Impunidad mafiosa

Por Mónica Peralta Ramos

El viento de la desgracia, que sopla desde el norte, intenta arrasar rápidamente a la economía, a la República y al Estado de Derecho. Sus violentos remolinos siembran la confusión. Cuanto más densa es la polvareda que levanta, más cerca está de obtener sus caóticos designios. Ocurre, sin embargo, que la historia no transcurre de un modo lineal. A veces el pasado irrumpe en el presente y sus destellos iluminan fugazmente las tinieblas que ocultan las relaciones de poder que definen el momento que vivimos. Esto parece haber ocurrido esta semana.

En el día del Ejercito, a cincuenta años del Cordobazo, y en medio de un paro general contra las políticas de su gobierno, Macri mostro los filosos dientes de la impunidad mafiosa. Eligiendo el escenario de los festejos militares, dejo trascender que no vacilará en provocar un caos institucional para mantenerse en el poder. En ese escenario poblado de fantasmas de un pasado terriblemente violento, reivindicó su polémico decreto destinado a la militarización de las tareas de seguridad interna vedadas en democracia por las Leyes de Defensa Nacional y de Seguridad Interior y dio apoyo público al fiscal Stornelli sentándolo a su lado, y rodeándolo de altos funcionarios de su gobierno.

Stornelli fue imputado y declarado en rebeldía por no acudir en cuatro oportunidades a la declaración indagatoria en la causa D’Alessio, en la que se ventila la extorsión y el espionaje ilegal cometido por una asociación ilícita aparentemente vinculada a los tres poderes del Estado, a “operadores” del círculo íntimo del presidente Macri y a servicios de inteligencia nacionales y extranjeros. Un fiscal que tiene a su cargo causas de corrupción que atañen directamente a las empresas del Presidente y de su familia.

La impunidad para mentir, perseguir a la oposición y vulnerar el Estado de Derecho no es algo nuevo en este gobierno. Se inició el mismo día en que Macri, imputado por escuchas ilegales, fue abruptamente limpiado de culpa y cargo al asumir la Presidencia de la Nación. La impunidad ha estado presente en las operaciones mediático-judiciales contra la oposición, en el discurso oficial y en los dichos y hechos de una ministra de Seguridad empeñada en reivindicar la represión salvaje, el derecho de las fuerzas de seguridad al gatillo fácil y el fusilamiento por la espalda y a permanecer al margen de cualquier investigación judicial. Ahora, sin embargo, la impunidad y la mano dura se asocian a la extorsión y al espionaje ilegal y se encarnan en el perturbador accionar de un fiscal de la República, prófugo y amigo del Presidente. Al poner en el primer plano de la escena política su apoyo a la impunidad mafiosa, Macri ha develado cuál será el eje de su campaña electoral: la intimidación y el miedo.

 

Miedo y control social

El miedo es una construcción psicológica, emocional, primitiva e inherente a la condición humana. Sin embargo, también es y ha sido una construcción ideológica/cultural que desde tiempos inmemoriales y bajo distintas formas institucionales ha sido utilizada como mecanismo de control social para imponer la dominación de unos pocos individuos sobre un conjunto social.

En las sociedades modernas con predominio de un modo de producción capitalista monopólico y global, la intensidad de los conflictos ha derivado en una progresiva degradación de la legitimidad de las instituciones destinadas a regular la gobernabilidad. Esto ha permitido que la violencia y el miedo inherentes al control social surjan progresivamente a la luz del día. Así, paradójicamente, las crisis de legitimidad institucional anuncian hoy día la posibilidad de un cambio en las relaciones de fuerza que imperan en la coyuntura. Sin embargo, el cambio solo será posible si existe una fuerza capaz de romper la intimidación atrayendo a las mayorías excluidas, organizándolas y movilizándolas con el objetivo de provocar una transformación radical de su presente.

Hoy Macri y su círculo íntimo saben que su control sobre el país se desbarranca rápidamente. Durán Barba, el estratega electoral del gobierno, no oculta su preocupación por la situación actual y la creciente dificultad para lograr un triunfo de Cambiemos en las próximas elecciones. Sin embargo no pierde las esperanzas porque “la elección no será definida solo por eso (la economía). Cristina asusta y Macri decepciona. Creo que a la hora de votar el miedo será mayor que la decepción” (página 12.com 29.5.2019).

Miedo y odio han sido siempre las dos caras de una misma moneda. Los globos amarillos del “sí se puede” la “pobreza cero” y la “transparencia de gestión” son hoy sustituidos por la manipulación institucional y la consiguiente intimidación con el objetivo de destruir a los odiados enemigos. Para Macri este enemigo se encarna en la fórmula presidencial AF/CFK. La misma apela a todos los sectores sociales excluidos del ajuste e intenta conformar un frente patriótico capaz de ganar en las próximas elecciones. Para impedirlo, la campaña electoral de Macri recurre al miedo (y el consiguiente odio hacia aquellos que lo provocan) de diversos sectores sociales ante la eventualidad de que el populismo —es decir, los de abajo— vuelvan al gobierno.

El miedo a los de abajo tampoco es algo nuevo. Por sus poros circula el sudor de una grieta que arranca en los orígenes de la República. Desde un inicio nuestro país se ha visto dividido por una lucha sin cuartel entre los pocos que tienen mucho y los muchos que nada tienen. Estas luchas nunca fueron saldadas y sus turbulencias impregnaron la visión del mundo y de la historia que emanó de los intelectuales que durante mucho tiempo hegemonizaron el discurso de la República. Así, por ejemplo, ese miedo se filtra en el asombro de Juan Bautista Alberdi al conocer a San Martín en 1843 en Francia y darse cuenta de que “no era un indio, como tantas veces me lo habían pintado. no es más que un hombre de color moreno”. El miedo irrumpe descontrolado en la ira de Sarmiento contra los gauchos, esa “chusma de haraganes… incivil, bárbara y ruda” contra la que “no hay que economizar sangre (que) es lo único que tienen de humanos”. (Carta del director de la guerra de policía, Domingo F. Sarmiento, al presidente Bartolomé Mitre, 20 de septiembre de 1861). También aparece en su apelación al exterminio de los indios “porque son incapaces de progreso. Se los debe exterminar sin siquiera perdonar al pequeño que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado” (El Nacional, 25 noviembre 1876).

Se podrían dar muchos otros ejemplos del miedo y el odio por el que transpira la grieta en el discurso de los que hicieron nuestra historia. Estos sentimientos han coagulado en una cosmovisión transmitida a lo largo del tiempo y de las generaciones por aquellos que han controlado por décadas y décadas los resortes del poder. Esta cosmovisión, filtrada al resto de la sociedad, se ha convertido en un “sentido común” que reinterpreta el presente de acuerdo a intereses que muchas veces no solo no son compartidos, sino que son antagónicos con los propios.

Desde el surgimiento del peronismo a mediados de la década del ’40, el odio y el miedo a “los cabecitas negras” ha sido una constante del discurso de los que han concentrado el poder político y económico del país a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Este discurso impregnó la visión del mundo de otros sectores sociales, especialmente de aquellos ubicados en los estratos medios de la población, siempre vulnerables a un derrumbe económico de efectos devastadores en su condición social. Este miedo/odio a los de abajo se expresó en la aceptación de la sistemática proscripción política del peronismo desde 1955 por parte de los partidos políticos que han pretendido representar a los sectores medios de la población, y en parte del voto anti-K que facilitó el advenimiento de Macri al gobierno. Hoy el tufo de la grieta impregna a parte de ese tercio de la población que, aun castigado por el ajuste, sigue aterrándose ante la posibilidad de un retorno de los K al gobierno.

Este sector social es hoy cortejado tanto por Macri como por los zoquetes de distintos colores que bailan en torno a la grieta tratando de no caer en la misma. También es vital para una oposición al ajuste que pretenda un claro y decisivo triunfo electoral en la primera vuelta.

 

Ajuste e impunidad económica

La rosca electoral transcurre hoy en el contexto de una crisis económica de tal magnitud que pocos ponen ahora en duda su estallido, más allá de que existan discrepancias respecto a si el mismo ocurrirá antes o después de las elecciones. La economía argentina es una bomba financiera lista a ser detonada por una deuda externa incobrable, una salida de capitales incontenible y una deuda cuasi fiscal que amenaza a los propios bancos. Un informe del Instituto Internacional de Finanzas y el altísimo Riesgo País indican las dudas del capital financiero internacional sobre la sustentabilidad de la deuda argentina, después de las elecciones e independientemente de quien las gane (pagina12.com 29.5.2019).

En este contexto económico, el uso de las reservas del Banco Central para mantener al dólar estable y hacer viable la candidatura de Macri no solo muestra la impunidad de un gobierno que recurre al endeudamiento externo ilimitado para mantenerse en el poder. También desnuda la impunidad de un FMI empeñado en violar sus propios estatutos con tal de concretar su objetivo estratégico de condicionar al próximo gobierno atándolo de pies y manos al endeudamiento ilimitado y a los intereses geopolíticos de los Estados Unidos.

Así, mientras la deuda externa crece para contraer más deuda (que no ha sido aceptada por el Congreso, ha sido denunciada judicialmente y es insostenible), Mario Blejer, reconocido economista y ex asesor de Scioli, convoca al gobierno “a gastar las reservas del BCRA para no dejárselas a CFK” (iprofesional.com 26.5. 2019). Este grito de guerra ocurre al mismo tiempo que los amigos de Macri se apresuran a cerrar negocios antes de las elecciones en las áreas súper lucrativas de la electricidad, el gas y el petróleo no convencional. (lpo.com 29. 5.2019, lanacion.com 28.5.2019). Al mismo tiempo, la mayoría de la población se desangra en la pobreza y se multiplica el endeudamiento usurario de los sectores más vulnerables de la población (bae.com 28.5.2019 ).

 

Mario Blejer, una propuesta desembozada

En medio de este clima enrarecido por el drama, la rosca electoral parece cortar amarras y navegar en su propio espacio, cada vez más alejada de las miserias que fragmentan a la sociedad y consolidan el ajuste, el endeudamiento ilimitado y la impunidad de la mafia en el poder. En estas circunstancias, la discusión del futuro no puede quedar entrampada en el ajuste “a la portuguesa”, la sustitución del crecimiento especulativo por el productivo o la negociación de nuevos tiempos para el pago de la deuda.

Si esto ocurre, la oposición habrá quedado encerrada en la trampa impuesta a la reflexión y al disenso por la estrategia oficial de la intimidación. Tampoco se puede naturalizar la impunidad mafiosa del Presidente, sus ministros, sus políticas y su campaña electoral. Si esto fuera así, se alimentará la posibilidad de un resultado electoral cuya legitimidad estará cargada de dudas. Salir de la trampa de la intimidación oficial que conduce a un posible fraude implica acumular fuerzas desde abajo hacia arriba a lo ancho y a lo largo de la República, atacando inmediatamente a la emergencia alimentaria que crece imparable y hace estragos en vastos sectores populares, incluyendo a segmentos importantes de la clase media. Más allá de los acuerdos formales que se puedan hacer, el trabajo en las catacumbas de la sociedad es un escalón imprescindible para construir el frente patriótico que permitirá llegar a las elecciones, derrotar al gobierno en la primera vuelta y negociar con el mismísimo diablo desde una posición de fuerza.

Mientras esto ocurre en nuestra realidad inmediata, la coyuntura internacional configura un momento signado por cambios estructurales y nuevas relaciones de fuerza que permiten redefinir la importancia del momento que vivimos, de nuestros recursos y de nuestras perspectivas futuras.

 

Militarización de la guerra comercial

La guerra comercial de tarifas arancelarias entre los Estados Unidos y China ha entrado en una nueva fase, con serias implicancias para el mundo entero. Las economías china y norteamericana están hoy interrelacionadas a través de cadenas de valor de distinta índole. Esta interdependencia hace que ambas economías (y el resto del mundo) tengan puntos vulnerables que pueden ser utilizados para provocar caos tanto en una economía como en la otra. La supuesta pertenencia de Huawei, poderosa corporación tecnológica china, al aparato de espionaje global de las fuerzas armadas de este país, motivó la prohibición de los Estados Unidos a las corporaciones norteamericanas y de países aliados, de abastecer buena parte del software y de componentes utilizados por Huawei (zerohedge.com 13.2.2018/20, 21 y 29.5.2019). Esto ha desencadenado una nueva fase de la guerra comercial caracterizada por la militarización del abastecimiento de partes y componentes de las cadenas de valor utilizadas por las grandes corporaciones tecnológicas.

Ante esto, China ha elevado la retórica guerrera para movilizar a la población y amenaza con prohibir sus exportaciones de minerales raros (rare earth) que se utilizan en la producción de una serie de bienes, entre ellos: teléfonos celulares, computadoras, televisores, autos eléctricos, motores de avión, satélites, turbinas y superconductores. Hoy China explica el 80% de la producción mundial de estos minerales raros, y exporta a los Estados Unidos, libre de aranceles, una proporción equivalente. Esta amenaza china ha hecho aumentar en casi un 30% el valor de las acciones de las empresas que los producen. Si bien existen en el mundo otros depósitos de estos minerales que pueden ser eventualmente explotados, esto llevara tiempo y mucho esfuerzo. A fin de impedir la triangulación hacia los Estados Unidos, China contempla la posibilidad de interrumpir totalmente la exportación de estos productos. De ocurrir, esto tendrá un enorme impacto tanto en la economía norteamericana como en la mundial.(zerohedge.com 26, 28/5/2019)

Este episodio, que está en desarrollo, se suma a los cimbronazos que ya ocurren en las cadenas de valor global por el estancamiento de la producción mundial sumado al impacto de nuevas tecnologías que robotizan la producción y reestructuran totalmente los mercados. Así, por ejemplo, la robotización de la industria automotriz y la producción de autos eléctricos está produciendo serios descalabros en las cadenas de valor global vinculadas a la industria automotriz. Esto tendrá un serio impacto en la industria automotriz y en la economía argentina cada vez más expuestas a un tsunami que empieza a golpear, desde distintos ángulos, a la economía y a las finanzas mundiales.

 

El Cohete a la Luna

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