Explicación de la guerra

Por César Vallejo

[Crónica escrita en abril de 1927 en Paris, publicado en Mundial N° 364, Lima, el 3 de junio de 1927]

Un hombre que ha llegado a adquirir sensibilidad quimica, o más precisamente farmacéutica, está, sin duda, capacitado humanamente para ser herido. Un hombre que ha descubierto el yodo, ¿qué ha de hacer sino buscar a ser herido o, por lo menos magullado? Un pueblo que en mitad de una fogata de obuses puede sacar un poco de éter y unos finos bisturies de su invención para operar inmediatamente a un sargento y evitarle una gangrena es, sin réplica, un pueblo que disfruta del derecho a la batalla. Si no se enoja mucho M. Barbusse en la cércel, ni el sefor Briand en el Quai d Orsay, séame posible aventurar que la guerra es acaso hermosa, entre otras cosas, porque existe el cloroformo. Filosóficamente, toda herida tiene su remedio; metafisicamente, a todo remedio corresponde una herida. Cientificamente también es asi. Hay ingentes virtudes medicinales inéditas en la naturaleza. Para suscitarlas, en bien de la humanidad, existe un solo y único reactivo: el dolor. Todo remedio reclama, pues, una herida.

Pero, los moralistas de buena voluntad podrén sostener que no es el remedio el que antecede a la herida y la suscita, sino al contrario, primero se produce la herida y luego se busca el remedio. Los grandes descubrimientos de medicina y ciru- gia se diré se producen a raiz de las grandes matanzas. Si no hubiera guerras, no seria posible ning{n descubrimiento en la materia. Son, pues, las heridas las que hacen nacer los remedios y no al revés. A lo que los grandes misticos de la ciencia podrán argumentar muy sutilmente que, en verdad, el potencial farmacéutico existe ya desde siempre en la naturaleza y que el dolor no viene més que a precipitarlo. Esto mismo sucede con todas las energias cientificas. El petróleo artificial, por ejemplo, que acaba de ser descubierto y fabricado por el eminente químico francés M. Audibert en su laboratorio de Senlis, existia ya en potencia en la naturaleza. «Los elementos constitutivos de los hidrocarburos que forman el petróleo -dice un critico de ciencia- se hallan dispersos en las formas naturales. De lo que se trataba solamente era de provocar su combinación, lo que se ha logrado por el maravilloso fenómeno de la catélisis».

De todos modos y puestos de lado estos debates técnicos acerca de la relación de causalidad entre la quimica farmacéutica y las guerras, no seré mucho si se sostiene, por lo menos, que solo Alemania, Francia, Inglaterra tienen derecho a guerrear, a causa de haber creado métodos de cirugia, fórmulas medicinales, cueros terapéuticos, instrumentos clinicos, medicamentos. ¿La guerra es buena o mala? Hay sus teorias. De lo que se puede estar seguro es que, si la guerra es mala, lo es menos cuando la hacen grandes pueblos creadores. En cambio, de ser mala la guerra, lo es més cuando la hacen pueblos inferiores, que los hay. Y que, desde el punto de vista de la creación, un fusil es -digase lo que se quiera en contrario- una muy bella cosa, funcionando en manos de su inventor. En manos de su inventor. En manos de otro, que no lo haya inventado, pierde todo su sentido estético y biológico y se forma una cosa monstruosa y antivital. Un fusil arrancado de manos de su inventor, de modo orgánico y casi vegetal y puesto en otras manos, ajenas a su invención, denuncia suplantación, fraude biológico. Debe causar una emoción reconfortante, una gran emoción, de afirmación vital, el espectéculo de un soldado alemén, pongamos por caso, que cae en una batalla y, de pronto, despierta y siente constatándose a si mismo en todo ello que le asiste un cirujano alemán, que le aplican remedios de invención alemana, en fin, que vuelve a ganar la vida por esfuerzo y creación alemana… Ese soldado se siente entonces en su propio hogar histórico, en el seno de su propia entrafa cultural, que es la entrafa més cara del hombre.

No hay aqui nacionalismo, cuestiones raciales y ni siquiera culturales. Aqui hay una cuestión profundamente humana, un imperativo de creación común a todos los hombres, una necesidad de hogar cultural, ¿Georges Duhamel ha referido tal vez esta emoción que debe sentir el hombre del dolor, al sentirse socorrido y salvado por obra de su propio estado de cultura, es decir, con los frutos de su propia vigilia creadora?… ¿La ha referido tal vez el mismo Barbusse? ¿Tal vez Thierry Sandre? ¿O Apollinaire? ¿O Drieu La Rochelle? Merece este momento de la trinchera haber sido auscultado.

Pero aquel sujeto salvaje, aquel pobre hombre sin historia, a quien se le da un fusil para que vaya a ciegas al campo de batalla, ha de sufrir sordo sufrimiento de violencia histórica cuando siente que una mano extranjera aun siendo de su misma raza, y sin nexo con su propio temple creador, le aplica en sus heridas un medicamento igualmente extranjero a su estado de cultura. Este fusil que él manejó no fue hueso de sus huesos y ese medicamento con el que va a ser curado no es sangre de su sangre.

Un hombre cuyo nivel de cultura -hablo de la cultura sanguinea y vital- esté por debajo del esfuerzo creador que supone la invención de un fusil no tiene derecho a usarlo. Un pueblo cuyo nivel de cultura esté por debajo del esfuerzo creador que supone un descubrimiento terapéutico no tiene derecho a hacer la guerra.

Salvo mejor parecer.


Extraído de: César Vallejo – Del siglo al minuto. Crónicas sobre máquinas y ciencia. Selección y presentación: Mariana Rodríguez, Yaneth Yucasaca y Rodrigo Vera. Casa de la Literatura Peruana, 2021.

César Vallejo (1892-1938) realizó una obra vasta y diversa: escribió poesía, narrativa, teatro y crónicas periodísticas. Estas últimas, acaso menos conocidas hoy, fueron publicadas en distintos periódicos de América y Europa. Abordaban una multiplicidad de temas, entre ellos, algunos dedicados a los avances científicos de la época, al desarrollo tecnológico y a las transformaciones sociales y culturales suscitadas por estos.

Del siglo al minuto reúne 26 textos escritos desde 1925 a 1931. En ellos comparte su asombro, sus acercamientos y tensiones frente a un nuevo tiempo. Así va desglosando múltiples aspectos: qué es la ciencia, cómo aporta al ser humano; qué impactos ejerce la tecnología en la vida cotidiana, quiénes acceden a ella; de dónde surge y qué sensibilidad está construyendo esta revolución.

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