Fuerte apoyo de la derecha regional a un golpe contra Maduro

Por Alberto López Girondo

Juan Guaidó se autoproclamó presidente de Venezuela. Trump y la OEA lo reconocieron rápidamente, mientras que el vicepresidente de EEUU y el ex mandatario colombiano Alvaro Uribe escalan en su propuesta de interrupción constitucional.

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (parlamento unicameral de mayoría opositora), Juan Guaidó, se autoproclamó este miércoles ante una manifestación reunida en el este de la capital como presidente encargado de Venezuela. Y rápidamente, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y la OEA reconocieron públicamente su supuesto gobierno. Más tarde, se sumaron Mauricio Macri y Jair Bolsonaro.

Es por eso que se dice que la derecha de la región salió a apoyar sin tapujos la interrupción constitucional en Venezuela en medio de la marcha que la oposición encabezó este miércoles, en conmemoración del golpe de 1958 que terminó con el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Si bien el recordatorio no es un número redondo, toda excusa es buena para mostrar músculo en las calles de todo el país, por eso mismo, también desde el Palacio de Miraflores se promovió una marcha para recordar el mismo hecho que puso fin a lo que desde ambas orillas del espectro político del país consideran una dictadura. Tal vez lo único en lo que están de acuerdo en estas horas dramáticas teñidas por la ansiedad de la oposición alineada con EEUU, la OEA y los gobiernos antichavistas, que son hoy por hoy mayoría.

Desde el otro lado de al frontera, el ex presidente colombiano y líder del partido gobernante Álvaro Uribe, se grabó en un tuit en que dice que «es una hora fundamental para la democracia» en Venezuela. Se sumó así al discurso del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en que hace votos por que la ciudadanía eche a Maduro.

Guaudió es un joven ingeniero de 35 años que fue ungido de un modo no legítimo como «presidente interino» del país, desconociendo que el 10 de enero Nicolás Maduro asumía otro período como primer mandatario elegido en las elección de 20 de mayo de 2018. La AN fue considerad en desacato por la Corte Suprema por no aceptar el mandato de Maduro.

Ese 23 de enero de hace 61 años comenzó un proceso político tras 22 días de protestas contra el régimen de Pérez Jiménez y comenzó un período llamado del Punto Fijo en que dos partidos, Acción Democrática y Copei se repartieron el poder hasta que en 1999 Hugo Chávez rompió ese esquema y modificó la Constitución Nacional. Para el chavismo, el duopolio traicionó los postulados de democracia del 23E para crear una nueva dictadura aunque con elecciones en lo formal.

Para la oposición, que durante gran parte de 2017 y los inicios de 2018 había aceptado conversaciones con el oficialismo en una mesa de diálogo que presidió el ex jefe de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en Santo Domingo, la fecha es útil para poner en la misma bolsa a Maduro y a Pérez Jiménez, ambos bajo el sayo de dictaduras.

Sin embargo en República Dominicana se había arribado a acuerdos para elecciones con garantías para todos los participantes y como el mismo Zapatero recordó con resquemor, «los representantes de la oposición se levantaron de la mesa antes de firmar lo comprometido». Es que cualquier acuerdo garantizaba la paz en el país pero no el triunfo del antichavismo.

Fue en ese contexto que la mayoría opositora se negó a participar en mayo, aunque algunos sectores si lo hicieron y Maduro obtuvo 67% de sufragios. De todas maneras la participación fue del 46%, lo que para algunos analistas sería índice de rechazo al gobierno.

El trasfondo de todo este escenario es la crisis económica que vive el país, por errores propios pero también por el boicot comercial y las sanciones del gobierno de Donald Trump contra empresas y activos venezolanos en todo el mundo. Sin descuidar la guerra informativa desarrollada por los medios hegemónicos.

Las cartas están echadas y el chavismo se juega una fuerte parada. Rodeado de gobiernos enemigos que fueron sumándose a partir del triunfo de Mauricio Macri en Argentina y con la amenaza de acciones violentas similares a la que terminaron con el gobierno de Muhamad Khadafi en Libia o intentaron hacer con Bashar al Assad en Siria. Y con Rusia y China como apoyos a Maduro muy condicionados por la furia que desde el Departamento de Estado y la presidencia de EE.UU. se arroja contra Caracas.

Tiempo Argentino

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