«Estoy dispuesto a que me maten pero no a matar»

Cumpliendo presagios

Foto: Julio Cortázar escucha al padre Carlos Mugica en la Federación Gráfica Bonaerense. Atrás Vicente Zito Lema y Jerónimo Podestá, 1973

El 11 de mayo de 1974, después de celebrar misa en la Parroquia de San Francisco Solano, Carlos Mugica fue ametrallado. El crímen lo ejecutó la banda clandestina paraestatal Triple A comandada por José López Rega, secretario privado del presidente Perón y Ministro de Bienestar Social. En 1973, Mugica había sido asesor de ese Ministerio durante dos meses, cargo al que había renunciado por «discrepancias insalvables en relación a la política aplicada a las villas». López Rega lo había difamado acusándolo de corrupción en el manejo de los fondos. El crímen se cometió 10 días después del primero de mayo en que el presidente Perón acusó de imberbes y estúpidos a quienes poco tiempo atrás había llamado juventud maravillosa.

Carlos Mugica nació el 7 de octubre de 1930 en el seno de una familia acomodada, su padre, Adolfo Mugica, era un ingeniero civil de destacada participación política en el Partido Conservador. Tenía seis hermanos. A los 21 años dejó sus estudios de derecho e ingresó en el Seminario de Villa Devoto. Después de ordenarse sacerdote en 1959 pasó un año en el Chaco santafesino. De regreso fue vicario cooperador en la Parroquia Nuestra Señora del Socorro, asesor de jóvenes universitarios y profesor de teología en la Universidad del Salvador. Además fue secretario privado del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Caggiano, y asesor de la Juventud de Estudiantes Católicos del Colegio Nacional de Buenos Aires, donde entabló relación con Carlos Ramus, Mario Eduardo Firmenich y Fernando Abal Medina, entre otros jóvenes que más tarde fundarían Montoneros.

A pesar de su origen y de una posiblemente exitosa carrera eclesiástica por delante, encontró su verdadera vocación junto a los más humildes en la villa de Retiro. A fines de 1968, se incorporó al Equipo Pastoral para Villas de Emergencia y comenzó a participar activamente del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Ese mismo año estuvo en Francia, donde vivió de cerca el Mayo Francés. En esa oportunidad, se entrevistó con Perón en Madrid. Mugica adhiere al Movimiento Peronista por entender que «es la instancia histórica a la que debe acceder un cristiano para mirar las cosas desde el lado de los pobres».

En 1970, fue detenido a causa del responso que realizó a Ramus y Abal Medina, integrantes de Montoneros y muertos en un enfrentamiento. En noviembre de 1972, formó parte del charter del primer regreso de Perón desde el exilio. A fines de ese año fue gestor de la reunión que 60 sacerdotes tercermundistas tuvieron con Perón. Fue allí cuando recibió el ofrecimiento de ser el primer candidato en la lista justicialista de la Capital, cargo que rechazó.

En su libro Peronismo y Cristianismo de 1973 dejó en claro su punto de vista sobre las relaciones entre peronismo y socialismo, el sacerdote y la política y el papel de la iglesia en el Tercer Mundo. Mugica criticó la lucha armada luego de superada la dictadura, en un marco democrático. Después del asesinato la derecha fascista peronista y la izquierda revolucionaria se acusaron mutuamente de haberlo cometido. Transcurridas 4 décadas queda claro que el crímen lo ejecutó la banda clandestina paraestatal Triple A, organizada y financiada por el Ministerio de Bienestar Social de la Nación.

EL ASESINATO

Montoneros difundió de inmediato un comunicado negando la autoría del hecho e imputaba el mismo a «las bandas armadas de derecha«: el último acto público del Padre Mugica había sido una misa por un dirigente villero asesinado por la policía.

Con el tiempo, la opinión mayoritaria se inclinó por imputar el crimen a la organización de derecha Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Algunos sindican a Rodolfo Eduardo Almirón, miembro de la custodia del entonces presidente e integrante de la Triple A, como el autor material del crimen. Según versiones de testigos, el autor fue un individuo con bigotes. Mugica fue baleado con una ametralladora Ingram MAC-10. Los proyectiles le afectaron abdomen y tórax; trasladado al hospital, falleció a los pocos minutos. Ese modelo de arma era el utilizado en atentados por la Triple A.

El 19 de febrero de 2016 la jueza María Servini de Cubría condenó por el delito de asociación ilícita, por haber pertenecido a la Triple A, a Jorge Héctor Conti, Carlos Alejandro Gustavo Villone, Julio José Yessi, Norberto Cozzani y Rubén Arturo Pascuzzi. En el juicio quedó acreditado que esa organización parapolicial realizó el asesinato del padre Mugica.​

En conexión con la causa por asociación ilícita, en abril de 2016 el fiscal Eduardo Taiano, pidió a la jueza Servini de Cubría, que se condene a Jorge Conti, Carlos Villone, Julio José Yessi y Rubén Pascuzzi, por cuatro homicidios, privaciones ilegítimas de la libertad y lesiones graves. Uno de los cuatro homicidios es el de Carlos Mugica.

La Fiscalía dio a conocer el pedido de condena en estos términos: El 11 de mayo de 1974, después de las 20, Eduardo Almirón, secundado por Miguel Ángel Rovira, disparó cinco veces contra Carlos Mugica a metros de la iglesia San Francisco Solano. Junto a él se encontraba Ricardo Rubens Capelli, que sufrió lesiones graves por balas provenientes desde adelante. Así lo determinó el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°5 el 12 de julio de 2012, en el marco del expediente 14.905/2009, a través del testimonio de al menos cuatro testigos del homicidio que vieron también cómo los atacantes escapaban a bordo de un Chevrolet de color verde claro, que luego se identificó como robado.

Almirón murió en 2009 mientras estaba detenido y procesado.

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