Exhortan a la unión y desarrollo solidario para enfrentar a ultraderecha

Un «modelo de desarrollo solidario», la fórmula: Grupo de Puebla

Por Emir Olivares Alonso

Foto: El chileno Marco Enríquez-Ominami (coordinador del Grupo de Puebla), el ecuatoriano Rafael Correa, el español José Luis Rodríguez Zapatero, la brasileña Dilma Rousseff, Mario Delgado (presidente nacional de Morena), el colombiano Ernesto Samper y el paraguayo Fernando Lugo, en la inauguración del encuentro ¡Cambio Ahora!Foto Cristina Rodríguez.

Líderes progresistas de Iberoamérica advirtieron sobre el reagrupamiento de la extrema derecha en la región, lo que ha puesto en riesgo las democracias y el interés de los sectores más vulnerables.

Enfatizaron que sólo con la unificación de América Latina se podrán combatir los embates de esos sectores ultraconservadores, resolver el histórico problema de la desigualdad –acentuado con la pandemia de Covid-19– y responder al fracaso del neoliberalismo, por lo que llamaron a impulsar «un nuevo modelo de desarrollo solidario».

Ayer, durante la inauguración del séptimo Encuentro del Grupo de Puebla –que congrega a muchas de las personalidades más emblemáticas de izquierda–, mandatarios y ex mandatarios de la región celebraron el triunfo en Honduras de Xiomara Castro en el proceso electoral del domingo pasado, pues representa un proyecto progresista y será la primera presidenta en la historia de esa nación centroamericana.

Alertaron que en la región los grupos de ultraderecha han emprendido una estrategia para, usando las propias instituciones democráticas, atacar a los liderazgos progresistas y sus gobiernos, deslegitimarlos, orquestar los llamados «golpes blandos» o las guerras jurídicas (lawfare), con la intención de regresar a regímenes que sólo buscan los intereses de las minorías.

El presidente de Brasil entre 2003 y 2010, Luiz Inácio Lula da Silva, envió un videomensaje en el que enfatizó que las naciones latinoamericanas «no pueden seguir siendo el patio trasero de nadie en el siglo XXI, ni renunciar a su soberanía».

Llamó a la unidad de América Latina, dijo que se debe aprender del ejemplo de Europa y exhortó a los asistentes al encuentro a trabajar para la construcción de una nueva gobernanza mundial «que tenga la autoridad moral para resolver determinados conflictos, tenga el coraje para evitar guerras, que piense en la construcción de un mundo más justo, más humano, en acabar con el hambre».

También vía remota, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, consideró que las naciones de la región deben trabajar de manera conjunta para recuperar la lógica de desarrollo para todo el continente.

«Si hay algo que evidenció la pandemia es la desigualdad que el sistema económico ha generado en América y es un imperativo ético modificarla.»

Planteó que la distribución de las vacunas ha sido «una gran injusticia», pues 90 por ciento se dirigieron a los 10 países más poderosos del mundo; mientras, por ejemplo, África fue abandonada a su suerte, sin antígenos, «y ahora enfrenta una nueva variante que pone en jaque a todo el sistema internacional».

Presente en el salón donde se realizó el encuentro, el canciller mexicano Marcelo Ebrard aseguró que este foro es «un laboratorio de esperanza» porque surgirán iniciativas de carácter social que pueden ser implementadas por los gobiernos progresistas de la región como decisiones de Estado.

Al Grupo de Puebla lo une y motiva, dijo, la esperanza en la construcción de sociedades libres, justas, igualitarias. «Jamás nos resignemos a la desigualdad. Estamos comprometidos para dar una respuesta al agotamiento y al gran fracaso estruendoso del neoliberalismo en nuestro continente y en todo el mundo, pero también para señalar lo que hoy nos preocupa y lo que lastima a nuestros pueblos».

El ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero indicó que muchos sectores afirman que «el problema de América Latina es el comunismo, y no es así, su verdadero problema es la desigualdad, la pobreza y la falta de respuesta institucional de tantas décadas a la corrupción».

Una Latinoamérica unida, aseveró, es la clave para afrontar los desafíos globales remarcados por la pandemia, como la desigualdad y la «derechización de la derecha».

Mostró su confianza en el triunfo de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil del próximo año, con lo que se podría configurar una alianza con el gobierno en México de Andrés Manuel López Obrador «para cambiar el continente y el orden internacional. Ojalá se consume esa unión de dos presidentes progresistas en un momento tan decisivo históricamente y aporte a un proceso de integración latinoamericana y de cambio en el orden internacional».

En ese acto también participaron el presidente de Bolivia, Luis Arce; los ex presidentes Dilma Rousseff (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay), Ernesto Samper (Colombia) y Rafael Correa (Ecuador), así como Alicia Bárcena, directora ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, entre otros.

La Jornada