Historia de un crimen de la Triple A

Por Carlos Corbellini

La cuarentena por la pandemia de Covid-19 hizo pasar a cuarto intermedio el juicio por el asesinato de Rodolfo Gini, cometido por una patota de la Alianza Anticomunista Argentina. La semblanza de un docente e intelectual con una larga trayectoria militante.

Esta historia podría comenzar en octubre de 1958 en la Avenida 7 de La Plata, en las esquinas de 49 y 50, en el fragor de las luchas estudiantiles, a favor o en contra de la reglamentación del artículo 28 de la ley 6.043 que autorizaba a las universidades privadas a otorgar títulos habilitantes . En una esquina está hablando, Sergio Karakachoff por la Federación Universitaria de La Plata (FULP), a cien metros, Rodolfo Celso Gini, presidente de la FUEL (Federación Universitaria de Estudiantes Libres). Cada uno representa una concepción antágonica de la enseñanza en nuestro país, resumidas en la consigna «laica o libre».

Menos de 20 años después, ambos fueron víctimas de la furia homicida de las derechas autoritarias que gobernaron a la Argentina por casi una década. Sergio, dirigente radical alfonsinista, fue asesinado por la Dictadura genocida en 1976; Rodolfo Gini, en 1974 por las bandas de la Triple A de Bahía Blanca. Esta crónica se ocupará de este último, cuya historia es menos conocida.

El crimen

La noche del 2 de diciembre del 1974, en Huanguelén, Marta Favini, maestra primaria y profesora de dibujo, volvió a su casa, agotada. Venía de una muestra de trabajos de sus alumnos, satisfecha de la creatividad demostrada. Sus 4 hijos dormían en el piso superior. Ultimó sus preparativos y se dirigíó a su habitación. Su marido, Rodolfo Celso Gini, el único bioquímico del pueblo y también él profesor del secundario, trabajaba en su laboratorio.


Rodolfo Gini

Ni ella ni su marido sabían que a esa hora, las 3 y media, Mauricio – el «Gallego»-, Rodrigo conserje del bar del Club Atlético Huanguelén, a pocos metros de su casa, había visto pasar dos Peugeot extraños a la vida pueblerina, uno negro y otro blanco con 4 hombres a bordo. En el silencio de la noche, sintió sonidos inusuales.

Al acercarse a la puerta, Marta escuchó que preguntaban por su marido, abrió pensando en algún accidentado que requería sus servicios profesionales, cuando irrumpió la patota. Cuatro hombres armados la amenazaron y redujeron a Rodolfo. Así fue que lo vió, de rodillas con un ametralladora apuntada sobre su cabeza dirigiéndole la última mirada. La llevaron a uno de los cuartos de los niños y después la amordazaron en el baño, donde se desvaneció. Al despertarse, bajó las escaleras, vio el espejo y las paredes embadurnadas con las trágicas tres letras iniciales del abecedario (AAA), en la sala encontró sólo los zapatos de Rodolfo y tuvo funestos presagios. Se dirigió a la cocina, se deshizo como pudo de las ligaduras , llamó a Vicente «Carozo» Alonso, el operador telefónico de turno y le pidió que advirtiera a la policía local, al médico, a su cuñado y a algunos amigos de confianza, que su marido había sido secuestrado.

Más tarde, los dichos de Jorge Gini, hermano de Rodolfo y de Nancy Lede, su amiga y colega docente, le harían entender que su marido había tenido un terrible final. En efecto, Rodolfo había sido encontrado asesinado, acribillado a balazos, a 5 kilómetros de su casa, en una de las salidas de Huanguelén. A pocos centenares de metros del crimen, mientras realizaba tareas rurales, Julio Lede, un alumno del Colegio Nacional donde Rodolfo ejercía, sintió el tableteo de las armas automáticas en la noche y el rumor de unos automóviles que se alejaban.

Así fue que en el aisladísimo pueblo de Huanguelén, una pacífica localidad del partido de Coronel Suárez de unos 5 mil habitantes, a 230 km de Bahía Blanca, se había cumplido el rito macabro del secuestro, asesinato y abandono del cuerpo a un lado del camino, con el que la banda parapolicial derechista denominada Alianza Anticomunista Argentina (AAA) acostumbraba a eliminar a opositores reales o ficticios del gobierno de Isabel Martínez de Perón y de su hombre de confianza, el «Brujo» José López Rega.

El ensañamiento

Dos años después, entre noviembre y diciembre de 1976, fuerzas del V° Cuerpo del Ejército con asiento en Bahía Blanca y Pigüé ocuparon militarmente Huanguelén. Cercaron el perímetro de la localidad, detuvieron e interrogaron a decenas de personas que tenían que rendir cuentas por las más simples acciones de la vida de la comunidad. De esa represión y de sus consecuencias, entre otras personas fueron víctimas: José Luis Gon y Julio Lede, salvajemente torturados en La Escuelita de Bahía Blanca, después trasladados a la cárceles de Villa Floresta y en el caso de Lede, a Rawson. Julio, junto con Gon y Eduardo Maradona, habían firmado una solicitada en el diario El Imparcial de Coronel Suárez, a un año del asesinato del profesor.

Raúl Ferreri, otro alumno, consiguió escapar del cerco en Huanguelén, pero más tarde fue capturado en Neuquén, llevado a la Escuelita de Bahía Blanca, torturado y asesinado con alevosía.

Mario Corbellini fue secuestrado en su casa, llevado a La Escuelita de Bahia Blanca y luego liberado. Eduardo Andrés Maradona, como César González, Eduardo Ferreri, Griselda Menchi, todos alumnos de Gini y otros, fueron detenidos ilegalmente e interrogados.

Marta Favini, esposa de Rodolfo Gini, como Jorge Gini, fueron detenidos e interrogados, antes de ser liberados con serias limitaciones. A Marta se le prohibió enseñar en las escuelas públicas, tuvo que trasladarse a Necochea con su familia y recurrir a la ayuda de sus familiares para seguir adelante con sus 4 hijos, huérfanos de padre.

La pregunta surge espontánea, ¿por qué tanto ensañamiento con los familiares y los alumnos de la víctima de un crimen, un hombre que no era ni siquiera un colaborador de las organizaciones revolucionarias ni un activista político activo?

Rodolfo, católico militante

Rodolfo Gini nació en La Plata, «cursó sus estudios en el Colegio San Luis de los hermanos maristas, aunque en su formación fue determinante el Colegio Nacional, donde ejercían algunos profesores universitarios», diría Marta Favini, veinte años después del asesinato de Rodolfo.

Recién en ese entonces, en la segunda mitad de los años noventa, Marta decidió contar la historia de su marido, ante la cámara de una TV local. De formación católica, mientras estudiaba en La Plata Marta frecuentaba los círculos de jóvenes cristianos. En ellos conoció a Rodolfo Gini.


Rodolfo y su esposa, Marta Favini

Rodolfo era un estudiante avanzado de la Facultad de Farmacia, en ese entonces integrante de la Federación Universitaria de La Plata (FULP), donde militaba contra el gobierno de Juan Domingo Perón, como casi todos los jóvenes reformistas de entonces.

«Una vez fue detenido mientras participaba en una manifestación antiperonista y estuvo preso más de dos meses, en la Jefatura de la Calle 1, junto a sus compañeros de la FULP,», cuenta Marta. Más tarde, después de casi cinco años de noviazgo, «poco para entonces», confiesa, se casarían. Durante el gobierno de Arturo Frondizi, «que inicialmente nos generó muchas expectativas», Rodolfo rompió con la FULP y fue elegido presidente de la Federación Universitaria de Estudiantes Libres (FUEL), que apoyaría abierta y combativamente la contrareforma frondicista de la Enseñanza. «Sus amigos lo consideraban poco menos que un traidor, pero entonces nosotros estábamos convencidos de que había que defender a los colegios privados. Con el tiempo he cambiado idea», reconoce . En esas luchas entre «laicos y libres» se produjeron los dos actos de Avenida 7 que encontraron a Rodolfo y a Sergio Karakachoff en dos trincheras diferentes. «Qué ironía, los dos egresados del Colegio Nacional, los dos convencidos de sus posiciones , movidos por un ideal de bien común y con un final idéntico», concluye Marta, desde sus profundas convicciones católicas.

Rodolfo se recibiría en Farmacia primero y contemporáneamente con el nacimiento de su hija María Andrea, en Bioquímica. A pedido del Sindicato de Petroleros, fundó la farmacia del SUPE de la que fue Director Técnico. Mientras, ejercía como profesor de Química en los colegios San Luis y San Vicente de Paul, de La Plata. Su interés por la política no decayó y estuvo entre los fundadores de la Democracia Cristiana de esa ciudad. Resulta curioso observar cómo ya desde esa época la Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires, la DIPPBA, se ocupaba de su militancia. No sólo relevó su presidencia en la FUEL, también su postulación en la Asociación de Docentes Privados en 1963 y su candidatura a Senador por el Partido Demócrata Cristiano, en las elecciones del 14 de marzo de 1965, las últimas realizadas antes del golpe de Estado del 1966, en las que no fue elegido.

Huanguelén, un pueblo dinámico

«Nos fuimos a Huanguelén en 1967 porque Jorge, el hermano de Rodolfo, nos contó que allí se vendía una farmacia. Tomamos esa decisión por el afán de progresar. No temíamos a la vida en el interior, estábamos juntos como familia y podíamos vivir también allí. Nosotros compartíamos el gusto por la lectura, la música clásica, la pintura, teníamos una vida intensa con nuestros hijos. Cuando íbamos a las ciudades como Bahía Blanca, La Plata o Buenos Aires, nos dirigíamos inmediatamente a las librerías a buscar materiales de lectura», recuerda Marta. Rodolfo estudiaba y escribía. Se interesaba en las ciencias humanas y científicas. «En nuestra biblioteca no faltaban las obras de Levi Strauss, de Maritain, de Sartre y sobre todo del jesuita Teilhard de Chardin».


Con sus alumnos del Nacional

Huanguelén entonces era una localidad progresista del Partido de Coronel Suárez. Una fábrica de aceite de girasol, «La Oleaginosa de Huanguelén» empleaba casi 200 personas. Tres cerealeras acopiadoras y dos casas de remates que gestionaban las ferias ganaderas, eran las principales referencias de los pequeños y medianos productores locales. El resto, eran actividades comerciales, mecánicas o de construcción civil.

Marta y Rodolfo no tuvieron dificultades para insertarse entre los profesionales de la salud y de la enseñanza del pueblo. Rodolfo, prefirió vender la farmacia y dedicarse al laboratorio de bioquímica, Marta, además de dar clases como maestra y profesora, coordinaba las actividades de formación de los docentes del pueblo, los llamados «Seminarios pedagógicos». Rodolfo, también daba clases de Fisica y Química en el «Colegio Nacional», un bachillerato administrado por la cooperadora de padres de los alumnos. Además participaba en las reuniones del Rotary Club local, donde los jueves a la noche un grupo de profesionales y otras personas socializaban con una cena y solían discernir sobre temas de actualidad. En el verano, pasaba los fines de semana en las instalaciones del Aero Club Local, donde se deleitaba nadando en la pileta olímpica , jugando Voley en la improvisada cancha veraniega y tenis. En esas circunstancias, Rodolfo mostraba su lado más espontáneo sin tapujos. provocando curiosidad y admiración entre los jóvenes.

Estudiar, pensar y escribir

Cuando durante las noches, las débiles luces públicas permitían que amantes y jugadores clandestinos retornaran tranquilamente a sus casas, las únicas ventanas iluminadas eran las de los «doctores» que estudiaban.

Rodolfo era un intelectual nocturno, de noche hacía los análisis de laboratorio, leía, estudiaba y escribía.

De esos escritos han quedados algunas copias que permiten seguir la evolución de su pensamiento .

Sin duda influenciado por el Concilio Vaticano II, ya en el año 1969, escribió un artículo titulado «Libertad y Justicia», publicado en Pregón Rural , un periódico de Coronel Suárez. En él, Rodolfo no hace citas eruditas, sus reflexiones son como conversaciones con interlocutores ficticios que reflejan el punto de vista del «hombre común». Claro que en ellos se «siente» una importante solidez teórica basada en sus lecturas, en el análisis de las noticias y de la vida de esos años.

«La injusticia se produce por comisión y por omisión y la falta de libertad es una consecuencia directa de la injusticia. La sociedad debe ejercer la libertad impidiendo la injusticia». Propugna una más equitativa distribución de las oportunidades, de la tierra y de las riquezas. De hecho termina citando a San Ambrosio, «No es parte de tus bienes lo que tú das al pobre, lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todo el mundo, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para el rico».

«Sin Libertad no hay Justicia», hizo grabar Marta en la tumba de Rodolfo pocos años después, citando ese artículo. La plaqueta sería arrancada por manos anónimas durante la dictadura.


Un poema de Gini

Pero quizás su esfuerzo mayor desde el punto de vista intelectual, haya sido el de querer armonizar los descubrimientos científicos con su formación profundamente católica. Su honesta búsqueda de esa Verdad, siguió un camino personal tortuoso, contradictorio. «Rodolfo tenía una crisis de Fe», dirá Marta 20 años después, «él buscaba en la razón, en el estudio, recuperar su propia Fe, entonces tambaleante». Y compartía esos dilemas internos con sus alumnos. «Estaba dibujando una cadena de carbones en el pizarrón», cuenta Mario C., su ex alumno, «de repente se daba vuelta, se lo veía pensativo, miraba al fondo de la clase y relacionaba lo que estaba explicando con las teorías del jesuita Teilhard de Chardin». «Y seguía razonando, hasta llegar al origen mismo de la vida, al pasaje de los aminoácidos a la primera proteína. Ahí está la mano de Dios, concluía. Pero en otros momentos afirmaba, si Dios es omnipotente y omnisciente, ve todo en todos los tiempos y lugares, ¿qué queda de nuestro libre albedrío?», dejando un mar de dudas entre sus interlocutores. «Él mismo era una pregunta abierta – diría Gerardo S., ex alumno, ex prisionero político de la dictadura- parecía que estaba razonando con nosotros, te estimulaba y al mismo tiempo te dejaba un gran espacio para que estudiaras, pensaras y llegaras a tus propias conclusiones».

La frágil apertura democrática

Para las elecciones del 11 de marzo de 1973 Rodolfo retomó sus contactos políticos, ahora con el Partido Popular Cristiano de Horacio Sueldo y se presentó en Coronel Suárez en las listas comunales de la Alianza Popular Revolucionaria como candidato a concejal. «Yo lo seguía en su campaña -recuerda Marta- sus discursos eran más filosóficos que políticos. Cuando salíamos de los actos, yo le preguntaba: ¿Te habrá entendido alguien?».

No fue elegido, pero siguió interesándose en la situación política del continente, que ese año tuvo con el golpe de Pinochet un evento trágicamente determinante. «Cada vez sentíamos más de cerca la cuestión de Latinoamerica», continua Marta, «estábamos informados, nos interesaba su historia, su literatura. Por ejemplo, en los Seminarios, empezamos a leer y discutir Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano». «Por eso, en esos días, Rodolfo se dirigió hacia su máquina de escribir y casi impulsivamente volcó sus sentimientos en una especie de poema».

«El Chicho había muerto.
Recogí mis sentidos,
Adopté una inmovilidad de animal enfermo.
Quise medir lo inconmensurable.
Gusté en cada una de mis células el horror
de lo que no me ocurría.
Y después lloré.
Angustiosamente.
Espasmódicamente»..

«Ingresé a una experiencia desconocida.
Y no tenía verguenza. Tal vez porque no lloraba mi dolor.
Tal vez porque lloraba un enorme destino
que se coaguló en la sangre del Chicho.
Tal vez porque lloraba el holocausto al fracaso»

El golpe en Chile y el asesinato de Salvador «Chicho» Allende marcaron un hito también en sus relaciones sociales. En una carta a sus amigos, con los que compartía las cenas y las actividades del Rotary Club local, presentó su renuncia. Rodolfo justifica su actitud señalando la «dependencia casi absoluta … que desde EE.UU, los dirigentes del Rotary Club Internacional trazan las líneas sobre las cuales deben llevarse a cabo las acciones de todos los clubes de Rotary». Y esa dependencia de Estados Unidos «configura una especie de aval ideológico que todos y cada uno de los Rotary están prestando a esa forma de actuar»… Y a propósito del golpe en Chile: «Revivimos una vez más, los procesos que se desarrollaron en Guatemala, Puerto Rico, Colombia, Panamá y últimamente en Uruguay. Desde el conflicto con la ITT y demás empresas norteamericanas hasta el desenlace en el cual fue decisiva la intervención del dinero y la diplomacia yanqui».

Justifica las 4 carillas del texto diciendo que no sería honesto de parte suya enviar una formal renuncia sin las debidas motivaciones de su actitud. Sentía que ése era el modo mejor para seguir manteniendo una amistad en lo personal, más allá de las diferencias de pensamiento que pudieran tener.»Pensar es enfrentar la posibilidad de disentir. Somos seres inteligentes, sería rebajar nuestra condición, calcular un silencio donde debemos jugar nuestras ideas y creencias».

Mientras tanto, seguía escribiendo, estudiando y reflexionando sobre sí mismo, en un intenso trabajo interior, no exento de momentos de mortificación personal. «Probablemente yo he sido un mal cristiano. Ignorante y estúpido. Y probablemente yo sea un mal ateo. Reaccionario y vengativo. Pero igual no me voy a ir al infierno. Ya bastante infierno tengo con no conformarme nunca. Como decía Sartre: el infierno somos nosotros mismos».

O en otro escrito: «Dios….! Dios…! ¿Dónde estás?»… «Dónde debo buscarte? En la Plaza de San Pedro o entre los negros andrajosos del Sud Africa? En el terciopelo arzobispal o en la carroña de los prostíbulos?»… «Cada cual tiene su Dios, y lo mide con su bolsillo, con su barriga, con sus testículos. Y para unos es pre Concilio y para otros Post, para unos está al lado de Guevara y para otros de Perón, para unos bendice las armas yanquis, para otros las del Vietnam…» .

Entre el prejuicio y las circunstancias

«Fueron Rodolfo y sus circunstancias», dirá Marta cuando le preguntaron sobre las probables causas de su muerte. Entre ellas está que en Bahía Blanca, menos de dos meses atrás, la Triple A había iniciado su terrible siembra de terror asesinando al joven obrero de la construcción, Luis Jesús García. La banda armada colaboraba con las fuerzas represivas «legales» haciendo el trabajo sucio de asesinar opositores, reales o presuntos. El informe que los servicios de inteligencia de la Policia de la Provincia de Buenos Aires, luego de la detención de dos jóvenes de Huanguelén en Bahía Blanca, demuestra esa connivencia.

«Ese documento es lapidario y calumnioso a ojos vista», dice Carlos F. ex preso político, «pero se convierte en una condena a muerte anticipada». «Es una mezcla de versiones viciadas de prejuicios del más burdo anticomunismo pueblerino montadas con la terminología conspirativa de los Servicios, en función de encontrar un chivo expiatorio». En él, Rodolfo es considerado un ‘ideólogo que reclutaba jóvenes en Huanguelén para enviarlos a las organizaciones subversivas a Bahía Blanca o a La Plata’. «Una calumnia en todo sentido, haría reír si no fuera por el trágico final que todos conocemos».

El crimen se comete en esas circunstancias. Sirve de escarmiento, es una seria advertencia a quien quisiera pensar libremente la vida, las relaciones entre las personas, la religión, la política. Y dio sus resultados. En las ceremonias fúnebres de Rodolfo participó poca gente, el terror empezó a difundirse.

Galeano y Rodolfo, el amigo nunca conocido

Marta Favini, mientras tanto, no permaneció inerme. En el número 22 de la revista Crisis, en febrero de 1975, Eduardo Galeano publicó una poesía de Rodolfo Gini que tituló «Queriendo vivir», adjuntando una pequeña crónica del diario La Opinión del 3 de diciembre anterior que daba cuenta de su secuestro y asesinato. El poema fue reproducido por Roberto Boschetti, en su libro «Campana de Palo», «la mayor antología de poemas, relatos y canciones de 35 años de lucha, 1955-1990».

«Están acodados a la baranda
Desde allí me gritan los viejos fantasmas…»

«… Cualquier cosa haría yo
para recobrar ese soplo vital que a último
momento me han robado.
Sin embargo, un terror me embarga.
Sus irónicas caras, sus ávidas garras,
saben lo que yo sospecho.
Me encontrarán la derrota y la muerte
queriendo vivir
y logrando tan solo que el barco no parta
hasta que mi mirada no se cierre para él».

Después del asesinato, Marta había acudido a Galeano, escribiéndole y visitándolo en la redacción de Crisis. En su libro «Días y Noches de Amor y de Guerra«, el autor uruguayo da cuenta de ese intercambio. Marta «me trae y me manda las cosas que él, Rodolfo Gini, había escrito y que ella va encontrando. Leyendo esos textos, Galeano confiesa: «me he hecho amigo de ese hombre que nunca conocí».

El juicio

El 9 de marzo de 2020 se realizó la primera audiencia del juicio a la Triple A de Bahía Blanca, cuarenta y cinco años después de sus crímenes. El nombre de Rodolfo Celso Gini figura entre las 22 víctimas de esa banda armada paraestatal. A raíz de la emergencia «Corona Virus», las siguientes audiencias han sido suspendidas.

Pocos días después, Marta Favini di Gini, falleció. Hasta que le dieron sus fuerzas, participó en la reinvindicación de la figura de su marido, exigiendo la justicia que su asesinato merece.

Socompa. Periodismo de Frontera

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