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LA HORA DE LOS HORNOS |
Fernando Solanas / Mayo 1989 Fuente: http://www.pinosolanas.com

La hora de los hornos (1968)
"LA HORA DE LOS HORNOS" (L´HEURE DES BRASIERS), 1968.
35 MM - blanco y negro / Documental en 3 partes (difusión en TV en 2 partes: 1º parte 88´ y 2º-3º: 120´) / RODAJE: Argentina / EDICIÓN: Roma / DIRECCIÓN: Fernando Solanas / PRODUCCION: CINESUR S.A. (Buenos Aires) / GUIÓN: F. E. Solanas y Octavio Getino
CARTA A LOS ESPECTADORES EN OCASION AL REESTRENO EN MAYO DE 1989:
Al comenzar esta carta me pregunto: ¿cómo hacer para contarles a quienes nacieron en la fabulosa década del 60 lo que fueron esos años épicos y violentos, liberadores y represivos y llenos de rupturas, sueños y utopías? ¿cómo poder transmitirles lo que significó para nosotros esa época en que teníamos menos de treinta años y desafiando miedos y prohibiciones nos lanzamos a la más hermosa y difícil de nuestras "aventuras" como fue concebir y realizar LA HORA DE LOS HORNOS...?...¿cómo narrarles la violencia institucionalizada y el desánimo imperante luego de más de una década de dictaduras o de gobiernos surgidos sobre la proscripción de las mayorías nacionales? ¿cómo expresarles lo que fue la violencia gorila con el bombardeo a la población civil en 1955 y los miles de confinados en la Patagonia; con los fusilamientos de 1956 y las torturas del Plan Conintes; con la movilización militar de los trabajadores en huelga, más los miles de proscritos y presos políticos que durante esos años fueron una triste costumbre? ¿cómo explicarles el esfuerzo de trabajo, prudencia y organización que tuve que hacer durante la dictadura del general Onganía para poder producir y realizar este primer largometraje con mi productora de cine publicitario, llevarme después a Roma más de 200 latas para terminar su edición y lanzarla sorprendiendo al régimen...? ¿cómo confesarles las innumerables crisis creativas y técnicas, políticas, personales o grupales que en aquella soledad tuvimos que enfrentar junto a Octavio Getino para poder continuar con esta utopía hasta proyectarla a sus espectadores naturales? ¿cómo recrearles lo difícil que nos fue tomar contacto con la clase trabajadora cuando instintivamente tanto los delegados como los laburantes desconfiaban de los intelectuales porque veían en ellos a quienes los habían olvidado o traicionado a lo largo de la historia? ¿cómo contarles la profunda alegría que sentíamos al aprender de la memoria popular la historia prohibida o silenciada del movimiento nacional que era, nada menos que la continuidad de la gesta independientista y anticolonial? ¿cómo hacer para transmitirles el esfuerzo realizado sobre la propia marcha para liberarnos de todas las
concepciones dependientes -políticas y cinematográficas- y el goce inmenso que sentimos cuando empezamos a inventar la película a partir de las necesidades y prioridades que teníamos en aquel entonces, concebir y realizar un film que fuera en sí mismo un acto de resistencia contra la dictadura y un instrumento para la movilización, el debate y la discusión política? ¿cómo poder explicarles que viviendo en la ilegalidad más absoluta, clausurado el Congreso, prohibidas las actividades políticas y estudiantiles, implantada la censura, intervenida la universidad y sin perspectiva de cambiar la violencia del sistema por vías constitucionales o legales desde 1955, la experiencia de la lucha del Tercer Mundo alimentaba y enseñaba el camino de la violencia popular como alternativa de liberación? ¿cómo contarles que en aquellos años 60 iba surgiendo en toda mi generación una nueva conciencia, como por ejemplo, descubrir que sólo la oligarquía porteña había usado sistemáticamente la violencia para imponer su proyecto desde los tres grandes genocidios -la guerra contra el gaucho, la guerra contra el Paraguay y la guerra contra el indio- y que en este siglo esa misma oligarquía había derrocado con golpes de Estado a cuanto gobierno constitucional y popular se opuso a sus designios? ...¿no eran ideas a tener en cuenta, padeciendo una dictadura, aquellas del general Mitre cuando en 1874 justificaba su alzamiento contra el gobierno de Avellaneda diciendo que: "Cuando el derecho del sufragio, fuente de toda razón y todo poder en las democracias queda suprimido de hecho (...) la revolución es un derecho, un deber y una necesidad, y no ejecutarla con pocos o con muchos, con las armas en la mano, sería un oprobio"...?
Finalmente, ¿cómo expresarles la alegría y el goce que hemos vivido al constatar que la obra soñada se iba haciendo realidad y que la historia era generosa con nosotros porque en pocos meses LA HORA DE LOS HORNOS pasaba de ser un film maldito a un mito, una leyenda, que ejercía honda influencia no sólo en América Latina sino en Europa y EE.UU.? Por último ¿cómo enumerar lo más extraordinario de este largo proceso y que fueron los cientos de proyecciones en nuestro país a quienes debían continuar la historia en el presente con su práctica política...? ...¿Cómo hacerles sentir las emociones que vivimos, lo que aprendimos en esos verdaderos "actos de liberación" que desencadenaba "LA HORA..." al ser proyectada en casas de familia, parroquias, sindicatos, escuelas o facultades, donde la gente acudía a pesar de la represión...?
Han pasado más de veinte años desde que terminamos LA HORA DE LOS HORNOS. Nosotros, los de la generación de los 60, los que desafiamos el sistema neocolonial y fuimos leales al proyecto de liberación de Perón, los que vivimos la primavera del 73, las persecuciones y el terror, el exilio de adentro o de afuera, el regreso, los que en todo momento luchamos por la soberanía popular y la democracia y tuvimos éxitos y fracasos, hemos actuado siempre por una ética y por principios que aún viven en nosotros para ser realizados. Hoy se ha consolidado el proceso democrático aunque lamentablemente una buena aparte de los problemas denunciados en el film siguen vigentes o se han agravado tanto que aquellos son un pálido reflejo. Ellos están presentes como un espejo de la desigualdad y la injusticia de una argentina ajena y sometida que aún espera realizar su proyecto "... para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación". Por todas estas razones y para conocimiento de lo que fueron aquellos épicos años 60, es que reponemos LA HORA DE LOS HORNOS.
PREMIOS: MOSTRA INTERNAZIONALE DEL CINEMA NUOVO, Pesaro -Italia 1968- Gran Premio de la Crítica;
FESTIVAL INTERNACIONALDE MANHEIM (R.F.A. 1968) Premio del Publico, Premio FIPRESCI,Cines de Arte y Ensayo;Premio Ecumenico.
BRITISH FILM INSTITUTE Mejor film extranjero 1974; señalada por CRÍTICA DE LOS ANGELES: entre los diez mejores films del año.
FESTIVAL DE MERIDA (VENEZUELA 1968) PREMIO AL MEJOR FILM.
SEMANA DE LA CRITICA DEL FESTIVAL DE CANNES (1969
Ficha técnica de La Hora de los Hornos (1968)
Blanco y negro. Sin restricciones. 264 minutos
Fecha de Estreno: 1 de noviembre de 1973
Dirección: Fernando Solanas
Guión: Fernando Solanas y Octavio Getino
Este film está dividido en tres partes: "Neocolonialismo y violencia"; "Acto para la liberación", dividido a su vez en dos grandes momentos "Crónica del peronismo (1945-1955)" y "Crónica de la resistencia (1955-1966)"; "Violencia y liberación"
Intérpretes:
Edgardo Suárez ...Narrador
María de la Paz ...Narradora
Fernando Solanas ...Narrador
Equipo Técnico:
Fotografía: Juan Carlos Desanzo
Cámara: Fernando Solanas
Música: Roberto Lar y Fernando Solanas
Montaje: Antonio Ripoll, Fernando S y Juan Carlos Macías
Sonido: Octavio Getino y Aníbal Libenson
Asistente de Dirección: Gerardo Vallejo
Dirección de producción: Edgardo Pallero
Postproducción: Fernando Solanas

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"Ver
este trabajo me hace entender que valió la pena" (2007)
El director no duda en afirmar que la película es un testimonio de época, pero
que a la vez conserva vigencia porque "el saqueo no ha terminado". En medio de
su campaña presidencial, Solanas reconstruye la épica de los tormentosos ’60.
"La hora de los hornos no es un dogma. Es la respuesta de una generación que
había vivido bajo dictaduras militares."
Por Javier Rombouts
García Márquez decía que era necesario un nuevo sistema de palabras para que los
europeos entendieran la realidad americana. Decía que la palabra río no logra
explicarles a los habitantes del continente donde reinan el Danubio y el Sena la
exuberancia, la extensión y el caudal del Amazonas. En los ’60, Fernando "Pino"
Solanas, Octavio Getino, Gerardo Vallejo y Juan Carlos Desanzo, entre otros,
querían contar su realidad, su historia, con imágenes que rompieran la mirada
hegemónica de los grupos de poder: militares mesiánicos, una iglesia que exigía
misa y comunión diaria, una intelectualidad de gafas europeas y una clase social
alta conocida como "la oligarquía vacuna". Con el peronismo proscripto,
gobiernos civiles que caían sin siquiera haberse puesto de pie, con la
revolución cubana a horas del triunfo, con Vietnam y Argelia en plena
ebullición, la realidad de esos protocineastas era, por lo menos, arrebatada.
Hacía falta un nuevo sistema para enmarcarla en imágenes, un nuevo cine para ese
testimonio. El resultado fue La hora de los hornos.
Película maldita, prohibida, de una extensión arrolladora. Película, en un
principio, para militantes. Película, en un principio, para ganar premios en
festivales internacionales. Película no acabada, que se continuaba haciendo aun
después de proyectada. Película que rendía homenaje al cine mudo, al soviético,
a Morir en Madrid, a Resnais, a Crónica de un verano, de Jean Rouch y del
sociólogo Edgar Morin, a los documentales del cubano Santiago Alvarez Roman,
quien hizo su aporte al film con los intertítulos. Pero, sobre todo,
película–manifiesto: "La hora... no es un dogma. Es la respuesta de una
generación que había vivido siempre bajo dictaduras militares. Estábamos
convencidos de que no se podía cambiar la situación a través del voto. Ese
foquismo de la película está determinado porque vivíamos bajo el foco de la
represión militar", dice Solanas en 2007, a 39 años de la primera proyección del
film que Página/12 ofrece a sus lectores este miércoles. En medio de su campaña
a presidente, esta vez convencido de la legalidad del voto.
–A casi cuatro décadas de la primera proyección, ¿qué actualidad tiene La hora
de los hornos?
–Más allá de que es un gran testimonio de la época, creo que también tiene
vigencia. Fue una toma de posición y una defensa apasionada de la lucha contra
la injusticia, el saqueo, a favor de la unidad latinoamericana. Un continente
rico, dividido y saqueado. La historia de la Argentina de hoy indica su
vigencia. Un país donde las concesiones sobre el petróleo han sido renegociadas
hace unos pocos meses por 40 años más, sin ninguna necesidad de hacerlo,
demuestra que ciertas cosas no cambiaron. El saqueo continúa.
–La película dice que los vietnamitas sólo tenían que elevar los ojos al cielo
para reconocer al enemigo y aclaraba que para ustedes era más complejo, a pesar
de hacer foco en ciertas clases sociales y en los militares. ¿Cómo se reconoce
ahora el enemigo?
–Es más difícil porque penetra las naciones disfrazado, a través de campañas de
publicidad que tienden a seducir y a engañar. Ahora las corporaciones mineras
son benefactoras: contaminan y destrozan el ambiente, se llevan minerales sin
pagar nada pero ayudan a la universidad, son sponsors de un deporte, avisan en
radios y diarios, reparten útiles en las escuelas. Otra vez Colón con espejitos
para los indios. Nos dicen que lo público es malsano, que el Estado es enemigo
de la población, que las empresas de servicios deben estar en manos privadas.
Incluso, que lo privado es eficiente y honesto, cuando hace rato comprobamos que
está lejos de ser así. Vivimos en una mediocracia donde se generan perfiles de
quiénes pueden comunicar y quiénes no. Y esto da forma a un sistema de censura
descomunal.
¿Cuándo comenzó con el proyecto?
–A principios de los ’60. Lo difícil fue asumir la responsabilidad de
producirla. En 1962 creé mi productora de publicidad y tuve mucho éxito. Pero al
año y medio la cerré. Me había ido bien: tenía mi departamento de dos ambientes,
mi Citroën 2CV; era un joven exitoso. Pero me di cuenta de que estaba preso:
trabajaba sábados y domingos, no me encontraba ni con mi familia y había
construido una fortaleza con las satisfacciones que da el dinero.
–¿Y empezó la película?
–No, me fui de viaje. Me había puesto un límite: antes de septiembre del ’64
tenía que hacer un viaje, una especie de búsqueda de identidad. Nunca había
salido del país, y quería recorrer el mundo. Empecé por Europa porque tenía
amigos allá y terminé en EE.UU. Cuando volví tenía tanto embale que creé una
nueva productora pero para hacer dos cortos publicitarios por mes, porque el fin
era tener tiempo y plata para financiar La hora... A partir de ahí tuve
compañeros de ruta de gran valor como Octavio Getino, Gerardo Vallejo y Juan
Carlos Desanzo.
–¿Cuánto tiempo le demandó?
–La película se termina en 1968, a mis 32 años. Y la empecé a filmar en 1965.
Pero el proyecto había comenzado antes. Empecé a recorrer el país a comienzos de
esa década pero con una idea difusa. Había empezado a recolectar material de
archivo del peronismo, que era lo prohibido. Estuve en el norte, fui a Río
Turbio, a Tierra del Fuego. Viajaba con una camarita Súper 8. Quería hacer un
gran testimonio documental de la Argentina. Me movía el cine de Fernando Birri,
el cine de los grandes documentalistas.
–¿No era demasiado ambicioso?
–El tema me aplastaba, me rebasaba. En el medio, vivo la caída de Frondizi, la
llegada de Illia. Busqué ayuda, intenté poner en orden todas estas ideas.
Trabajé con Enrique Wernicke, pero era más un escritor y poeta que investigador
e historiador. En 1963 o 1964 lo conozco a Octavio, que había hecho un corto y
había ganado el premio Casa de las Américas de literatura. Getino se apasiona
con el tema y comienza a trabajar el guión. Fue un aporte muy importante porque
Octavio tenía una mirada crítica sobre la realidad.
–¿Cómo establecieron el modo de trabajo para una película que en su formato
final cuenta con tres partes, dura casi cinco horas y les llevó, al menos, tres
años de filmación?
–Se fue haciendo sobre la marcha. No había un plan. En general los documentales
tienen una línea de trabajo, no un guión. Teníamos la estructura de los temas,
nada más. La composición final fue en el montaje. Se dio una interacción muy
buena con Octavio: conversábamos, discutíamos la película todo el tiempo. Se fue
generando un debate entre nosotros y de eso nació la concepción definitiva.
–El film le habla al espectador: "No es una película, es un acto". ¿La pensaron
como documental o como herramienta para el militante?
–Algo de eso hubo. Con Getino realizábamos proyecciones de cortos por el GBA,
algo que estaba prohibido. Cortos cubanos de Santiago Alvarez, documentales
brasileños, películas sobre Vietnam. Y como eran en 16 mm estábamos obligados a
cambiar el rollo cada 45 minutos. Prendíamos la luz y los que estaban empezaban
a discutir. El disparador era la película, pero discutían sobre la dictadura,
los patrullajes militares, sobre el estado de sitio. Ahí nace la idea de Getino
y mía de que lo más importante era el acto espontáneo que generaba la
proyección. Pusimos esta idea en acto, de ahí los cortes y momentos de reflexión
de la segunda y tercera parte.
–¿Cómo reaccionaban los militantes? ¿Cómo, los que no lo eran?
–En una dictadura, las primeras preguntas frente a una película de este tipo es:
¿para quién la hago?, ¿dónde voy a mostrarla? Había que encontrar cómo pasarla.
Sabíamos que iba a ser importante si mostraba cosas que no eran conocidas. La
gente iba a ir a verla. Entendimos que era un disparador para provocar un
momento de debate. Frantz Fanon decía: "La reunión de célula, la reunión
política, es un acto litúrgico, el momento privilegiado que tiene el hombre para
pensar, discutir, analizar". Esta película fue el instrumento con el que más de
60 grupos estudiantiles y políticos hicieron militancia entre el ’69 y el ’73,
esa fue la gran épica. Y no porque fuéramos muy buenos, sino porque la gente
estaba ávida por lo que no les habían contado.
–¿Estaban convencidos de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina?
–Todos creíamos que faltaban horas para la revolución. Los cubanos ya la habían
hecho, avanzaban los vietnamitas, estaba Lumumba en Africa; Argelia a punto de
estallar. Teníamos un embale increíble, mucho más después de cada proyección.
–¿Cómo eran esas proyecciones?
–Hay una película no filmada de las proyecciones de La hora.... Hubo decenas de
proyecciones alcahueteadas en las que caía la policía. Hay una foto de un diario
en la que sale un cabo o un sargento con una lata de película en la mano,
posando con una tanqueta. La gente no sólo iba a ver una película, estaba
haciendo historia.
–Fanon también decía: "Todo espectador es un cobarde o un traidor".
–Eso tiene que ver con lo mismo. La película tendía a involucrar al espectador.
Se asumía como un arma de lucha contra la dictadura. Nunca había existido una
película de guerra que, además, termina dedicada al Che. Se terminó 8 meses
después de la muerte del Che. La gente corría para ir a verla, se iban a
Uruguay. Además, se presentó en el Festival de Pesaro, donde ganó el premio
principal el 3 de junio del ’68, a pocos días de terminado el Mayo Francés.
Causó un impacto monumental.
–Hay mucho material filmado en la clandestinidad, las proyecciones eran
clandestinas. ¿Cómo la terminaron sin que nadie se diera cuenta?
–El montaje lo hizo el gran Antonio Ripoll, toda la primera parte. Yo
seleccionaba material en casa con un proyector de 16 mm, lo ponía en orden,
armaba mis secuencias y después iba a la tijera de Ripoll. Trabajábamos en la
única moviola de 16 mm que había en el país, en el laboratorio Alex. Pero a
partir de las 9 la tenía alquilada el Servicio de Informaciones del Ejército.
Entrábamos a las 5 de la mañana a trabajar y parábamos a las ocho y media para
juntar los pedacitos de imágenes que podían quedar tiradas. Si nos olvidábamos
un solo cuadro estábamos al borde de delatarnos.
–¿Y qué les decía a los que preguntaban en qué estaba trabajando?
–Que estaba haciendo una serie documental para la TV europea.
Europa, más precisamente Italia, fue donde Solanas terminó montando la segunda y
tercera parte. "Contamos con la solidaridad de mucha gente, técnicos que
trabajaban después de hora. Tengo una gratitud muy grande hacia todos. Me llevé
160 latas a Europa. Un director italiano que había pasado por aquí, Valentino
Orsini, me ofreció su productora en Roma. Fueron dos meses más de trabajo", dice
Solanas.
En plena dictadura de Onganía, ¿qué dijo la prensa sobre el film y su
repercusión en Europa?
–Cuando se estrenó en Cannes, en 1969, la crítica la comparó con la obra de
Eisenstein y la de Vertov. Mientras tanto, 20 periodistas argentinos protestan.
Y la protesta la encabezaba Chiche Gelblung que, desde un editorial en Gente, se
quejaba porque la consideraba un panfleto difamatorio para el país. Porque,
decía Gelblung, en este país se vivía en paz y en orden. Pero el destino tiene
sus mañas: antes de terminar Cannes, había estallado el Cordobazo. Al mismo
tiempo, Perón se entera del film y nos cita en Madrid. Y le pedimos que grabara
un saludo, incluido en la versión final.
–La película ve el enemigo en los militares, la Iglesia y la clase alta. Pero
también en la juventud enajenada, haciendo foco en el Instituto Di Tella. ¿Cómo
juzga hoy esa posición sobre el Di Tella?
–Eran imágenes que formaban parte de la enajenación y de la dependencia de la
juventud y de las elites culturales. Y eso sigue existiendo. Al mismo tiempo, el
Di Tella tuvo cosas muy importantes, porque ahí funcionaba el Instituto de
Música Contemporánea.
–¿Se puede generar una cultura sólo con los hechos culturales que produce un
país, sin tomar en cuenta el resto del mundo?
–Ninguna cultura puede enriquecerse aislada del mundo. El problema aparece
cuando sólo se trata de un país basado en una cultura foránea. El mestizaje
cultural es bueno: cada uno toma un poco de cada cosa y hace su propia salsa, su
comida.
–Entonces, a casi 40 años, ¿cree que el resultado fue un acto militante o un
hecho artístico?
–Las dos cosas. Sin el hecho artístico no hubiera tenido la resonancia mundial
que tuvo. Pero el hecho histórico fue contar eso antes no contado. Y solucionar
la ensalada de mezclar al peronismo, que para la izquierda ortodoxa era como el
fascismo, con Sartre, con Lumumba, el Che, Fidel y Fanon. Para la izquierda
éramos sospechosos y para la derecha, terroristas ideológicos. Pero ver hoy este
trabajo me hace entender que valió la pena.
Fuente: Página/12, 14/10/07

Fernando Solanas habla de sus tres nuevas peliculas, que continuan su gran fresco sobre Argentina y sus caminos posibles (2006)
"Son un ensayo sobre el país que debemos recuperar"
Después de Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies, donde analizaba la crisis del 2001 y las formas de resistencia popular, Pino está trabajando simultáneamente en tres nuevos capítulos de su saga, ahora con el ojo puesto en los recursos del país y la recuperación de su patrimonio.
"El ciudadano común cree que el país perdió todo lo que tenía y que somos un país pobre, pero no es así."
Por Luciano Monteagudo
¿En qué anda Fernando Solanas? Una semana atrás, un cable procedente del Festival de Valladolid contaba que Pino había estado mostrando allí un avance de la continuación de Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies, los dos documentales con los cuales comenzó a pintar un fresco social del país. Pero sucede que aquello que parecía un díptico tampoco es un tríptico, ni siquiera una tetralogía: con una energía envidiable Pino está trabajando simultáneamente en otras tres películas (Argentina latente, Los hombres que están solos y esperan y La tierra sublevada), que irá presentando a lo largo de los próximos dos años, a la manera de un gran ensayo coral sobre el país, sus recursos y su gente.
–¿Cómo nacen estas tres nuevas películas?
–La historia es simple. El derrumbe del modelo en el 2001, todo aquello me arrastró a la calle, era imposible quedarse metido en casa. Argentina estaba en estado de asamblea, en todos los barrios nacieron luchas vecinales, había discusión y espíritu crítico. La gente quería renovación y Memoria del saqueo vino a plantear como tesis que la sucesión de ajustes, la implantación de los planes salvajes, deshumanizados, son una nueva forma de agresión. Ya no es el misil que cae y destruye casas y seres humanos. Es la muerte silenciosa y cotidiana que se produce en paz y democracia. Toda esa situación produjo más de 30.000 muertos evitables por año: son cifras del Indec. Muertes de enfermedades curables o de desnutrición. Aquello fue muy fuerte. Recorriendo el país descubrí que no podía contar este tema en una sola película. Y fue naciendo la idea de hacer un fresco semejante al que 35 años atrás había comenzado con La hora de los hornos. Tenía la misma vocación de dar testimonio y explicar lo que había pasado. Pero me di cuenta de que eran necesarias varias películas, que una sola era insuficiente para recorrer toda esa realidad. La segunda película, La dignidad de los nadies, era la contracara de Memoria del saqueo: cómo se defendieron aquellos que perdieron el trabajo, la atención médica, los pequeños propietarios quebrados, etcétera. Y los movimientos de este viaje por la Argentina me llevaron inevitablemente a un tercer y cuarto movimiento: son movimientos que tienden a la democratización de la sociedad argentina, de sus instituciones, y cómo se planta el ciudadano frente a lo que le pertenece, a lo que perdió y a lo que debe y puede recuperar.
–¿Cuál va a ser la tercera parte de este fresco?
–La verdad, no sé cuál va a ser la tercera o la cuarta, porque pueden jugar indistintamente. Será tercera la que termine primero, en este caso Argentina latente, pero quizás Argentina latente yo la colocaría en un cuarto lugar, porque tiene mucho que ver con la recuperación y reconstrucción del país. Argentina latente es una experiencia, un viaje de descubrimiento. Ya no es el testimonio de las ideas pasadas. Es un viaje de descubrimiento porque le va a descubrir al espectador las potencialidades de recursos materiales, naturales, científicos, técnicos e industriales que tiene la Argentina. Son recursos en la mayoría de los casos desconocidos por los argentinos, incluso por gente culta, informada, por periodistas, funcionarios, profesionales... El argentino no tiene conciencia de sus recursos; más aún no tiene conciencia de lo que le pertenece. "¿Cómo lo que me pertenece? ¿Mi casa, mi auto?" No hablo de los bienes personales, por supuesto. Todos somos copropietarios de un gran consorcio, gigantesco, que es la Argentina. Toda la jurisprudencia internacional (y la nacional también) plantea muy claramente que el único dueño de los bienes públicos es el pueblo, no el Estado. La creación de la figura de que esto le pertenece al Estado es una suerte de extrañamiento que permitió que el ciudadano pensara que había un superpropietario llamado "Estado". Y el Estado es sólo el administrador del consorcio.
–¿Se perdió la noción de ciudadano?
–Bastante. Los años ’90, como consecuencia de una ola de sucesivos fracasos, fueron minando lo solidario, lo colectivo. Bueno, entonces, Argentina latente empieza redescubriendo el país, preguntándole al ciudadano común qué sabe de ese patrimonio. El ciudadano común tiene en la cabeza la idea de que el país perdió todo lo que tenía y que somos un país pobre. Se le ha machacado, y mucho, las incapacidades del país, todo lo que perdimos, asocia privatización o concesión a pérdida total de bienes. Esto es así porque no se ha difundido la información de que esos bienes están concesionados y son realmente muy pocas las privatizaciones en las que se han vendido totalmente los activos. O sea, que hay muchos bienes que pueden ser recuperados, entre otras cosas por incumplimiento de los contratos. En fin, no hay conciencia de la idea de lo público y entonces hay una suerte de descrédito y de escepticismo sobre las posibilidades del país. Argentina latente es un recordatorio de todas las cosas grandes que pudo hacer el país. Y que puede y que debe hacer. La película atraviesa todos los temas, incluyendo universidades y la investigación científica hasta llegar a la Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales (Conae), con una hermosísima entrevista a don Conrado Barotto, el padre del plan aeroespacial argentino, un hombre que a comienzos de los años ’80 se propuso enriquecer uranio en Argentina y lo logró en quince meses. "Lo hice con una banda de pibes, el mayor era yo, con 35 años, nuestro capital es la juventud", dice Barotto. De todas esas potencialidades habla Argentina latente. Es una película con mucha emoción: es el combate de creadores, de inventores, de científicos, con cuatro piolines, con pocos recursos. Es una película sobre el desafío, muy dirigida a la gente joven.
–¿Y Los hombres que están solos y esperan?
–Junto con Argentina latente nació, de entre sus costillas, otra película, Los hombres que están solos y esperan, que pone la lupa sobre los servicios públicos. El caso más particular es el de los ferrocarriles. Los ferrocarriles siguen siendo subsidiados: la situación escandalosa es que el Estado no recibió nada y paga hasta los sueldos. Todo esto para tener un servicio pésimo, que ha multiplicado como nunca la cantidad de accidentes y el maltrato al usuario. Entonces, a partir de los ferrocarriles esta película instala el debate sobre lo público y lo privado. Es volver a discutir esta idea de que lo privado es lo bueno, cuando acá quien ha venido chupándole la sangre al ciudadano y robándole son los grandes grupos económicos y los concesionarios que aún hoy –sí, los Macri, los Techint, los Pescarmona– siguen viviendo de fabulosos subsidios del Estado. Es la patria contratista, el gran escándalo de la Argentina. Pero el hilo conductor aquí son los trenes. Porque quizá la mayor tragedia social de las privatizaciones se produjo en los ferrocarriles: fueron 85.000 despedidos. Son 85.000 familias, que si yo multiplico por cuatro ya tengo 340.000 personas afectadas. Hubo 800 estaciones cerradas que convirtieron a los pueblos en fantasmas y la gente emigró hacia las ciudades. Si yo tomo mil personas por pueblo, que no es nada, estamos hablando de 800 mil personas que emigraron hacia los suburbios de las capitales de sus provincias. La privatización de los trenes provocó una verdadera catástrofe social, porque el tren era industria. Todo esto me llevó naturalmente a la figura de Raúl Scalabrini Ortiz. Una figura recurrente porque todos los especialistas y aquellos que aman el ferrocarril y tienen conciencia de que es el instrumento de integración cultural y socioeconómica más importante que tiene un país (por eso todos los grandes países lo siguieron desarrollando y perfeccionando), todos se acordaban de Scalabrini.
–¿Por qué?
–Scalabrini, en la cuestión nacional, es el Carlos Marx argentino. Scalabrini descubre que la plusvalía, en el país semicolonial o neocolonial, es la falacia de la inversión extranjera. Desde siempre, desde aquel empréstito de la Baring Brothers a hoy, lo que siempre se dijo que se traía nunca fue tal cosa. Vos abrís el diario y leés que Repsol o Fulano va a invertir mil millones: eso es publicidad. En primer lugar, no hay ningún organismo ni en el Ministerio de Economía ni en el Banco Central que controle ninguna de las inversiones que se dice que se hacen. Estamos tan desarmados que tampoco hay organismos que controlen las riqueza argentina que se extrae: en minería y en petróleo es a simple declaración jurada. Nadie sabe cuánto se llevan realmente. En definitiva, lo que demuestra Scalabrini Ortiz es la falacia, la mentira gigante de las llamadas inversiones extranjeras, con el foco sobre los ferrocarriles. La tan mentada idea de que acá los ferrocarriles los hicieron los ingleses con su propio capital es una gran mentira: los ingleses trajeron, en el mejor de los casos, un 15 por ciento de la inversión. Scalabrini demuestra –investigando en los archivos del Banco Central y de los ferrocarriles– que todos eran créditos, subsidios del gobierno argentino o lanzamiento de acciones al mercado. Y también demuestra que tampoco era cierto que daban mejor servicio y mejor calidad con mejor tarifa, como decían. Y escribe, entre 1937 y 1941, su famosa Historia de los ferrocarriles argentinos.
–La de Scalabrini es una figura muy compleja, ¿no?
–En 1936, Scalabrini ya había publicado Política británica en el Río de la Plata. Pero pensemos que al Scalabrini del año 31 el todo intelectual de Buenos Aires lo homenajea por la quinta edición de El hombre que está solo y espera. Hay una famosa foto de ese banquete donde Scalabrini está sentado entre Alfonsina Storni, Macedonio Fernández, Nalé Roxlo, Córdoba Iturburu y Borges. Por entonces, Scalabrini era el chico mimado, publicaba en La Nación, en El Hogar y venía de escribir ese ensayo brillante, talentosísimo. Pero al mismo tiempo está la otra parte de Scalabrini, la insurrecta, en rebelión con la dictadura aristocrático-oligárquica de Uriburu. Y culmina adhiriéndose a la insurrección de Paso de los Libres de 1933, donde Jauretche y él terminan presos. Así como José Hernández había escrito en prisión la primera parte del Martín Fierro, Jauretche escribe el poema Paso de los Libres, ¿que sabés quién lo prologa? ¡Borges! No es solamente interesante que lo prologa Borges, sino que en ese texto lanza una extraordinaria caracterización –por lo justa y lo correcta– de lo que significa la patriada. "Esto no es un golpe, esto ha sido una patriada", escribe Borges. "La patriada es la expresión espontánea de los pueblos", dice Borges en el prólogo al poema Paso de los Libres de Jauretche. Borges milita en ese campo de ideas hasta los años ’35 o ’36, donde comienza el giro hacia el grupo Sur y Victoria Ocampo. El dato es que Borges no incluye ese prólogo en sus obras completas. Por el contrario, Scalabrini va a terminar adhiriéndose al grupo de militantes e intelectuales de la izquierda radical que forman Forja: Luis Dellepiane, Homero Manzi... Y Scalabrini es uno de sus militantes más activos.
–¿Qué rescata concretamente su película de Scalabrini?
–Que era un hombre que militó en la idea de la ética pública. El es el gran continuador de una herencia de grandes personajes éticos argentinos, enamorados de lo argentino, los padres constructores del país: el ingeniero Luis Huergo; el ingeniero Otto Krause, que en Comodoro Rivadavia, cuando Figueroa Alcorta no le manda dinero para seguir perforando pone dinero de su bolsillo; Jorge Newbery, fundador del servicio eléctrico de la ciudad de Buenos Aires, absoluto defensor del servicio público en combate permanente contra los trust de la electricidad internacional, autor del primer libro sobre el petróleo, que influye mucho en Mosconi, otro ingeniero, padre constructor de la Argentina, fundador de la aviación militar y de la petrolera estatal. ¡En nueve meses Mosconi procesa naftas nacionales! El hombre que está solo y espera retoma a todos estos personajes.
–¿Hay reconstrucción histórica en la película?
–Una tercera parte de la película es ficción, en línea paralela al testimonio libre. Es una expresión absoluta de cine de fusión. Yo hago cine de fusión, de creación libre, donde si necesito recrear recreo, y si necesito recurrir al material de archivo lo hago. Y acá recreo también a Scalabrini a través de una extraordinaria actuación de Lorenzo Quinteros. Pongo en la lupa los años en que yo conocí y traté a Scalabrini. Yo era un joven politizado, inquieto y estudiaba con el hijo menor de Scalabrini, nací a dos cuadras de su casa. Para mí, era Don Raúl. Uno de los libros que más influye en mi formación es Política británica en el Río de la Plata, que leí a los 15 años... En lo personal, lo importante para mí es que esta película significa mi vuelta a la ficción. Estoy muy feliz por los resultados, pero también reconozco que fue muy conflictivo, porque recrear una figura pública es puro riesgo: ya me pasó en El exilio de Gardel, cuando junté a San Martín con Gardel.
–¿Y La tierra sublevada?
–Cuando uno hace películas con una fuerte base testimonial, cuando sucede un acontecimiento ligado al tema central, no lo podés dejar pasar. Y así sucedió que filmé muchas cosas. Esta otra película está muy centrada en el reclamo de los pueblos originarios de la Argentina. Por ejemplo, filmé la batalla para que los incluyeran en la reforma constitucional de la provincia de Neuquén. Estuvimos allí con Adolfo Pérez Esquivel. Y lo que empezó con una represión a palazos terminó con la inclusión del artículo que reconoce los derechos de los pueblos originarios. Es una película sobre la lucha por la propiedad de la tierra: sobre la primera conquista, sobre la conquista del desierto y sobre el renacimiento ahora de la conciencia de los pueblos indios en toda América latina, desde Chiapas hasta Ecuador, Perú y Bolivia. Es otra epopeya que me espera.
Fuente: Página/12, 12/11/06

Fernando
"Pino" Solanas y las ideas que alimentan "Argentina latente"
(2007)
"Nos hicieron creer que no tenemos nada"
El director habla de su film como "una epopeya de la invención", que intenta
rescatar del olvido a nombres que a pesar de todo dejaron su marca en el
desarrollo científico e industrial. Y apunta al futuro: "El país está viviendo
un momento de recuperación económica, pero no es lo mismo que repartir la
riqueza, porque el modelo impositivo de hoy es el mismo de Menem".
"A pesar de las crisis periódicas, la falta de recursos y la fuga permanente de
cerebros, la ciencia nacional se siguió desarrollando."
Subnotas
La inesperada contracara de un país habituado a la ruina
Por Oscar Ranzani
Por momentos parece interminable el proyecto sobre el gran fresco del país
pensado por Fernando "Pino" Solanas que comenzó con Memoria del saqueo, película
en la que a partir de la crisis de 2001 indagaba en la historia
político-económica para diagnosticar la devastación que causó el modelo
neoliberal. Memoria del saqueo inició una saga que marcó el retorno al
documental del realizador de La hora de los hornos y que continuó con La
dignidad de los nadies, film que pone el acento en la resistencia popular antes
que en el poder político. El ambicioso proyecto cinematográfico continúa ahora
con Argentina latente, largometraje que se estrena hoy, en el que Pino
reivindica "tesoros valiosos" que tuvo y tiene el país corporizados en las
figuras de ingenieros, técnicos, investigadores, científicos y trabajadores que
deberían ser orgullo de la Argentina y, sin embargo, son desconocidos por una
amplia mayoría. A lo largo de esta tercera producción cinematográfica (las
próximas serán Los hombres que están solos y esperan, donde enfocará sobre lo
público y lo privado, y La tierra sublevada, que tratará el tema de los recursos
naturales), Solanas recorre el país para (re)descubrir las potencialidades
creativas que tiene Argentina, y que pueden ser la semilla de su recuperación y
reconstrucción. Una innumerable cantidad de testimonios de profesionales permite
conocer lo que se hizo (y se hace) en todo el arco de la ciencia, la tecnología
y la industria naval, aeronáutica, aeroespacial y nuclear, entre otras. "Son las
capacidades inventivas de nuestros jóvenes científicos que no le tienen miedo a
nada. Como dicen los físicos del Instituto Balseiro: ‘Se acabó el colonialismo
mental, aquí nadie dice que no se puede’. A pesar de las crisis periódicas del
país, la falta de recursos y la fuga permanente de cerebros, la ciencia nacional
se siguió desarrollando por el compromiso y la creatividad de sus
investigadores. Es la épica de 150 años de desarrollo científico y tecnológico
que retomó los saberes latentes y pudo profundizarlos. La historia de nuestra
industria, ciencia y tecnología nacional es otra de las epopeyas que demostraron
que se pudo y se puede", asegura Solanas, quien agrega que el film está dedicado
a "los jóvenes científicos y trabajadores dispuestos a recuperar la Argentina
latente".
–Este film no focaliza tanto en la crisis sino más bien en la recuperación y
reconstrucción del país a partir de las propias capacidades creativas. ¿Es una
película acorde con un nuevo momento histórico-político del país?
–Creo que el país está viviendo un momento de recuperación económica. Eso sin
duda. Es el cuarto año que tiene más del 8 por ciento de crecimiento. Después de
la crisis espantosa que vivimos como fin de los años ’90, se está en un plano de
recuperación de la macroeconomía. Que no es lo mismo que repartir la riqueza,
porque el modelo impositivo, que es altamente regresivo, es el mismo de Menem.
Pero la devaluación hizo que surgiera como un resorte la recuperación económica.
Fue lo que aportaron los trabajadores que soportando una devaluación de 3 a 1
cargaron esto sobre sus espaldas, con salarios bajísimos. El milagro de la
recuperación industrial es éste. Pero Argentina latente no es una película
centrada en el análisis político. No es el análisis de los años ’90 que fue
Memoria del saqueo. Tampoco es una crónica de las resistencias sociales como fue
La dignidad de los nadies. Argentina latente es una crónica de la epopeya de la
ciencia. Parecería ampuloso esto, pero no lo es. La ciencia, la tecnología y las
investigaciones en la Argentina a lo largo de su historia tuvieron más olvido
que acompañamiento. Tan es así que hay 50 mil profesionales y científicos
argentinos que trabajan en el extranjero. Eso es un desastre, una verdadera
tragedia. Son profesionales en los que el país invirtió muchísimo dinero en su
formación. Piense que tuvimos al superministro Cavallo que mandó a los
científicos a lavar platos y que tenía como modelo importar ciencia y
tecnología. Eso es decirle a la generación que nos sigue: "Muchachos y chicas,
hagan las valijas y vayan a estudiar y trabajar a otra parte, porque éste será
un país sólo productor de materias primas". En definitiva, Argentina latente es
una crónica de esta epopeya silenciosa que libraron miles de ingenieros,
físicos, biólogos, técnicos, médicos, de todas las especialidades. A pesar del
maltrato y a pesar de los olvidos, la ciencia en la Argentina se siguió
enriqueciendo.
–¿Cómo logró Argentina mantener esas potencialidades técnicas y científicas que
usted menciona en la película, a pesar de las crisis?
–Es como una carrera de postas: de posta en posta. Uno ve los modestos medios
con que trabajaba Bernardo Houssay, creador de la Escuela Fisiológica Argentina,
alguien que nunca quiso ir a estudiar afuera: Houssay se formó en la Argentina.
Era un estudioso de las grandes escuelas de afuera y se sentía, de alguna
manera, heredero de la tradición del francés Claude Bernard. Pero fueron
defensores de la ciencia argentina. En definitiva, la película rinde un homenaje
a tanta gente, a tanta invención. Así como digo que es la epopeya de la
invención, de la ciencia y de la tecnología argentina (que son saberes latentes)
es, además, la crónica de una pasión. La pasión es el gran tema también que está
muy ligado con lo argentino. La pasión es el fuego de toda la juventud
argentina. Y es lo que asombra al extranjero cuando viene aquí. ¿Cómo es posible
que haya ocho mil o diez mil chicos que estudien cine? ¿Cómo es posible que haya
cinco mil o diez mil que estudien teatro? ¿Y cuántas son las bandas de rock que
tiene este país? Hay todo un movimiento espontáneo que surge de la necesidad de
expresarse, de la pasión de expresarse. Y eso se da también en la ciencia.
–¿Estos hombres que dedican toda su vida a la investigación científica y técnica
son otra especie de olvidados y de héroes cotidianos como los que mencionaba en
La dignidad de los nadies?
–Son los nadies de la ciencia. Es una cosa increíble: pare a cualquiera y
pregúntele quién fue Enrique Gaviola. Nadie tiene la menor idea. Fue uno de los
mayores científicos que tuvo la Argentina en el siglo XX. Se formó en la Escuela
de Física Cuántica en Alemania en los años ’20. Fue el iniciador, creador o el
alma de la Escuela de Físico-Matemática Argentina que nació en La Plata. Sin ese
núcleo no tendríamos energía nuclear en la Argentina. Porque los discípulos de
Enrique Gaviola, que después fundó el Observatorio Astronómico de Córdoba (un
científico multifacético extraordinario), son el núcleo de la física nuclear en
la Argentina. Uno de ellos es José Balseiro, quien creó el Instituto de Física
Superior que está en el Centro Atómico Bariloche. Este instituto nació en el
’55, donde los alumnos más destacados de Física fueron becados e ingresaron al
Instituto, donde convivieron y trabajaron con sus profesores en las
investigaciones de sus profesores. No hubieran aparecido los Jorge Sabato,
iniciador de la metalurgia, la ciencia de los metales en la Argentina. Sin todo
eso, ¿cómo se llega a la industria aeronáutica? Pensemos que en el año ’50
Argentina fabrica el Pulqui II, un avión que compite con el Sabre 86
norteamericano y el 1015 Soviético. ¡En el año ’50! La Argentina en el ’47 está
produciendo el primer reactor del Hemisferio Sur. En la fábrica militar de
aviones de Córdoba trabajaban 10 mil técnicos e ingenieros de todas las
especialidades. Todo eso desarrolla ciencia y tecnología. Igual pasó con la
energía nuclear. ¿Cómo es posible que Argentina sea vanguardia en el mundo en
construcción de reactores de investigación científica con tecnología propia? Es
vanguardia en el mundo. Les ha ganado a las principales empresas. Pero la
desinformación del argentino medio es espantosa.
–¿Cuánto incidió en el desconocimiento de la gente sobre los recursos del país
la ideología privatizadora que hizo creer que Argentina ya no tenía nada?
–Por supuesto que todo fue un plan malintencionado. Acá se ha hecho creer que no
teníamos nada. Y el otro mito que se ha instalado en el imaginario de la gente
es que somos pobres: "No nos queda nada, somos pobres, hemos perdido todo y esto
es irremediable. El destino que tenemos es el de la pobreza y el sacrificio".
Eso se lo debemos a tantas campañas mediáticas. No cabe duda. En realidad,
Argentina es uno de los países más ricos del planeta. Lo repito: Argentina es
uno de los países más ricos del planeta. Es una de las regiones alimentarias del
planeta y es considerada la sexta reserva de metales. Además, tiene una de las
más grandes plataformas marítimas. Tiene 200 kilómetros, pero los nuevos
tratados internacionales alargan la frontera marítima a 900 kilómetros de la
costa. Estamos superdotados y, además, Argentina tiene una interesante
infraestructura científico-técnica. Algunas cosas nos han quitado. Por ejemplo,
la privatización del acero, que fue una canallada. Antes se fabricaban aceros
especiales, los aceros Santa Rosa. Ahora hay que importar esos aceros
especiales. Pero tenemos todas las capacidades, las capacidades están.
–¿Este desconocimiento del que venimos hablando está ligado también a la
confusión que hay sobre la noción de propiedad de los bienes? Porque siempre se
habla de propiedad del Estado y no de propiedad del pueblo.
–Bueno, es cierto. Ahí hay una gran confusión. Porque acá se hizo creer que los
bienes eran del Estado como si el Estado fuera otro propietario o el
superpropietario. En realidad, toda la jurisprudencia internacional clásica, la
más sólida y seria dice lo contrario: "Los bienes no son del Estado. Los bienes
son del pueblo". Los bienes son de los ciudadanos de un país que han venido
contribuyendo a través de generaciones con sus impuestos y con su trabajo a la
construcción de los tesoros y riquezas, y todo lo que tiene lo que se llama
Estado, lo que es público. Y entonces, ¿qué es el Estado? El Estado es el
administrador. Yo digo algo muy simple: un país es como un gran consorcio de
copropietarios y el Estado es el administrador del consorcio. Cada cuatro años
votamos y damos mandato para administrar el consorcio. Pero el ciudadano no
tiene conciencia de que él es un copropietario y que le pertenece la treinta y
ocho millonésima parte de esta riqueza. Digamos, Argentina necesita una reforma
institucional para afianzar los poderes en el propietario del pueblo. Esos
poderes significan la posibilidad de revocar mandatos cuando los mandatarios no
cumplen. Cuando el administrador del consorcio no cumple bien la tarea confiada
por quienes le pagan, ¿qué hacen los inquilinos del edificio donde viven? Lo
echan. Y bueno, hay que reforzar todas esas cosas para reforzar la democracia,
la transparencia. Entonces, transformado el Estado en una propiedad de alguien
que la administra que es ajena del pueblo... bueno, lo vendieron como quisieron
y lo administran como quieren.
Fuente: Página/12, 24/05/07

"La
hora de los hornos", el peronismo y la imágen del Che
Por Mariano Mestman
Cuando "La hora de los hornos" (Solanas y Getino) se estrenó en las salas de
Buenos Aires, a fines de 1973, los anuncios periodísticos hablaban de "la
película argentina más premiada y vista en el mundo". Consagrada primero en la
IV Muestra Internacional del Nuevo Cine de Pésaro (Italia), en junio de 1968, y
a partir de allí en diversos festivales internacionales, había alcanzado una
significativa difusión clandestina o semiclandestina, según el período, a partir
de la segunda mitad de 1968 en la Argentina. En 1973, con la apertura política
-luego de 6 años de dictadura militar y de 18 años de proscripción electoral del
movimiento político mayoritario, el peronismo-, llegaría al circuito de salas
con la categoría de film de "interés especial". "La hora..." constaba de tres
partes, con una duración total de más de 4 horas. Pero en 1973 sólo se estrenó
la primera, ("Neocolonialismo y violencia"), la más conocida y con una
estructura formal "más adecuada" para el circuito comercial.
Las críticas periodísticas de ese año en muchos casos retomaron juicios ya
señalados por la crítica local o la internacional en los años previos. En
general se rescataba su valor documental, el trabajo de montaje, así como cierta
audacia de lenguaje en la combinación de variados recursos, y se cuestionaba el
esquematismo y maniqueismo de partes del film. Según fuera el crítico, la opción
política del grupo recibía mayor aceptación o rechazo.
Uno de los hechos más cuestionados fue la ya famosa modificación del final de la
primera parte: los últimos cuatro minutos que en la versión original de 1968
estaban ocupados por la imagen fija del rostro del Che Guevara (la del Che
muerto, el Che-Cristo), en la versión del 73 eran reemplazados por imágenes
documentales de sucesos significativos, movilizaciones y personajes
protagonistas de la política argentina y latinoamericana en los años que separan
ambas versiones. En la última, la imagen del Che se mantenía, aunque ya no
oficiaba a modo de opción final, ocupaba mucho menos tiempo y de algún modo
aparecía diluida entre otras: junto a imágenes de discursos de Juan Domingo
Perón y Evita, o la fotografía de Perón con su segunda mujer -luego presidenta-
Isabel Martínez, encontramos imágenes del Cordobazo -aquellas presentes en casi
todo el cine político contestario de esos años, las del pueblo apedreando a la
policía montada que retrocede-, la masacre de Trelew, la movilización popular
cuando la asunción de Héctor J. Cámpora, líderes regionales como Castro, Torres,
Allende y Torrijos, movilizaciones en América Latina y el Tercer Mundo, y su
represión.
Además del rechazo de este cambio por otras tendencias del cine político, desde
un sector de la crítica cinematográfica un cuestionamiento persistente fue el
del crítico rioplatense Homero Alsina Thevenet. Aún cuando elogiaba por lo
inédito el relevamiento de las condiciones de vida en América Latina que
aportaba el film y rescataba "... la habilidad con que (los realizadores)
compaginan sus kilométros de imágenes y sus volúmenes de conceptos, con algunos
aciertos de ritmo y de sonido que han impresionado debidamente a la crítica
europea", cuestionaba con cierta ironía las afirmaciones y especulaciones más
asociadas a la doctrina peronista, cierta "simpleza tan efectista" en la
denuncia de la penetración económica y cultural, y, fundamentalmente, la ya
referida modificación del final, asociándola al abandono de las ideas
revolucionarias por el alineamiento bajo la verticalidad del peronismo en el
gobierno.
Por su parte, los realizadores justificaron la modificación señalando que se
trataba de un acortamiento de la imagen y no una supresión, así como que
resultaba necesaria una adaptación a la nueva coyuntura histórica en la que la
opción guerrillera sintetizada en la imagen del Che perdía sentido en el marco
de la necesidad de una política institucional con el peronismo en el gobierno.
Asimismo se insistía en que por el tiempo transcurrido resultaba necesario
incorporar referencias a las principales luchas nacionales y regionales
ocurridas entre ambas versiones del film.
Es importante recordar que en su propuesta original el grupo Cine Liberación
concebía el film como una obra "abierta e inconclusa". En tanto Film-Acto, "La
hora..." buscaba desencadenar un Acto político en torno a su exhibición
clandestina, e incluso la segunda parte del film estaba formalmente estructurada
en ese sentido (desde la pantalla se convocaba al debate y la acción).
Recuérdese aquella frase tomada de Frantz Fanon, presente en los comienzos de la
segunda parte y colocada en un cartel cerca de la pantalla en muchas
exhibiciones: "Todo espectador es un cobarde o traidor". El lugar central que
asumía en la propuesta del cine militante la instrumentalización del film en la
acción política a través de las proyecciones con organizaciones populares,
contemplaba las modificaciones al propio film. En nuestra opinión, la
modificación de 1973 lejos de constituir un hecho excepcional o un cambio
radical en la evolución político-cinematográfica de Cine Liberación -según
parece indicar cierta lectura de la misma-, es coherente con el camino recorrido
por el grupo en los agitados cinco años que separan ambas versiones de la obra.
DE TEXTOS Y CONTEXTOS: 1968-1973.
La figura del Che había funcionado en Argentina a lo largo de la década del
sesenta, asociada a la Revolución Cubana, como una suerte de horizonte
unificador en lo político para diversas fracciones intelectuales de izquierda.
Tras su asesinato en Bolivia en octubre de 1967, su imagen encontraría
inmediatamente un lugar destacado en producciones culturales. Entre los artistas
plásticos, por ejemplo, se sucedieron una serie de obras y acciones. A fines de
noviembre de ese mismo año, bajo el genérico nombre "Homenaje a Latinoamérica",
se convocó una muestra colectiva en homenaje a "un hombre que representa a
nuestra América" -en alusión al Che- en la que cada artista presentó su trabajo
en un bastidor de 1 m. x 1 m. sobre la silueta del rostro del Che trabajada con
técnica libre. A poco de inaugurada en el local de la Sociedad Argentina de
Artistas Plásticos (SAAP), en pleno centro de Buenos Aires, la muestra fue
clausurada por la policía. En la misma línea, en octubre de 1968, a un año de la
muerte, la SAAP organizó otra muestra colectiva. A partir de una misma figura
del Che, de cuerpo entero, cada artista la trabajó a su manera para conformar un
panel continuado que cubría todo el ambiente. Esa figura se repetía enlazada con
sus brazos a una multitud presentada a través de los contornos de figuras
humanas. Al día siguiente a la inauguración, el local fue cerrado.
Además de estas colectivas, así como la imagen del Che sería incorporada por el
máximo exponente del arte político de los años sesenta,
Ricardo Carpani, a su gráfica política, en esos años su figura se constituyó
también en un referente para un sector de la vanguardia plástica en el marco de
la búsqueda de una nueva estética donde confluyeran el arte y la política. Esto
se expresa, a mediados de 1968, en el manifiesto leído por plásticos de
vanguardia de la ciudad de Rosario al interrumpir una conferencia de Jorge
Romero Brest, director del Centro de Artes Visuales del principal motor
institucional de la experimentación durante la década, el Instituto Di Tella:
"...declaramos que la vida del Che Guevara y la acción de los estudiantes
franceses son obras de arte mayores que la mayoría de las paparruchadas colgadas
en los miles de museos del mundo (...) Mueran todas las instituciones, viva el
arte de la Revolución". También con motivo del primer aniversario, un grupo de
plásticos de vanguardia organizó una acción particular: intentaron, sin suerte,
teñir las aguas de las fuentes de las principales plazas porteñas de color rojo,
en alusión a la sangre derramada del líder guerrillero.
Si
tomamos estos ejemplos del campo de las artes plásticas es porque Cine
Liberación incorpora ya en "La hora..." imágenes previas de la gráfica política
de Ricardo Carpani, y comparte hacia fines de 1968 algunas instancias comunes
con él y con los plásticos de vanguardia referidos . Incluso, en particular a
través de Octavio Getino, confluiría con algunos de estos últimos a comienzos de
1969 en la realización de una experiencia original conocida como "Sobre,la
cultura de la liberación" . Si esta "anti-revista" planteaba una ruptura con el
formato tradicional, también lo hacía en uno de sus materiales: un cartel con la
imagen del Che (la más difundida de Alberto Korda) y la consigna "un guerrillero
no muere para que se lo cuelgue en la pared". Se trataba de un "antiafiche"
elaborado por el plástico Roberto Jacoby que así cuestionaba tempranamente la
utilización masiva de esa imagen.
Estas breves referencias a la presencia de la figura del Che en la producción
cultural de esos años, dan cuenta de su lugar, y el de su imagen, en el momento
de aparición de la primera versión de "La hora...". En 1968 esa imagen todavía
funciona como unificadora para diversos sectores, en un clima de oposición
frentista a la dictadura del general Onganía. Esa oposición fue expresada y
promovida, en gran medida, por la CGT de los Argentinos (CGTA) que -surgida en
abril de ese año a partir de una nueva división del sindicalismo peronista y
dirigida por sus sectores combativos- se convirtió en un referente para núcleos
intelectuales, profesionales y culturales que buscaban integrar su actividad
específica con la intervención política.
Considerando que el espacio de oposición generado en torno a la CGTA expresaba
lazos de solidaridad que venían constituyéndose previamente y que incluyeron
vías de comunicación entre peronismo y guevarismo como las intentadas por el
dirigente de la Resistencia Peronista, John William Cooke; se comprende el
significativo espacio que podía ocupar la imagen del Che respecto de los
sectores combativos del peronismo. Pero también, respecto del lugar en que en
ese momento buscaba ubicarse Perón. Es decir, a mediados de los sesenta,
enfrentado al poderoso dirigente sindical peronista Augusto T. Vandor que
buscaba alcanzar un vuelo propio, el líder en el exilio intentaba estrechar
lazos con los sectores duros o combativos de su movimiento. Si en 1966, frente
al golpe militar de Onganía, había promovido "desensillar hasta que aclare",
poco después apoyaría -por lo menos en su primer año- a la CGTA, enfrentada por
igual a las burocracias sindicales y al régimen militar. Asimismo, a pocos días
de la muerte del Che, en una carta al Movimiento, Perón lo caracterizaba como
"...la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en
Latinoamérica", y lo reivindicaba desde la historia del peronismo: "El
Peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento
Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista,
al revolucionario, al Comandante Ernesto `Che' Guevara, guerrillero argentino
muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones
nacionales en Latinoamérica".
En ese marco, en su versión original, el extenso fragmento final de "La hora..."
con la imagen del Che funcionaba en la propuesta de Cine Liberación como
"opción"; articulando la primera parte del film, destinada a denunciar la
situación de dependencia nacional y regional, y la segunda parte, la crónica del
desarrollo de lo que consideraban el movimiento de liberación en la Argentina:
el peronismo, en el gobierno (1946-1955) y en la Resistencia (desde 1955). De
ahí que si la primera parte estaba dedicada "al Che Guevara y a todos los
patriotas que cayeron en la lucha por la liberación iberoamericana", la segunda
lo estaba al "proletariado peronista".
Ahora bien, a comienzos de los años setenta, Cine Liberación asumiría una
vinculación cada vez más estrecha con Perón y el Movimiento . Esto se consolida
entre 1971 y 1972 con la realización de los largometrajes documentales "Perón,
la revolución justicialista" y "Actualización política y doctrinaria para la
toma del poder", surgidos a partir de una serie de materiales documentales y
filmaciones a Perón en su residencia de Puerta de Hierro (Madrid) . Financiados
por empresarios del Movimiento Nacional Justicialista, Cine Liberación
consideraba estos materiales como "... el punto más alto de su integración como
cineastas revolucionarios a la experiencia histórica del pueblo" y planteó su
utilización por el conjunto del Movimiento y no por un sector en particular.
Esta inscripción militante de Cine Liberación en el Movimiento Peronista y la
consecuente asunción del liderazgo de Perón, incluyó en 1972 una explicitación
de la posibilidad de pasar de la exhibición clandestina a la lucha por la
exhibición en el circuito de salas comerciales, ante la alternativa de una
apertura política con elecciones libres que derivasen en el triunfo y el retorno
del líder exiliado al gobierno. Esto es lo que sostenía Octavio Getino desde una
nota editorial del único número de la revista Cine y Liberación, aparecida en
ese año. Aún con recaudos (piénsese en los condicionamientos del entonces
presidente, general Lanusse, a la institucionalización), Getino hablaba de la
apertura de una nueva etapa para los films políticos y de la posibilidad de
ocupar espacios institucionales con la llegada de un nuevo gobierno popular;
como ocurriría en 1973, cuando asumió la dirección del Ente de Calificación
Cinematográfica.
Entonces, desde sus comienzos, y en particular con los largometrajes
documentales de 1971-72, Cine Liberación mantuvo como principio de identidad
política el liderazgo de Perón. Y en este sentido, el cambio del final de "La
hora..." puede pensarse también como expresión del desplazamiento del lugar
ocupado por el Che en la política pendular de aquel. Es decir, en la versión del
73, Cine Liberación no abandona al Che, sino que lo desplaza de ese lugar casi
excluyente -en cuanto opción- que le había adjudicado en el clima del 68, a una
expresión más de las luchas de los pueblos del Tercer Mundo -junto a Perón e
Isabel, sí, pero también a los mártires populares de Trelew y el Cordobazo. En
la coyuntura argentina de 1973, con el regreso de Perón, todo ello pasaba a
funcionar, en la perspectiva de Cine Liberación, como símbolo de las luchas de
una etapa anterior. En su tercer presidencia Perón encaraba la tarea de la
"Reconstrucción Nacional", a lo sumo de la "Liberación", pero ya no del
"Socialismo"; la imagen del Che debía ser reubicada. Si producto de su política
pendular, Perón podía en 1967-1968 confundirse en un acercamiento al líder
guerrillero recién asesinado, en 1973, en cambio, el péndulo se ubicaba en otro
lugar: en el estrechamiento de la relación con el ala sindical y burocrática del
Movimiento Peronista y la condena (luego, el ataque) a los sectores juveniles y
combativos.
"LA HORA..." Y EL MOVIMIENTO DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO
Menos
conocidos que esta modificación de "La hora..." de 1973, son cambios anteriores
decididos a partir de algunos debates sucitados por el film a un año de su
presentación en Pésaro 68. A esto nos referimos a continuación a partir de un
documento inédito que encontramos hace unos años en la Cinemateca de Cuba en La
Habana. Se trata de una nota o carta de fines de 1969, firmada por Pino
(Solanas) y dirigida a Alfredo (Guevara), entonces director del Instituto Cubano
de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Las observaciones contenidas
respecto de diversas partes del film, como veremos, aportan elementos para
indagar en las tensiones, matices y diferencias presentes al interior del
Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano (MNCL) en un período (1968-1974)
muchas veces analizado bajo un manto de uniformidad derivado de su
característica más evidente, la politización directa del cine.
La nota se inicia señalando que las indicaciones expuestas completarían una
conversación sostenida el día anterior, seguramente en el marco del II Festival
de Cine y Encuentro de Realizadores de Viña del Mar (Chile) de 1969. Resulta
necesario, en consecuencia, detenernos un momento en dicho evento.
Aunque el origen del nuevo cine latinoamericano se remonta a mediados de la
década del cincuenta, suele considerarse el Festival de Viña del Mar de 1967
como hito fundacional de una suerte de Movimiento regional. Este evento, junto a
la I Muestra del Cine Documental Latinoamericano de Mérida (Venezuela) de 1968 y
el Festival de Viña del Mar de 1969, constituyeron las instancias iniciales de
encuentro, comunicación y proyección del MNCL en la propia región, fortalecido
por una rica e innovadora producción independiente, en general social o
políticamente comprometida, proveniente de diversos países.
En la Muestra de Mérida, de setiembre del 68, "La hora..." tuvo su presentación
pública en la región; se proyectó la primera parte, que recibió una calurosa
acogida, y Solanas obtuvo uno de los tres premios del jurado (los otros fueron
para el cubano Santiago Alvarez y el boliviano Jorge Sanjinés). La centralidad
de la intervención política en las búsquedas del nuevo cine latinoamericano
expresada ya en esta Muestra , fue ratificada y ampliada por el Festival de Viña
del Mar de 1969. En términos similares a lo ocurrido en Pésaro 68, en Viña 69 se
eliminaron los premios en todas las categorías, buscando suprimir así el
caracter competitivo, y se propuso un funcionamiento en Asamblea, con reuniones
plenarias abiertas. El ánimo general agitativo y militante se expresó ya con que
la Presidencia Honoraria del Encuentro de Cineastas paralelo al Festival fuera
otorgada, por aclamación general, a Ernesto Che Guevara. Asimismo, la cuestión
del "cine como arma revolucionaria" ocupó el centro de los debates .
Diversas notas periodísticas y testimonios insisten en el carácter a la vez
fraternal y polémico del evento; y desde el comienzo se verificó un conflicto
que involucró al film argentino y sus realizadores.
En una crónica de la segunda reunión plenaria de cineastas, el diario La Unión
de Chile (29-10-69) registraba una polémica que, afirmaba, estuvo a punto de
quebrarla. En medio de la discusión del tema central, "Imperialismo y Cultura",
el cineasta Raúl Ruiz -en nombre de la delegación chilena- manifestó su
disconformidad con el tono "declamatorio, vago e impreciso, casi parlamentario"
con que se estaba dando la discusión. Su ataque se centró en la exposición que
minutos antes había realizado Fernando Pino Solanas, a quien acusó de haberse
limitado a "contar de nuevo su película", exhibida íntegra el día anterior. Ruiz
lamentó el hecho de que el Che Guevara hubiera sido aclamado presidente
honorario del Encuentro, por considerarlo una falta de respeto hacia su figura;
y dijo: "En vez de estar repitiendo lugares comunes sobre las relaciones entre
imperialismo y cultura, que todos conocemos y contra las que todos estamos, la
delegación chilena prefiere retirarse a una sala contigua a discutir problemas
mucho más urgentes, como los de producción, distribución y exhibición".
Según esta crónica, la intervención de Ruiz se correspondió con una intervención
posterior en el mismo sentido del crítico de la revista chilena Ercilla, Hans
Erhmann. Pero si hasta aquí el cuestionamiento podía referirse a cuáles eran los
problemas principales a abordar, la intervención posterior de un miembro del
Comité Organizador, aun cuando a título personal, llevó el cuestionamiento al
propio caracter político que asumía el Encuentro de Cineastas: sostuvo que
lamentaba que éste "degenerase en una Asamblea de activistas políticos". En este
punto, en lo que hasta allí aparecía como una polémica con la intervención de
Solanas, el máximo representante de la delegación cubana, Alfredo Guevara, tomó
la palabra; reafirmó que efectivamente los cubanos presentes eran activistas
políticos y sostuvo que no aceptaba ese tipo de imputaciones que menospreciaban
a la delegación cubana. En el mismo sentido se expresó Santiago Alvarez,
presidente del encuentro.
Considerando el destacado lugar ocupado por Cuba en el naciente MNCL y, en
particular, en Viña 69 -por la referencia general de su Revolución y por los
logros alcanzados en su cinematografía especialmente en esa coyuntura-, sin duda
los cineastas argentinos se habrán sentido directa o indirectamente respaldados
por las posiciones asumidas por los representantes cubanos en el debate. Sin
embargo, aun existiendo perspectivas compartidas entre ambos, la opción
peronista de "La hora..." -con sus implicancias - tenía que significar una
tensión no menor.
Esto último nos conduce directamente a las observaciones de la nota enviada por
Solanas a Alfredo Guevara. En particular a unas primeras indicaciones sobre
cortes en la segunda parte del film, que los realizadores consideraban debían
hacerse a la versión original para su proyección pública en Cuba.
Ante la extensa duración total de la película (4hs.20min.) se aconsejaba dividir
la exhibición en dos proyecciones separadas por "un buen entreacto": la primera
parte, por un lado; la segunda y tercera juntas, por otro. Asimismo, para las
proyecciones públicas, se indicaba la reducción de la segunda parte en alrededor
de 15 o 20 minutos, "suprimiendo tres secuencias" : la referida a LOS SECTORES
MEDIOS Y LA INTELECTUALIDAD, por considerar que "politicamente es incorrecta";
CRONICA 1955-1958 y EL EJERCITO 1962-1966, porque son "enumerativas, no agregan
nada importante y también resultan esquemáticas(...)"; finalmente, un fragmento
anterior a la crónica del período 1955-1958 señalada, en el que sobre el
testimonio de un "muchacho" (el activista político-sindical Angel Taborda) se
sobreimprime la voz off con una "generalización" que podía sucitar
"confusiones".
En nuestra investigación, la separación de las partes, o incluso cortes al film,
los encontramos también en la experiencia práctica de exhibición en algunos
grupos encargados de las proyecciones clandestinas en Argentina hacia 1969-1971.
En efecto, aunque no se trata exactamente de los mismos fragmentos, en esa
experiencia pueden rastrearse cortes de secuencias en ciertos ámbitos de
exhibición, y en más de un grupo una tendencia a la proyección de la primera
parte en ambientes estudiantiles e intelectuales, y la segunda en ambientes
obreros y populares.
Un aspecto significativo de la historia del grupo Cine Liberación desde su
origen reside en que sus reflexiones -que exceden la más conocida teoría del
Tercer Cine- derivan en gran medida de la experiencia práctica de proyección de
sus films, al mismo tiempo que la retroalimentan. De la misma manera que esto es
válido para el análisis de sus escritos entre 1968 y 1973 en relación con las
exhibiciones clandestinas en la Argentina, podemos considerar que las
indicaciones presentes en la nota de Solanas a Alfredo Guevara se relacionan
estrechamente con la experiencia de exhibición del film (principalmente la
internacional) y en particular con las discusiones sucitadas en torno a la
cuestión peronista.
En el recorrido internacional durante el año y medio que separa el Festival de
Pésaro 68 y el de Viña 69, "La hora..." había alcanzado amplia repercusión y
cosechado varios comentarios en revistas especializadas. El clima europeo (e
internacional) de Mayo 68, aunque no influye en la realización del film -ya que
es anterior-, resultaba por demás propicio para una entusiasta recepción del
mismo en los ambientes "festivaleros" . Tanto su contenido revolucionario, como
su riqueza formal en la combinación de los más variados recursos, o la voluntad
de fusión de vanguardia formal y vanguardia política, fueron elementos
destacados (y en muchos casos aplaudidos) en diversos ámbitos donde se exhibió.
Sin embargo, aunque la crítica a la izquierda tradicional podía ser bien
recibida en esa coyuntura excepcional de expresión de las fuerzas de la nueva
izquierda europea, la reivindicación de la figura de Perón y su gobierno, así
como la postulación del Movimiento Peronista como (única) alternativa
revolucionaria en la Argentina, encontró significativas resistencias y sucitó
encarnadas polémicas en sectores de la izquierda -en particular los comunistas,
aunque no exclusivamente- que identificaban la experiencia peronista argentina
con los fascismos del viejo continente.
En este sentido, en las razones expuestas en la nota de Solanas para los cambios
en los fragmentos comentados, se trasluce la presencia de esas resistencias
encontradas por el film en diversos ámbitos. Al resumir los cortes, la nota
sostenía que los fragmentos de los sectores medios y la intelectualidad, así
como el de la voz off sobre el testimonio del activista debían cortarse
"definitivamente". En cambio, sólo sugería cortar ("pueden eliminarse también")
los de CRONICA 55-58 y EL EJERCITO 62-66. Estos últimos contenían gran parte del
desarrollo -a través de testimonios, una voz off dominante y material documental
de archivo- del período conocido como de la Resistencia Peronista, abierto tras
el golpe cívico-militar que derrocó a Perón en 1955. Como vimos, para los
cineastas, estas secuencias -"enumerativas" y que no agregaban "nada
importante"- resultaban "esquemáticas", "porque están vistas solamente desde el
movimiento de masas (el peronismo). Fue nuestra intención incluir una gran
secuencia sobre la izquierda tradicional pero no pudo materializarse. La
carencia de la misma en las crónicas que aconsejamos sacar, hace pasar el
discurso por un sectarismo excluyente, que no ha sido nuestra intención."
E inmediatamente se aclaraba:
"Pero si este segundo film completo -partes dos y tres- sirve en tu casa para
estudio o circulación interna, estas secuencias VALIDAS EN SI MISMAS pueden
dejarse porque traen datos y referencias históricas que son de interés para
quienes no conocen de cerca nuestras circunstancias -caídas de gobernos, etc."
Este último argumento, la validez de las secuencias por tratarse de un
"accionar" (la Resistencia) poco conocido en el exterior, lo encontramos en el
comienzo mismo de la carta respecto de la ubicación en el conjunto del film de
los rollos referidos a la CRONICA DEL PERONISMO (1945-1955), es decir, toda la
primera mitad de la segunda parte dedicada a la década de los dos primeros
gobiernos de Perón, en la que se explica sus logros en el terreno económico,
social y político:
"(...) sin el análisis del peronismo en el poder no se comprende qué ha sido
este movimiento, ni su accionar y transformación desde su caída hasta hoy. Por
ejemplo, en Francia, por necesidades de reducir el tiempo del film, para su
exhibición, suprimimos esta parte y la experiencia fue negativa, porque creaba
más confusión".
Es decir, el problema residiría en la necesidad de que el espectador cuente con
la información sobre la historia política argentina, para luego poder apreciar
la corrección de las tesis del film: por eso la necesidad de proyectar siempre
la CRONICA DEL PERONISMO. Pero, al mismo tiempo, la sugerencia de quitar
secuencias que podían resultar esquemáticas o sectarias remite a una
suceptibilidad respecto del exclusivismo peronista del film -a pesar incluso de
las distinciones al interior del Movimiento Peronista establecidas en más de un
momento. Y esto se evidencia con mayor claridad en la decisión de cortar
"definitivamente" los otros fragmentos. El de LOS SECTORES MEDIOS Y LA
INTELECTUALIDAD porque resultaba -como vimos- incorrecto en lo político. Aunque
la nota no se detiene en las razones -sólo habla de esquematización del
problema-, Solanas recuerda que este fragmento presentaba un "debate muy burdo y
esquemático entre dos posiciones" y que terminaba planteando "en términos
equívocos y sectarios que si no te metés en el peronismo no existe nada" . En el
caso de la otra secuencia, la del testimonio de Angel Taborda en el que el
problema derivaba de una sola frase en la voz off, se especificaba en la nota:
"Este fragmento concluye con un concepto sobre la clandestinidad etc... que es
confuso, porque refiriéndonos a la experiencia del proletariado formado en el
peronismo decimos 'ERA LA PRIMERA EXPERIENCIA DEL PROLETARIADO EN LA
CLANDESTINIDAD' y esto es tomado como una generalización acerca de toda la
historia del proletariado argentino, cosa que por cierto, no es legítima. Por
ello, para evitar confusiones, decidimos eliminarlo (...)".
Así, estas observaciones dan cuenta de la preocupación de Cine Liberación por
limar las principales "asperezas" políticas del film. Manteniendo la opción
peronista los cortes sugeridos permitirían un discurso menos duro contra la
izquierda tradicional, que -aun en polémica abierta con ella- por lo menos no
negase su aporte al movimiento obrero argentino -aunque por supuesto anterior a
la aparición del peronismo-; y permitirían, fundamentalmente, un discurso más
abierto a la confluencia con la izquierda revolucionaria en el plano regional,
siempre a partir del respeto de las respectivas "vías nacionales".
LA IMAGEN DEL CHE, ENTRE "LA HORA..." Y EL CINE CUBANO
Si esas primeras indicaciones sobre cortes pueden vincularse -según intentamos
mostrar- a las tensiones por la opción política del film, resultan más complejas
las razones de las observaciones con que continúa la carta. Esta parece
responder -sin explicitarlo- a una propuesta de eliminar el fragmento final del
Che de la primera parte; tanto la imagen del rostro fijo a cámara que ocupaba
los últimos minutos, como las inmediatamente previas de su cadáver, las de los
campesinos que "desfilaban" en torno a él y las del fotógrafo que lo retrataba
subido sobre la misma mesada de hormigón en que había sido colocado el cuerpo:
"Como tu bien decías, este final sirve entre nosotros como 'shock' provocador y
en países donde estas imágenes se han visto mucho. Mejor dicho, se ha visto
mucho la imagen del Che muerto, porque se intentaba demostrar que era
efectivamente él . La imagen que no se ha visto entre nosotros, es la del
fotógrafo parado encima del cadáver y es la imagen que golpea. En síntesis:
eliminar toda la secuencia es imposible porque nos quedamos no sólo sin final,
sino que lo que se dice es fundamental para nosotros: es el tema de la opción,
del rescate para si del latinoamericano y de su posibilidad de elegir una vida y
una muerte propias. Todas las otras imágenes que no sean las del fotógrafo, no
son imágenes claves, sino que muestran el segundo entierro con que confluye el
film . Nos cuidamos bien de colocar otras imágenes que daban derrota para esa
batalla y victoria para los gorilas: imágenes de militares junto al cadáver etc.
... Solo se ve el desfile de los campesinos. La imagen que provoca es la del
fotógrafo y que se incluye BREVEMENTE para transmitir la deshumanización total
del enemigo ante la humanización total del Che que concluye mirándonos a cámara
con una expresión viva, aunque está muerto. Una expresión que sintetiza en su
rostro aquello de 'EN CUALQUIER LUGAR QUE NOS SORPRENDA LA MUERTE, BIENVENIDA
SEA...ETC'.
"Esta secuencia tiene fundamental importancia para nosotros, porque lejos de
oprimir o deprimir, LIBERA, PROVOCA, MOVILIZA, ACUSA LA PASIVIDAD (...)."
En esta fundamentación del porqué de las imágenes del fotógrafo sobre el cadáver
se percibe la copresencia de los temas de la provocación, por un lado, y del
martirio guerrillero, por otro. Su articulación expresa (condensa) el objetivo
de fusión de vanguardia formal y vanguardia política presente en el conjunto del
film, y que fuera destacado en el ya clásico trabajo de Robert Stam . Esa
búsqueda de confluencia se comprende mejor en relación con el ambiente político
cultural en que tenía lugar. Es decir, la idea de provocación, movilización y
acusación de la pasividad es solidaria con tendencias culturales y políticas
internacionales, con ideas como la expresada por la citada frase de Frantz
Fanon; pero también con condiciones más específicamente locales, con procesos
presentes en otras zonas de la producción cultural argentina. Más arriba hicimos
referencia al tratamiento de la figura e imágenes del Che -aunque no
precisamente éstas de su cadáver- por parte de un sector politizado de la
vanguardia plástica de las ciudades de Rosario y Buenos Aires en la misma
coyuntura (meses previos y posteriores) de aparición del film. En los años
previos, la provocación del público estuvo presente en experiencias teatrales y
plásticas nacionales. Asimismo, recordemos que CL incorporará en alguno de sus
documentos políticos reflexiones antiinstitucionales de los plásticos que
confluyen a fines de 1968 en el intento de fusión de las dos vanguardias
representado por la obra "Tucumán Arde", incluyéndose junto a ellos en un
movimiento más amplio de articulación entre arte y política.
Ahora bien, a pesar de la importancia que podía tener la secuencia del fotógrafo
para los cineastas -ya que "lejos de oprimir", "libera"-, la nota sostiene que
si en Cuba provocase "el efecto contrario", lo considerarían como una derrota
propia;
"por ello -finaliza- aunque es poco lo que puede hacerse y no pudiendo suprimir
la secuencia entera porque es el único final hacia donde confluye el film, te
aconsejamos excluir la imagen del fotógrafo, que creemos es la que oprime. No se
si con esto se puede superar algo que es mucho más profundo y quizás indefinible
o invaluable. Pero no queremos que el film se convierta en derrota para tu
pueblo. Todo lo contrario. Por ello creemos que ha sido muy justo mantenerlo por
ahora en reserva."
Estas últimas líneas dan cuenta de la voluntad de encontrar un camino común con
los representantes del cine cubano, incluso más allá de las diferencias
políticas o ideológicas de las que podían ser concientes. De ahí, la propuesta
de eliminar unas imágenes (las del fotógrafo) que aunque apropiadas para
funcionar en un determinado contexto (golpeando, provocando, liberando), en otro
(Cuba) podían resultar agresivas, llegar a herir o tal vez hasta "oprimir". El
hecho de quitar estas imágenes para evitar que el film "se convierta en derrota"
para el pueblo cubano, iría en el mismo sentido señalado en la carta de no
colocar "otras imágenes que daban derrota para esa batalla y victoria para los
gorilas: imágenes de militares junto al cadáver, etc.".
Pero lo que resultaba "imposible", según citamos, era "eliminar toda la
secuencia" (el fragmento); porque -a diferencia de lo que pensarían en 1973
cuando decidieron achicarla- la imagen final del rostro del Che mirando a
cámara, con sus varios minutos de duración, constituía el "tema de la opción" y
"el único final hacia donde confluye el film". El objetivo de los cineastas
argentinos al colocar ese final no era otro que el de convocar a la lucha
revolucionaria regional ; y, en este sentido, compartía el horizonte general
representado por la Revolución Cubana.
Por otra parte, el rostro del Che muerto así como las imágenes del cadáver (el
Che-Cristo) podían considerarse pertinentes para dicha convocatoria incluso por
el hecho de que se trataba que "funcionasen" en un continente cuyas masas
populares eran eminentemente cristianas y, fundamentalmente, en una coyuntura
histórica particular de expresión de tendencias progresistas e incluso
revolucionarias en la Iglesia Católica a nivel latinoamericano e internacional.
En el caso argentino, esto se expresa, por ejemplo desde fines de 1966 en las
páginas de la revista Cristianismo y Revolución, así como en la confluencia de
un conjunto de sacerdotes y laicos hacia lo que en mayo de 1968 cristalizaría en
la creación pública del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. A nivel
regional, incluso antes de la Conferencia del Episcopado latinoamericano en 1968
en Medellín, de 1967 es el documento de los obispos de América Latina que hacían
su "opción por los pobres", así como la muerte en combate del cura guerrillero
colombiano Camilo Torres, que al igual que el Che -aunque sin alcanzar su
dimensión- pronto se convertiría también en un símbolo regional.
No se trata de que estos elementos fuesen tomados en cuenta explícitamente por
Solanas y Getino al decidir las secuencias finales de la primera parte del film;
pero sí de que formaban parte de un "clima de época", y deben considerarse entre
sus condiciones productivas. En cualquier caso, puede haber sido simplemente la
propia fuerza simbólica y persuasiva de dichas imágenes las que impulsaron a su
utilización.
Ahora bien, la insistencia de la nota de Solanas sobre la imposibilidad de
eliminar todo el fragmento final remite, implícitamente, a la aparición del tema
en la conversación previa mantenida en Viña del Mar. Es decir, los dirigentes
del cine cubano estaban seguramente más interesados por promover otro tipo de
imágenes del Che, considerando que no sólo las del fotógrafo sino en general las
del cadáver y la final del rostro del Che muerto constituirían una suerte de
símbolo de derrota. En este sentido, nos decía el documentalista Santiago
Alvarez:
"Respecto de ese film de Solanas y Getino aquí hubo tremenda discusión. Puede
ser que haya contradicciones que surgieron en aquel momento, a las que ahora yo
no les doy importancia, pero nosotros no estábamos de acuerdo con la forma en
que fue puesto el cadáver del Che. Eran ideas que uno tenía respecto de ver al
Che muerto y la forma en que lo presentaron en el final de la primera parte del
film: ese rostro del Che muerto, con los ojos abiertos, como con la mirada a
cámara. En aquel momento eso me parecía muy violento. No puedo ahora precisar
las discusiones, pero los argumentos que había de un lado y del otro eran
válidos.
Recuerdo que en esos años, respecto de las imágenes de los cadávares de los
mártires o héroes, había como dos tesis. Por ejemplo, los vietnamitas rechazaban
esas imágenes. Y en la discusión aquí yo sacaba como argumento lo mismo que
sostenían los vietnamitas cuando discutían con nosotros. Cuando estuvimos en
Vietnam con el noticiero (ICAIC), ellos nos decían que porqué teníamos que andar
mostrando los cadáveres o los cuerpos de los heridos, que eso no era necesario;
porque nosotros filmábamos también los cadáveres de los vietnamitas. Aunque no
era lo mismo, porque si tu registras secuencias de los vietnamitas muertos o
heridos en los bombardeos sobre Hanoi de la población civil, esas imágenes
sirven para denunciar lo que hacían los yanquis. Pero los vietnamitas eran
reacios a que les filmaran un sólo cadáver. Y nosotros tratábamos de
convencerlos de que eso los ayudaba en los foros donde se discutía la cuestión
de Vietnam. Entonces ese registro de las masacres yanquis, desde nuestro punto
de vista, era efectivo, servía. Claro que luego, aunque eran situaciones
distintas, con nuestra posición respecto de las imágenes del Che parecía como
que le estábamos dando la razón a los vietnamitas."
Aunque efectivamente se trata de situaciones diferentes, este recuerdo remite a
una cuestión que encontramos en otros testimonios recogidos entre cineastas
cubanos, protagonistas directos o indirectos de esos debates: frente a las
imágenes del Che muerto, la sensación de derrota podía mezclarse (confundirse)
con una sensación de agresividad o violencia que lejos de movilizar, terminara
hiriendo al espectador. Resulta ilustrativo, también, el testimonio del cineasta
Octavio Cortázar:
"Esas eran imágenes verdaderamente muy fuertes para el público cubano. Esas
imágenes del fotógrafo que de alguna manera totalmente irreverente está arriba
del Che sacándole fotos, y después esa imagen terrible del Che con los ojos
abiertos, son imágenes que verdaderamente podían herir la sensibilidad del
pueblo. Eran imágenes demasiado violentas, para haberlas utilizado en otros
países donde el Che no tenía la connotación que tenía para nosotros (...) Para
nosotros el Che era ante todo el triunfo revolucionario, el Che era un hombre
hermoso, profundamente querido y respetado por el pueblo. Entonces, esa imagen
era una imagen violenta; y tienes que entender que para nosotros era importante
tener otro recuerdo."
Para pensar en este tipo sentimiento es importante tener presente que era otro
el tipo de imagen del Che a que estaban habituados los cubanos . En primer
lugar, recuérdese esa imagen "que recorrió el mundo", la del rostro del
guerrillero con la boina y la estrella de cinco puntas, la famosa fotografía
tomada por Alberto (Díaz Gutiérrez) Korda durante el acto del 5 de marzo de 1960
donde se homenajeaba a las víctimas del sabotaje norteamericano al barco La
Coubre. Reproducida por los más diversos grupos contestatarios internacionales,
se convirtió en símbolo de la Revolución. Asimismo, el cine cubano había
acumulado otra serie de imágenes del dirigente durante la década del sesenta.
Según señalaba el cineasta José Massip a comienzos de 1968 en la revista Cine
Cubano (núm. 47), en los archivos del ICAIC y del ICR (Instituto Cubano de
Radiodifusión) existían tres grandes grupos de materiales cinematográficos sobre
el Che: discursos, viajes y sobre su vida en Cuba . Desde "Hasta la Victoria
Siempre" -el documental realizado en tan pocos días por Santiago Alvarez y
proyectado el 18 de octubre en pantalla gigante en la Plaza de la Revolución
cuando el anuncio público de la muerte del Che- ese fue, entonces, el tipo de
material utilizado por el cine cubano en los años posteriores, con diverso tipo
de tratamiento según el film de que se tratase.
De esta forma, es comprensible que el final de la primera parte de "La hora..."
resultara conflictivo para cineastas y dirigentes cubanos en el doble sentido de
derrota y agresión, señalado más arriba . Y podían rechazarlo ya que contaban
con un reservorio de imágenes que les permitía mostrar un Che vital, que desde
la afirmación de sus principios trabajaba y hablaba por y para la Revolución: el
"dirigente" y "constructor" . Este Che, así como el "guerrillero heroico" de la
foto de Korda, resultaba propicio para promover la continuidad de la Revolución,
aun a pesar de su propia muerte.
http://www.docacine.com.ar/articulos/metsman02.htm
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