Honduras: obstáculos y esperanza

Por Periódico La Jornada

De acuerdo con el recuento parcial de la jornada electoral realizada ayer en Honduras, la candidata opositora Xiomara Castro de Zelaya, del Partido Libertad y Refundación (Libre), obtenía más de 53 por ciento de la votación y aventajaba ampliamente al oficialista Nasry Asfura, quien llevaba 34 por ciento. Esa tendencia fue confirmada por el sondeo a pie de urna que realizó Radio América, que dio 48 por ciento a la esposa del ex presidente Manuel Zelaya y 37 al favorito del presidente saliente, Juan Orlando Hernández, y es consistente con los últimos sondeos de preferencia de voto, que daban como ganadora a Castro.

A pesar del entorno de miedo y zozobra inducido por el régimen, las masivas campañas de descalificación en contra de la aspirante presidencial opositora, la violencia política, el descrédito del organismo electoral y el temor de que se repitieran maquinaciones fraudulentas como las que caracterizaron los comicios de 2017, la jornada contó con una alta participación ciudadana, lo que podría ser un factor decisivo para consolidar el triunfo de Castro en las urnas.

Queda por dilucidar si las intermitencias en el funcionamiento de la página web del Consejo Nacional Electoral (CNE) son atribuibles a un «ataque cibernético», como lo afirmó la propia dependencia, o si se inscriben en un intento de última hora por alterar el sentido de la voluntad popular hondureña.

De confirmarse la tendencia indicada, el resultado de la elección marcaría el fin de un régimen oligárquico violento, insensible, entreguista y obsecuente con Washington, y corrupto hasta la médula. Del último atributo basten los dos botones de muestra de las acusaciones por narcotráfico que involucran al presidente Hernández en tribunales estadunidenses y de las imputaciones por fraude de que ha sido objeto su candidato Asfura, quien se ha desempeñado como alcalde de la capital, Tegucigalpa.

Por su parte, Xiomara Castro, sin haber presentado un programa de gobierno detallado, representa el restablecimiento del proyecto con sentido social y de recuperación de la soberanía que impulsó su marido hasta 2009, cuando fue depuesto mediante un golpe de Estado fomentado por Estados Unidos y tolerado por la Organización de Estados Americanos (OEA).

No debe soslayarse, sin embargo, que la nación centroamericana enfrenta una situación crítica en lo económico, social y humano. Devastada por el paso de dos huracanes sucesivos y por los efectos de la pandemia de Covid-19, atada desde hace décadas a la supeditación geopolítica a Washington y azotada por la violencia delictiva asociada con el narcotráfico, Honduras padece hoy un altísimo grado de pobreza, inseguridad, desempleo y desintegración social, lo que ha provocado una emigración masiva e imparable.

Así pues, si el régimen no encuentra otra salida más que reconocer lo que parece un triunfo incontestable de la oposición, el nuevo gobierno habrá de enfrentar una formidable tarea de reconstrucción nacional. Cabe suponer que en tal circunstancia una presidencia de Xiomara Castro contará con el respaldo decidido del gobierno de México. En cuanto al de Estados Unidos, cabe exigir que rectifique, que sus fobias ideológicas no lo lleven a promover de nueva cuenta la desestabilización en la nación centroamericana y que, por el contrario, colabore de manera y sustancial a resolver el desastre provocado por su injerencia durante la administración de Barack Obama.

La Jornada (México)