Eran diez compañeritos

Por Jorh

Eran diez personas en el grupo de whatssap que armó Molinari con mucho amor: Walter, Marcelo, Claudio, Eduardo, Patricia, Omar, Silvia, Sergio, Susana y él, Carlos Molinari, todos egresados del Mariano Acosta. El principal requisito que objetó, fue no hablar ni discutir de política ni de religión, principalmente de política.

Unos meses la cosa anduvo bien, recordaban historias del colegio, días de la primavera, de picnics y guitarreadas, profesores aburridos, trabajos actuales, la situación de cada uno, memes simpáticos y felicidades para los cumpleañeros en su día. Pero como dijimos antes, sólo duró unos meses.

Sergio era muy antiperonista desde siempre; se la pasaba diciendo que el mal de este país empezó con Perón y ahí se formó la primera grieta, con Omar y Patricia, que amaban al General desde muy jóvenes. Al principio era una charla coherente y pacífica, cada uno expresaba sus ideas, hasta que empezaron los insultos, se dijeron desde «gorila» hasta «peronchos», desde «oligarca» hasta «agarren la pala». Sergio fue el primero en abandonar el grupo, se fue a las puteadas contra ellos dos insultándolos y diciéndoles que se vayan a la mierda; Patricia lo siguió atrás, se la agarró con las demás personas diciendo porqué nadie le ponía un límite. Intentaron convencerlos de que ambos se queden y no volver a tocar temas políticos, pero fue en vano, incluso Patricia sacó historias antiguas para echárselas en la cara, y le llegó a decir que no se olvide que él, en la escuela, era el buchón del celador. Omar se fue atrás de Patricia a los pocos días, en el grupo quedaron siete.

Por un tiempo, después de esa guerra de insultos y memes crueles, costó empezar nuevamente con el diálogo; las nuevas charlas eran muy triviales. Hasta que le llegó el turno a la religión, Silvia vs Claudio. Este último, era católico de alma y no había un domingo que no fuese a misa, muchas veces en las charlas citaba frases bíblicas y hasta llegó a decir que esta pandemia que vivimos hace una año y pico era un castigo del señor. Silvia todo lo contrario, en la primaria había ido a un colegio de monjas y una vez la echaron de catequesis porque dijo que le gustaba la película El Exorcista, y desde que colgó el uniforme escolar era una perfecta y convencida atea. Y entre ellos dos, la gota que colmó el vaso, fue en una fuerte discusión donde la mujer le dijo que la Biblia estaba llena de fake news; ahí Claudio Cubelli se volvió como loco, empezó a cuestionarla y le estampó en la cara que el destino de la mujer sería el mismísimo infierno, fue como si el espíritu de un soldado de las Cruzadas se hubiese apoderado del alma de Cubelli. Ese mismo día los dos abandonaron el grupo, la última frase que le arrojó el hombre fue un versículo bíblico: «Así que soméntanse a Dios, resistan al Diablo y el huirá de ustedes». La chica fue más simple con lo que le dijo: ¡¡¡Andate a la puta madre que te parió!!!, dos menos en el grupo.

Con estas cinco bajas, iban quedando menos, y luego de que se vaya quien se vaya, se formaba un manto de silencio como si estuvieran elaborando un duelo por los caídos, por eso Molinari insistió con el tema de cero política y cero religión. Se respetó un tiempo hasta que la pelea de Marcelo y Eduardo trajo al fútbol de protagonista; uno era fanático hasta la muerte de Huracán, Marcelo; por el contrario, Eduardo daba la vida por el Ciclón, aparte llegó a ser de la hinchada. Esta vez la reyerta no fue ni por Perón, ni Macri, ni gorilas, ni Jesús, sino por el cuadro del globo y San Lorenzo, menos mal que por whatssap no pueden arrojarse objetos, sino hubiese sido probable que volaran piedras y botellazos. Otros dos menos y el grupo se convirtió en el nombre de un famoso disco del grupo Génesis: «Y entonces quedaron tres».

Carlos trató de convencer a los que se fueron de que regresaran, los volvía a meter en el grupo, pero estos lo abandonaban inmediatamente al ver que también había metido a su enemigo.

Sólo quedaban Walter, Susana y Carlitos, solo hablaban del clima, de programas como «Los ocho escalones», de razas de perros, en fin…temas que no estaban destinados a alguna trifulca.

Luego de un corto tiempo, Walter sin pelearse con ninguno se fue como un caballero, les dijo que realmente no tenía nada para decir y ya tenía varios grupos. Mentira, desde la secundaria siempre fue un solitario, esos tipos que se sientan atrás y pasan por la vida sin pena ni gloria. De todos modos, fue agradable ver que alguien se fue por las buenas y no a las puteadas. Quedaron solo Susana y Carlos, como si fueran Adán y Eva pero en la era del Whatssap, el primer hombre y la primera mujer. Esto no le desagradó a Carlos, por el contrario.

-Quedamos solamente vos y yo, Carlos–mandó un mensaje la chica con un emoji de carita triste.

-¡Al fin solos!–contestó muy canchero Carlos.

Y de este modo, se animó a decirle a Susana, que ya estaba separada desde hacía mucho tiempo, lo que nunca tuvo el valor de decirle en el cole.

-¿Quérés que salgamos a tomar algo?

-Si, dale -le contestó- ¡Pero con una condición!

Carlos se sorprendió, se esperaba que la mujer le dijera «solo como amigos» o «mirá que estoy con alguien»

-Seguro… ¿Qué condición?

-Si vamos a tomar un café, nada de hablar de Política, ni de religión, ni de fútbol…a pesar de que vos seas de River y yo de Boca.

El hombre por dentro suspiró, se esperaba otra respuesta.

-¡Dale… ni política, ni religión, ni fútbol!

Pasaron unos minutos, hasta que el celular de Molinari, emitió un sonido de un nuevo mensaje, era de Susana.

¿PUEDE SER EL SÁBADO? ¿A QUÉ HORA ME PASARÍAS A BUSCAR?

Por dentro, Carlos muy feliz, agradeció que el resto hubiese abandonado el barco.

04/02/22 P/12