Hijos e hijas, no cosas

Por Luci Cavallero y Verónica Gago

EDUCACION SEXUAL INTEGRAL | La pelea para no aprobar el aborto legal, seguro y gratuito tenía como excusa que no era necesario legalizar el aborto, sino incrementar la educación sexual. Sin embargo, a partir del 10 de agosto y del guiño conservador del Senado, los sectores antiderechos se sacaron la careta y empezaron a boicotear la educación sexual y a proclamar que lxs hijxs son de los padres.

“Los hijos son de los padres”, dice el lema de los sectores conservadores. Las sutilezas ya fueron. Ahora está claro que no se trata de la oposición a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y, en cambio, de proponer más educación sexual, sino de la guerra a los derechos sexuales y reproductivos de la población, pero -ensañadamente- de chicas y chicos. Y, además, que se intenta volver a un modelo de niñas, niños y adolescentes tan propiedad privada de sus padres como un televisor o una cama y a la impunidad paterna para violentar, abusar, castrar o discriminar a sus hijas e hijos, según su antojo, ideas, creencias, convicciones y sin paraguas o defensas para los derechos y deseos de sus hijxs.

La campaña de los sectores evangélicos y católicos comenzó después del 10 de agosto. Los treinta y ocho senadores que votaron en contra y los dos que se abstuvieron no solo impidieron el proyecto de aborto legal, seguro y gratuito, sino que le abrieron la puerta a los sectores reaccionarios que, en tono con un mundo neo conservador, quieren derogar leyes vigentes como la 26.150 de Educación Sexual Integral, aprobada hace doce años.

Los sectores evangélicos más reaccionarios también tienen el hashtag en redes sociales #ConMisHijosNoTeMetas y Educación Sexual sin ideologías de género. Pero la educación sexual no es promover la abstinencia, el método Billings (como intentaba proclamar la actriz anti derechos Gisella Barreto en televisión sin que muchxs se dieran cuenta en la descripción de métodos anticonceptivos y entregarse al azar de las fechas o si sale sale), la virginidad hasta el matrimonio, el abuso sexual es un problema de familia y las nenas tienen vulva y los nenes tienen pene como si no existieran el derecho legal al aborto; los métodos anticonceptivos; la diversidad sexual y el respeto por el propio cuerpo.

La movida no es solo virtual. El martes 4 de septiembre, mientras en el Congreso de la Nación se discutía un proyecto para reafirmar, avanzar y garantizar la ESI se realizó una manifestación de pañuelo celeste y rapiña paternal con carteles que proclamaban: “No pervertirán a los infantes. Pedófilas atrás”; “A mis hijos los educo yo, no el Estado”; “Argentina dice no a la ideología de género” y “Con mi familia no te metas”. La reunión de las comisiones de Educación, Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados de la Nación realizó, a pesar de la aspereza del debate ocasionado por el celeste del atraso, un dictamen para impulsar que sea obligatoria la formación docente ciudadana y la cooperación federal en ESI y que en todas las provincias y escuelas (públicas o privadas, religiosas o laicas, progresistas o conservadoras) se tengan que aplicar los contenidos curriculares establecidos en el Ministerio de Educación Nacional sin objeciones ni dilaciones. Pero se pasó de defender el derecho a decidir sobre el propio cuerpo en el embarazo a defender que los hijos no son una extensión de los padres durante la infancia y la adolescencia.

La diputada Cristina Alvarez Rodríguez, Secretaria parlamentaria del bloque Frente para la Victoria (FPV)-Partido Justicialista (PJ) apunta: “Muchos diputados y diputadas que no votaron a favor de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) plantearon en sus discursos la necesidad de que se priorice la prevención y la educación sexual, en ese sentido estuvimos trabajando para poder garantizar la aplicación de la Educación Sexual Integral (ESI) en todo el territorio del país. Estamos hablando del acceso a derechos básicos de niños, niñas y adolescentes como el acceso a la educación para evitar embarazos no deseados, prevenir enfermedades de transmisión sexual y para enseñar sobre la diversidad sexual y el género”.

Las células reaccionarias contra la revolución feminista no son un invento local (pero tuvieron un apoyo del Senado que los envalentonó) sino que lograron que en Paraguay se revise la perspectiva de género en el sistema educativo, que en Brasil se recorten planes contra la homofobia en las escuelas y en Perú se retroceda en educación sexual. A su vez, en España, no son celestes, sino naranjas (el color que tuvieron, en el 2010, en Argentina, las manifestaciones católicas y evangélicas contra el matrimonio igualitario) y son fogoneadas por la agrupación “Hazte oír” que, con un autobús naranja, arenga que los varones solo pueden tener pene y las mujeres vagina en un discurso que mutila la diversidad sexual y ataca a las personas trans. En la Argentina ese discurso no solo es reaccionario, sino que va en contra de la identidad de género que la mayoría de los países (como España, Perú, Brasil y Paraguay) no tienen. El 13 de marzo del 2017 “Hazte Oír” hizo una manifestación en la Plaza de Cibeles, de Madrid, donde decían que estaban censurados porque el Juzgado de Instrucción Número 42 de Madrid no autorizaba la circulación del colectivo transfobico y con carteles que hacían de la misoginia una proclama “Varón heterosexual perseguido por la ley” o “Discrepar no es odiar”. Y -ohhhhhhhhhhhhh casualidad neo permanente- “Con mis hijos no te metas”. Una frase que deshace el sí te metas feminista (de las y los maestros que detectan abusos sexuales y hacen la denuncia sin encubrir a padres ni a familiares de niñas y niños que tienen en la escuela la única escucha o salvación) y hace del “no te metas” una nueva construcción política en donde se quiere volver a enrejar a la familia de la intervención pública y comunitaria.

“Sus modalidades públicas no son ingenuas tampoco: responden a la instalación en el debate público de pedagogías antiderecho, en tanto universalización de posiciones morales particulares a todo el conjunto. De esta manera, estos grupos se posicionan bajo dos líneas de acción: el poder en la esferas decisoras (cámaras de diputados/as, fallos de justicia) y en la red de micro-poderes que interpelan culturalmente”, analiza Jesica Baez, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora del equipo Mariposa Mirabal.

El fenómeno crece y se expande, especialmente, en las provincias conservadores. “Padres por el derecho a decidir declaran la guerra a la Educación Sexual Integral en Tucumán”, tituló el diario La Gaceta, el 7 de septiembre del 2018. Tucumán es la única provincia que no adhirió a la ESI y el colectivo anti derechos abrazó al Ministerio de Educación para impedir que niños y niñas no sepan como defenderse de un abuso sexual, evitar un embarazo no buscado o saltear los estereotipos de género. “Rechazamos la indebida e ilegítima aplicación de facto de la ESI en las escuelas, que vulnera nuestro derecho a educar a nuestros hijos según valores y convicciones propios”, dicen y apelan a un ideario en valores que llaman educación sexual, pero que no tiene nada de educación sexual. Al pan pan, al vino vino y a la ESI, ESI.

14/09/18 P/12

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *