Europa espera el ‘apocalipsis’ ultraderechista tras la amputación británica

Por Luis Gonzalo Segura*

Photo Bloomberg

El futuro Brexit es mucho más que una amputación cartográfica a la Unión Europea, es la materialización del fracaso de un modelo. Es el final del camino al infierno planificado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y dinamitado por sus estrafalarios pupilos, Trump y Johnson.

El reciente triunfo electoral de Boris Johnson el pasado 12 de diciembre provocará la salida inmediata del Reino Unido a lo largo del año 2020. Aunque la misma debe ejecutarse antes del 31 de enero del próximo año —no se prevé que se extienda una nueva prórroga hasta el 31 de diciembre de 2022—, ello no significa que el proceso termine para entonces. Se abrirá un proceso de negociación en el que no se descarta que la salida británica se produzca sin un Acuerdo de Libre Comercio y, por tanto, afecte directamente al comercio y a los trabajadores.

En las anteriores líneas, en solo un aséptico párrafo, quedan esbozados con claridad los dos elementos claves de la debacle europea y del colapso del modelo liberal. Por un lado, comprobamos que las coordenadas en las que se negocia son únicamente económicas: trabajadores y comercio —impuestos—. Craso error, certera revelación. Europa es poco más que los cimientos sobre los que se levantó: el carbón y el acero —CECA, Comunidad Europea para el Carbón y el Acero, 1951—. Por otro lado, el triunfo de otro político extravagante —por emplear un eufemismo— y la normalidad con la que se ha recibido no deja de resultar desalentador por la categoría de pandemia que empieza a adquirir la expansión de la derecha más reaccionaria, ignorante y obscena: Estados Unidos, Italia, Brasil, Polonia, Hungría. Este otoño ideológico parece cada día más inhóspito.

No deja de resultar desalentador por la categoría de pandemia que empieza a adquirir la expansión de la derecha más reaccionaria, ignorante y obscena: Estados Unidos, Italia, Brasil, Polonia, Hungría. Este otoño ideológico parece cada día más inhóspito.

El fracaso de Europa: del carbón y el acero a Boris Johnson

El proyecto europeo se edificó sobre el carbón, el acero y la energía atómica. Sobre el business liberal, sobre el libre comercio. La Unión Europa, con estos planos, se construyó como un gran mercado con libre circulación de mercancías, capitales, servicios, bienes y trabajadores. Ese es su mayor éxito y, a la vez, su mayor fracaso. Un edificio en el que todos contemplan ensimismados los deslumbrantes resultados macroeconómicos, pero ignoran los inquietantes datos de la economía humana que está horadando los cimientos. El Brexit y Boris Johnson solo son dos de las múltiples grietas que aparecieron en los últimos años: el ala este del edificio amenaza derrumbe —Europa del Este cada día más entregada a la ultraderecha— y la cara sur no soportará mucho más tiempo las diferencias con la cara norte —el ‘no Grexit’, Salvini en Italia o Vox en España—. Perder Reino Unido solo es el principio. O, mejor dicho, el final.

Porque, salvo giro imprevisto de último momento, el Brexit se resolverá en la selva capitalista —de ahí el buen recibimiento de los mercados bursátiles al triunfo de Johnson—, lo que poco o nada afectará a lo esencial de Europa: el negocio. Antes o después habrá acuerdo. Es cuestión de beneficios, de ajustes contables, de batallas comerciales.

Indigestión en el Este, PIGS en el Sur y metástasis ultraderechista

Sin embargo, las consecuencias de edificar en la ciénaga de la macroeconomía son evidentes más allá del Brexit: los países de Europa del Este se ha indigestado, los llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) empeoraron con la llegada de los contables europeos y la ultraderecha está completamente desbocada.

Con la premisa económica como prioridad, la incorporación a la Unión Europea de la antigua Europa Oriental resultó inevitable: demasiados millones de ávidos consumidores a los que vender y demasiados millones de cualificados trabajadores a los que explotar. Pero el negocio, hoy, no parece más indigesto: países entregados a una extrema derecha eurófoba, homófoba y racista. La Hungría de Viktor Orbán y la Polonia de Andrzej Duda están provocando una enorme tensión entre Occidente y Oriente, con múltiples batallas jurídicas, reconstruyendo un muro imaginario tan sólido como «imaginario» le parece al presidente polaco la Unión Europea.

Los PIGS, los ‘cerdos’ países meridionales, recibieron la visita de los sabios y tecnócratas contables europeos hace una década para reconstruir el desastre causado por la crisis. Eran expertos económicos que, se suponía, solucionarían todos los problemas con políticas austeras. Porque el problema era que estos países gastaban demasiado. Sin embargo, el austericidio no ha solucionado gran cosa a nivel económico mientras ha provocado que Italia esté gobernada por la extrema derecha, la cual se ha convertido en la tercera fuerza política tanto en España como en Grecia y el fascismo mediterráneo haya resurgiendo con virulencia. Solo resiste Portugal. Y lo hace, curiosamente, con las políticas contrarias a las que pretendía imponer los mencionados e ilustrados contables.

El austericidio no ha solucionado gran cosa a nivel económico, mientras ha provocado que Italia esté gobernada por la extrema derecha, la cual se ha convertido en la tercera fuerza política tanto en España como en Grecia y el fascismo mediterráneo haya resurgiendo con virulencia.

Pero el escenario político europeo no solo es inquietante en el sur y el este de Europa: la extrema derecha gobierna en Polonia, Hungría e Italia —aunque fueron el segundo partido más votado— y cogobierna en Austria; son la segunda fuerza política en Francia, Dinamarca, Países Bajos y Finlandia; son la tercera fuerza en Alemania, Suecia, Grecia y España; y un extravagante Boris Johnson ha vencido en Reino Unido.

La Unión Europea, ante su propio colapso

La Unión Europea se encuentra ante su propio colapso, ante una apocalipsis ultraderechista, pues probablemente haya rebasado el punto de no retorno: el momento en el que el derrumbe del proyecto es ya inevitable independientemente de las medidas que se tomen. Es por ello que ha llegado el momento de reflexionar, de proponer, de construir.

Explicaba recientemente Thomas Piketty que una solución podría pasar por la demolición de Europa —considera el Tratado de Maastricht firmado en 1992 como un error— y la reconstrucción de un pequeño núcleo —Italia, Alemania, Francia o Bélgica— que no solo apueste por la libre circulación de bienes, trabajadores y capitales, sino que implemente un sistema fiscal y un proyecto social justo. Acierta.

El salario mínimo en Europa oscila entre los 286 euros en Bulgaria y los 2.071 euros en Luxemburgo, todo un abismo. Pero el análisis demuestra algo peor: los 15 países con el salario mínimo más bajo se encuentran en el sur y el este, mientras que las 7 naciones con un salario más alto se localizan en el centro y el norte de Europa —Reino Unido, Irlanda, Francia, Países Bajos, Alemania, Bélgica y Luxemburgo—. Traducido en una sola palabra: desigualdad continental, que esconde a su vez una todavía más terrible desigualdad local en cada país.

Los 15 países con el salario mínimo más bajo se encuentran en el sur y el este, mientras que las 7 naciones con un salario más alto se localizan en el centro y el norte de Europa —Reino Unido, Irlanda, Francia, Países Bajos, Alemania, Bélgica y Luxemburgo—. Traducido en una sola frase: desigualdad continental.

La solución pasa por una construcción comunitaria: salario mínimo, sanidad, educación, cultura, fiscalidad, hacienda, justicia, ejecutivo, legislativo, defensa o ejército comunitarios. Una construcción que no se base en lo económico, sino en lo estatal, social y cultural. Un modelo supranacional, federado y democrático, que termine de una vez por todas con los estados nacionales y la fragmentación europea que tan dañina ha resultado a lo largo de la historia en términos humanos, económicos, sociales y personales. Una Europa fuerte e independiente de Estados Unidos, que pueda convertirse en un actor geopolítico mundial.

El colapso ya es inevitable, lo que ahora se negocia es el día después: una Europa nueva o una Europa ultraderechista.

* Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

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