La clase de lucha del antipopulismo

Las gestiones neoliberales practican todos y cada uno de los vicios que atribuyen al populismo

Por Ricardo Aronskind

Imagen: James Ensor, Máscaras mirando una tortuga, 1894

Una docente discutidora

Un episodio lamentable, como todo lo que tiene para ofrecer la derecha local a la sociedad, fue en estos días la circulación de un video, con fines de delación, que mostraba a una docente hablando exaltadamente sobre cuestiones de política nacional con algunos alumnos que repetían mantras macristas. No es la mejor forma de hacer pedagogía, desde ya, pero seguro no se trataba de adoctrinamiento. Apenas una docente nacional y popular al borde de un ataque de nervios. Mostraba más impotencia que astucia argumentativa.

Pero el hecho relevante es qué hizo la derecha comunicacional y política con ese video.

El aparato de medios y redes de la derecha intentó hacer pasar ese episodio anecdótico como una prueba del «adoctrinamiento K», una patraña que no merecería más que una mirada de conmiseración por el estado de desvarío de quien la formula, si no fuera porque el que está detrás de esa aseveración es el aparato comunicacional más importante del país, y porque hay demasiados oídos dispuestos a escuchar crédulamente tales desvaríos.

Cualquier persona honesta sabe que no hay ninguna política de adoctrinamiento oficial, por el reconocido talante liberal-democrático del gobierno que preside Alberto Fernández, y porque ni siquiera se sabría con claridad cuáles serían eventualmente las líneas de adoctrinamiento que pudiera proponer el actual gobierno. ¿Adoctrinar en la importancia de la reactivación económica? ¿O adoctrinar en que hay que vacunarse para no enfermarse? ¿Ese sería el adoctrinamiento colectivo que estaríamos sufriendo?

Estamos ante el intento de transmutar esa escena áulica –que podría disparar valiosos debates sobre los derechos docentes al descanso, sobre las adecuadas estrategias de debate democrático en el aula, sobre las normas de respeto que deben regir la relación profesorxs y alumnxs—, en una prueba fehaciente del totalitarismo que anidaría en el actual gobierno.

Esa patraña reiterada sistemáticamente, demuestra la persistencia de un esfuerzo enorme de manipulación colectiva que no proviene precisamente del actual oficialismo, sino que ha sido realizado sistemáticamente por un sector que concentra poder y recursos en nuestro país, y que trabaja hace décadas para crear una sólida base de masas adoctrinadas para apoyar políticas que vienen hundiendo a la Argentina desde 1976.

El relato sobre la permanente amenaza del peronismo-kirchnerismo-chavismo-comunismo sobre las buenas gentes democráticas y decentes es un capítulo de una larga historia ideológico-cultural de la lucha de las elites contra los intereses de los sectores populares argentinos.

Antipopulismo

Ernesto Semán, historiador y escritor, ha lanzado un libro muy estimulante: Breve historia del antipopulismo, los intentos por domesticar a la Argentina plebeya, de 1810 a Macri, que constituye un texto sugestivo, rico en apuntes que complejizan cualquier lectura simplificada sobre la historia social y política argentina, y que está llamado a elevar el piso del debate argentino sobre cuestiones relevantes de nuestra historia, hasta el presente.

Semán se ocupó de escudriñar en la larga historia nacional, cómo y en qué circunstancias se fue construyendo discursivamente un Mal, el populismo, que habría dañado nuestras posibilidades de ser una gran potencia, de que haya una democracia ejemplar, de que haya república como la norteamericana, y que concentraría todas las pestes políticas, sociales, económicas y culturales, malogrando el destino nacional.

El autor muestra convincentemente cómo las condiciones para el surgimiento del populismo, como intento de democratización y modernización profunda de la sociedad, de establecimiento de mejoras distributivas sin forzar las relaciones de propiedad, fue perdiendo fuerza, así como poder de apelación social. La paulatina creación de una sociedad neoliberal en las últimas décadas fue acotando los márgenes de acción gubernamental y transformando incluso parte de la subjetividad social. La persecución anti populista trabajó sobre la necesidad de liquidar el horizonte igualitario en el imaginario de los asalariados argentinos.

Queda el desafío de debatir este texto, que nos exige pensar la calidad y el sentido de las transformaciones recientes, y las nuevas formas de intervención política adecuadas a tales cambios.

¿Contra qué lucha el anti populismo?

Dentro de esta historia argentina, vale la pena señalar que ese Mal combatido por el anti populismo, a partir de su rechazo a todas las incursiones plebeyas incontroladas en la vida política nacional, está lejos de ser lo que era.

Así fue el breve gobierno peronista del ’73: enredado en sus conflictos internos, pareció incapaz de avanzar en nuevas transformaciones. Para no hablar del gobierno anti nacional y anti popular del menemismo, que hizo trizas las banderas históricas del peronismo. Allí pareció que la amenaza populista había sido definitivamente conjurada. El peronismo hacía rato había dejado de «adoctrinar», y el lanzamiento de la «economía popular de mercado» constituyó el vaciamiento completo de su sentido histórico. Sin embargo, la entrega de las viejas banderas populares a cambio del afecto de las corporaciones y el imperio, creó las condiciones para el desastre económico y social de 2001 y 2002.

El kirchnerismo comprendió el clima de la época y reinstaló la idea de comunidad nacional, no de mero amontonamiento de individuos tratando de llenar sus bolsillos, tan cara al neoliberalismo vernáculo. Con aciertos y con errores, esa experiencia política fue autónoma de los factores de poder, que son el bastión fundamental del antipopulismo.

Tan poco adoctrinó el kirchnerismo, que el antipopulismo le ganó las elecciones en base a técnicas de marketing, captando mucho voto popular. Soy testigo del voto de compañeros de la Unión Obrera Metalúrgica que fueron seducidos por la propuesta macrista de sacarles el Impuesto a las Ganancias. Pensaron «tendremos laburo y salarios como con Cristina, pero Macri encima nos saca el impuesto». Quizás la necesidad para el gran espacio popular no sea adoctrinar, pero sí cumplir con el deber político de formar con solidez argumentativa a su propio electorado, a sus propios militantes.

El actual gobierno del Frente de Todos está muy lejos, muy distante, del gobierno de ruptura de Juan Perón de 1946. Es más democrático, más liberal, más pluralista que su oposición actual, pero también es mucho menos transformador de la estructura económica y menos cuestionador de la cultura social individualista imperante que el peronismo primigenio.

Contra este gobierno moderado en sus formas y en sus objetivos, los actuales anti populistas intentan construir el fantasma del autoritarismo y del adoctrinamiento masivo.

Lo remarcable del fenómeno anti populista argentino es que guarda cierta similitud con lo ocurrido con el antisemitismo en Polonia, después del Holocausto. Allí no quedaron más judíos, pero no obstante los antisemitas siguieron existiendo y culpando a los judíos inexistentes de las cosas que andaban mal en su país.

El juego de las diferencias

De la larguísima lista de acusaciones realizadas por el antipopulismo contra los gobiernos y los partidos políticos y líderes que no les pertenecieron a lo largo de la historia, podemos seleccionar algunas sobresalientes:

Demagogia – facilismo – cortoplacismo – corrupción – uso del Estado para beneficio propio – clientelismo – políticas económicas inviables – desconocimiento de las leyes básicas de la economía — aislamiento del mundo – tendencias autoritarias – adoctrinamiento – falta de respeto a la propiedad privada – desaliento a la producción y a la inversión.

Todas esas supuestas calamidades populistas pueden ser encontradas, en abundancia, en los tramos históricos de la llamada Revolución «Libertadora», la Revolución «Argentina», el «Proceso de Reorganización Nacional», el menemismo y el macrismo.

Todos esos pecados supuestamente populistas ocurrieron, y no una vez, en todas y cada una de las gestiones liberales y neoliberales en la Argentina, sin tener el menor remordimiento ni autocrítica política, sin sufrir ningún debate interno ni suscitar ninguna crisis moral en sus integrantes, sin que nadie pegara un portazo en defensa de su honor individual, ni que surgiera una fractura en ese espacio «en defensa de los verdaderos valores liberales, democráticos, republicanos y antipopulistas».

No quisiéramos abrumar al/la lectora con un extenso cuadro de doble entrada, mostrando como en cada gobierno antipopulista se verificaron todas las malas prácticas y aberraciones atribuidas al populismo.

Insistimos, todas. Desde falta de libertades, persecución política, adoctrinamiento desembozado y encubierto, desastres económicos, grandes hechos de corrupción y de irresponsabilidad pública, destrucción de patrimonio nacional, desprecio por el trabajo productivo y el ahorro de los argentinxs, hasta expropiaciones de riqueza sorpresivas para beneficio de minorías parasitarias.

Pero entonces, si los gobiernos antipopulistas pueden exhibir con tanta generosidad cada una de los atributos que el antipopulismo le endilga al populismo, ¿en dónde reside realmente la diferencia?

Si no hay superioridad moral, si no hay superioridad en las prácticas, si no hay mayor eficiencia, ni visión, ni perspectiva, ni respetabilidad, ¿qué es lo que sostiene al anti populismo?

Las funciones del anti populismo hoy

Proponemos: el antipopulismo hoy es:

  • una estrategia discursiva de los sectores dominantes para asentar más estrechamente su control sobre la sociedad argentina.
  • el común denominador de todo el mundillo conservador local (peronista, radical, socialdemócrata, derechista), guiño de clase, señal de distinción social.
  • es también, como todo lo que hace una derecha como la latinoamericana, sin proyecto nacional propio ni elaboración intelectual de ninguna especie, una búsqueda de cobertura, de amparo intelectual prestado, tomado del discurso de la derecha neoliberal de los países centrales. Estas derechas globalizadas meten bajo el peyorativo término «populista» en una misma bolsa a añorantes del fascismo, demagogos varios, reaccionarios homofóbicos y anti inmigrantes, hasta cuestionadores progresistas del status quo neoliberal, y del papel mínimo del Estado en relación a la cuestión social y distributiva.
  • un sentimiento confuso e irritado, promovido desde el aparato comunicacional para poner a sectores del pueblo bajo el comando anímico de las elites. Elites que, vale recordarlo por enésima vez, han fracasado reiteradamente en conducir al país por una senda de progreso y de inserción inteligente en el mundo globalizado.

La última razón de ser del anti populismo es la lucha de clases que lleva adelante el establishment argentino contra el resto de la sociedad, por la captura de la renta nacional y del poder político sin limitaciones.

Lucha de clases que no es practicada, en cambio, por los sectores subordinados, que piden simplemente que les dejen un lugarcito en el mundo para vivir sin grandes pretensiones. Lucha de clases jamás reconocida por la derecha desde el punto de vista intelectual, pero fervientemente practicada en forma organizada y sistemática.

Si las clases trabajadoras asumieran la existencia y la práctica de la lucha de clases serían rápidamente tildadas como comunistas y ajenas al ser nacional. Pero las elites dirigentes practican sistemáticamente la lucha de clases para despojar de ingresos al resto de la población, sin inhibiciones.

Y esta lucha contra las mayorías incluye, necesariamente, desde la Libertadora para acá, el adoctrinamiento político sistemático a través de libros de texto primarios y secundarios, la censura de prensa –hoy practicada por la prensa privada—, el monopolio argumental del espacio público durante las dictaduras, hasta la más banal de las publicidades, pasando por toda la prédica del periodismo autodenominado serio e independiente y la nula diversidad de fuentes de información en numerosos lugares del país, desde provincias enteras, hasta consultorios médicos y bares de toda la ciudad. Adoctrinamiento masivo y de largo plazo.

¿Cómo llaman los sectores concentrados a la lucha de clases que practican sistemáticamente?

Ellos la llaman anti populismo.

Mejor sería llamarla anti popularismo. No es más que eso.

El Cohete a laLuna