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Kintto Lucas

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Rebeliones indígenas y negras en América Latina

Kintto Lucas es escritor y periodista nacido en Salto, Uruguay. Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí 1990. Pluma de la Dignidad 2004 otorgado por la Unión Nacional de Periodistas de Ecuador. En Uruguay fue miembro del Consejo Editorial del Semanario Mate Amargo. Desde 1992 vive en Quito donde ha sido Editor Cultural y Editorialista del diario Hoy y editor de la Revista Chasqui, además de columnista de los diarios El Comercio de Quito y Expreso de Guayaquil. Actualmente es corresponsal de la Agencia de Noticias Inter Press Service (IPS) y Director del Quincenario Tintají de Quito. Algunos de sus libros son: La rebelión de los indios, traducido al inglés con el título We Will Not Dance on Our Grandparent's Tombs. Indigenous uprisings in Ecuador; Rebeliones indígenas y negras en América Latina; Mujeres del siglo XX, Apuntes sobre fútbol, Plan Colombia, La paz armada y El movimiento indígena y las acrobacias del coronel.


Mujeres del Siglo XX © Kintto Lucas Primera Edición, Ediciones Abya Yala: 1997 Segunda Edición, Ediciones Abya Yala: 1999 Tercera Edición, Ediciones Abya Yala: 2001 Cuarta Edición, Quincenario Tintají 2005

[Se reproduce en formato digital con autorización del autor]


A San Cono...
A Isadorita, porque vale la pena soñar distinto

Este no es un homenaje a la mujer. Es, simplemente, un reconocimiento a muchas que supieron romper la realidad y quebrar los preconceptos en mil pedazos, para construir otro mundo dentro de ellas y buscar otro mundo más allá de ellas. Mujeres que, a pesar de nosotros, no perdieron la imaginación ni el sueño, y sobre todo, no perdieron esa vida que llevabanllevan en sus miradas.
Obviamente que no están todas las que son, pero sí son todas las que están. En todo caso, las muchas que faltan serán retratadas en otra oportunidad. Pero sobre todo, espero que de alguna manera se vean reflejadas en las que están.

Son 41 rostros, 41 haceres y padeceres, 41 vidas metidas hasta el alma en la imaginación y la creación de un siglo que se nos va. Ellas y las que no aparecen, nos demuestran que toda la América puede y debe, tener ojos de mujer...

DELMIRA
Montevideo, 1914.
Fuegos: Las llamas surgen de su cuerpo, de su mirada, de sus manos, de su corazón. Queman: Sus palabras son como flechas que se meten en todos los sentidos de quien las lee. Cuerpos: La locura de dos vidas en la cama, atrapa, contagia la piel, como contagia la imagen de su decir-amarsentir.
Ella: Decidió escandalizar a los pacatos montevideanos del siglo recién comenzado. Como la magia de la humedad y la semilla, es el arte del amor y la palabra, decidió mojar todos los surcos y quemarse entre el aroma de sus versos: "Eros, yo quiero guiarte, padre ciego/ pido a tus manos todo poderosas/ su cuerpo excelso derramado en fuego/ sobre mi cuerpo desmayado en rosas/ la eléctrica corola que hoy desplego/ brinda el nectario de un jardín de esposas/ para sus buitres en mi carne entrego/ todo un enjambre de palomas rosas/ ...viérteme de sus venas, de su boca/ así tendida, soy un surco ardiente/ donde puede nutrirse la simiente/ de otra estirpe sublime, loca".
Delmira: "Su decir es una poesía del cuerpo, pero del cuerpo como campo agónico de lo erótico", dijo Idea Vilariño. Riesgos: Fue condenada por su poesía del cuerpo, por los morales, como Alfonsina, por ese escándalo de su decir-hacer-pensar. Metáforas: "El sueño, el ensueño, la situación indecisa entre el sueño y la vigilia, desrealiza, permite un distanciamiento que, sumado al lenguaje metafórico y al símbolo, hace posible una doble postulación, le da un espléndida libertad", vuelve a decir Idea Vilariño.
Adiós: Duro, como piedra en la mirada del alma, como el alma sin mirada, como la mirada sin cuerpos, como cuerpos sin fuego y sin agua, como agua sin semilla... Así nomás fue la despedida, apurada por el hielo de un marido que decidió frustrar la libertad, que no quiso oír: "...ningunos labios ardieron/ como su pico en mis manos/ ninguna testa ha caído/ tan lánguida en mi regazo/ ninguna carne tan viva/ he padecido o gozado/ viborean en sus venas/ filtros dos veces humanos/ del rubí de la lujuria/ su testa está coronada/ y va arrastrando el deseo en una cauda rosada/ agua le doy en mis manos/ y el parece beber fuego/ y yo parezco ofrecerle/ todo el vaso de mi cuerpo/ y vive tanto en mis sueños/ y ahonda tanto en mi carne/ que a veces pienso si el cisne/ con sus dos alas fugaces/ sus raros ojos humanos/ y el rojo pico quemante/ es solo un cisne en mi lado/ o es en mi vida un amante.../ al margen del lago claro/ yo le interrogo en silencio/ y el silencio es una rosa/ sobre su pico de fuego/ pero en su carne me habla/ y yo en mi carne le entiendo/ a veces toda soy alma y a veces toda soy cuerpo".
Delmira Agustini. Revolucionó el ambiente literario del Río de la Plata a comienzos del siglo. Actualmente está considerada como una de las pioneras de la poesía erótica latinoamericana. Como Alfonsina Storni, su contemporánea argentina, fue muy criticada por sus creaciones, "demasiado osadas" para la época. En 1914, el hombre que había sido su marido la citó en una pieza de alquiler y allí la mató de dos tiros, luego se mató. Al día siguiente, los diarios montevideanos publicaron la foto del cuerpo desnudo de Delmira, caído sobre la cama. Casi ninguno censuró al marido.
Si bien la leyes del gobierno de José Battle y Ordoñez habían hecho adelantar al Uruguay, dándole el voto a la mujer y permitiéndole divorciarse por su voluntad, las mentes de muchas gentes siguieron condenando todo eso y nunca aceptaron la libertad de Delmira, o de alguna otra mujer.

VIOLETA
San Carlos (Chile), 1917.
Los árboles se quedaron sin hojas, los pájaros de mucho canto se marcharon, el sol entristeció de mil silencios y las lunas fueron hielo en madrugadas... El cielo se hizo agua, y el agua caminó por las miradas...
Las noches fueron largas, fueron tristes y el invierno fue el dueño de los tiempos...
De pronto: los campos se pintaron de violetas, las parras uvas trilces cosecharon, y el vino se hizo música en guitarras... Violeta fue la flor del pentagrama...
Dicen los vecinos de San Carlos que ese año la primavera se equivocó y llegó en octubre... dicen que llegó con ansias de liberar pájaros y gentes, con vino dulce y amargo en las entrañas, con guitarras-palomas que volaban... que llegó con la magia de amores en la piel, con el fuego en el lecho y en la sed... dicen que llegó dando "gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo risa de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto. El Canto de todos que es mi propio canto".
Y ese rincón de Chile se hizo canción, canto surgido del barro como almita nacida de mil pueblos, alma chiquita y grande venida de la raíz misma de esta parte de abajo o sur, o vida... Violeta-primavera de la América, que es mujer-sueño-esperanza... sueños, sueños, sueños...
"Cuando naciste fuiste bautizada como Violeta Parra -dijo Nicanor-. El sacerdote levanto las uvas sobre tu vida y dijo: 'Parra eres y en vino triste te convertirás, en vino alegre, en pícara alegría, en barro popular, en canto llano'. Santa Violeta, tu te convertiste en guitarra con hojas que relucen, al brillo de la luna. En ciruela salvaje transformada. En pueblo verdadero, en paloma de campo...".
Primavera de madre sola y diez hermanos, de hogar humilde, de decires recogidos de la vida, de dolores-amores en la piel, de notas musicales y lienzos pintados, de rincones de amigos y poetas y locos que imaginan otro mundo y rebeldes que hacen falta como hacen falta sueños. Y vivió por la gente entre la gente... preocupada siempre de los otros dijo Nicanor: "Cuando no del sobrino, de la tía, cuando vas a preocuparte de ti misma.
Viola Piadosa. Tu dolor es un círculo infinito que no comienza no termina nunca pero tu te sobrepones a todo. Viola Admirable".
Y vivió para crear-cantar-mostrar la música de un continente que ardía. Y siendo primavera, no conoció la primavera popular, y tampoco el invierno de fusiles y muertes... Un día de febrero de 1967 decidió matar los padeceres, decidió volar y se marchó. "Qué manera de caer hacia arriba -dijo Nicanor-. Y de ser sempiterna esta mujer. De cielo en cielo corre o nada o canta. La Violeta terrestre: la que fue, sigue siendo. Pero esta mujer sola en su ascensión no sube solitaria: la acompaña la luz del toronjil, del oro ensortijado de la cebolla frita, la acompañan los pájaros mejores. La acompaña Chillán en movimiento".
Y Violeta se fue, dando "Gracias a la vida, que me ha dado tanto, me dio el corazón, que agita su marcha, cuando miro el fruto, del cerebro humano, cuando miro al bueno, tan lejos del malo, cuando miro el fondo, de tus ojos claros"... Se fue con la vida en el corazón, con el amor perdido en la memoria, con el fuego en la piel, con la música en el aire, con el aire... se fue como vino... alegre y triste, añorando la mañana...
Violeta Parra. Nace en San Carlos, provincia de Ñuble, 400 kilómetros al sur de Santiago. Su madre, abandonada por su esposo, la cría junto a diez hermanos. Su infancia transcurre en el campo. A los 9 años se inicia en la guitarra y el canto. A los doce escribe sus primeros versos y canciones. Empieza su vida artística cantando en circos y bares, hasta que en 1953 presenta un recital con gran éxito en la casa de Pablo Neruda. Radio Chilena se hace eco y decide transmitir sus canciones. Así pasa a ser conocida en todo el país y a realizar giras por distintas provincias. En 1955 participa en el Festival de la Juventud, en Polonia. Ese mismo año graba su primer disco para Chants du Monde, del Museo del Hombre.
Es una de la primeras cantantes chilenas que busca las raíces del folclore de su país. Además logra proyectarse como una de la figuras más representativas del movimiento latinoamericano que utiliza el canto y el arte en general, como un instrumento de la lucha social.
Su vida la pasa yendo y viniendo entre Santiago y Europa. En Chile funda el Museo de Artes Populares de Concepción, en el que trabaja en la música, la tapicería y la pintura. En Europa, expone su obra en 1964, en el museo de Louvre, en París, con gran repercusión. En 1965 funda en Santiago el Centro de Cultura y Folclore "La Violeta", lugar de creatividad para los integrantes de la nueva canción chilena y latinoamericana. Un centro de arte popular que juntó a cantantes y poetas como Víctor Jara, Paco Ibañez, Soledad Bravo, Mercedes Sosa, Pablo Neruda y Atahualpa Yupanqui, entre otros.
Cantando a las cosas cotidianas, al dolor, a la vida, al amor, Violeta Parra camina su vida. Innumerables canciones suyas recorren la geografía del mundo en distintos idiomas. "La carta", "Gracias a la vida", "Santiago penando estás", "Ausencia" y "Casamiento de negros", son solo algunas. Dicen aquellos que la conocieron, que vivió padeciendo "mal de amores", gozando-vibrando-sufriendo cada relación de pareja. Se suicidó, en la Carpa de la Reina, periferia de Santiago, un día de soledades y tristezas, el 5 de febrero de 1967.

ISADORA
Londres, 1921.
"Más vale el placer que dura un momento que la tristeza que dura una vida", dice evocando a Oscar Wilde. Y lo dice pensando en toda la magia de la danza, en toda la imagen de su cuerpo moviéndose por el escenario, en sus piernas entrelazándose en una cama... Lo dice como si la vida o sea el baile, o sea el arte, o sea el amor, fueran una parte más de su piel, y ciertamente que lo es, porque cada vez que baila es como si estuviera haciendo el amor y cada vez que ama es como si estuviera danzando...
Ahora, queriendo encontrar un país donde no la juzguen tanto como en algunos otros, donde la dejen vivir como no la dejan en otros, se marcha a la Unión Soviética, sin saber realmente a donde va pero con mucha esperanza. Y así lo dice: "En adelante seré una camarada entre los camaradas y desenvolveré un vasto plan de trabajo para la regeneración de la humanidad. Adiós pues la inigualdad, la injusticia y la brutalidad del Viejo Mundo". Un mundo que había hecho imposible su escuela de danza, su libre libertad de hacer y gozar cada minuto, su sonrisa creciendo en la mirada...
Y cuando llegó su barco a ese país ansiado, su corazón dio un salto de júbilo: "¡He aquí el bello Nuevo Mundo que acaba de ser creado! He aquí el mundo de los camaradas, el sueño nacido de la cabeza de Buda, el sueño que resonaba en las palabras de Cristo, el sueño que había sido la última esperanza de todos los grandes artistas".
Y en el mismo puerto piensa en el futuro, pero también recuerda su pasado... Su gran país Norteamérica. La noche en que cometió el pecado de bailar desnuda en un Café de Buenos Aires, envuelta en la bandera argentina. La mañana posterior, cuando el empresario rompió el contrato de su presentación en el Teatro Colón porque las "familias de bien" se habían quejado. El día que danzó la Marsellesa, allá por Francia, con un chal rojo como vestido, y nadie le hizo grandes problemas.
Isadora piensa que ahora si encontrará la libertad definitiva. Así lo grita a los cuatro vientos, así lo quiere, así lo piensa, así lo baila. Cree que comienza una nueva vida y no conoce el futuro. Tampoco sabe que en los años siguientes será un símbolo del arte y el placer en el mundo. Un símbolo de la vida.
Isadora Duncan. Fue una de las bailarinas que logró más repercusión en las primeras décadas del siglo. Nació en Estados Unidos y su arte se paseó por el mundo. Pero su éxito no la conformaba, quería fundar una escuela en la que pudiera compartir todo lo que sabía con los niños. Los prejuicios de la época no lo permitieron. Sin embargo, en la primavera de 1921 recibió un telegrama que decía: "El gobierno de los Soviets es el único que puede comprenderla.
Venga a nosotros. Haremos su escuela". Y ella respondió: "Sí, iré a Rusia y enseñaré a vuestros niños, sin ninguna condición, salvo la de que me proporcionéis un estudio y el dinero preciso para mi trabajo". Poco tiempo después tomó un barco en el Támesis y salió de Londres para Reval y Moscú. En esa ciudad conoció al poeta Sergio Essenin, con quien se casó. Luego de recorrer juntos Europa y Estados Unidos, regresaron a la Unión Soviética. Poco tiempo después se separaron y ella volvió a Francia, para residir en Niza. Sus memorias están contenidas en la autobiografía "Isadora Duncan. Mi Vida", que termina cuando parte hacia la capital soviética. Isadora tenía el proyecto de escribir "Mis dos años en la Rusia bolchevique", un libro que complementaría sus memorias. Sin embargo, la muerte no permitió que concretará su deseo. El 14 de septiembre de 1927, falleció en un accidente de automóvil. Al día siguiente la prensa decía: "NIZA, 14.-Ha sido víctima de un trágico accidente de automóvil Isadora Duncan. La famosa bailarina norteamericana paseaba en automóvil, y hallándose en el Paseo de los Ingleses, el cabo de un "echarpe" que llevaba al cuello se enganchó en una de las ruedas traseras del coche y el tirón la hizo caer hacia atrás estrangulada. Al ser recogida por los transeúntes que acudieron en su auxilio, se vio que tenía rota la columna vertebral. La muerte debió ser instantánea".

TERESA
París, 1923.
Ella acaba de escribir su segundo libro y quiere regalarlo a la gente. Quiere recordarles a las mujeres que están vivas, y hablarles del planeta de los hombres, que aunque no parezca también les pertenece.
Termina de escribir y piensa en sus años pasados, cuando confiaba mucho más en sus oídos que en sus ojos. Entonces, ella está ahí, en su niñez, auscultando los vientos y el sonido de la tormenta. Escuchando el sonido de los pájaros en el amanecer y vibrando con la vida del campo. Ella junto a su madre mirando un mundo indescifrable donde las cosas no tienen nombre y descubriendo de pronto que están solas. Ella caminando a España para cambiar el oído mágico de los ruidos campestres por ese otro más perfecto y más objetivo del ojo. Ella regresando a su país para ver el silencio y el olvido de las mujeres. Ella rompiendo el silencio y escribiendo contra el olvido, para que comience, dicen, su gran pasión: mezclar todas las letras para crear historias. Luego, presa del contenido de las palabras tuvo que hacerlas explotar para decir todo lo que no se decía sobre la mujer. Entonces comenzó a pelear contra las frivolidades de un destino que la dejó sola con su madre en un mundo de hombres. Para eso puso contra el papel una realidad que escandaliza a los señores de gris y sus esposas grisáceas.
Teresa es joven, tiene todo el sudor en el cuerpo y espera que la vida sea menos fría que el invierno europeo. Su cuerpo y su lápiz arden en Venezuela, mientras Venezuela arde con sus decires. Después se vuelve a París, y ahora se despacha con estas Memorias que muy pronto abrirán los ojos en Caracas...
Teresa de la Parra. Nació en Venezuela. Su infancia la pasó en una hacienda de los alrededores de Caracas.
Tras la muerte de su padre a los ocho años, ella y su madre van a vivir en España. A los 18 años regresa a Venezuela donde se sensibiliza con la opresión que viven la mujeres. Esa preocupación la traslada a su creación literaria. En su primer libro "Ifigenia", retrata el mundo de la mujer latinoamericana en el comienzo de este siglo.
Con él se gana la reprobación de los sectores conservadores de la sociedad venezolana.En 1923 viaja a París, donde escribe su segundo libro "Las Memorias de Mamá Blanca", con el que logra una importante repercusión. Su obra es considerada precursora de la moderna narrativa latinoamericana. Falleció el 23 de abril de 1936 en Madrid, luego de una prolongada enfermedad provocada por la tuberculosis.

MARÍA CANO
Medellín, 1929.
Llueve. El cielo ya no se despeja, llueve casi todo el día. Las gentes parecen no existir. Abandonan todos los pensamientos. Las tierras están vacías, la lluvia azota los rostros que se van marchando, mezclados entre el temor y la duda. Los que se obstinan en quedarse ocultan sus ojos dentro de los plátanos.
Llueve. Llueve sobre la sangre que anda en las miradas y los frutos. Sobre el poco reír y la mucha lágrima. Llueve desde ayer en la noche y desde antes. El agua no logra lavar el recuerdo que, todavía está húmedo, tiritando de frío y tristesías. Lo único que se mueve en el caminar del viento son la voces desgarradas por tanto fusil disparando. Gritan las voces, imploran, reclaman, están ahí. Las plantas de banano las ocultan entre sus hojas. Ojos.
Ella, desde un minúsculo cuarto lleno de rejas, solitario testigo de una mirada atormentada por las balas, piensa en las primeras huelgas que se dieron en los territorios de la United Fruit Company, que es como hablar de los dueños de muchas personas y presidentes en gran parte de la América que está abajo del río Bravo.
Mientras los números caían-caen en el norte, en Colombia caían-caen los trabajadores de las bananeras. En realidad, hace tiempo que venían-vienen cayendo o no viviendo como dicen algunos... Pero ella, "La Flor del Trabajo", como la nombran todos, se hizo parte del grito y habló de los derechos de las mujeres y de los que trabajan. Y para todas esas gentesfrutas salidas de esta tierra, ella fue-es como una lucesita, a pesar del encierro y la lluvia o el poco sol que quedó. Queda.
Había nacido en Medellín el siglo pasado, se hizo periodista solo para escribir sobre la necesidad de que los gobernantes dieran más importancia a las personas que a las plantas de banano, a la vida que a las empresas norteamericanas, a los obreros que a los dueños de la moneda. Y en las reuniones improvisadas cercanas a las plantaciones, con una voz firme pero suave, supo marcar a fuego la no justicia, supo hablar de desterrar la lluvia, supo contar de un sol que todos debían conquistar y, supo estar al frente en el hacer. Hizo.
Ahora, María, al cabo de tantos días tras los muros, imagina un futuro, otro.
No sabe de las peleas entre sus iguales, ni de sus últimos veinte años en silencio, sola, esperando que otros encuentren el sol. No sabe que un día de 1967, poco antes de que las gotas dejen de sonar en sus oídos, volverá a decirse: "algún día acabará el invierno". Llueve.
María Cano. Nació en Medellín (Colombia), en 1887. Fue conocida como "La Flor del Trabajo", por sus discursos en actos sobre la condición laboral, su compromiso con las causas de los trabajadores y sus artículos políticos en los periódicos "Cyrano" y "La Justicia". Se constituyó en la principal líder de la clase obrera colombiana en el primer tercio de este siglo, participando en las grandes movilizaciones de la época. Adquirió notoriedad al liderar las huelgas en la United Fruit Company. Después de la masacre de los trabajadores de la bananeras en 1929, fue perseguida y encarcelada. Los conflictos y las contradicciones internas del Partido Socialista Revolucionario, que ayudó a fundar, la llevaron a auto-marginarse en su casa de Medellín, donde murió en 1967, luego de veinte años de silencio.

MARÍA BONITA
Santa Brígida, Bahía, 1931.
-Vienen los cangaceiros, vienen los cangaceiros, grito uno con voz de miedo.
-Es Lampiao, no tengan miedo. Es el protector del sertao, gritó otro.
-Con alguien como él me iba hasta el fin del mundo, dijo María Déia a una amiga mientras miraba el polvo que levantaban los caballos a la entrada del pueblo. Luego siguió caminando hacia el tallercito de su marido, el zapatero Zé.
El decir de la joven corrió rápidamente, y llegó al escuchar del capitán Virgulino Ferreira, Lampiao, el rey del cangazo, quien decidió visitarla. Y así se allegó hasta la zapatería de Zé. Quería ver con su propio mirar la boniteza de esa mujer que tanto lo admiraba, esa mujer que no temía decir abiertamente su sentir, incluso en presencia del marido. Cuando estuvo frente a ella, la miró hasta el fondo de su vida...
-¿Tu eres la mujer que dijo que me acompañaría?
-Soy yo, sí.
-¿Y no cambió de opinión ahora al verme?
-¿Por qué iba a cambiar de opinión?
-Usted es bonita, como la peste mujer. ¿Viene conmigo?
-Sí.
-Entonces vamos.
-Chau, Zé.
Zé no dijo nada, quedó callado, terminando unos zapatos que tenía que entregar, avergonzado pero sin importarle mucho. Así se juntaron Lampiao y María Déia, que ahora es María Bonita. Esa noche, entre la catinga, los cangaceiros se reunieron para ver a la mujer que había hechizado al rey del cangazo. Y él la presentó.
-Atención todos, ésta aquí es María Bonita que, de ahora en adelante, es mi mujer. Y cuidado con que alguien se meta con ella, porque se las verá conmigo.
-Ni precisa decir capitán, dijo uno.
Y ahí nomás comenzó la música, y Zembelé el cantador del sertao templó la guitarra, y la letra se hizo vida en el campamento: "María Déia es un ángel/ una lindez, un amor,/ una princesa encantada/ que Lampiao se encontró".
Y desde ese día María se hace fuerte en el cangazo y dirige el grupo junto a Lampiao... Y el bando se hace firme en el sertao. Y los macacos le temen... Y Lampiao da y quita justicia. Y son la imagen de una región de Brasil acorralada por la seca, la miseria, el poco comer... acorralada.
El rostro de María recorre los desiertos del nordeste brasileño. Hay guerra entre familias por todo lado. Virgulino pone orden. Cambia justicia por dinero. María se encarga de encaminar su mirada y hace que se recuerde de los pobres, y logra que no mate por matar, y le da un poco más de justicia a su justicia. Y en Ceará, en Paraíba, en Pernambuco, por todo el nordeste camina la mirada de María Bonita, que no es solo la mujer de Lampiao, es la imagen de la mujer cangaceira. Es casi tan famosa como el Padre Cícero, todos sueñan con verla, y cuando llega a cada pueblo le regalan cosas.
El ejército todo, está atrás de Lampiao y María Bonita. Las emboscadas se repiten, pero no pueden agarrarlos. Los cangaceiros son demasiado bichos, como bichos se mueven, como bichos eliminan sus rastros, como bichos unidos a la naturaleza casi muerta de sed que hay por estos lados del Brasil... Pero los gobernantes pagan mucha plata. Hay que capturar al bandido y a su mujer, es la orden. Y todos se afilan y los soldados son los mismos que se lanzaron contra la columna Prestes. Y la traición llega una tarde-noche, mientras una garúa leve cae. Los macacos rodean el campamento de Grota dos Angicos. La metralla cae sobre todos. Los cuerpos quedan entre la lluvia, juntos...
María Déia Neném. En el nordeste brasileño durante las cuatro primeras décadas de este siglo, las distintas familias poderosas estaban en guerra por las tierras. En esa realidad se desarrollaron grupos armados que actuaban como protectores de las distintas familias. El grupo más famoso que, ultrapasó esa protección para transformarse en un ejército fue el de Virgulino Ferreira, conocido como Lampiao o el rey del cangazo, y su compañera María Déia, conocida como María Bonita. Cuando se juntaron, ella tenía poco más de veinte años y Lampiao 33, y durante muchos años fueron la "justicia" del nordeste. En julio de 1938 el ejército los emboscó y mató a todos los del grupo. Luego cortaron la cabezas de cada uno y las pasearon por todo el Brasil. Según la leyenda, María Bonita había previsto la posible traición para esos días, porque había soñado con varias serpientes que rodeaban el campamento. La realidad dice que María Bonita fue la que intentó enderezar el rumbo del ejército cangaceiro de Lampiao para que no fuera solo un grupo de bandoleros, para que fuera un poco más allá y repartiera algo de lo robado entre los pobres. Pero Lampiao nunca llegó a ser un Robin Hood del Nordeste.

TINA
España, 1936.
El país arde. Unos creen que la vida está del otro lado del fuego, otros creen que es la muerte. Mientras cruzan las balas por su trinchera, ella vuela, su pensar camina, se hace mil preguntas. Ella se hace mil preguntas: ¿De dónde soy? ¿De dónde vengo? ¿Cómo es mi mundo? ¿Cuál es mi caminar? ¿Cuál es mi acento verdadero? ¿Italiano? ¿Americano?
¿Mexicano? ¿Ruso? ¿Español? ¿Cuál es mi nombre? ¿En qué recóndito rincón de la vida estaré mañana? ¿En qué brazos? ¿Junto a qué cuerpo?
¿De qué color será el amor cuando ya no quede nada?
Había llegado allí en noviembre de 1935 con un seudónimo por nombre (¿cuántos nombres tendría su vida? ¿cuántas vidas tendría su nombre?) María Sánchez, enfermera del quinto regimiento. Había llegado junto a Vittorio, o comandante Carlos, o el hombre que supo mojarse-mojarla hasta la madrugada. Había llegado con toda la ilusión. Venía de ser muchas mujeres, de estar en muchas ciudades, de caminar Europa con la revolución a cuestas, de ser parte del Socorro Rojo Internacional. Pero la guerra no es una ilusión, la guerra apaga la vida, apaga la magia, apaga...
entre los fusiles solo queda la memoria.
Su primer viaje, había sido en barco desde su Udine natal (esa región en la que su padre aprendió a levantar banderas rojinegras entre el paso de los obreros) al San Francisco del gran país. A trabajar en una textil, a conocer-amar-desnudar a un americano bohemio, medio poeta medio pintor; a ser actriz de teatro; a ser villana en algunas películas de Hollywood. Pero el gran país no es una ilusión, el gran país apaga la vida de sus padres, de su compañero, apaga la magia, apaga... solo queda seguir viaje.
México, es la imagen que vuela en su vida, es sus ojos, en el lente. Y allí la fotografía trasforma sus miradas, que son obras de arte. Y allí se hace amante de Diego Rivera. Y allí recrea su luna, su noche, su cuerpo y el cuerpo de Julio Antonio Mella. Y allí se entrega en todos los brazos que le regalan vida. Y allí vive con la gente, entre la gente. Pero México no es una ilusión, México apaga su vida, y la expulsión llega, acusada de querer asesinar al presidente. México apaga. Allí la tristeza se apodera de sus ojos, allí se pregunta: ¿cuál es mi país?. Allí decide marcharse a Moscú, a transformar la vida en una ilusión. Ahora, tras el fuego, la ilusión se apaga definitivamente. Tina, quien ya había olvidado su nombre de tanto cambiarlo, derrotada por el tiempo caminado, vuelve a México para quedarse en los recuerdos, un día de enero de 1942.
Tina Modotti. Nació en Udine, Italia, en una familia obrera. Su padre Giuseppe Modotti fue un reconocido militante antifascista. Debido a la represión que se instala en Italia, viaja con su familia a Estados Unidos, donde trabaja primero en una fábrica textil y después se hace actriz. Participa en varias películas de Hollywood. Allí se casa y enviuda joven.
Entonces decide marcharse a México donde se dedica a la fotografía y se proyecta como una artista de gran sensibilidad social. Su mejor amiga es Frida Kahlo. Su obra es reconocida en el país y en el exterior.
Su vida es un eterno peregrinar por amores y geografías. En México estuvo ligada sentimentalmente al revolucionario cubano Julio Antonio Mella y al pintor Xavier Guerrero. Mella fue su gran amor, lo conoció durante una manifestación en solidaridad con Saco y Vanzetti y Augusto César Sandino. Las actividades políticas de Tina Modotti molestaban al gobierno mexicano, que esperó la oportunidad para sacársela de encima. Cuando muere Mella, la acusan de haberlo asesinado. Y le agregan que además intentó matar al propio presidente de la República. Al final la expulsan del país.
Años después acompaña al comandante Carlos Contreras (Vittorio Vidali), en la guerra civil española. Vive en Alemania, en la ex Unión Soviética y en 1939 regresa a México. Muere en 1942.

OLGA
Río de Janeiro, 1936.
Para ella la cárcel es solo la imagen del silencio. El silencio la cara de los días. Los días son como el aire, caminan y no se sabe a donde van.
Caminan y ella se cree que marchan hacia un rinconcito de un pequeño país de maravillas, donde anida una almita media risueña que algunos llaman justicia, y sin embargo no, al final terminan desviándose... Es que el aire a veces sabe equivocarse, o peor que eso, el aire se mete en un país donde las almas son parte del olvido, o peor todavía, el aire deja de soplar que es como decir que la dolor queda ahí... o sea aquí...
Y los días, estos días que faltan para que ese navío, que espera en el puerto, se la lleve rumbo a un campo de concentración, también pueden equivocarse. O peor todavía, pueden olvidar que el camino hacia esa almita, muchas veces se quiebra por el hacer y deshacer de unos hombres de latas y uniformes que, saben empollar la tristeza entre sus cuevas.
Como el tal Adolfo, como el tal Benito, como el tal Getulio...
Una hora de hace algún tiempo ella supo dejar su Alemania para venirse a amanecer en el Brasil. Supo seguir a Luis Carlos rumbo al viento por los senderos de este país. Y pelear con él y su Columna a los señores del café y del azúcar, siendo vida en cada paraje caminado. Supo ser agua en los brazos de ese coronel chiquito y sin latones, que la metió de raíz en la América. Supo sembrarlo en su cuerpo y cosecharlo en los ojos del sudor.
Pero ahora, los soldados de don Getulio llegan a la cárcel donde está detenida para llevarla. Los hombres de la Gestapo esperan en el puerto.
Los presos se amotinan. Entre ellos, un escritor de rostro serio y mirada triste llamado Graciliano, escribe sus memorias de la cárcel. Ella, con su panza grande como un mundo, no permite una masacre y se entrega sabiendo lo que le espera...
Mientras el barco la lleva de vuelta a su país, que en realidad no es de nadie, ella se hace todas las preguntas del mundo: "¿Dónde estamos?
¿En el fondo de una cueva? ¿En el centro de un huracán? ¿En el calor de este Brasil? ¿En el frío de esa Alemania? ¿En la esperanza nacida en octubre de 1917? ¿Dónde estamos? Ni en un fruto. Ni en una raíz. Ni en una semilla. Yo creo que estamos en un mundo desterrado de las aguas, de la sal...".
Pero a pesar del océano que la lleva a la cámara de gas, ella se niega a dejar de soñar. Y se convence que siempre existirán pequeños rincones donde cobijar los sueños, o sea las cambios. Y se imagina que tal vez algún día, esos pequeños rincones se hagan país. Aunque ahora sabe que las revoluciones se hacen mirando para abajo, trabajando duro y con pocas palabras. Sabe también, que se hacen con imaginación, con solidaridad y los grandes sacrificios que imponen los ideales. Y sabe, sobre todo, que para las revoluciones no alcanza con una realidad injusta, hace falta también que los pueblos crean y confíen en la ideas y en los hombres. Luego mira el mar y dice: "sé que hay mucho que inventar para que eso ocurra, pero vale la pena esperar el día".
Gracias al mar, y a pesar de él, los ojos de Olga van hacia el futuro. Es que la vida siempre puede más que la equivocación del aire, o de los días.
La vida viene con todas sus almas en el corazón, con todos sus corazones en las manos, con todas sus manos en la piel. La vida llega, se acurruca sobre su mirada y se hace imagen en el tiempo...
Olga Benario Prestes. Nació en Alemania en una familia judía. Fue militante comunista desde muy joven. En 1935, el Comintern la destacó para acompañar a Luis Carlos Prestes en su intento por liderar una revolución en Brasil.
Durante la marcha de la "Columna Prestes", que recorrió miles de kilómetros a lo largo del país, los dos se enamoraron y llegaron a Río de Janeiro casados. La rebelión fue sofocada y ellos fueron presos en cárceles distintas.
Ella, embarazada, fue entregada por el gobierno de Getulio Vargas a la Gestapo de Adolfo Hitler. En 1942 fue ejecutada en una cámara de gas en Bernburg.

ALFONSINA
Buenos Aires, 1938.
El jueves 20 de octubre escribió su despedida: "Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame./ Ponme una lámpara a la cabecera;/ una constelación; la que te guste;/ todas son buenas; bájala un poquito/ Déjame sola: oyes romper los brotes.../ te acuna un pie celeste desde arriba/ y un pájaro te traza unos compases/ para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:/ si él llama nuevamente por teléfono/ le dices que no insista, que he salido...".
Y así se fue Alfonsina, con la tristeza al hombro y el mar en la mirada, con la ausencia en el alma y las olas en la piel, con lo pájaros en la memoria y el azul en la sangre, con la soledad en la palabra y el amor en el fuego de su cuerpo. Así, buscando una luna, que de tan alta parecía imposible de tocar. Sin embargo ella supo tocarla, bajarla al corazón del sueño y acariciarla.
Había nacido un mayo en Suiza, y de allí la trajeron a la Argentina, a San Juan, a Santa Fe... "A los ocho, nueve y diez años -dice-, miento desaforadamente sobre crímenes, incendios, robos, que no aparecen jamás en las noticias policiales. Soy una bomba cargada de noticias espeluznantes; vivo corrida por mis propios embustes; alquitranada en ellos; meto a mi familia en líos; invito a mis maestros a pasar las vacaciones en una quinta que no existe; trabo y destrabo; el aire se hace irrespirable; la propia exhuberancia de mis mentiras me salva...".
A los doce escribe sus primeros versos. "Es de noche: mis familiares ausentes -dice-. Hablo en ellos de cementerios, de muerte. Doblo el papel cuidadosamente y lo dejo debajo del velador para que mi madre lo lea antes de acostarse. Resultado esencialmente doloroso: a la mañana siguiente tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones frenéticos pretenden enseñarme que la vida es dulce".
Más tarde la recibe Buenos Aires, que no es hospitalaria, que tiene el cielo preso, que no tiene casi pájaros, donde las paredes son como rejas... "Las mamparas de madera -dice-, se levantan como diques más allá de mi cabeza. Barras de hielo refrigeran el aire a mis espaldas. El sol pasa por el techo pero no puedo verlo. Bocanadas de asfalto caliente entran por los vanos. La campanilla del tranvía llama distante".
Es un pájaro prisionero de una jaula y solo sus versos logran liberarla. Y así, se hace amiga de los poetas y escritores, y es criticada por los pacatos de traje gris y mirada oscura. Y se hace escribidora de sentimientos y palabras, amiga de silencios y nostalgias, de alma cantora y dolores que espantan. Y sus manos son alas que viajan por la imaginación del que la mira y la escucha, sus ojos dos fuegos que encienden su mirada y la hacen amar hasta perderse en el infinito de la magia, de la locura de dos cuerpos que se entrelazan cientos de veces en la cama. Y se entrega a esa fiesta, a esa batalla... y brinda todas la vertientes a esa humedad que quema y que refresca. Es ola ondulante-sensual-sensible antes de ser para siempre mar...
"En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo -dice la poetisa Juana de Ibarbourou-. Era joven y parecía alegre; por lo menos, su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía. Recitaba muy bien. Y con su cabeza rubia, sus ojos azules, su estampa menuda, parecía un duendencillo gracioso, cuya comunicación con el público se estableció en seguida de un modo espontáneo e íntimo. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina. Tuvo su corte. Tuvo sus cortesanos. Ella reía; jugaba; pero creo que también fue herida en el juego. Cuando el barco partió, llevándosela, Alfonsina dejó tras de sí una estela de simpatías profundas; y algo más; alguien, en el muelle, encendía pequeñas luces hasta que el barco no fue visible; y en la noche, Alfonsina debió verlas en forma de corazón".
Cuando llegó a la Argentina le escribió a un amigo diciendo: "Conocí la apoteosis, y ahora estoy sola, como desterrada, extrañando tanto que desearía volverme en seguida; pero ya no se si las pequeñas luces de la noche volverán a recibirme en la mañana. En todo caso, temo que parezcan, ya, corazones que se están apagando"
Alfonsina supo sacudir el formalismo de los señores de gris que marcan la leyes... fue una ráfaga renovadora, una ráfaga que comienza a liberar la mujer, una chispa de luz en la monotonía de las letras. El 25 de octubre, su corazón no se apagó, su cuerpo se hizo ola-cielo-arena-constelación, y ella se transformó en mar... Y como luz se fue...
Alfonsina Storni. Nació en Suiza, pero a los pocos años sus padres la llevaron a vivir en Argentina, primero en San Juan, y luego en Santa Fe. Al morir su padre abandonó los estudios y se dedicó a trabajar en una fábrica de sombreros. En 1911 publicó sus primeros versos en revistas rosarinas. Siendo muy joven quedó embarazada y se fue a vivir a Buenos Aires, donde trabajó como docente y realizó otras actividades para mantener a su hijo. Para escribir sus poemas, solía robar los formularios del telégrafo. Sus versos eran osados, diferentes, llenos de fuegos y tristezas.
No solo arremetían contra el machismo sino que rescataban un amor más libre. Su escritura escandalizó a la sociedad que, intentó marginarla. Pero ella peleó y logró colocarse entre las grandes poetisas argentinas de la época, revolucionando el lenguaje. También ejerció el periodismo en los diarios La Nación, Nosotros y Caras y Caretas. En 1935 supo que tenía cáncer y comenzó a crear poemas que hablaban de una casa que la esperaba en el fondo de las olas. Se suicidó en Mar del Plata, internándose en el mar, en octubre de 1938. El día antes, había enviado al diario La Nación su despedida: el poema "Quiero dormir". Sus principales libros son: "La inquietud del rosal (1916); "Irremediablemente" (1919); "Languidez" (1921), que fue Premio Nacional de literatura; "Ocre" (1925); "Poemas de amor" (1926) y "El amo del mundo" (1927), en el que critica la discriminación a la mujer.

NELA
Quito, 1944.
Todos los rincones de la ciudad parecen rendirse ante la llegada de los camiones y la victoria y la magia. Las calles se llenan de vidas, las vidas son una flor gloriosa, un mundo, una llama que se va prendiendo al pasar, una mujer... Nela... un rostro, una mirada que busca un horizonte que sobrepase el Pichincha, una historia. El fuego arde en el corazón de las personas, quema, la quema, el fuego con su pedacito de vida se desparrama, su corazón se desparrama y la pasión la abraza con imágenes que la tocan, y también la queman... Y las imágenes son memoria, y tal vez en ese mismo momento Nela recuerde otra mujer que entregó su vida por el amor, otra geografía, otra pasión por el fuego: "Rosa la Roja era tierna y dulce y de un temple tal que asombró a sus verdugos. Forma los primeros soviets en Alemania y enfrenta con los ojos abiertos el pelotón de fusilamiento". En este mayo andino, Nela camina con la misma fuerza en la mirada, y la fuerza y la poesía de las imágenes que surgen. Con la insurrección en un costado de la vida y la vida a flor de piel, como almitas que surgen de la misma gente para acariciar la mañana... como un día de justicia.
Comanda la toma del Palacio de Gobierno y la nombran ministra hasta la llegada de Velasco Ibarra. Su primera acción como ministra es liberar los pájaros, y abre las jaulas para que se queden sin presos políticos...
El mismo día, otra mujer se entrega a la imaginación de crear la historia... y mientras Quito es la pasión de Nela, Guayaquil se enciende en Ana.
Ana Moreno organiza la insurrección en el puerto, participa en la quema de un cuartel policial, derrota a los carabineros de Arroyo del Río. Guayaquil y Quito tienen alma de mujer.
Pero Nela no solo pelea, también organiza, también crea, y funda las primeras organizaciones de mujeres en el país. Y como eso era poco, también participa en la creación de un frente continental; y como eso era menos, también forja un frente internacional...
Pero Nela no es solo organización, también es poesía, letra que apresa la realidad y la entrega en versos, versos que juntan la vida y se entregan al mundo, mundos llenos de historias y de historia... "Manuelita Saenz -dicetiene su propio destino personal. Peleó en Ayacucho. Organizó el Hospital de Campaña para los heridos en la batalla del Pichincha. Sus órdenes salvaron a Bolívar de grandes errores. Es la derrotada eterna, incluso de la historia oficial".
Pero este 28 de mayo Manuelita camina por su mente, también caminan otras mujeres como Dolores que tocan la piel y golpean en medio de la gloriosa-gloria de la victoria...
Pero mayo pasa, el día de justicia se termina; y pasa la gloria y viene el 45 con su Constituyente, y ella está ahí; y viene la realidad que golpea mucho más, y los tiempos se vuelven nebulosos, y los sueños parecen desvanecerse entre los muros que caen... pero ella se niega, ella no acepta... "Todavía quedan los principios -dice-, queda la palabra clara de Mariátegui, quedan nuevos movimientos por construir, queda la utopía que está más allá de la historia, queda la vida. El sueño vive. Chiapas nos devuelve la posibilidad de un sueño maravilloso"...
Tal vez porque los sueños saben caminar por los pretiles de la realidad, saben transformarse en realidad, y saben volver a ser solo sueños cuando es necesario. Tal vez porque los muros que caen son de papel, tal vez porque vale la pena seguir... Tal vez porque Nela, como Manuelita, como Ana, como Dolores, son parte del sueño... Tal vez porque "ahora la tarea es aún más bella", como dice...
Nela Martínez. Escritora y política ecuatoriana. Fue una de la dirigentes de la insurrección de mayo de 1944, que se denominó La Gloriosa, cuando los ecuatorianos por medio de las armas derrocaron al dictador Arroyo el Río. Luego de la victoria confiaron en el populista Velasco Ibarra nombrándolo presidente y entregando las armas, en pocos meses este se alió con el ejército y destituyó a todos los ministros de izquierda. Nela además fue fundadora de distintas organizaciones de mujeres y junto a la indígena Dolores Cacuango fundó la Federación Ecuatoriana de Indios, primera organización indígena del Ecuador. Escribió varias obras de poesía y cuento, además de decenas de artículos sobre la problemática de la mujer. En los años 20 fue la compañera del escritor Joaquín Gallegos Lara, y en los 80 terminó "Los Guandos", una obra que él comenzó pero quedó trunca cuando falleció.

GABRIELA
Brasil, noviembre de 1945.
Aunque ya pasaron tres meses, Hiroshima y Nagasaki todavía están en la retina de cada uno de los que andan caminando por esta vida. Las gentes que se embarcan en este puerto del Brasil se van a Europa con la guerra terminada, pero todavía creen que es un cuento más. El barco, de nombre Ecuador, es como una parte del mar, y el mar camina al otro continente.
Ella se sube al barco como quien se sube a un mundo, o mejor dicho a recibir un mundo. Es que sus decires ya han traspasado las fronteras de la América para meterse en todos los rinconcitos del mapa y, como a veces sucede, alguien se hipnotizó con sus palabras y vio que su poesía era de todo lugar y se imaginó que valía la pena premiarla... Y aunque ella nunca creyó mucho ni en los premios ni en los premiantes, hoy está aquí, viajando a Suecia para recibir el tal Nobel, que según dicen así se llama el premio.
Allá por el año 22, ella había estado ayudando en el reciente México revolucionario y el paisaje de cada lugar se hizo letra en el papel. Y el paisaje fue como la imagen del dolor, y más que imagen del dolor, el paisaje, fue algo así como el corazón que se hizo palabra, y la palabra supo decir todo lo que ella veía-imaginaba ya no en México, sino en casi toda la América...
Pero además, sus palabras supieron salirse del papel y marcharon por todos los países, queriendo juntar los escribidores de cada parte. Y así se carteó con tantos, y caminó el continente, y ya casi nunca regresó a Vicuña, aquella ciudadecita de Chile donde había nacido, en alguna hora del siglo anterior. Mientras se sube a la barca, piensa en todos los años que se marcharon, piensa en Vicuña, y piensa también que, ni los premios ni los halagos fueron un sosegate para las turbulencias del alma que, la hicieron zozobrar alguna que otra vez, le llovieron los ojos y le tristezearon las palabras...
Y el dolor ya no se irá de sus decires, hasta que un día de 1957, en Nueva York, mientras recordaba unos versos que dicen: "Guedejas de nieblas/ sin dorso y cerviz,/ alientos dormidos/ me los vi seguir,/ y en años errantes/ volverse país,/ y en país sin nombre/ me voy a morir", Gabriela dejó de peregrinar.
Gabriela Mistral. Su verdadero nombre fue Lucía Godoy Alcayaga. Nació el 7 de abril de 1889 en la ciudad de Vicuña, en el Valle de Elqui, Chile. A los quince años, en 1914, comenzó a trabajar como maestra rural. Hasta allí su poesía había sido para ella, pero en ese año ya es apreciada por los chilenos, cuando obtiene el premio de los Juegos Florales de Santiago con sus "Sonetos de la muerte" que, pertenecen al libro "Desolación". También en 1914 empieza a usar el seudónimo Gabriela Mistral. Fue directora de varios liceos de Chile y el 1922 participó en la Reforma Educativa, organizando bibliotecas populares. En ese mismo año trabaja en el México revolucionario, aportando su experiencia en temas educativos. Desde 1932 fue cónsul de Chile en Génova, Madrid, Lisboa, Nueva York, Los Angeles y Brasil. Su poesía camina por la magia de la naturaleza americana, interpreta el dolor interior del ser humano, vive el trabajo y la pobreza, reclama por los derechos de la mujer. En 1945, a los 56 años, recibe el premio Nobel de Literatura. Y recién en 1951 le conceden el Premio Nacional de Literatura, en Chile. Falleció en 1957.

CARMEN
Río de Janeiro, 1946.
Hoy el viejo acomodador del cine Piratininga está medio tristón, como que hubiera perdido un gran amor... En realidad perdió un gran amor... Y a cada uno de los que va llegando para ver la película, le pone cara de circunstancia y le dice: "Vale a pena ver porque pode ser o último filme dela. ¿Ya viu?, pode ser histórico, mas eu vou sentir saudade da baixinha.
Eu acho que todo mundo vai sentir saudade, pois ela é nossa". Y claro, todos se desconciertan un poco con el decir del veterano que, seguramente nació mucho antes que el cine, tal vez incluso antes que los Lumiere, pero luego sonríen y entran a la sala con más ganas de ver el filme y, sobre todo, verla...
Ella vino de Portugal, pero no es portuguesa. Para todos los de acá es como la imagen más igual del país. No hay quien no la adore, no hay quien no la vive. Desde los barrios más pobres, donde se almuerza y cena zamba, hasta los de mucho tener, donde se maravillan con lo que viene del norte, creen que no existió nunca y no volverá a existir otra con su talento.
Y ella ríe, baila, ama...
Vino de Portugal, pero sus movimientos son de esta tierra, su picardía es una partecita de estos lugares, su guiñada un rinconcito del paisaje de por aquí, sus caderas como pedazos de un pentagrama salido de las olas. Y ella brilla, sueña, su imagen en la pantalla es casi-casi como las ondas del mar...
Vino de Portugal, pero es brasilera. Y en realidad ya es de muchos lados, porque de a poco ha ido caminando cada lugar con sus cintas y, cada lugar se fue haciendo un poco de ella. Primero se marchó a Hollywood, la miraron, los dejó doidos y se hizo estrella. Se llenó de lentejuelas y collares y fue el toque tropical en las imágenes. Y vino la fama, y los billetes grandes y, hasta dueña de pozos de petróleo dicen que se hizo. Y después fue el mundo. En los cines, ellos quedan hipnotizados con sus requiebres, mientras que ellas se fascinan e intentan copiar un poquito del lenguaje de su cuerpo.
Pero ahora dicen los diarios que ella se volverá al Brasil, dicen que un tal senador MacCarthy anda diciendo que es una obscena, anda pidiendo que la manden del gran país, anda exigiendo... y parece que los de Hollywood piensan hacerle caso, piensan terminar con la reina latina...
Es todo eso que andan diciendo los periódicos lo que le robó algunas lágrimas al viejito del cine Piratininga y lo puso medio con ganas de dejar el trabajo, porque "nao tem injustiza maior que a Carmen deixe de aparecer, deixe seu povo. Tem muitos que nao voltaram ao cinema".
Sí, muchos no volvieron al cine pero ella se quedó ahí, entre la imagen de la pantalla y la de Brasil...
Carmen Miranda. Bailarina, cantante y actriz que hizo conocer en Hollywood la "imagen del trópico latino", luego de firmar un contrato millonario con la 20 Centuri Fox. Había nacido en Portugal, hija de un peluquero pobre que decidió emigrar al Brasil buscando mejor suerte, cuando ella era niña. Su sensualidad al bailar cautivó al mundo de la pantalla grande, a pesar de no haber sido ni gran actriz ni gran cantante. Durante mucho tiempo su imagen llena de lentejuelas, rodeada de bananas, fue la imagen del Brasil en el exterior, hasta que el tristemente célebre Joseph MacCarthy pidió a la Fox que no le renovara el contrato por "obscena", y así se construyeron muchas historias fantasiosas sobre su "descaro para conquistar los hombres desde niña".

FRIDA
México, Julio de 1954.
Hoy toda Coyoacán es una casa repleta de miradas que nacen de los lienzos, de las paredes, de todos los rincones. Aquí nació ella, allá por 1910. Aquí creció. Aquí la vida desgarró su mirada, desgarró su pintura, desgarró sus retratos, auto-retratados. Aquí su imagen tiene cinco sentidos, tiene fuerzas ocultas, tiene ojos que miran desde alguna ventana...
Y con el caminar de los tiempos las sombras la asechan, los días son turbios y accidenta la vida, y el cuerpo no responde, y entristece su rostro...
Aquí Frida es una paloma herida que quiere espantar las nubes, es una flor que busca el agua en cada óleo. Y los cuadros de Diego no la atraen, el mundo de su esposo es otro mundo, el arte de su esposo es otro arte. "Mi compromiso es con el arte, mi compromiso es conmigo misma", dice y se distancia, y se sumerge en la subrealidad de su vivir, y busca sus ideas y su inspiración en su interior, en ese mundo que está "más allá de la conciencia".
Ese pensar, ese decir, ese hacer para dar rienda suelta al puro placer estético, la junta a otros grandes subrealistas, la suma a un movimiento internacional... Y del compromiso con el arte se va al compromiso con la política. Se hace amiga de Trotsky, lo apoya, lo protege... lo quiere... Y rompe con el estalinismo y el lenguaje del arte lo mira en la política... Y sigue siendo paloma, y sigue estando herida, y sigue llevando sombras en la mirada, la piel, los huesos. Y sus manos que saben volar siguen hablando de ella a través de retratos-colores-caras dominadas por el sufrir, dominadas por el reír del sufrir, dominadas por la fuerza del sentir.
Dominadas por sus miradas que son hojas, raíces, naturaleza muerta.
Aquí ella es acariciada por la vida y el dolor, que es amor, que es pasión por entregarse a otro cuerpo, a otros cuerpos más allá de su marido... Aquí el fuego arde en sus entrañas, en sus ojos, en su decir. Su cuerpo quieto se hace fuego, llama que consume el placer... placer que consume las llamas.
LLamas que se apagan. Su cuerpo se consume, como llama...
Frida Kahlo. Nació en Coyoacán en 1910 y falleció en Ciudad de México en 1955. Fue hija de Guillermo Kahlo Kauffman, reconocido fotógrafo de la época. Comenzó sus estudios de medicina y tuvo que abandonarlos en 1925 cuando sufrió un accidente que la dejó inválida. Durante su convalecencia comenzó a pintar. En esas obras se ve su lucha diaria contra la muerte. En 1928 se integra a la Liga de Jóvenes Comunistas. En 1929 se casa con el reconocido muralista Diego Rivera. Los dos discrepan con el estalinismo, Rivera es expulsado del Partido y ella renuncia. Viajan a Estados Unidos donde viven varios años y logra hacer conocer su pintura, vendiendo incluso varios cuadros. En 1934 regresa a México y en 1937 se aloja en su casa León Trotsky, quien había llegado exilado al país. Participa activamente dentro del Movimiento Trotskysta y en los grupos de solidaridad con la República Española. En 1940 se divorcia de Diego Rivera.
Su pintura no tenía nada que ver con la de su esposo. Estuvo entre las artistas que en la época del muralismo no aceptaron la pintura "comprometida" y se preocuparon más por la parte estética del arte. Artistas que se juntaron a través de la "Exposición Internacional del Subrealismo", realizada en México en 1940. Sus retratos y autorretratos se caracterizan por elementos expresionistas y subrealistas con una temática vinculada a la realidad popular. Sus obras más conocidas son: "Las dos Fridas" (1939), "Retrato de la señora Rosita Morillo" (1944) y "Autorretrato" (1945). Es una de las pintoras latinoamericanas de mayor trascendencia. Sus conflictos interiores y tormentos personales la marcaron profundamente. Fue amiga íntima del pintor Siqueiros y amante de León Trotsky. Su vida dio lugar a una excelente película de Paul Leduc que lleva como nombre "Frida".

CELIA
La Habana, Diciembre de 1956.
Cuando ella era niña llevaba el oriente en el alma, el sonido del mar y el dolor de su gente. Región de la isla marcada por la rebeldía, la suya, lleva en la memoria de todos la magia de Hatuey, aquel cacique que se hizo luz en la playa y en la montaña, y hoy cuando la noche no grita con la voz del trueno, ni silba el viento de los huracanes, ni llora la lluvia del diluvio, surca el cielo clareando las estrellas. También son memoria de ese lugar las luchas de un señor de apellido Martí, región de batallas. Pero su niñez no fue memoria de otros tiempos, sino rostros de una realidad que la golpeaba. En ese entonces, los gobernantes de su país decían que para encontrarse con la vida había que olvidar el sonido del mar y de la magia, hacer de la isla un gran casino para que entre dinero, y dejarse llevar por esa gran nación llamada Estados Unidos.
En ese momento descubrió que si para encontrar "la vida" debía dejar "su vida", ese país llamado Estados Unidos no tenía nada que ver ella, ni con su gente. Con los años, observando los uniformes en las calles y las fichas en las salas de juego, aprendería que la gente de Cuba era pensada en Estados Unidos, que sus vidas se inventaban (o imaginaban) allá, y aquí tenían que vivirlas como allá querían. Viviendo de poco y soñando del aire, sin Hollywood, sin John Wayne ni Búfalo Bill... pero con muchas ruletas en el horizonte. Una vida sin fama ni gloria, pero con mucha pena.
Allá estaba el presidente con más guardaespaldas del mundo, los espías más poderosos y los héroes del cine. Pero ahora esos espías están también acá. Vienen a dar clases acá y en todo lado. Dicen que su tarea es "ayudar" a los cubanos, pero para eso deben cumplir sus órdenes. Cuando Batista se hizo dueño de ministros y suministros, ella se dio cuenta que no solo la vida se dibujaba en Estados Unidos...
Ahora ya pasaron veintidós años de aquel andar, y solo cuatro desde que Fidel Castro y un grupo de cubanos intentaron tomarse el cuartel Moncada.
Tiempo que acunó muchos rebeldes y rebeldías.
Ahora ella mira al mar como esperando la llegada de algún barco perdido y encontrado en el Caribe. Ahora ella presiente el amanecer y se prepara para recibirlo, para hacer que el mar se toque con la Sierra Maestra, para que la llegada de ese barquito de papel sea un buen comienzo del futuro.
Ella vuelve a mirar las olas y piensa en la realidad de su país, ese que el transcurso del tiempo le propuso una invariable secuencia de frustraciones.
Como que a lo largo de los años, los cubanos han ido acumulando algo así como enfermedades crónicas: las leyes, las armas y el juego venidos del norte; los militares venidos de adentro. Muchos presienten eso, pero presienten también que algo está por empezar en esta pequeña isla.
Algo que la tendrá como protagonista importante. Ahora Norma piensa en el hoy, aunque es el mañana el que la acaricia: la Sierra en el corazón, el amor en cada rama y en cada bala, el fin de año del 58, la entrada en La Habana, los primeros años de cambiar todo y construir mucho. Ahora ella se preocupa porque el mar viene solo con sus ondas, porque nadie llega escalando la bravura, porque el barco no aparece en esta orilla. Ahora ella se encomienda a Santa Bárbara, como lo hace diariamente toda su gente y espera... Sabe que ellos llegarán...
Celia Sánchez. Nació en 1920 en un pueblo del oriente cubano. Desde joven tuvo gran ascendencia sobre la gente y fue muy querida en su región. En diciembre de 1956 cumplió un papel fundamental en el apoyo a los rebeldes que llegaron a Cuba en el Granma, para iniciar la lucha contra la dictadura de Batista. Fue la primera mujer que integró el ejército revolucionario como combatiente y secretaria de Fidel Castro, utilizando el apodo de "Norma". Se encargó de guardar un sin fin de documentos con los que más tarde se iniciaría el Archivo Histórico de la Revolución. Después del triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959 cumplió un papel importante en el fomento de la participación ciudadana en el nuevo gobierno. Es voz corrida en Cuba, que en la obras más importantes de los primeros años del gobierno, tuvo algo que ver Celia Sánchez. Por otra parte, para la mayoría de los cubanos, fue la compañera de Fidel Castro durante muchos años, aunque eso oficialmente nunca hubiera sido aceptado.

ADELITA
Ciudad de México, 1963.
Ella mira el papel firmado por el presidente y sonríe. Lo lee una y otra vez para convencerse que es verdad, y una y otra vez vuelve a sonreír. El papel, que es algo así como una carta, dice que ahora tiene una pensión por haber sido veterana de guerra, y dice que se reconoce su valor, y que se agradece el servicio a la revolución... Ella lo deja caer al piso y recuerda el siglo en sus inicios, que es como recordar sus años jóvenes. Y escucha a Zapata cuando dice: "Luchamos por la tierra y no por ilusiones que no dan de comer", y ve a la división del norte con Pancho Villa, y se quema con aquel sargento que acarició su piel y puso fuego en sus noches, escalando su cuerpo hasta la locura. Y recuerda y olvida... Y ya no sabe de donde viene, entonces se cree que todo es una ilusión, como la revolución, que ahora es institucional.
Y antes de olvidar toda la poca memoria que le queda sigue recordando...
El hambre era de casi todos y la comida de casi ninguno. Los días estaban fregados, pero de repente comenzó el alboroto. Y ella, que andaba chamaquita, se metió a la pelea, que era contra Porfirio Díaz (un general de muchos años mandando, lleno de latas y latones). Que era también contra la abundancia de falta de comida.
Y ya a los catorce años ella andaba en ese lío, como andaban tantas, y cargaba su fusil como si fuera un niño parido de sus entrañas, y un sargento villista de nombre Antonio, se metió en su cuerpo y lo exploró, y ella exploró el de él. Y su historia se hizo corrido, que es como si fuera imagen de México. Y ella, La Adelita, se hizo vida en los cantadores del país que decían: "Popular entre la tropa era Adelita,/ la mujer que el sargento idolatraba,/ porque a más de ser valiente era bonita/ y hasta el mismo coronel la respetaba./ Y se oía que decía, aquel que tanto la quería:/ Si Adelita se fuera con otro/ la seguiría por tierra y por mar./ Si es por mar en un buque de guerra,/ si es por tierra en un tren militar".
Y su historia no fue solo canto, también se hizo himno en la división del norte. Y las bandas de música lo tocaron, y los soldados lo silbaron y los cantadores de cada parte lo hicieron de ellos, que fue como hacerlo de todos los mexicanos...
Ahora, después de 32 años trabajando para el Estado, mira ese papel donde le dicen que le otorgan un premio que se llama pensión; mira una foto de su regimiento; mira a lo lejos como queriendo encontrar los años; mira los sueños, que de tanto tiempo caminado se institucionalizaron, que es como volverse viejo siendo joven; y el corrido surge en su pensar.
Y como vino, el recuerdo se fue... Y la pensión, y la memoria, y las geografías, se hicieron una sola. Y ya nadie supo de que rincón de México era, y ya todos la hicieron nacer en su lugar. Y ella fue la imagen-mujer de la revolución, que es como decir una poesía surgida de las llamas, que supieron quemar en el lecho y la batalla...
Adela Velarde. Para algunos es solo una leyenda, para otros el personaje femenino con mayor proyección en la revolución mexicana. Según cuentan, y quedó guardado en la memoria de los tiempos, era una enfermera que a los 14 años militó en las tropas de Pancho Villa, donde el sargento Antonio del Río Armenta interpretaba en su honor, la canción "La Adelita". Más allá de la leyenda o la realidad, algunas décadas después de terminada la revolución, Adela Velarde o "La Adelita", quien trabajaba en una oficina pública, recibió una pensión como veterana de guerra, por su servicio a la revolución.

DOMITILA
Catavi, 1967.
El cementerio es como una imagen del fondo de la tierra. Es como esa bruma que va invadiendo toda la parroquia de Catavi. Es como las nubes que van llegando con todas las lágrimas de las minas. Es como el viento que va rompiendo el horizonte y, se viene tras la multitud de cuerpos caídos, esperando para ser enterrados; tras los muchos pozos que, son como heridas de esta tierra, cubierta por tanto dolor, por tanta mirada que cae como una piedra contra los militares que, el día antes sangraron la fiesta de San Juan en el vecino rincón de Llallagua...
Subida en el muro del cementerio, una mujer embarazada marca a fuego la muerte uniformada, marca la dolor con gritos salidos del último país de la alma, que es como decir de la furia guardada por cientos de años...
-¡Asesinos!, ¡asesinos!...
Y todas las miradas caen sobre ellos, y todos los odios del decir y del pensar... Pero los fusiles no hacen caso a la agonía, que es como decir que las sombras se tomaron toda Catavi y Llallagua. Y ella, la mujer del muro, con la panza grande como un mundo que va queriendo salir de sus entrañas, marcha presa por carajear los uniformes, que es como carajear al presidente de Bolivia, o sea nadie.
Y uno manda una patada contra ella que, se defiende y le da un sopapo, y el mismo manda un puñete y sigue mandado golpes, y le apreta la panza con la rodilla. Y ella se cubre y le araña la cara. Y él sigue mandando patadas. Y vienen otros cuatro para pegarle, y ella cae...
Cuando despierta entre rejas, con seis dientes rotos, la sangre chorrea... "Y como si la fatalidad del destino hiciera -dice-, comenzó el trabajo de parto.
Empecé a sentir dolores, dolores y dolores y a ratos ya me vencía la criatura para nacer... Ya no pude aguantar. Y me fui a hincar en una esquina. Me apoyé y me cubrí la cara, porque no podía hacer ni un poquito de fuerza. La cara me dolía como para reventarme. Y en uno de esos momentos, me vencía. Noté que la cabeza de la huahua ya estaba saliendo... y allí mismo me desvanecí. Y cuando volví a despertar estaba toda mojada. Tanto la sangre como el líquido que una bota durante el parto, me habían mojado toda. Entonces hice un esfuerzo y resulta que encontré el cordón de la huahua. Y a través del cordón, estirando el cordón, encontré a mi huahuita, totalmente fría, helada, allí sobre el piso".
Después, todas la nubes se hicieron agua y todos los vientos cayeron sobre Llallagua y Catavi. Después hubo más peleas. Después, algún día de once años más tarde, dijo a su gente: "Nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro". Y se fue a La Paz con otras cinco, a liberarlo...
Domitila Chungara. Indígena nacida en Pulacayo, zona minera de Bolivia. Al morir su padre tuvo que hacerse cargo de sus cinco hermanas porque su madre estaba muy enferma. Con el correr del tiempo comenzó a preocuparse por la situación social que vivían las comunidades mineras. El 1952, se casó con una trabajador minero y empezó a participar activamente en el Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XXI, del que la nombran Secretaria General. Su testimonio dio a conocer la masacre de San Juan, en 1967, cuando el dictador René Barrientos mandó al ejército contra las comunidades mineras de Catavi y Llalagua. Tras la matanza, ella, que estaba embarazada, fue apresada y torturada hasta que perdió su hijo. Posteriormente ayudó en la lucha contra la dictadura del general Hugo Banzer. En la navidad de 1978, en La Paz, junto a otras cuatro mujeres mineras y veinte niños inició una huelga de hambre contra la dictadura. A ellas se sumó un sacerdote y en poca tiempo se sumaron más de mil quinientas personas. Con el correr de las horas los huelguista se multiplicaron por miles. Veintitrés días después de que las mujeres comenzaron la huelga de hambre, las calles de las distintas ciudades de Bolivia fueron invadidas por la gente. Otro gobierno militar se había terminado. Los libros en los que se recopilan los testimonios de Domitila son: "Si me permiten hablar" y "Las mujeres tienen la palabra", que fueron traducidos a varios idiomas. En 1980, se produce un nuevo golpe de estado, y ella debe exiliarse. En 1996 vive en Bolivia junto a cuatro de sus siete hijos.

ELENA
Ciudad de México, 1968.
La plaza, es como la última morada de la esperanza. La esperanza cae en la calle como la sangre, que es roja y es joven y duele hasta las entrañas, hasta los ojos, hasta la piel... La plaza, que dicen que es de las tres culturas, que dicen que une a México, es en realidad como la imagen de la desolación, de la muerte, el último reducto del sufrir. Los estudiantes, que llegaron con sus carteles denunciando el mal gobierno, denunciando la oscuridad que se esconde tras el color de las Olimpíadas, se encuentran con las balas, con el hablar de los fusiles que, estaban ahí desde antes, esperando en los rincones....
Los estudiantes corren, y al fin logran refugiarse en ninguna parte, y al fin logran regarse en la plaza, que también se llama Tlatelolco y también es dueña de los símbolos, de la magia ancestral... Ella, sabia-sabida-sabedora de lo que es trasmitir la imagen de la vida y la muerte, el color del odio y el amor, el movimiento de los que corren y el fervor del paisaje... toma los aconteceres, toma los testimonios que quedan, toma una fotografía de la plaza, y de los estudiantes, de los fusiles, de los uniformes y de toda la dolor mandada por los que más mandan. Los toma y los hace palabras que, cuando uno las lee en realidad es como si estuviera ahí, porque en ella la palabra no solo dice sino que muestra. Cuentan que nació en el país francés y desde muy niña se vino al país mexicano, pero todos dudan, todos piensan que ella nació en aquella plaza de Tlatelolco, y piensan también que nació en cada lugar de este país donde la dolor abraza a las gentes, donde las gentes están olvidadas, donde los olvidos son como muertes, donde las muertes son el acontecer de cada día, donde los días son solo noche. De Francia sabe poco, pero camina todo y cada rincón de la geografía de aquí y, anda por todo y cada decir de los y las que en ella viven. Y a través de ella, México se conoce a si mismo, se mira en el espejo que, son las letras de esta mujer de apellido difícil, de esta Elena, conocedora-amadora-sufridora de un país tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios.
Elena Poniatowska. Nació en Francia pero se radicó en México desde niña. En 1954 se inició en el periodismo, desarrollando un estilo basado en la investigación testimonial y pintando al país y su gente. Escribió más de veinte libros en los cuales se puede apreciar toda la variedad de su creación, caminando a través de la historia y la realidad mexicana. Sus obras más conocidas son: "La noche de Tlatelolco" (1971), que tiene más de cincuenta ediciones; "Todo México" y "Tinísima". Es colaboradora de distintos diarios y revistas.

JUANA
Montevideo, 1969.
Cuentan en Uruguay que hubo un tiempo en que las mujeres asaltaron la palabra sin permiso, la rompieron y decidieron hacerla de nuevo, con más fuego. Un fuego que hizo arder las letras, la piel y el corazón para iniciar la insurrección de los sentidos. Una insurrección que empezó por Delmira y María Eugenia pero se hizo país a través de Juana, esa mujer que supo desnudar y desnudarse en lenguas y diamantes para que después toda la América se sacara la ropa con menos miedo y sin frío.
Cuentan que cierta mañana ella se levantó y dijo voy a escribir algo que llegue hasta el mundo más mágico de los sueños, que eche a volar la imaginación de un cuerpo desnudo y sediento, y perturbe la fantasía de los amantes. Luego miró el espejo se acarició los senos y dijo: "Con el busto desnudo me contemplo al espejo./ El corazón, doliente e inquieto, salta aquí./ Y sobre él la piel tiene tan dorado reflejo/ Que me tienta, me tienta engarzarle un rubí".
Esa mirada, ese espejo y esas lenguas de diamante, se hacen imagen del amor en su país y en otros tantos. Sus palabras se hacen nómadas y viajan por las geografías, de un lugar a otro, de un sonido a otro de un silencio a otro. Sus decires generan visiones, sensibilidades, memorias y una musiquita que es parte del mundo que revelan. Sus versos son como las pinceladas de Torres García regalando calma y elegancia. Y cuando se autorretrata dice: "Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena. Elástica y alegre. Esbelta y morena como un lirio vivo. En los ojos tengo partida una estrella. Huelo a hierba clara. Y soy toda suave bajo el manto esquivo.
Su creación es el viaje constante de la realidad a la imaginación. Siempre las primeras estrofas se le aparecen como centellas, a veces provocadas por una emoción cualquiera, visual o interior, a veces sin ninguna causa controlable. Para ella, la poética auténtica no es más que una mediunidad, y por lo tanto, el ser humano no es más que el instrumento de las presencias invisibles. Muchas veces tiene en la cabeza una obsesión, un verso, lo escribe, e inmediatamente, sin ponerse a pensar ni a buscar nada, continúa la creación como si obedeciese a un dictado misterioso, o como si, un ser intangible la guiase de la mano. "Estos poemas -dice-, por regla general, no requieren correcciones ni pulimiento. Y casi siempre son los mejores. En otros casos, tras ese relámpago de estrofas iniciales, viene luego el trabajo de forja, de lucha con la palabra, para que la substancia sea tan sutil y tan pura, que debajo suyo se vea como corre mi alma".
Juana regala una imagen del todo, y vemos las pasiones y sueños de una joven madre, y el sentir dolido por la tala de un árbol, y el cuerpo de una mujer temblando de placer, y la muerte que a veces se acerca. Y vemos eso y mucho más, su sensibilidad siempre camina entre la confesión de sus secretos y la anécdota cotidiana. Sus pensamientos están en constante transformación, no mueren, se renuevan, como ella.
Para Angel Rama, su creación tiene una pureza armónica que no lograron las otras voces femeninas del continente. Por eso dice: "Es obvio que si una de esas voces merecía la distinción (?) de un Nobel, no era Gabriela sino Juana, la legítima destinataria".
Juana de Ibarbourou. Es considerada una de las más grandes poetas uruguayas del siglo. Nació en la ciudad de Melo en 1895 y falleció en Montevideo en 1979. Su libro "Las lenguas de diamante", publicado en 1919, revolucionó la creación poética. La crítica lo destacó ampliamente por la "audaz innovación del lenguaje" y el manejo de una "imaginación prodigiosa". En poco tiempo su creación era leída en todo el continente. En 1929 fue reconocida como "Juana de América" y en las tres décadas siguientes fue homenajeada en distintos países del continente, Europa y Estados Unidos. En 1959 obtuvo el Gran Premio Nacional de Literatura. Su mundo creativo ha sido comparado al de Ana de Noailles y Walt Whitman.
Entre sus obras se destacan: "Las lenguas de diamante (1919), "El cántaro fresco (1920), "Raíz salvaje" (1922), "La rosa de los vientos" (1930), "Chico Carlo" (1944), "Perdida" (1950), "Romances del destino (1955) y "Elegía" (1967).

EVITA
Buenos Aires, 1975.
¡Qué año este!... el empujón final hacia la oscuridad. ¡Qué oscuridad!...
una presidenta trasnochada y un brujo. ¡Qué gobierno!... un cementerio de imágenes, un país. ¡Qué país!... Marchito, olvidado de amaneceres.
Pero eso no es tan triste, triste es ver a la gente caminar por las calles...
sentir ese andar extraño de los sueños, y ver que se rompen, como dice Juan...
Antes de uniformar totalmente la realidad, el brujo y su presidenta, preparan la metáfora final: intentan barrer el cementerio: trayéndola de vuelta al Plata...
En Toldos cada uno habla de ella como si siguiera viva, como si la hubieran conocido siempre, como una salvadora... como si fuera hija de todos. Y lo fue -lo es-. Aunque allá por 1935, decían que se iba a la capital de puro fuego en el cuerpo... de pura llama.
Y todos comentaron su descaminar, aunque cuando se hizo un poco conocida como actriz, el fuego comenzó a olvidarse. Y todos la conocieron desde niña, y todos la conocen. Y es bonita, y le gusta la ropa linda, los vestidos vistosos, la magia del atuendo... Y se enamora de un uniforme, de un vicepresidente encarcelado, de una imagen... Y conversa con los trabajadores, y se pone al frente, y los hace levantar. Y el 17 de octubre los obreros ocupan Buenos Aires, y el uniforme es liberado y se hace persona y se hace presidente...
Y ella es la vida, saca a los de mucho tener para dar a los de poco comer, recibe a los de abajo en su oficina y los trata como seres humanos, se hace madre de todos, se hace grande, se hace símbolo, se hace Evita... Y las pieles de visón y armiño alumbran su cuerpo. Y el uniforme, ya tiene nombre y es algo más que militar, y se llama Juan Domingo Perón. Y surge el peronismo que para bien y sobre todo para mal, hace del país un espejismo.
Y Evita ayuda a los sin camisa, y Perón ayuda a su iguales de la Alemania perdedora de la guerra. Y Evita sabe en quien apoyarse y a quien ayudar, pero no sabe cómo cambiar la realidad, a donde caminar...
Piensa que postularse a la vicepresidencia es una salida, no va mucho más allá... Y a pesar de eso, los militares la temen y no aceptan la candidatura.
Y comienza el desgaste, y la vida le juega una mala pasada, y el barco queda a la deriva, como siempre estuvo. Y Perón pierde el uniforme y se marcha, y los militares deciden secuestrar la vida, que parece seguir viva, y la envían fuera del país. A pesar de eso la imagen queda en las mentes, camina por la mirada de casi todos los argentinos, y ayuda a que el espejismo siga vivo. Y el brujo y la presidenta, antes de entregarse a los uniformes piensan en volver a traer la vida... Eso no es tan triste, triste es ver a la gente seguir creyendo en la vida, como un espejismo...
Eva Duarte. Nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en 1919. Alcanzó cierta popularidad como actriz entre 1935 y 1945, cuando se casó con Juan Domingo Perón, quien acababa de ser depuesto de los cargos de vicepresidente y de ministro de trabajo. Encarcelado Perón en la isla Martín García, encabezó la campaña de movilizaciones que culminó el 17 de octubre con la ocupación de Buenos Aires por parte de los trabajadores y la posterior liberación de Perón, que en febrero de 1946 fue electo presidente. Durante el gobierno de su esposo, Eva Duarte pasó a ser conocida como Evita y dirigió la Secretaría de Trabajo y la Fundación de Ayuda Social.
Postuló su candidatura a la vicepresidencia en 1951, pero no fue aceptada por los militares. Con su muerte en 1952, el gobierno entró rápidamente en crisis. Perón fue finalmente derrocado en 1955. Ese mismo año el cuerpo embalsamado de Evita fue secuestrado por los militares golpistas y enviado a Italia primero y luego a Madrid.
En 1975, otro gobierno peronista abría paso a los militares. Lo dirigía la segunda esposa de Perón, María Estela Martínez, quien junto a López Rega, Ministro de Bienestar Social (conocido como el brujo, y fundador de los escuadrones de la muerte), decidieron repatriar el cuerpo de Evita como una forma de ganarse a la gente.

CHABUCA
Lima, 1975.
En Perú se escucha una pajarilla que canta a la vida de la gente, al amor de la gente, al paisaje de la gente, es una pájara de muchos ritmos y muchos trinos y muchos colores. No es de la sierra ni de la costa, no es de región alguna, es de todos los rincones... y canta con la música de la sierra y cautiva con el decir de la costa... Y cuando canta, el cajón suena mágico, atrapa, acaricia la piel y se suma a la voz para conquistar mundos, para embriagar los sentidos, para conquistar... Y cuando llega a Lima suele decir: "Déjame que te cuente limeño/ déjame que te diga la gloria/ del ensueño que evoca la memoria/ del viejo puente del río y la alameda./ Déjame que te cuente limeño/ ahora que aún perfuma el recuerdo/ ahora que aún se mece en un sueño/ el viejo puente, el río y la Alameda". Y el limeño la escucha y se ve en sus historias, y conoce de una bella mujer que al ritmo de su cadera estremece las veredas, y seduce miradas y corazones, y camina más allá del Perú, y suma amores en todo corazón, en toda América... Y la mujer se torna un sentimiento y muchos cantadores hablan de ella y la hacen pasear por sus guitarras, por sus cajones, por sus tambores, y se hace parte de la piel del sonido. Y muchos escuchan-cantan-silban: "Jazmines en el pelo y rosas en la cara/ airosa caminaba la flor de la canela/ Derramaba lisura y a su paso dejaba/ aroma de mistura que en el pecho llevaba/ Del puente a la alameda, menudo quien la lleva/ por la vereda que se estremece/ al ritmo de su cadera/ Recogía la risa de la brisa del río/ y al viento la lanzaba/ del puente a la alameda". Y la pájara es muchas voces, es muchas letras a la vez, es muchos pentagramas, muchas geografías...
Le dicen Chabuca, y así la conocen desde el río Bravo a la Tierra del Fuego. Así la nombran y así la quieren, no importa si ese no es su nombre, es que Chabuca ya no es un nombre, es un sentimiento peruano... es una flor peruana, la flor de la canela. Y cuando se marcha todos la duelen, todos la nombran, y en el dolor de un Perú sangrante por la violencia, por la sangre en las calles, por la pobreza que es la violencia primera, en el dolor, a pesar del dolor, sigue caminado su voz, sigue trinando su vida, sigue susurrando al viento: "Déjame que te cuente limeño/ hay deja que te diga moreno, mi pensamiento/ a ver si la despiertas del sueño,/ el sueño que entretiene moreno tu sentimiento...".
María Isabel Granda. Fue la cantante y compositora peruana de más trascendencia en América Latina y Europa. A partir de 1952 compuso una larga serie de canciones que tuvieron mucho éxito, algunas de ellas ya son clásicos en el repertorio de muchos cantantes, como "La flor de la canela" y "Fina estampa". Formó parte del movimiento musical latinoamericano que a partir de los primeros años de la década del 50, comenzó a rescatar el folclore de América y se transformó en el antecedente de lo que luego será el Movimiento de la Canción Protesta. Como intérprete actuó en todo el continente y varios países europeos. Nació en 1920 y falleció en 1983.

ALICIA
Buenos Aires, 1977.
Cuando mira a las Madres de Plaza de Mayo, los ojos se le pueblan de imágenes. Las imágenes son parte del siglo en sus comienzos. Los comienzos... ¿qué son los comienzos, sino recuerdos? Los recuerdos no sabe si son verdad o son mentira. Si los soñó o los vivió. Pero viven en su niñez y así los guarda su memoria, por lo tanto, existen. Los recuerdos son desatados dos por tres, en este presente oscuro, que a pesar de todo no le deja perder la esperanza.
-Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría. Recuerdo los barrios obreros de esta ciudad cuando llegábamos con las banderas rojas, y la gente se iba reuniendo, y se iban logrando cosas. Cuando el partido socialista era una parte linda de la vida. Cuando la mujeres nos juntamos por primera vez y empezamos a pelear por nosotras...
Entre los lugares fabulosos de su memoria, hay muchas fotografías y periódicos. Objetos que le traen a la vida los haceres y deshaceres de por acá: y ahí está el dolor de la Patagonia ensangrentada, las expropiaciones de los ácratas, Perón y sus espejismos... Haceres y deshaceres de por allá: y entonces aparecen las marchas de los obreros norteamericanos enfrentados a las mafias, las caras de Sacco y Vanzetti antes de morir, el decir y hacer de Rosa Luxemburgo...
En realidad es como si el mundo le diera vuelta en la cabeza, en esta tarde de uniformes. Pero cuando el ánimo se quiere caer, enseguida se sobrepone, entonces salta y lanza un grito de puro optimismo.
-Ya terminaremos con el poder del Papa y los generales. Ya vendrá la revolución, ya todos estaremos juntos...
Ella es como el motor de las Madres, no deja que el mundo se vaya más abajo de lo que ésta, no deja que el dolor se instale y haga su miseria.
Todo lo transforma en esperanza, porque siempre es posible hacer algo. Y así lo dice, y así lo pide. -- Vamos, todas unidas. Cada una por su lado, no.
Tenemos que estar juntas para seguir caminado.
El sol de diciembre entra abundante por la ventana de la sala, donde cinco madres discuten los próximos pasos en la lucha por rescatar la memoria, por hacer que llegue la verdad, y la justicia deje de ser una palabra más en el diccionario. Cuando terminan, ella les habla de un barrio donde la solidaridad era el pan de cada día, donde todos se ayudaban y protegían, donde no había puertas cerradas, donde el fin de año era una fiesta colectiva en las calles. Y les cuenta de los bailes, de los novios, de un mundo que quería nacer distinto. Las madres la escuchan y la admiran por tanta vitalidad, aunque está pisando los cien años.
Y mientras Alicia habla, todas recuerdan algún barrio, alguna calle. Y todas, tal vez, intentan descifrar el signo de los tiempos. ¿Cómo entender los tiempos, ahora, cuando ni música queda? ¿Cuando los uniformes entran en las casas sin permiso y cierran cuadras enteras? ¿Cómo entender los tiempos, cuando tantos hijos se marcharon buscando un amanecer, casicasi sin despedirse? ¿Cuando tantos otros deben dejar el barrio para no dejar la vida? Cómo entender los tiempos sin barrio?
Ella, que vivió todas los días del siglo y todos los tiempos que fueron de la luz a la oscuridad, a veces tiene una duda: no sabe si los recuerdos que le dejó la vida, son verdad o mentira. Pero están en su memoria y, por lo tanto, existen. Aunque algunos se empeñen en hacer creer que son mentira, la vida ayuda a no olvidar.
Alicia Moreau de Justo. Es considerada una de la primeras feministas de América Latina. Ya en las primeras décadas del siglo empezó a pelear por los derechos de la mujer. Para eso, y para organizar a las argentinas, reunía campesinas en el campo y obreras en los barrios fabriles. Fue una de las fundadoras del Partido Socialista de Argentina y participó en las grandes manifestaciones sociales que se dieron en distintas épocas. En 1977, al poco tiempo de fundarse la Asociación Madres de Plaza de Mayo, se sumó a la lucha de ellas contra la dictadura. A pesar de su edad avanzada, mantenía su espíritu, y se encargaba de levantar el ánimo de la madres, humilladas y maltratadas por el poder.

CLARICE
Río de Janeiro, 1977.
Viste que la palabra, podía ser tu mejor confidente desde muy niña. Que una mujer, nace, se abre y se hace metáfora para poder contarse-leerse-vivirse antes de volar. Y aunque otras mujeres caminen por la vida con historias muy semejantes, ninguna de ellas, o tal vez todas, habitará el tiempo de tu pluma: aquella alma... Pues tu aprendiste de todas y ninguna, la fuerza de lo que perece y la herida de lo que vive.
Hora nublada, sabes que se puede -debe-seguir buscando y escribes-describes personas que hablan solas, con su propio espejo... Pero no están locos, más bien están demasiado cuerdos para el momento, pues sus almas se quiebran en dos: una parte recorre su mundo interno mientras la otra da vueltas por el mundo que le rodea.
¿Y tu mundo? Aunque andes mucho por las europas, sigues volviendo a tu Recife, a tu Río de Janeiro, sigues caminando por este Brasil tan tuyo y tan de todos, uniformado como nunca, a pesar del febrero de colores...
Alta noche, tu pensar te desvela nuevamente: ya olvidaste tu nacer en algún lugar de Ucrania; en tu mente solo está aquel andar pernambucano; aquella primera novela a los dieciocho años (que alguna editorial no quiso publicar y al año siguiente te dio un gran premio); "A cidade sitiada", tu novela más querida; "A maça no escuro", la que quisieron los críticos...
tanta cosa.
Pero de repente desaparecen todas las añoranzas. Frente a la máquina de escribir ya no está tu niñez, ni tu ciudad, ni tu primer gran éxito, ni ese país de soldados, ni el desfile de las escolas do samba. Junto a tu corazón, tu piel, tu mirada, surgen sólo preguntas sobre Dios, el amor, la libertad, las almas... Tus personajes se adueñan de ellas y aparecen algunas respuestas, no muchas, otras las construirán quienes te lean. Mientras te escapas del pozo del tiempo y antes de sembrarte en Río para siempre, tecleas los últimos aconteceres de tu decir... Ahora ya no dudas como alguna vez y, piensas que toda la emoción que has contado con palabras no fue solo tuya, y que las historias fueron de muchos, y que la metáfora fue, en parte, una realidad de tantos... y la imagen de Clarice.
Clarice Lispector. Nació en Tchetchelnick, Ucrania, en 1926 pero se radicó en Brasil teniendo pocos años. Pasó su infancia y adolescencia entre Recife (estado de Pernambuco) y Río de Janeiro. Su primera novela, "Perto do coracao selvagem", la terminó a los 18 años. La editorial José Olympo no aceptó publicarla, pero al año siguiente, con esa novela ganó el Premio Graça Aranha, uno de los concursos literarios más prestigiosos de Brasil. En poco tiempo Clarice se convirtió en un fenómeno de la literatura brasileña, su escritura rompió todos los esquemas de la narrativa y el mundo interior de las personas-personajes pasó a ser el centro de su creación. Desde 1971 viaja seguido a Europa, donde mantiene largas estadías. Está considerada como una de las grandes narradoras de este siglo. Cuando murió, en 1977, había publicado diez novelas, dos libros de cuentos y varios volúmenes de crónicas y artículos periodísticos.
Sus obras más importantes son "A cidade sitiada" (1949), "Laços de familia" (1960), "A maça no escuro" (1961, "A paixao segundo G.H" (1964), "Uma aprendizagem: o livro dos prazeres" (1969) y "A hora da estrela" (1977).

ELIS
Río de Janeiro, 20 de Enero de 1982.
Tirado en la arena de la playa del Flamengo hay un borracho. Todos los que pasan a su lado, se imaginan que salió de una canción de Joao Bosco y Aldir Blanc. Una canción que ella cantó, que golpeó a los uniformes, que dolió en el corazón de los jóvenes, que duele... y sin embargo cuánta vida hay en esas letras.
Su mirada tristona se pierde más allá del mar, donde todavía quedan muchos de los que como él, partieron en un rabo de foguete. Su pensar solitario cae al mar, donde está Yemanjá y Vinicius, y ahora seguramente esté ella. Un borracho sin equilibrista pero con recuerdos.
Y en esa memoria de alcohol, anida una historia de Belchior, que es como una descripción de su vida, y la de ella. Entonces, tal vez buscando su equilibrista, tal vez escuchando la voz de ella en el mar, tal vez soñando -o sabiendo-que el show tiene que continuar... arma el diálogo. Y cuando una muchacha se acerca, la acaricia con palabras. Pero ella no corre, se queda a escucharlo y le sigue la conversa. La joven sabe que lo conoce, él sabe que la conoce, los dos saben que en esa conversación-canción, están describiendo sus vidas y lo que fue la vida de Elis hasta ayer nomás, cuando Sao Paulo se nubló. No hay música de fondo, pero hay olas y saudades.
-Sabés que, hoy no quiero hablarte de las cosas que aprendí en los discos, o en los libros, o en las manifestaciones. Quiero contarte como viví, y todo lo que me pasó en estos años. Todo lo que pensé y todo lo que sigo pensando. Vivir sigue siendo mucho mejor que soñar. Yo sé que el amor es algo bueno. Pero también estoy convencido que cualquier canto, es mejor que la vida de nosotros. Por eso, cuidado mi amor, hay peligro en la esquina. Ellos vencieron y el semáforo está en rojo para nosotros, que a pesar de todo seguimos siendo jóvenes.
-El amor es una cosa buena. Si será buena que en la herida abierta de mi corazón, todavía hay un lugar para vos. La última vez que te vi fue hace bastante tiempo, con el pelo al viento, la campera de jean y la guitarra.
Todavía recuerdo la calle y la gente joven reunida, las canciones de Elis y tu voz. En la pared de la memoria ese es el cuadro que me duele más.
-Mi dolor en cambio, es saber que a pesar de haber hecho todo lo que hicimos, todavía somos los mismos y vivimos como nuestros padres.
Nuestros ídolos todavía son los mismos y las apariencias ya no engañan más. Tu tal vez digas que después de ellos no apareció nadie. Incluso podrás decir que es la borrachera o que estoy inventando. Solo sé que quien me dio la idea de una nueva conciencia y una nueva juventud, está en su casa contando monedas.
-Pero es que vos sigues siendo el mismo pesimista empedernido, el que ama el pasado y no ve que lo nuevo siempre llega. Lo nuevo tiene que venir. Incluso el pasado tiene que servir para cambiar y volver a cambiar cada día. Para construir y volver a construir, para construirnos y volver a construirnos...
Y como el alcohol, la canción se evapora en el aire, pero Elis sigue ahí, en la charla media atrapalhada, media intelectual de un borracho que hace poco regresó del mar, y acaba de reencontrar su equilibrista. Los dos saben que ayer en Sao Paulo se fue parte de su pasado.
-Cuando ella cantaba nuestra canción era como que vibraba, como que otro ser le salía de adentro. Tenía tanta fuerza en la voz... que avasallaba.
Y sin embargo tanta soledad a cuestas. Tanta lágrima quemándola y quemándonos a todos.
-Quemándola y quemándonos como un falso brillante. Yo creo que lo de Pimentinha, le iba cuando estaba en el escenario o cuando peleaba un contrato. Pero también era un poco para esconder todo el dolor que llevaba adentro. Desde chiquita, desde que salió por primera vez en la vieja radio Gaúcha.
-Ese dolor era su eterna soledad. Seguro que ella se preguntó mucha veces que era la soledad. Y muchas veces se debe haber respondido que era ella misma. La soledad era como un mundo que llevaba adentro, y que de vez en cuando salía por el canto, que al final de cuentas también era solo.
-Bueno, también era un poco nuestro. Y de los tantos miles de brasileños que la escuchaban-escuchan-escucharán.
-Pero no dejaba de ser solo, como nosotros y esos tantos miles de brasileritos. Claro que su soledad estaba llena de luces y cámaras de televisión. Pero si nos ponemos a ver, eso no era nada, como las notas en su garganta.
-Para mi, Elis siempre tuvo miedo de descubrir la soledad, porque siempre tuvo miedo de dejarla. Se había acostumbrado tanto ella, que pensar en dejarla la atormentaba.
-Pero quedarse con ella también confundía su pensamiento. Tal vez ayer se decidió qué camino seguir...
Elis Regina Carvalho Costa. Nació en Porto Alegre, capital del estado de Río Grande do Sul, Brasil, el 17 de marzo de 1945. Desde niña se dedicó a la música. Primero estudió piano, pero como sus padres no tenían dinero para comprarle uno, tuvo que dedicarse al canto. A los 13 años firmó su primer contrato con radio Gaúcha, y a los 14 ganaba más dinero que su padre. A los 15 años grabó su primer LP. Saltó a la fama a mediados de los sesenta, cuando triunfó en el I Festival de la Televisión Exelcior, con la canción "Arrastao", que casi fue censurada por la junta militar que gobernaba el país. De allí en más se transformó en uno de los mitos de la música brasileña hasta ser considerada la Edith Piaf de Brasil. Su carácter fuerte y su energía llevó a que la apodaran "Pimentinha".
En 1969, durante una gira por Europa, dijo en una entrevista que su país estaba gobernado por gorilas, en alusión a la dictadura militar. Esas declaraciones casi la obligan a exilarse como Gilberto Gil y Caetano Veloso. Sin embargo, había logrado tal fama que los militares prefirieron no perseguirla. Años más tarde cantó el himno de Brasil en una ceremonia de la Junta Militar. Eso provocó un rechazo en muchos artistas e intelectuales. El famoso caricaturista Henfil, que tenía un hermano exiliado, realizó una caricatura en la que Elis aparecía haciendo el saludo nazi. Eso provocó una profunda crisis en ella. Tiempo después se supo que había sido obligada a cantar para los militares, amenazada de que si no lo hacía, podía pasarle algo. Henfil y Elis volvieron a rehacer su amistad y ella ayudó con dinero a muchos perseguidos políticos.
En 1975, cuando lanzó su disco autobiográfico "Falso Brillante", Elis Regina permaneció dieciséis meses en el Teatro Bandeirantes de Sao Paulo, algo que nadie había logrado.
A fines de 1979 se lanzó una gran campaña por la Amnistía General. El Movimiento tomó como himno una canción de Joao Bosco y Aldir Blanc que interpretaba Elis Regina. Se titulaba "El borracho y la equilibrista", y era una metáfora de lo que había significado el gobierno militar. En una parte decía que la gente "sueña con la vuelta del hermano de Henfil, con tanta gente que partió en un rabo de foguete".
Decretada la amnistía, los exilados comenzaron a regresar. Pocos días después del retorno del hermano de Henfil, el 19 de enero de 1982, en Sao Paulo, la "Pimentinha" murió de un paro cardíaco. Tras su muerte se realizó un gran festival musical en el estadio Morumbí. Más de cien mil personas escucharon a todos los grandes cantantes de Brasil.
Y al final del acto, cantaron todos juntos "El borracho y la equilibrista".
Elis Regina siempre comentaba que su único miedo eran los escenarios, que cada vez que iba a entrar en uno se ponía intolerable e insegura porque tenía el temor de cometer errores, de no ser perfecta. Algunos de sus amigos dicen que su temor mayor fue siempre la soledad, aunque no quería demostrarlo.

MARIANELA
La Bermuda, El Salvador, 1983.
Mira, y cuando mira en sus ojos se refleja como un rencor, o mejor dicho como todos los rencores de su tierra que, son grandes y son muchos y son de tantos años y balas y torturas y dolores que, ya no recuerda.
Camina, por esta aldea perdida y encontrada del mundo, y cuando camina busca la realidad, o mejor dicho todas las realidades... y junta palabras que dicen que los soldados andan tirando fósforo blanco contra los campesinos que se van a la guerrilla, y graba los rostros, las cicatrices, las imágenes de una guerra que parece haber empezado hace siglos y parece no terminarse nunca.
Habla, y cuando habla aparecen algo así como soledades, o mejor dicho como todos los anocheceres del país, que aprendió a conocerlos de quienes llegan por miles a la Comisión de Derechos Humanos para noticiar o noticiarse alguito nuevo de sus desaparecidos.
Recuerda, y cuando recuerda se le asoman a la piel algunas sombras de estos años, o mejor dicho lágrimas que se acurrucaron en sus ojos para no regar las calles. Pero también algunas sonrisas, y lunas y soles y amaneceres y futuros y maíces que se desgranan en el tiempo... Y está don Arnulfo, con la voz quebrada por tanta muerte de otros y la suya propia, diciéndole al lázaro-pueblo "levántate y anda". Y están los uniformes, y su secuestro y los golpes y la violación un día de 1978. Y están las campesinas sin padres, sin maridos, sin hijos. Y están los niños sin fuerza, con un fusil al hombro. Y está el boquete que una bomba hizo en su pared.
Y los compañeros de la Comisión, acribillados o arrojados al mar. Y está la mañana, que según dice, algún día llegará, aunque no sabe cuando, ni por qué lado...
Ahora, Marianela vuelve a mirar la tierra desolada de Cuscatlán. Y no imagina que en su futuro-ahora, aunque diga y repita que "yerba mala nunca muere", los uniformes se encargarán de cambiar la vida... Y la gente de estos lugares cambiará el refrán, y de ahora en adelante dirán que "yerba buena siempre vive".
Marianela García Vilas. Durante la guerra en El Salvador, fue abogada de los torturados e integrante de la Comisión de Derechos Humanos que denunciaba las atrocidades de un régimen que arrasaba poblaciones y asesinaba salvadoreños, fueran o no guerrilleros. En 1978 fue secuestrada y violada por las fuerzas policiales. "Eso es para que no sigas haciendo denuncias", le dijeron. Ella, tras el dolor y la mucha rabia se fue a conversar con el arzobispo Arnulfo Romero, a contarle lo que le ocurrió. No imaginaba que sus palabras serían como una revelación para el arzobispo, quien tras escucharla se hechó a llorar, y desde ese mismo momento decidió entregarse totalmente a la lucha de su pueblo.
Marianela, por su parte, no se dejó amedrentar por el ataque, y siguió luchando-denunciando cada violación a los derechos humanos que ocurría en el país. Tiempo después bombardearon la Comisión, pero Marianela siguió peleando. Hasta que la muerte comenzó a llegar: primero matan a sus compañeros de la Comisión, después le llega el turno a ella. En 1983, en la aldea La Bermuda, en Cuscatlán, mientras buscaba pruebas de que el ejército arrojaba fósforo blanco contra los campesinos, fue asesinada.

HEBE CORA CORALINA
Sao Paulo, 1984.
Aquí nomás, arriba del Brasil hay un territorio fuera del mundo, una cachimba sin agua, un río parado que busca mojarse corriendo hacia el mar. Y hay pueblos, propiedad privada, aunque el pueblo ha sido privado de la propiedad. Y hay tierra cuarteada y flacos esqueletos de caballos en los caminos, y en los caseríos hay abundancia de falta de comida, y el jugo de feijao con farinha de mandioca es el único alimento, y la niñezquelética come insectos, y la gente camina al Sur soñando con la vida, y el sol quema en la cara y en las entrañas y en el corazón...
De esa verdad a Sao Paulo hay como lágrimas que se derraman sobre el vientre del alma, esa almita clara, desvencijada y largarrisa cuando llueve, pero siempre triste, nuncalegre, siempre esperamilagros del Padre Cícero, nunca milagreada por la economía, siempre-nunca... Y en Sao Paulo, la imaginación de una poeta atraviesa la estrechez del mundo, peregrina la realidad, paradojea las fronteras del Nordeste, rompe alambrados y entrega la vida en versos, la rompe en palabras, la hace volar al país... No es solo poeta, es la historia del siglo, la foto de todos los brasiles, la sonrisa tierna del sertao, la imagen de Xangó, la de Goiás... Es el rostro del garimpo, la mano cuarteada de los sem terra, el plato sin nada de los boias frías... No es la leyenda, es la realidad partida de un país. Es el espíritu de la palabra y la palabra, la saudade del que partió y la lembrança de quien quedó, es la vida del caboclo y la cabocla vieja, el cherinho da roçeira, el agua das lavandeiras, Cora-Coralina-Coralinda.
Cuando nació, su viejo padre dejaba la vida, y ella creció triste, pálida, flaca, de piernas débiles. Y al hablar de su niñez dice: "Tenía miedo de las historias que oía contar: apariciones, hombres lobos, mulas sin cabeza, almas en pena. Tenía las piernas debiluchas y las rodillas siempre machucadas, heridas de tanto que caía. Caía de los escalones, lloraba, llamaba, reclamaba. De adentro, la casa responda: 'Levántate, pierna-débil'".
Siempre pronta a salir con sus hermanas, no era la compañía deseable, y se quedaba sola en la casa, y las calles eran solo una mirada: "La calle. El puente. Gente que pasaba,/ el río mismo, corriendo debajo de la ventana,/ yo veía por un vidrio quebrado, el ventanal/ empapado./ En la quietud sepulcral de la casa,/ era prohibida, incomodaba el hablar alto,/ la risa franca, el grito espontáneo,/ la turbulencia activa de los niños". Y la sonrisa le fue creciendo triste: "Intimidada, disminuida, incomprendida./ Actitudes impuestas, falsas, contrahechas./ Reprensiones hirientes, humillantes./ Y el miedo de hablar.../ Y la certeza de estar siempre errando.../ Aprender a quedar callada./ Niña boba, escuchando sin responder".
Y se hace grande, con la poesía melancólica, pero con la fuerza de todas las mujeres, y a todas las mujeres escribe. Y ahí están sus hermanas de la calle, y dice: "Mujer de la vida. Mi hermana./ De todos los tiempos./ De todos los pueblos./ De todas las latitudes./ Ella viene del fondo inmemorial de las edades/ y carga la carga pesada/ de los más torpes sinónimos,/ sobrenombres y apodos:/ Mujer de la zona,/ Mujer de la calle,/ Mujer perdida,/ Mujer sin rumbo".
Y ahí están las lavanderas de Río Vermelho, y dice: "Esa mujer.../ Tosca.
Sentada. Arrodillada.../ Brazos cansados/ descansa en sus rodillas.../ mirar parado, vago/ perdida en su mundo/ bulto de ropa y espuma de jabón".
Y están las campesinas, y están las espigas del maíz que también son mujeres y dice: "Cabelleras rojas, bastas, onduladas./ Cabellos largos, cortos,/ quemados, despeinados.../ Champú de lluvias.../ Fragancias nuevas del maizal./ Señor, como los plantíos huelen bien!.../ Mueca de maíz, vestida de paja.../ Una fragancia caliente, sexual, invade en un espasmo el maizal".
Y Cora fue todas las vidas, fue todas las mujeres de su país, todas las tristezas... Y cuando su piel ya era de muchos años supo decir: "Todas las vidas dentro de mi:/ En mi vida/ la mera vida de la oscuridad". Después se fue mirando el campo...
Ana Lins dos Guimaraes Peixoto. Fue conocida como Cora Coralina, es una de las más grandes poetisas de la lengua portuguesa. Escribió a la realidad de la mujer, la vida de su estado, la pobreza del Nordeste, el misterio de los ritos afrobrasileños. Su poesía integró casi todas las culturas del Brasil, los varios brasiles que existen. Fue contemporánea de Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Casi todos sus libros han tenido más de diez ediciones. Nació en la ciudad de Goiania (estado de Goiás). Se casó y fue a vivir a Sao Paulo, donde tuvo seis hijos. Enviudó y se dedicó a la actividad agrícola en una pequeña finca en el interior del estado. Su libros más conocidos son: "Poemas dos becos de Goias e estorias mais" y "Estorias da Casa Velha da Ponte". En 1984, la Unión Brasileña de escritores la nombró "Personalidad literaria del año". En ese momento, Carlos Drumond de Andrade (poeta mayor de Brasil y uno de los más grandes de América Latina) dijo: "Admiro a Cora Coralina y la amo como alguien que vive en estado de gracia con la poesía. Su verso es agua corriente, su lirismo tiene la fuerza y la delicadeza de las cosas naturales".

TOTA
Montevideo, 1986.
"¿Dónde está el olvido? ¿Quién habla de esperas?/ Que aquí yo la busco sea como sea/ adiós al cansancio, adiós a los años/ adiós las mentiras, adiós los engaños". Los versos de Rubén entran por sus oídos, por su mente, por su piel, andan por todos los rincones de la casa, por todas las esquinas del barrio, por todos los barrios de su Montevideo, por cada lugarcito de un país que espera... Los versos entran como hace tiempo, se pasean por su pensamiento, y se hacen amigos de los recuerdos que, son como imágenes en la mirada, son gorriones que quieren volar. Ella piensa en la vida caminada, que es como pensar en Elena, que es como pensar en la bruma que invadió el país, que es como pensar en tantas sonrisas que se marcharon, tantos corazones, tantas miradas. Y piensa cuando la guerra civil española, cuando París fue bombardeada, cuando el mundial del 50, cuando su casamiento, cuando Elena se hace maestra, cuando las marchas, cuando los enfrentamientos con la policía, cuando el país comienza a caerse, cuando llegan los uniformes. Y piensa cuando corría 1976 -tiempo del no se puede decir, no se puede reunir en las esquinas, no se puede...-, cuando Elena queda tras los fierros, cuando ya nadie da razón de su paradero... Y piensa cuando empezó a caminamundear por su hija, que en realidad era por todos los hijos... Cuando crece, cuando florece, cuando remonta de sus cacerolas, cuando se hace madre de muchos... Y piensa, cuando la huelga de hambre por la amnistía general... cuando cada viernes, junto a las otras madres, en la Plaza Libertad, mantiene la foto de Elena. Cuando otros versos se hacen mundo en el aire montevideano: "Volverá la alegría/ a enredarse con tu voz./ A medirse en tus manos/ y a apoyarse en tu sudor./ Borrará duras muecas pintadas/ sobre un frágil cartón de silencio/ y en aliento de murga saldrá:/ a redoblar, a redoblar, a redoblar muchachos la esperanza/ que su latido insista en nuestra sangre para que esta nunca olvide su rumbo./ Porque el corazón no quiere entonar más retiradas".
Y piensa, sigue pensando... como quien no quiere dejar de lado los pedacitos de recuerdos que lleva a cuesta, y se acostumbra a quererlos y derramarlos una y otra vez entre la gente... La vida y la memoria siguen caminado juntas...
María Almeida de Quinteros. Más conocida como Tota, nació en 1918, en un barrio de Montevideo de origen obrero.
Se casó a los 26 años y tuvo una hija a la que dio el nombre de Elena. A pesar de la humildad del hogar, con el apoyo de sus padres Elena siguió los estudios de maestra. Allí comenzó su pelea por una educación mejor, pero un régimen autoritario se iba imponiendo, y llegó la dictadura... En 1976 Elena Quinteros fue detenida y torturada. Intentando escapar argumentó un supuesto contacto con un compañero en un lugar cercano a la embajada de Venezuela. Hasta allí la condujo el personal de inteligencia. Elena saltó el pequeño muro y se introdujo en la embajada. Sus custodias corrieron atrás. Los funcionarios de la embajada pelearon para que no la sacaran de territorio venezolano, los policías forcejearon y se la llevaron. Después nadie dio razón de su paradero. Allí comenzó el trajinar de Tota en busca de su hija.
Luego de un intenso caminar denunciando la realidad que vivía el país durante la dictadura, regresó a Uruguay en 1984. Pero el autoritarismo todavía no se terminaba. Junto a otras madres de desaparecidos formó el Comité de Familiares de Desaparecidos, y realizó (a pesar de sus 66 años) una huelga de hambre pidiendo la amnistía para los presos políticos y el regreso a la democracia.
En 1989 se eligió concejal de Montevideo, y allí comenzó otra lucha, caminando barrio por barrio, juntándose a los que no tienen casa, a los desocupados, saliendo a las calles con la gente, siempre dispuesta a recibir el reclamo de los habitantes de la ciudad y brindarles ayuda.

MARÍA ISABEL
Buenos Aires, 1986.
A veces los años para ella son como un fogonazo de luz y no son nada.
Sus recuerdos son como fuego que la hacen caminar y sin embargo le enfrían las venas, le hielan hasta el último engranaje de su cuerpo que sigue marchando, a pesar de las tantas tristezas, a pesar de las demasiadas faltas, ya no de su casa, sino de toda la Argentina.
Este 31 de diciembre es para ella como la imagen de la ausencia, recuerda y cuando recuerda, aparecen sus hijos y su nieta de tres meses, chiquita, llorando en la noche de uniformes, en la oscuridad de los cañonazos militares sobre la casa, en la casa de tilos florecidos-arrasados... Ella, que sigue odiando los tilos porque todavía están en su olfato-mirada-piel (aquel olor infernal, insoportablemente mezclado con el de la pólvora), ya tiene muchos más sueños que en aquel verano de hace diez años, cuando vecinos y parientes la esquivaban por "madre de subversivos", cuando llenó un montón de cajas con "pedacitos de vida rota" -como diría Eduardo alguna vez-, cuando de tan sola hasta el silencio era parte de la dolor...
Ahora, los años de pañuelos blancos en Plaza de Mayo, los tiempos de caminar buscando junto a otras tantas abuelas y la alegría-pasión por encontrar a más de treinta niños, le hicieron creer que en algún rincón de aquel corazón maltratado se quedaron guardados un montón de sueños, y la vida fue regresando, de a poco...
Ahora, María Isabel sabe que hay mucho que hacer y decir. Y en cada actitud, desde que se juntaron por vez primera todas las abuelas, allá por la época más dura (cuando Astíz era el ángel que mataba a tantos), hace y dice sin miedos, con muchos nietos en la mirada del futuro, que ya es hoy...
Decidieron encontrar a cada niño-botín de guerra y lo están logrando, quisieron pelear contra el olvido y lo están haciendo... Ella, junto a las otras, no dejaron que la vida se les vaya. Hoy, cuando este año se marcha despacito y tantas esperanzas quieren aparecerse con el que viene, mira un árbol de navidad y recuerda, pero ahora los sentires están fuertes y la soledad no está tan sola...
María Isabel Mariani. En 1976 las fuerzas armadas argentinas arrasaron con su casa. Destruyeron todo, y lo que no se lo robaron. Solo quedó intacto un disco: el "Réquiem" de Verdi. Sus hijos sospechos de tener una imprenta clandestina, fueron asesinados por los cañonazos militares. Su nieta de tres meses, como tantos otros bebes, fue tomada como botín de guerra por los represores. Ella, sola, recorrió la casa tratando de encontrar algún recuerdo de sus hijos. Luego juntó en varias cajas los pedacitos de la vida destrozada. Los amigos cruzaban la vereda o desviaban la mirada. Pero María Isabel no se escondió tras el dolor, y junto a otras tantas abuelas, fundó la Organización Abuelas de Plaza de Mayo, de la cual es presidenta. Además de denunciar la atrocidad de las desapariciones durante la dictadura argentina, las Abuelas rescatan del infierno a decenas de niños desaparecidos, devolviéndoles su identidad.

RIGOBERTA
Ciudad de Guatemala, 1989.
El viejo indígena, recostado contra el árbol que lo vio nacer, mira hacia las casas de la aldea. Luego gira lentamente la cabeza y su mirada toca la montaña. Su pensar se acerca al corazón trayendo recordaciones... y surge un grito desde el fondo de los tiempos, un grito que atraviesa Guatemala de la costa a la montaña, se refresca en los ríos, traspasa la mirada de la memoria y llega al presente de todas las aldeas maya-quiché... "El cielo se volvió rojo, rojo se reflejó el sol, sobre la tierra encendida, roja la sangre corrió... Cuando cayó el capitán Tecum Uman, un águila cayó, un quetzal, un mundo cayó. ¡Capitán Tecum, vuelve a volar capitán!... A ella... a Rigoberta le quemaron vivo a sus padres y mataron a seis hermanos de los nueve que eran. No en la época que Tecum Uman peleaba por la libertad, no... En los tiempos de la actualidad, cuando arrasaron 440 aldeas de las nuestras. En los tiempos que el fuego quemó los horizontes...".
El viejo habla de ella con toda la ternura, con toda la rabia, con todo el fuego de Guatemala. Es hija de las altas mesetas de la cordillera, sencilla y dulce como cualquier pájaro, tranquila y fuerte como cualquier volcán...
lleva en su sangre, su mirada, su decir, la fuerza de 500 años de siempre pelear...
Y cuando habla, la tierra crece en sus palabras... "La tierra -dice, mirando lejos como intentando encontrar ese horizonte quemado por las llamas-, es el origen del conflicto que vive nuestro país y es donde nos unimos los campesinos. Porque la tierra no solo representa los intereses materiales: que nos da el maíz, que nos da el frijol, sino también es fuente de cultura, es memoria, es donde se enterraron los abuelos, es donde está la memoria maya pues".
La voz del abuelo maya-quiché, también es memoria que logra unir pasado y presente, que junta todas las magias, todos los mundos, todas las vidas...
"Nos arrancaron la tierra, la milpa y el corazón, nos arrojaron al fuego, en nombre de un nuevo Dios. Esclavos de nuestro suelo sólo nos quedó morir, llorar, escondernos dentro de nosotros mismos, no hablar. Sin embargo la esperanza nunca murió, nunca se escondió, nunca nos olvidó...".
Rigoberta es la imagen del dolor del pueblo indígena de América Latina, de la mujer de estas geografías... del coraje y la dignidad, de la esperanza...
La tristeza habita en su ser desde muy pequeña, pero en el fondo sabe que vivir vale la pena aunque sea tan doloroso... "La tarea de la liberación en el mundo indígena de Guatemala se aprende como se aprende a dar un puño de maíz o una noch