Fangal

Por Mónica Peralta Ramos

En estos días cercanos a las PASO, fantasmas del pasado irrumpen súbitamente en la escena política desgarrando por un instante las brumas que emanan de un gobierno empeñado en ocultar la realidad anestesiando a la población con el miedo a “los de abajo”. Alberto Fernández, candidato a la Presidencia de la República, expuso esta semana las primeras medidas a adoptar por su gobierno en caso de ganar las elecciones este año. Estas medidas han provocado un debate que permite revelar el saqueo inherente a la política de ajuste llevada adelante por este gobierno y la capacidad de esta política de provocar una hecatombe económica y social semejante a la vivida en un pasado no tan lejano cuando los ingresos y ahorros de amplios sectores medios de la población fueron sustituidos por papelitos de color. Paradójicamente, estos sectores sociales constituyen hoy el principal territorio de disputa electoral entre la oposición y Macri.

El domingo pasado, en una entrevista con Roberto Navarro, director de El Destape, Alberto Fernández propuso garantizar medicamentos gratis y un aumento del 20% a los jubilados, desdolarizar las tarifas públicas y hacer un acuerdo de precios y salarios. Estas políticas serán financiadas dejando “de pagar los intereses de las LELIQs que está pagando la Argentina todos los días”. Así, una escueta frase de Alberto Fernández permitió sacar a relucir la esencia de la política actual basada en brutales e invisibles transferencias de ingresos desde los que menos tienen y son los más, hacia un sector empresario muy poderoso y reducido, encarnado en este caso por los bancos. Acto seguido, Alberto Fernández aludió a la relación existente entre esta política financiera y la política cambiaria del gobierno: “Un dólar que hoy esta ficticiamente retrasado… y todo el mundo lo sabe”. Por eso “el campo no liquida la cosecha récord esperando que se sincere… nos hacen vivir con un dólar barato que se fuga permanentemente de la Argentina y a cambio pagamos tasas exorbitantes que impiden el desarrollo” (lpo.com 29 7 2019). Concluyó subrayando la necesidad de sustituir la especulación financiera por la inversión productiva, recortando las tasas de interés y adoptando un tipo de cambio alto que permita «promover las exportaciones y generar las divisas necesarias para pagar la deuda» (infobae 30 7 2019). La reacción oficial fue inmediata: al día siguiente el FMI hizo valer su autoridad aseverando la continuidad de la actual política monetaria “con altas tasas de interés» (lpo.com 29 7 2019). Al mismo tiempo, el gobierno y sus medios afines detonaron una andanada mediática acusando a Alberto Fernández de promover un default y una corrida cambiaria con el fin de desestabilizar el presunto avance de la candidatura de Macri en las encuestas (lpo.com 30 7 2019).

A pesar de su carácter escueto y poco profundo, las declaraciones de Alberto Fernández pusieron el dedo en la llaga de un presente acechado por una corrida cambiaria inminente, una corrida estrechamente relacionada con un andamiaje financiero que no solo concentra los ingresos en muy pocas manos sino que amenaza con hacer estallar a la economía impactando severamente sobre el conjunto de la sociedad. De este modo, poco a poco empieza a tomar cuerpo el carácter desestabilizador de la política actual y el modo en que la misma condiciona al próximo gobierno. Esto permite que el objetivo estratégico de endeudamiento ilimitado perseguido por el FMI en el país pueda a salir a la luz del día.

 

Fuga de capitales, cepo y corrida cambiaria

La campaña electoral de Macri ha tenido como uno de sus nortes demonizar la política de control de cambios del gobierno de CFK, mal llamada cepo. En el relato oficial la corrida cambiaria surge de ese supuesto miedo de los mercados (y de los sectores medios de la población que compran dólares a fin de mes para proteger sus ingresos) a un posible triunfo electoral del peronismo y a la consiguiente aplicación de algún tipo de control de cambios. Este cuco es agitado por el oficialismo para inducir a la población a votar a Macri a fin de asegurar estabilidad cambiaria y la consiguiente tranquilidad económica. Este relato apoyado por el FMI es también utilizado por inversores financieros tanto locales como extranjeros. Así, por ejemplo, hace pocos días el poderoso banco norteamericano JP Morgan recomendaba a sus clientes comprar un activo financiero local (LECAPs) aprovechando las altísimas tasas de interés y descontando que el triunfo electoral de Macri permitirá al BCRA mantener un dólar controlado (lpo.com 26 7 2019). En este contexto, las declaraciones de Alberto Fernández cayeron como un balde de agua fría y seguramente incidieron sobre la continuidad de una tendencia ascendente del valor del dólar iniciada la semana anterior. Así, en esta semana el tipo de cambio aumento 1 peso bordeando los $46 al mismo tiempo que el riesgo país trepo a los 818 puntos.

Las corridas cambiarias, sin embargo, tienen en nuestro país raíces estructurales y se iniciaron hace mucho tiempo. Constituyen parte esencial de un fenómeno más general: la fuga de capitales, inherente a la forma de acumulación de capital dominante en el país desde fines de los años ’60. Esta acumulación se basa en una creciente dependencia tecnológica, en el control monopólico de sectores claves de la economía y en el incremento del endeudamiento externo. Al dolarizar los precios de las tarifas y de los combustibles y al promover la especulación financiera con seguro de cambio (dólar controlado) para atraer inversiones financieras del exterior, el gobierno de Macri ha profundizado estos problemas estructurales y los conflictos sociales que los mismos han engendrado a lo largo de las últimas décadas. Esto, sumado a la total falta de control sobre la salida y la entrada de capitales, ha otorgado a la fuga un ritmo inédito durante todo este gobierno.

En lo que va de la gestión de Macri el total de divisas que salieron del circuito financiero compradas legalmente asciende a U$S 70.210 millones. En el primer semestre previo a las PASO se han fugado un promedio de U$S 1.814 millones por mes, con un total acumulado de U$S 10.881 millones (ámbito.com 29 7 2019). La coyuntura financiera internacional de altas tasas de interés creó en 2018 un escenario propicio a la salida de capitales de las economías emergentes. Esto sumado a la creciente puja entre fracciones empresarias locales por una mayor apropiación de los ingresos, expresada en una creciente inflación, detonaron el año pasado una corrida cambiaria de envergadura que desembocó en la intervención del FMI para impedir el default.

Esta intervención del FMI, lejos de eliminar el peligro de una corrida la mantuvo vigente, como complemento de un ajuste que tiene desde su inicio el objetivo de disciplinar tanto las demandas de mayores ingresos por parte de los sectores populares como la puja entre los sectores empresarios que controlan monopólicamente áreas estratégicas de la economía y tienen por ello capacidad para formar precios y apropiarse así de una mayor cuota del excedente, los ingresos y la riqueza acumulada en el país. La política de restricción monetaria y altísimas tasas de interés buscó inducir una recesión profunda y sin límites. Esta recesión sumada a la flotación del dólar dentro de amplios parámetros pretendió domar a la inflación local. A un año de la intervención del FMI, la inflación persiste en el podio mundial y la flotación del dólar se ha transformado en un dólar planchado gracias al uso de más del 80% de las divisas del préstamo stand-by del FMI con el objetivo de aceitar la bicicleta financiera con seguro de cambio, generando una estabilidad cambiaria ficticia que busca inducir el apoyo electoral a Macri por parte de los sectores de la población sensibles a la dolarización de sus ahorros.

La reelección de Macri es de importancia estratégica para el FMI porque asegura la continuidad de una política de ajuste que desemboca en el endeudamiento ilimitado, es decir en la contracción de nueva deuda para enfrentar los vencimientos de la “vieja” deuda imposibles de saldar, debido al ajuste. Esto, en un país con abundancia de recursos naturales no renovables de importancia estratégica, explica que el FMI, bajo las directivas del Presidente norteamericano, haya invertido el 60% de su capital para asegurar la reelección de Macri en circunstancias económicas que violan sus propios estatutos.

 

La corrida cambiaria y la bomba de las LELIQs

A un año de ajuste del FMI y a pesar de la dolarización alcanzada al momento actual, hoy existen en el sistema financiero local inversiones en pesos equivalentes aproximadamente a U$S 29 millones que pueden volcarse a la compra de dólares y fugar si las circunstancias económica y políticas locales e internacionales así lo aconsejan. Frente a esta situación, no solo el BCRA carece de munición suficiente para neutralizar una corrida cambiaria similar a la de 2018 sino que, de ocurrir, pondrá en jaque todo el andamiaje montado en el país para aceitar la especulación financiera.

El FMI ha concedido al gobierno la posibilidad de intervenir diariamente en el mercado de cambios para controlar la estampida del dólar con un tope de U$S 3.600 millones a futuro a ser utilizados hasta el próximo mes de septiembre. Estos se suman a los U$S 3.000 millones que ya tenía el BCRA comprados a futuro y dan un margen de intervención diaria cercana a los U$S 110 millones. A esto hay que agregar los 60 millones de dólares diarios que vende el Tesoro en el mercado, también con autorización del FMI y con el objetivo de regular el avance del valor del dólar. Sin embargo, si hubiese una corrida cambiaria de envergadura la munición asignada al BCRA será insuficiente y tendrá que acudir a las reservas internacionales de libre disponibilidad, unos U$S 20.000 millones. Esto nos lleva a otro frente de tormenta, el de las LELIQ y el crecimiento acelerado de sus intereses.

Los depósitos a plazo fijo en pesos equivalentes aproximadamente a U$S 29.000 millones tienen como contrapartida en los bancos a las letras de liquidez del Banco Central, es decir las LELIQs. Estas son instrumentos financieros que representan una emisión potencial de pesos. Solo los bancos pueden tenerlas y se invierten a un plazo de 7 días con intereses que hoy son del 60 %. La diferencia entre las tasas de interés que paga el BCRA a los bancos por las LELIQs y las tasas de interés que estos pagan a los inversores por los depósitos a plazo fijo dan lugar a enormes ganancias que inducen al mantenimiento del andamiaje especulativo. Actualmente el stock de LELIQs en pesos representa cerca del 90% de la base monetaria y equivale a U$S 29.000 millones. Su interés anual acumulado equivale a U$S 17.800 millones. Si los inversores en pesos deciden comprar dólares, la corrida cambiaria se puede tornar en una corrida sobre los depósitos de los bancos. De ahí la necesidad de mantener altas tasas de interés en pesos conjuntamente con un dólar planchado.

Así, el andamiaje montado para la especulación financiera está atado a los desembolsos del préstamo del FMI y a su utilización para mantener al dólar planchado. Hacia fines de año los desembolsos de este préstamo se acaban y a la bicicleta financiera se le acabará el asfalto, quedará pedaleando en el barro y desatará una estampida hacia el dólar. Hoy las reservas internacionales del BCRA no son suficientes para parar una salida de envergadura desde los depósitos en pesos hacia la compra de dólares. Si a esto se le suma la necesidad de utilizar reservas para enfrentar los vencimientos de deuda a corto plazo se entiende el callejón sin salida en el cual se encerró la política económica de Macri. Esto explica el malhumor oficial ante un candidato de la oposición que osa destapar la olla en la que se está cocinando el brutal condicionamiento que se impone al próximo gobierno: una economía ahogada por una ingeniería financiera al borde del desmadre, en un país agobiado por la recesión e imposibilitado de reactivar su economía gracias a un ajuste que lo condena a aumentar el endeudamiento para pagar los vencimientos de una deuda externa monumental, contraída por este gobierno.

Esto ocurre con una población amenazada por la emergencia alimentaria, el desempleo y el endeudamiento creciente con el solo objetivo de llegar a fin de mes. En este contexto, es saludable que la oposición empiece a desenrollar una maraña que condena al país a un callejón sin salida. Uno de los hilos de ese ovillo endemoniado pronto va a adquirir importancia central. Este hilo conduce a una inflación desmadrada que, como el huevo de la serpiente, permite vislumbrar el origen de buena parte de nuestros males en una economía altamente concentrada y con formación monopólica de precios. Sin embargo, las turbulencias de los conflictos que genera contribuyen a ocultar el camino de salida.

 

El ilimitado endeudamiento norteamericano

El crecimiento del déficit presupuestario de los Estados Unidos ha adquirido relevancia notable durante la gestión de Trump. En los primeros cuatro meses del año fiscal 2019, el ítem correspondiente al pago de los intereses de la deuda pública norteamericana creció a un ritmo acelerado superando en un 9% al crecimiento que esta variable tuvo en el mismo periodo del año anterior. Se estima que en 2019 los intereses de la deuda norteamericana serán equivalentes al 3% del producto bruto norteamericano. Asimismo, se estima que a partir de 2024 toda la emisión de nueva deuda será utilizada para financiar los gastos en intereses de la deuda ya contraída (zerohedge.com 31 7 2019). Así, la enorme deuda norteamericana se precipita rápidamente por el camino del endeudamiento al infinito. Esta situación, de la cual se habla poco y nada, es preocupante en tanto contribuye a erosionar la posición del dólar como moneda internacional de reserva (zerohedge.com 23 7 2019). A esto último también se suma el impacto mundial de la creciente militarización de la política económica norteamericana durante la presidencia de Trump. Esto ha llevado a países que tradicionalmente fueron grandes tenedores de Letras del Tesoro norteamericano, como Rusia y China, a desprenderse progresivamente de las mismas, a aumentar sus tenencias de oro y metales preciosos y a buscar fuentes y sistemas de financiación independientes del dólar (zerohedge.com 12 7 2019, 16 7 2019 etc).

El peso enorme de la deuda norteamericana y las burbujas de precios en los mercados de acciones y bonos explican la presión ejercida por estos días sobre la Reserva Federal, tanto por el propio mercado financiero como por Trump, a fin de lograr varios recortes de las tasas de interés durante este año. Debido al estancamiento de la producción global y al posible impacto sobre la economía norteamericana de la guerra arancelaria con China, la Reserva Federal prefirió tratar de preservar su poder de fuego haciendo solo un recorte del 0,25% de las tasas de interés. Esta medida derivó, contrariamente a lo esperado, en una caída del valor de las acciones y en un fortalecimiento del dólar con el consiguiente impacto sobre la desvalorización de las monedas de las economías emergentes, como la nuestra.

Estos acontecimientos que muestran la enorme fragilidad de la coyuntura financiera internacional imponen la necesidad de replantearnos la política de endeudamiento ilimitado impulsada por el ajuste del FMI, en circunstancias en que la propia deuda norteamericana se expande exponencialmente y afecta al rol del dólar en el mundo. Obligan además a reflexionar sobre las formas de fortalecer el valor de nuestra moneda y sobre la posible incidencia del valor de nuestros recursos naturales no renovables en este proceso.

El Cohete a la Luna

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