Lo mataron pero no se rindió
Inti Peredo (1937-1969)
La boliviana Anna Elena Recacoechea, compañera de luchas y madre de su primer hijo, narra cómo lo capturaron, torturaron y asesinaron en la capital de su país natal.
'El Inti que yo conocí fue uno de los hombres más revolucionarios y más grandes que ha tenido la historia de Bolivia'. Así comienza el testimonio de Anna Elena Harvey de Recacoechea, en su casa del reparto capitalino de Bahía, en La Habana del Este, donde radica el Comité de Defensa de la Revolución que lleva el nombre del mítico guerrillero.
'Inti murió cuando estaba preparando la segunda guerrilla en las selvas de mi tierra boliviana. Yo fui una de sus
compañeras de lucha en el seno del Partido, y lo recuerdo con la misma claridad que cuando compartíamos una reunión, cumplíamos una tarea partidista, y sobre todo el amor que sentía por su hijo Peter Inti.
El se entregó en cuerpo y alma a organizar un nuevo frente guerrillero, tal como había prometido, luego de la dolorosa muerte del Che. Claro, lo hizo en la más absoluta clandestinidad y eran muy pocos los que sabían dónde estaba cuando lo fueron a buscar'.
II
Dice Anna que le dieron un cuartico pequeño, en la parte de afuera de la edificación donde se encontraba, exactamente en el número 584 de la calle Santa Cruz, entre Isaac Tamayo y Max Paredes, en La Paz.
'Su muerte fue el resultado de una infame delación en la que no fue uno solo el delator. Lo he pensado siempre y ahora insisto en eso, porque cuando dieron con el sitio exacto donde se refugiaba, estaba solo, como para que nadie más peligrara en ese combate a muerte que sostuvo. Para mí, uno de los traidores estuvo en esa casa donde Inti creyó que estaba seguro.
'Si, la prensa reaccionaria publicó que fueron solo 12 ó 13 automóviles los utilizados por la Policía y el Ejército que rodearon la casa donde Inti se protegía, pero en verdad los cuerpos represivos llevaron al lugar varios camiones repletos de militares armados hasta los dientes: 150 fieras contra un hombre, 150 contra uno solo'.
Cuenta Anna que Inti se batió a tiros contra esa fuerza superior en número y armas: 'Resistió el ataque durante una hora y solo pudieron capturarlo vivo, porque su pistola Browning se le quedó sin balas, su fusil M-1 se le encasquilló, y la granada que él se proponía guardar para volar junto a sus captores antes de caer en poder del enemigo, alguno de los traidores se la llevó de la casa sin que él se percatara del hecho. Siempre he estado convencida de eso, porque él dijo que así actuaría en tal caso, pero lo sorprendieron sin que él pudiera darse cuenta de ese detalle de la traición.
'Ello explica porqué cayó en manos de los verdugos, encabezados por el sanguinario Roberto Toto Quintanilla, quien personalmente lo torturó en forma criminal. Yo me sé de memoria este triste y doloroso episodio del 9 de septiembre de 1969, hace 35 años, no solo porque Inti era una de las personalidades más valiosas de la historia de Bolivia, un revolucionario de altísimo calibre, sin duda la mano derecha del Che en la histórica guerrilla, sino también porque fue mi compañero del Partido, mi amigo, mi hermano, y el padre de mi único hijo, de Peter Inti. Le pusimos Peter por Tchaicovski e Inti por él.
'Quiero insistir en que lo sacaron vivo, herido de bala, y que pudieron haberlo salvado, operándolo, pero no recibió alguna atención médica. Al contrario, lo llevaron enseguida para un campo de concentración de los que crearon cuando Hugo Banzer estuvo en el gobierno, de esos que ayudó a construir el nazi Klaus Barbie en La Paz, ubicado en Achocalla.
'Salvajemente lo torturó Toto Quintanilla. El mismo que le mandó a cortar las manos al cadáver del Che. Lo golpeó de modo brutal y con un culatazo de su fusil le destrozó la columna cervical. Después lo presentaron a la prensa como muerto en combate, pero fueron claras las señales de las brutales torturas a que fue sometido, porque no habló ni una sola palabra. Querían saber, por supuesto, quiénes formaban parte del grupo que se alzaría de nuevo en las montañas.
III
'Cuando murió Inti y se publicó la falsa noticia de que había caído en combate, nos reunimos la familia y los compañeros del Partido. Estaba allí mi niño, que tenía entonces cinco años. Después no hubo sepelio, ni entierro masivo, ni nada. Tuvieron miedo al pueblo, como siempre les ocurre a las tiranías.
'Se hicieron muchas gestiones, pero todo resultó inútil. Varios días después nos avisaron para que acudiéramos a la iglesia del cementerio. Solo permitieron que fuéramos cinco mujeres y dos hombres. En cuanto llegamos nos mostraron el ataúd y abrieron el cristal para que confirmáramos que era él. Para mí fue tremendo verlo muerto, aquel hombre que parecía no tener muerte. Allí estaba la esposa de un primo hermano de Inti que era como su hermano. Por parte del gobierno vi a Benavides, el Jefe de la Inteligencia. La familia se llevó el cadáver para la estancia Las Perlas, en El Beni, donde hoy se conservan sus restos. Recuerdo que murió a los 17 días de cumplirse el segundo aniversario de la muerte de su hermano Coco Peredo'.
Cuenta Anna que le llamó mucho la atención que Adolfo Siles Salinas, el presidente de Bolivia al morir Barrientos, comentó que Inti 'era un rebelde con causa'.
'Recuerdo que era alto de estatura, y tenía 32 años cuando fue asesinado. Tenía una personalidad muy sólida'.
'Ingresé al Partido Comunista donde él también militaba. Partió a cumplir una misión al exterior y al regresar fue que lo conocí. Yo escuchaba hablar del camarada Inti, del camarada Inti, hasta que un día lo tuve frente a mí. Comenzamos a charlar. Era muy introvertido.
'Nosotros hacíamos trabajos del Partido, pirueteábamos el periódico, hacíamos reuniones, pues estuvimos en la misma célula. Estoy hablando de finales de la década del 50, antes de que él iniciara los preparativos para la guerrilla del Che.
'Yo no sabía dónde estaba. Me enteré por una noticia de Radio FIDES, de La Paz, una emisora religiosa, donde se anunció su muerte. Eso fue en junio de 1967. Se pidió que sus familiares acudieran a la Policía para recoger algunas de sus pertenencias. Entonces me llamaron los compañeros del Partido y me dijeron que no creyera tal falsedad.
'Esa noticia era una trampa. También era falso que había muerto. El presidente Barrientos, en un sucio simulacro, condecoró al supuesto matador del guerrillero.
Escrito por el Che, el Comunicado No. 4 del ELNB, dio un rotundo mentís a lo anunciado: 'Inti Peredo, efectivamente, es miembro de la Jefatura de nuestro ejército, donde ocupa el cargo de Comisario Político y bajo su mando estuvieron recientes acciones. Goza de buena salud y no ha sido tocado por las balas enemigas; el infundio de su muerte es el ejemplo palpable de las mentiras absurdas que riega el ejército en su impotencia para luchar contra nuestras fuerzas'.
IV
Ciertamente Inti llega a convertirse para unos en consigna, para otros en leyenda, y para el imperialismo norteamericano en una pesadilla. Tan es así que en un afiche que el ejército y la CIA distribuyeron por todo el país, pedían por él una recompensa altísima.
Inti era hijo del escritor boliviano Rómulo Peredo. De acuerdo con su esposa, Selvira Leigue, le ponen al niño una porción del nombre de un personaje de su novela Aillo Inti, o familia del Sol. En quechua Inti significa Sol. Nació en Cochabamba, el 30 de abril de 1937 y de muy niño sus padres lo llevan para Trinidad, departamento de El Beni.
Se convierte en cuadro de la Juventud Comunista, llega a ser su secretario general en Trinidad, e integra en 1950 el grupo de jóvenes fundadores del Partido Comunista en El Beni. De simple militante, alcanza la membresía del Comité Central hasta su ruptura con la línea claudicante impuesta por Mario Monje, entonces máximo dirigente partidista.
Viaja a Chile a estudiar en la escuela de cuadros del Partido, y después a Moscú. En 1963 presta valiosa ayuda en la organización y apoyo logístico a la guerrilla de Salta, en Argentina, encabezada por el periodista Jorge Ricardo Masetti y colabora con los revolucionarios peruanos.
En marzo de 1966, José María Martínez Tamayo (Ricardo), contacta con Inti para iniciar los preparativos del frente guerrillero en Bolivia. Ya en mayo elabora un informe para un Congreso del Partido donde plantea la necesidad de la lucha armada.
Se decide su viaje a Cuba y el 25 de julio de aquel año viaja a la Isla con nueve militantes. En octubre reciben la orden del citado dirigente del Partido de regresar a Bolivia, lo que cumplen solo por disciplina.
Llega a Cochabamba el 12 de noviembre y 15 días después se une en la selva a la guerrilla del Che. Cuando el 31 de diciembre Monje, en Ñacahuazu los conmina a dejar la lucha, encuentra en Inti y los demás la negativa a esa actitud traidora.
'Yo escuChe por casualidad la noticia verdadera de su muerte, cuando estaba estudiando en la Escuela Normal para Maestros, donde era secretaria comercial.
'Inti, tras el asesinato del Che en la escuelita de La Higuera, fue uno de los pocos que logró salir del laberinto de la jungla, al asfalto de la ciudad y se convirtió en el reorganizador del ELNB.
'Los guerrilleros que pudieron burlar el cerco, hicieron un juramento: continuar la lucha. Logran salir, después de un montón de peripecias y por gestiones clandestinas de Inti, llegan hasta el lugar de la frontera con Chile donde los recibe el entonces senador chileno Salvador Allende.
'Inti después se va a Oruro, más tarde a La Paz, y posteriormente a Cochabamba, todo en el más absoluto secreto. Preparó la segunda guerrilla y decidió marchar a Cuba. Al regreso lanza su Manifiesto en el que dice: ?~Volveremos a las montañas?T, en el que anuncia el reinicio de la lucha'.
'Ese llamamiento hizo que el gobierno arreciara su búsqueda y desatara una fuerte ofensiva para capturarlo, pero como volvió de Cuba más grueso, con otro aspecto ?'pues él era más bien delgado?', no lo reconocían fácilmente. La traición fue lo único que lo puso en manos del enemigo, porque él actuaba como un artista del clandestinaje.
'Ya no puedo precisar exactamente la última vez que lo vi ni tampoco el lugar, pero no he podido olvidar su valor y su entereza. A 35 años de su muerte heroica, solo me tranquiliza pensar que fue un hombre del Che, que no traicionó nunca a su jefe ni a su pueblo, y que cada vez que se diga Inti, como en quechua significa Sol, me parecerá que se dirá: el Sol sigue alumbrando la lucha'.
Fuente: Argenpress.info
Alvaro Inti Peredo Leigue: Firmeza a toda prueba
Por Elsa Blaquier
El nueve de septiembre de 1969 una noticia estremeció Bolivia. Inti Peredo había muerto asesinado luego de resistir por más de una hora el asalto de 150 efectivos de la policía a la casa donde se encontraba escondido, en la calle Santa Cruz, número 584, en La Paz.
Desde el 19 de julio del propio año, fiel al juramento hecho frente a La Higuera de mantener vivos los ideales del Che y seguir combatiendo a su lado hasta la muerte o la victoria final, Inti había dado a conocer el mensaje "Volveremos a las montañas", donde anunciaba el reinicio de la lucha.
Nacido en Cochabamba, el 30 de abril de 1937, influido por experiencias que le traslada el padre, profesor destacado y director del periódico católico El Imparcial, desde muchacho muestra interés por los problemas sociales, e integra el pequeño grupo de jóvenes fundadores del Partido Comunista en El Beni.
Ocupa diversas responsabilidades en la Juventud Comunista y la organización del Partido en La Paz, donde llega a ser primer secretario del Comité Regional y es miembro del Comité Central hasta su ruptura con la línea claudicante impuesta por Mario Monje, máximo dirigente de la organización.
Desde 1963, Inti, con su hermano Coco, Rodolfo Saldaña y Jorge Vázquez Viaña (El Loro), prestó una valiosa ayuda en la organización del Ejército Guerrillero del Pueblo, encabezado por el periodista Jorge Ricardo Masetti, que operaría en la provincia de Salta, en el norte de la Argentina. También colaboró con los revolucionarios peruanos.
En marzo de 1966 Ricardo (José María Martínez Tamayo) contacta con Inti para iniciar los preparativos del foco guerrillero. Ya en mayo elabora un informe para el Congreso Regional del Partido, donde plantea la necesidad impostergable de la lucha armada. En esa reunión se dispuso su viaje a Cuba al frente de 20 hombres, para entrenarse militarmente.
Según relata su suegro Jesús Lara, en su libro Ñacahuazú, Sueños, el 25 de julio parte para la Isla en compañía de solo nueve militantes y en octubre reciben la orden de Monje de regresar al país lo que cumplen no obstante estar en desacuerdo con este primer secretario de la organización partidista.
Llegó a Cochabamba el 12 de noviembre; no comentó con Matilde (su esposa) sobre su largo viaje y ella nada preguntó. Conocedora de lo que era capaz, tuvo la certidumbre de que el inicio de la lucha armada se encontraba próximo.
Y partió a combatir por la liberación de su pueblo. Cuando el 31 de diciembre Monje los visita en Ñacahuazú y les impele a abandonar la lucha, encuentra en Inti, su hermano y los cinco militantes del Partido que le acompañaron, la negativa a esa actitud traidora.
A través de las más de 80 refe-rencias sobre Inti hechas por el Che en su diario, es posible aquilatar las condiciones ideológicas y militares del revolucionario, nombrado desde su llegada a Ñacahuazú como uno de los comisarios políticos del naciente Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.
Tras el combate de la Quebrada del Yuro, Inti se sobrepuso al dolor de la pérdida del extraordinario dirigente, del hermano y demás compañeros, desempeñando un importante papel en la salida del pequeño grupo de combatientes de la zona insurgente. Antes de partir de forma clandestina hacia Cochabamba y de ahí a La Paz, junto a Urbano (Leonardo Tamayo), había acordado con Pombo (Harry Villegas), reorganizar la red urbana y el Ejército de Liberación Nacional, para desatar la guerra popular.
Al comentar la actuación de Inti, el hoy general de brigada Harry Villegas destaca la gran calidad humana del dirigente, quien con increíbles actos de audacia burló la intensa persecución y con la cooperación de su suegro y otros militantes del Partido Comunista, organizó la salida de los combatientes hasta el poblado de Sabaya, en el departamento de Oruro, muy próximo a la frontera chilena, donde los esperaba Salvador Allende.
Inti regresa a Bolivia en mayo de 1969. Dos meses después su mensaje al pueblo conmocionó a la opinión pública del país y el gobierno desató una persecución brutal. El cuatro de septiembre un nuevo comunicado produjo otro gran impacto.
Los cuerpos represivos lo buscaban, por lo que se traslada clandestinamente de Cochabamba a La Paz. Al amanecer del día nueve, 150 efectivos de la policía, alertados por una delación, rodearon la casa donde se escondía. Por espacio de una hora Inti resistió el ataque hasta que una granada lanzada por una ventana le produjo graves heridas en una pierna y un brazo. Solo así lograron apresarlo.
En la cárcel lo torturaron salvajemente. Cuentan que el sicario Tato Quintanilla le dio varios culatazos por la cabeza y como pasadas dos horas permanecía con vida sin delatar a nadie, decidieron que el doctor Hebert Miranda Pereira provocara su muerte mediante una inyección.
A las 22 horas de ese día el gobierno mostró a la prensa el cuerpo del guerrillero con evidentes señales de tortura. Su caída fue un duro golpe para el movimiento revolucionario del país andino, pero su ejemplo y su heroísmo vivirán eternamente en el altiplano y la selva donde hizo patentes demostraciones de firmeza ideológica y valor a toda prueba.
Fuente: Congreso Bolivariano de los Pueblos
Entrevista al hijo del mítico guerrillero Inti Peredo
"El ejemplo de mi padre revolucionario y mi madre trabajadora conducen mi vida"
Por Jaime Padilla
ESTOCOLMO, (2005). El primogénito del legendario guerrillero boliviano Inti Peredo, vive en Estocolmo, trabaja en el centro clínico Karolinska Institutet y fue el encargado de intervenir quirúrgicamente a la presidenta del Partido Comunista Chileno, Gladys Marin.
"Nunca me he cobijado en la sombra de mi padre, no hubiera sido justo con él, ni con sus ideas, he tratado siempre de rendirle tributo con mi modesto trabajo". Fue la respuesta a mi saludo del neurocirujano boliviano; Peter Inti Peredo Harvey, en un encuentro que se produjo en días pasados en la Estación Central de la ciudad de Estocolmo.
La prensa sueca e internacional a raíz de la llegada a la capital sueca de la presidenta del Partido Comunista de Chile, Gladys Marín, en la primera semana de octubre para someterse a una intervención quirúrgica en el cerebro, descubrió al hijo del legendario guerrillero boliviano Inti Peredo Leigue, subrayando: "El cirujano de Gladys Marín es el hijo de Inti Peredo, mítico brazo derecho de Ernesto Che Guevara".
Entonces la cobertura de la prensa no sólo respondía al interés por saber el estado de salud de "una de las figuras más insignes de la política chilena", sino también sobre la personalidad de uno de los mejores neurocirujanos del prestigioso centro clínico Karolinska Institutet.
Es inevitable en una conversación -mientras pedimos dos cafés- no preguntarle qué recuerdos guardaba de su padre.
"Cuando asesinan a mi padre yo tenía 5 años de edad, empieza su relato con la mirada fija en su taza de café. Mi madre, mi abuela Carmen y Tomasa, una viejita que vivía en casa, a la que también yo llamaba abuela, con atención escuchaban todas las noticias de la radio. Una lamparita de luz tenue; era de noche, estábamos todos acostados, la noticia de la radio mencionaba el nombre de mi padre, sin preguntar adiviné su muerte, sentí un dolor que estallaba en mi interior, pero no me atrevía a preguntar. Yo era tan pequeño que no podía comprender muchas facetas de su vida. A veces cuando, lo veía, yo no sabía que él era mi padre. Me tomaba en sus brazos y jugaba conmigo".
"El 10 de septiembre de 1969, (cuando tenía 31 años de edad), Inti Peredo, víctima probablemente de una traición, era asesinado luego de una refriega con aproximadamente 150 "agentes del orden", (del libro: Teoponte, una experiencia guerrillera: Hugo Assman 1971). Ultimo combate de Inti en una vieja casona de la calle Santa Cruz en la ciudad de La Paz.
A partir de ese trágico momento, la vida de su hijo Peter Inti Peredo Harvey, quedaría marcada.
"Desde que tengo uso de razón mi personalidad se fue fortaleciendo, con la imagen de mi padre. Su vida como combatiente junto al Che, su inquebrantable idealismo revolucionario de forjar al hombre nuevo".
"Mi madre (Ana Harvey), contribuyó también en mi formación. Mis padres se conocieron siendo militantes del Partido Comunista de Bolivia, mi madre vinculada a la actividad sindical de los maestros y mi padre por la lucha armada.
El ejemplo de ambos me ha impulsado a buscar superación, pagar ese ejemplo, no fallar, no defraudarlos, bueno, siempre lo he intentado a lo largo de mi vida", añade.
La comunicación por las altavoces de la partida de un tren hacia Gotemburgo, rompió su concentración. Miró su taza y dijo esto esta frío y fue a buscar una botella de agua mineral.
¿Cómo transcurrió tu vida escolar en La Paz?
"Comencé en la escuela piloto Naciones Unidas desde el kinder (jardín), luego del ciclo básico seguí en el colegio Hugo Dávila y en el mismo espacio funcionaba la Normal, (escuela superior de pedagogía), que por ese entonces juntamente con los universitarios se movilizaban en manifestaciones y barricadas contra el régimen militar de Hugo Banzer.
Esta situación para mi fue una especie de bautismo de fuego, participaba en las manifestaciones estudiantiles. Había bronca en el estudiantado, un rector, conocido como "el siete machos" había acribillado a un estudiante a balazos. El pueblo en 1978 se revela contra el ex dictador y es obligado a dictar la aministía política y llamar a las elecciones".
¿Una predestinación? Los hermanos Inti y Coco Peredo pasaron también por las aulas del Colegio Hugo Dávila.
En ese mismo año, a la edad de 14 años Peter Inti Peredo viaja a La Habana con una beca de estudios concedido por el gobierno cubano. Allí completaría el bachillerato e ingresaría posteriormente a la Facultad de Medicina.
"A esa edad he sentido una enorme motivación de seguir el ejemplo de mi padre. En la medida de mis posibilidades siempre lo he imitado, con orgullo digo que soy hijo de Inti Peredo. Estudié, trabajé y realicé mi especialidad en el Hospital Calixto García en la ciudad de La Habana, posteriormente en Suiza realice una práctica y finalmente retorné a Bolivia, habiendo trabajado allí en el Hospital San Juan de Dios, de Santa Cruz, y ocasionalmente en el Hospital Obrero de La Paz, y como estás ya enterado ahora, desde 1996 estoy en Suecia"
¿Te sentías bien en Cuba?
"Para mi fue una vivencia que de una u otra manera marcó mi vida", se regocija al comentar que él ha tenido el enorme privilegio de vivir el proceso cubano. "Yo era un cubano más, con las mismas posibilidades y limitaciones, que un cubano. Me siento orgulloso de ser un poco cubano. Ha sido importante para mí el haber participado las dichas y desdichas del pueblo cubano, es la más conocida lucha de supervivencia contra la agresión imperialista, esa que demuestra dignidad y entrega, es una cotidiana acción que implica victorias y golpes. La alegría de haber logrado una buena producción, el dolor de saber que cualquier día te bombardean. De sentir la prepotencia de cualquier semidemente que es presidente, -caso Reagan- que sufría de Alzheimer, que pretendía bombardear al pueblo cubano, son experiencias que no se olvidan."
Recibe en ese momento una llamada , se excusa explicando que su esposa venía a su encuentro.
"Se llama Isabel, es boliviana y tenemos tres hijos".
¿Qué edad tienen tus hijos?
"Naira cuatro y los mellizos Inti y Tamara dos", indicó.
¿Cuál es tu opinión sobre la situación boliviana?
"No puedo alejar las imágenes de mi infancia, cuando hablo de Bolivia, vuelvo a visualizar a mi padre revolucionario, a mi madre trabajadora, secuencias de mi vida que se asemejan a Bolivia; la víctima de sus explotadores".
Inti Peredo hijo desde pequeño ha observado experiencias políticas de su época; la dictadura de Barrientos, el sangriento golpe militar de Banzer y en la distancia se entera del golpe de García Meza.
"Es precisamente el alma de la rebelión boliviana la que se palpa hoy y no se trata simplemente de la guerra del gas, es la esencia del pueblo que quiere un futuro diferente.
Los gobernantes de turno -agrega- han vendido todo y en respuesta despierta la conciencia popular que siempre ha caracterizado al pueblo boliviano.
Lo que vemos hoy en día es una consecuencia histórica del pueblo boliviano de antaño, es la misma gente que se levanta contra el tirano español, es la misma gente que logra la independencia, es la misma gente de Zárate Villca, de Bartolina Sisa, es la resistencia a la masacre de San Juan, es la resistencia al fascista Banzer. Es siempre el mismo pueblo boliviano, que reclama justicia, no hay otra. , dijo invitando su vez a su esposa que tome asiento junto a él, sin interrumpir su conversación.
"Si ésta vez no lo logramos, habrá otra vez, la siguiente generación va hacer lo mismo, porque en la forma en la que el pueblo boliviano está obligado a vivir es inhumana, mientras existan esas injusticias el pueblo siempre se levantará. Esto es interesante recordar en este momento: y son palabras del ex presidente Adolfo Siles Salinas, cuando matan a mi padre: "Mientras existán nuestras contradicciones sociales existirán Intis Peredos".
"Si repasamos los diarios bolivianos que dan cuentas de los muertos y heridos en el conflicto último, son todos nombres desconocidos, gente anónima, no son los personajes tradicionales, no es un Mesa, no es un Sánchez de Lozada no, son los Mamanis, Condoris son ellos que han decidido retomar la defensa de nuestra soberanía, son jóvenes que cuando gobernaba Bánzer apenas tenían 10 años de edad."
Y ¿porqué no te dedicas a la política?
"Yo creo que el hombre es un político natural, si participa en la sociedad activamente".
Fuente: www.liberacion.press
Inti Peredo: "Mi campaña con el Che"
El "Che" Guevara en Ñancahuazú
I) El Che en Ñancahuazú
El Che estaba sentado en un tronco. Fumaba deleitándose con la fragancia del humo. Tenía la gorra puesta. Cuando nuestro grupo llegó, sus ojos relampaguearon de alegría.
El hombre más buscado por el imperialismo, el guerrillero legendario, estratega y teórico de proyecciones mundiales, bandera de lucha y esperanza, estaba allí, metido tranquilamente en el corazón de uno de los países más oprimidos y explotados del continente. Era la noche del 27 de noviembre de 1966. Su viaje a Bolivia había sido uno de los secretos más fascinantes de la historia. Pronto sus enemigos y el mundo entero serían testigos de su "resurrección". Esta imagen se me ocurrió al recordar que los cables de las agencias imperialistas habían extendido su certificado de defunción " victimado por el paredón castrista". Me golpearon varias reacciones: turbación por el respeto que le tenía (y mantendré siempre), emoción profunda, orgullo de estrecharle la mano, y una satisfacción difícil de describir al saber con absoluta seguridad que en ese momento me convertía en uno de los soldados del ejército que dirigiría el más famoso Comandante Guerrillero.
El Che, o Ramón, como lo presentaban a la tropa, saludó con afecto al grupo. Indicando con la mano me dijo:
-Tú eres Inti.
Me sentí más cohibido. Algunos compañeros le habían dado antecedentes míos y sabía que yo llegaba en ese grupo. Por mi parte también tenía conocimiento que el Che estaba en el monte, esperándonos. Aun así no logré dominar mis sentimientos. Nos sentamos en unos troncos. Al poco rato Pombo me entregó una carabina M-2 (mi primera arma) y el equipo de combatiente. Todo sucedió en forma increíblemente sencilla. Sin embargo, esa noche comenzó mi vida de revolucionario. La conversación brotó fácil, animada en torno a temas generales. Yo hablé poco, porque aún estaba impactado por este encuentro. Momentos más tarde el grupo brindó por el éxito de la lucha guerrillera y por la confianza que existía en la victoria final. Avanzada la noche, Tuma, uno de los hombres que se convirtieron con el transcurso del tiempo en uno de los seres más queridos por nosotros, me ayudó a armar la hamaca. No tuvimos tiempo para dormir. Cerca de las dos de la mañana los que aún permanecíamos despiertos debutamos con la "góndola", término que se haría popular mundialmente con el desarrollo de la guerra. La "góndola" consistía simplemente en ir desde nuestro campamento hasta la Casa de Calamina a cargar víveres, armas, municiones. Era una tarea dura, pero Tuma con ese carácter alegre que dinamizaba a nuestra columna, bautizó este trabajo con el nombre de "góndola", comparándolo irónicamente con los autobuses destartalados que recorren las ciudades bolivianas y llevan ese nombre. La noche estaba muy oscura. En la casa de Calamina el Che nos dio su primera lección práctica de lo que debía ser un jefe sencillo y capaz: eligió el saco más pesado y lo colocó en su espalda, iniciando el camino de regreso. En el trayecto se tropezó y se cayó porque se veía muy poco. Recogió nuevamente su carga y continuó al campamento. Nosotros seguimos su ejemplo. El ejército guerrillero empezaba a desarrollarse.
II) Bolivia: país de vanguardia
El último día que estuve en La Paz fue el 25 de noviembre de 1966. Cerca de la medianoche salimos en un jeep con Joaquín, Braulio y Ricardo. En otro vehículo más adelante iban Urbano, Miguel, Maimura y Coco. Doce horas después estábamos en Cochabamba. Allí me despedí de mi compañera, que estaba viviendo en casa de mi suegro. La conversación fue tranquila, desprovista de dramatismo. Ella ya estaba informada de que partía definitivamente al monte. Antes de salir besé a mis hijos.
Mi decisión de ingresar en el proceso de la lucha armada fue producto de una serie de consideraciones que estaban madurando desde hacía tiempo. Militante del Partido Comunista de Bolivia junto con Coco desde 1951, conocí la estrategia, táctica y mecánica de este partido. También por haber convivido con ellos, sabía perfectamente cuál era la mentalidad de la dirigencia. Pero también es justo dejar establecido que mientras no hubo perspectivas reales de lucha armada en Bolivia, nosotros participamos y estuvimos plenamente de acuerdo con las decisiones de esa dirección. Ésta es una experiencia qua estimamos puede ser recogida por otros militantes de partidos comunistas en alguna parte del continente que confunden la "incondicionalidad" con la fidelidad a los principios. Para nosotros sólo los principios tienen valor permanente.
La política de la mayoría de los PC latinoamericanos es llegar "al borde de la lucha armada". Es una especie de juego peligroso en el que han adquirido gran maestría, en ese límite se detienen y vuelven a sus posiciones originales para reiniciar la conciliación o sumergirse en la institucionalidad. Cuando han llegado al "borde de la guerra", comercian los principios, se olvidan de sus muertos y adecuan la teoría de su conducta reformista o traidora. El PCB no era ni es una excepción. Comprometido con muchos meses de anticipación en la lucha guerrillera de nuestro país, había escogido a un grupo de compañeros para este trabajo. Pero la dirección, manteniendo una conducta dual que nosotros captábamos sin esfuerzo, siempre estaba indecisa, a la expectativa. Nosotros perdimos la confianza en esos dirigentes y, personalmente, no creía que el PC fuera a ingresar a la guerra como partido, o que prestara toda su colaboración, esforzándose al máximo y con lealtad. El grupo asignado para el trabajo preparatorio, entre los que se encontraban el Ñato, el Loro, Rodolfo, Coco, etcétera, estaba claro, sin embargo, de cuál era nuestra única e irrenunciable estrategia, y nuestra decisión de luchar hasta el final se mantuvo siempre firme. Esto es natural y ha sucedido también en otros países. Muchos militantes situados "al borde de la guerra", lejos de retroceder con sus direcciones conciliadoras dan un paso decisivo y se sitúan en la vanguardia. Se alza una nueva fuerza, dinámica, agresiva y valiente: es la guerrilla. Incluso remontándonos a antecedentes históricos, estábamos conscientes de que nos encontrábamos al borde de una oportunidad que podría marcar una nueva etapa en el destino de Bolivia.
Para nosotros la separación del Alto Perú del imperio español fue un proceso de emancipación interrumpido. Las bases sociales no se alteraron. El poder político y económico fue transferido a la aristocracia criolla y a los españoles ricos asentados en el país. El pueblo, principal actor de esa gesta del siglo pasado, no disfrutó ni siquiera de las migajas del poder, aunque a lo largo de casi siglo y medio de lucha ha pugnado por romper sus cadenas.
Oportunidad histórica
La oportunidad histórica de obtener la verdadera y definitiva independencia, se presentaba ahora, con el desarrollo de la guerrilla cuyo embrión estaba germinando en plena selva boliviana.
Por lo demás esta forma de lucha está enraizada en la tradición del pueblo. Durante quince años -desde 1810 a 1825- guerrilleros como Padilla, Moto Méndez, el cura Muñecas, Warnes, Juana Azurduy y otros, combatieron heroicamente contra los colonialistas españoles enarbolando las banderas de emancipación continental de Bolívar y Sucre.
Naturalmente entendíamos y estábamos plenamente conscientes de que las condiciones eran y son completamente diferentes. Los patriotas del siglo pasado enfrentaron a un imperialismo decadente, acosado por otras potencias imperialistas, que surgían con ambiciones de dominación mundial. Ahora nos enfrentamos al imperialismo norteamericano hegemónico, la potencia industrial - militar más poderosa del mundo, que ejerce su dominio con crueldad, sin escrúpulos, brutalizado, rapaz y genocida. Por otra parte también las motivaciones son distintas: ahora luchamos como vanguardia del pueblo por la conquista del poder, para construir el socialismo y formar el hombre nuevo, eliminando al imperialismo y sus lacayos. Es necesario advertir, además, que en el pueblo latinoamericano se ha desarrollado un gran sentimiento chauvinista, estimulado, fundamentalmente, por el imperialismo. Este nacionalismo deformado se ha empleado como instrumento para dividir a los pueblos y desatar entre ellos guerras fraticidas. Los partidos tradicionales de izquierda, lejos de combatir esta tendencia, la han fomentado e incluso defendido como principio elemental, contribuyendo con la táctica impuesta por el enemigo. Bolivia en esta etapa de lucha guerrillera no fue una excepción. Este planteamiento nos rondaba por la mente al conocer, cada vez con mayor certeza, que el PCB no se integraría a la guerrilla. De todas maneras, nosotros estábamos dispuestos a combatir hasta las últimas consecuencias, independientemente de la actitud que asumiera el PC. Cuando supimos que el Che dirigiría la lucha tuvimos la absoluta seguridad de que el proceso revolucionario sería verdadero, sin claudicaciones. Por eso al ver esa noche de noviembre a Ramón, la emoción del encuentro fue tremenda.
Al día siguiente llamó a Coco, al Loro y a mí, para conversar sobre el carácter de la lucha. Fue la primera conversación política, interesante y profunda como todas las que tuvimos durante la guerra. El primer concepto que fluyó en forma categórica fue el de la continentalidad. El Che nos explicó con su franqueza habitual que la lucha tendría estas características claras: dura, larga y cruel. Por lo tanto nadie debía acomodar su mentalidad a situaciones "corto-placistas". Enseguida expuso por qué se había escogido a Bolivia como escenario de la guerra.
Por qué Bolivia
Su elección, afirmó, no es arbitraria, "está ubicada en el corazón del Cono Sur de nuestro continente, limitada con cinco países que tienen una situación político-económica cada vez más crítica, y su misma posición geográfica la convierte en una región estratégica para irradiar la lucha revolucionaria a naciones vecinas. Hay que tener presente que Bolivia no puede liberarse sola, o por lo menos es extremadamente difícil que ello ocurra. Aun derrotando al ejército y derrotando al poder, el triunfo de la revolución no está asegurado, puesto que los gobiernos lacayos dirigidos por el imperialismo o directamente el imperialismo con la colaboración de los gobiernos lacayos tratarán de aplastarnos. Sin embargo si en el desarrollo de la lucha se nos presenta la alternativa de tomar el poder, no vacilaremos en asumir esta responsabilidad histórica. Claro que ello encierra una gran cuota de sacrificio de los revolucionarios bolivianos. El Che nos explicó luego lo que él entendía por "cuota de sacrificios" de los revolucionarios bolivianos. Nos dijo que había elaborado un documento para la reunión tricontinental de los pueblos que se realizaría en La Habana en julio de 1967. En ese documento, recalcó, expone lo siguiente:
"Solamente podremos triunfar sobre ese ejército en la medida que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas, y ocasionándole sufrimientos repetidos."
"Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del día, y quizás sean menos dolorosos de los que debieran soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego."
"Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de leí guerra tan larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha y sus efectos, en una contienda de carácter mundial, y se sufrirá igual o más aun. No podemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva, y la espera como UN mendrugo de victoria."
Para el Che la cuota de sacrificios significaba la participación del pueblo boliviano como abanderado de la lucha guerrillera, y de ninguna manera la postergación de la toma del poder. En otros términos, nosotros nos convertíamos en un pueblo de vanguardia que obtendría la liberación combatiendo y no como un "mendrugo de victoria"
III) Hacia un nuevo Vietnam
El Che fue certero también al definirnos la relación que existe entre la lucha del heroico pueblo de Vietnam contra el imperialismo norteamericano y la guerra de guerrillas en nuestro continente. La guerra de Vietnam, afirmó, es una parte, pero la más importante, de la lucha mundial contra el imperialismo. La guerra de Vietnam es nuestra propia guerra, ese heroico país ha sido convertido en un laboratorio de experimentación imperialista para aplicar después las desarrolladas técnicas guerreras de destrucción contra el pueblo de todo nuestro continente. Allí se ha visto claramente cómo el imperialismo no solamente viola las fronteras, sino que las borra, reivindicando su "derecho" de perseguir a los patriotas de las FAPLN a través de Camboya o Laos, bombardea las aldeas de esos países y extiende impunemente su brutal genocidio.
Lo mismo pasará en América Latina, explicó el Che. Las fronteras son conceptos artificialmente impuestos por el imperialismo para separar a los pueblos. Los pueblos que reconocen fronteras están condenados al aislamiento y su liberación será más lenta y dolorosa. El concepto de frontera será roto por la acción. Cuando nuestra guerrilla se desarrolle, los gobiernos vecinos enviarán primero armas, asesores, aprovisionamiento. Tratarán de cercarnos. Luego su lucha será coordinada. Los ejércitos se unirán en acción antiguerrillera. Cuando sean incapaces de vencernos intervendrán los "marines" y el imperialismo desencadenará todo sU poder mortífero. Entonces nuestra lucha será idéntica a la que libra el pueblo vietnamita. Los revolucionarios comprenderán, si es que todavía no sienten esa necesidad, que es preciso unirse para enfrentar coordinadamente y como una sola fuerza, a los opresores.
Muchas de las frases previstas por el Che se cumplieron.
Indudablemente las restantes también se habrían puesto en práctica, ya que el imperialismo, en esa época, había concentrado sus estudios de inteligencia y análisis en los escritos de nuestro Comandante y, con mucha agudeza, había captado la dirección de su estrategia. El Che también estaba consciente de este problema, como lo veremos más adelante. Por desgracia, sólo las fuerzas "progresistas" o las que se autodenominan "vanguardia" eran extremadamente miopes o cobardes. Por eso eludían, distorsionaban o no entendían el sentido de la lucha.
Durante el desarrollo de la guerra, los norteamericanos enviaron a Bolivia gran cantidad de armamento moderno, de inmenso poder mortífero, que ya había sido experimentado en Vietnam, y "asesores" con larga experiencia en contraguerrillas. Estos últimos estaban encargados de convertir a los soldados en autómatas, con una mentalidad sádica, en seres inhumanos e inescrupulosos, como lo demostraron más tarde.
Por otra parte la CIA instaló su cuartel general en el Palacio Quemado en forma grosera, mostrando a Barrientos como lo que es: una simple figura decorativa; luego ordenó a los gobiernos limítrofes que cerraran sus fronteras a los revolucionarios, e impidieran cualquier tipo de colaboración.
Las huellas digitales del imperialismo aparecían grotescas cuando después de cada batalla capturábamos fusiles SIG (una variación del FAL belga), granadas norteamericanas con inscripciones de la ÑATO o latas de alimentos enviadas como "fraternal" contribución por los ejércitos de Argentina, Brasil, Paraguay o Perú, transportadas impunemente por territorios de esos países.
IV) La deserción del P. C.
El Che era hombre de una sola palabra y con un sentido de lealtad extraordinariamente desarrollado. Si se examina su Diario en la fecha correspondiente al 27 de noviembre de 1966, aparecen dos problemas que a simple vista no tienen mayor importancia, pero que con el transcurso de los días cobrarían gran relieve. Dice: "Ricardo trajo una noticia incómoda: el Chino está en Bolivia y quiere mandar veinte hombres y verme. Esto trae inconvenientes porque internacionalizaremos la lucha antes de contar con Estanislao".
Luego anota:
"En conversación preliminar con el Inti, éste opina que Estanislao no se alzará, pero parece decidido a cortar amarras".
Estos breves apuntes del Che, consignados sólo para su uso personal, tienen antecedentes más sólidos que los que pude conocer y apreciar, porque me dio una amplia información y luego porque fui testigo de muchos acontecimientos.
Ramón tenía esperanzas de que el Partido Comunista cumpliera fielmente su compromiso. "Los Partidos Comunistas latinoamericanos" -nos explica al día siguiente de nuestra llegada- tienen una estructura institucional inadecuada para las condiciones de la lucha actual. Tal como están constituidos son incapaces de tomar el poder, y derrotar al imperialismo. Incluso muchos de sus dirigentes, como Jesús Farías, Vittorio Codovilla, etc., se han anquilosado, son arcaicos."
Luego de hacer este análisis hizo resaltar su fe de que en alguna parte de este continente alguno de estos partidos podría asumir una conducta revolucionaria. El Che pensaba que ese papel lo podría jugar el PCB.
"Me da esa impresión, afirmó, porque el Partido es nuevo, sus dirigentes son jóvenes y, especialmente, por el inmenso peso moral de los compromisos que han adquirido, desde hace bastante tiempo, con la revolución continental".
Este planteamiento refleja la pureza moral del Che, su acendrada lealtad y firmeza para respetar los compromisos.
Pero el Partido y sus dirigentes, especialmente Monje, cuyo nombre clandestino era Estanislao, no tenían esa escala depurada de valores morales. Acostumbrados a pactar con partidos corrompidos, con dirigentes traidores y oportunistas, con políticos venales que comerciaban sus principios, habían adquirido esas mismas taras. Por eso le dije a Ramón que estaba seguro que el Partido no se alzaría y mucho menos lo haría Monje, a quien ya consideraba un cobarde.
Este juicio no era arbitrario. Monje había recibido entrenamiento militar junto con otros compañeros que más tarde murieron con el Che. En esa oportunidad, por propia iniciativa, propuso un "pacto de sangre" que los ataba, defendiendo la lucha armada hasta la muerte.
Esta conducta había impresionado a muchos. Pero tal imagen se borraría pronto. Monje estaba informado de la preparación del foco, y nueve meses antes del primer combate, en julio de 1966, ya estaba en contacto directo en La Paz con Ricardo y Pombo. En esa época se había comprometido a designar a veinte hombres del PCB para que se incorporaran a la lucha armada. Un mes más tarde, cuando los compañeros le preguntaron por esos veinte guerrilleros en potencia, contestó -¿Qué veinte hombres?
Días después Monje amenazó con retirar a los cuatro compañeros bolivianos que trabajaban con los compañeros cubanos en la preparación del foco desde hacía meses. Tal conducta era no sólo la de un hombre vacilante, sino también la de un político extorsionador que quiere sacar el mejor provecho posible a situaciones conflictivas creadas por él mismo.
El 28 de setiembre en una reunión que tuvo con Ricardo y con Pombo en La Paz sugirió que se asignaran tareas a diversos núcleos del Partido para garantizar una "mejor organización" de la lucha.
En esa oportunidad fue desleal incluso con su organización, porque planteó "despistar al Secretariado del PCB" ya que hablan mucho. Incluso informó de que en el Congreso del Partido Comunista del Uruguay, Kolle había dado cuenta de los planes que existían sobre Bolivia, y Arismendi exigía que todos los Secretarios Generales de PC conocieran el problema. Según Monje el Secretario General del PC uruguayo había amenazado con informar personalmente si los bolivianos no se decidían a hacerlo. A principios de octubre Monje se reunió nuevamente con los compañeros anunciando que el CC del PCB "había dado un paso positivo al aceptar unánimemente la línea de la lucha armada como la vía correcta para llegar al poder". Agregó despectivamente: "Muchos apoyan la lucha armada sólo verbalmente porque son físicamente incapaces de participar en ella."
Pero días más tarde volvió a crear problemas exigiendo incluso dinero para financiar los sueldos de los funcionarios del partido, cuestión a la que los compañeros accedieron.
En esas condiciones llegamos al monte. Mi desconfianza en la dirección del PCB se había ahondado por otra serie de conversaciones que había sostenido con él. Sin vacilaciones saltaba de un extremo al otro. Sus dudas políticas las justificaba con el amor a la familia. Querer a la familia es un acto natural de un guerrillero porque la lucha, si bien es cierto, es dura, está motivada por un profundo sentimiento de amor. Por eso le dije en alguna oportunidad:
-Creo que amo a mi familia tanto o más que tú. Pero mi mundo no es sólo mi familia: es todo el pueblo. Porque yo no quiero que mis hijos vivan en una sociedad canibalesca, donde el más fuerte devora al más débil, y el más débil es siempre el hijo del pueblo. Debemos mejorar esta sociedad y ella no se mejora si tenemos actitudes escapistas o cobardes. Es necesario combatir.
De allí que en la primera conversación que tuve con el Che le manifesté con franqueza mi desconfianza en la acción del partido y en la conducta de Monje. Incluso le propuse que, dado el cargo que aún ocupaba en el Comité Regional de La Paz, podía reclutar a la mejor gente para ingresarla a nuestro núcleo guerrillero.
El Che me respondió que esta actitud era equivocada pues con el Partido las relaciones debían desarrollarse en un plano de mutua lealtad. En la misma oportunidad recalcó con firmeza: "Estoy siempre dispuesto a entregar toda mi experiencia guerrillera al PCB e incluso darles la dirección política de la guerra."
Por eso en el Diario aparece como una frase en clave la referencia al Chino y a Estanislao, aunque como dos cuestiones separadas. Pero es evidente que tienen relación: el Che no quería que se incorporaran combatientes de otros países sin definir la situación con Estanislao, a pesar de que la conducta de éste no había sido honesta. De todas maneras Monje conocía con anterioridad cuál iba a ser el alcance de la guerra y estaba de acuerdo. Pero el Che quería reiterárselo personalmente.
Llegada al primer campamento
Así llegamos a la víspera del Año Nuevo. El 31 de diciembre llegaron a la Casa de Calamina Monje, Coco, Tania y Ricardo, que desde ese día se quedaría definitivamente con nosotros.
Con el Che nos trasladamos al primer campamento.
Monje estaba muy nervioso. En el trayecto de la ciudad a la finca Coco le había dicho que Ramón estaba dispuesto a darle la dirección política de la guerrilla al partido, pero que no le entregaría la dirección militar, lo que él, Coco, consideraba justo. Luego presionó a Monje para que se decidiera a incorporarse pronto a nuestro núcleo. Monje nos dio la mano muy fríamente.
Mientras el Che saludaba a los otros compañeros me preguntó:
-¿Y cómo esta aquí la cosa?. Le repliqué: -Está muy bien, ya lo verá. Además llegas oportunamente porque la guerra hay que empezaría pronto. Decídete a luchar con nosotros.
Monje contestó: -Ya lo veremos, ya lo veremos...
Che y Monje partieron solos y conversaron durante unas horas. Tarde regresaron al campamento base. Cuando llegó vio a nuestra gente, la saludó y empezó a hablar con todos. Luego examinó la disposición del campamento y entonces hizo el siguiente comentario:
-Éste es un verdadero campamento. Cómo se nota que aquí hay dirección efectiva que sabe lo que quiere, aquí tiene experiencia. Luego alabó la defensa que el Che había planificado y la división de nuestra columna en vanguardia, centro y retaguardia. Dijo otra frase que recuerdo bastante bien:
-Todo esto demuestra una preparación combativa eficaz.
Al poco rato Monje me pidió conversar con los compañeros bolivianos. Inmediatamente consulté con el Che para preguntarle si esto era posible. Che contestó afirmativamente. Se inició entonces una reunión dramática, tensa a veces persuasiva en otros momentos, dura en otros pasajes. Monje relató a rasgos generales su conversación con Ramón, y luego centró el problema a tres puntos fundamentales, que son los que aparecen en el Diario:
1) - Renunciaré a la Dirección del Partido, porque creo que el Partido como tal no entrará en la lucha, pero por lo menos trataré de lograr su neutralidad. También trataré de sacar de la organización algunos cuadros para la lucha.
2) - Le exigí al Che que la dirección político-militar de la lucha debe corresponderme en forma exclusiva a mí por lo menos mientras ésta se desarrolle en Bolivia. Cuando se continentalice podemos hacer una reunión con todos los grupos guerrilleros y en esa oportunidad yo haré entrega del mando al Che, delante de todos.
3) - Le propuse al Che manejar las relaciones con otros partidos comunistas latinoamericanos y tratar de convencerlos para que apoyen a los movimientos de liberación. Enseguida explicó con más detalles estas cuestiones y agregó con firmeza:
-No hemos llegado a ningún acuerdo.
La actitud del representante del PCB
Las palabras de Monje no nos sorprendieron, pero causaron un impacto doloroso, sobre todo en compañeros que aún tenían esperanzas en él y el partido.
Surgieron preguntas exigiendo mayores antecedentes. Monje desarrolló de la siguiente manera sus planteamientos:
-Esta guerrilla debe dirigirla el Partido. Por eso como Primer Secretario debo tener la dirección total en lo militar y en lo político. Yo no puedo quedarme en un lugar secundario porque donde quiera que esté represento al Partido. El mando militar es una cuestión de principios para nosotros, tan de principios que el Che no me lo quiere entregar. Por eso nuestro desacuerdo es absoluto aun cuando en otros aspectos coincidamos o él accede a nuestras peticiones. Sentenciosamente agregó: -Cuando el pueblo sepa que esta guerrilla está dirigida por un extranjero le volverá la espalda, le negará su apoyo. Estoy seguro que fracasará porque no la dirige un boliviano, sino un extranjero. Ustedes morirán muy heroicamente, pero no tienen perspectivas de triunfo. Las palabras de Monje nos indignaron sobre todo cuando calificó al Che de "extranjero", negándole estúpidamente su calidad de revolucionario continental. Pero su desvergüenza llegó a extremos cuando nos propuso desertar.
-Ustedes, dijo, tienen libertad y garantías para abandonar la lucha. Váyanse ahora conmigo. Nosotros sólo tenemos un compromiso: aportar cuatro compañeros para trabajar con el Che en cualquier parte. El resto debe partir. El que quiera quedarse puede hacerlo. El Partido no tomará ninguna medida represiva. Pero como Primer Secretario les aconsejo que se vayan conmigo.
El solo hecho de que nos pidiera abandonar al Che en el monte era una actitud traicionera. Tal vez pensó que alguno iba a aceptar su miserable proposición. Todos le replicamos con firmeza que no nos íbamos. Que él se quedara, que era un falso orgullo revolucionario negarse a estar bajo las órdenes de otro, sobre todo cuando ese "otro" era nada menos que el Che, el revolucionario más completo y más querido, el hombre junto al cual querían luchar miles de latinoamericanos. Algunos compañeros, el Ñato Méndez entre ellos, le rogaron que se quedara. El Ñato, que quería mucho al Partido, pero que amaba más profundamente a la revolución, le dijo con palabras que denotaban emoción:
-Quédate, Mario. Tu permanencia con nosotros significará levantar el prestigio del PCB y de todos los partidos comunistas latinoamericanos, que han perdido toda autoridad por falta de acción, por su conciliación con el enemigo. Salva tu prestigio de comunista y quédate.
Luego intervino Carlos tres o cuatro veces insistiendo:
-Mario, no te vayas. Tú no debes asumir una posición tan claudicante. Es increíble que el partido se porte en forma tan vacilante. Nosotros estamos seguros que triunfaremos.
"Jamás hemos pensado en un fracaso. Estamos seguros de la victoria. Sin el Partido nos costará un poco más, pero tenemos al Che. En él tenemos confianza y sabemos que nos llevará a la victoria. Nuestra revolución triunfará porque el pueblo comprenderá tarde o temprano que nuestro jefe no es un "extranjero", como tú dices, sino un revolucionario, el mejor de todos, y la tarea tuya y la del Partido es, precisamente, esclarecer en el pueblo que el Che es un revolucionario continental y no un extraño.
Otros compañeros le dijimos a Monje que el internacionalismo proletario no debe aprisionarse en un marco tan estrecho. La presencia del Che entre nosotros, le recalcamos, es una verdadera muestra de internacionalismo proletario.
Más adelante nos aseguró que renunciaría a la Dirección del Partido, porque ya nada tenía que hacer dentro de la organización.
-Para mí, afirmó, es evidente que el único camino es la lucha armada, pero no ésta, sino una forma de sublevación general. Como este planteamiento no es posible hacerlo dentro del Partido, mi cargo no tiene mayor validez. Quedaré como un pobre diablo. Por eso es mejor que me vaya.
Le preguntamos: -¿Qué vas a hacer? ¿Te dedicarás a tu profesión de maestro o a otra actividad?
Respondió: -Posiblemente me tengan a su lado como un combatiente más. Yo no tengo otra salida que la revolución. Más tarde conversando con otros compañeros bolivianos les manifestó que él no quería convertirse en un traidor al Partido (sin embargo ya había traicionado a la revolución). Como broche de oro colocó a la conversación el siguiente final:
-Yo no estoy para convertirme en un Van Troi.
Con ello quería significar que Van Troi, el héroe vietnamita asesinado por los norteamericanos, joven que es ejemplo para todos los revolucionarios del mundo, se había convertido en un "mártir inútil". Basta esa frase para sentir por Monje un profundo desprecio. Pero el tiempo lo mostraría enfangando aun más su conducta y la de su partido. La reunión fue penosa en sí, no tanto por el impacto emocional que había provocado entre los compañeros bolivianos, sino más bien por su actitud y sus conceptos que lo retrataron como cobarde, traidor y chauvinista. Esa noche se hizo un brindis. Yo no estuve, porque a esa hora, cuando en la ciudad estaban anunciando con cohetes y campanas al vuelo el advenimiento del año 1967, me tocaba hacer posta. Los compañeros me contaban que Monje, alzando su copa, afirmó que allí en Ñancahuazú se iniciaba una nueva gesta libertaria y deseó éxito a nuestra guerrilla. El Che respondió que efectivamente se iniciaba una nueva gesta libertaria y que este grito de independencia era similar al que había iniciado Pedro Domínguez Murillo. Tal vez muchos, dijo Ramón, no lleguen a ver el triunfo final. Pero para triunfar hay que dar la primera batalla. Y ese momento ha llegado, agregó.
-Éste es un grupo decidido a combatir, no como soldados suicidas, sino como hombres que saben que obtendrán la victoria. Pero aun suponiendo que en esta etapa no se logre el triunfo definitivo, estamos seguros que este grito de rebeldía llegará al pueblo. A la mañana siguiente Monje se despidió abruptamente. El Che lo invitó a quedarse hasta la tarde, hora en que regresaba el jeep a la ciudad.
-¿Qué vas a hacer solo en el primer campamento? - le preguntó.
-Prefiero estar solo allá, respondió Monje.
Era evidente que estaba nervioso y no se atrevía a quedarse con nosotros porque se sentía incómodo. En la tarde el Che nos reunió a todos y nos explicó la actitud de Monje, sus exigencias, y la forma en que había forzado la ruptura. Dirigiéndose a los combatientes bolivianos anunció:
-Especialmente para ustedes vendrán días difíciles, momentos de angustia moral, conflictos emocionales. Puede ser que en algún momento de la lucha recuerden este episodio, la falta de apoyo del Partido y piensen que a lo mejor el PC tiene razón. "Mediten mucho. Todavía es tiempo. Más tarde será imposible. A los que tengan problemas trataremos de solucionárselos mediante la discusión colectiva o a través de los comentarios". En esa misma oportunidad nos comunicó que contactaría con todas las fuerzas que quisieran incorporarse a la revolución.
Le informé plenamente a Ramón la conversación que Monje había tenido con nosotros y las objeciones que hacía.
-Son las mismas que me hizo a mí, contestó.
Luego me dio a conocer otros detalles que no aparecen consignados en su Diario. El diálogo, tal como me lo contó Ramón, lo recuerdo claramente:
MONJE: Mientras la guerrilla se desarrolle en Bolivia exijo la dirección total. Si la lucha se efectuara en Argentina estoy dispuesto a ir contigo aunque nomás fuera para cargarte la mochila. Pero mientras estemos aquí en Bolivia el mando absoluto lo debo tener yo.
Che: Esto es un criterio estrecho y absurdo respecto al internacionalismo proletario. El tipo de lucha que estamos planteando sobrepasa los marcos nacionales. Aun cuando estuviera dentro de ese esquema ¿crees tú que es una posición marxista exigir el mando como un derecho de nacionalidad? Tú estás equivocado. Eso no es internacionalismo proletario. Te voy a poner el siguiente ejemplo: si Fidel fuera a Argentina a iniciar la guerra, yo me pondría de nuevo incondicionalmente a las órdenes de Fidel, por la posición histórica que él tiene, y porque tú bien sabes que lo considero mi maestro. Por ese mismo cariño y respeto que yo tengo a Fidel aceptaría gustoso su mando. ¿O crees que haría cuestión de nacionalidad? Esa misma relación existe entre tú y yo. Las circunstancias históricas me han situado en determinado lugar. Tengo una experiencia militar que tú no tienes. Tú no has participado en ninguna. Ahora te pregunto: ¿tendrías la misma posición si en este momento no estuviera yo contigo aquí en Ñancahuazú sino Malinovski?
MONJE: Ni aun cuando viniera Lenin. Mi conducta sería la misma. Irónicamente el Che replicó.
Che: Si estuviera Malinovski aquí estarías hablando en otros términos.
En otro momento de la conversación Ramón le dijo con firmeza:
Che: yo ya estoy aquí, y de aquí sólo me sacan muerto;
Este es nuestro territorio.
Cada vez que se le terminaban los armamentos, Monje volvía al círculo vicioso del mando total y a la categoría de "extranjero" de Ramón y enredando sus propias contradicciones e inseguridades que se aprecian claramente en sus diálogos. Más adelante la conversación continuó así:
Che: Bien, el problema es de mando efectivo. Imagínate que tú seas el jefe de la guerrilla. Pero ¿qué pasará cuando se sepa que aquí están Che Guevara y Mario Monje? Nadie va a creer que Mario Monje está dirigiendo la guerrilla y que Che Guevara está a las órdenes de Monje. Independientemente de que eso fuera así, todo el mundo sabe que yo tengo mas capacidad que tú para dirigir esta columna. La falsa modestia no nos conduce a nada. Tú puedes aparecer como jefe, firmar todos los comunicados en nombre de nosotros, pero la dirección real y efectiva la tengo yo.
MONJE: La dirección tiene que ser real y desde el principio debe estar en mis manos. Por mi falta de experiencia te pediré consejo y asesoramiento hasta que yo adquiera capacidad de dirección y pueda hacerme cargo solo de Ia guerrilla. Tú puedes ser mi asesor más importante.
Che: Aquí no soy asesor de nadie. No soy partidario de eludir las responsabilidades y un asesoramiento significa eso: eludir responsabilidades. Nunca me consideré asesor.
MONJE: Pero es ridículo que yo aparente ser jefe. Tú sabes que la CIA puede infiltrar esta guerrilla y el agente de la CIA se dará cuenta inmediatamente de que yo no soy el jefe efectivo. Esa noticia saldrá afuera y todo el mundo pensará que soy un "monigote".
Che: Sí de eso se trata estoy dispuesto a levantarme todas las mañanas, cuadrarme delante de ti en presencia de la tropa y pedirte las instrucciones para dejar satisfecho al agente de la CIA.
A pesar de la actitud a veces agresiva de Monje, Che mantuvo siempre gran serenidad. Cuando Monje le planteó que renunciaría al Partido, le contestó que ése sería un problema personal, pero que lo consideraba un error, porque protegía el nombre de quienes debían ser condenados históricamente por su posición claudicante.
También aceptó que Monje solicitara ayuda a otros partidos comunistas latinoamericanos para la lucha guerrillera aunque le advirtió que era una gestión inútil, condenada al fracaso; le dijo:
-Pedirle a esos partidos que colaboren con la lucha armada es exigirles que renuncien a su razón de existir; solicitarle a Codovilla que apoye a Douglas Bravo es igual que exigirle que perdone un alzamiento dentro de su partido.
Otro aspecto conflictivo tratado en esa oportunidad fue la contactación con el grupo de Moisés Guevara. Monje se oponía tenazmente pero sólo daba razones de tipo partidario sin consistencia. Calificaba a Moisés como un "pro-chino". Eso bastaba para estigmatizarlo. Che le planteó a Monje:
-¿Por qué tienes esa posición tan sectaria? Nuestra guerrilla debe abrirles las puertas a todos los que quieran participar. Tenemos una concepción de la toma del poder revolucionario y si hay gente honesta que coincide con nosotros no debemos rechazarla. Es absurdo asustarnos porque el poder para el pueblo lo tome, en determinado momento, un grupo que se llame tal o cual cosa. Del seno de la lucha armada surgirán los nuevos dirigentes y no es justo tener prejuicios al respecto, pues la dirección la asumirán siempre los más consecuentes.
"La convivencia diaria, las batallas que se dan juntos, el permanente jugarse la vida, va desarrollando una hermandad de sangre, mejora a los hombres, los convierte en seres más honestos, más puros. Así como hay gente buena y mala dentro de lo que tú llamas "pro-chinos", también hay gente buena y mala dentro del PC.
El tiempo daría la razón al Che y reivindicaría a Moisés Guevara. En cambio condenaría como traidores y cobardes a Monje y los otros dirigentes claudicantes. Moisés Guevara era un hombre honesto. Dirigente minero combativo, querido por sus bases, amaba la revolución. Se incorporó al Partido Comunista Pro-Chino convencido de que Zamora y su dirección sinceramente se incorporarían a la lucha armada, con un contingente proletario numeroso. Pronto se dio cuenta de que Zamora era tan oportunista y falso como otros autodenominados "vanguardistas". Sin embargo dentro del Partido peleó por el cumplimiento de las promesas que se hacían al pueblo: iniciar la lucha armada. En una conferencia partidaria realizada en Huanani, precisamente la zona donde Moisés tenía mayor ascendiente, el PC pro-chino lo expulsó, acusándolo de estar en "contubernio con la camarilla de Monje" para ingresar a la guerrilla.
Aunque la incorporación de Guevara y otros compañeros de ese grupo se produce mientras nosotros realizábamos la marcha de exploración con el Che, es necesario examinar este problema en el presente capítulo.
La gente que trabajaba con nosotros en la ciudad había contactado a Moisés a mediados de 1966. Él se había comprometido a entrar al monte con veinte hombres. Después del regreso de Monje desde Ñancahuazú, Ramón decide hablar directamente con Guevara, y exigirle que su incorporación debe ser incondicional, incluyendo la disolución de su grupo. Existía un leve temor de que en algún instante pudieran producirse roces entre estos compañeros y los que ya estábamos dentro, por las discrepancias chino-soviéticas.
Moisés llegó a nuestro campamento y conversó con el Che. Con una modestia y sinceridad extraordinarias, planteó: "Yo no vengo aquí a poner condiciones, sino a solicitar mi ingreso como un soldado más. Para mí es un honor combatir al lado del Che, el revolucionario que más admiro."
La conducta de Moisés fue magnífica. Nunca hubo problemas con él, y ese temor de que afloraran discrepancias políticas se disipó inmediatamente. Se produjo lo que el Che había previsto: la lucha hermana a los hombres, desarrolla los sentimientos solidarios y fortalece la ideología. Murió meses más tarde, combatiendo heroicamente junto al grupo de Joaquín.
Distinto fue el destino de Zamora. El hombre que aparecía como ultrarrevolucionario condenó a los que ingresaban a la guerrilla. El Che también tenía un juicio formado sobre Zamora. En La Habana, cuando aún desempeñaba su cargo de Ministro de Industrias, había conversado durante un tiempo con él. Zamora, militante del PC, le contó al Che que volvería a La Paz a dividir el Partido y que formaría otro porque el PCB era incapaz de hacer la revolución.
Ramón le manifestó: "La división del Partido para formar otro no tiene objeto, es inútil, no contribuye en nada al desarrollo de la lucha armada. Muchas veces esos grupos son los más sectarios o los más obcecados enemigos de la guerrilla o de cualquier otro tipo de lucha que no se ajuste exactamente el pensamiento de Mao.
"Yo estoy de acuerdo que un grupo se separe del Partido si evidentemente va a ingresar a la lucha armada porque el Partido mantiene una posición claudicante. Pero la división porque sí se llama simplemente politiquería.
Zamora obtuvo el ofrecimiento de valiosa ayuda para desarrollar la lucha armada. Incluso si empezaba los trabajos se le asignaría, como un colaborador importante, un hombre que más tarde continuaría jugando un gran papel en el trabajo de preparación del foco guerrillero: Ricardo. Che pensaba que las condiciones objetivas y subjetivas más ricas para iniciar la lucha de liberación en el cono sur del continente estaban en Bolivia. Allí iba a partir a mediados de 1965, luego de finalizar su gira por Asia y África.
Pero a pesar de tener gente de experiencia a su lado Zamora se preocupó más de dividir al PCB y a desatar rencillas de tipo personal, que en dedicarse honestamente a la preparación de un trabajo tan importante y delicado. Desaprovechó esta oportunidad histórica, postergó la apertura del foco y esterilizó la acción. Más tarde tuvo la osadía de condenar a los militantes de su fracción que, convirtiendo en realidad los planteamientos que formulaban, se incorporaron con nosotros a la guerrilla.
La vergonzosa deserción del Partido Comunista
nos provocó graves problemas. En la ciudad nos quedamos prácticamente sin organización. El trabajo de Coco, Loyola, Rodolfo y Tania era insuficiente para atender nuestras necesidades, cada vez más crecientes.
Estábamos en los umbrales de la guerra y era necesario armar una red clandestina que funcionara en La Paz, se ramificara a otras ciudades y pueblos hasta desembocar en nuestro centro militar. Éstas eran las tareas asignadas al PCB. Todavía teníamos que trasladar hasta el monte gran cantidad de provisiones, armas y hombres que se integrarían a nuestra columna. El trabajo de Coco y Rodolfo fue abrumador. Una serie de acontecimientos que ocurren más tarde, aparecen como "errores tácticos". La verdad es que no los hubo. Si tal situación se produjo fue por efecto de la traición de Monje, que agravó su cobardía saboteando la labor de los compañeros que no acataron sus órdenes y se integraron lealmente a la lucha guerrillera. Un ejemplo: La finca donde estaba la Casa de Calamina debía protegerse con una buena "fachada legal". Che era partidario de que allí se llevara un ingeniero agrónomo para que hiciera producir, ya que era sospechoso que tan extensa propiedad sólo estuviera cultivada por cinco hectáreas de maíz. En cada viaje que venían compañeros de la ciudad, Ramón insistía en el ingeniero agrónomo. La finca no era para nosotros una zona de operaciones. Pero los compañeros no pudieron conseguir el agrónomo -problema que tenía que solucionar el Partido- -, porque se dedicaron a atender las necesidades más urgentes de la guerra.
El Che decía: -Si la finca se "quema", que no sea por culpa de nosotros. Que la descubra el ejército, pero nosotros no se la entregaremos porque sí.
Por las razones explicadas, nunca se pudo dar a esa propiedad una fachada legal.
Por otra parte, cuando Coco regresa a la ciudad, después de dejar a Monje nos informa de los primeros aprestos del Partido contra la guerrilla. El famoso Estanislao, hombre que en entrenamiento militar había hecho un "pacto de sangre" jurando no abandonar jamás la lucha armada, alertaba al Comité Central diciendo que en Ñancahuazú había un grupo armado que iniciaría la lucha guerrillera, formado por muchos extranjeros y un núcleo de bolivianos.
Algunos miembros del Comité Central decidieron apoyar activamente nuestra lucha, pero entonces Monje, esgrimiendo sus mejores recursos de politiquero corrompido, tocó las fibras sectarias de los dirigentes del PCB y nos acusó de ser "pro-chinos", fraccionalistas y enemigos del Partido que se han aliado con la "camarilla de Zamora". Zamora por su parte condenó a los guerrilleros por "fraccionalistas", revisionistas, enemigos del Partido que se alían con la "camarilla de Monje".
¡Los enemigos irreconciliables unidos por su odio a la lucha armada de liberación de Bolivia!
Pero la traición no tuvo límites. Monje y el PCB se movilizaron por todo el país alertando a las bases contra el "grupo fraccional", impidiendo con engaños que algunos militantes honrados se incorporasen al trabajo en la ciudad e interceptaban a los hombres que regresaban al país con entrenamiento militar y los convencieron de que no ingresasen a la guerrilla. La conducta de los que estaban preparados para luchar y no lo hicieron por presión del Partido no debe calificarse de debilidad ideológica, realmente fue cobardía.
V) El monte: Escuela para el Hombre nuevo
Los problemas provocados por la deserción del Partido en el instante que más precisábamos de él no fue obstáculo para que nuestro grupo guerrillero elevara su moral y realizara trabajos preparatorios que tenían carácter educativo.
El Che estimaba que el hombre, cuando esta metido en el monte, proscribe los hábitos de la ciudad, no sólo por la dureza con que se desarrolla la lucha y falta de contacto con algunas formas culturales o de "civilización". La vestimenta andrajosa, la falta de higiene personal, la comida escasa y a veces primitiva, muchas veces la carencia de utensilios domésticos, obliga al guerrillero a adoptar ciertas actitudes semi-salvajes.
Che combatía con energía esta conducta y orientaba el trabajo para estimular un espíritu constructivo y creador del guerrillero, la preocupación por la ropa, las mochilas, los libros y todo lo que constituía nuestros "bienes materiales". Por eso dirigió con cariño las "obras públicas" del segundo campamento, ubicado a unos ocho kilómetros de la Casa de Calamina. Rápidamente se construyeron bancos, un horno para el pan, que estaba a cargo de Apolinar, y otro tipo de "comodidades". Regularmente ordenaba lo que él bautizó como "guardia vieja": una limpieza a fondo de todo el campamento. Algunos periodistas y críticos de nuestra guerra han considerado que ese campamento era la base de operaciones estables. Es una apreciación falsa. Ramón nunca pensó quedarse ahí definitivamente. Todo el trabajo realizado, con excepción de las cuevas estratégicas, tuvo el carácter ya descrito: para que el hombre estuviera en permanente actividad y no perdiera sus costumbres adquiridas.
Primera escuela de "cuadros"
Allí surgió también lo que podría denominarse la primera "escuela de cuadros". Todos los días de 4 a 6 de la tarde los compañeros más instruidos, encabezados por el Che, daban clases de gramática y aritmética, en tres niveles, historia y geografía de Bolivia y temas de cultura general, además de clases de lengua quechua. En la noche, a los que deseaban asistir voluntariamente (las clases de la tarde eran obligatorias). Che les enseñaba francés. Otro tema al que le daba primerísima importancia era el estudio de la Economía Política.
Frecuentemente nos señalaba el papel de "vanguardia de la vanguardia" que tiene el guerrillero. Pero para hacer honor a esa denominación, afirmaba, es necesario que ustedes se conviertan en cuadros dirigentes.
-El guerrillero, recalcaba Ramón, no es un simple tira-tiros.
Es el gobernante en potencia, el hombre que en algún momento se convertirá en el conductor de su pueblo. Por eso debe estar preparado para cuando llegue ese momento. Siempre buscaba la oportunidad para ponernos de ejemplo a Fidel y la Revolución Cubana, especialmente cuando se refería a la necesidad urgente de consolidar y desarrollar la revolución después de la victoria.
-Cuando nosotros triunfamos y tomamos el poder en Cuba, nos decía, nos encontramos con un problema más difícil que el de la guerra: no teníamos gente capacitada para asumir responsabilidades. En un principio los cargos burocráticos se designaron prácticamente "a dedo". La rápida ruptura con el imperialismo nos mostró la dramática realidad: nos faltaban expertos para dirigir la economía, las industrias, la agricultura. Especialmente doloroso resultó comprender que no teníamos gente preparada en niveles intermedios, para orientar y dirigir a la masa que en contacto con la revolución había adquirido una sensibilidad extraordinaria y estaba ansiosa de aprender. Nos faltaban cuadros, es decir, hombres con un adecuado desarrollo político para interpretar las directivas que emanaban del poder central, convertirlas en realidad, trasmitiéndolas sin distorsiones a ese conglomerado de hombres y mujeres que tenían fe en nosotros, y a la vez poseer la suficiente sensibilidad como para percibir las manifestaciones más íntimas de ese núcleo humano y, a su vez, darlas a conocer al poder central.
Para el Che, el cuadro debía reunir, entre otras, las siguientes cualidades:
-Gran valor físico y moral, desarrollo ideológico que le permita defender con su vida los principios revolucionarios, capacidad de análisis para tomar decisiones rápidas y adecuadas, sentido de la creación, disciplina y fidelidad.
El Che quería que nosotros nos desarrolláramos no tan sólo como cuadros, sino también como hombres nuevos dentro del proceso de la lucha guerrillera. Constantemente nos repetía que teníamos que ser los mejores, el núcleo que debía convertirse en maestro de los nuevos combatientes que se fueran incorporando.
Pero esa formación del '"hombre del futuro", la toma definitiva de conciencia de clase que nos debía convertir en agente catalizador de las aspiraciones e inquietudes de la masa, teníamos que adquirirla en el transcurso de la guerra.
El Che consideraba que el hombre es un ser fácilmente moldeable. Esta verdad la había descubierto la sociedad capitalista, por eso nos había educado en el respeto hacia el sistema. En las frecuentes conversaciones que teníamos durante las caminatas o en las exploraciones, nos instaba a eliminar las taras de la vieja sociedad decadente, "tomar conciencia". La conciencia era para él un valor fundamental. Su definición era breve y certera:
-No puede verse el comunismo meramente como un resultado de contradicciones de clase en una sociedad de alto desarrollo, que fueran a resolverse en una etapa de transición para alcanzar la cumbre; el hombre es un actor consciente de la historia. Sin esta conciencia, que engloba la de su ser social, no puede haber comunismo.
La toma de conciencia que significa romper las cadenas que atan al hombre con la sociedad decadente, equivale a su realización plena como criatura humana.
Otro de los rasgos que estimulaba era el amor hacia sus semejantes.
A mi juicio uno de los trabajos que retrata mejor al Che como hombre, como político revolucionario, como el hermano más generoso de los pueblos oprimidos, es "El Socialismo y el Hombre en Cuba" en el que plantea:
"Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe reunir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se le contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita."
Che fue generoso siempre. Fuimos testigos de cómo trató sin rencor a los soldados enemigos, curó sus heridas aun restando medicamentos a nuestra propia gente, les dio trato digno y justo. Más tarde ellos, animalizados por el imperialismo, responderían a este gesto asesinándolo cobardemente.
Las lecciones del Che estén vigentes y creemos que se plasmarán en los hombres del E.L.N., el ejército que él fundó.
VI) el nacimiento del ELN
En vísperas de la caminata que se inició el 1º de febrero, cuya duración estaba programada para aproximadamente 20 días, ya se podía hablar de un núcleo guerrillero vertebrado, que se dividía en vanguardia, centro y retaguardia. A mediados de diciembre Che había hecho los primeros nombramientos, que recayeron en Joaquín como segundo jefe militar, y jefe de la retaguardia, Marcos jefe de la vanguardia, Alejandro como jefe de operaciones; Pombo de servicios; Ñato de abastecimientos y armamento y Rolando y yo como comisarios políticos. Además se me encargaron las tareas de finanzas. Moro fue designado jefe de los servicios médicos. De esta manera, al iniciar nuestra larga exploración, la columna ya estaba estructurada, para rendir su primera prueba de fuego. Los objetivos que el Che había planteado para esta maniobra militar eran los siguientes.
-Dar un fuerte entrenamiento al núcleo guerrillero para que adquiriera experiencia, se endureciera, aprendiera a sobrevivir en las condiciones más difíciles, conociendo lo que es el hambre, la sed, la falta de sueño, las caminatas agotadoras de día y de noche, y al mismo tiempo aprender en el terreno nociones tácticas más profundas.
-Examinar las posibilidades de formación de núcleos campesinos, contactándonos con ellos para explicarles el objetivo de nuestra lucha. Ramón estaba plenamente consciente de que en el primer momento el campesinado tiene más bien una actitud de desconfianza, que en la segunda etapa mantiene una posición de neutralidad, y en la tercera, cuando la guerrilla se desarrolla, está francamente de parte de las fuerzas liberadoras. Por lo tanto debíamos pasar por la experiencia de la primera etapa y tratar de formar bases de apoyo en el campo, aun cuando fueran débiles. Estamos seguros que, de sobrepasar ese período, los campesinos habrían estado de parte nuestra, como indudablemente ocurrirá en el futuro.
-Por último, conocer en detalle el terreno en el cual íbamos a operar. Desde el momento en que el Che ingresó al monte con otros dos compañeros las perspectivas de combatir eran inmediatas. En ningún instante se planteó la disyuntiva de que nos fueran a apresar mansamente, sin oponer resistencia.
Por eso destinó cuatro compañeros para la defensa del campamento principal, a pesar de que éste no tenía características de "base de operaciones". Ellos fueron Arturo, Ñato, Camba y Antonio. Coco se quedó en la casa de Calamina, esperando a Moisés Guevara y sus hombres. Previniendo la posibilidad de una sorpresa dejó un plan de emergencia, una forma de alarma para advertir si había ocurrido algún ataque, instrucciones para la retirada, un esquema del recorrido que nosotros haríamos, y por último, recomendó que cada uno de los hombres llevara siempre dinero de reserva consigo.
Desde el principio la exploración fue durísima, un adelanto de lo que vendría más tarde. En los primeros días muchos compañeros quedaron prácticamente sin zapatos y la ropa se fue destrozando lentamente. La zona estaba prácticamente deshabitada, a pesar de que en los mapas oficiales estaban marcadas varias casas. El día 10 de febrero establecimos contacto con el primer campesino. Resultó ser Honorato Rojas, un hombre al que Ramón calificó inmediatamente de "potencialmente peligroso". Más tarde Honorato Rojas se convertiría en un delator y principal colaborador del ejército en la emboscada en la que perdieron la vida Joaquín y el grupo de la retaguardia. Yo me presenté a Rojas como "cazador" y el Che asistió en carácter de "ayudante" mío. Moro, nuestro médico, curó a los hijos del campesino que tenían gusanos en distintas partes del cuerpo. Incluso uno de ellos tenía varios hematomas, producto de una patada que le había dado una yegua. Después de pedirle datos sobre casas por la cercanía, ubicación de otros campesinos, posibilidades de comprar alimentos, etc., nos despedimos, comprometiéndose él a colaborar con nosotros. La idea del Che era llegar hasta el río Masicurí, para que viéramos a los soldados, decisión sicológica importante, aunque no deberíamos entablar combate con ellos en esos momentos.
Casi al terminar el mes ocurren dos hechos dolorosos: el primero de carácter conflictivo y el segundo, la pérdida de uno de nuestros hombres antes de combatir. Dos compañeros, Marcos y Pacho, tuvieron un incidente de proporciones, motivado no solamente por el carácter de ambos, sino también por las condiciones en que íbamos marchando, con alguna gente enferma, sin comida, en condiciones que durante algunos días fueron infernales. Me tocó conocer el problema, pues en mi carácter de comisario político junto con Rolando debía intervenir en la solución de ellos. Un mes más tarde el Che conocería de otras actitudes de Marcos y lo amenazó con expulsarlo deshonestamente de la guerrilla. Marcos contestó que antes prefería morir fusilado. Por desgracia el Diario del Che es sólo la recopilación de apuntes para su uso personal donde consignaba fundamentalmente los errores que debían corregirse. Por eso no colocó algunos hechos que demuestran la firmeza ideológica y el coraje de los compañeros.
Después de estos incidentes en que Marcos fue sustituido de la vanguardia, mantuvo una conducta de absoluta disciplina, y se empeñó por ser el mejor de todos. Incluso se destacaba por cargar, en condiciones cada vez más difíciles, la mochila más pesada, y además de su fusil Garand, una ametralladora 30. Marcos y Pacho murieron combatiendo heroicamente, convirtiéndose en hombres ejemplares y queridos. El otro hecho penoso fue la muerte de Benjamín, un joven boliviano de físico muy débil; sin embargo tenía un carácter fuerte, una posición ideológica muy desarrollada, y una decisión inquebrantable de defender con su vida nuestros ideales. Che quería mucho a Benjamín, y en los meses que permaneció con nosotros, siempre lo estimuló a seguir adelante. En el Río Grande Benjamín caminaba muy agotado y tenía dificultades con su mochila. Cuando marchábamos por una faralla hizo un movimiento brusco y cayó al río que iba muy crecido, y con fuerte corriente. No tuvo fuerzas para dar unas cuantas brazadas. Corrimos a salvarlo e incluso Rolando se tiró al agua y buceó tratando de rescatarlo. No lo pudimos ubicar. Estos problemas hicieron impacto en nosotros. Fue allí cuando afloró nuevamente el genio del Che quien nos dio lecciones de solidaridad, disciplina y moral.
Las principales armas de un ejército revolucionario
En los momentos más angustiosos nos decía:
-Las principales armas de un ejército revolucionario son su moral y disciplina. La moral tiene dos sentidos: uno ético y otro heroico. En nuestros guerrilleros deben reunirse las dos condiciones. Ustedes, por ejemplo, no pueden saquear una población si ésta cae en poder de nosotros, ni maltratar a sus habitantes, ni faltarles el respeto a las mujeres. Esto en lo ético. En el sentido heroico es la decisión que debe tener cada uno de ustedes para vencer, para combatir hasta la muerte en defensa de la revolución. Ésa es la fuerza que nos llevará a realizar las más extraordinarias hazañas. A estas dos condiciones hay que agregar la disciplina, que no es la tradicional, la que ustedes han podido apreciar en los ejércitos represivos. Disciplina para nosotros no es cuadrarse ante un superior jerárquico. Ésta es una actitud extrema, formal, automática. Nuestra disciplina es consciente, motorizada por una ideología. Ustedes saben por qué luchan, por qué aspiran a tomar el poder. Los soldados de los ejércitos represivos son entes fríos, mecánicos, vacíos por dentro. Ésa es la diferencia entre ellos y nosotros. Y esa diferencia radica en que ellos no tienen conciencia de lucha. Nosotros sí la tenemos.
También estimulaba el desarrollo de la solidaridad entre nosotros. En una oportunidad nos dijo:
-Es nuestro deber rescatar a los guerrilleros muertos y darles sepultura. Pero si por esa acción se va a perder otra vida, nadie debe correr ese riesgo. Con nuestros heridos la sensibilidad debe ser mayor. Debemos jugamos por rescatarlos. El esfuerzo por salvarlos debe ser real. La solidaridad entre los combatientes es una muestra acabada de humanismo.
Estas conversaciones se realizaban cada vez que hacíamos un alto en la marcha o cuando nos reuníamos en tomo a una fogata a comer una alimentación pobre de proteínas.
Durante la exploración el Che se enfermó. Sin embargo nos estimulaba con su ejemplo. Nosotros sabíamos que iba mal, pero él continuaba sin ceder un instante, con una voluntad férrea. Incluso se enojaba cuando tratábamos de atenderlo o aliviarlo o si el cocinero trataba de darle preferencia en la comida, o si veía que se le cambiaban las postas por horarios más cómodos.
Hombre sensible, la muerte de Benjamín también lo golpeó. Por eso habló nuevamente de la necesidad de recibir estos hechos con estoicismo como un riesgo de la guerra.
-No deben desmoralizarse recalcó. Hay ocasiones en que parece que las energías hubieran llegado al límite de nuestras fuerzas. Es entonces cuando ustedes deben apelar con energía a su voluntad y dar un paso más. Después de eso otro y otro, sin detenerse nunca.
Una anécdota de la que fui testigo muestra otra de las ricas facetas de su personalidad. Por desgracia ella tampoco aparece reflejada en su Diario. El 5 de febrero la vanguardia encontró dos animales: una yegua y un potrillo. Como no había casas a muchos kilómetros de distancia, entendíamos que esos animales no tenían dueño. Seguramente algún arriero pasó por aquí con su tropilla y los animales se extraviaron, quedándose en el monte. El hambre que pasamos en el período subsiguiente fue tan grande que muchos hicimos comentarios de que regresando, los mataríamos para comerlos. Ese comentario se convirtió luego en una actitud mental, una especie de obsesión que nos intranquilizaba. Che había dicho que esos animales los llevaríamos a la finca para emplearlos en labores agrícolas, ya que veía los acontecimientos con perspectivas futuras. Faltando tres días para volver al campamento, hinchados por la carencia de proteínas, de grasas, hambrientos, cansados, el problema de los animales recrudeció. Hubo un instante en que el Che amenazó a dos compañeros con dejarlos sin comer si volvían a insistir en el tema, sobre todo porque ya estábamos cerca de nuestro destino. Él deseaba que nos forjáramos un carácter tal que nos permitiera vencer todos los obstáculos, especialmente éste que podría presentarse más adelante.
Algunos compañeros salieron a cazar pero sólo mataron unos pocos pajaritos. En estas circunstancias Che cambió de actitud y ordenó matar al potrillo para que toda nuestra gente repusiera sus energías. ¿Qué significa esto? Simplemente que el Che era un hombre de buen criterio, que sabía analizar con serenidad todas las circunstancias y resolver con justicia los problemas. No era un hombre obcecado que defendiera porque sí las decisiones. Sabía cambiarlas si a su vez las circunstancias se modificaban. La pérdida de otro hombre -Carlos-, volvió a entristecemos. Era un combatiente que pertenecía a la retaguardia. De él dice el Che en su Diario:
"Hasta este momento era considerado el mejor hombre de los bolivianos, en la retaguardia, por su serenidad, seriedad y entusiasmo."
Su muerte fue similar a la de Benjamín. Cruzando el Río Grande en la desembocadura del Ñancahuazú, la balsa fue arrastrada por la fuerte corriente. Un remolino lo sacó con violencia, junto a Braulio, y se perdieron en las aguas turbias del río. Braulio se salvó, Carlos fue arrastrado, al parecer inconsciente. Joaquín, que había salido más adelante con el resto de la gente de la retaguardia, no lo vio pasar.
El Che conoció esta nueva pérdida luego que Miguel y Tuma, que se habían adelantado para llevar comida a la gente de la retaguardia comandada por Joaquín, regresaron de su misión. Habíamos perdido otro hombre sin entrar en combate. Esta experiencia lamentable también fue aprovechada para sacar conclusiones y estimular a los compañeros a que siguieran adelante sin vacilaciones. En una de sus frecuentes charlas en este período subrayó:
Vencer a la naturaleza, sin desafiarla ciegamente
-A la naturaleza hay que vencerla. El hombre siempre triunfará sobre ella. Pero no hay que desafiarla ciegamente. La valentía debe estimularse siempre que no se convierta en imprudencia. En esta oportunidad el río venía muy crecido, con una corriente violenta. Tal vez se pudo esperar mejores condiciones. En todo caso en el futuro debe tenerse en cuenta esta situación.
El 19 de marzo tuvimos el primer presagio de que algo importante ocurriría al ver una avioneta que sobrevolaba en insistente misión de reconocimiento por la zona. Casi al llegar al campamento Che se encontró con el Negro (el médico peruano que venía a quedarse con nosotros) y con Benigno, quien se había adelantado para llevarnos comida. Las noticias que nos dieron fueron nutridas. En el campamento principal estaban esperándonos Debray, el Chino, Tania, Bustos y Guevara, con los nuevos combatientes. El ejército había atacado nuestra finca después que dos hombres habían desertado entregando valiosa información, luego de ser apresados en Camiri. Es necesario referirse a los desertores con el objeto de trasmitir nuestra experiencia a otros revolucionarios latinoamericanos: A la guerrilla se ingresa en muchas ocasiones con escasa preparación ideológica, motivados por las hazañas épicas, episodios heroicos o simplemente por intuición político-militar. Se produce entonces un proceso de idealización falsa de la lucha y de la vida guerrillera, fenómeno que se acentúa más entre los estudiantes, universitarios especialmente. Se tiene la equivocada impresión de que el guerrillero está cómodamente instalado en su campamento, durmiendo en una hamaca, comiendo poco. Desde allí planifica una batalla, se enfrenta con el ejército, alza sus muertos y heridos y regresa al campamento a reponer energías. Por eso cuando llegan y se enfrentan con la realidad, sufren un fuerte impacto. Eso no es lo que ellos pensaban, una vida extremadamente dura, el constante "gondoleo" o tareas de constructor, la carga pesada de la mochila que a veces dobla las piernas, el hambre que a veces se clava en el estómago como un cuchillo afilado, las caminatas largas por terrenos difíciles, y la siempre latente posibilidad de encontrar soldados emboscados, influye en la mente de esa gente débil ideológicamente. Por eso es necesario tener un criterio muy selectivo en el reclutamiento de hombres para la guerrillas teniendo siempre en cuenta que ésta es la "vanguardia de la vanguardia".
Tal cosa ocurrió con algunos hombres. La realidad los asustó y desertaron. Un desertor siempre es un delator en potencia. Cuando llegaron a Camiri el ejército los detuvo presumiendo que venían de la finca donde ellos creían que se fabricaba cocaína. Lo demás es conocido como para abundar en detalles: hablaron, dijeron que había un grupo alzado pero no pudieron dar mayores antecedentes, porque nosotros estábamos en exploración y ellos no nos vieron. Sin embargo entregaron algunos indicios de que en Nacahuazú podía estar el Che, pues habían escuchado algunas infidencias. También sabían que habían hombres de otras nacionalidades.
Ramón conversó con el Chino, que venia a incorporarse con otros tres compañeros peruanos a nuestro grupo guerrillero el día 20 de marzo, el Che me relató más tarde aspectos sobresalientes de esta charla, y profundizó la idea sobre algunas cuestiones tácticas con relación a la continentalidad de la lucha, y la conducta que debía seguirse en ese momento. El Chino planteó entrenarse con nosotros en forma práctica, participando en algunos combates, para luego alzarse en el Perú. En su Diario Ramón explica escuetamente:
"Hablé preliminarmente con el Chino. Pide cinco mil dólares mensuales durante diez meses y de La Habana le dijeron que discutiera conmigo. .. Le dije que en un principio si, sujeto a que en seis meses se alzara. Piensa hacerlo con 15 hombres y él como jefe en la zona de Ayacucho. Convinimos además, en que le recibiría cinco hombres ahora y quince más con algún lapso y los enviaría con sus armas luego de entrenarlos en combate."
Che tampoco quería que la Internacionalización de la lucha trascendiera rápidamente los ámbitos bolivianos, y se conociera su presencia allí por razones puramente tácticas. En diversas conversaciones me dijo que si el imperialismo ignora en la primera etapa su presencia, y la composición de la guerrilla, sólo iba a entregar armas y "asesoramiento" al ejército. Sin embargo si conocía en forma inmediata las perspectivas de la lucha entraría con todas sus fuerzas en forma directa como lo ha hecho en Vietnam para aplastar el foco en su embrión.
-Esto ocurrirá tarde o temprano -decía el Che-, pero mientras más se retrase tanto mejor. Ello nos permitirá foguearnos, adquirir experiencia, endurecer nuestras fuerzas y convertirlas en un núcleo mucho más eficiente.
"Sabemos que finalmente enfrentaremos en forma directa al ejército imperialista, pero de todas maneras es necesario por ahora, tomar ciertas medidas de tipo táctico. Independientemente de esa cuestión, si es necesario enfrentar ahora al ejército imperialista, lo haremos sin vacilaciones. Hasta la víspera de nuestro primer combate guerrillero -la emboscada de Ñancahuazu- nuestra columna no tenía nombre. Existía como un ejército diminuto, pero decidido a dar batalla, en cualquier instante. Es cierto que todavía se observaban algunas debilidades, pero éstas eran producto de su incipiente formación. Sin embargo ya habíamos tenido una prueba de fuego durante la marcha de 47 días que endureció a nuestros hombres y afloró en toda su inmensa realidad las características de la lucha, que tendría dimensiones épicas.
Los lineamientos programáticos de nuestro núcleo se habían estudiado suficientemente durante nuestra marcha de exploración, de manera que todos conocíamos por qué pelearíamos, y cuales eran nuestras perspectivas futuras. Sin embargo el Che, en una actitud pedagógica característica en él, decidió dictarnos un manifiesto que se distinguía por carecer de todo tipo de signos gramaticales. Cada vez que se refería a nuestra guerrilla dejaba un espacio en blanco, con el objeto de que nosotros la "bautizáramos". Su explicación fue la siguiente:
-Este manifiesto que les he dictado tiene dos objetivos: el primero tiene carácter de cultura general (ustedes deben poner la puntuación y corregir la redacción); el segundo tiene carácter político. Es necesario que lo lean bien, agreguen antecedentes, eliminen lo que crean conveniente, definan qué somos y para qué estamos aquí. Por último coloquen el nombre que tendrá nuestro ejército.
Durante la exploración continuamos con cierta irregularidad nuestros estudios habituales, pero no fue posible examinar debidamente el documento. De regreso encontramos que los acontecimientos se precipitaban aceleradamente: Llegaron los visitantes, entró el ejército a la finca, y luego se produjo la primera emboscada netamente exitosa para nosotros. Fue entonces cuando hubo necesidad de divulgar nuestro primer manifiesto, redactado completamente por el Che, y que por su valor histórico lo reproducimos íntegramente:
D XVII Comunicado Nº 1 AL PUEBLO BOLIVIANO
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad revolucionaria.
El grupo de gorilas usurpadores, tras asesinar obreros y preparar el terreno para la entrega total de nuestras riquezas al imperialismo norteamericano, se burló del pueblo con una farsa comicial. Cuando llega la hora de la verdad y el pueblo se alza en armas respondiendo a la usurpación armada con la lucha armada, pretende seguir su torneo de mentiras.
En la madrugada del 23/III fuerzas de la IV División, con acantonamiento en Camiri, en número aproximado de 35 hombres al mando del mayor Hernán Plata Ríos se internaron en territorio guerrillero por el cauce del río Ñancahuazu. Si grupo íntegro cayó en una emboscada tendida por nuestras fuerzas. Como resultado de la acción quedaron en nuestro poder 25 armas de todo tipo, incluyendo 3 morteros de 60 mm con su dotación de obuses, abundante parque y equipos. Las bajas enemigas fueron siete muertos, entre ellos un teniente, y catorce prisioneros, cinco de los cuales resultaron heridos en el choque, siendo atendidos por nuestros servicios sanitarios, con la mayor eficiencia que permiten nuestros medios. Todos los prisioneros fueron puestos en libertad previa explicación de los ideales de nuestro movimiento.
La lista de bajas enemigas es la siguiente:
Muertos: Pedro Romero, Rubén Amézaga, Juan Alvarado, Cecilio Márquez, Amador Almasán, Santiago Gallardo, y el delator y guía del ejército apellidado Vargas.
Prisioneros: Mayor Hernán Plata Ríos, Cap. Eugenio Silva, soldados Edgar Torrico Panoso, Lido Machicado Toledo, Gabriel Durán Escobar, Armando Martínez Sánchez, Felipe Bravo Siles, Juan Ramón Martínez, Leoncio Espinoza Posada, Miguel Rivero, Eleuterio Sánchez, Adalberto Martínez, Eduardo Rivera y Guido Terceros. Los cinco últimamente nombrados resultaron heridos.
Al hacer pública la primera acción de guerra establecemos lo que será norma de nuestro ejército: La verdad revolucionaria. Nuestros hechos demostraron la justeza de nuestras palabras. Lamentamos la sangre inocente derramada por los soldados caídos, pero con morteros y ametralladoras no se hacen pacíficos viaductos, como afirman los fantoches de uniformes galonados, pretendiendo crearnos la leyenda de vulgares asesinos. Tampoco hubo ni habrá un solo campesino que pueda quejarse de nuestro trato y de la forma de obtener abastecimientos salvo los que, traicionando a su clase, se presten a servir de guías o delatores.
Están abiertas las hostilidades. En comunicados futuros fijaremos nítidamente nuestra posición revolucionaria; hoy hacemos un llamado a obreros, campesinos, intelectuales, a todos los que sientan que ha llegado la hora de responder a la violencia con la violencia y de rescatar un país vendido en tajadas a los monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo. EJERCITO DE LIBERACION DE BOLIVIA
De acuerdo con los planteamientos tácticos formulados desde un principio por el Che el documento estaba dirigido "al pueblo boliviano", denunciaba que el país estaba "vendido en tajadas a los monopolios yanquis" y entregaba una relación estrictamente verdadera de lo ocurrido. Estaba fechado el 23 de marzo de 1967 y lo firmaba el "Ejército de Liberación Nacional de Bolivia". Más tarde otros comunicados se abreviaron firmando simplemente "E.L.N.".
Los acontecimientos guerrilleros que conmovieron a la opinión pública durante los ocho meses siguientes popularizaron el nombre de "E.L.N.", su denominación actual.
En los documentos falta nuestra consigna de ¡VICTORIA O MUERTE! creada también por el Che. Ella no es una simple frase. Tiene una motivación muy importante que fue desarrollada de esta manera por Ramón:
El pueblo tiene una sola alternativa: la victoria. Nuestros enemigos también tienen una sola alternativa: la muerte. Podemos ser vencidos, o nuestra lucha puede sufrir tropiezos, pero independientemente de esas dificultades transitorias, el pueblo vencerá. Ésta es una verdad indiscutible. La alternativa de victoria o muerte -ambas- son para nosotros, los guerrilleros. Podemos llegar a ver el triunfo final, o podemos caer en el camino, Pero si morimos la lucha seguirá adelante sin detenerse.
VII) Los primeros combates
El programa preliminar del Che, descansar varios días, para reponer energías mientras se entrenaban loa nuevos compañeros, fue bruscamente alterado. El 17 de marzo alrededor de 60 soldados se habían metido por el camino de Algarañaz y se llevaron preso a Salustio. Uno de los reclutas que debutaba como mensajero. En el ataque a la Casa de Calamina, el Lorito había matado a uno de los guardias. Al conocer la noticia, Marcos ordenó la retirada porque estimaba que no se debía defender posiciones. En el Diario del Che aparece descrito el problema en la siguiente forma:
-Rolando había sido enviado para organizar la retirada de todo, un clima de derrota imperaba. Poco después llegó un médico boliviano recién incorporado con un mensaje para Rolando en el que se le comunicaba que Marcos y Antonio estaban en la aguada, que fuera a entrevistarse. Le mandé a decir con el mismo mensajero que la guerra se ganaba a tiros, que se retiraran inmediatamente al campamento y allí me esperaran. Todo da la impresión de un caos terrible, no saben qué hacer.
Más tarde el Che me explicó su decisión. El criterio de que la guerra no defiende posiciones es correcto, pero hay que tomar en cuenta una serie de factores que se habían acumulado hasta ese momento.
En primer lugar, nosotros no "defendíamos una posición" puesto que el campamento no tenía ese carácter. Además en el trabajo preparatorio de las acciones militares habían quedado demasiadas huellas por la falta de cuadros para realizar una serie de labores preliminares. Eso nos obligó a "quemar" compañeros. La misma Casa de Calamina se había convertido en un foco de sospecha y Algarañaz incluso nos había enviado un cazador para que nos vigilara constantemente. Retirarse en ese momento, sin dar batalla cuando la guerrilla había sido detectada por los datos que habían entregado los desertores, significa simplemente que se iniciara una persecución contra nosotros por un ejército con energías, fresco, con moral elevada. Por el contrario, combatir significaba foguearse para afrontar con decisión las futuras batallas. Hay que tener en cuenta que de todas maneras, tendríamos que combatir en los días subsiguientes, por los factores ya mencionados. Otra alternativa, aunque parezca extremista, habría sido desaparecer como guerrilla hasta crear las condiciones en la ciudad, tomar contactos nuevamente, reclutar nuevos elementos para recomenzar. Esto era absurdo. Por otra parte, por las penurias que nos ocasionó la marcha de exploración, veníamos con la moral no muy alta, no con buena disposición combativa. El momento táctico se presentaba ahora con todas sus perspectivas favorables para nosotros. Por eso el Che consideró un grave error retirarse en esos momentos y ordenó a Rolando tender una emboscada río abajo. Enseguida ordenó la defensa en la entrada del campamento y envió a un grupo de compañeros a explorar río abajo.
El día 22 de marzo fue de tensos preparativos. A las 7 de la mañana del 23, mientras Rolando revisaba las posiciones de los guerrilleros emboscados, se sintió un chapoteo por el río. Rápidamente se situó en su lugar y esperó que la tropa fuera avanzando lentamente. Se mantuvieron en silencio hasta que penetró un grupo grande. Rolando, como responsable de esta primera acción nuestra, abrió fuego sorpresivamente. Muchos soldados se desplegaron en posición combativa. Los pocos que hicieron frente fueron abatidos en forma rápida. El resto huyó. El fuego duró aproximadamente unos seis minutos, según informó Rolando al Che, hasta que las fuerzas enemigas se rindieron.
En estos combates participaron Rolando, Benigno, Coco, Guevara, Pablito, Ernesto, Apolinar y Walter, los que mataron a 7 soldados, hirieron a 6 y tomaron 11 prisioneros. Otros 8 soldados escaparon. Como se puede apreciar las fuerzas enemigas eran cuatro veces más grandes que la nuestra. Nosotros no tuvimos bajas. Además quedaron en nuestro poder 3 morteros de 6O mm, y ocho cajas de granadas, una ametralladora calibre 30 con 500 tiros, 2 ametralladoras BZ, 2 metralletas UZI, 16 Mauser con dos mil cartuchos, 2 aparatos de radio y otros elementos.
Coco llegó a las 8 de la mañana a nuestras posiciones para dar cuenta del resultado de la batalla. Inmediatamente Che ordenó que Marcos saliera por el camino de maniobras número 1 con el objeto de cortarle la retirada por detrás al ejército si éste avanzaba por el cañón del río tratando de llegar al campamento y a Braulio lo envió con la retaguardia por el camino número 2 para impedir que saliese del cañón que era una verdadera trampa mortal. El centro atacaría desde las posiciones que ya estaban ocupadas. Che me ordenó interrogar a los prisioneros y presentarme como jefe. Esta misión la cumplí durante todo el transcurso de la guerra.
El trato que ordenaba dar a los prisioneros
El mayor Plata, jefe de las fuerzas prisioneras, lloriqueó largamente mientras los soldados nos pedían que lo fusiláramos por los malos tratos y los abusos que cometía. Por encargo del Che le dije que todos los prisioneros quedarían en libertad, que le dábamos plazo hasta el 27 a las 12 del día para retirar a sus muertos. Muy asustado manifestó que se retiraría del ejército. Nos dio una serie de datos importantes sobre las operaciones que se estaban realizando. Por ejemplo, nos dijo que ese ataque estaba programado junto con un bombardeo que se iniciaría a mediodía. Ellos debían dejar señaladas sus posiciones, con el objeto de que no sufrieran bajas. La emboscada los hizo perder contacto radial e impidió que la aviación actuara. En realidad, el bombardeo se realizó al día siguiente. El capitán Silva, otro de los prisioneros, también habló mucho informando que había reingresado al ejército por petición del PCB, que tenía un hermano estudiando en Cuba y luego dio los nombres de otros dos oficiales que podían ser colaboradores. Les quitamos toda la ropa a los prisioneros, excepto a los dos oficiales que conservaron sus uniformes, y les dimos nuestras vestimentas civiles que estaban guardadas en las cuevas. También curamos a los heridos y les explicamos a los soldados los objetivos de nuestra lucha. Ellos nos contestaron que no sabían por qué los habían mandado a combatirnos, que estaban de acuerdo con lo que nosotros decíamos y nos reiteraban la petición de fusilar al mayor Plata, oficial que tenía una actitud déspota en la unidad pero que ahora, delante de la tropa, se comportaba como un cobarde. Le explicamos que nosotros no matábamos a enemigos desarmados y tratábamos a los prisioneros como seres humanos, con dignidad y respeto.
Los días siguientes a la emboscada fueron de euforia y presión y alegría porque se iniciaba una etapa histórica con una fuerza combativa, pequeña pero con la moral muy alta. Además el resonante y sorpresivo triunfo revelando la presencia de un foco guerrillero acaparaba el primer lugar de las noticias que escuchábamos por radio. La presión era producto de la presencia de los dos visitantes: Régis Debray y Ciro Bustos (el Pelao). Tania había sido detectada y forzosamente tenía que quedarse con nosotros hasta esperar una oportunidad adecuada para que saliera con la más absoluta seguridad. El Chino, que también había quedado como visitante, decidió quedarse como combatiente. Pero Debray y Bustos debían salir en el menor tiempo posible. En una reunión, realizada el 27 de marzo, Che planteó que las tareas inmediatas eran:
a) Sacar a los visitantes por un camino seguro, cercano a la ciudad.
b) Esconder todo el armamento y materiales que habían caído en nuestro poder después de la primera emboscada más algunas cosas nuestras para lo cual era necesario abrir otra cueva estratégica, labor que estaría a cargo de Moisés Guevara.
c) Enviar 10 hombres a buscar maíz a la finca, tarea que debían realizar con mucho cuidado para evitar que el ejército los sorprendiera.
Al día siguiente cuando nuestros hombres fueron a la finca a buscar el maíz se encontraron con que la cueva táctica había sido revisada por el ejército. Sorpresivamente llegaron también siete funcionarios de la Cruz Roja, varios soldados sin armas y dos médicos. Más tarde apareció un camión lleno de soldados, pero nuestros compañeros les ordenaron retirarse, cuestión que el ejército cumplió obedientemente.
Estos acontecimientos se producían 24 horas después del plazo que les habíamos dado para que recogieran sus muertos, lo que demuestra la desmoralización que había en sus filas y el respeto a nuestros hombres.
Mientras tanto Debray planteó que para él era un deber moral integrarse en nuestro núcleo guerrillero.
El famoso autor de "Revolución en la Revolución", conocido entre nosotros por Dantón, quería demostrar que no era un simple teórico, sino también un hombre de acción. Che nos explicó que en esas circunstancias el filósofo francés era más necesario afuera que dentro. Dantón podría servir para dirigir un gran movimiento de solidaridad con nuestro foco, obtener declaraciones de intelectuales, reunir dinero, hacerse cargo de la propaganda, etc. Por lo escueto y personal, el Diario del Che no refleja la opinión cabal que tenía sobre Debray, hombre al que estimaba mucho y le concedía gran valor intelectual, Che le dijo que en ese momento debería salir y que más tarde tendría suficiente tiempo para realizar su experiencia guerrillera.
Con el objeto de sacar a los visitantes y cambiar nuestra zona de operaciones, conforme a los planes trazados previamente por Ramón, nos dirigimos a Gutiérrez porque el camino a Muyupampa, según nuestras primeras informaciones, estaba cortado por el ejército; sin embargo en Pirirenda nos enteramos de que en Gutiérrez también había tropas, por lo que decidimos regresar a Ñancahuazú, luego de la fuga de uno de los pobladores que, supusimos, informaría de nuestra presencia al ejército.
En Iripítí nos juntamos con la retaguardia que estaba al mando de Rolando y con el personal enfermo en el que estaba Joaquín. Ahí acampamos y se iniciaron las exploraciones para dirigirnos nuevamente a Gutiérrez, lugar que parecía más indicado para evacuar a los visitantes, Iripití fue el escenario de nuestro segundo combate y la tumba de nuestro primer compañero, el Rubio, José Suárez Gayol, un hombre de magníficas condiciones humanas, excelente compañero, con una moral sencilla y valiente, Vice-Ministro del azúcar, dejó todo, familia, honores para incorporarse a nuestra lucha.
A las 10 de la mañana del 10 de abril, nuestra retaguardia que estaba emboscada avistó una patrulla del ejército de varios hombres. La dejó avanzar hasta una distancia prudente. Veinte minutos más tarde comenzaba el combate con un saldo de tres muertos, un herido y siete soldados capturados. En nuestro poder cayeron también 6 fusiles Garand con una carabina M-1 y 4 fusiles mausers. Por nuestra parte perdimos al Rubio.
Cuatro soldados escaparon. Por esta razón, Che ordenó adelantar la emboscada, esperando que el ejército enviara refuerzos de tropas a investigar lo ocurrido.
Nuevamente me tocó interrogar a los prisioneros. Nos dijeron que formaban parte de una compañía, que estaba río arriba, en Ñancahuazú, que había atravesado el cañón, recogido sus muertos y tomado el campamento.
Tal como se pensaba, una compañía de aproximadamente 120 hombres al mando del mayor Sánchez, entró en nuestra emboscada. A las 17:10 empezó de nuevo el combate con una victoria para nosotros, y un saldo negativo para el enemigo de 7 muertos, 6 heridos y 13 prisioneros, incluyendo al jefe de la columna. Además ocupamos una Browning, un mortero, 15 garands, 4 M-3, 2 M-1 y 5 mausers. Inexplicablemente, esta columna entró confiada a nuestra emboscada, sin tomar ninguna medida de seguridad. Cuando se les abrió fuego trataron de buscar protección. Como no encontraron dónde cubrirse se dispersaron y el resto de la tropa huyó internándose en el monte. Comenzamos entonces una persecución con tiros esporádicos contra los soldados. En ella Coco apresó al mayor Sánchez, al que Rolando. que estaba cerca, lo conminó a que diera la orden de rendición a su tropa. Sánchez ordenó a su gente que se retirara
El mayor Sánchez pensó que lo íbamos a fusilar y cuando lo interrogué me pidió por favor se le permitiera enviar un recado a su esposa con uno de los soldados. Como lo había hecho anteriormente con el cobarde mayor Plata, le dije al mayor Sánchez que era norma nuestra respetar al enemigo vencido, garantizarle su vida, curar a sus heridos y permitirle llevarse a sus muertos junto con sus efectos personales. Le pregunté enseguida por qué había entrado tan confiado en el cerco y contestó:
-Veníamos a buscar a nuestros muertos y a investigar lo ocurrido. Como nos han enseñado que el guerrillero da un golpe y se retira no nos imaginamos que ustedes estaban aquí de nuevo esperándonos.
La respuesta del mayor Sánchez es una lección para las fuerzas guerrilleras. No debemos regirnos por esquemas, debemos crear siempre, desconcertar al enemigo. En la mañana siguiente pusimos en libertad a los prisioneros y les permitimos llevarse a los muertos y heridos de ambas batallas. También les concedimos una tregua de 24 horas.
El interrogatorio hecho a los prisioneros nos había llevado a la conclusión de que las tropas que cerraban el Ñancahuazú arriba eran las que se habían desplazado hasta la Casa de Calamina. Por lo tanto, el camino a Muyupampa estaba expedito. Como ya estábamos detectados en la zona de Iripití, Ramón cambió de itinerario y en lugar de partir hacia Gutiérrez iniciamos la marcha hacia Muyupampa, siempre con el objetivo de sacar con seguridad a Debray y a Bustos.
Emotivo acto por la primera sangre caída, cubana...
La muerte de Rubio conmovió a todos. Yo había visto que ocupaba una mala posición, pues era visible desde el río. Por eso le sugerí que la corrigiera. Cuando lo fueron a ver luego del tiroteo de la emboscada de la mañana, tenía una bala en la cabeza y murió a los pocos instantes. Fue su primer y único combate. Che hizo un emotivo acto de recordación resaltando que la primera sangre caída era cubana, por lo que era necesario más que nunca integrarse con afecto y eliminar cualquier tendencia chauvinista.
El 17 de abril nos quedamos esperando que avanzara el ejército, después que un campesino se escapó. No sucedieron acontecimientos guerreros. Ese mismo día "El Pelao" habló con Pombo y le planteó que estaba muy inquieto por sus hijos, que no les había dejado recursos económicos para subsistir y tenía que cumplir otra serie de misiones en Buenos Aires. Le solicitó también que la salida no se realizara por un lugar donde la guerrilla hubiese operado para no llamar la atención del ejército. Pombo le contestó que no había por qué agitarse y esperara tranquilo el momento oportuno. Ya se notaba en él los primeros síntomas de desesperación.
En lo sucesivo es necesario mencionar una serie de fechas, pues se producen hechos que tienen una secuela de consecuencias posteriores. Ese mismo día Che dio orden a Joaquín que se quedara con cuatro hombres considerados "resacas" y agregó al grupo de Moisés Guevara, Alejandro y Tania, pero estos últimos en calidad de enfermos. Moisés había sido afectado por un fuerte cólico hepático y Tania junto con Alejandro tenían el cuerpo hinchado y fiebre que oscilaba entre los 38 y 39 grados. Joaquín debía esperar por la zona, maniobrar pero sin chocar frontalmente contra el ejército. Como se puede apreciar se preveían dos cuestiones: nuestro pronto regreso (3 a 5 días) después de evacuar a los visitantes y la posibilidad de reintegro a la escuadra del centro que mandaba el Che, de cuatro compañeros: los tres enfermos más el médico -Negro- que se había quedado con ellos. Éste fue, sin embargo, el último contacto que tuvimos con la retaguardia por una serie de factores que narraremos más adelante. Debemos destacar que siempre, en toda oportunidad, tratamos de ubicar a estos compañeros: incluso pensamos que Joaquín iría al Rosita, región que habíamos explorado en febrero-marzo y que era uno de los lugares de maniobra que el Che había dado a conocer al jefe de la retaguardia. Nosotros sabíamos que Joaquín no tenía fuerza combativa con cuatro hombres/resacas, tres enfermos de consideración y sólo 10 compañeros que tenían que llevar todo el peso de las operaciones, de manera que nuestro afán por contactar con él fue permanente.
El 18 fue de caminata y exploración. Además detuvimos a algunos campesinos para que nos vendieran alimento y nos entregaran información. Al día siguiente se produjo otro acontecimiento novedoso: llegó hasta nosotros el periodista anglo-chileno George Andrew Roth, guiado por unos muchachitos del lugar por donde se había quedado operando Joaquín. El periodista nos pareció sospechoso. Su pasaporte tenia tachada la profesión de estudiante y cambiado por la de periodista, aunque él decía ser fotógrafo profesional que trabajaba como "free-lancer" para algunas publicaciones extranjeras. También tenia documentos como instructor dé los Cuerpos de Paz, visa de Puerto Rico. Además en su libreta de apuntes traía un cuestionario de preguntas que, según él, tenían por objeto confirmar los rumores difundidos por el ejército de que el Che estaba con nosotros con el nombre de Ramón, además de la presencia de Tania y Debray. Estos informes los habían entregado los delatores.
Nuevamente me correspondió interrogar al prisionero. Contó que había estado con el ejército en nuestro campamento, y que incluso se había encontrado un diario de Braulio, donde se decía que Ramón era el Che. Roth y los muchachitos guías relataron luego que el ejército estaba en Lagunillas y conocía nuestra presencia.
Le entregué a Roth una entrevista conmigo -el "Jefe" de la guerrilla- que había sido redactada por Che y contenía un apretado relato de las acciones que habían ocurrido los días anteriores y los objetivos de nuestra lucha.
Che se quedó con Pombo, Tuma y Urbano, cerca de Muyupampa. Al llegar cerca del pueblo dejamos al Pelao, Debray y Roth. Régis me pidió encarecidamente que le dijera al Che que él salía en ese momento sólo por no dejar abandonado a Bustos, el que se encontraba muy desesperado y con bastante miedo. A esas alturas el Pelao ya mostraba lo que sucedería en el futuro. Por eso no nos sorprendió mucho que se convirtiera en eficiente colaborador del ejército, identificara a los cadáveres de nuestros compañeros muertos e hiciera dibujos de nuestros rostros, además de entregar una serie de datos característicos.
El objetivo nuestro y la petición de los visitantes estaban cumplidos. Esa noche no quisimos tomar Muyupampa porque nos informaron que el ejército nos estaba esperando en el pueblo.
El día 20 fue de agitación, "parlamentarismo" y bombardeo. En nuestro viaje de regreso para juntamos con Joaquín tratamos de conseguir alimentos, que ahora se convertía en un serio objetivo.
Llegamos a la casa de Nemesio Caraballo, un hombre que la noche anterior nos había ofrecido café y había tenido una actitud amable con nosotros. Ahora no estaba. Se había ido dejando solo a unos trabajadores que estaban muy temerosos. Les compramos algunos víveres y organizamos el almuerzo. Pasado el mediodía apareció una camioneta con una bandera blanca en la que venía un sacerdote, un médico y el subprefecto de Muyupampa. El cura era alemán. Nos traían en señal de buena voluntad, algunas golosinas y cigarros. La delegación nos ofreció "paz de tipo nacional" y nos rogó que no atacáramos Muyupampa porque el ejército estaba atrincherado. "No queremos derramamiento de sangre", reiteró.
Derecho de unirse de pobres y revolucionarios
Les contesté que no queríamos una "paz nacional" a menos que nos entregaran el poder, que era el objetivo de nuestra lucha como vanguardia del pueblo. Les pregunté cómo vivían los campesinos de los alrededores, la forma como los explotaban y al médico le exigí datos sobre la mortalidad infantil. Como en toda Bolivia, el cuadro era allí deprimente. Les dije: ¿Encuentran justa esa situación? Nosotros estamos peleando para que los pobres no sean más pobres y los ricos más ricos. Nosotros estamos combatiendo por el progreso del pueblo, para que no haya tanta hambre, tanta miseria. Especialmente el cura, contestó en forma de crítica que con nosotros estaban participando extranjeros. Le repliqué que los pobres, que los revolucionarios de todos los países, teníamos derecho a unirnos para luchar contra un enemigo común que estaba unido antes que nosotros y que era cruel y fuerte que esta situación daba carácter internacional a la lucha y que por eso nuestro ejército tenía abiertas las puertas a los patriotas de cualquier parte del mundo que quisieran participar con nosotros en la gran empresa de libertar a Bolivia. (Por instrucciones expresas del Che, yo no debía desmentir categóricamente la presencia de compañeros de otras nacionalidades, aunque tampoco había de confirmarla, pues él sabia que este diálogo sería publicado y difundido Internacionalmente.)
Finalmente les ofrecí una paz para Muyupampa con la condición de que nos trajeran antes de las seis de la tarde una camioneta con víveres y medicinas que necesitamos.. Por los mismos personajes nos informamos que Dantón, Roth y Bustos habían sido detenidos.
La delegación se retiró, pero en lugar de medicinas y alimentos llegaron los aviones a bombardearnos. Tres AT-6 dejaron caer sus cargas mortíferas cerca de la casita donde estábamos ubicados y una esquirla hirió levemente en un pie a Ricardo.
Esa noche salimos rumbo a Ticucha. Desde ese momento tratamos de ubicar a Joaquín y al mismo tiempo proveernos del máximo de alimentos. El 22 tuvimos un breve choque con el ejército. En la mañana habíamos sorprendido al chofer de una camioneta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) que estaban examinando nuestras huellas acompañado por un campesino que habla delatado nuestra presencia. Los apresamos. Enseguida nos emboscamos para detener otros vehículos y golpear al ejército si se acercaba hasta nuestras posiciones. Sólo logramos conseguir alguna mercancía y plátano de un camión que cayó más tarde. A las 8 de la noche, cuando estábamos listos para partir, se sintió un breve tiroteo. Era Ricardo que sorprendió a un grupo de soldados y a un guía que llegaban a un firme para enseguida caer sobre nosotros. No supimos si habíamos ocasionado bajas al enemigo. En esa oportunidad se nos perdió el Loro Vázquez.
Nuestros hombres estaban emboscados y Rolando había dado orden de abandonar las posiciones a las 18.30 horas. Después de ese plazo, le esperaron un largo rato pero no apareció. Días más tarde la radio anunció que había sido capturado herido. Luego difundió su "fuga" del hospital de Camiri. Algunos periodistas han divulgado la idea de que el Che lo envió en una misión solitaria. Esto es absolutamente falso.
Nunca supimos qué había pasado con él. El mismo Ramón explica en su Diario que el saldo es "negativo" entre otros factores, por la "pérdida" (aunque espero que transitoria) de un hombre...". Antecedentes que hemos recogido con el tiempo nos permiten conocer, sin embargo, que Loro murió como un valiente. Herido, fue bestialmente torturado por los esbirros del presidente Barrientos. Como no le pudieron sacar ni una sola confesión que nos delatara, se lo llevaron en un helicóptero y lo tiraron vivo, en medio de la selva. Lorito fue un hombre valiente, audaz, leal. F