La Contraofensiva de 1980

(Fragmento el libro «La contraofensiva: El final de Montoneros«, de Hernán Confino, Fondo de Cultura Económica, 2021)

El final de Montoneros

La conducción juzgó positivamente el resultado de la Contraofensiva de 1979 y decidió organizar su continuidad para 1980. Más allá de la cantidad de militantes que habían sido víctimas de la represión dictatorial y de las dos disidencias que habían sacudido y debilitado aún más a la organización, el retorno no podía detenerse. En una reunión realizada en La Habana en diciembre de 1979, la jefatura montonera aprobó el reinicio de las actividades en Argentina para febrero de 1980. Con sensibles modificaciones para las y los militantes abocados a las tareas no militares, la estrategia conservó visos de continuidad para las llamadas estructuras de infantería. Adoptando la vía insurreccional que había tenido éxito en Nicaragua y reactualizando la necesidad de constituirse como vanguardia de la oposición al régimen militar, Montoneros justificaba sus acciones por la urgencia que presentaba la coyuntura política en el país, pero también por el mandato histórico que creía representar.

Paralelamente, el Proceso de Reorganización Nacional (PRN) buscaba gestar una «convergencia cívico-militar» en Argentina a partir de las «bases políticas» que las tres armas habían publicitado a fines de 1979.1 Transcurrida la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que había obligado al régimen a dirigir su atención hacia las denuncias recibidas por los crímenes cometidos, la dictadura buscaba institucionalizar un sistema republicano bajo su tutela que garantizara la pervivencia de su proyecto. A tal fin, había comenzado a trazar un acercamiento con sectores de la civilidad que formarían su mentada «corriente de opinión» que posibilitaría controlar el límite del «disenso permitido». Los «subversivos», por supuesto, estaban fuera de los sectores convocados, al igual que los «corruptos» y los «ajenos al sentir nacional».2

La Contraofensiva de 1980 mantuvo el accionar militar de las Tropas Especiales de Infantería (TEI) contra los miembros de la cartera económica de la dictadura. Pero, a diferencia del retorno del año previo, el secuestro de la totalidad de las TEI a poco de ingresar al país, en simultáneo con la captura de Horacio Campiglia, miembro de la conducción, llevó a la cúpula montonera a desmantelar el grupo subsiguiente y dar por finalizada, de hecho, la lucha armada. Por el peso de la represión estatal, a partir de marzo de 1980 la Contraofensiva quedó abocada exclusivamente a la militancia no armada.

Las tareas propagandísticas no estuvieron a cargo de las Tropas Especiales de Agitación (TEA) como en 1979, sino de las nuevas Unidades Integrales (UI), que establecieron, como novedad, la directiva de la reinserción en Argentina. Los miembros de las UI tendrían a su cargo un trabajo político más modesto en relación con distintas agrupaciones vecinales, sindicales y sociales que, a ojos de la conducción, comenzaban a acrecentar su oposición frente al gobierno militar. Si la Contraofensiva de 1979 había sido diagramada como una campaña con plazos concretos, la de 1980 no tenía, a priori, una duración estipulada. Desestructuradas las TEI en marzo, las y los militantes que retornaron dentro de las UI y lograron eludir la represión estatal permanecieron en el país de forma ininterrumpida hasta la recuperación democrática. Junto con las prescripciones partidarias orientadas a lograr notoriedad pública en la política nacional, se encontraba también el deseo de las y los montoneros de instalarse definitivamente en Argentina.

El porcentaje de víctimas de la represión sobrepasó al del año previo y puso de manifiesto la colaboración represiva entre las dictaduras latinoamericanas en el marco del Plan Cóndor, a partir de los secuestros y las desapariciones de militantes montoneros en Brasil y Perú, en marzo y junio de 1980, respectivamente. Al mismo tiempo, los negativos resultados políticos y la peligrosidad del contexto represivo impidieron la conformación de nuevos contingentes para proseguir la estrategia. Como nunca antes, los servicios de inteligencia del PRN conocieron con sumo detalle las planificaciones de Montoneros y operaron en consecuencia. A tal punto fue así, que se ha cristalizado una lectura sobre aquellos años que plantea la derrota de Montoneros debido a la colaboración o la infiltración de su máxima dirigencia. Sobre este sensible punto también se explaya el presente capítulo.

CONTINUIDAD Y CAMBIOS: LA CONTRAOFENSIVA DE 1980

Luego de la finalización de la Contraofensiva de 1979, las y los montoneros que habían sobrevivido fueron convocados nuevamente al extranjero. Allí realizaron los balances correspondientes y dispusieron de unos días para tomarse vacaciones y descansar. Mientras tanto, la Secretaría Logística de Montoneros había continuado con el reclutamiento de interesados en el retorno de 1980 y los había entrenado, al igual que al contingente de 1979, en México, España y Líbano. La reunión de la dirigencia montonera fue privativa de los militantes con mayor jerarquía dentro de la organización, pero no constituyó meramente una formalidad, ya que allí se produjeron discusiones acerca de la forma que debían adoptar las futuras acciones de la organización.3

Jorge Lewinger había sido uno de los encargados del reclutamiento durante 1979 y, por su grado de oficial mayor, participó de la reunión en La Habana. Recuerda el debate que allí se produjo. Una parte de los concurrentes, cuya voz cantante fue Gonzalo Chaves, dirigente de la Rama Sindical del Movimiento Peronista Montonero (MPM), planteó «que había posibilidades de organizar a las agrupaciones [pero] que no se podía seguir con la idea de meterle a todo el ‘sellito’, que la situación todavía no daba para eso».4 La versión de la conducción y de sus aliados, por otra parte, insistía en «la idea de seguir en otro proceso de Contraofensiva más militar».5

Pese al debate, la perspectiva de la conducción logró, una vez más, imponerse. Para Lewinger, esa imposición no era producto solamente del disciplinamiento, sino también del «reconocimiento de la conducción nacional, que tenía más experiencia, no solo individual, sino grupal».6 De acuerdo con el oficial mayor, la reunión culminó «con una especie de síntesis, de armar agrupaciones junto con el otro proceso […] de que las agrupaciones se vayan identificando como Montoneros […]. Ellos [la conducción] tenían mucho temor de que esto se disolviese en una resistencia en donde no [fuera] reconocida la organización como conducción».7 Ese temor había sido central en la decisión de iniciar la Contraofensiva. La jefatura de Montoneros seguía respaldando el accionar político-militar característico de la organización: existiría la posibilidad de no dar a conocer la identidad montonera en el trabajo político con otras agrupaciones, o de hacerlo paulatinamente, pero continuarían los atentados militares contra los funcionarios económicos del PRN, a través de la planificación de un operativo para el 24 de marzo de 1980, en el cuarto aniversario del golpe de Estado. Así también lo registraron los documentos de inteligencia producidos por la dictadura sobre la base de las torturas aplicadas a las y los militantes capturados.8 En medio de un contexto político en el que la dictadura planeaba conformar el «Movimiento de Opinión Nacional» que garantizase el triunfo sus principios, Montoneros quería proyectar la vigencia de su política.9

La reunión del Comité Central había fijado la dinámica que tendría el regreso de 1980. Dicha dinámica ¿tenía continuidades con la de 1979 o implicaba modificaciones sustanciales? Algunos militantes que retornaron en las UI piensan que sí hubo cambios, desde una postura más militarista a otra que confiaba en la política no armada. Este es el caso de Jorge Falcone, que fue convocado a la Contraofensiva en Estocolmo, lugar de su exilio. Para este militante, en la primavera de 1979 se había dado una «autocrítica sobre el perfil preferentemente militarista de la primera fase de la Contraofensiva».10 El proceso insurreccional iraní, plantea Falcone, «permitió repensar el modelo con que íbamos a ingresar al país y a militar una perspectiva más insurreccional, que implicaba volver en un contexto familiar como quien siembra semillitas en un surco abierto a la espera de que germinen».11 Ya no habría una dinámica de citas continuas, y las y los militantes se guiarían por las consignas que emitía la radio que Montoneros tenía en Costa Rica.12 Esta elección por la insurrección debe entenderse no solo por la influencia de los procesos revolucionarios en Irán y Nicaragua, sino también por el fracaso de las TEI y el secuestro de Campiglia en marzo de 1980.

Marina Siri y Ricardo Rubio habían participado en la Contraofensiva de 1979 integrando las TEA-Sur. También volvieron en una UI en 1980. Recuerdan haber sido muy críticos en la reunión de balance que mantuvieron con Pereira Rossi en Panamá, a fines de 1979. Según Rubio, su principal crítica buscó discutir que «a través de un golpe no íbamos a levantar a la población».13 Esa objeción al aspecto militar de la Contraofensiva, entienden Siri y Rubio, había logrado modificar ese carácter para el retorno de 1980. Siri destaca, al igual que Falcone, la autonomía con que contaron para militar en el país: «Se corrige la propuesta de los que volvimos para integrarnos al territorio».14 Rubio acompaña este diagnóstico: «Permitieron que ‘bajáramos’ al territorio y que cada uno comenzara su trabajo sin responsable. Cada uno dependía de sí mismo».15 La Contraofensiva de 1980 posibilitó que las y los militantes de las UI volvieran al país en una relación menos vertical que la de las TEA de 1979. Más individual, también. Para el accionar militar no hubo cambio alguno.16

Perdía también refiere las modificaciones montoneras para la Contraofensiva de 1980: «Nosotros mantenemos la idea de la acción militar a un miembro del poder económico, pero se les va fijando a los compañeros ideas de residencia en el país. Ya no vienen con la idea de que vamos y volvemos, sino que vamos y nos vamos instalando».17 El secuestro del grupo de las TEI y las insurrecciones de Nicaragua e Irán son los elementos que, para el jefe montonero, hacen que la organización «quite el uso del arma y se vaya cambiando de estrategia».18 De lo que se trataba en esa etapa, concluye Perdía, era de «preparar a la gente para una insurrección masiva».19

Llama la atención, sin embargo, que dicha elección por la insurrección esté anudada en algunas memorias al final de la lucha armada practicada por la organización. El abandono de las operaciones comando parece responder más a la eficacia represiva de la dictadura que a un cambio estratégico pensado a priori por la conducción. La modificación, en todo caso, tenía que ver más con el tipo de violencia que con el uso de la violencia en sí misma. Edgardo Binstock, responsable de la guardería de La Habana, recuerda los intercambios que mantuvo sobre ese tema con Raúl Yäger, secretario militar y miembro de la conducción de Montoneros, que le dijo: «Nosotros ya no vamos a utilizar el máximo nivel de violencia. Tenemos que acompañar el proceso de las masas. Entonces, si da para que haya una movilización y tengas que tirar una molotov aunque tengamos un lanzagranadas, vamos a tirar la molotov».20 Es evidente que, durante la Contraofensiva de 1980, y muy posiblemente a causa del secuestro del grupo de las TEI a poco tiempo de ingresar al país, Montoneros se había replanteado el lugar de la lucha armada en su estrategia.

Binstock recuerda una declaración de la conducción al respecto dirigida al papa Juan Pablo II y entregada a Adolfo Pérez Esquivel. Allí se «habla de reconciliación y dice ‘nosotros no somos la contracara de este proceso de violencia, queremos una salida’».21 Pérez Esquivel ya había recibido el Premio Nobel el 10 de diciembre de 1980, por lo que la carta —que marcaba la voluntad de acercamiento de Montoneros a los organismos de derechos humanos— debe haber sido entregada durante el último mes de ese año o a comienzos de 1981.22 Casi un año antes, había sido secuestrada la totalidad del grupo de las TEI que tenía la misión de realizar un atentado contra algún funcionario económico del PRN. Ambos sucesos se encontraban directamente vinculados.

ADIÓS A LAS ARMAS: LAS TROPAS ESPECIALES DE INFANTERÍA DE 1980

Las y los sobrevivientes de las TEI de 1979 llegaron a fin de ese año a Europa para hacer las evaluaciones del retorno junto con Perdía y Alcides. Luego de la reunión, y ante la decisión de la conducción de proseguir con la Contraofensiva, fueron invitados a conformar nuevamente los grupos de infantería. Varios se negaron. Este es el caso, por ejemplo, de los jefes de los tres grupos de las TEI de 1979. Chacho, herido durante el atentado que había asesinado a Francisco Soldati y anímicamente golpeado por la desaparición de su pareja durante la acción, decidió alejarse de la organización no sin antes hacer un informe favorable a la conducción y la Contraofensiva. Osvaldo Olmedo, en cambio, fue sancionado por la desbandada del grupo que tenía a su cargo y por suspender el operativo contra Juan Alemann. Fue relevado como jefe de las TEI II y en su regreso a Madrid presentó su descargo y se apartó de Montoneros. Alberto López, jefe de las TEI I que atentaron contra la vida de Guillermo Klein, fue convocado para ser el responsable del grupo para 1980, pero estuvo en contra del balance de la conducción y se alejó con su pareja, que también había conformado las TEI y estaba embarazada de ocho meses, no sin recriminaciones de parte de sus superiores.23

Frente a esta situación, el nuevo jefe elegido para comandar las TEI fue Ernesto Ferré. Tenía 24 años y el grado de teniente y no había formado parte del regreso del año previo. Había permanecido en el exterior instruyendo a un grupo de las TEA y luego había participado del curso de las TEI en Líbano, entre mediados y fines de 1979. Cuando partieron los tres grupos de la primera Contraofensiva, Ferré permaneció en Medio Oriente capacitando a otras y otros militantes para la eventual continuidad de la estrategia. Previamente, antes de su exilio, se había desempeñado en Buenos Aires como parte del Ejército Montonero. También había sido miembro de las Tropas Especiales de Combate (TEC), que una vez implantado el terrorismo de Estado tuvieron la misión de proteger a la conducción, todavía clandestina en el país.

Además de Ferré, el grupo se completó con doce militantes más, siete de los cuales ya habían participado de la Contraofensiva de 1979. Entre los que repetirían su retorno se encontraban Julio César Genoud —que había integrado las TEA el año previo—, Ricardo Zuker y su pareja Marta Libenson, Verónica Cabilla, Ángel Carbajal, Raúl Milberg y Ángel García Pérez, participantes de las TEI en 1979. Quienes retornaban por primera vez al país, además de Ferré, eran Lía Guangiroli, pareja de Genoud, Ángel Servando Benítez y su sobrino Jorge Benítez, Matilda Rodríguez de Carbajal, esposa de Ángel, y Miriam Antonio Fuerichs, pareja de Ferré. Así quedó conformado el primer grupo de las TEI de 1980 que, entre febrero y marzo, no hizo más que alimentar la voracidad represiva de la dictadura.24

Mientras Montoneros se encontraba en medio de los preparativos para el regreso de 1980, las Fuerzas Armadas (FFAA) detectaron la forma en que la organización había resguardado sus recursos. Antes de retornar al extranjero a fines de 1979, las armas, los documentos y los equipos de interferencia utilizados fueron ocultados por los distintos grupos en diversos depósitos de empresas de mudanza ubicadas en Capital Federal y Gran Buenos Aires. El personal militar dio inicio, entonces, a la «Operación Guardamuebles»: «Habiéndose comprobado que la BDTM [Banda de Delincuentes Terroristas Montoneros] ha organizado depósitos encubiertos en guardamuebles de armamentos, granadas, explosivos […] el Cdo [Comando] Capital Federal ha ordenado una inspección y control de los depósitos en cuestión en su jurisdicción».25 La orden además se extendía sobre el modo en el que los distintos grupos operativos de las FFAA debían acercarse a los guardamuebles, corroborar la documentación presentada y revisar los depósitos. También incluía instrucciones sobre la forma de revisar los muebles para no resultar heridos frente a la potencial explosión del armamento. Dicha orden fue enviada a las distintas reparticiones localizándose los mismos procedimientos de control en La Plata y Mar del Plata, por ejemplo.26 La logística montonera había sido detectada.

Si bien es imposible determinar fehacientemente cómo las fuerzas represivas se anoticiaron de la modalidad montonera de preservación de sus recursos, todo indica que fue por un hecho accidental: el incendio de un guardamuebles en el barrio de Belgrano, de Buenos Aires, el 26 de diciembre de 1979, que hizo detonar explosivos de la organización. Así lo sostuvo el general Juan Carlos Trimarco, segundo comandante y jefe del Estado Mayor del Comando del Primer Cuerpo de Ejército y, a partir de diciembre de ese año, comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, en la conferencia de prensa realizada en el Primer Cuerpo de Ejército, en Palermo, el 22 de enero de 1980. Habría sido un incendio en el depósito «Transporte Conde», ubicado en Conde 2689, el que habría delatado la presencia de material montonero.27 El contenido de la conferencia de prensa, que incluyó una demostración del armamento encontrado, fue difundido por numerosos diarios entre los días 22 y 27 de enero de 1980 y se hizo público: La Razón brindó la información el 22 de enero; Crónica, Clarín, Popular y El Día lo hicieron al día siguiente; Buenos Aires Herald, el 27 del mismo mes.28 Incluso la revista Somos, alineada políticamente con la dictadura, publicó el 1º de febrero un artículo en el que se destacaba, a propósito de la detección del armamento montonero, que «sólo militarmente la subversión ha sido derrotada y ahora intenta zarpazos desesperados para no perder vigencia. Bajar la guardia ahora —creyendo que la subversión es una herida del pasado— es lo peor que podría pasarles a los argentinos».29

Cuando la noticia tomó estado público, aún no había llegado el primer grupo de las TEI a Argentina. Parece improbable que la conducción no hubiera estado al tanto de la situación. Ángel Carbajal, primer montonero desaparecido de las TEI de 1980, sería secuestrado por el Ejército el 21 de febrero, es decir, casi un mes después de la conferencia de prensa de Trimarco. ¿Por qué, entonces, frente al descubrimiento por parte de la dictadura de la logística de la organización no se hizo ningún cambio en la forma de ingreso al país? Al respecto, Perdía responde:

Cada jefe de grupo tenía su propio mecanismo de guarda que no había comunicado a los demás […]. Vos no le contás al resto: «Yo hice esto, yo tengo esto» […]. Vos lo guardás del modo en que lo puedas recuperar después: si tenés una casa, una casa, donde sea. «Todos a los guardamuebles», no, ni soñando […]. Allí creo que hay algún dato de infiltración […]. Por qué fueron a pesar de que había caído uno públicamente es lo que no sé.30

La cita de Perdía no alcanza a resolver el interrogante. El exnúmero dos de Montoneros, a cargo de la Secretaría Táctica durante la Contraofensiva de 1980, culpa a los jefes y los responsables de grupo. Es probable que se refiriese exclusivamente a estos últimos puesto que las TEI secuestradas en 1980 poseían un solo jefe que, además, no había estado el año anterior en el país. Para Perdía, el suceso fue producto de una imprudencia de las y los militantes que encabezaron el retorno o una consecuencia de la infiltración en la organización. Sea como fuere, no había sido un error de la conducción. Otros militantes que participaron de la Contraofensiva no están de acuerdo con esta versión. Por ejemplo, Gustavo Molfino sostiene:

Explota [el guardamuebles] y al poco tiempo iban a estar todos custodiados. Y hay un compañero al que le dicen: «Andá al guardamuebles a buscar las armas», y él se quiere negar y le dicen: «Andá» […]. Es un tema muy delicado. Igual, como dijo el «Pelado» [Perdía], avancen, caiga quien caiga y cueste lo que cueste».31

En su testimonio, Molfino realiza un señalamiento opuesto al de Perdía y deja en evidencia las dificultades que existían para desobedecer una orden. La Contraofensiva ya estaba iniciada y no debía dilatarse. La semblanza de Perdía alentando el avance es una muestra.

Conduccion nacional del Partido Montonero (de izquierda a derecha): Mendizábal, Perdía, Firmenich, Yäger, Vaca Narvaja, Campiglia.

Daniel Cabezas, que integró una UI durante 1980, coincide con Molfino: «Se sabía que estábamos infiltrados […]. Lo de los guardamuebles se sabía, lo sabía la conducción. Por eso hay sospechas de que uno de ellos puede ser un infiltrado».32 Al igual que Perdía, Cabezas plantea la chance de la infiltración, algo con lo que las organizaciones político-militares convivieron desde sus inicios o, al menos, desde el momento de notoriedad pública. Cabezas va más allá y arroja la sospecha sobre la misma cúpula montonera. Lo cierto es que, al margen de la posibilidad cierta de la infiltración, no hay ningún dato concreto sobre ella, amén del detallismo de los documentos desclasificados del personal de inteligencia del PRN. Binstock es más cauteloso al respecto y deja en evidencia que, incluso hasta el día de hoy, la Operación Guardamuebles sigue siendo una incógnita y, por ende, fruto de polémicas y desacuerdos entre los exmilitantes montoneros: «Sé que las noticias no llegaban. Hasta que los diarios llegaban a La Habana era un trajín […]. Hay que ver si llegó, es una duda para tenerla. Yo sé que en general compañeros que conozco dicen que haber usado esa metodología que ya se había utilizado y que los milicos conocían fue una locura».33

Independientemente de que la conducción haya estado enterada o no, el plan de Contraofensiva continuó sin cambios, y los integrantes de las TEI fueron capturados entre el 21 de febrero y el 20 de marzo. Dichos procedimientos han sido asentados con minuciosidad en los documentos de inteligencia del PRN:

a. Bajas producidas a la BDT [banda delincuente terrorista Montoneros]

1) (NG [nombre de guerra]) Enrique o Quique (NL [nombre legal]) Ángel Carbajal […] fue detenido el 21FEB80 en el guardamuebles sobre el que se había montado vigilancia […].

2) (NG) Facundo o Raúl (NL) Julio César Genoud […] fue detenido el 27FEB80 durante un control efectuado en la estación terminal de la empresa «Expreso Azul» en Plaza Once […].

3) (NG) Toti (NL) Mariana Guangiroli […] fue detenida el 27FEB80 durante un control efectuado en la estación terminal de la empresa «Expreso Azul» en Plaza Once […].

4) (NG) Cecilia (NL) Verónica Cabilla […] fue detenida el 27FEB80 durante un control efectuado en la estación terminal de la empresa «Expreso Azul» en Plaza Once […].

5) (NG) Chino o Fernando (NL) Ernesto Emilio Manuel Ferré […] fue detenido el 28FEB80 en una cita con un miembro de la BDT [Montoneros] […].

6) (NG) Gringa o Lucía (NL) Mirian [sic] Antonio […] fue detenida el 28FEB80 en una cita con un miembro de la BDT […].

7) (NG) Ricardo (NL) Raúl Milberg […] fue detenido el 28FEB80 a raíz de un procedimiento en una casa alquilada por miembros de la BDT […].

8) (NG) Pato o Esteban (NL) Ricardo Marcos Zucker [sic] […] fue detenido el 29FEB80 en una cita con un miembro de la BDT […].

9) (NG) Ana (NL) Marta Libenson […] fue detenida el 29FEB80 a raíz de un procedimiento en una casa alquilada por miembros de la BDT […].

10) (NG) Marisa o Nati (NL) Matilda Adela Rodríguez […] fue detenida el 29FEB80 a raíz de un procedimiento en una casa alquilada por miembros de la BDT […].34

El informe no detallaba solamente el día y la circunstancia de los secuestros de los integrantes de las TEI. También contenía muchos datos de las trayectorias militantes de los apresados e incluso se extendía sobre las deserciones que habían ocurrido al interior de las TEI. Si se tiene en cuenta que la gran mayoría del grupo a cargo de Ferré había sido detenida por el Ejército entre el 21 y el 29 de febrero, no restan muchas dudas para sostener que la información que recogía el documento de inteligencia había sido obtenida mediante la tortura a los militantes apresados de manera ilegal.

Una nueva actualización de inteligencia, esta vez a cargo de la Prefectura Naval, completaba la información de los secuestros del grupo de las TEI con los tres sucedidos en marzo:

11) (NG) Manuel […] 2° Jefe de la TEI Nro. 2, detenido el 19MAR80 en la ciudad bonaerense de LUJÁN.

12) (NG) Raúl […] integrante de la TEI Nro. 2, detenido en cita el 19MAR80.

13) (NG) Fermín […] integrante de la TEI de (NG) Chino, detenido en cita el 20MAR80.35

Manuel y Raúl eran Ángel García Pérez y Jorge Benítez. El primero había remplazado a Olmedo en la jefatura de las TEI II de 1979; el segundo volvía por primera vez al país. Fermín, por su parte, era el tío de Jorge Benítez, Ángel Servando Benítez. El documento de los servicios de inteligencia, elaborado simultáneamente a los últimos secuestros del grupo TEI, desnuda la modalidad represiva de la dictadura al mismo tiempo que brinda detalles sobre las últimas tres detenciones del grupo:

El día 19MAR80, a las 16.00 hs. en una cita realizada en la ciudad de LUJÁN –Pcia. de Buenos Aires, es detenido el DT [delincuente terrorista] «Manuel», Jefe de la TEI Nro. 2, que había ingresado al país procedente de ESPAÑA el 12MAR80.

En una posterior cita el mismo día cae el DT «Raúl», también integrante de la TEI Nro. 2.

Efectuado el primer interrogatorio surge un depósito de armas en la calle Jonte.36

El interrogatorio se hacía a través de las torturas a las y los secuestrados. En el depósito mencionado en el documento, las FFAA secuestraron gran cantidad de armas, como proyectiles, fusiles, escopetas, granadas y explosivos. Si bien la Operación Guardamuebles había permitido tirar de la madeja del grupo a partir de la detención de Carbajal, evidentemente no todos los depósitos habían sido desarticulados. Aún faltaba la captura de Ángel Servando Benítez:

Queda una cita pendiente con (NG) «FERMÍN», que es otro de los integrantes del TEI del (NG) «CHINO», para el 20MAR80 a las 16.00 hs. Se conoce el domicilio del DT «FERMÍN», pero a los efectos de evitar mayores riesgos, se procurará detenerlo a éste en una cita y no en su domicilio.

El día 20MAR80 a las 16.00 hs., en una cita realizada en la estación MARTÍNEZ (Pcia. Bs. As.) del FFCC. Gral. Mitre, es detenido el DT «FERMÍN».37

Para el 20 de marzo, el primer grupo de las TEI de la Contraofensiva de 1980 había sido completamente desmantelado. La celeridad con la que se produjeron los secuestros debe entenderse, una vez que la dictadura estuvo al tanto del incendio en el guardamuebles, por las torturas aplicadas a las y los militantes secuestrados. Con dichas capturas, se frustraba la idea de Montoneros de realizar un atentado que continuara mostrando su presencia en el país.38 Si la conducción no había hecho ninguna rectificación en sus planes luego de la quema del depósito ubicado en Belgrano, la pronta detención del primer grupo de las TEI de 1980 sí ocasionaría una transformación sustancial. Se abandonaría la lucha armada.

El segundo grupo de las TEI, que tenía previsto ingresar al país entre abril y mayo de 1980, fue desactivado por la propia cúpula de la organización. Así lo recuerda Víctor Hugo Díaz, que había sido el jefe de las TEA-Sur durante 1979 y luego había sido designado por Pereira Rossi para dirigir las TEI II de 1980: «Estoy un mes en el Líbano y me llega la orden de ir a España. Y ahí se me dice que se aborta todo ese tipo de idea, de método, de construcción de grupo de ingreso al país».39 El abandono de la práctica militar por parte de la organización no había respondido a una transformación en la ideología de sus dirigentes. Tampoco al descubrimiento que la dictadura había hecho de los depósitos guardamuebles. Antes bien, la decisión fue tomada una vez que el Ejército secuestró a todos los integrantes de las TEI de 1980 y se anotició, presumiblemente, de la aproximación de las TEI II. A partir de ese momento, las acciones armadas quedaron supeditadas a la insurrección masiva que la organización buscaba atizar. Mientras tanto, las y los montoneros que continuaron ingresando a Argentina durante 1980 lo hicieron en el marco de las UI, que establecían una tarea a largo plazo e involucraban la directiva de asentarse definitivamente en el país, incluso a costa de ocultar su identidad montonera. Pero además, para entender la decisión de la cúpula partidaria, debe considerarse que el 12 de marzo de 1980 la organización recibió otro gran golpe: el secuestro de Campiglia, miembro de la conducción y uno de los jefes tácticos de la Contraofensiva. Este episodio contribuyó a sellar el convencimiento de la dirigencia montonera de abandonar las armas. Fue la eficacia represiva que se analiza a continuación la que doblegó las pretensiones de la conducción.

LA CONJURACIÓN DE LA CONTRAOFENSIVA: LA COORDINACIÓN REPRESIVA INTERNACIONAL CONTRA MONTONEROS

Así como la Contraofensiva involucró destinos geográficos que trascendieron las fronteras nacionales, lo mismo sucedió con la represión estatal dedicada a desarticularla. El PRN contó con la colaboración de otros gobiernos, no siempre dictatoriales, para la captura de las y los militantes montoneros que estaban en el extranjero. Esa colaboración, enmarcada en la «Operación Cóndor»,40 tuvo particular relevancia durante la Contraofensiva de 1980. El Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, que fue el encargado de secuestrar íntegramente al grupo de las TEI arribado a Argentina entre febrero y marzo de 1980, tuvo proyección internacional y extendió sus tentáculos represivos a Perú y Brasil.

Entre las escasas correcciones que tuvo el accionar de las TEI de 1980 en comparación al del año anterior, figuró la constitución de dos comandos tácticos en países vecinos de Argentina: Brasil y Perú. En el primer destino se asentó Campiglia y en Perú, Perdía. La idea de estos traslados era la de tener un representante de la cúpula partidaria que pudiera asistir y brindar directivas a los jefes de los grupos de las TEI —cuando la conducción aún pensaba que habría dos en Argentina antes de la mitad de 1980— de acuerdo a la forma que fueran cobrando los acontecimientos en el país. Ambas bases fueron comprometidas por el accionar del Batallón 601 en connivencia con las FFAA de otros países. Antes de la desaparición de los últimos tres integrantes de las TEI, el 12 de marzo de 1980, y con la cooperación de militares brasileños, fueron secuestrados Campiglia y su asistente, Mónica Pinus, esposa de Binstock. Este hecho y la suerte del grupo de las TEI fueron los causantes del abandono de la opción militar.

«La contraofensiva: el final de montoneros» de Hernán Confino

Los secuestros de Campiglia y Pinus continúan siendo una incógnita hasta el día de hoy. Ambos viajaban en el mismo avión, aunque separados, con identidades falsas que habían sido provistas por la Secretaría Técnica ubicada en La Habana. Por testimonios de otras y otros militantes secuestrados en el centro clandestino de detención (CCD) Campo de Mayo, se pudo saber que allí finalizaron su vida.41 Habían partido el 11 de marzo desde Panamá y, luego de una escala en Caracas, habían llegado al Aeropuerto Galeão, en Río de Janeiro. Allí los aguardaba Binstock, que había dejado la guardería en Cuba para asistir desde la base carioca a quienes entraran y salieran del país.42 Binstock debía alquilar un departamento en Río de Janeiro y esperarlos, pero Campiglia y Pinus nunca llegaron. Un testigo que había compartido el viaje con los militantes montoneros había visto que, apenas aterrizados en la pista del aeropuerto, fueron apartados del resto de los pasajeros por militares que hablaban portugués. Antes de la detención, Pinus gritó su nombre legal y el de Campiglia. Luego, fueron entregados a las FFAA argentinas, que los condujeron a Campo de Mayo.43

Recién llegado a Río de Janeiro, Binstock había hablado por teléfono con Pinus y Campiglia, que le habían dicho que el viaje se desarrollaba sin contratiempos. Binstock se fue del hotel en el que estaba hospedado y alquiló una casa que Pinus y Campiglia desconocían. Debía encontrarlos en una esquina céntrica de Río de Janeiro:

Voy y no llegan. La siguiente [cita] la miré a veinte metros y la tercera vez, a una cuadra. Estaba destruido. Lloré tres días seguidos. No tenía con quién hablar. No me atrevía a entrar en contacto con nadie, porque no sabía dónde carajo estaba, y me vuelvo. Yo había salido de México con mi documento y cambio documento en Brasil con el mismo que iba mi mujer. Salgo del Galeão con ese documento. No me pasó nada, tuve mucha suerte.44

En su retorno a México, Binstock quedó confinado a instancias de Montoneros frente a la posibilidad de que fuera seguido o, peor aún, de que estuviera colaborando con la dictadura. Muchos años después, intenta desentrañar cómo los militares dieron con Campiglia y Pinus. Hay tres hipótesis que podrían explicar los secuestros. En primer lugar, como sostiene Binstock, la posibilidad de que Ferré estuviese colaborando con la inteligencia militar y supiera que, como jefe de TEI, iba a tener una cita en Río de Janeiro con Campiglia. Esta explicación se encuentra en un cable de inteligencia desclasificado por la Embajada de Estados Unidos en la que un regional security officer (RSO) —consultor y asesor en las embajadas estadounidenses en América Latina— da cuenta de su comunicación con miembros del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército en la que le confirman que el jefe de las TEI se encontraba colaborando con el PRN.45 No obstante, si se considera el documento de inteligencia que sostiene que Ferré había sido secuestrado el 28 de febrero de 1980, la hipótesis se debilita, salvo que el jefe de TEI hubiese comenzado en secreto su colaboración a fin de facilitar el apresamiento de Campiglia, cuestión que es incomprobable. Tampoco explica que Ferré conociera las identidades falsas de Pinus y Campiglia y, menos aún, los vuelos que abordarían.

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Las otras dos hipótesis plantean una filtración de la información en el extranjero. O desde lo más alto de la dirigencia montonera, a través de la Secretaría Técnica de la organización, que conocía las identidades falsas y los pormenores del viaje o, como plantea Pilar Calveiro —esposa de Campiglia—, por un seguimiento realizado desde Panamá, donde Campiglia y Pinus abordaron el avión hacia Brasil. La demora de Pinus en el aeropuerto a causa de su documentación robustece esta explicación, aunque tampoco brinda suficientes elementos como para descartar las otras dos posibilidades. En cualquier caso, lo cierto es que tanto el secuestro del grupo de las TEI como las capturas de Campiglia y Pinus fueron motivo suficiente para que la conducción desistiera de la conformación e ingreso al país del segundo grupo de infantería.

A mediados de 1980, durante el ingreso a Argentina de las y los militantes que integraban las UI, se produjeron otros cuatro secuestros que evidenciaron, en este caso, la coordinación represiva entre los militares argentinos y sus pares peruanos y bolivianos. Perdía había desembarcado en Perú a fin de constituir otro comando táctico en ese país.46 El episodio comenzó con el secuestro de Federico Frías Alberga el 1° de mayo de 1980, en la zona oeste del conurbano bonaerense.47 Frías, que había sido jefe de las TEA II, había retornado para la Contraofensiva de 1980 a cargo de una UI. Después de su asentamiento en Argentina, tenía estipulado un encuentro con María Inés Raverta en el parque Kennedy de Lima, Perú. Raverta, asistente de la conducción, conduciría a Frías ante Perdía. Por eso, y bajo tortura, Frías fue utilizado por las FFAA, que lo habían capturado como señuelo para apresar al jefe montonero.48

En Lima, Gustavo Molfino y su madre Noemí Gianetti49 fueron los encargados de conseguir dos casas para albergar a las y los militantes que estuvieran de tránsito en esa ciudad. La militante responsable de Molfino era justamente Raverta, el contacto de Frías. Raverta se desempeñaba en una unidad de logística que dependía directamente de la cúpula de la organización y era expareja de Mario Montoto, custodia personal de Firmenich. En una de las casas alquiladas por Molfino y Gianetti, Perdía había montado la sede del Comando Táctico. El 11 de junio, Frías intentó escapar por las calles céntricas de la capital peruana, sin éxito, y tras ser recapturado y torturado admitió que la cita con Raverta sería al día siguiente. El 12 de junio, concurrió al encuentro bajo la atenta mirada de los militares argentinos y sus colaboradores peruanos, que habían prestado una residencia de su ejército en Playa Hondable, en las afueras de Lima, para las sesiones de tortura a las que someterían a las y los militantes montoneros.

Frente a la demora de Frías y Raverta, Perdía, que no sospechaba que miembros del Batallón de Inteligencia 601 estuvieran realizando un operativo conjunto con oficiales peruanos en Lima, ordenó a Molfino que se pusiera en contacto con los legisladores del Partido Socialista Revolucionario (PSR) de Perú, aliado de Montoneros, para efectuar las denuncias correspondientes. Hasta tanto, indicó a Gianetti que permaneciera en el departamento, donde finalmente sería secuestrada horas más tarde. Al mismo tiempo, en el otro inmueble que Montoneros había alquilado en Lima, militares argentinos y peruanos secuestraban a otro militante que provenía de Argentina, Julio César Ramírez.50 Mientras Perdía, su esposa y otros militantes se refugiaban en la casa del diputado del PSR Antonio Meza Cuadra, Gianetti y Ramírez eran conducidos a Playa Hondable, donde ya se encontraban Frías y Raverta. Ninguno de los cuatro sobrevivió. Mientras no se supo más nada de Frías, se ha podido determinar que Raverta, Gianetti y Ramírez fueron entregados en la frontera boliviana a las FFAA de ese país. De Raverta y Ramírez no se conocen los momentos finales de su vida. El cuerpo de Gianetti, en cambio, apareció el 21 de julio en Madrid.51

VOLVER A VIVIR EN ARGENTINA: LA EXPERIENCIA DE LAS UNIDADES INTEGRALES

Descartado el accionar militar, las y los militantes que conformaban las UI continuaron ingresando a Argentina durante el segundo trimestre de 1980. Montoneros estaba en el momento de mayor debilidad de su historia. Según cálculos de la inteligencia militar, para mayo de ese año contaba con apenas veinte militantes y veinte simpatizantes en el país.52 La organización, de todos modos, buscaba reactivar vínculos políticos en el ámbito gremial y, también, montar una estructura de prensa. Hasta el día de la fecha, se ha podido reconstruir la existencia de ocho UI, conformadas por entre cuatro y seis militantes cada una. Contenidos en ellas, alrededor de cincuenta militantes ingresaron al país desde abril de 1980 en adelante. Dos células fueron completamente desarticuladas por la dictadura y sus militantes, asesinados y desaparecidos.53 Esto se debió a que la dictadura conoció los planes de ingreso de las y los militantes y su modus operandi, como fruto de su labor de inteligencia, que comprendía la aplicación de torturas y también la infiltración de la organización. Sabían que la doctrina montonera excluía la utilización de vuelos intercontinentales o de cabotaje por considerarlos riesgosos frente a la debilidad de la documentación utilizada. Los militantes ingresaron por tierra desde un país limítrofe, al igual que el año anterior. Por este motivo, desde mediados de 1978 el PRN había diseñado e implementado un plan represivo, conocido como «Operación Murciélago»,54 que estipulaba el control de los pasos fronterizos y la utilización de militantes cautivos como «marcadores» para que reconocieran a sus compañeros en el momento del ingreso a Argentina.55

Las FFAA estuvieron al tanto de la formación de las UI y conocieron sus funciones: «Fueron instruidas para operar en ámbitos políticos, gremiales y agrarios, organizadas y estructuradas para realizar contactos, captación y agitación».56 Tal como el adjetivo «integral» permite entrever, las nuevas funciones de las y los militantes, al mismo tiempo que no tenían un plazo determinado para ser cumplidas, trascendían las tareas de propaganda. La idea de Montoneros era que los grupos de UI se instalaran en Argentina, a diferencia de 1979, con sus propias familias. Los menos comprometidos y conocidos para el aparato represivo, además, tuvieron la directiva de legalizar sus identidades.57 Abandonada por la conducción la idea de una campaña, con plazos y requerimientos fijos, y orientados a «preparar la insurrección»58 que los ejemplos iraníes y nicaragüenses aconsejaban, las tareas asignadas a cada UI fueron variadas, al igual que su lugar de asentamiento y momento de ingreso. En dicha flexibilidad puede localizarse una de las razones que tuvieron las y los militantes para integrarlas, deseosos de establecerse en el país.

Pablo Llonto: ¿Fue un éxito la contraofensiva montonera?

Daniel Cabezas había solicitado a la conducción volver al país con su pareja para la Contraofensiva de 1979. Su madre había sido secuestrada por el PRN, motivo suficiente para que ansiara regresar a Argentina desde México, país de su exilio. Allí, también, se había integrado a Montoneros. Sin embargo, en 1979 la dirigencia montonera convino que era necesario que continuara con sus actividades en el extranjero. Finalmente, regresó en 1980 como parte de una UI para montar una estructura de prensa en Buenos Aires. Sus tareas serían similares a las que había mantenido en México, vinculadas con la fotografía, el cine y la prensa. Cabezas y su pareja trasladarían la imprenta a la clandestinidad de Buenos Aires. Por ese motivo, el matrimonio no había recibido entrenamiento militar: «La instrucción fue armar y desarmar una [pistola] 9 mm y una 45 en la mesa del living para saber cómo se armaba y si se podía trabar o no pero como una defensa, nada más».59 El contexto represivo de 1980 condicionaba fuertemente la militancia en Buenos Aires, que implicaba, a su vez, un aislamiento muy elevado: «Cuando yo estuve ahí, lo que había eran caídas, no operaciones […]. No figurábamos de ninguna manera».60

En Argentina, Cabezas formó parte de una UI conformada por tres parejas que habían ingresado al país desde México con sus hijos: Alfredo Lires era el responsable y estaba junto a su mujer, Graciela Álvarez, y sus dos hijos; Edith Aixa María Bona y Gervasio Guadix entraron al país con su hija mexicana al igual que Cabezas y su mujer, que completaban el grupo. Se asentaron en mayo de 1980 en la zona oeste de la Ciudad de Buenos Aires, en los barrios de Devoto y Versalles. Cada núcleo familiar alquiló su propia casa. La UI tenía la tarea de imprimir un libro llamado Montoneros, el camino de la liberación61 y reenviárselo a personalidades políticas en el país —incluidos algunos militares—, pero el contexto político argentino impidió la obtención de los resultados esperados:

Cuando entramos al país, y tratamos de insertarnos, en nuestro caso, que teníamos una nena chiquita y éramos una pareja joven de 27 años, no había manera de hablar de nada con los vecinos. Ni con los amigos. Cuando fuimos a ver a los amigos nos sacaban corriendo, había gente que ni nos quería recibir. Había miedo. O sea, ahí nos dimos cuenta de que una cosa eran las huelgas que hacía la clase trabajadora, digamos, y todas las marchas a Luján, la CGT de [Saúl] Ubaldini, todo eso existía, era verdad, pero con nosotros no tenía nada que ver.62

Si había algún tipo de oposición a la dictadura, Montoneros no la dirigía. Ni siquiera participaba de ella. El miedo que Cabezas observaba en sus amigos evidencia las dificultades que tenían las y los montoneros para propagar un mensaje que prácticamente carecía de destinatarios. Lo mismo sucedía con los receptores del libro, que cuando eran contactados vía telefónica por la UI negaban de manera enfática tenerlo en sus manos. Las pintadas que debían realizar también dejaban al descubierto las diferencias entre las políticas pensadas en el extranjero y la posibilidad de cumplirlas en Argentina. Por el tiempo de exposición que demandaba, era más peligroso pintar el eslogan de la Contraofensiva, «Conquistar el poder sindical es vencer», que el de la Resistencia, «Resistir es vencer».

Este cuadro de situación, distinto al imaginado desde México, hizo que los integrantes de la UI se reunieran para definir los pasos a seguir. Se estaban quedando sin dinero, no tenían trabajo y no encontraban respuestas alentadoras en su actividad militante. El responsable del grupo, Lires, decidió irse a Ciudad de México en junio de 1980 para contactar a la conducción, hacer un balance de su experiencia en el país y conseguir recursos para continuarla.63 A partir de ese momento, la UI cayó en desgracia. Cabezas y su pareja fueron secuestrados el 21 de agosto. Una semana antes, en su vuelta al país, Lires había sido apresado en el aeropuerto de Mendoza, como parte de la Operación Murciélago del Ejército.64 Luego del interrogatorio bajo tortura, las FFAA lograron desarticular al resto de la UI.65

Además de la UI de Cabezas y su grupo, en mayo de 1980 ingresó a Argentina la célula integrada por Jorge Falcone. Luego de su exilio, había retomado el contacto con la organización y, previo paso por España, había llegado a Cuernavaca para realizar el entrenamiento para retornar al país junto con su pareja. Su UI, además, la componían Eduardo y el responsable de los tres, Jorge Villar. Su tarea era distinta a la que había sido asignada a la UI conformada por Cabezas: «Vinimos con la consigna de organizar el MPM en la Regional Norte de la provincia de Buenos Aires», plantea Falcone.66 La magnitud de la tarea encomendada para una sola célula de cuatro militantes demostraba las dificultades de la organización para desplegar sus políticas en el país. También evidenciaba la escasa cantidad de militantes que Montoneros tenía en ese momento.

Falcone había entrado a Argentina junto con su pareja, Perla, y la hija de ambos por Foz de Iguazú. Tuvieron la fortuna de dar con un matrimonio de personas mayores que estaba recorriendo el mismo camino y que les permitió una cobertura frente a la alerta de Operación Murciélago. Él, Heriberto Peralta, era un dirigente ferroviario que había sido cesanteado durante la dictadura. También había participado de la llamada resistencia peronista. Una vez en el país, fue uno de los contactos a partir de los cuales Falcone intentó acercarse al movimiento sindical. Antes, ayudó a él y a su pareja a sortear un control militar. Una vez en Argentina, Falcone y Perla llegaron temerosos a la Estación Once, donde ya habían sucedido los secuestros escalonados de las TEI, que desconocían. Se instalaron en la zona norte del conurbano y allí permanecieron ininterrumpidamente hasta el retorno de la democracia:

Empiezo a laburar con pibitos que estaban en el rock, con los humoristas [que luego trabajarían en] de Página/12, con Pati, con Jorh, con Rep, haciendo revistas alternativas. La movida era autogestiva. Se vendían en el quiosco de Corrientes y Cerrito, donde ahí se empieza a rescatar el tema de una nueva bohemia que se expresaba desde el cómic, desde el rock, desde la ciencia ficción, pero íbamos mandando palitos. Yo, con ese asentamiento; mi mujer, con las Ligas de Amas de Casa. Después, frecuentando a Heriberto Peralta, este compañero mayor sindicalista comienza a pedirme que colabore con la coordinadora gremial de base de la Unidad Ferroviaria en materia de prensa y yo les empiezo a diseñar un boletín que se llamaba La Locomotora e instaba a la huelga, al sabotaje, etc. Lo hacíamos juntos.67

Imagen del juicio

Las actividades de Falcone y Perla poco tenían en común con las que Montoneros había diseñado para las y los militantes de las TEA durante 1979. Tanto las Ligas de Amas de Casa en las que había comenzado a participar Perla como las publicaciones con las que colaboraba Falcone demostraban que la preparación de la insurrección masiva significaba también, a corto plazo, la posibilidad de los militantes de volver a vivir en Argentina con sus familias.68

Marina Siri y Ricardo Rubio habían llegado a Panamá en diciembre de 1979 para realizar las evaluaciones correspondientes a su actuación en las TEA-Sur. Luego, partieron a Cuba a buscar a sus hijas. Volvieron con ellas al país en abril de 1980 para establecerse en el sur del conurbano como parte de una UI conformada, también, por otra pareja. Sus tareas incluían el asentamiento definitivamente en Argentina y la legalización de sus identidades. Rubio recuerda al respecto: «Volví […] e hice política hasta recuperar la identidad propia, en el 81, que nos vamos a Córdoba».69 La experiencia política de Siri y Rubio en 1980 fue distinta a la del año previo. Al igual que Falcone y Cabezas —e hipotéticamente el resto de los retornados de las UI—, no se habían enterado de que Montoneros había conformado grupos de TEI para 1980. Muchos años después, Rubio reflexiona: «Si yo me hubiera enterado, no sé si volvía. Yo estaba muy en contra de eso. No volvía por más entusiasmado que tuviera de volver al territorio a hacer política, insertarme, desarrollarme».70

Sin estar al tanto de la continuidad del accionar militar, Rubio y Siri no vivieron la segunda Contraofensiva como una campaña ni como una continuidad de la de 1979. La UI la integraron junto a otra pareja que, una vez en Argentina, desistió de seguir con su militancia: «Yo no sé qué pasó con ellos, si se volvieron o se quedaron hasta hoy. Tuvieron mucho miedo. Ella estaba aterrorizada en cada paso que hacíamos, cuando nos acercábamos al país».71 Como señala Rubio, el contexto represivo de la dictadura era lo suficientemente intimidatorio como para provocar deserciones. Sumado a esa situación, la percepción sobre la efectividad de la propia acción también pesaba al momento de tomar la decisión. Si en la Contraofensiva de 1979, sobre todo en algunos grupos de TEA, se habían producido varios desenganches una vez cruzada la frontera, la de 1980 no sería una excepción. Ante esa deserción, Siri y Rubio quedaron aislados, y este último debió volver a Cuba para retomar contacto con Montoneros. Fue el abandono de la otra pareja, paradójicamente, el que provocó que Rubio y Siri se enterasen de los secuestros ocurridos en la primera parte del año y del «Documento de Madrid». En La Habana, Rubio pasó un mes intercambiando posiciones políticas con la conducción, en especial con Yäger. Luego, retornó a Argentina la noche previa al censo llevado a cabo en septiembre de 1980. Temía por la suerte de Siri, que al igual que él tenía documentos falsos. Por fortuna para la pareja, los censistas no divisaron la vivienda, que estaba ubicada «atrás de una casa señorial, y no se dieron cuenta de que había un pasillo, con los árboles que había, así que nos quedamos encerrados ahí, tranquilitos».72

Luego se trasladaron a Córdoba, donde tenían mayores contactos y, si bien continuaron ligados a Montoneros a través de los nuevos espacios que se fueron constituyendo a principios de la década de 1980, como Intransigencia y Movilización Peronista, la Comisión Peronista de Derechos Humanos y el Peronismo Revolucionario, comenzaron también a explorar otras actividades. Siri se inclinó por la militancia sindical y la docencia, al tiempo que Rubio continuó vinculándose con distintos grupos de militantes en el país. Para la pareja, al igual que para Falcone —y quizás también lo hubiese sido para Cabezas de no haber sido secuestrado—, el regreso de 1980 fue experimentado como la posibilidad de instalarse en el país de manera definitiva.

La Contraofensiva fue reconfigurada bajo la nueva situación de Montoneros, casi en estado de dilución, y también en el marco de una sociedad que empezaba a pensar la salida de la dictadura sin demasiada confrontación con su régimen militar. Desmanteladas las TEI, Montoneros había favorecido la reinserción de sus militantes en Argentina sin plazos ni actividades estipuladas y con objetivos más modestos. Y con variable éxito, también, ya que una cantidad considerable de ingresantes fue secuestrada en las fronteras. El fracaso de la opción armada habilitó otras instancias que asimismo se encontraban dentro del repertorio de la organización y que, además, eran coincidentes con los deseos de varias y varios de sus militantes.

El final de la lucha armada de Montoneros no fue producto de una transformación ideológica de sus dirigentes ni de una readecuación a un contexto que entendían como novedoso. La conducción y sus aliados partidarios continuaron respaldando los métodos militares de la política. Su suspensión obedeció, en cambio, a la constatación de una imposibilidad. Los malos resultados políticos, la efectividad represiva del PRN, las disidencias y los desacuerdos entre militantes acabaron con las pretensiones de los jefes montoneros de conducir una revuelta generalizada en contra del régimen. Serían otros actores políticos los que pondrían en jaque la dominación dictatorial.

NOTAS

1 Paula Canelo, La política secreta de la última dictadura argentina (1976-1983), Buenos Aires, Edhasa, 2016, pp. 165 y ss.
2 Clarín, 13 de marzo de 1980.
3 Prefectura Naval, «Informe Especial de Inteligencia N° 02/80», en Claudia Peiró, «Archivos secretos de la dictadura revelan su alto conocimiento de los planes de Montoneros», en Infobae, 11 de diciembre de 2016.
4 Jorge Lewinger, entrevista con el autor, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), 11 de junio de 2016.
5 Ibid.
6 Ibid.
7 Ibid.
8 Prefectura Naval, «Informe especial de inteligencia N° 02/80», op. cit.
9 Sobre el «Movimiento de Opinión Nacional», véanse Marcos Novaro y Vicente Palermo, La dictadura militar 1976-1983. Del golpe de Estado a la restauración democrática, Buenos Aires, Paidós, 2003, pp. 357 y ss.; Hugo Quiroga, El tiempo del «Proceso». Conflictos y coincidencias entre políticos y militares 1976-1983, Rosario, HomoSapiens, 2004, pp. 106-110, y Paula Canelo, El proceso en su laberinto. La interna militar de Videla a Bignone, Buenos Aires, Prometeo, 2008, pp. 150 y ss.
10 Jorge Falcone, entrevista con el autor, CABA, 10 de marzo de 2016.
11 Ibid.
12 Aníbal García Fernández, «Rompiendo el cerco. La experiencia de Radio Noticias del Continente en Costa Rica (1979-1981)», en Diálogos. Revista Electrónica de Historia, vol. 19, núm. 2, 2018, pp. 36-57.
13 Ricardo Rubio y Marina Siri, entrevista con el autor, San Miguel, provincia de Buenos Aires, 27 de abril de 2017.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Falcone, Rubio y Siri destacan que no supieron en aquel momento de la conformación de las TEI de 1980 ni de los secuestros que las desarticularon entre febrero y marzo de 1980 (Jorge Falcone, entrevista con el autor; Ricardo Rubio y Marina Siri, entrevista con el autor).
17 Roberto Perdía, entrevista con el autor, City Bell, provincia de Buenos Aires, 14 de diciembre de 2016.
18 Ibid.
19 Ibid.
20 Edgardo Binstock, entrevista con el autor, CABA, 8 de septiembre de 2016.
21 Ibid.
22 Marcelo Larraquy sostiene que hubo una reunión de la conducción en diciembre de 1980 que aprobó el final de la lucha armada (Fuimos soldados. Historia secreta de la Contraofensiva montonera, Buenos Aires, Aguilar, 2006, p. 235).
23 Cristina Zuker, El tren de la victoria. La saga de los Zuker [2003], Buenos Aires, Del Nuevo Extremo, 2010, pp. 206-215.
24 Verónica Cabilla y Jorge Benítez tenían 16 años y habían sido autorizados por sus familiares a participar de la Contraofensiva.
25 Ejército Argentino, «Orden de operaciones 01/80 ‘Operativo Guardamuebles’», Jefatura Área II, Palermo. Véase también Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Mesa «D(s)», Carpeta Varios, legajo 16851, pp. 84-141, que reconstruye las comunicaciones efectuadas entre las distintas fuerzas a propósito del «Operativo Guardamuebles».
26 Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Mesa «D(s)», Carpeta Varios, legajo 16851, p. 101.
27 Otra hipótesis podría cambiar el orden de los factores, aunque siempre en el terreno de las suposiciones. Podría haber sucedido la localización del guardamuebles antes del incendio y que dicho incendio haya sido la excusa para publicitar el hecho. Para Cristina Zuker, el origen de la información habría sido obtenida por medio de la tortura a algún militante apresado (op. cit., p. 247).
28 Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Mesa «D(s)», Carpeta Varios, legajo 16851, pp. 134-141.
29 «La subversión hoy», en Somos, 1º de febrero de 1980, p. 35. El énfasis pertenece al original.
30 Roberto Perdía, entrevista con el autor.
31 Gustavo Molfino, entrevista con el autor, CABA, 31 de octubre de 2016.
32 Daniel Cabezas, entrevista con el autor, CABA, 3 de noviembre de 2014.
33 Edgardo Binstock, entrevista con el autor.
34 Ejército Argentino, Central de Reunión, Batallón de Inteligencia 601, «Situación de la BDT Montoneros al 1 Mar 80», en Claudia Peiró, op. cit.
35 Ejército Argentino, Central de Reunión, «Procedimiento sobre las TEI efectuado por Zona IV», marzo de 1980, en Claudia Peiró, op. cit.
36 Ibid.
37 Ejército Argentino, Central de Reunión, «Procedimiento sobre las TEI efectuado por Zona IV», op. cit.
38 Los posibles objetivos del ataque de las TEI se encontraban vinculados con la política económica de la dictadura y los sectores empresariales: Juan Antonio Nicholson, subsecretario de Coordinación Económica; Marcos Raúl Firpo, miembro de la Sociedad Rural Argentina; Ricardo Gruneissen, integrante del grupo empresario Astra; Eduardo Braun Castillo, empresario; Arturo Acevedo, grupo ACINDAR; Fernando Campos Menéndez, miembro de la Sociedad Rural Argentina, y Luis Alberto Aragón, socio de Martínez de Hoz (Ejército Argentino, Central de Reunión, Batallón de Inteligencia 601, «Situación de la BDT Montoneros al 1 Mar 80», op. cit.).
39 Víctor Hugo Díaz, entrevista con el autor, La Plata, provincia de Buenos Aires, 27 de diciembre de 2016.
40 Para una selección mínima, véanse Joan P. McSherry, Los Estados depredadores. La Operación Cóndor y la guerra encubierta en América Latina, Santiago de Chile, LOM Ediciones y Banda Oriental, 2005; Vania Markarian, «Una mirada desde Uruguay a la coordinación represiva regional, 1973-1984», en Ernesto Bohoslavsky (ed.), Problemas de historia reciente en el Cono Sur, Buenos Aires, Prometeo, 2011; Melisa Slatman, «El Cono Sur de las dictaduras, los eslabonamientos nacionales en el interior de la Operación Cóndor y las particularidades del caso argentino», en Gabriela Águila, Santiago Garaño y Pablo Scatizza (comps.), Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina. Nuevos abordajes a 40 años del golpe de Estado, La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2016, y Facundo Fernández Barrio, «Diplomacia y represión extraterritorial: la actuación del Servicio Exterior argentino en el ‘caso Molfino’», en Avances del Cesor, vol. XIV, núm. 16, 2017.
41 Lila Pastoriza, «Nido de cóndores brasileño en Campo de Mayo argentino», en Página/12, 29 de mayo de 2000, disponible en línea: https://www.pagina12.com.ar.
42 Edgardo Binstock, entrevista con el autor.
43 Causa N° 8905/07, «Simón Antonio Herminio s/Privación ilegal de la libertad personal», Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4, Secretaría N° 8, p. 61. Entre 1978 y 1980, siete militantes de Montoneros fueron objeto de la represión extraterritorial en Brasil realizada por agentes del Estado argentino en cooperación con represores brasileños. Además de Campiglia y Pinus, se trata de Norberto Habegger, Jorge Adur, Lorenzo Viñas, Liliana Goldenberg y Eduardo Escabosa. Al respecto, véase Facundo Fernández Barrio, «El Servicio Exterior argentino en la represión a la Contraofensiva de Montoneros en Brasil (1978-1980)», en Débora D’Antonio (comp.), Violencia, espionaje y represión estatal. Seis estudios de caso sobre el pasado reciente argentino, Buenos Aires, Imago Mundi, 2018.
44 Edgardo Binstock, entrevista con el autor.
45 Sentencia causa N° 8905/07, op. cit., pp. 62 y 63.
46 Un rumor nunca comprobado sostiene que Montoneros estaba preparando un atentado contra Videla en Perú, que asistiría a Lima el 28 de julio para presenciar la transmisión del mando entre Francisco Morales Bermúdez y su sucesor, Fernando Belaúnde Terry. Perdía ha negado terminantemente esta intención, que, por cierto, hubiera vulnerado la doctrina montonera de no realizar atentados en el extranjero (Ricardo Uceda, Muerte en el Pentagonito. Los cementerios secretos del Ejército peruano, Lima, Planeta, 2004, p. 362).
47 Ejército Argentino, Central de Reunión, Batallón de Inteligencia 601, 9 de mayo de 1980.
48 Ricardo Uceda, op. cit., y Facundo Fernández Barrio, «Diplomacia y represión extraterritorial…», op. cit., entre otros. Véase también la entrevista realizada por la Biblioteca Nacional a Gustavo Molfino, partícipe de los hechos en Perú, disponible en línea: https://www.bn.gov.ar.
49 Noemí Gianetti fue integrante de Madres de Plaza de Mayo y colaboradora de Montoneros desde 1977. Ayudó a brindar protección para los militantes que se encontraban en el exterior (Gustavo Molfino, entrevista con el autor).
50 Ramírez era cordobés y había sido seminarista. Arrestado en Buenos Aires, salió en dirección a México y se reconectó con Montoneros. Durante 1979, coordinó la precaria TEA de Córdoba (elaboración propia sobre la base de la biografía realizada por Roberto Baschetti, disponible en línea: http://www.robertobaschetti.com).
51 El cuerpo de Noemí Gianetti fue hallado el 21 de julio de 1980 en una habitación del Hotel Miralto en Madrid. Si bien nunca se supo fehacientemente la causa de su muerte, la ausencia de marcas de violencia física permitiría abonar la hipótesis de que fue envenenada. Previamente, Gianetti habría tenido un paso por el CCD Campo de Mayo, donde también estaban secuestrados desde octubre de 1979 su hija, Marcela Molfino, y su yerno, Guillermo Amarilla. Según su hijo Gustavo, es probable que Gianetti hubiera visto el embarazo de su hija o los primeros momentos de vida de su nieto y que ello le haya impedido, una vez llegada a Madrid, intentar escapar de los militares. El montaje de la escena del crimen lo realizó el Batallón de Inteligencia 601: dejaron los documentos falsos y verdaderos de Gianetti en la mesa de luz de la habitación, más los documentos y las huellas digitales de Ramírez. La idea de la dictadura era instalar la hipótesis de que nada había tenido que ver con la muerte de los militantes montoneros en Madrid (Gustavo Molfino, entrevista con el autor; Ricardo Uceda, op. cit., p. 369). En 2009, las familias Amarilla y Molfino se enteraron, por un militante que había compartido cautiverio con Marcela Molfino y Guillermo Amarilla, que Marcela Molfino había dado a luz en Campo de Mayo. Guillermo Martín Amarilla, hijo de ambos, que fue apropiado durante la dictadura, fue restituido a su verdadera identidad el 30 de octubre de 2009, a instancias de Abuelas Plaza de Mayo.
52 El número surge de un intercambio entre un miembro de la inteligencia militar, presumiblemente del Batallón de Inteligencia 601, con un funcionario de la Embajada de Estados Unidos (Sentencia causa N° 8905/07, op. cit., p. 63). Más allá de la incerteza que pudiera contener esta cifra, marca el nivel de destrucción de la organización.
53 Son los casos de la UI de Federico Frías Alberga, Toni Agatina Motta, Salvador Privitera, Gastón Dillon y Mirta Simonetti y de la UI de Silvia Dameri, Orlando Ruiz y Alcira Macchi (Marcelo Larraquy, Fuimos soldados, op. cit., p. 221). No obstante, dada la estricta clandestinidad política en la que se desarrollaron la Contraofensiva y su represión, el número es parcial.
54 Ejército Argentino, «Informe de Inteligencia Especial Nro. 02/80 Actualización de la situación de la BDT Montoneros», octubre de 1980, p. 1, en Claudia Peiró, op. cit.
55 Sentencia causa N° 8905/07, op. cit., pp. 56 y 57.
56 Ejército Argentino, Central de Reunión, Batallón de Inteligencia 601, junio de 1980, p. 13.
57 Ricardo Rubio y Marina Siri, entrevista con el autor.
58 Roberto Perdía, entrevista con el autor.
59 Daniel Cabezas, entrevista con el autor.
60 Ibid.
61 Perdía recuerda al libro como un «conjunto de documentos, algo por el estilo, con la idea ya ahí de un proceso de tipo insurreccional» (Roberto Perdía, entrevista con el autor).
62 Daniel Cabezas, entrevista con el autor.
63 Ibid.
64 Ejército Argentino, «Informe de Inteligencia Especial Nro. 02/80», op. cit., p. 2.
65 Cabezas y su pareja fueron legalizados y puestos a disposición de un consejo de guerra y recuperaron la libertad en 1984. Edith Aixa María Bona fue conducida al CCD Campo de Mayo y el 27 de agosto fue puesta a disposición del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional Federal N° 2, Secretaría N° 6. Allí la legalizaron y la trasladaron a la U2 de Villa Devoto. Años más tarde, con el retorno de la democracia, recuperó la libertad. Graciela Álvarez y Gervasio Guadix, al igual que Lires, continúan desaparecidos (Daniel Cabezas, entrevista con el autor).
66 Jorge Falcone, entrevista con el autor.
67 Jorge Falcone, entrevista con el autor.
68 Falcone estuvo relacionado con lo que quedaba de Montoneros hasta 1990, momento en que el presidente Carlos Menem indultó a Firmenich —y a los militares condenados por la represión ilegal— y este último decretó la libertad de acción de los pocos militantes que aún respondían a su jefatura (Jorge Falcone, entrevista con el autor).
69 Ricardo Rubio y Marina Siri, entrevista con el autor.
70 Ibid.
71 Ricardo Rubio y Marina Siri, entrevista con el autor.
72 Ibid.

Tesis doctoral. La Contraofensiva Estratégica de Montoneros. Entre el exilio y la militancia revolucionaria (1976-1980)