoferta, que los acreedores digan… Nosotros lo que queremos es buscar un acuerdo y que la Argentina no vuelva a caer en default… y que no se pague a costa de los argentinos… sólo podemos tomar una deuda que podamos pagar” (ámbito.com 11.5 2020 y c5n minuto1 10 5 2020). La contraoferta todavía no ha sido presentada.

Estas declaraciones del Presidente fueron acompañadas de claras definiciones sobre las motivaciones que empujan a un sector de JxC, a los grandes empresarios, dirigentes y periodistas que apoyaron al gobierno de Macri a presionar al gobierno para que levante la cuarentena, cambie el rumbo de sus políticas y acepte las demandas de los acreedores. El Presidente dijo que “no lo doblegarán” y relacionó a estas maniobras políticas con las presiones sobre los tipos de cambio: el CLL y el MEP y sobre el dólar paralelo o blue. Dijo que el aumento de estos tipos de cambio era el resultado de la especulación de un pequeño grupo y no descartó que intenten ejercer presión por este medio sobre la negociación con los acreedores. Sostuvo que el BCRA estaba estudiando medidas para frenar esta especulación, que pronto se darán a conocer.

La especulación con los tipos de cambio continuó, sin embargo, esta semana. En ello también parece haber incidido la reticencia de la Comisión Nacional de Valores a hacer cumplir en su totalidad las regulaciones ya emitidas por el BCRA (ámbito.com 13 5 2020). Si a esto se agrega la “escasez del crédito otorgado por los bancos a las pymes”, circunstancia que agrava —según CAME— “la situación de las empresas por que cortaron las líneas de descubierto” (bae.com 11.5.com), pareciera que el BCRA debería ejercer un control más efectivo sobre las regulaciones y políticas que emite.

El gobierno cree que cuando se reestructure la deuda se pondrá fin a las tensiones en el mercado de cambios. Sin embargo, la corrida cambiaria, junto con la inflación, han sido los mecanismos tradicionalmente utilizados por los sectores más poderosos de la economía para imponer sus intereses a los distintos gobiernos democráticos. Esta situación no se ha alterado y el control monopólico sobre sus respectivos mercados permanece inalterable. Asimismo, la actual coyuntura internacional es propicia a la salida de capitales y a la dolarización de activos. De ahí que, al no adoptar drásticas medidas, es difícil esperar una desaparición a corto plazo de la corrida cambiaria y de la inflación de los bienes alimenticios, que todavía persiste a pesar de la caída del consumo por la cuarentena, la desaceleración de la inflación general y el congelamiento de tarifas y combustibles.

Las definiciones del Presidente cambiaron el clima político. Fueron acompañadas por el anuncio de un plan de construcción y reparación de viviendas populares con participación de los movimientos sociales y destinado a crear más de 700.000 empleos. Este plan implica comenzar a marcar el futuro de la pos pandemia tomando medidas que contribuyen a implementar el proyecto de inclusión social votado en octubre del año pasado.

La enorme emisión monetaria del gobierno para sostener a la economía en tiempos de pandemia brinda la oportunidad a los sectores mas concentrados para dolarizarse e intentar poner limites a políticas que buscan terminar con el hambre en el país y cambiar la distribución de ingreso. En estas circunstancias, se acrecienta la importancia de la participación organizada de la ciudadanía en el control de precios y en el seguimiento de las políticas de inclusión social y reactivación económica.

El Cohete a la Luna

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