Estés donde estés

ZONA LITERARIA |EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Jorge Zuhair Jury

…Estés donde estés, me haría mucho bien verte y hablar con vos. Me haría desesperadamente bien. No sabes el bien que me harías. Últimamente no paro de pensar en vos. Yo no sé qué es esta cosa que a veces se me vuelve desesperación de necesidad de verte. Esta cosa es cada vez más fuerte. A veces es tan fuerte que hasta me duele el pecho, y me duele mal, pero mal de mal. Otras veces me digo: ¿Me estaré enfermando? Pero no; no es eso, son los recuerdos. Son tus recuerdos. Sos vos, Negra querida. ¿Te acordás cuando te metía en la locomotora y lo primero que hacías era abrirme la camisa y olerme el pecho hasta que se te corrían las lágrimas y no había forma de pararte el llanto? Lo que vivíamos, más que vida, era un sueño. Cuantas locuras, ¿no Negrita? El dolor del pecho, es por vos. Nada más que por vos, Negra; porque si yo me pongo a pensar, a pesar del tiempo y todo, la verdad es que estoy fuerte; y también me doy cuenta que cuando no pienso en vos, el pecho no me duele. Hablando del dolor del pecho, los otros días fui a darle una mano a Juancito; vos te has de acordar de él que era fogonero en esas locomotoras de antes, esas que andaban a vapor; yo te lo presenté un día. Para entonces Juancito ya era algo viejón; un flaco, que para reírse se tapaba la boca porque era desdentado y vos, así y todo lo querías, y hasta lo llamabas tío porque como sabias que yo nunca te iba a presentar mi familia , lo tomaste como eso, como familia . ¡Cuánto me querías! Bueno, la cosa es que lo ayudé a levantar una piecita para el más chico de los nietos que se casa dentro de unos meses. Sudé como perro, y ni lo sentí. Y el pecho no me dolió. Por eso te digo que lo del pecho es por vos, y que yo estoy bien. ¿Qué te parece lo de Juancito que ya tiene nietos casados?. ¡Cómo ha pasado el tiempo, Negra! Hablando de eso, hoy si me vieras no me reconocerías. Sigo teniendo algo de pinta, no te digo que no; pero se me ha achicado el cuerpo; he quedado flaquísimo, arrugado, y se me ha caído casi todo el pelo; me quedan cuatro mechas canosas que me las he dejado crecer larguísimas, y me las ato con una gomita de esas que usan las mujeres; son de esas gomitas que también se ponen los pendejos de ahora que tienen el pelo largo. Boludeces como para no sentirme tan viejo,¿No? Y te cuento esto porque vos siempre me quisiste fuera como fuera. ¡Que manera de quererme, Negra! Te cuento también que me jubilé, así es que desde hace un tiempo me sobran las horas y se me ha dado por ir a perder el tiempo por cualquier parte, plazas, calles, por cualquier parte. Los otros días me rechiflé y fui a parar al bar La Paz en la calle Corrientes porque me acordé que ahí a veces van artistas. ¿Por qué carajo me vino ese berretín, no lo sé. La cuestión es que fui y me senté, pedí un café y me quedé mirando para la calle ; pero yo sentía que muchos ahí adentro , mientras me miraban , pensarían: este debe ser un artista . Yo digo que eso lo pensarían por el pelo canoso y larguísimo que me llega hasta la cintura, y también un poco por lo flaco. Después que salí y caminé unos pasos, me puse a pensar que me estaba poniendo un poco pelotudo, porque mientras estuve sentado ahí adentro llegué a sentir una sensación calentita, como la que a lo mejor sentirán los que son artistas. Qué se yo, Negra. Pero volviendo a lo nuestro; como imaginaras, yo sigo siempre aquí, en Paso del Rey. Claro que para vos, nombrarte Paso del Rey es algo así como nombrarte un fantasma, un hormiguero de misterios, un laberinto de calles y tumultos de gente entre las que me buscabas sin poderme hallar. Si me habrás buscado. ¿Y dónde me ibas a encontrar si yo era casado y nunca te di la dirección . Vos me comprendes, mi vida. Mirá si un día te aparecías y tenía un requilombo con mi mujer. Además, para ese tiempo, con mi mujer ya teníamos dos pibes. Yo eso te lo conté, lo de los pibes, digo. Si, te lo conté. ¡Cómo ha pasado el tiempo, mi amor! Los chicos se casaron y se fueron a vivir por su cuenta. Una vez por semana mi mujer va a visitarlos y se pasa el día con ellos. Ese es el día más feliz de mi vida. Ese día te lo dedico a vos, todas las horas para vos. Al quedar a solas busco el recorte del diario con el asunto ese que ocurrió después que yo te abandoné. Desde ese tiempo lo tengo escondido, y lloro como un hijo de puta, lloro sin consuelo. Estoy casi seguro que ni vos misma supiste nunca que saliste en un diario porque se ve en la foto, y el diario también lo dice, que se te había ido la razón, que estabas loca; y en medio de policías, rieles, y gente con cara de asombro, te iban bajando de la locomotora, y vos gritabas: -…Déjenme, yo solo quiero ir a Paso del Rey donde vive el Negro. Déjenme; yo sé manejar la locomotora; yo lo que quiero es ver al Negro… – Así dice en el diario que gritabas, y está tu foto y el del policía que te abraza tratando de arrancarte del último peldaño de la locomotora, y gente mirando, y vos con los brazos desesperados. Está todo en el diario. Solo yo sé que eras capaz de manejar la locomotora porque yo mismo te enseñé en cien viajes en los que nos matábamos de amor. ¡Y la moviste; cien metros, la moviste, Negrita vieja! Yo tuve la culpa de tu locura porque dejé de verte. ¡Que hijo de mil putas! Pero no sé si me podrás comprender: es que nunca imaginé que de amor se podía enloquecer. Desde entonces suelo recorrer esos lugares de gente que ha perdido la razón. Pero no entro. Los miro de lejos, desde la vereda. Nunca logré verte. Y es que hay muchos manicomios. Muchas veces se me ha hecho la noche apretado el rostro contra las rejas viendo el ir y venir de los enfermos, y entonces siento que quisiera ser uno de ellos, que caminan, que van y vienen y no saben que van y vienen. Quisiera ser como vos, que habrás quedado en tu locura como los fuegos de las locomotoras. ¡Dios mío, Negrita! Menos mal que algunas noches cuando me viene tu recuerdo y empiezo a revirarme mal, me voy al café a charlar con los muchachos, ahí me alivio. Son tres viejos cafetineros macanudos que saben mucho de la vida. También saben todo lo nuestro porque yo se lo conté. La otra noche uno me dijo: -Che, y si al fin un día te la encontrás y ella no sabe quién sos?- Eso me jodió duro y mal. Otro dijo: – ¡Cuantas cosas se nos van de entre las manos por miedo, y por cagones, ¿no? – A ese le di toda la razón del mundo. Pero anteanoche el que más me jodió fue Caciano, que de todos es el que más calle tiene, dijo: -Terminala con lo de la mujercita esa, gil. Si en esos tiempos no te diste cuenta que la mina era capaz de enloquecer de amor y manejar una locomotora hasta Paso del Rey para dar con vos, ahora comete el garrón, y cortá el tango, pedazo de hijo de puta.- Vos me conocés, Negrita; no le bajé los dientes porque ya somos viejos, y un poco también porque me acordé que Caciano en un tiempo había tirado los guantes. Pero algún día me la voy a cobrar. Hoy a Caciano, le corté la amistad, no lo hablo más. Yo sigo igual. Y cuando llega el día que mi mujer se va a ver a los nietos, siempre sigo sacando el recorte del diario y me siento a pensar en vos. El día que te encuentre te voy a contar todo esto. Yo sí creo que aunque hayas perdido la razón, al verme te vas a acordar de mí. Que he cambiado mucho, es cierto; pero así y todo, sé que te vas a acordar de mi porque aunque he cambiado mucho, no es por agrandarme, pero creo que todavía algo de pinta tengo…

2014

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