Gramática política

Por Nora Merlin*

Como un desafío a realizar tanto durante la pandemia como en la postpandemia, Nora Merlin afirma que la lucha se dirime entre una tanatopolítica neoliberal y su incesante marcha a favor del capital consumando la desintegración de lo humano, o de una política de Eros, de lo común, que haga base en lo público y radicalice una democracia fundamentada en la igualdad y en la singularidad del sujeto.

El neoliberalismo, como afirmamos reiteradamente, no consiste únicamente en un plan económico, sino que también resulta una economía de goces o de fijaciones pulsionales, sedimentos de distintas épocas que se manifiestan en la subjetividad como costumbres, modos y rituales. El modelo pulsional da cuenta de los síntomas y las repeticiones que, más allá de los diferentes argumentos retóricos, van a referir a una gramática sedimentada que se experimenta como sufrimiento en los sujetos y las culturas

Freud considera que las pulsiones, Vida y Muerte las llamó finalmente, nunca actúan aisladamente sino como pares que se oponen, están siempre en conflicto, se mezclan y desmezclan. La función de Eros o Vida consiste en realizar rodeos retrasando el inexorable destino de la Muerte.

Eros tiende a unir, disminuir o atenuar el peligro de la silenciosa Tánatos, que se define como una compulsión desintegradora y constante. El peligro radica en la desagregación de Eros: a mayor desmezcla pulsional, aumenta la potencia hostil de la pulsión de muerte, incrementándose el odio dirigido al exterior, los autocastigos y la aceleración del sufrimiento en el sujeto.

A partir del coronavirus el planeta retiró los componentes libidinales (Eros), que funcionaban como fijaciones sustentadoras de un idealizado y poderoso mercado que ampara. Más allá de la supuesta potencia del dispositivo neoliberal, afloró la verdad como impotencia, inconsistencia de un sistema que deja a la gente en indefensión y angustia. Roto el velo de los mecanismos de ocultación neoliberal, se exteriorizó una ilimitada y loca pulsión de muerte separada de la pulsión de vida. Se pudo constatar que el neoliberalismo es un concentrado dispositivo tanatopolítico que no cuida la vida ni la salud de la gente.

Quedó a la vista de todos el funcionamiento “como si“ de las instituciones globales, un cotillón que no estuvo a la altura de la tragedia. No hay comandante a bordo que conduzca ni autoridad simbólica que pacifique, lo que comprende todo tipo de organizaciones internacionales y multilaterales (ONU, Cruz Roja Internacional, G7, G20, FMI, OTAN, Banco Mundial, OEA, OMC, etc.); la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha carecido de autoridad para asumir la dirección de la lucha global contra la nueva plaga.

Frente a lo que se presenta como caos civilizatorio o desanudamiento pulsional, afirma Freud en El Malestar en la cultura: “He aquí, a mi entender, la cuestión decisiva para el destino de la especie humana: si su desarrollo cultural logrará…dominar la perturbación que proviene de la humana pulsión de agresión. Y ahora cabe esperar que el otro de los dos «poderes celestiales», el Eros eterno, haga un esfuerzo para afianzarse en la lucha contra su enemigo igualmente inmortal. ¿Pero quién puede prever el desenlace?»

Siguiendo a Freud, tendremos que pensar qué clase de construcción política puede neutralizar la pulsión de muerte, impedir la compulsión ilimitada a la desintegración y jugar a favor de un Eros político, entendido como ligadura y lazo social. El desenlace dependerá, como está formulado en la cita referida, de la correlación de fuerzas.

La lucha se dirime entre una tanatopolítica neoliberal y su incesante marcha a favor del capital consumando la desintegración de lo humano, o de una política de Eros, de lo común, que haga base en lo público y radicalice una democracia fundamentada en la igualdad y en la singularidad del sujeto.

Buenos Aires, 16 de mayo de 2020

*Psicoanalista – Magister en Ciencias Políticas

 

La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política
http://lateclaenerevista.com

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