Honduras, la revancha

Por Silvina Pachelo

«Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas» (Eva Duarte)

Xiomara Castro es la primera presidenta hondureña de la historia. A doce años del derrocamiento de Manuel Zelaya, la izquierda volvió a imponerse en las urnas de un país hundido en la pobreza, la corrupción y el narcotráfico generada por los gobiernos golpistas de derecha. Desandar este flagelo es su gran desafío.

Con el golpe y derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en 2009, la política de Honduras se encuentra en una crisis de dimensiones mayores. Junto a Haití, es el país más empobrecido de América latina y el Caribe. Zelaya había asumido la presidencia en 2006 como líder del Partido Liberal, sin apoyo de la izquierda. Empresario de centroderecha, una vez que pisó la casa de gobierno, fue tomando decisiones contrarias a su ideología. Se unió al «eje bolivariano», normalizó las relaciones con Cuba y se incorporó a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-TCP), una plataforma de integración, justicia y cooperación.

Zelaya trabajó en contra de la agudización de la pobreza y de la exclusión social. Su alianza con Venezuela a través de Petrocaribe y el Alba-TCP decretaron su muerte política. Un año después, el 28 de junio de 2009, fue sacado por el ejército en pijamas de su casa, secuestrado y obligado a exiliarse en Costa Rica. En Honduras, comenzaba así el llamado lawfare una variante de los clásicos golpes de Estado perpetrados en América latina y el Caribe. Una forma más, agresiva, violenta y antidemocrática, que va contra la voluntad popular y que se vale de la oligarquía local financiada por el imperialismo estadounidense para desestabilizar y derrocar gobiernos populares, progresistas y de izquierda.

Fue el parlamento el que fraguó una supuesta renuncia y su destitución. A diferencia de los golpes de Estado tradicionales, donde las fuerzas armadas tomaban el poder, en este caso no hubo ruptura sino continuidad institucional, ya que asumió la presidencia Roberto Micheletti, presidente del Congreso. En 2010, el pro-golpista Porfirio Lobo, miembro del Partido Nacional, se impuso como presidente.

En 2013, Xiomara Castro, esposa de Manuel Zelaya, comenzó su resistencia ante los golpistas de 2009. Su movimiento Zelaya-Libre se fue fortaleciendo pese a la persecución y represión de la oposición, que en las elecciones de 2013 retomó el poder, sospechas de fraude mediante, esta vez de manos del ultraderechista Juan Orlando Hernández (Partido Nacional), involucrado en casos de corrupción y narcotráfico. Estos gobiernos títere acceden al poder gracias a la injerencia de los Estados Unidos en la región.

A Zelaya no le perdonaron su voluntad de integrar Honduras a la Patria Grande. La politóloga Arantxa Tirado Sánchez destacó que ese hecho iba en contra de lo que se esperaba del presidente de un país que se había considerado el «portaaviones de Estados Unidos», y ese tipo de acciones no le estaban permitidas por el Comando Sur estadounidense, que tutelaba la política nacional, como quedó demostrado con el golpe.

LIBERAR Y REFUNDAR

En 2011, nació Libertad y Refundación (Libre), conducido por Xiomara Castro, que el domingo se impuso en las urnas con el 53 por ciento de los sufragios, frente al 34 que obtuvo el candidato del Partido Nacional, en la peor derrota del bipartidismo.

A la primera presidenta mujer de Honduras le espera una tarea titánica frente a un país desgarrado por la pobreza, la violencia y el narcotráfico. En su lema de campaña, quedó clara su intención de sacar del poder a la derecha que gobierna el país desde 2010. Por eso mismo, nunca bajó los brazos: se presentó dos veces a elecciones presidenciales. La primera perdió, entre sospechas de fraude, y ahora triunfó por amplia mayoría.

Xiomara llama a derrocar la «narcodictadura» que dejó Hernández. Los niveles de pobreza son descomunales. En 2020, la caída del PBI fue de 9 por ciento, según el Banco Central, debido al confinamiento por la pandemia de coronavirus y los huracanes Eta y Iota, que desbastaron comunidades, infraestructura y cultivos.

En la agenda de la presidenta electa estuvo siempre presente el rol político y social de las mujeres de abajo. Y sobre todo el esclarecimiento de los asesinatos, ocurridos en menos de 14 meses, de 28 líderes políticos. Recordemos el caso de Berta Cáceres, líder indígena lenca, feminista y activista por el medio ambiente, que fue brutalmente asesinada en 2016 en un caso que sigue impune.

Xiomara fortaleció la rama femenina del Partido Liberal, creó centros de asistencia para madres solteras en los departamentos más pobres del interior y se involucró en la lucha contra el VIH. Hoy reconocida por los movimientos feministas, antipatriarcales, revolucionarios y de disidencias de género, se propone promulgar la ley de igualdad de las mujeres, sancionar derechos sexuales y reproductivos y trabajar duramente en contra de la violencia machista.

Caras y Caretas