La AUH y el software del desprecio

Por Silvana Melo

(APe).- El oscurantismo y la extorsión acechan a las pibas y a sus vientres en todas las ochavas del sistema. Las esperan en emboscadas los objetores de conciencias que no se domicilian en sus cuerpos, los chantajistas de la AUH y el canje de la tragedia por dinero, los gobernadores que se calzan los crucifijos en la mano de gobernar, los que quieren manipular datos, identidad, y genética para que no se embaracen, las legisladoras que quieren fetos de 20 semanas en incubadoras para dar en adopción.

Las instituciones manipulan los cuerpos de las chicas y las vidas de sus niños. De los que nacen y de los que no. Las instituciones y sus inquisidores son propietarios de las pibas desérticas, que no tienen más que sus nombres y sus piernas para abrirse camino. Nada más. Las escrituran y las manejan con timones de moralina y softwares de predicción genética. Las manipulan y las condenan después. Cuando las violan y dicen que no fue violación pero más o menos. Cuando se embarazan y dicen que fue para cobrar la AUH. Cuando las violen y las embaracen y dirán que fue para cobrar la AUH más cara. Que pensaron perversamente para evitar que las niñas violadas aborten aquello que no es el fruto de la diosencia de mujer creadora de vida sino de la vida violentada. Que es la muerte. Y ya no se es diosa sino una palomita estragada en la inmensidad de este mundo.

Un subsidio hasta los 18 años del niño que no es niño en el cenit de la tragedia sino una semilla de esa tragedia. Y una AUH más abultada para que no aborte.

El proyecto tiene 108 firmas. Entre ellas, la de Julián Dindart. Viejo gendarme de los vientres de las pibas. Dindart, que en 2012 era ministro de Salud de Corrientes. Donde aparecían en racimos chiquitas embarazadas a los 10 o a los 11. Con semillas en la panza frutos de violaciones. Pero para él, para Dindart, las niñas especulaban con la asignación. El mismo Dindart que reiteró su teoría en 2016 ya como diputado de Cambiemos (por el ala radical) y presidente de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. De la que se tuvo que ir.

La doctrina Dindart regresa como en un círculo fatal en 2018 bajo el nombre de una ignota diputada de la Coalición Cívica de Santa Fe. Esta vez la letra del desprecio que pretende ser ley sugiere que las pibas, violentadas y profanadas, son capaces de cambiar por dinero la necesidad de borrar de su cuerpo toda huella del estrago. Como antes eran capaces de crear una vida por 1.500 pesos mensuales. Tan especuladoras e indolentes son las chicas que no tienen más que su propia vida para abrirse camino. Tan inconmovibles son que reducen su divinidad a variables de mercado.

Por eso a Juan Manuel Urtubey, el bello gobernador de Salta en estética pareja con Isabel Macedo, le preocupa tanto la Educación Sexual Integral. Y la boicotea en cada rincón de su provincia, siempre en punta en violencia de género y despotismo sexual. Dolida, la provincia, porque la Corte falló en contra de la educación religiosa en las escuelas públicas.

La doctrina Urtubey, medieval, racista y prejuiciosa, ahora despliega el software del desdén de clase. “Con la tecnología vos podés prever cinco o seis años antes, con nombre, apellido y domicilio, cuál es la niña, futura adolescente, que está en un 86 por ciento predestinada a tener un embarazo adolescente”. Lo dijo públicamente. Urtubey.

Es la condena tecnológica para las chicas que no tienen otra cosa que su propio cuerpo para defenderse de la emboscada permanente de las fieras institucionales. Ellos saben quién será presa de un destino prescripto. Saben su nombre y su domicilio. Saben en qué ficha está, en qué perchero cuelga, en qué caja es expediente, en qué casa no tiene baño y en qué documento es apenas un número. Saben qué vertedero será su fatal disposición social.

Mientras tanto, el oscurantismo y la extorsión acechan a las pibas y a sus vientres en todas las ochavas del sistema. Las señalan, las condenan, las humillan. Les proponen sacarles el feto al quinto mes para depositarlo en la incubadora y forzar “una adopción pre natal”. Las quieren obligar a que la semilla se transforme en niño y corran peligro ella y él. A determinar una prematurez forzada y una fragilidad que no estaba en los planes.

Es la letra del desprecio, el software del desdén de clase, la hipocresía institucional ante las pibas que no tienen más que su nombre y sus piernas para hacerse camino en esta selva.

Y es la emboscada feroz de los defensores de la vida que marcan el rumbo de millones de niños hacia el hambre, el veneno y las balas estatales. Sin aturdir confesionarios ni azotarse las espaldas.

 

Pelota de Trapo



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