A diez años de la muerte de un revolucionario argentino: Envar "Cacho" El Kadri
Por Carlos Aznarez
La épica y el ejemplo de un imprescindible
Hace diez años, el 19 de julio de 1998, el corazón le jugaba una mala pasada a Envar "Cacho" El Kadri, en Tilcara, provincia de Jujuy. Su muerte física se producía poco después de estrenar su ópera prima "Che Ernesto", película que lo tiene como protagonista de un recorrido por Latinoamérica siguiendo el camino del Che Guevara, en la que evoca la lucha del Guerrillero Heroico y la propia como militante revolucionario. Allí Cacho cuenta sueños y tragedias a un joven que poco conoce de ambos combatientes libertarios.
Pero El Kadri tiene mucha más historia que la de haber sido un luchador desde el campo de la cultura. Desde joven instaló su vida en la cosmogonía de la militancia solidaria, generosa y por lo tanto, sacrificada. Fundador, junto con otros patriotas de la primera Juventud Peronista, aquella de la resistencia heroica a la dictadura militar fusiladora de 1955, fue posteriormente jefe guerrillero en los 60, desarrollando con otros jóvenes rebeldes el destacamento rural implantado por las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) en la localidad tucumana de Taco Ralo. Abortado el intento prematuramente, fue encarcelado por varios años hasta que recuperó la libertad por obra y gracia de la movilización popular que forzó el decreto de amnistía en 1973. Integrado inmediatamente a la militancia del peronismo revolucionario tuvo que seguir el camino del exilio donde no dejó de trabajar por la caída de los milicos ni un solo día y forjó junto a otros compatriotas, que sufrían la misma suerte, generosas instancias de solidaridad.
Retornó al país lleno de ganas y se encontró con que el mismo había cambiado demasiado. Sin embargo no aflojó, recorrió barrios y provincias, hablando con los jóvenes que ansiosos, querían hurgar en sus conocimientos de la historia pasada, la de los años en que otros chicos y chicas estaban dispuestos a entregar todo lo que tenían, incluso su vida, a cambio de que el pueblo pudiera aspirar a vivir mejor. Dotado de un humor a prueba de balas, y de una ternura que lo emparentaba con el Che, Cacho nunca dijo que "no" a la hora de intentar construir una instancia que uniera, sin sectarismos, a los compañeros y compañeras que recurrían a él como referente de una épica indestructible.
Sin embargo, los dolores recibidos en el pasado, las piedras en el camino colocadas por los enemigos de la felicidad de los más humildes, no fueron nada a cambio de lo que tuvo que ver, escuchar y padecer en los años nefastos del menemismo. A él, como a tantos que abrazaron con pasión la causa del peronismo revolucionario, Menem les significó algo incluso peor que lo mucho que destruyeron los propios militares en su cruzada fascista y genocida. La razón es obvia: el ex presidente terminó de desestructurar el tejido social, culminó con éxito lo comenzado por los uniformados y lo hizo, guste o no, en nombre del peronismo. Usufructuando las banderas históricas arrojó a la miseria y al espanto a millones de personas.
De allí que no resulte impensable que el infarto de Cacho en Tilcara tuviera mucho que ver con la rabia e impotencia acumulada al ver cómo se iba desmoronando paso a paso la esperanza surgida tras el retorno a la democracia en el 83. Sin embargo, no les dio el gusto a quienes lo tentaron con la claudicación: jamás bajó los brazos, reivindicó hasta el último minutos de su vida la gesta de principios que moldeó a la Resistencia y también la solidaridad internacionalista con todos aquellos que luchan contra el imperialismo. Generoso, abnegado, factor de unidad, combatiente intransigente, irónico e inflexible con quienes cambiaron su alineamiento político por un buen sueldo y un cargo oficial, Cacho El Kadri significa hoy muchísimo más que una evocación emocionada de quienes tuvimos la suerte de sentirlo un compañero y un amigo entrañable.
A diez años de que no lo tengamos a mano para compartir con él un grito de victoria por Cuba socialista, la Revolución bolivariana de Hugo Chávez, Evo y Rafael Correa, el juzgamiento –por fin- de los genocidas en nuestro país, honramos la incorporación de tantos pibes a la batalla -no acabada- de seguir bregando por la Segunda Independencia. Diez años después de tu partida sin aviso, Cacho querido, extrañamos tu presencia para lanzar juntos una puteada de bronca por la angustiante desaparición de Julio López, la persecución a Puthod, secuestrado y golpeado por honrar la memoria de sus hermanos montoneros, el hambre de –todavía- una buena franja de descamisados o el retorno solapado de los nostálgicos de la dictadura disfrazados de caceroleros amigos de la Sociedad Rural, y, obvio, maldecir, como ayer, la contraofensiva de los gringos en el continente.
Es que nos seguís haciendo falta Cacho, te lo digo en primera persona, en estos tiempos tan raros donde a veces los revolucionarios se confunden con los progresistas y estos con los socialdemócratas y no te digo más para no amargarte, hermano. Por suerte, siempre la tenemos a Esther, tu viejita divina, que nos alienta y mima como lo hacía contigo. De ella y de aquel inmigrante libanés heredaste la dignidad y la coherencia, no tenemos dudas de ello, y también la adhesión incondicional a la Palestina ocupada por los asesinos sionistas y a ese Líbano tan tuyo, donde hoy, seguro, estarías festejando la inquebrantable fortaleza de la resistencia islámica, que buena paliza les dio a los prepotentes invasores.
Nos hacés falta Cacho, a pesar de tenerte siempre en nuestros pensamiento, extrañamos tu sonrisa y tu convocatoria para seguir remando juntos contra la corriente.
Así pensaba El Kadri
"Más allá de que ninguno lucha sabiendo cuál es el resultado, mal podríamos adjudicar a los compañeros que lucharon en el pasado los errores que se puedan cometer en estos momentos bajo el nombre de peronismo. Pero me queda claro que pertenecí a una generación que dio lo mejor de sí por construir un país diferente, mejor, un país donde no haya este panorama de desocupación, pobreza, tuberculósis, paludismo, cólera, enfermedades ligadas fundamentalmente al subdesarrollo". (8-4-1996)
"Nosotros recurrimos a la violencia en un estado de legítima defensa, porque no nos dejaban otro camino para recuperar nuestra soberanía y el derecho de elegir nuestros gobernantes. Perón mismo daba las órdenes de hacer la resistencia integral por todos los medios y nosotros la cumplíamos". (1984)
"Perdimos, no pudimos hacer la Revolución. Pero tuvimos / tenemos / tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo"
Fuente: Resumen Latinoamericano, Julio 2008
Entrevista con Envar El Kadri
Un hombre de acción que piensa
Por María Esther Gilio
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Envar El Kadri fue protagonista de los años de plomo argentinos. Aquí retraza su historia, que se confunde con la de una generación que, desde el peronismo, vio en el Che su modelo.
-Nací el 1 de mayo de 1941 y dice mi madre que mientras yo me asomaba al mundo explotaban las bombas de estruendo con que se anunciaban los actos políticos de ese día.
-Veo que está convencido de que esa fecha fue profética. Su vida no fue de las que se deslizan entre pájaros y flores. ¿Cuándo empezó a militar?
-Después del 55. Tenía 14 años.
-Había caído Perón.
-Sí, y yo estaba en el liceo militar General San Martín, donde nos ordenaron hacer una quema de los libros peronistas que tuviéramos. Me negué. No tanto por partidismo, sino por algo más visceral. ¿Por qué debía obedecer en una cosa que era tan personal como mis libros? Allí se dieron además algunos hechos que me confirmaron en mi peronismo. Vi cómo algunos oficiales eran expulsados del ejército por el hecho de ser peronistas. Y cómo "los negros" no podían llegar más allá de sargentos o cabos.
-Se dice siempre que el ejército argentino tiene una fuerte base aristocrática.
-Sí, los negros recién con Perón pudieron, a partir de un examen, ascender hasta mayores o capitanes.
-Cuando usted dice los negros se refiere a quienes entraban como soldados. En general gente del interior.
-Sí. El ejército nunca le perdonó a Perón que abriera el coto que los de arriba se reservaban para ellos.
-Ese apoyo al peronismo, siendo tan niño, ¿cómo empezó?
-Con mi familia, con mis abuelos maternos, con mi padre libanés, que llegó a la Argentina y se casó con mi madre, hija de italianos. Mi padre adhirió a las ideas de Perón cuando éste era coronel y estaba al frente del Partido Laborista.
-¿Qué vivió usted en la ideología peronista para adherir con tanto fervor, siendo tan joven?
-La defensa de la justicia social. Que los pobres tuvieran mejores posibilidades.
-Lo cual no tenía que ver con la situación de su familia.
-No, mi padre era comerciante y mi familia se mantenía sin mayores problemas. Pero todos apoyaban a Perón.
-¿Hasta cuándo estuvo en el liceo militar?
-Hasta que me echaron. Había muerto un compañero del curso y los mandos decidieron que no daban permiso para ir al velatorio.
-¿Por qué no?
-Vaya a saber. Por la arbitrariedad de los militares. Dijeron no y está. Nosotros respetuosamente insistimos. -Si no nos dejan ir al velatorio no entramos a clase.
-Bueno... tan respetuosamente no.
El Kadri responde riendo que ya sobre la hora los dejaron ir pero que a partir de allí quedó marcado como uno de los cabecillas, hasta que al pasar a quinto lo promovieron pero le cerraron las puertas del liceo.
-Así pasé al liceo Urquiza, en Flores, donde conocí un mundo maravilloso que me deslumbró.
-Empezó la verdadera militancia.
-Podía salir todas las noches y sí, claro, podía militar. Tenía 17 años y rápidamente me integré a la Juventud Peronista.
-¿Cómo funcionaba en esa época la Juventud Peronista? Perón ya había salido de la Argentina.
-Funcionaba de manera muy espontánea. Sin jefes.
-Y para no hablar de ideología, ¿cuáles eran los propósitos del grupo?
-Simplemente el retorno de Perón. Ahora podría decir que significaba eso, pero, si soy honesto, en ese momento creo que todo era muy emocional, muy epidérmico.
-¿Y el peronismo no ha sido siempre muy emocional?
-Sí, ésa es quizá una de sus características más lindas: que no ha sido racional, científico, sino algo muy espontáneo, más vinculado al corazón que a la cabeza.
-¿Y eso no le imprimió ciertas características confusas?
-Sí, también -dice y queda pensativo. Sonriente y pensativo-. No es que esté en contra de lo racional, pero me gusta cómo pesa ahí, en el peronismo, lo emocional. Lo que pasa es que, claro, en el movimiento se daban muchas contradicciones difíciles de ver porque la figura de Perón lo unificaba todo.
-¿Y más tarde no se sintieron las carencias?
-Sí, pero en esa época no lo notábamos. Las cosas eran blanco o negro. La vuelta de Perón era toda nuestra obsesión. Sin embargo, cuando caí en cana por primera vez, en el 61, ya habíamos empezado a saber que no bastaba con luchar por el retorno de Perón, que había que dar un contenido al movimiento. Se hablaba de expropiar tales y cuales bienes de la oligarquía, terminar con los colegios privados, privatizar la banca, romper relaciones con Estados Unidos. Era algo que, si no afinamos mucho, apuntaba al socialismo.
-¿Pensaban que la vuelta de Perón significaba todo eso?
-Sí, eso pensábamos.
-Usted participó recientemente en la película Che, Ernesto dirigida por Miguel Pereyra, director de La deuda interna. ¿Se trata de un documental o de ficción?
-Digamos que es un documental. La historia -que refiere al segundo viaje que el Che hizo por las venas abiertas de América Latina- se va conociendo a través de los diálogos que mantiene conmigo un joven de 25 años, llamado Gerardo Klein, que desconoce todo sobre la historia del Che.
-¿Y usted a quién representa?
-Hago de mí mismo, de Envar El Kadri -dice riendo, dominado de pronto por un súbito ataque de timidez-. La película toma el viaje que el Che, con su diploma de médico bajo el brazo, realizó hacia el leprosario de Maiquetía en julio de 1953, para encontrarse con su amigo Granado.
-¿Cómo se construye el filme? ¿Con diálogos y fotos?
-Con diálogos y un recorrido por Bolivia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Guatemala, México.
-O sea por los lugares por donde pasó el Che en ese viaje que termina en México.
-Sí, los jóvenes podrán, con este filme, conocer el sentido profundo de esa imagen que llevan en las camisetas. Podrán saber que el Che era mucho más que un tiratiros.
-¿A usted mismo lo esclareció en algo este viaje del Che?
-Vi cuánto influyeron en Ernesto -todavía no era el Che- las revoluciones nacionales. La del MNR en Bolivia, que se había producido hacía un año. El vio allí cómo las milicias obreras habían derrotado al ejército. Vio a la gente armada en las calles. Y luego de muchas vueltas, va a Guatemala, cuando cae el gobierno democrático, lo cual produce un verdadero punto de quiebre en su vida. Allí un gobierno electo por el pueblo, en elecciones absolutamente democráticas, es derrocado.
-El llega a los tres años de estar Jacobo Arbenz en la presidencia.
-Sí, en el 54. El 16 de junio de ese año comienzan los bombardeos sobre el palacio presidencial y descubre que todos los aviones que protagonizan el bombardeo son estadounidenses, aunque Somoza trataba de darles base de apoyo y cobertura.
-¿Cuáles son las conclusiones del Che en este episodio?
-El Che critica a Arbenz por no haber armado al pueblo. Y allí hay algo que acerca al Che a Perón cuando se entera, por boca de Arévalo, que el gobierno de Guatemala había honrado a Perón con la orden del Quetzal por su actitud en ocasión del bloqueo realizado por Estados Unidos a los puertos guatemaltecos.
-¿Qué había hecho Perón?
-Había ordenado a todos los barcos argentinos que andaban en la zona que rompieran el bloqueo.
-Perón también se opuso a la condena de Arbenz propuesta por Estados Unidos en la reunión de la oea en Caracas. ¿Usted recuerda las reformas puestas en marcha por Arbenz?
-Sí, algunas recuerdo. En Guatemala, donde el 2 por ciento de la población poseía el 70 por ciento de la tierra, Arbenz llevó a cabo reformas que golpearon directamente el monopolio de la United Fruit Company. Expropiación de latifundios yermos, salarios mínimos, contratación colectiva, derecho de huelga.
-La OEA condenó al gobierno de Arbenz. Sólo Argentina y México se opusieron. Usted me decía algo que suelen decir los biógrafos del Che: la importancia que tuvo Guatemala en sus decisiones posteriores.
-Empezó a preguntarse para qué servía la democracia si el pueblo no estaba capacitado para defenderla.
-Había que armar al pueblo.
-Ahí se va a México, donde se conecta, por pura casualidad, con un muchacho, Niko López, a quien había conocido en Guatemala.
-¿No era cubano Niko López?
-Sí, era uno de los sobrevivientes del ataque al cuartel Moncada. Según se cuenta, Niko relata al Che todo el episodio del Moncada y el Che, que lo escucha, le dice con ese tono cachador bastante argentino: -Contate otra de cowboys.
-No le creyó.
-No, lo que Niko contaba no era creíble. Con este Niko, a quien reencuentra luego en México, el Che había salido por las calles de Guatemala a vender imágenes del Cristo de Esquipula, un Cristo negro traído por los españoles, a quien los guatemaltecos atribuyeron poderes milagrosos. La cosa es que después de eso pasa un tiempo en que se pierden de vista totalmente, hasta que de pronto vuelven a encontrarse en un hospital de México donde el Che está trabajando -dice Cacho El Kadri con tal expresión de sorpresa que podía pensarse que él mismo acabara de encontrarse con el Che.
-¿Por qué es tan sorprendente este encuentro?
-Pensemos en esa enorme ciudad que es México y en estos dos que se habían conocido en Guatemala, cruzándose en el pasillo de un hospital de México. Si uno pasa 30 segundos antes, ya no se cruzan. Si dobla aquí en vez de seguir derecho, ya no se cruzan.
-Si el tema le interesa, lea a Paul Auster. El también se fascina con esos cruces del destino.
-Da para pensar... Ahí se encuentran, se abrazan. -¿Qué hacés acá? -Estoy como médico, ¿y vos? -Seguimos preparando la revolución, vamos a volver a Cuba. Nos reunimos en la casa de María Antonia. Vení, le dice. Y el Che va, se encuentra con Fidel y descubre que piensa lo mismo que él. Todo lo que dice Fidel es igual a lo que él había pensado. Y cosa rara...
-El Che a Fidel le cree.
-Le cree, en lugar de pensar que era uno de esos charlatanes desbordantes que nunca hacen nada. No sé cómo habrá hablado Fidel, sentado en el suelo de la cocina de María Antonia durante toda la noche, pero el Che, sentado a su lado, lo escuchó y le creyó. Confió en ese hombre que recién conocía. Es lo más lindo que hay, ese encuentro. Allí nace una amistad que es para toda la vida. Y... no sé cómo decírselo, pero toda la gente que comparte las experiencias de la lucha armada, que pone en juego su propia vida junto a otros, forma una hermandad. Yo me acuerdo del amor que se forjaba con el compañero que había participado con nosotros del peligro, y a veces del miedo. Ese hombre se transforma en un hermano.
-Usted, que estuvo recorriendo los lugares recorridos por el Che, ¿vio esa cocina? ¿Existe?
-Sí, claro, está todavía. Una cocina pequeña y vieja. Me emocioné pensando que ahí en el suelo habían estado sentados los dos, hablando hasta las seis de la mañana. Y pensando en todo lo que pasó luego, a partir de esa conversación.
-¿Su profundo interés en el Che, viene de lejos o se concretó con la película?
-Siempre sentí al Che muy próximo. Como un hermano mayor. Pero sólo había leído algunas cosas. El socialismo y el hombre en Cuba, El diario y poco más. Quise profundizar, saber algo más para iluminar esa recorrida que hizo él por Santiago del Estero, Jujuy, Salta. Saber de sus conversaciones con obreros y campesinos. Me pregunté, tantas veces, de qué podía haber hablado en esa Argentina de los cincuenta si no era del peronismo. El tiene frases que me recuerdan otras de Perón o Evita. Por ejemplo, Endurecerse sin perder la ternura, que parece sacada del libro La razón de mi vida, o -El verdadero revolucionario se mueve por un sentimiento de indignación ante la injusticia, que Evita repitió cien veces.
-Lo que en general se dice es que tuvo siempre una gran indiferencia por el peronismo. Evita muere durante el viaje del Che por Bolivia, pero nada aparece sobre el hecho en su diario. Eso dice el mexicano Jorge Castañeda en La vida en rojo.
-Sin embargo, creo que aquel muchacho no puede haber pasado indemne por todo ese tejido que era mitad propaganda, mitad verdad, demagogia, solidaridad. Y, lo más importante, nunca fue antiperonista. Lo dice Hilda, su primera mujer. Hay una carta que Ernesto Sábato le envía a Cuba, donde le dice que aquí en la Argentina hay un equívoco entre peronismo y castrismo. Que la gente en la calle grita -muera Castro porque creen que Castro es un gorila. Y le pide que le ayude a disipar ese equívoco. -Aquí la Revolución Libertadora -dice Sábato- empezó escribiendo todo con mayúscula pero pronto pasó a escribirlo todo entre comillas. El Che le contesta una carta lindísima donde le dice, entre otras cosas, que a la Revolución Libertadora le vio las comillas desde el primer día. Y, respondiendo a una alusión que hace Sábato de las sirvientas llorando la caída de Perón por los rincones, el Che dice: -Aquí las sirvienticas lloraron, pero de alegría, cuando cayó Batista. Y todavía hay más.
-Sé que al Che lo puso furioso el bombardeo a Plaza de Mayo, en 1955. Pero de allí tal vez no se pueda deducir que estaba a favor de Perón.
-En una carta a su madre él le habla de esos mierdas que después de bombardear la plaza se refugiaron en Montevideo. Y algo más, en respuesta a una carta de su madre, donde ésta le habla del dolor de un amigo, que perdió un hijo en el bombardeo, él dice que no duda de su tristeza, pero que él está pensando en esos negros de los que pocos se acuerdan que murieron allí, y también tienen familia.
-¿Cómo repercutió en usted la Revolución Libertadora?
-La Libertadora me marcó profundamente por los fusilamientos en ese año y en el siguiente, el 56. El 9 de junio de 1956 un grupo de militares, entre los cuales estaba el papá de un compañero de clase, se subleva. ¿Usted sabe lo triste que puede ser cuando uno tiene 15 años y llaman a la dirección al compañero con quien convive a toda hora, para comunicarle que su padre ha sido fusilado? Se llamaba Cogorno y esa tristeza que sentí no se me olvida. Fusilaron a 34.
-De estas cosas se enteraron años más tarde.
-Nooo, enseguida, por trasmisión oral. Los jóvenes peronistas nos juntábamos en Corrientes y Esmeralda y allí se sabía todo. Julio Troxler, uno de los que se había salvado en esa Operación Masacre, estaba en Bolivia, desde donde nos llegaba dinamita y armas.
-¿Llegaba para qué?
-Para lo que genéricamente se llamaba la resistencia peronista.
-¿Eran jóvenes de qué edad?
-Cuando caímos presos, en el 60, yo era el más joven. Tenía 19 años.
-¿Por qué cayeron presos?
-Por esto que le cuento de las armas. Nos descubren y quedamos presos hasta el 63, cuando gana el radical Arturo Illia, y por una ley de amnistía, salimos. Cuando nos sueltan comenzamos a organizar la Juventud Peronista a nivel nacional. En ese momento peleábamos mucho entre nosotros y yo sufro una cierta desilusión. Yo veía que todos los valores de compañerismo, amistad y camaradería parecían irse al demonio a la luz de pequeñas, idiotas diferencias.
-¿Cuáles, por ejemplo?
-Si debemos ir más lentamente o más rápido. Si un poquito más hacia la izquierda o un poquito menos. ¡Qué horrible! Nos habíamos jugado la vida y la libertad juntos y ahora cualquier cosa insignificante nos separaba. -¿Hay que ir a ver a Perón?, -¡No, no hay que ir!.
-Pero usted va, finalmente, a Madrid.
-Sí, voy al poco tiempo de salir en libertad. Tenía 22 años. Era un impertinente -dice riendo-. Me había educado en esa escuela del hacer, y Perón era un estratega. Lo que yo y mis compañeros queríamos era empezar ya mismo a los tiros. El decía que volvería en el 64 -como prenda de unión y de paz entre todos los argentinos. Y yo: -No puede ser, general, no lo van a dejar volver si no es por las armas. -Bueno -dijo él-, ya que sabe hacer tan bien la revolución, hágala usted La conversación siguió hasta que finalmente él propuso esperar hasta el 31 de diciembre del 64. En un año volvería para ayudar a reconstruir el país.
-Aceptaron.
-Ahí mismo me agarré de sus palabras y le dije que, de acuerdo con esto, el 1 de enero del 65 quedábamos en libertad de acción.
-A usted lo que más le interesaba era la lucha. Si se la sacaban perdía en parte el interés.
-Sí, eso es verdad. Yo me encuadraría en una definición que leí una vez: -Un hombre de acción que piensa. No soy alguien que actúa a partir de pensar. O no lo era para nada en aquellos años. Después leí algo que, creo, decían los tupas y tal vez Mao también, sobre la acción como criterio de verdad. -En lo teórico todos parecen tener razón, pero lo que diferencia una teoría de otra es la acción.
-¿Por qué a veces se dice de ustedes que eran folclóricos? Ustedes mismos lo dicen.
-Porque no había serias medidas de seguridad, de compartimentación.
-¿Se veía eso en los resultados?
-Claro, caímos con tremenda frecuencia.
-¿Qué pasó a su vuelta de Madrid?
-Me querían matar. -Tenías que convencer a Perón y él te convenció a vos, me decían. Ese año lo dedicamos a acciones propagandísticas. Teníamos amigos periodistas que venían y sacaban fotos de lo que preparábamos y hacíamos.
-En el 68, me pregunto cómo se les ocurrió comprar el campo donde se estableció la guerrilla de Taco Ralo. Eso siempre me resultó muy curioso y bastante cómico.
-No, no es cómico. Nosotros prepararíamos allí un campamento de entrenamiento, pero las operaciones no partirían de allí, sino de otro lugar llamado Cochuna, a 1.500 metros de altura, con bosque tropical húmedo. Ernesto también compró en Bolivia.
-Taco Ralo pasó rápido. Veinte días y se los llevaron presos. Salieron cuando Héctor Cámpora llegó al poder, cinco años después. ¿Y qué pasó entre el 65 y el 68?
-En el 65 nosotros habíamos tenido contacto con un grupo de compañeros protagonistas de una acción muy importante que se llamó el Policlínico Bancario. Se trataba del grupo Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT).
-Un grupo de derecha.
-Venían de un grupo de derecha, pero tomaron conciencia y rápidamente viraron, haciéndose peronistas.
-Eso es lo que en Uruguay cuesta entender. Peronistas y también antisemitas y verticalistas.
-No, no, este grupo no. El que quedó con algo de esas características fue la Guardia Restauradora Nacionalista. Pero el MNRT no. Rápidamente se sensibilizó e integró con la Juventud Peronista. No eran antisemitas. Fueron protagonistas de la expropiación del Policlínico, con cuyo dinero pensaban iniciar la recuperación de las islas Malvinas. Pero descubiertos, fueron presos y desbaratados.
-¿Nell Tacci, que estuvo preso en Uruguay, no pertenecía a ese grupo?
-Claro. Cuando él se escapa de Tribunales nosotros somos quienes lo protegemos y ayudamos a irse a Uruguay.
-¿Existía ya conexión entre ustedes y los grupos uruguayos?
-Sí. Yo conocía personalmente a Sendic, al Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro), a Julio Marenales, a Montes de Oca, Andrés Cultelli y a otros. Hacíamos intercambio de conocimientos -dice y añade riendo-: En fin, lo que hacíamos era un buen intercambio profesional. -Vuelve a pensar y mientras piensa sonríe. Nosotros teníamos la idea de la patria grande, la integración. Y pensábamos que eso estaba empezando. Cuando recuerdo que éramos 20 de un lado y 20 del otro... Sin embargo, es así que se empieza a veces.
-¿Usted piensa que el peronismo sigue teniendo vigencia?
-Ya no. Los viejos peronistas no renunciamos a nuestra identidad, pero la disputa sobre si el Partido Justicialista o Menem son o no, ya no tiene sentido. Creo que uno es lo que hace, no lo que dice ser. Menem no tiene nada que ver ni con nuestra historia ni con nuestra lucha. El entregó el país, vendió la economía, regaló los resortes clave de nuestras riquezas al extranjero, apretó a los obreros, creó un plan de flexibilización laboral... Todo lo que hizo bajo el nombre de modernización del Estado fue enterrar nuestros mejores proyectos.
Envar El Kadre: "Rebeldía ante la injusticia"
Por Javier Torres Molina
Envar "Cacho" El Kadre (1941-1998) fue uno de los símbolos de la militancia popular desde antes de los 60. Fundador de la Juventud Peronista, participó activamente de lo que se conoció como la Resistencia Peronista, siendo uno de los primeros en llevar a cabo la lucha armada en nuestro país.
Nació en Río Cuarto un 1º de mayo de 1941. Tuvo su infancia feliz durante los gobiernos de Perón, y al poco tiempo de ser éste derrocado por la Revolución Libertadora comenzó su militancia. Los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción del peronismo fueron acontecimientos que lo marcaron a fuego.
Apenas salido de la adolescencia, junto a un puñado de compañeros fundó la Juventud Peronista. Al principio, las acciones que llevaban a cabo consistían en juntarse en la calle Florida y colgar algún retrato de Perón y de Evita, y desafiando al decreto-ley 4161 que prohibía a ambos nombrarlos en público gritaban consignas en su favor y cantaban la marcha peronista.
Más adelante se organizaron en todo el país en el Movimiento de la Juventud Peronista, que luego originaría a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), intentando en 1968 realizar un foco guerrillero en Tucumán, que no se pudo concretar al ser descubiertos por el ejército siendo encarcelados.
Fue preso político entre los años 60-63, 68-73 y exiliado a partir del 75 en Francia, desde donde denunció internacionalmente los crímenes de la dictadura militar. Con el retorno de la democracia se dedicó a temas culturales, adoptando como oficios la producción cinematográfica y la dirección de un sello discográfico, pero siempre intentando aportar a la reconstrucción del movimiento nacional y popular.
Sus obsesiones fueron el recuerdo de los compañeros caídos y la voluntad de configurar la memoria histórica de nuestro pueblo, en ese sentido su aporte a través de charlas y encuentros (sobre todo con los jóvenes), sea en barrios, universidades o actos en todo el país, fue invalorable.
No se calzaba el traje de militante para hablar en un acto o tener una discusión política, la militancia de Cacho era la vida misma. Siempre decía que para luchar no se necesitaba "leer algún manual" ni que la revolución se hacía "con escuadras o tiralíneas", sabía que bastaba identificarse con la lucha del pueblo y que sólo "hay que sentir como propia cualquier injusticia que se cometa contra cualquiera en cualquier parte del mundo", haciendo suya con total autoridad la frase del Che Guevara. No dividía a las personas de acuerdo a su carácter ideológico o partidario: "Las personas se dividen en buenas o malas personas", con humildad y con todas esas premisas buscó hasta el final "cavar la propia trinchera donde luchar".
Como muestra del significado que tiene para el movimiento popular, hay que decir que al día siguiente de su muerte en paredones de Buenos Aires, al lado de consignas partidarias, se podía leer: "Aguante Cacho El Kadre", que en Rosario se constituyó el Centro de Estudios para la Transformación Social "Envar El Kadre", compañeros suyos de capital se agruparon bajo su nombre, en la plaza del barrio de toda su vida una plaqueta lo recuerda, y algunas zonas del conurbano la corriente de desocupados Envar El Kadre lo homenajea cotidianamente entre piquetes y cortes de ruta. Su nombre ya es bandera.
El 19 de julio del 98 ese corazón grande que tenía le dijo basta, tenía 57 años cargados de lucha, solidaridad y ternura. Al día siguiente cientos de familiares y compañeros lo lloraron y despidieron; era el día del amigo. Sus restos descansan en el cementerio islámico con tierra que él mismo había traído del Líbano, el lugar de sus antepasados. Su memoria está siempre presente.
Fuente: Tintas del Sur Nº 4, revista de la agrupación Galpón Sur, integrante de COPA
Entrevista a Envar El Kadre (agosto de 1996)
¿Cuales fueron las principales motivaciones que tuviste vos y tu generación para participar activamente en la política?
Creo que la primera de todas es un profundo sentido de rebeldía ante la injusticia. Habíamos visto como el gobierno constitucional de Perón era derribado por un grupo que se arrogaba la representación de todo el pueblo argentino, y que como sabían que por el lado de las urnas no podían vencer al peronismo de aquella época, decidieron dar un golpe salvaje. Esto nos movió mucho internamente ¿Cuál era nuestro sentido? ¿Qué debíamos hacer? ¿Quedarnos en nuestras casas y aceptar pasivamente eso que estaba ocurriendo?. Entonces muchos jóvenes de mi época decidimos que no, que había que levantar las banderas de nuestros ideales, que no podíamos admitir que hubiera ciudadanos de primera que eran los "democráticos", y ciudadanos de segunda que éramos los peronistas
Entonces dijimos que esto no nos deja otro camino, otra forma de participación que el de la lucha, y ahí fue cuando nos organizamos ya por los años 57, 58 en los primeros comandos de la Juventud Peronista.
¿Que hechos concretos realizaban?
Era más bien ganar la calle y hacer actos de presencia, lo que después de llamaría agitación.
Nosotros no conocíamos esos nombres, lo hacíamos empíricamente, un poco inorgánicos, como una forma de decir "aquí estamos".
¿Como evoluciona en ustedes la idea de la lucha armada?
Brevemente te diré que es el método de la prueba y cada prueba que hacés vas fracasando entonces vas pasando a otro método. El primero fue de agitación. El segundo fue el de acompañar como grupo de civiles a los intentos de golpes de militares llamados peronistas; nosotros decíamos "así como a Perón lo derribaron por medio de una conspiración y con elementos civiles que lo apoyaron, si nosotros tenemos militares peronistas que dan un golpe, hacen una conspiración, sublevan las tropas y nosotros apoyamos, va a ser posible que Perón vuelva". Varias veces nos convocaron y se reunían y se preparaban los planes, que eran planes de papel nomás, porque en la práctica... Perón anunció que volvía al país para colaborar a la unión nacional, nosotros decíamos: "general no lo van a dejar venir, es imposible" yo había estado con Perón en octubre del 63, entonces como venía con todas las ideas de la revolución y que teníamos que organizarnos, Perón dijo: "Yo vuelvo como prenda de unidad y paz entre todos los argentinos y voy a anunciar públicamente que el año 64 va a ser el año del retorno. Si este gobierno, que dice ser democrático no me permite el retorno entonces quedará abierto el camino de la violencia", finalmente Perón tomó un avión a Río de Janeiro, los militares brasileños lo detuvieron a pedido del canciller argentino y lo mandaron de vuelta para allá, nosotros a partir de esa fecha quedamos en libertad de acción y dijimos que algo vamos a hacer, no es posible que siga el peronismo proscripto. En el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios, los militares prometen gobernar por veinte años, prometen ser los reorganizadores del país, van a ser una nueva república y van a ser un voto calificado ¿por qué?
¿nosotros que somos?, y otra vez, con ese gobierno militar de Onganía la variante de ajuste pasaban a ser los trabajadores, otra vez la misma excusa de que había una necesidad de cerrar los ingenios que eran estatales, que había que privatizarlos, había que echar a la gente a la calle, entonces allí hubo para nosotros un punto de inflexión y ahí fue donde decidimos organizarnos para la lucha armada, una parte rural otra parte urbana, y enfrentar a los militares en el único terreno que ellos nos dejaban, que era el de la lucha armada.
COMUNICADO FUERZAS ARMADAS PERONISTAS (FAP) 1973 |
¿Qué fue Taco Ralo?
Taco Ralo fue parte de esa experiencia, los compañeros del Movimiento de la Juventud Peronista de todo el país, éramos los más concientizados o más convencidos de que éste era el único camino, no por haberlo leído, sino por experiencia propia de vivir nuestra historia, de sufrir nuestra propia historia contemporánea. Nos organizamos, un grupo iba a preparar un campamento en la zona de Tucumán, previamente se instalaban en un lugar para aclimatarse y para prepararse físicamente, una vez que estuviera completado el adiestramiento, la capacitación y la preparación física pensábamos dirigirnos a la zona de El Cochuna, en los montes tucumanos, para iniciar esta presencia guerrillera y simultáneamente con eso en las ciudades iban a aparecer los destacamentos, que se iban a llamar Destacamentos Descamisados Eva Perón, para hacer acciones espectaculares, propaganda armada y con todo eso pensábamos que íbamos a movilizar y arrastrar a todo el peronismo y a toda la gente, lo cual de alguna manera fue así aunque no bajo nuestra dirección, sino que se dio en una forma más espontánea, más generalizada, con la aparición de otras organizaciones peronistas y no peronistas.
¿ Lo de Taco Ralo, lo tomaron como un fracaso?
Desde el punto de vista de lo que fuimos a hacer fue un fracaso, no hay que tenerle miedo a las palabras, para nosotros fue como un mazazo, de esos que te dejan drogui. Después vino el reconocimientos de toda la gente, se hizo un plenario, el mayor Alberte que era delegado de Perón en esa época sacó un comunicado diciendo que era mentira que éramos comunistas y queríamos suplantar la bandera argentina por el trapo rojo como decía el gobierno; y eso nos reconfortó, hubo una repercusión de ese fracaso. Uno con el fracaso puede hacer una novela de llorar y estar lamentándose toda la vida, o puede convertirla en una campana de largada de algo, en nuestro caso de inmediato la solidaridad de la gente, el hecho de que nos reconocieran como militantes, el hecho de que no hubiera ninguna duda de que todo lo que habíamos hecho estaba en función de la lucha y la revolución hizo que nos sintiéramos reconfortados. La cárcel fue en ese sentido una especie de beca, una beca para aprender, estudiar, estar cada vez más convencidos de que teníamos razón, Perón también nos hizo llegar una hermosa carta de solidaridad en el año 69, todo eso nos llevaba a nosotros a sentirnos como parte del movimiento que se puso en marcha. De manera que fue un fracaso pero fue como una campana de despertar y de ponerle frente al hecho consumado, concreto, que un grupo de jóvenes argentinos sin ayuda de nadie, sin apoyo exterior, sin el oro de Moscú o la plata de Cuba, había tomado la decisión de llevar adelante una lucha revolucionaria y la habían empezado a hacer, no se habían quedado en un palabrerío, por supuesto que estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas, había una dictadura, se habían anulado todas las actividades políticas, se había intervenido a la universidad, no es que nosotros un día nos despertamos como rebeldes o violentos y decidimos cambiar el mundo, sino que veníamos de esa larga militancia a pesar de nuestra juventud y de haber sido contemporáneos de todo ese proceso de ataque a los valores de la soberanía popular, de la democracia y conquista de los trabajadores.
¿Qué impresión tuviste cuando saliste en libertad en el '73?
La verdad que muy buena. Había un ascenso tan grande de las movilizaciones populares y de la lucha armada que parecía que estábamos al borde de la revolución.
Esta idea del borde de la revolución es buena, porque también uno puede estar al borde del precipicio, estábamos al borde y confundimos ese gran apoyo y esa gran participación popular en todo el movimiento que sirvió de resistencia a la dictadura y que la acorraló y la obligó a dar elecciones y permitir que participara el peronismo y que Cámpora ganara en la primera vuelta. Esa fue una gran confusión de creer que todo el gran apoyo que había al movimiento de revuelta y resistencia a las dictaduras de Onganía, Levigston y Lanusse era un apoyo directo a los postulados de cada organización, llámese Montoneros, ERP, FAP o FAR que ya tenían, por un mecanismo interno de ideologización otros objetivos, que no eran solamente el retorno de Perón por ejemplo como el caso nuestro, sino que también eran el retorno de Perón, la toma del poder, la patria socialista, la construcción del socialismo nacional, la expropiación a la oligarquía, un cambio realmente revolucionario, prácticamente era como si el que hubiera tomado el poder hubiera sido el pueblo en armas, cuando en realidad era una retirada del gobierno militar con condicionamientos, que igual Cámpora no aceptó ninguno, pero que estaban allí intactas, no eran que habían sido derrotadas y diezmadas en una batalla, están los tipos acumulando bronca que después iban a desatar en 1976, aún antes con el apoyo que le daban a la Triple A y todos los grupos paramilitares que salieron a matar a los compañeros.
¿ Fue un revés de esas organizaciones o del pueblo que no quiso hacer suyas esas reivindicaciones?
Los pueblos en ese sentido tienen tiempos diferentes a los de la organizaciones. Las organizaciones que están conformadas por hombres de carne y hueso que tienen una vida concreta, muchos habían muerto, habían dado su vida en aquellas batallas, termina uno creyendo que todo se mide con la corta vida de uno, que el cambio tenía que hacerse ahí, en ese momento, en esa hora, en esa encrucijada histórica. La revolución es un proceso lento, es un proceso de acumulación, ese proceso de acumulación las organizaciones lo apresuraron, creyendo que porque movilizaban 50 mil personas en una manifestación ya era suficiente para vencer la estructura del estado capitalista demoliberal-burgués e instaurar este gobierno revolucionario que por supuesto iba a ser conducido por los dirigentes de esas organizaciones. En el fondo se trataba de imponer la voluntad de esas organizaciones, no había un plan de convocar a todo el pueblo.
En nuestro país se creía que porque se leía un manual de marxismo-leninismo ya se estaba en condiciones de saber como se tomaba el poder o se manejaba un país y ya todos éramos economistas o ministros. Creo que en ese momento la gente quería un respiro, veníamos de ocho años de dictadura, la gente quería mejorar su situación. La revolución se mide también por reformas que se van acumulando hasta un punto que esas reformas son tantas que más que reformas es una revolución.
Quisimos forzar los tiempos de la historia, no fuimos capaces de ver que los pueblos tienen otros tiempos, y había que haber respetado esos tiempos. La gente entre el tiempo y la sangre elige el tiempo, dice que no vamos a sacrificar lo poco que tenemos, consolidémoslo. No es tan lineal todo, porque hubo muchos grupos que trataron de parar eso, el Peronismo de Base con esa idea de construir una organización independiente de los burócratas o de los traidores y trabajar con las bases, dentro de Montoneros también hubo expresiones que veían eso y trataban de parar la pelota, pero ya los tiempos se habían agotado y la dictadura militar se instauró para acabar con cualquier tentativa aún reformista o contestataria, no hablemos ya de una tentativa revolucionaria.
A partir del golpe militar se consolida un modelo de país distinto al que ustedes tanto pelearon ¿Cómo vivís esa derrota?
Mal, muy mal. Porque es cierto, como modelo de país no es este el que soñamos, no es este el país por el cual lucharon y entregaron su vida nuestros compañeros, este es el país del individualismo, del no te metás, del sálvese quién pueda, de la exclusión social, del modelo económico que beneficia a unos poco y deja con el rótulo ahora de marginales a la mayoría de la población. Éste es el mayor mérito de la dictadura, que a pesar de haber sido derrotada políticamente, su proyecto económico, el proyecto económico que ya sustentaron en el 55 cuando nos quisieron meter de prepo al Fondo Monetario Internacional, éste organismo creado por los norteamericanos sobre todo para distribuir las ganancias y hacer que siempre el producto del comercio de las naciones fuera a parar a sus manos. Todo eso lo vivo con una gran tristeza, pero al mismo tiempo no nos han vencido, porque somos muchos los que inorgánicos, independientes, fuera de los partidos o modelos existentes seguimos pensando que es posible construir otro país, que es posible transformar las relaciones de competencia, de pisarle la cabeza al que está al lado, de trepar, de ganar, este modelo que nos han puesto como el único posible, el modelo del triunfador, del que viaja al extranjero, toda esa obscena exhibición de riqueza al lado de gente que no tiene ni para el mate cosido ni para el transporte, creo que es posible todavía un país diferente y hacer de esta gran derrota, de éste gran terrible modelo económico y militar que aplicó la dictadura, ir construyendo una esperanza, ser pacientes, perseverantes, innovadores, ser capaces de construir herramientas diferentes de transformación de la realidad, más chiquitas, sin soñar con las grandes organizaciones que quieren cambiar todo de una vez y para siempre, sino seguir cambiándolas de a poco en nuestro barrio, en nuestra facultad, reaccionando ante cualquier injusticia, siendo capaz de comprometerse, de ensuciarse, de meterse donde aparentemente a uno le dicen: "no, ¿para que te metés?, ¿vos que tenés que hacer en esto?, vos no sos villero, no sos obrero", no, yo siento como propia esta injusticia, yo me meto para cambiarla. Así creo que esa derrota de un proyecto de país liberado, de un proyecto de país con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va ir revirtiendo en la medida de que cada uno de nosotros seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos.
"Tenés que contarme tu vida, dijo Caparrós mirándome fijo"
¿A quién le puede interesar? le dije, el pasado es lo que fue y no volverá; y por ahí algún despistado se engancha y cree que se puede volver a hacer lo que hicimos... motivos no faltan, pensé, pero los tiempos son otros.
-Tenés que contarme tu vida, volvió a repetir Martín Caparrós, con un tono entre imperativo y cargoso.
-Sos sordo o te hacés el que no entendés, le respondí con firmeza no exenta de molestia. Nuestras vidas son nuestras, podemos compartirla con amigos, cuando nos sentimos a gusto y se nos da la gana de recordar. Lo que hicimos fue, como dicen ahora, y además por hablar del pasado, perdí a alguien que me andaba enamorando...
-Tenés que contarme tu vida, insistió don Martín, desde lo alto de su figura, llevando una mano al bolsillo, para extraer un ridículo grabador a pilas, creyendo que podía correrme con la vaina del hecho consumado.
Me puse a preparar unos mates, como para reflexionar. Por qué me insiste tanto el Martín si es de buena familia y sabe que la insistencia no se estila entre gente educada. Me lo arruinó el periodismo, pensé mientras acomodaba la bombilla para el primer mate.
-¿Y para qué querés que te cuente mi vida?, le dije, ya medio enojado.
-Para hacer un libro contando por qué lucharon, pero no desde el discurso heroico, sino desde la vida misma, chiquita, grande, no importa, la que vivieron... y así me ganó la voluntad para trabajar en La Voluntad.
Lo vi tan entusiasta y confiado que no pude decirle que no, ni reírme de su optimismo, porque aunque dijera que a nadie le iban a interesar nuestras historias o historietas, en realidad deseaba que sí, que tantos esfuerzos y trabajos les interesaran a muchos y no quedaran en el olvido. y así fue, ya vamos por el tercer tomo y no faltan los inconscientes que piden ¡otro, otro!.
Ahora, no conformes con habernos exprimido tanto, nos piden que escribamos algo para el final. Me pongo a hacerlo y casi me sale otro libro... no soy lo que se dice de hablar poco, y cuando me entusiasmo las coplas me van brotando como agua de manantial. Carlitos siempre decía: -a éste lo lejan hablar y no lo fusilan.
Pero la verdad es que fue lindo contar estas historias de vida, de amor, de pasión, compartirlas con lectores conocidos y desconocidos, saber que una hija recuperaba una anécdota de su papá, un romance de su mamá, aventuras y desventuras, enfrentamientos ideológicos y acercamientos fraternos, peleas a muerte olvidadas con un abrazo; y que desde Río Gallegos a Tres Arroyos te llamen los compañeros para decirte -estos días estuve tomando mate con vos leyendo La Voluntad....
Al mismo tiempo, fue difícil encontrar el equilibrio entre el pudor y las ganas de contar. En mi caso, coincidieron dos circunstancias: que fuera Martín el que me "provocara" -en el doble sentido, de dar ganas y de molestar para contarle cosas, como si fuera un hermano menor preguntón y molesto cebando mates que no pasarán a la historia; y, por otra parte, que acabara pasar por un infarto, de esos que casi te mandan al otro lado, y en una cama
del Hospital Francés pensara: si me voy, quién se acordará de lo nuestro y lo nuestro es esto, las historias banales o trascendentes, creíbles o increíbles, de los Juan Pueblo, los compañeros de abajo, de la segunda o quinta línea, los conocidos y sobre todo, los menos conocidos, sin cuya participación esta Historia no hubiera sido posible. Aquí trabajamos como sus voceros, para darles el lugar que siempre merecieron.
Porque este libro es, antes que nada, el de todos ellos, aunque a veces no aparezcan sus nombres y apellidos. Claro que también fue difícil meterse con el pasado, recordar hechos, incluso recordarlos sin contarlos (perdón Martín), porque son esos recuerdos que pertenecen a lo más íntimo tuyo que uno quisiera no tener que haberlos vivido nunca y que sin embargo volvían a aparecer, con su carga de dolor y angustia, porque costaron vidas
nuestras y de ellos. y como dice Don Fierro: -la sangre que se derrama no se olvida hasta la muerte. y entonces, le decía a Martín que abandonaba que buscara otros, que ya le había dicho lo esencial, y me juraba que no volvería a verlo. Hasta que quince días después Martín me llamaba, me aseguraba que no era para hablar de nuevo, sino para -completar unos datos y me volvía a enganchar...
Tres experiencias de guerrilla rural en Argentina en los años 60: Uturuncos, EGP y FAP Las FAP reaparecieron en 1969 y 1970 con varias acciones de guerrilla urbana. En el año 1971 las FAP sufrieron una división debido a la cual fueron expulsados los integrantes de un amplio sector liderado por Eduardo Moreno, Ernesto Villanueva, el sacerdote Soler y Alejandro Peyrou. Este sector se integró entonces a Montoneros. El 22 de mayo de 1973 las FAP ejecutaron al dirigente sindical Dirk Kloosterman secretario general del sindicato de trabajadores mecánicos (SMATA-CGT). |
Porque otro gran mérito de La Voluntad es el de reflejar estos dolores alegrías, estas afirmaciones y vacilaciones, que también fueron las nuestras de entonces. Cuenta la vida de aquellos tiempos, tal como era, sin el embellecimiento que le dan los años, ni la fealdad que a veces asoma en los derrotados. Nos muestra cómo somos, aunque hable del pasado y deba decir cómo fuimos. Pero da la casualidad de que muchos de los que trabajamos en este libro seguimos siendo los de entonces. Desensillamos, pero no vendimos el caballo.
Por eso estas líneas son de agradecimiento a sus autores: por habernos hecho existir, por permitirnos transmitir lo que fuimos/somos sin eufemismo ni subtítulos, ni intérpretes autorizados, sino con nuestras dudas/ certezas/ aciertos/ errores/luces y sombras de chicas y muchachos que un día abrieron los ojos y decidieron no volver a cerrarlos más...
Lo necesario que era/es este libro queda demostrado en el hecho de que en este ambiente de fin de siglo, en que se consolidan el individualismo, la resignación, el todo es igual, el libro de Martín y Eduardo, apoyado por Fernando Fagnani, el Quijote de la editorial, navegó contra la corriente y toda lógica marketinera: miles de páginas, letra chiquita, ninguna receta sobre cómo triunfar en la vida, ni un miserable horóscopo.
Solamente la vida, pedacitos de vida de los que están y los que no están, que por eso mismo siguen viviendo, y no en el recuerdo nostálgico, sino en la celebración de su razón de vivir, que era la lucha para cambiar el mundo. Nada menos.
Y por ser necesario y por la forma original que le dieron sus autores a nuestras conversaciones, el mamotreto se vendió, circuló, se leyó, hizo reír y llorar, despertó lo mismo que sentimos nosotros al ir haciéndolo: pasión. Algunos se enojaron por las cosas que conté (eso no se dice), otros porque los nombré (- ¿y si se entera la cana?), otros porque no.
A todos les pido disculpas, si por acción u omisión, los molesté en algo. Si les sirve de consuelo,sepan que mucho más lo molesté a Martín para que cambiara tal nombre o sacara tal hecho, hasta que me convencía (o viceversa). Y, al fin de cuentas lo que importa es que lo contado sea verdad. Al menos la que honestamente pienso que es la verdad, aunque la memoria me traicione a veces con fechas, nombres o circunstancias.
A la confianza que me merecía Martín se sumaba la de saber que su coautor, Eduardo Anguita, era un compañero de los de antes, que quería rescatar la historia de nuestras luchas, desde la dimensión de -lo humano y cotidiano en la guerra del pueblo.
La salida de los primeros tomos, las sucesivas presentaciones, me confirmaron esa confianza y tengo para mí, como una de las más bellas consecuencias de esta colaboración, la amistad que fuimos construyendo y nos brindamos.
La misma que siento por Roberto Baschetti que, con sus Documentos de la Resistencia Peronista 1955~1970, documentos. 1970-1973 y Documentos. 1973-1976, viene demostrando que no teníamos solamente coraje, sino también ideas. No importa cuánto se coincidiera o no con ellas; ahí están, documentadas para siempre, las que nos llevaron a la pelea, las generosas utopías con que soñamos el retorno de Perón, la construcción de una Patria Justa, Libre y Soberana, del Socialismo Nacional, de la Revolución Socialista, de esos ideales de solidaridad y fraternidad que alimentaron nuestro accionar, por encima de siglas o banderas, como lo demuestran Caparrós y Anguita, porque la sangre de los que caían no fue nunca patrimonio de un grupo, sino de esa cosa tan bella que se llama Revolución.
Y ahora que esta historia se termina, pienso que la verdad que transmiten estas hojas, quedar para siempre como testimonio de vida de miles de otros, que nosotros contamos por ellos. Por los miles de Felipes, Carlitos, Gerardos, Lucías, Adas o Irenes, Marcelas, Brunos, Diegos y Manolos, Julios, Titos y Chiquis, Guidos y Flacas, Negros, Jorges, Pochos, y tantos otros que, como dice Yupanqui, -vienen con nosotros/ pa'que naides quede atrás; por todos aquelos que fueron los cumpas de carne y hueso que compartieron estas opciones y ya forman parte de la Historia.
La verdadera. La de los que no ganamos nada. Pero ¿acaso no teníamos en la apuesta la razón de nuestra vida?
Aquí están también y todavía mis compañeros, el Águila, el Abuelo, Jaja, el Chancho, el Utu, el Tuerto, la Inesa, Checha, la Cristina, la Negra, la Nelly, el Gitano, el Patas, Rubén, el Ciego, Giorgio, la Correntina, Miguel, Raúl, Cachito, Bera, el Indio, los Néstor, Mirta y el Pájaro, Nacho, Ramón, Carlos, Héctor, el Juan; también los de la Banda Oriental del Uruguay, los del paisito, esos Ñatos, Viejos, Sordos, Pepes, Tamberos, Ingenieros, Gracielas y Marías, y tantos otros -que no los puedo contar... Todos pervivientes, orgullosamente vivos y pobres, que se alimentaban con un sandwich y abajo de la cama tenían millones de pesos, expropiados y de la Orga, es decir, sagrados.
De todos aquellos que compartieron nuestros sueños y siguen vivos, muy pocos renegaron de su elección de vida, pasaron a ser funcionales al modelo y llegaron incluso a recordar sinceramente a nuestros compañeros caídos como si los compañeros hubieran muerto para que triunfaran los ideales de nuestros eternos enemigos: la oligarquía y el imperialismo, disfrazados hoy de economía de mercado y globalización.
Anguita y Caparrós nos han rescatado del olvido, nos han devuelto una identidad medio perdida, confundida entre tantos charletas, arrepentidos, avergonzados. Confundida también por la insidiosa teoría de los dos demonios, que pretende culpabilizar a víctimas y victimarios, torturados y torturadores, explotados y explotadores, como si todo fuera un cambalache y la lucha por la Revolución pudiera equipararse al terrorismo de Estado.
-Perdimos, no pudimos hacer la Revolución. Pero tuvimos / tenemos / tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que algún joven lea estas líneas y sepa que no todo se compra ni se vende, y sienta ganas de querer cambiar el mundo.
El recuerdo de Envar "Cacho" El Kadre
Por Miguel Bonasso [1998]
Ayer sonó el maldito teléfono con la noticia. Y no me imaginé a Cacho El Kadre muerto en Tilcara. Ni siquiera oyendo los sollozos de Roberto Baschetti. Se me cruzaron, frescas, vivas, imágenes de un Cacho siempre sonriente. Desde la última hace pocos días hasta la primera hace demasiados años. Cuando el nombre Envar el Kadre guardaba para los militantes de la segunda ola de la JP el aura romántica de los fundadores, el prestigio de su propio sonido oriental, la saga de la guerrilla peronista truncada en Taco Ralo. Y me costó recordar algo que ya sabía, que él mismo me había dicho: teníamos los dos la misma edad. Sólo que yo había sido un adolescente alejado de la política por la literatura y el escepticismo sobreprotector de mis padres y él había sido uno de esos muchachitos de quince o dieciséis años que habían salido a inventar la Juventud Peronista (junto con el anarquista Jorge Rulli o el inolvidable Gustavo Rearte). Por eso, aunque teníamos la misma edad, yo lo miraba en 1973, cuando liberamos a los presos en el gobierno de Cámpora, como un mayor, un histórico que venía del territorio imaginado y no vivido de la primera resistencia peronista. Después los caminos habrían de cruzarse y muchas veces, separarse, por influjo de la militancia y de esa particularidad que han tenido todas las izquierdas de la Tierra --incluyendo la peronista-- para discutir con ferocidad por comas, palabras y paternidades. Valga una curiosa digresión: el diccionario que carga el Word de Windows no reconoce la palabra militancia que acaba de aparecer en la pantalla de mi computadora subrayada con el clásico fideo rojo de los vocablos incorrectos. (Un dato de los tiempos de Bill Bates, nombre que sí reconoce el Larousse electrónico.) Aunque también una continuidad, renovada, distinta, de aquella militancia, que las máquinas bobas insisten en subrayar con un fideo rojo, habría de mantenernos unidos, en estos tiempos de Bill Gates, a la hora de celebrar la inmensa humanidad de Germán Abdala o evocar, para las nuevas generaciones, la melancólica saga de la revolución masacrada, desde una posición vertical, ajena a las agachadas de los conversos. En esos minutos secos, negros, que sucedieron a las primeras llamadas de dolor, se me aparecieron por suerte otros Cachos: el que nos hablaba, a mi mujer, Ana, y a mí, en el hotel Nacional de La Habana, de la película que nunca pudo hacer sobre la fuga de los Tupas en el penal de Punta Carretas; el que nos contó en una cenas de kepes y garbanza (en el club Siriolibanés de la calle Melo) el viaje que había hecho con su padre a ese Líbano del que procedían. Del que procedía ese nombre prodigioso. Envar el Kadre, que había adornado los relatos de la Resistencia con un plus evocador de hazañas salgarianas. También recordé con remordimiento las pocas veces en que discutimos, en público. Por ese Perón que los dos quisimos y con el que nos peleamos en circunstancias distintas, como buenos perucas: Cacho, en los setenta, en la época de la Alternativa Independiente que levantaban las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), yo en estos tiempos duros de Bill Gates, en que se me dio por pasarle facturas históricas al Padre Eterno. Y agradecí haberlo visto en el homenaje a Germán, donde nos abrazamos con el cariño de siempre. Esta gran burrada que es la muerte lo derribó en Tilcara, cuando se levantaba de la mesa amiga, que compartía con ese otro tipazo que es Miguel Angel Estrella. Videla, Bussi o Etchecolatz, en cambio, siguen respirando. Y uno no puede dejar de hacer esas reflexiones sin sentido. Dentro de unos minutos me voy a levantar del teclado para cumplir el viejo ritual de la despedida en el Centro Islámico. Y temo, lo confieso, asomarme al rostro vaciado de Cacho. Entonces, mientras busco consuelos contra el absurdo, escucho lo que me dice, desde su entereza y sabiduría, Laura Bonaparte; que van a crear un centro de documentación sobre derechos humanos y va a llevar como nombre Envar el Kadre. Ese nombre que escuché, por primera vez, una tarde de 1968. Que evocaba tigres y alfanjes, huríes y fuentes incesantes en los patios de mayólica, pero también la saga gigantesca y aún inédita de las luchas populares. El amanecer de humo y frío de las volanteadas, las cargas de la Montada, el símbolo del Vuelve en los muros del Sur. El viento del pueblo que Cacho seguía escuchando, terco y sonriente, a pesar de los gerentes.
Fuente: Página/12
Por qué somos peronistas (documento de las FAP, 1969)
En 1945 el país está en un período de progreso y ascenso económico. Está creciendo por dentro: en el interior del país se levantan focos industriales y el gobierno cuenta con buenas reservas monetarias en el exterior. Esta situación general posibilita el surgimiento del fenómeno peronista y principalmente a través de tres factores:
1) El surgimiento de la industria nacional, fruto de la prosperidad general, de las condiciones del mercado internacional de posguerra principalmente y de las condiciones del mercado interno por falta de material manufacturado.
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2) Los comienzos de penetración yankee a consecuencia del debilitamiento del imperio británico y de la expansión del norteamericano.
3) Las migraciones internas. A consecuencia del surgimiento industrial aparece un nuevo proletario urbano llegado del interior del país, de origen criollo y no politizado y en una total situación de desarraigo, ya que a pesar de la floreciente prosperidad económica la situación de la clase trabajadora era de explotación, malas condiciones de empleo, ausencia de reglamentaciones laborales, jubilaciones y protección social.
El coronel Perón se pone a la cabeza del movimiento nacionalista -integrado por sectores de la burguesía nacional y del ejército- y de la clase trabajadora organizada con ese nuevo proletariado urbano, tomando como banderas la defensa de la naciente industria nacional, la lucha contra la penetración yankee y las reivindicaciones sociales de la clase trabajadora.
El 17 de octubre de 1945 es la primera acción masiva de la clase trabajadora argentina, es el despertar político de los descamisados, es el encuentro del Pueblo con su líder, quien lo llevará a alcanzar el más alto nivel de conciencia, conciencia de su misión y destino histórico. Cientos de miles de hombres y mujeres se movilizan en forma masiva para imponer su voluntad y reconquistar al caudillo; es la fuerza pujante y nueva de los trabajadores contra los valores caducos de la oligarquía imperialista y explotadora.
El peronismo tiene su nacimiento por la irrupción de los trabajadores en la vida nacional como copartícipes en la construcción de la nueva Argentina. En el campo internacional significa una avanzada de los países del Tercer Mundo, que buscan su propio camino al margen de las dos hegemonías.
A partir de 1945, como movimiento antiimperialista, popular y nacionalista, el peronismo iniciará en el país el proceso democrático burgués. En el orden económico representa la defensa de las riquezas del país de las manos extranjeras: la deuda exterior es reembolsada (sumaba el 40% de nuestros recursos y divisas); los transportes, gas, teléfono, electricidad, fueron nacionalizados; la nacionalización del Banco Central permitió disponer del ahorro nacional para el desarrollo del país: a través del IAPI se aseguraba el precio de las materias primas exportadas e importadas.
Sin embargo, en el aspecto económico, las estructuras del poder oligárquico no fueron modificadas.
En el orden social se manifiesta una serie de reivindicaciones auténticas; se reglamentan los derechos del trabajador, la familia, los ancianos y la educación; se da participaciones en la cosa pública al Pueblo otorgándose el voto a las mujeres y a los indígenas; la clase trabajadora participa directamente en el poder político, y hay ministros y gobernadores, diputados, senadores, diplomáticos obreros; la distribución de la renta nacional permite elevar el nivel de vida de la clase trabajadora. Esta proporción se invierte a favor de los trabajadores quienes reciben el 66% de la renta nacional.
Políticamente se dio al proletariado conciencia de clase y conciencia de su fuerza y, por lo tanto, de su posibilidad de participar en la conducción del país.
Con la desaparición de las condiciones de prosperidad de posguerra comienzan los enfrentamientos: es la lucha de clases dentro del Movimiento Peronista: el Ejército es partidario de la industrialización pero no de una política social avanzada; la burguesía desea aumentar aun más sus beneficios propios negociando con el imperialismo; y los burócratas no hacen mas que estancar el proceso. Frente a ellos los "cabecitas negras" y los "grasitas" -como ellos llaman al Pueblo- tienden a radicalizar la política social. El avance del grado de conciencia política exige la profundización de las consignas y de la política revolucionaria nacional como también la plana participación de los trabajadores en las determinaciones de la conducción.
Sin embargo la dirección del movimiento permanece en manos de sectores de la burguesía nacional y de la burocracia sindical y política todopoderosa. Falta combatividad de clase, falta la presencia revolucionaria de Evita, abundan las conquistas fáciles, el Pueblo vive la euforia de un progreso sin límites, no se toma conciencia de la necesidad de destruir las estructuras que sostienen a la oligarquía y sus intereses para logran un efectivo reparto de los bienes de producción; se paraliza la democratización del Movimiento.
Es así que el proceso se estanca y las fuerzas, antes unidas en un amplio frente antiimperialista, se van dispersando para terminar en choque; el Frente se rompe.
"No somos leyenda, fuimos militantes políticos" PROYECTO DE LEY DE REPARACION HISTORICA PARA PERSEGUIDOS POLITICOS DE 1955 A 1976 (octubre 2005) |
Desde 1955 han pasado 14 años que las minorías oligárquicas tomaron el poder despojando al pueblo y a PERON DEL GOBIERNO, En estos 14 años el Peronismo se planteo la lucha en los más diversos frentes para reconquistar el Poder. Durante estos 14 años los caminos empleados no estaban a la altura de su condición revolucionaria y tienen en común el espontaneismo. Fueron: el golpismo, el electoralismo, la burocracia reformista o traidora en contacto muchas veces con jefes militares, el terrorismo y el sabotaje y solo condujeron a callejones sin salida. Las sucesivas crisis militares, el triunfo militar, el triunfo popular y masivo del Peronismo el 18 de marzo de 1962, el derrocamiento de Frondizi, las nuevas crisis militares así lo demuestran.
El 18 de marzo demostró que la oligarquía no estaba dispuesta a entregar el gobierno, ni tampoco el Poder, por cuestión de votos mas o menos. El golpe del 28 de junio de 1966 representa la continuación genuina de la política de la oligarquía despojada ahora de falsos mascarones, por medio de las Fuerzas Armadas que, en esta coyuntura, son la única estructura capaz de defender efectivamente los intereses de la oligarquía y el imperialismo.
La falta de una ideología coherente y de una estrategia revolucionaria que encuadraran los distintos métodos desarticuladamente empleados, provocó la actual dispersiones el peronismo, y fue lo que lo llevó una y otra vez al fracaso.
Pero estos años de lucha permitieron aprender, permitieron ver que la situación de la Argentina y del Peronismo forma parte de los procesos de Liberación de marca Latina. Estos años de lucha y rebeldía han permitido formar un nuevo Peronismo que intenta integrar todos sus fracasos, todas sus experiencias.
Hoy, que la burguesía es incapaz de encabezar ningún proceso histórico revolucionario, hoy que el proceso se presenta bajos los términos inseparables de la Revolución Social y Liberación Nacional, es innegable la vigencia histórica del Peronismo como expresión de la clase trabajadora.
SOMOS PERONISTAS porque, creyendo en la vigencia del Peronismo, debemos continuar y profundizar su acción de acuerdo con las nuevas exigencias de la historia y de las nuevas coyunturas nacionales e internacionales.
SOMOS PERONISTAS porque existe una clara continuidad entre el camino de grandeza nacional que inició el Peronismo en el gobierno y el que reabrirá con nuevas y superiores formas de lucha pero integrando las banderas iniciales. A la estrategia contrarrevolucionaria de opresión y miseria, de vergüenza y privilegio del régimen a partir de 1955 opondremos la estrategia revolucionaria de la toma del poder mediante la lucha armada.
Los que ven en Perón un obstáculo para llevar adelante la lucha armada, no tienen claridad para ver la continuidad que existe históricamente entre el proceso 45-55, la búsqueda del camino que llevase al Poder en estos últimos 14 años y el nuevo camino a través de la guerra revolucionaria que iniciara el Peronismo y que es la culminación de esas dos etapas anteriores.
SOMOS PERONISTAS y afirmamos la bandera del retorno de Perón porque es una auténtica reivindicación popular. Porque más allá de la forma, la apariencia, el pueblo no pide el retorno de un hombre sino de lo que él encarna o sea, la participación en la conducción del país.
Porque Perón es un fenómeno no encuadrable en el sistema, Porque la posibilidad de negociación entre Perón y el régimen no tiene existencia real, pues el significado de Perón en la Argentina son miles y miles de descamisados en la calle. Por esto Perón y el Peronismo es la oposición no asimilable al régimen, y esta realidad es independiente incluso del mismo Perón.
SOMOS PERONISTAS y luchamos por el retorno de Perón por que confiamos en el Pueblo, sentimos con él y no lo consideramos como algo "arrastrable" por una secta de iluminados. Nuestro método puede ser solo uno: tomar las reivindicaciones populares como bandera y alcanzar con el Pueblo hacia otras superiores.
El CHE planteaba que no se puede ir demasiado lejos del Pueblo, ni confundirse totalmente con él, dejando de ser vanguardia. Hacer lo mismo seria no ver las necesidades reales del Pueblo y tomar otras que hasta el momento son pura teoría y el Pueblo no siente como suyas. Lo segundo sería aceptar que Perón tiene que venir para hacer la Revolución, sin explicar que sólo una Revolución en marcha puede traer a Perón.
SOMOS PERONISTAS y por eso afirmamos que del seno del Peronismo debe surgir la Vanguardia Revolucionaria capaz de conducir al Pueblo hacia la única salida para el país y las clases trabajadoras, LA TOMA DEL PODER POLITICO Y ECONOMICO, para la creación de una Argentina Justa, Libre y Soberana.
Fuente: www.cedema.org
FAP: con Perón y con las balas[América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, enero de 1971]
FAP Fuerzas Armadas Peronistas
"Dos hombres y una muchacha, un mate amargo que recorre la reunión y afuera, Buenos Aires, la policía federal loca atrás de esta organización, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) que han dado un sello especial a sus acciones, el de "usted también puede hacerlo". Esta misma mañana se llevaron 14 millones del Banco Alemán Trasatlántico: secuestraron al tesorero, redujeron a un policía, se hicieron entregar la otra llave por el gerente y se retiraron con el dinero. "Fue una operación limpia -dice uno- sin un tiro". No hacen ostentación alguna, pero no pueden ocultar que están contentos.
"No apriete mucho que no somos muy "teóricos" -desliza el otro, cuando me pasa el mate. Yo tampoco. "Qué suerte". Pero qué va a hacer uno si tiene el oficio de apretar.
Ustedes se declaran peronistas; ¿Cómo conciben al Movimiento Peronista?
Nosotros concebimos al Movimiento Peronista como un movimiento de liberación nacional. Desde 1955, en que se pierde el poder lo que se da en la Argentina es un proceso en el que el movimiento peronista, de una forma o de otra, expresa una estrategia de conjunto que es la recuperación del poder. Eso explica la Resistencia, las grandes huelgas, explica el intento de golpe del General Valle, explica, incluso, que las direcciones obreras se ligaran con los militares.
¿Explica también el pacto con Frondizi?
Lo explica. El pacto con Frondizi se da en unas circunstancias específicas y significa para el movimiento, un movimiento muy heterogéneo y que estaba proscripto, oponer una perspectiva de negociación que, a través de un programa y con algunas perspectivas de conseguir la CGT y algunas cosas, opta por una alternativa que es dar, en las elecciones, el apoyo a Frondizi. La decisión la adopta Perón, en ese momento, como táctica, y nosotros la reivindicamos como correcta porque sirvió entonces para oponerse con un programa que aparecía como nacional y popular, con ciertos planteos de independencia económica, a los sectores más oligárquicos y proyanquis del país.
¿Pero estaba claro que, estratégicamente, si aceptamos que el Movimiento peronista es un Movimiento de Liberación Nacional, de Frondizi, no podía esperar nada?
Estaba bastante claro, dentro de la contextura de lo que era el frondicismo, que inexorablemente, fundamentalmente por las clases que lo apoyaban, no tenía perspectiva histórica para comandar un proceso de liberación nacional. Nosotros sabemos perfectamente que la "burguesía nacional" como se le llama, no puede producir un proceso de liberaci6n nacional y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Hoy día directamente no hay ninguna posibilidad.
La ejecución de Dirk Kloosterman Dirk Kloosterman se recibió de ingeniero mecánico en la Universidad Nacional de La Plata. En 1964 comenzó a actuar en el movimiento sindical como delegado de fábrica en le empresa Peugeot. En 1966 fue elegido para formar parte del Consejo Directivo del SMATA, sindicato nacional de los trabajadores mecánicos, en cuyo ámbito se organizan los trabajadores de las empresas fabricantes de automóviles. En 1968 fue elegido Secretario General del sindicato, posición que ejercía en el momento en que fue asesinado. |
Y desde hoy, ¿cómo ven ustedes todas esas tácticas empleadas por el Movimiento?
No totalmente estériles pero sí insuficientes. Creemos que llevaron al movimiento obrero a un desgaste pero también a un gran aprendizaje.
¿En qué consiste ese aprendizaje?
Bueno, que entrar en la variante militarista, entrar en e1go1pe de estado, entrar en la perspectiva insurreccional, hace que los sectores más honestos, más combativos del Movimiento analicen toda esa experiencia y comience una nueva metodología que se ve sustentada y enriquecida, además, por las experiencias internacionales: como la Revolución Cubana y la Revolución Argelina, que tuvieron mucha influencia en la juventud peronista.
¿Las posiciones que aquí sostuvo la izquierda, tradicional en su valoración del fenómeno peronista no entorpeció la asimilación de esas experiencias?
La desconfianza que existió en el Movimiento hacia 1a izquierda argentina, no lo privó de absorber la experiencia de otras organizaciones revolucionarias triunfantes en otros lados, a pesar, de que como usted dice, acá la izquierda siempre estuvo de la otra acera. Simultáneamente se dio el proceso de que la izquierda comenzó a comprender el proceso nacional, y acercarse al peronismo.
¿Cómo se reflejó todo esto en el movimiento obrero?
Nosotros pensamos que el movimiento obrero fue el que verdaderamente se sacrificó para que llegáramos hoy a abrir los ojos a esta nueva metodología, porque sufrió en carne propia la experiencia que llevó adelante. Es decir, a nivel de masas se experimentó que por el lado de los militares no hay salida, que por el lado de las elecciones tampoco, que por el lado de las grandes huelgas y las grandes movilizaciones, tampoco va. Es decir que todo eso puede servir pero dentro de una estrategia de conjunto. Y que era necesario pelear con mayores perspectivas e ir conformando organizaciones que posibilitaran, en una guerra larga, el triunfo final, es decir la reconquista del poder.
Cuando ustedes habla de reconquista del poder, ¿no se refieren a un retorno a 1955, verdad?
Nosotros hablamos de reconquista del poder para referimos a una experiencia que hizo nuestro pueblo que, en alguna medida, compartió el poder. O sea que las tres banderas del peronismo: Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, sintetizan una política de Liberación nacional. Y para el pueblo entender eso, en el último escalón de los sectores explotados, lo menos politizados es, por lo menos, volver a la época del 45 al 55. Pero a nivel de la gran mayoría del pueblo argentino está bastante claro que de volver no se puede volver a repetir lo mismo. El retorno al poder signif1ca tomar el poder para profundizar lo que se dejó en un momento, con una metodología distinta, can un alcance totalmente diferente.
Toda la experiencia de que hablaba no ha caída en saco roto, sino que es una experiencia que ha sida asimilada por la gente: nosotros tenemos la suerte de tener un movimiento obrero muy capaz, muy lúcido, que discute todos las problemas y habiendo vivido en fábricas, habiendo partícipado en reuniones en las barrios, uno se da cuenta que el nivel político de nuestra clase obrera es muy grande. Y es un movimiento nacional, que no está concentrado aquí en Buenos Aires, sino que se extiende a todo el País. Pensar que cuando se plantea la vuelta de Perón o el retorno al poder de la clase obrera puede pensar que es retornar a una política que se hizo hasta 1955 es despreciar el nivel alcanzada por nuestro pueblo. En esto nuestro pueblo está conciente. Lo dice todo el mundo: "acá Perón tenía que haber amasijado a todos los gorilas". Es una expresión clara de que es la única forma de seguir adelante en un proceso de este tipo, para mantener las conquistas y para profundizarlas.
¿Y eso podría hacerse hoy dentro marco capitalista?
Nosotros entendemos que no, que no es factible. Es decir que la única manera es liquidando toda la estructura capitalista.
¿Entonces ustedes consideran que los propósitos de liberación nacional están ligados a los propósitos de liberación social?
Completamente.
¿Creen que esto también lo entiende así la oligarquía y el imperialismo, que el retorno de Perón significaría en sí mismo un hecho revolucionario, es decir, que Per6n, a esta altura, no es encuadrable dentro del sistema?
Nosotros creemos que no es encuadrable. Es decir: esto es un supuesto. Este supuesto parte de la confianza que le tenemos a Perón como líder, confianza que no depende de un nivel de conocimiento psicológico, ni a nivel subjetivo de Perón, sino que arranca de su trayectoria, del compromiso que Perón ha asumido con su pueblo. En el supuesto caso de que Perón estuviera, subjetivamente, en una variante de negociación, de renunciar a todo lo que ha venido planteando, de entongarse con el régimen, a ese nivel creemos que no tendría ninguna posibilidad política y por lo tanto creemos que, por su compromiso con el pueblo, por su compromiso con1as masas, ,Perón no es encuadrable.
En la misma medida en que el margen de maniobra política para los sectores dominantes se estrecha ellos podrán considerar su última carta posible para integrar al peronismo...
No sólo lo consideran sino que están buscando la forma de lograrlo. Creemos que el gran problema que tiene la oligarquía, y el imperialismo en este país es cómo hacen para encuadrar el movimiento peronista.
Sí, está claro es el gran problema que han tenido durante los últimos 15 años.
No es casualidad que metan a Luco en la Secretaría de Trabajo, no es casualidad que estén metiendo gobernadores, que estén metiendo gente peronista que se ha autoexduído del Movimiento.
Todo esto obedece a una intención par parte de la oligarquía de convertir el peronismo en un movimiento estéril, de domesticarlo, de quitarle toda perspectiva porque si no ellos no pueden seguir haciendo la que están haciendo. Saben que puede surgir y está surgiendo inexorablemente una fuerza que va a acaudillar al movimiento obrero. Es un problema de clase. El problema que puede tener cualquier otro gobierno burgués, pero que aquí en la Argentina se acentúa por la existencia de un movimiento que plantea consignas de liberación nacional y que va detrás de esas consignas. Si bien es cierto que en este momento todavía no visualiza claramente cuál es la perspectiva de triunfo, de qué manera se puede llegar al poder, ve por lo menos, que ningún gobierno le ha dado lo que le diera el peronismo, ve claramente de qué lado está el movimiento peronista y de qué lado está la oligarquía y el imperialismo.
Sí, toda esa está muy claro: es evidente el fracaso de los sectores dominantes en todos sus intentos de integrar el peronismo. Toda esta historia de elecciones, golpes, elecciones, golpes, se repite coma un, ritornello durante 15 años y en el fondo de la cuestión está siempre el problema del peronismo. El factor nuevo y que pienso que pueda considerarse irreversible en esta coyuntura de hoy, es, precisamente la lucha armada, que esa sí, por definición, no es encuadrable en el sistema, independientemente de los extremos a que estuviera dispuesto a comprometerse el propio Perón. Y me pregunto si, precisamente, ante el fracaso de integración del peronismo y enfrentados al hecho armado, los sectores de poder no podrían jugar al retorno de Perón, justamente como última carta para poner freno a la lucha armada en el país, por lo menos a la lucha armada de organizaciones peronistas.
Nosotros no creemos que haya posibilidades concretas de traerlo a Perón. Porque si Perón regresara, tendría que regresar como candidato a elecciones, o tendría que venir con alguna perspectiva. Es decir él dice que va a venir "cuando estén las condiciones dadas". ¿Qué quiere decir con esto? No está muy claro. Pero lo que parece es que Perón juega, maniobra para forzar al gobierno a una definición. No es casualidad que Paladino vuelva de la entrevista con Perón y venga acá a decir que Perón regresa. Esto es para apresurar una definición por parte del gobierno.
Pero precisamente Paladino, el Jefe Político del Movimiento en Argentina, por designación de Perón, vuelve al país planteando que "las condiciones para el regreso de Perón están dadas (aunque tampoco especifica claramente cuáles son) y que la alternativa electoral es la única forma de poner fin a la "violencia en el país". ¿Esto no es una forma de contribuir al juego aparentemente aperturista de Levingston, no contribuye objetivamente a la maniobra del gobierno en contradicción con la línea armada de ustedes?
Nosotros entendemos que el retorno de Perón es una reivindicación concreta. Cualquier individuo que llama a esa reivindicación es un individuo que ayuda al proceso de liberación nacional. Tenga en cuenta que el retorno de Perón no está descolgado, no está fuera del contexto de las reivindicaciones de las tres banderas del peronismo: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social. El retorno de Perón incluye el planteo de las tres banderas. Cualquiera, de cualquier manera que lo haga y de cualquier forma, por carta, por una poesía, por un cantito, como se le ocurra, que plantee el regreso de Perón, contribuye, para nosotros, al proceso de liberación nacional. Hay que entender que el proceso de liberación nacional que nosotros vivimos tiene diez mil facetas, no tiene la organicidad que idealmente pudiéramos desear que tuviera. Por eso, vengan de donde vengan las reivindicaciones de las consignas fundamentales del Movimiento, contribuyen.
¿y si esa jugada política se intentara sin el retorno de Perón, tratando de canalizar al peronismo detrás de otras fuerzas, o de algún militar providencial, sacado de la manga?
Nosotros creemos que no hay cabida para ningún movimiento que no incluya a Perón. El nivel de conciencia del pueblo alcanza perfectamente para comprender que cualquier individuo que acá plantee un peronismo sin Perón, no tiene posibilidades.
Paladino habló varias veces del radicalismo: ¿una nueva versión del pacto Perón-Frondizi, con un pacto Perón-Balbín, por ejemplo, no tiene posibilidades de darse?;
Nosotros entendemos que ese pacto no puede darse. No descartamos la posibilidad de que en una determinada coyuntura el Movimiento se exprese electoralmente, creemos que quien descarta esa posibilidad es el régimen, que no puede dejar que el peronismo se exprese masivamente. Porque para que se exprese masivamente el peronismo tiene que ser detrás de un candidato que más o menos refleje una política de liberaci6n porque si no, la gente no lo va a votar. Y si apareciera un candidato con planteamientos peronistas, sería el régimen el que lo rechazara.
¿Se puede hablar de una posición compacta del peronismo en esta coyuntura?
A nivel orgánico existe una conducción del Movimiento, esa conducción está en manos de Perón y del Comando Superior Peronista, que aunque a veces parezca contradictoria, da los lineamientos generales, lineamientos generales en los que se encuadran todas las corrientes.
De ahí precisamente la confusión que se crea frente al Movimiento Peronista. . .
Claro, porque se piensa que el Movimiento' Peronista es un Partido y el Movimiento Peronista no es un partido. Y tanto es así, que dentro de su seno existen corrientes contradictorias y hasta antagónicas.
Estos días lo vemos: la Dirección del Movimiento propone la salida electoral para poner fin a la violencia, mientras esa violencia revolucionaria se ejerce por otro sector del propio peronismo. Una contradicción evidente.
Correcto. Pero mientras Paladino no se pronuncie específicamente contra la violencia que ejercemos los peronistas... es decir, él dice qué la violencia es producto del sistema. Y creemos que, bueno, mientras esté diciendo eso está bien.
Bien, pero más allá o más acá de todo este análisis, ¿cuál es, para ustedes, la vía que efectivamente garantizará el desarrollo de un proceso de liberación nacional en el país?
Nosotros creemos que todo este movimiento de liberación nacional no tiene perspectivas de triunfo si no se construye un ejército del pueblo a partir de una organización armada político. No, de ninguna manera. Taco Ralo fue una experiencia directamente influida por el ejemplo de la Revolución Cubana que repercutió dentro del peronismo e impulsó a su vanguardia a concretar su acción dentro de las normas de la guerrilla rural. Esa derrota táctica no supone que nosotros descartemos en nuestro país el método de la guerrilla rural. En Argentina tenemos grandes concentraciones urbanas, por un lado y zonas geográficas y políticamente adecuadas para la lucha rural, por otro, lo que determinará que la lucha armada, que en esta etapa se desarrolla fundamentalmente en las ciudades, se extenderá también al medio rural.
¿Y el "Cordobazo"? ¿Puede considerarse un factor detonante de la lucha armada en el país?
Se podría decir que desde el 66, desde el Onganiato hasta el "Cordobazo", hay aparentemente un repliegue y una ausencia de la clase obrera argentina, de la lucha. Lo que significa el "Cordobazo", a nivel de las organizaciones armadas es un llamado de atención, en cierta manera, sobre la presencia del pueblo: que el pueblo no estaba ni domesticado, ni dormido, ni quebrado. El "'Cordobazo" tiene mucha influencia, sobre todo en algunos sectores, pero la raíz de las organizaciones ya estaba dada.
Pero impulsa mucha gente, ¿no?
Impulsa mucha gente, indudablemente. Mucha gente participa en el "Cordobazo", que no fue sólo Córdoba, fue Rosario, Santa Fe, Tucumán y esa experiencia le demuestra todo lo militar.
¿Cuáles son los factores que a juicio de ustedes abren la perspectiva armada que hoy vive el país?
Le decía que toda esa experiencia recopilada del movimiento peronista nos llevó a buscar una nueva metodología, que tuviera una perspectiva de triunfo, que diera una posibilidad real de ganar el poder para el pueblo'. Ante toda esa experiencia desgastante del movimiento obrero, las huelgas sin salida, los compromisos fallidos, la Resistencia sin eficacia, nosotros creemos que en este momento hay que plantearse las cosas de diferente manera y que hay que organizar y desarrollar la lucha armada.
El peronismo ya tiene en el país varios antecedentes de lucha armada, ¿qué experiencia extrajeron ustedes de esos antecedentes y en qué se diferencia de la práctica armada actual?
Como usted bien dice el peronismo fue de los primeros que se planteo en la Argentina la lucha armada. La primera expresión de lucha armada fueron los Uturuncos, en 1959, el campamento guerrillero peronista que es copado en el Plumerillo; el Policlínico Bancario, del sector nacionalista y después Taco Ralo. La resistencia misma de 1955 a 1957 fue una expresión de lucha armada, muy incipiente, muy rudimentaria, pero lo fue. Aquí se colocaron bombas como no creo qué se hayan colocado en la época de los anarquistas. La gente se jugó.
La derrota táctica que ustedes, sufrieron en Tucumán, en Taco Ralo, que tengo entendido marca el inicio de la FAP y la reapertura de sus acciones en las ciudades en 1969 Y 1970, ¿supone que la estrategia de ustedes excluye la guerrilla rural?
Positivo que tiene y también todo lo negativo. Concluye que el "Cordobazo" no es el camino. Pasada la euforia del "Cordobazo" se plantea el problema de la metodología que, forzosamente tiene que pasar a través de la organización clandestina, que no en todos los casos tiene que ser armada, pero que las formas que van adoptando, en cierta medida, son las formas de las organizaciones armadas.
¿Cómo se asimila, concretamente, esa metodología?
Se constituyen células pequeñas de cinco a seis militantes de un sector político y que paulatinamente se van planteando la lucha armada. Hoy, en la Argentina, están operando cuatro organizaciones grandes y dos más pequeñas. Esas organizaciones no son las que hacen todas las operaciones: uno lee-que acá pusieron una bomba, que al1á le sacaron un arma a un policía: éstas no son siempre acciones de alguna organización. Aunque muchos de esos comandos se incorporen en algún momento a alguna de las organizaciones armadas, hay muchos que todavía están actuando aisladamente y que son en cierta medida, producto del "Cordobazo".
Para la FAP, específicamente, ¿qué significó el "Cordobazo'''?
La necesidad de apresurar el proceso de consolidación de nuestra organización y, analizando el hecho, la necesidad de que la organización armada diera una perspectiva al "Cordobazo", como forma de aprovechar todo ese estado de concientización masiva que se había dado. Nos preguntábamos cómo era posible que se hubiera dado un fenómeno de masas como el "Cordobazo" sin que las organizaciones armadas estuvieran ahí presentes, transmitiendo su metodología.
Y ese trabajo con las masas, ¿cómo lo encaran ustedes ahora?
El eje de nuestra política es organizar la guerra del pueblo. Todo tiene que confluir a eso. La organización de la guerra del pueblo tiene aspectos complejos en lo que respecta a la ligazón de las masas. Nosotros nos consideramos una parte de esa guerra, de ninguna manera su élite y creemos que una tarea fundamental nuestra como organización política militar es responder a la necesidad que tiene planteada el movimiento obrero de poder organizarse, de adoptar una metodología diferente. Nuestra tarea está concentrada, entonces, en establecer formas organizativas de ligazón con el pueblo que garanticen, por un lado, la continuidad y la compartimentación de la organización armada y, por otro, una real interrelación entre el pueblo y la organización. Este problema, complejo como es, creemos que está tomando formas precisas a través del trabajo que estamos realizando.
¿Se puede conocer cómo?
Aportando cuadros con mentalidad político-militar al proceso de lucha que se da al nivel de masas y tratando de extender la metodología de la organización armada a todos los niveles en que se da el enfrentamiento de las masas can el régimen. Es decir nosotros no desenchufamos el trabajo político del militar; decimos que se complementan, que siempre deben ir unidos; que lo que necesita nuestro pueblo es que se le de una metodología que le sirva para pelear.
Ese intento de vinculación con las masas los tiene que llevar a ustedes también, a determinar los objetivos de sus acciones considerando cuidadosamente la receptibilidad popular. ¿Cuáles son los criterios en la elección de los objetivos de las acciones, cuáles son los blancos que ustedes consideran de más rendimiento político?
Bueno, nosotros estamos buscando tipos de operaciones políticas que sean comprendidas inmediatamente por nuestro pueblo. No quiero decir que hayamos sido siempre eficaces en ese terreno producto de nuestras propias limitaciones y otro factor que tenemos en cuenta, que nos parece muy importante: un tipo de acciones que sea considerada por nuestro pueblo no sólo como factible de ser realizada por una organización armada, sino por cualquiera que se decida realmente a hacerlas. Es decir no nos interesa tanto las grandes operaciones aparatosas donde aparece una organización con un gran nivel técnico y que quien se proponga hacerlas solamente pudiera hac