Geoplítica de una deuda insostenible

El reino salvaje de la usura reproduce el endeudamiento ilimitado en el seno de la población

Por Mónica Peralta Ramos

Poderosas ráfagas de viento de la desgracia soplan desde el norte mientras Macri y su gobierno se hunden en el pantano de la pérdida de credibilidad. Aun candente el fiasco de un programa de Precios Esenciales con muchos productos inexistentes en los comercios, Macri ha convocado a través de los medios a un diálogo con la oposición sobre “cuestiones básicas de nuestro desarrollo económico”, que permitirán fortalecer nuestra democracia y “despejar algunas dudas que todavía existen sobre nuestro país”. Estas cuestiones se condensan en diez puntos que explicitan el apoyo a las políticas de Ajuste del FMI. Su nudo central reside en la adhesión al cumplimiento de las obligaciones con los acreedores externos.

Esta convocatoria, que en un principio excluía a CFK, fue aceptada por la racionalidad peronista de Miguel Pichetto y Juan Urtubey que siempre asienten a todo lo que proviene de la Casa Rosada. La propuesta fue rechazada por Sergio Massa y Roberto Lavagna. Las razones fueron varias. En esencia, consideraron que el decálogo era un mero plan de marketing electoral que excluía a otros sectores de la oposición y se olvidaba del crecimiento económico. Macri no tardó en reenviar el decálogo incluyendo esta vez a CFK en la convocatoria al dialogo.

Estos fuegos artificiales se dan en un contexto económico cada vez más deprimido como consecuencia del impacto recesivo del ajuste, la inflación y unas finanzas dominadas por la posibilidad de un default en el corto plazo. Hoy la preocupación por el estado de las reservas de un BCRA recién autorizado a utilizarlas para combatir a la corrida cambiaria, permea la coyuntura política y arroja dudas sobre los caminos que Macri tiene ante sí para llegar a las elecciones.

El gobierno ya ha gastado 8 de cada 10 dólares del último desembolso del préstamo del FMI efectuado a mediados de abril (pagina12.com 8 5 2019). A una semana del debut de la nueva política cambiaria, se gastaron 1.926 millones de dólares de las reservas, de los cuales 1.450 millones fueron destinados al pago de la amortización e intereses del Bonar. Hubo también venta de divisas destinada a calmar la demanda de dólares.

Estas intervenciones diarias del BCRA han logrado su objetivo de contener a la divisa que ha fluctuado en torno a los $46. Sin embargo, esta política está prendida con alfileres. Los síntomas de su vulnerabilidad escapan por las costuras que el gobierno intenta imponer. Enfrenta ahora la resistencia de los inversores a renovar las letras del Tesoro a su vencimiento, si este es posterior a las elecciones. Lo cual llevó a disminuir a 70 días el vencimiento futuro de las LETES (en dólares) que se renovaron a esta semana y plantea gran incertidumbre sobre la renovación de los futuros vencimientos. Esta incertidumbre se manifiesta también en el Riesgo País, que no desciende de niveles que rozan los 1000 puntos.

Así, a un año de activa presencia del FMI para dar, según Macri, un “financiamiento preventivo” con el objetivo de superar los peligros desatados en el exterior (es.panampost.com 8 5 2019), la situación económica es de tal fragilidad que Macri tuvo que llamar por teléfono a Donald Trump. Luego de la conversación, la Casa Blanca emitió rápidamente un comunicado expresando el “firme apoyo” de Trump a la agenda económica del gobierno de Macri y “a los avances que ha hecho para la modernización de la economía argentina”. Asimismo, Trump se interesó por conocer el posicionamiento de Macri en las elecciones y por su opinión sobre la crisis en Venezuela (clarín.com 8. 5. 2019). Seguramente ningún Presidente argentino ha contado con tanto apoyo por parte de un Presidente norteamericano y de las autoridades del FMI. Estas ultimas le han otorgado el préstamo mas grande en la historia del organismo y han vulnerado el articulo VI de sus estatutos al permitir que el gobierno lo utilice para intervenir en el mercado de cambios con el objetivo de impedir una corrida.

Macri juega un rol central en la estrategia norteamericana y en la política del FMI. Sin embargo, hoy está en juego algo que trasciende a Macri y a su éxito electoral. Si bien el deseo de apuntalarlo es indudable, el apoyo de Trump y del FMI busca un objetivo de mayor alcance estratégico: consolidar la inserción argentina en el campo geopolítico norteamericano, un campo dominado por la búsqueda de control sobre los recursos naturales no renovables en vías de extinción. Este contexto ilumina la importancia de Vaca Muerta —segunda reserva mundial de gas no convencional y cuarta de petróleo también no convencional— desde la perspectiva de los intereses norteamericanos. Al mismo tiempo, muestra la importancia del endeudamiento ilimitado como principal mecanismo de integración a la geopolítica norteamericana. Para lograr esto último, se sigue el camino de la recesión profunda, la devaluación y la dolarización de tarifas y combustibles. Con esto se destruye el tejido productivo de nuestra economía, tal como existe hoy en día, y se domestica a la fiera del conflicto social que ha marcado la historia contemporánea argentina. Sustituyendo a la furia de la protesta colectiva por el silencio mortal de un canibalismo individual acicateado por una creciente fragmentación social, la usura garantiza la paz de los cementerios.

Fragmentación social y endeudamiento insostenible

Cada día que pasa se agudiza la profunda recesión impulsada por el ajuste. El resultado de estos procesos ha sido el hambre de vastas capas de la población, el crecimiento del desempleo, la pérdida del poder adquisitivo de los asalariados, la destrucción del mercado interno y de numerosas pymes y empresas en distintos sectores productivos. También se ha golpeado a grandes empresas, especialmente las que producen para el mercado interno. Algunas se han visto obligadas a cerrar plantas y han sido severamente afectadas por su alto endeudamiento en dólares, y por la desvalorización de sus acciones en la Bolsa, también valuadas en dólares (Moodys, bae.com 8.5.2019). En consecuencia, el universo productivo se desintegra a diario en miles de fragmentos que pierden la identidad colectiva que les confiere su ubicación en cadenas de valor integradas sectorialmente. Aislados y desintegrados socialmente, pelean por minúsculos objetivos de corto alcance, muchas veces contradictorios y hasta antagónicos.

La situación de la industria, de las economías regionales y de la pequeña y mediana empresa agropecuaria y comercial contrasta con las ganancias extraordinarias resultantes de la especulación financiera, de la retención y liquidación de divisas provenientes de las exportaciones de los grandes productores agropecuarios, y de la dolarización de las tarifas y de los combustibles. Tal vez el caso mas visible de ganancias especulativas resida en el diferencial existente entre las tasas de interés que rigen para las colocaciones de los bancos en LELIQs y las que estos bancos pagan a los inversores privados por sus plazos fijos.

Asimismo, el reino salvaje de la usura penetra con impunidad en los intersticios de la sociedad y reproduce al endeudamiento ilimitado en el seno de la población, fragmentándola en miles de astillas individuales que luchan por sobrevivir mes a mes, perdiendo de vista la fuerza que surge de una identidad colectiva explotada y excluida. El gobierno ahora ha puesto la mira sobre los más pobres entre los pobres a los que ofrece créditos a tasas usurarias, al mismo tiempo que mantiene cautivos parte de sus ingresos en un endeudamiento sin fin.

Asimismo busca privatizar el negocio de los desembolsos mensuales de los dineros de la ANSES en concepto de pagos de AUH, becas Progresar y subsidios para la compra de garrafas, que en conjunto suman 12.000 millones de pesos mensuales. Hasta ahora, estos pagos se hacían a través del Correo argentino y de la billetera digital de un banco oficial: el Banco Nación. Ahora se busca hacerlo a través de las empresas fintech, que combinan el negocio de las finanzas con la tecnología. En este rubro, Mercado Libre ha sido elegida para liderar el proyecto a través de su plataforma financiera Mercado Pago a la que se acopla ahora una tarjeta de crédito, vehículo indispensable para sumergir a los más pobres en las aguas tenebrosas del endeudamiento sin limites.

Hoy el hambre castiga a vastos sectores de la sociedad. De un modo adrede, el gobierno oculta este problema bajo la polvareda de la campaña electoral. La nube levantada también sumerge a la oposición en cuestiones de egos y posicionamientos coyunturales. Estos movimientos efímeros permiten que el tiempo pase y se agudicen los problemas estructurales que el país enfrenta. La necesidad de elaborar colectivamente un plan de emergencia alimentaria, sanitaria y energética para el periodo pre-electoral, interpela a toda la dirigencia de la oposición. Asimismo, la imposibilidad estructural de enfrentar los vencimientos de la deuda externa es algo que parece estar fuera de discusión. Este problema es de importancia central y no se puede ignorar mas. Apunta a la razón de ser de una deuda insostenible. Alude, por tanto, a su propia legitimidad.

La irrupción de CFK en la escena política en la presentación de su libro Sinceramente, marca lo que seguramente será una nueva etapa. Irradiando calor humano y reflexión, propuso un Pacto Social “ciudadano y responsable” como condición necesaria para superar el momento que vivimos. Su referencia a la corta vida del Pacto Social firmado por Perón, Gelbard, los empresarios y los sindicatos en 1974 fue muy significativa. Señalando la erosión de ese Pacto por parte de las criticas violentas provenientes de empresarios y otros sectores sociales, recordó la decisión de Perón: “Sin el apoyo de los que me eligieron y la complacencia de los que no lo hicieron, pero luego evidenciaron una gran comprensión y sentido de responsabilidad, no sólo no deseo seguir gobernando, sino que soy partidario de que lo hagan los que pueden hacerlo mejor” (La Razón, 12 de junio de 1974).

Ese momento marco el fin de una era signada por el intento de reproducir un desarrollo nacional e inclusivo semejante al promovido durante los primeros gobiernos peronistas, y el comienzo de una etapa caracterizada por el reinado de una patria contratista, que sustituyendo la inversión productiva por subsidios de distinto tipo logró acumular cuantiosas fortunas. Poco tiempo después habría de mutar en poderosos grupos económicos que, controlando sectores claves de la economía, han vaciado desde ese entonces al país a través de rentas monopólicas, corridas cambiarias y sistemática fuga de capitales. Este sector empresario ha apoyado a Macri y hoy sufre en alguna medida el embate del ajuste.

Por otra parte, tanto Massa como Lavagna han expresado recientemente su interés en renegociar el esquema de pagos de la devolución del préstamo del FMI a partir del año que viene. Sin embargo, el jueves las autoridades de este organismo en Washington D.C. se encargaron de negar cualquier posibilidad de renegociación en la medida en que el acuerdo vigente “está diseñado de tal manera que el país pueda cumplir con sus obligaciones” (ámbito.com 9.5.2019).

Pareciera entonces que solo un gobierno fuerte, con apoyo popular organizado y movilizado, con capacidad de intervenir activamente en la economía y conocimiento de lo que esta en juego podrá encauzar a la miríada de fragmentos que hoy dividen a la sociedad como consecuencia del experimento macrista, en un Frente Patriótico que promueva un desarrollo nacional e inclusivo. Pero para ello tendrá que enfrentar el escollo del endeudamiento ilimitado implantado en la sociedad por el ajuste y la legitimidad de una deuda externa de carácter insostenible.

Geopolítica del endeudamiento insostenible

El crecimiento exponencial de una deuda que no puede ser pagada con el producto del crecimiento de la economía es un problema que aqueja al mundo entero, y especialmente al centro del capitalismo global monopólico: los Estados Unidos. Allí, la pobreza y la desigualdad social crecen rápidamente. Un informe del Representante Especial de las Naciones Unidas para problemas de pobreza extrema (undocs.org, UN Special Rapporteur on extreme poverty, A/HRC/38/33/Add.1, 4 May 2018) establece que en 2018, 40 millones de norteamericanos vivían en la pobreza, 18.5 millones en la extrema pobreza, y 5.3 millones en condiciones similares a las que reinan en los países mas pobres del planeta.

El informe también señala que los Estados Unidos tienen una de las mayores tasas de desigualdad social del mundo occidental y critica al gobierno de Trump por una política impositiva que benefició a los mas ricos y desalentó la inversión productiva, impulsando el endeudamiento corporativo a partir de la compra de acciones de las mismas empresas. Esta política impositiva favorable a los más ricos fue acompañada con el recorte de beneficios y subsidios a los más pobres, por un aumento sideral de los gastos de defensa y por un crecimiento del endeudamiento para el consumo (tarjetas de crédito, préstamos personales, incluidos compra de automotores, y estudios. Excluidas las hipotecas) que ha alcanzado niveles inéditos en la historia del país (usatoday.com 12.3.2019).

Trump ganó las elecciones de 2016 con el voto de vastos sectores populares que, más allá de los tintes racistas y misóginos de la campana electoral, fueron especialmente atraídos por la retórica de devolver a los Estados Unidos los trabajos perdidos y una grandeza económica supuestamente evaporada. Llegado al gobierno, su política fue cooptada por los intereses de las grandes corporaciones involucradas activamente en la especulación financiera. Asimismo, su gobierno fue asediado desde el primer día por un golpe blando liderado por sectores del Estado en las Sombras enraizados en los servicios de inteligencia, las finanzas, los militares, la prensa liberal, la dirección del partido demócrata y facciones del partido republicano (MPR, IADE, 2017). Esta batalla continúa hasta el presente.

En este contexto de creciente conflicto interno, la política exterior norteamericana se ha convertido en la vía de fuga hacia delante de un Trump empeñado en sobrevivir al intento de destitución apelando a un discurso nacionalista y anti establishment y a una fuerte militarización de la política económica con el objetivo de promover cambios en la relación de fuerzas existente entre Estados Unidos y sus aliados, sus adversarios y sus enemigos.

La política exterior norteamericana busca imponer la dominación de este país en tres áreas centrales: la tecnología; las reservas, flujo y precios del petróleo y gas (tradicional y no convencional); y la persistencia de la hegemonía del dólar como moneda internacional de reserva. Estos tres ejes se vinculan estrechamente con la continuidad del endeudamiento ilimitado norteamericano, fenómeno que ha permitido a Estados Unidos ejercer una hegemonía fuera de discusión durante las ultimas décadas. Hoy, sin embargo, y siguiendo a Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

En ese claroscuro en que nos encontramos, no podemos permitir que la vorágine del endeudamiento ilimitado nos encierre en un callejón sin salida.

El Cohete a la Luna

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