Hipocresía plus size

Una vez más, agresión a una mujer por su cuerpo

Por María del Carmen Gallo

La tapa del número de la revista Caras del 22/07/20 (Nº 2010) obliga a cierto tipo de periodismo de magazine a replantear cuestiones referentes al tratamiento de género en los medios de comunicación.

Amalia, una adolescente de dieciséis años hija de la reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, fue el blanco de una tapa elaborada íntegramente con tono y contenido discriminador. El título, la bajada, la foto principal y las notas complementarias configuran un combo nefasto.

Si bien la directora de Caras, Liliana Castaño, defendió la publicación alegando que la tapa «es a favor de tirar por la borda todo lo que nos esclaviza y nos estigmatiza», la mera observación superficial, y no tan superficial, sugiere una connotación en todo sentido negativa hacia la corporalidad femenina de la joven.

Es sabido que Caras resalta continuamente el estándar cultural dominante de los cuerpos femeninos. Basta con tomar dos o tres ejemplares al azar para verificar este hábito editorial, y este número en particular no hace más que reforzar el estereotipo de cuerpo femenino que impera.

Prueba de ello es el título de la nota a la vedette Karina Jelinek, en la parte inferior izquierda de la tapa, donde dice que muestra su residencia de Nordelta y en la foto solo se observa a la mujer con lo que parece ser ropa íntima. Es decir, el mandato del «cuerpo perfecto» se manifiesta como sea, en letras grandes y de forma manifiesta, pero también en su negatividad. Como la adolescente que es señalada porque se diferencia de un estándar normativo, de lo que está hegemónicamente bien, la clase de cuerpo femenino que acostumbra a exhibir el medio.

No importa si se trata de la heredera a un trono, una actriz o una universitaria, si se adapta al molde establecido. Siempre y cuando las mujeres tengan un estatus social alto, las palabras que acompañarán su imagen en la publicación serán de puro «glamour», superficialidad. En cambio, si no encaja, el tratamiento será notoriamente distintivo, con modos trágicos, poco felices, como si tener un talle más fuera cuestionable y dijera algo trascendente de la persona.

Quienes deben cuestionarse, analizar e incorporar nuevas formas a las concepciones de belleza son los editores de este tipo de publicaciones que disfrazan de aceptación una construcción impresa que desprestigia, no solo un cuerpo femenino, sino la integridad emocional de una adolescente y con ello refuerza los estereotipos dominantes, el imaginario de perfección, y cristaliza la condena social.

Una vez más se pone en tela de juicio la ausencia de una visión de género que incluya, que encuentre alternativas a las formas que no pertenecen al «establishment» de belleza. El desafío de estos tiempos es visibilizar lo que rompa con las convenciones y abandonar los modos obsoletos que tanto resaltaron los comentarios en las «redes» el día de la publicación, y que hacen mucho daño a una sociedad que, en parte, se rebela a esas operaciones.

COMUNA. Comunicadores de Argentina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *